La Argentina del faltante

30/12/2010

El título de este post, el último del año, creo será uno de los slogans de la futura campaña como precandidato a presidente de Ernesto Sanz, quien en una entrevista radial dijo:

Estamos en la Argentina del faltante; faltante de nafta, billetes, seguridad y falta veracidad por parte del gobierno que insiste todos los días en buscar culpables y responsables de sus propias incapacidades.

Palabras que ayer fueron recogidas en La Nación. Yo creo que Sanz es el mejor candidato que tiene la UCR, y me animaría a decir del conjunto de dirigentes políticos que hay actualmente en el país.

El objetivo del post no es hablar de Sanz, sino de uno de los faltantes que menciona: la nafta, la cual según esta nota de hoy en La Nación ya está siendo racionada. Ayer por la tarde logré llenar el tanque de mi auto, y por suerte la tercera estación que busqué tenía combustible y solamente tuve que esperar 20 minutos (por via privada, y a cambio de un honorario de consultoría, les paso el algoritmo de búsqueda óptima). Antes de salir a buscar nafta fui a la peluquería y mientras me cortaban el pelo estuve pensando en el costo de bienestar de tener que pasar todos los fines de año preocupados por temas como no dejar el auto con el tanque vacío, y que lo que tiene que estar casi vacía es la heladera por si nos cortan la luz. ¿Por qué falta nafta?

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El Centenario de Ronald Coase

29/12/2010

por Christian Ruzzier

Al menos desde Adam Smith, con su descripción de la fábrica de alfileres, somos (¡los economistas, al menos!) plenamente conscientes de las ventajas de la especialización y la división del trabajo. Pero en un mundo especializado en el cual nadie produce todo lo que desea consumir, los individuos se vuelven dependientes los unos de los otros. Aparece entonces la necesidad de coordinar las actividades de todos ellos y también de motivarlos, ya que no es inmediatamente obvio que esté en el interés individual el promover una solución eficiente al problema de coordinación.

Durante 200 años desde Smith, la Economía destacó las virtudes del sistema de precios en esta tarea de coordinar y motivar la actividad humana: bajo determinadas condiciones, podemos dejar a cada quien perseguir sus propios fines egoístas y todos serán guiados, como por una mano invisible, a promover el interés general. Con mercados que funcionan correctamente, el problema de coordinación y motivación se resuelve de manera descentralizada, mediante el sistema de precios.

Los economistas, de hecho, nos hemos vuelto expertos en el estudio de los mercados. Paradójicamente, buena parte de la actividad económica ocurre dentro de organizaciones como la empresa – es decir, fuera del mercado.  La pregunta del millón surge naturalmente: si los intercambios voluntarios entre diferentes agentes funcionan tan bien, ¿por qué recurrimos tanto a las empresas para coordinar y motivar la actividad económica, en vez de usar el sistema de precios o la negociación entre individuos?

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El Pacto Social murió antes de nacer

27/12/2010

En estos días se vuelve a hablar del Pacto Social, nombre grande para un simple intento de acordar precios y salarios. Ante la evidencia de una inflación galopante, que además los medios identifican como causa de los estallidos sociales (via aumentos de alquileres en las villas), el gobierno trata de mostrarse activo en el frente y lograr un acuerdo entre empresarios y sindicalistas. ¿Podrá lograrse el acuerdo? ¿Servirá para algo? Tal vez, y seguro que no.

Hace casi dos meses escribí un post sobre las causas de la inflación en el cual desestimo el valor de las políticas de ingresos. Mi razonamiento es que para combatir la inflación se necesita un mix de política monetaria, fiscal, y de reformas estructurales que hagan creíble un equilibrio con baja inflación. Si esto se hace las expectativas ajustarán al nuevo equilibrio (lo que se conoce como un shock de expectativas) y no será necesario un pacto para garantizar un sendero decreciente de (aumentos) de precios y salarios. Poco después de escribir dicho post, critiqué la defensa del acuerdo tripartito que hizo Eduardo Levy Yeyati en su blog (para quien es un ingrediente necesario para reducir la inflación inercial).

Más allá de la discusión teórica sobre la utilidad de una política de ingresos, la realidad nos está mostrando que el Pacto Social murió antes de nacer. En palabras de Francisco Olivera en La Nación ayer: Leer el resto de esta entrada »


Imposible educar al soberano sin federalismo real

25/12/2010

Esta nota surgió de un comentario que hice en un post de Rodrigo Sbarra en De cara al 2011. En el mismo menciona a varios políticos (Duhalde, Ibarra) que en otras sociedades estarían “muertos” pero que en Argentina persisten más allá de su fecha de vencimiento. Yo escribí un comentario donde decía que,

Coincido que Duhalde representaba lo peor de la clase política argentina…hasta que su creación lo superó. Gente que respeto y lo ha tratado recientemente dicen que cambió, que tiene un barniz de estadista. Ahora yo me pregunto, ¿no se pueden formar antes de ser presidentes? ¿Por qué somos un país tan generoso que elegimos gente inepta y en el mejor de los casos la primera magistratura les sirve para aprender lo que debían de haber sabido antes de presentarse a elecciones?

Más tarde, Roland Deschain me respondió lo siguiente:

Miremos el lado positivo Martin..ya sabemos que ser gobernador no es condicion suficiente (ve tu a saber si es necesaria) para postularse a Presidente. Aparentemente la gobernacion no alcanzo a formar a Duhalde, Menem o Kirchner para manejar el pais. Lo que es peor, Duhalde no tiene excusas porque fue Intendente, Diputado, Gobernador, Vicepresidente y Senador, antes de ser Presidente. Al muchacho solamente le falto Juez de la Corte Suprema.
Asi que parece que no hay experiencia previa que te prepare, o Duhalde es inepto por naturaleza.

Lo que me dejó pensando que tenía razón: no hay cargos públicos en la Argentina que preparen a una persona para ser Presidente del país. A priori esto no es un problema del sistema político pues, por ejemplo, los EEUU tienen una organización republicana similar, con diputados, senadores, gobernadores, etc. Creo que el problema es el grado de descentralización de facto del poder en nuestro país, donde el federalismo no funciona como debiera. Las Provincias no actúan como un control adicional sobre el gobierno central, en gran parte porque los controles normales de la división de poderes tampoco funcionan como debieran.

En un trabajo de Carlos Gervasoni, “A Rentier Theory of Subnational Regimes”, publicado este año en World Politics, y que vi presentar en la reunión anual de la AAEP en la UBA, el autor compara el federalismo argentino con la “maldición del petróleo” que aqueja a países donde la facilidad de conseguir rentas fiscales sin necesidad de recaudar impuestos resulta en un bajo grado de responsabilidad social de sus gobernantes (debido a que al no pagar directamente impuestos los votantes tienen menos incentivos a controlar el accionar de los dirigentes). En palabras de Ricardo Rotsztein que comentó una versión previa de este trabajo en Finanzas Públicas:

Gervasoni traslada esta situación al Federalismo Fiscal Argentino. En este caso no es la maldición del petroleo la que genera regímenes cuasi autoritarios o mejor dicho regímenes democráticos delegativos con partidos únicos que se perpetúan en el poder, sino que el malvado de la película ahora es el desbalance fiscal vertical o la ausencia de correspondencia fiscal (el desbalance fiscal vertical es la proporción del gasto público provincial que se financia con transferencias nacionales). En ciertas provincias argentinas el grado de desbalance fiscal vertical supera el 70%, en ellas para decirlo mal y pronto “todos maman de la teta del Estado”. En esta situación se repite la situación de “animus participativus” deprimidos, ya que los ciudadanos no tienen incentivos a participar, son freeriders y los políticos opositores no encuentran campo orégano para desarrollar sus actividades de militancia y de fund rising.

Una condición necesaria para que las Provincias recuperen poder real es una reforma de la ley de Coparticipación que mejore el desbalance fiscal vertical. Esta tarea por supuesto que no es fácil, como se puede verificar leyendo alguno de los trabajos que sobre el tema hicieron en Cippec (casi todos ellos con autoría de la amiga Luciana Díaz Frers). Pero si nos damos cuenta que uno de los costos de no encarar esta reforma es seguir condenados a estar gobernados por personas que no son idóneas para el cargo (ya sea gobernador, ya sea presidente), quizás la presión para hacer algo aumente. Quizás.


Hoy no hay gobierno, mañana no hay bancos

23/12/2010

De otra forma no se puede entender que el Banco Central anunciara, pasado el horario de cierre de los bancos, que mañana habrá asueto bancario. Yo no tengo que ir al banco mañana, pero calculo que muchas personas habrán decidido aprovechar su asueto para hacer trámites bancarios la víspera de Navidad.

Y después hay gente que dice que Cristina “habló para quedarse”, cuando sigue con las designaciones de funcionarios seleccionadas de un conjunto cada vez más chico. Con respecto a las últimas designaciones, y peor que lo anticipado en este post, Julián Alvarez al ser menor de 30 años no puede sentarse en la banca que corresponde a su dependencia en el Consejo de la Magistratura, como se puede leer en esta nota de Carlos Pagni en La Nación hoy. ¿Habemus gobierno?


El valor de regalar

22/12/2010

En La Nación online, Martín Lousteau escribió hoy una nota en la cual hace un análisis económico de la Navidad. Toma como referencia un trabajo de Joel Waldfogel, “The Deadweight Loss of Christmas“, publicado en 1993 en el American Economic Review.

Según este profesor, el problema radica en que gran parte de los regalos no son realmente deseados. Es decir, no son lo que uno elegiría para sí mismo si dispusiera del dinero. Gastar $ 100 en algo que el obsequiado no quería tanto y para lo cual estaría dispuesto a pagar solamente $ 50 implica que la otra mitad del valor simplemente se ha perdido.

Realizando experimentos Waldfogel concluye que entre el 10 y el 33% del valor de los regalos se “pierde” pues no es reconocido por los beneficiarios de los mismos. A partir de esto Lousteau infiere que este año se perderán entre $700 y $2300 millones en el país, y realiza algunas sugerencias para corregir esta ineficiencia.

Por el contrario yo creo que no existe dicha ineficiencia, y que en la contabilidad que realizó Waldfogel falta el valor que regalar algo tiene para la persona que realiza el regalo. En Economía suponemos que la gente compra bienes por dos o tres motivos: bienestar material, bienestar psicológico, y para señalar status. Una visión más antropológica (como la de Mary Douglas y Baron Isherwood en “The World of Goods: Towards an Anthropology of Consumption“) nos enseña que el consumo es un proceso social, y que en parte surge como respuesta a la necesidad de relacionarnos con otras personas. Según esta visión, los bienes proveen servicios en rituales de consumo, que caracterizan una relación de amistad. Por ejemplo, ir a un casamiento o a un funeral es prestar un servicio a la pareja feliz o a los deudos. Así, el nivel de consumo de un hogar dirigido a otras personas nos indica su grado de aislamiento o relación social.

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Contabilidad creativa

20/12/2010

Un amigo me paso por mail un artículo de Horazio Verbitsky en Página 12 del domingo 12 (valga la redundancia). Del mismo copio éstas líneas que se encuentran sobre el final de la nota:

Sin la inmigración producida desde 1950 a la fecha, la Argentina tendría hoy 8,7 por ciento menos de habitantes, su producto interno bruto sería por lo menos 36 por ciento más chico y el producto bruto per cápita 25 por ciento más reducido. Esto demuestra que la inmigración ha resultado benéfica para los argentinos nativos.

Supongamos como correcto que el país hoy tendría 8,7% menos habitantes si no hubiera habido inmigración en los últimos 60 años. Pero, ¿cómo llegamos de ahí a que el PBI sería hoy un 36% más chico, y el PBI per cápita un 25% menor? Es un delirio, y demostrémoslo de la forma más rigurosa posible.

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