Mala estrategia del gobierno en el mercado de gas

Desde la devaluación el precio del gas natural en Argentina quedó muy rezagado respecto de los valores del mercado internacional (a pesar de planes recientes como el Gas Plus). Esto desalentó la inversión en exploración, retrayendo la oferta tanto en términos de producción presente, como de reservas (producción futura).

Si conjugamos esta retracción de la oferta con un aumento de la demanda – en gran parte alentado por los precios deprimidos – terminamos con un cocktail explosivo. Una de cuyas manifestaciones es un creciente déficit energético en la balanza comercial (viniendo de un superávit en los noventa). De hecho este déficit viene creciendo tan fuertemente que es inevitable que un ingrediente del nuevo “modelo” económico incluya una reducción de los subsidios al consumo en el sector.

Diego Barril y Fernando Navajas han estudiado el comportamiento de la producción de gas en Argentina y encontraron que el comportamiento de las distintas empresas en el sector es compatible con un simple modelo de incentivos económicos.

Si a las malas señales de mercado le sumamos el creciente aumento en los costos de exploración al agotarse los yacimientos existentes se entiende que el país esté importando gas natural de Bolivia y gas licuado que se procesa en Bahía Blanca y Campana.

Pero la película podría contar una historia mejor que la foto. El año pasado YPF anunció el descubrimiento de un gigantesco yacimiento de shale gas (llamado gas no convencional). Con las adecuadas señales de precios – y otros incentivos – las empresas del sector podrían realizar las inversiones necesarias para abastecer al mercado doméstico de acá a pocos años. La tecnología de base ya existe, fue desarrollada en EEUU, y adaptarla a la geología argentina no debiera ser difícil.

El problema es que el kirchnerismo no solo no da señales para la inversión en esta nueva tecnología (lo cual no debiera extrañar, pues el gobierno se caracteriza por agregar ruido en lugar de reducirlo), sino que da señales para desalentar esta inversión. En efecto, recientemente se anunció un contrato con Qatar para importar 5 millones de toneladas anuales de gas licuado durante 20 años. Y hace poco se anunció que se piensa construir una planta regasificadora en Bahía Blanca. Como dice Néstor Scibona en esta última nota:

En definitiva, el costoso GNL (que ya atiende, en promedio, al 20% de la demanda interna anual) llegó para quedarse.

El encargado de las decisiones de inversión de una empresa del sector en Argentina, digamos YPF, ¿cuánto le puede creer al gobierno si este le dice que invierta en explorar el shale gas que será recompensado con precios competitivos en el futuro? Poco y nada si ve que el mismo gobierno invierte en infraestructura para importar gas licuado en lugar de invertir en reducir los costos de la adopción de la tecnología necesaria.

¿Qué debiera hacer el gobierno si quisiera dar señales a los jugadores del mercado local? Una posibilidad es invertir en almacenamiento de gas cerca de los centros de consumo (la Capital). Dadas las características de estacionalidad que tiene la demanda de gas en tiempos normales (i.e. sin racionamiento a la industria en invierno), estas inversiones reducirían el costo efectivos de producción para los nuevos pozos de shale gas.

Otra opción es hacer un “plan Houston” que al involucrar a jugadores pesados norteamericanos que ya dominan la tecnología mejora los incentivos de futuros gobiernos a cumplir con la promesa de buenos precios (por la parte de pesados), y reduce la incertidumbre de la inversión (por la parte de dominar la tecnología). De una forma u otra sería bueno que el país pueda aprovechar lo antes posible su potencial en lugar de importar gas recontra caro.

About these ads

Los comentarios están cerrados.

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 106 seguidores

%d personas les gusta esto: