El premio Nobel y el plan de estudios

Este año no iba a escribir sobre el premio Nobel que recibieron Thomas Sargent y Christopher Sims, pero viendo que al mismo tiempo se discute la reforma del plan de estudios de Economía en algunas universidades públicas van una reflexiones a dos bandas.

Sobre el Nobel a Sargent y Sims se ha escrito bastante. Refiero a los posts de Iván Werning en Foco Económico y Jesús Fernández-Villaverde en Nada es Gratis. Viendo la lista de ganadores en los últimos años, destacamos la siguiente progresión de macroeconomistas:

  • Robert Lucas Jr. en 1995
  • Robert Mundell en 1999 (international finance más que macro)
  • Edward C. Prescott y Finn Kydland en 2004
  • Edmund Phelps en 2006
  • Peter Diamond, Dale Mortensen, Christopher Pissarides en 2010 (modelos de búsqueda)
  • Thomas Sargent y Christopher Sims en 2011

Se observa un reconocimiento a investigaciones que expandieron nuestra comprensión del ciclo económico. John Maynard Keynes en su Teoría General sentó las bases de la macro moderna al enfatizar el rol que las expectativas tienen en la determinación del nivel de demanda agregada, resaltando la posibilidad que la economía se encontrara en situaciones de subempleo de recursos. Keynes nos hizo notar que en la medida que parte de la demanda se determina en el futuro puede haber un desacople entre ahorro e inversión si la incertidumbre sobre el futuro desalienta la inversión. Y analizando las características de la Gran Depresión identificó una situación de “trampa de la liquidez” que requiere de política fiscal expansiva para acelerar la recuperación de la demanda agregada.

Los modelos keynesianos se caracterizan por tener rigideces en los precios y expectativas determinadas exógenamente (dos elementos que se ven son consistentes para obtener inercia en el movimiento de los agregados y por ende generar un margen para política fiscal y monetaria anticíclica). Lucas lidera la revolución de las expectativas racionales que rompe con estos dos supuestos y propone que los precios son flexibles y los agentes forman expectativas conociendo el verdadero modelo económico subyacente.

Prescott y Fydland iniciaron una reacción más fuerte aún al postular que los ciclos económicos se deben a fuerzas no monetarias y canales no monetarios en la generación de las fluctuaciones (renacimiento de la teoría del ciclo económico real). La política debe orientarse a aumentar la productividad total de factores, no a “suavizar” el ciclo. Simultaneamente Mundell motorizaba la “economía de la oferta” (supply side macroeconomics) con argumentos similares que daban vuelta el razonamiento keynesiano (e.g. postular estimular la producción por el aumento del déficit fiscal).

Phelps, a quien podríamos describir como un neokeynesiano, tiene contribuciones sobre la tasa natural de desempleo, afirmando que la misma no es una constante, sino que se ve afectada por los shocks que afectan la economía. Esta visión estructuralista para explicar el desempleo involuntario se liga con los trabajos de Diamond, Mortensen y Pissarides.

Hay quienes se podrán ofender por un nuevo reconocimiento a la macroeconomía en tiempos de Gran Recesión. Pero, como dice The Economist en esta nota la semana pasada:

MACROECONOMISTS are widely disparaged for getting most things wrong, but really it is a wonder that they know anything at all. Chemists and biologists can repeat experiments at will, slightly changing one factor or another to see how things respond. Macroeconomists must piece truths together one disaster at a time.

Como podemos asociar lo dicho hasta ahora con los intentos de reformar los planes de estudio en la UBA y la UNLP (quizás haya otras universidades nacionales con los mismos dilemas existenciales, pero solamente conozco estos casos). Eduardo Levy Yeyati escribió recientemente un post sobre el tema, y un lector del blog me preguntó cual era mi opinión. Aporto una anécdota de 1996 cuando estaba en Buenos Aires descansando después de mi primer año de doctorado en MIT.

Decidí ir a una presentación de Federico Sturzenegger en una conferencia porque había hablado con él antes de ir a EEUU (se doctoró también en MIT) y tenía ganas de ver en qué estaba trabajando. A la entrada había dos o tres personas repartiendo unos volantes que criticaban la economía “neoclásica” y que pregonaban el regreso a las fuentes clásicas del siglo XIX. El panfleto era anónimo aunque yo sabía que detrás estaban las mentes pensantes de TNT. Al día siguiente escribí una réplica de una carilla en la cual defendía el uso de matemáticas en Economía (algo que criticaban por ser neoclásico), argumentando que si bien era posible que las conclusiones de los estudios de macroeconomía realizados en Europa y EEUU no era directamente aplicables a países como el nuestro, la teoría micro de base es la misma y que no hacía falta tirarla por la borda para construir modelos que se ajusten mejor a nuestra realidad. Por supuesto firmé la nota con mi nombre para diferenciarme aún más de los reaccionarios cobardes.

Imagino que detrás de la movida de “reforma” del plan de estudios están los mismos personajes, que probablemente hayan madurado para poner su nombre, lo cual es fácil cuando hay un gobierno de turno que te recompensa por mostrar adhesión a su paradigma (ver caso Axel Kicillof acá y acá). Obviamente por lo dicho anteriormente opino que el Norte que les guía está desquiciado. Por suerte creo que va a ser difícil que logren su objetivo de transformar la carrera de Economía en una de Historia del Pensamiento Económico del siglo XIX (o de “escuelas” que están muertas en sentido de ser terreno de investigación activas). Y si lo consiguieran lo único que van a lograr es aumentar en incentivo a estudiar en una universidad privada. Esto último no se verá tanto mientras estemos bajo el kirchnerato pues se gana lo mismo siendo camionero que profesional y por ende ser un economista formado leyendo El Capital es lo mismo que ser uno que estudió el MasCollel.

Pero en el futuro cuando el populismo se bata en retirada (de última por pérdida del viento de cola, como inevitablemente sucederá) y se necesite tener habilidades para progresar en la vida (y conocer a fondo el trabajo de los arriba mencionados macroeconomistas para hacer política económica en tiempos de vacas flacas), ahí hará una diferencia educarse aprendiendo las herramientas que son necesarias para lidiar con la realidad. Y dada la fuerte resistencia al cambio en organismos públicas, si la UBA reforma hoy el plan de estudios va a tardar en revertir estos cambios en ese futuro en que sería necesario. Las universidades privadas deben ser las principales interesadas en que la UBA se pegue un tiro en el pie.

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12 respuestas a El premio Nobel y el plan de estudios

  1. cives dice:

    Faltan Akerlof y Stiglitz ^-^

    • mgeiras dice:

      cives, ni Akerlof ni Stiglitz (o Spence) cuentan como Nobel por contribuciones a la macroeconomía. Aunque acá algunos lo toman a Stiglitz como experto en el tema.

  2. Capitán Yáñez dice:

    ¿Así que todas ésas lumbreras “expandieron nuestra comprensión del ciclo económico”? Usted es más gracioso que Del Sel por lejos.

  3. Capitán Yáñez dice:

    Podría escribir, mejor, un post sobre el impacto de las teorías de los mercados que se “autorregulan y asignan eficientemente los recursos” y las “expectativas racionales” en las cuentas bancarias de Soros, Fink, El Erian & Cía. Toda esa maravillosa muchachada seguramente les está muy agradecida. ¿Probó darse una vuelta por Wall Street y exigirle un bonus?

  4. elbarbita dice:

    Hasta el anteúltimo párrafo el post no tiene demasiadas pretenciones. En el límite, sólo opinar y dar una breve reseña de lo que la “academia” (en todo caso, parte de ella) considera lo que hoy es progreso en el campo de esta ciencia. Desde ya que ello no deja de ser discutible. En todo caso, parecería, al menos, interesante ver cierto sesgo en la premiación de los Nobel (como si en todo caso solo hubieran hecho aportes significativos los economistas estadounidenses con investigaciones que no son dignas de mucho orgullo dada la crisis internacional que se está viviendo y las otras problemáticas que el capitalismo no ha sabido/querido resolver).
    Pero en todo caso, la parte más sustancial es, en mi opinión la vergonzosa comparación del penúltimo párrafo. Un investigador, ante todo, debe estar abierto a la pluralidad de opiniones, sobre todo cuando se trata de escritos que han superado decididamente las explicaciones que brinda el actual enfoque económico. Creo que no deben ser pocos los economistas (o estudiantes de economía) que al leer el capital han sentido comprender una parte sustancial de la realidad en dónde lo político y lo social de ninguna manera puede ser escindido de lo económico. En cualquier caso, y sin rebajarme en comparaciones inútiles y pobres, El Capital es un trabajo muy superior a un libro de Microconomía avanzado que demuestra matemáticamente el equilibrio parcial y general (algo que se ve por todos lados -en términos irónicos, claro está-). En fin, no deja de llamarme la atención estas opiniones de algunos economistas, sea por su poca apertura como por su bajo nivel de elaboración. La ambición del conocimiento debe ir mucho más allá y ello implica que, aunque no estemos completamente de acuerdo con algunos pensadores, no deben dejar de reconocerse verdaderos y sustanciales aportes de rigor científico.
    Gracias.

    • mgeiras dice:

      elbarbita, este comentario tuyo “El Capital es un trabajo muy superior a un libro de Microconomía avanzado que demuestra matemáticamente el equilibrio parcial y general” resume el post.

  5. Barbita,
    En mi primer laburo como economista tuve que hacer econometria analizando por que los inversores domesticos invierten distinto que los inversores internacionalizados.

    Nada de lo que esta en Marx (o en Smith, o Ricardo) me sirvio para analizar estos fenomenos. Econometria, matematica, y teoria micro podian dar una serie de explicaciones tentativas sobre que podia estar pasando.

    En mi segundo laburo tenia que saber sobre fixed income y swaps. Libros de finanzas, que se basan en modelos matematicos, que a su vez se basan en mercados donde no hay oportunidades de arbitraje porque los agentes son racionales.

    La labor de un economista es muy variada, y los trabajos son de por si trabajos especializados. Para el que quiera hacer econometria, dos materias de econometria son poco. Para el que quiera hacer finanzas, dos materias son poco. Al que le interesa las subastas, o economia de la informacion, o ecologia, o economia laboral encuentra que hay a lo sumo una optativa dando vueltas, dependiendo de la escala de la universidad y la diversidad docente.

    Todo bien con tus preferencias e intereses intelectuales. A los autores clasicos los ves en una materia de Historia del Pensamiento. Y despues tenes optativas. Y claro que no es suficiente! Pero tampoco es suficiente para el que quiere hacer econometria, o finanzas, o microeconomia…

    • mgeiras dice:

      sam, coincido con tus apreciaciones, por eso en la nota decía que los interesados en esta reforma buscan una carrera de Pensamiento Económico del siglo XIX. Una cosa que le pude haber dicho a barbita cuando comparó el MasColell con El Capital es que El Partenón es “muy superior” a un departamento en Capital, pero que una persona pragmática no lo elegiría para vivir. Abrazo.

  6. elbarbita dice:

    Me parece bien (incluso estoy muy de acuerdo) las materias que den herramientas para el mercado laboral como en tu caso Sam. De hecho, hace poco me quejaba de que me parecía que no eran suficientes. La Universidad debe tener ese objetivo pero pienso que no es el único y mucho menos, el principal. No hay que olvidarse que la Economía es una ciencia y no se reduce al simple hecho de aplicar técnicas o métodos matemáticos. En todo caso, se exige repensar un poco hacia dónde está direccionada la cosa y cómo evoluciona la frontera del conocimiento en la disciplina.Tal vez haya un par de errores de interpretación en mi comentario anterior. Yo no estoy muy a favor de la reformulación del plan de estudios ni quiero volver a una Economía de HPE del s. XIX pero esto no implica que (en mi opinión) deba darse sólo un enfoque mainstream. Tal vez en términos “pragmáticos” el mercado exija mayores conocimientos de métodos cuantitativos y de teoría micro, macro y de finanzas, no lo discuto. Pero también hay que considerar cuáles son los aportes que pueden hacer los clásicos y Marx en la formación de un economista. Un economista sin recursos críticos se reduce a reproducir algo que no sabe muy bien qué es ni cómo funciona. No creo que esto deba ser pasado por alto. Muchas veces se piensa que los libros de Micro están desprovistos de ideología. Da la sensación que la Economía y la Política no tienen nada que hacer.
    Creo que el siguiente post refleja parte de mi pensamiento, sobre todo por la utilidad de volver a pensadores clásicos con una visión crítica pero constructiva. Por eso es que no puedo entender la comparación en el post de mgeiras .

    Dejo el link:http://colectivoeconomico.org/2011/08/12/la-macroeconomia-y-el-presente-griego-parte-2/

  7. Bob Espuma dice:

    Este comentario no quiere dejar sentada, implícitamente, mi posición sobre la reforma del plan de estudios. Solo quiero dejar mi visión sobre algo que no me cierra del todo en el post, así que pido perdón por no respetar estrictamente el tema.
    Estoy de acuerdo con lo que dice Sam (es imposible no estar de acuerdo con un hecho objetivo, observable). El problema, para mi, es que se conciben las herramientas que brinda la escuela “marginalista” -para tratar de englobar todo bajo un mismo título- como carentes de ideología, y se las utiliza bajo este mismo precepto. La discusión sobre esta cuestión se extiende bastante y supongo que debe ser medianamente conocida por economistas del nivel de mgeiras, aunque desconozco su opinión.
    Desde mi posición, el análisis económico que inició Marx intenta superar las barreras ideológicas –aunque no siempre lo haya logrado–, comenzando a estudiar la economía desde su forma más simple: la mercancía, y tratando de arribar a todos sus conceptos partiendo desde la observación objetiva de la misma.
    Creo que la economía marginalista no puede preciarse de tal, desde el momento en que su análisis no pasa de la etapa de intercambio; de mercado, lo que la lleva a no poder construir una teoría del valor, más que por valoraciones subjetivas, algo que, si leyeron los primeros capítulos del Capital (supongo que sí, porque imagino que lo critican con conocimiento de causa) resulta más que discutible.
    Lo que trato de sentar con este breve ejemplo es el hecho de que, de nuevo, no hay que perder de vista que las herramientas que utilizamos como economistas NO son carentes de dogmas ideológicos (“ideológicos” como oposición a científicos). Esto, para mi, de ninguna manera quiere decir que este herramental no sirva (de hecho lo uso), pero si lo que uno quisiera hacer es un estudio más científico y menos técnico, decir que MasCollel sirve más que el Capital, me parece, como mínimo, estar cerrado en posiciones ideológicas. Entonces, la discusión pasaría a girar en torno a cuál es el rol que la universidad juega y debería jugar en la sociedad.

    • mgeiras dice:

      Bob gracias por tu interesante comentario. Yo daría vuelta tu razonamiento y preguntaría cuánto valor agrega hoy a un economista haber leído (y entendido) El Capital o saber manejar herramientas de microeconomía. Por supuesto que esta pregunta se hace en cuanto a la contribución “marginal” de los dos conocimientos, a un nivel constante de esfuerzo de estudio. Y me parece que Sam tiene razón cuando dice que en el mercado de trabajo se valora mucho más el MasColell que El Capital. De manera que quizás yo no sepa la respuesta ontológica a la pregunta de cuál es LA teoría del valor, pero tengo en claro que si quiero trabajar como economista qué es lo que tengo que estudiar (si quiero hacer filosofía de café es otra cuestión). Y me parece que la ideología subyacente a mi decisión es lisa y llanamente el pragmatismo. Saludos.

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