La cumbre europea

09/12/2011

La esperada cumbre europea llega hoy a su fin, con algunos anuncios positivos. Como anticipé hace dos semanas, Alemania impone las condiciones sin dejarse intimidar por los vaivenes de los mercados (ni por las amenazas de Standard & Poor’s). En una nota de Nicholas Kulish en el New York Times (traducida y publicada hoy en La Nación) se reconoce la estrategia seguida por Angela Merkel en los últimos meses:

En los momentos más cruciales de la crisis, Merkel se resistió a los pedidos de apaciguar los mercados financieros con una reducción de las tasas de interés. En cambio, esgrimió el peso de las astronómicas tasas de interés como un garrote para conseguir dolorosos cambios en países como Grecia e Italia.

La estrategia es inteligente y le permite hacer malabares con los diferentes intereses en juego en el interior de su país, donde el pueblo alemán no quiere que ofrezca más garantías de dinero de los contribuyentes para combatir la crisis de las deudas soberanas, y en el extranjero, donde le ruegan que lo haga. Se trata de una estrategia muy riesgosa.

Si el euro se salva y Europa avanza hacia una mayor integración, Merkel probablemente se gane la parte del león de ese triunfo, y quizás algún día sea celebrada como la salvadora de Europa. Pero si sus recetas resultan ser equivocadas, podría cargar con la culpa de presidir sobre el derrumbe del euro, de inimaginables consecuencias para la economía mundial…

Las modificaciones a los tratados de la UE que Merkel y Sarkozy propusieron en París el lunes hubiesen sido inconcebibles al principio de la crisis, pues implican que los Estados cedan una parte significativa de su soberanía económica. Es un proceso que para muchos observadores, en particular la prensa populista británica, ya está en marcha.

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