El rebrote inflacionario

22/09/2016

La semana pasada escribí un post sobre las bajas expectativas que le tenía al mini-Davos (me quedé corto cuando dos días más tarde The Economist, a contramano, informaba a sus lectores que Rosario es la capital de la violencia en Argentina). Recuerdo al lector estas líneas sobre la inflación:

El problema es que los inversores extranjeros saben que la única verdad es la realidad. Mirán el sitio Inflación verdadera y saben que la agresividad con la cual el Banco Central se ve obligado a bajar las tasas de interés está resultando en un repunte de la inflación (de 1,06% mensual el 5 de agosto a 2% un mes más tarde).

El fin de semana, Domingo Cavallo en su blog también escribió sobre el “rebrote” de la inflación (Foco Económico subió anteayer el post de Cavallo). Dice el Mingo,

No se puede atribuir este rebrote inflacionario a causas monetarias. La expansión monetaria ha estado muy contenida, las tasas reales de interés han sido positivas y el tipo de cambio se ha mantenido estable. Por consiguiente hay que buscar las causas en otro lado. Sin duda el ritmo de aumento nominal del gasto público (que se ha acentuado desde julio) y las expectativas de aumentos de salarios por intensificación de los reclamos sindicales deben estar jugando un rol preponderante. Se trata del fenómeno de la inflación inercial al que me referí en posts anteriores.

Si bien es cierto que la política monetaria no causó el rebrote de la inflación, también es cierto que no hizo nada para impedirlo. El mes pasado, pocos días después del fallo de la Corte sobre las tarifas del gas, escribí una nota sobre los desafíos que dicho fallo le implicaba al Banco Central,

¿Cómo reaccionará el BCRA al fallo de la Corte? ¿Tomará el camino político de bajar la tasa, o monetizar el aumento en el déficit, para intentar reactivar la economía? ¿O endurecerá su política para compensar el menor ajuste fiscal (ya que a menor ajuste fiscal más presiones de demanda sobre los precios)?

Usemos la herramienta básica de un macroeconomista para entender porqué las acciones del Banco Central en el último mes han sido inflacionarias. Me refiero al modelo IS-LM de demanda agregada

is-lmEn el eje horizontal tenemos la demanda agregada, Y, y en el vertical la tasa de interés, i (nominal o real ya que es un modelo de corto plazo). El equilibrio se da cuando la curva IS, que captura el equilibrio en los mercados de bienes se cruza con la curva LM, que captura el equilibrio en los mercados financieros. Simplificando, una política monetaria expansiva corre la IS hacia arriba (para un dado nivel de demanda agregada la tasa de interés de equilibrio debe ser mayor), y una política monetaria expansiva corre la LM hacia afuera (para una dada tasa de interés la demanda agregada debe aumentar si aumenta la cantidad de dinero).

En Argentina hoy en día una expansión de la demanda agregada se traduce en un aumento de la inflación ya que el kirchnerismo agotó los efectos de las políticas de demanda en el nivel de producción. Por eso si el gobierno relaja las metas fiscales, como venía haciendo de facto y reconoció en el proyecto de presupuesto para año próximo, y la política monetaria no cambia esto se refleja en mayor inflación. Si el Banco Central fuera independiente y tuviera metas de inflación, la respuesta hubiera sido hacer política contractiva que compensara los efectos de la expansión fiscal.

Pero el Banco Central no es independiente, o al menos no es inmune a presiones políticas  sectoriales.

Pero volvamos al rebrote inflacionario. Cavallo dice que no se debe a causas monetarias. Yo digo que el Banco Central puede hacer más para impedirlo. Quizás los dos tengamos razón. Para cerrar me remito a una nota de Ignacio Olivera Doll publicada ayer en Ámbito Financiero que informa que Sturzenegger le pidió a los bancos que paguen más tasa por sus depósitos

Los signos de menor inflación, que ya confirman la efectividad del ajuste monetario, dieron lugar a Federico Sturzenegger a pensar y avanzar en una segunda batalla con más insistencia: que los argentinos empiecen a recibir a partir de ahora una mejor recompensa de los bancos por el dinero que tienen guardado, y que de este modo se vean más incentivados a ahorrar sus pesos dentro de las entidades…

En los bancos hay quienes califican este avance como un atajo que encuentra a mano el jefe del BCRA para trasladar a los bancos la responsabilidad de reparar los costos de un déficit cuasi fiscal que, en rigor, debería afrontar el Tesoro nacional, y no ellos.

Pero donde Olivera Doll ve una segunda batalla yo veo, como los bancos mencionados en las últimas líneas de su nota, un intento de bajar la inflación con instrumentos no convencionales (bueno, el apriete era común en el kirchnerismo). En efecto, cuando el Banco Central baja la tasa de las Lebac (y ayer se mandó el octavo recorte semanal consecutivo), como no se renueva el stock de títulos que vencen (a menos tasa menos compradores), debe emitir. Lo que Sturzenegger quiere es que los bancos aumenten las tasas que pagan a sus depositantes para que esta masa de liquidez que inyecta en la economía sea absorbida, al menos en parte, por el sistema financiero. Ya que sabe que su política de baja de tasas está echando gasolina al rebrote inflacionario


Invertir o no invertir, esa es la cuestión

13/09/2016

Hoy se inaugura el Foro de Inversión y Negocios de Argentina. Vendría a ser la materialización del “modelo” macrista, si entendemos a éste como uno que tiene a la inversión como motor del crecimiento. El problema es que el gobierno no tomó todavía conciencia que no alcanza con decir “yo no soy Cristina” para que vengan las inversiones. Si bien tomó algunas medidas que son necesarias para atraer capitales, no son suficientes.

La ausencia de populismo explícito no implica reglas de juego estables. Como dice un empresario petrolero citado en una nota en La Nación hoy,

“Lo mejor que puede ocurrir es que, al cabo de estas reuniones, el Gobierno descubra con claridad la necesidad de fijar reglas claras industria por industria, sector por sector. Es la carencia más perjudicial, hoy, para cualquier proyecto de inversión”

Peor es el hecho que el gobierno también ha tomado muchas medidas populistas, lo cual enciende señales de alarmas en los invesores, en particular los extranjeros. ¿Qué es lo que ellos desearían ver? Un gobierno que dicte marcos regulatorios que incorporen las preferencias de la sociedad para ser estables (por ejemplo, protección al medio ambiente, “compre” argentino, participación estatal, etc.). Que indique un sendero de consolidación fiscal que sea políticamente viable y permita inferir la carga tributaria en el mediano y largo plazo. Que garantice estabilidad monetaria y financiera para no agregar costos superfluos. Que oriente la inversión pública a obras de infraestructura que reduzcan costos de producción o transporte.

En nueve meses el gobierno ha sido incapaz de dar señales claras en estos frentes. Las (laxas) metas fiscales anunciadas a poco de asumir ya son letra muerta. El Banco Central anuncia metas de inflación del 17% para el año que viene, lo cual es risible en cualquier país serio. El ministro de Hacienda habla de un acuerdo de precios y salarios porque sabe que es la única forma que su poder no quede licuado por el Banco Central (y los otros mini-ministros de Economía). Después de las torpezas que desembocaron en el veto a la ley antidespidos, o en la resolución de la Corte contra el recorte de subsidios al gas, los observadores de la realidad política se preguntan si no estaremos frente a otro tropiezo con la discusión respecto a cerrar (aun más) las importaciones

El problema es que los inversores extranjeros saben que la única verdad es la realidad. Mirán el sitio Inflación verdadera y saben que la agresividad con la cual el Banco Central se ve obligado a bajar las tasas de interés está resultando en un repunte de la inflación (de 1,06% mensual el 5 de agosto a 2% un mes más tarde). Saben que hablar de metas de inflación de dos dígitos no ayuda a que el Banco Central construya reputación. Saben que decir que el ajuste fiscal vendrá por el lado del crecimiento económico es voluntarismo puro. Saben que el costo para la Argentina de seguir sin plan hasta las elecciones del año próximo es alto. En definitiva, saben que hoy su dinero vale más en su bolsillo que hundido en una inversión en nuestro país.

EXPOST: Ayer el ministro Prat Gay expuso cómo el gobierno se disparó un tiro en el pie fiscal. Según informa La Nación en esta nota:

En tal sentido, Prat-Gay, que respondió a las preguntas del auditorio con desgano, buscó traer tranquilidad: “Si podemos tener la situación fiscal de Chile hoy en dos años, habida cuenta de los últimos 12 años, es suficientemente ambicioso. La Argentina es un país federal, buena parte del gasto tiene poca flexibilidad: son salarios, subsidios y jubilaciones. Estamos trabajando sobre lo que podemos trabajar, pero sobre todo estamos trabajando con la verdad. Mientras el déficit vaya bajando, estaremos en la dirección correcta. Cuando vean que haya un año que no baje sin una buena razón, ahí sí va a ser un tema”.

Espero no ser el único en preguntarse lo siguiente. ¿Por qué, si el gasto en subsidios y jubilaciones es poco flexible, el gobierno a poco de asumir otorgó nuevos subsidios (expansión de la cobertura de la AUH, al transporte fuera del área metropolitana, etc.) y aumentó jubilaciones? ¿No era mucho más razonable esperar a reducir el déficit fiscal antes de tomar estas medidas? Ya se lo que me va a decir el lector: es la política estúpido.


Argentina no innova

30/08/2016

En los últimos meses me sorprendió (gratamente debo admitir) una seguidilla de notas sobre diferentes innovaciones tecnológicas desarrolladas en el país. Si bien es cierto que a veces algunos temas se ponen de moda y uno lee varias veces lo mismo, en este caso lo hacía con placer. Hasta que la semana pasada Andrés Oppenheimer me sacó de un mazazo la sonrisa con esta nota publicada en La Nación.

[V]eamos los resultados del Índice de Innovación Global de 128 países publicado por la Universidad de Cornell, la escuela de Negocios Insead y la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual de las Naciones Unidas.

La mayoría de los países de América latina, con las posibles excepciones de Chile (44) y Costa Rica (45), están muy atrás. México ocupa el puesto 61, y lo siguen Uruguay (62), Colombia (63), Brasil (69), Perú (71), República Dominicana (76), Argentina (81), Guatemala (97), Ecuador (100), Nicaragua (116) y Venezuela (120).

O sea, la Argentina está ¡novena! en América Latina. El marcado contraste entre esta medición de nuestra falta de innovación y el tono optimista de las notas arriba mencionadas me llevó a releerlas (acá copio una de ellas, la más reciente publicada en La Nación). Encontré señales inequívocas de desvaríos, como el siguiente:

Joan Cwaik, innovador tecnológico y gerente de Marketing y Comunicaciones para Latinoamérica de Maytronics, empresa que fabrica y comercializa la línea Dolphin (robots limpiadores de piscinas), señala que la robótica en la Argentina no se encuentra en manos de grandes industrias multinacionales, sino que los desarrollos en la materia son propiedad de emprendedores que aprovechan el código abierto y la democratización de los conocimientos.

“En la Argentina, creo que estaremos en condiciones de hacer manufacturas de robots domésticos competitivos frente a la región y al mundo en los próximos 5 a 10 años. Desde Maytronics, en los últimos años ya invertimos en investigación y desarrollo e hicimos pruebas de fabricación local”, dice Cwaik.

Debería haberme dado cuenta que si alguien dice que vamos a ser competitivos fabricando robots tenía que tirar la nota a la basura. En la misma el autor, Carlos Manzoni, se refiere a la empresa Satellogic que construye nanosatélites, y que es el principal ejemplo de repetición serial en los medios. Una búsqueda en internet de “Fresco” y “Batata”, los nombres que le pusieron a sus últimos dos satélites, arroja 73 resultados en La Nación y 21 en Clarín. Parece que ir al espacio sigue siendo un tema que vende.

El problema es que según una nota en la última edición del Economist, practicamente cualquiera puede fabricar un nanosatélite

An hour’s drive up Route 101 you will find a very different spacecraft factory. Planet, until recently known as Planet Labs, occupies a shabby-chic building in the South of Market area of San Francisco. A room the size of a largish Starbucks on the ground floor houses the desks and tools needed to build 30cm-long satellites each weighing about five kilos. If you know what to look for, you will recognise many of the components as coming from other sorts of device, most notably smartphones. Making one of these “Doves” (pictured), as Planet calls them, takes about a week. At the back of the room there are dozens packed up ready to be shipped off. This is the new face of space: small objects, large numbers.

Doves are part of an extended family of very small satellites known as cubesats. In the late 1990s researchers at Stanford University and California Polytechnic State University in San Luis Obispo realised that a certain amount of standardisation would make very small satellites much easier to launch. They came up with a standard called the “1U” cubesat: a box 10cm by 10cm by 11.5cm with electronic and physical interfaces that would allow it to fit alongside others of its ilk in a dispenser that could fly as a “secondary payload” (launchers often have more capacity than they need for their main cargo). The standard caught on. By early 2013 some 100 cubesats had flown, and the tools required to design and build one were so well developed that a class of schoolchildren with an inspired teacher could take on the task.

Que quede claro que no menosprecio el trabajo de Satellogic (y aparentemente el CEO Emiliano Kargieman nunca escondió el hecho que “tanto el software como el hardware son de plataforma abierta y estarán disponibles para aficionados”). Lo que critico en esta nota es la descripción en los medios de empresas que operan en segmentos no tradicionales como innovación tecnológica cuando no lo es. La Argentina necesita más emprendedores, y también desarrollar tecnología de punta. Por lo visto también necesitamos más (y mejores) periodistas especializados.


El tridente antiinflacionario maltrecho

23/08/2016

A fines del año pasado escribí un post sobre los desafíos del gobierno para bajar la inflación. En el mismo describía la situación como delicada y con un objetivo de máxima de llegar a una inflación de un dígito (“en lo posible bajo”) en 2019. Para ello había que articular una política monetaria que, siendo contractiva respecto del pasado, permitiera el financiamiento via impuesto inflacionario de la transición a una economía normalizada. El déficit fiscal tenía que tener una trayectoria descendente (que no estaba clara dadas las primeras medidas), y el ajuste iba a empezar por las tarifas energéticas.

Con el lastre del tarifazo politizado y judicializado, el pilar Aranguren del tridente se fisuró. Y el pilar Prat Gay hasta ahora no termina de cuajar, ya que no hay un plan que presente un sendero creíble de ajuste fiscal. Lo único que tuvimos como respuesta al fallo de la Corte de la semana pasado fue un globo de ensayo (a cargo del jefe de gabinete del Ministerio de Agroindustria) que se suspendería la rebaja de otros cinco puntos porcentuales a las exportaciones de soja el año que viene. ¿Por qué sólo un “rumor”? ¡Anuncien la medida sin pérdida de tiempo, y pongan de excusa el stress fiscal del fallo!

Nos queda finalmente el pilar Sturzenegger. Después de digerir los muertos de futuros de dólar que dejó Vanoli, el Central está más libre para cumplir sus objetivos de incremento en la cantidad de dinero. Recibe constantes presiones de Prat Gay para bajar la tasa, pero hasta ahora se ha manejado bien y como dije la semana pasada, finalmente los indicadores de Inflación Verdadera señalan que la inflación estaría en el orden del 1,1% mensual.

¿Cómo reaccionará el BCRA al fallo de la Corte? ¿Tomará el camino político de bajar la tasa, o monetizar el aumento en el déficit, para intentar reactivar la economía? ¿O endurecerá su política para compensar el menor ajuste fiscal (ya que a menor ajuste fiscal más presiones de demanda sobre los precios)? Hoy por hoy supongo que Sturzenegger optará por el camino intermedio de no mover la tasa, que por un lado le evitaría ser blanco de más críticas por enfríar la economía, y por el otro le permitiría preservar el único logro que el gobierno hasta ahora tiene para presentar en las elecciones del año entrante.

En efecto, al votante medio le importan muy poco medidas presentadas con fuegos artificiales mediáticos como la salida del cepo, el pago a los holdouts, o el blanqueo de capitales. Hoy por hoy asocia (negativamente) al gobierno al tarifazo, y el año entrante lo podría asociar (positivamente) a una inflación moderada de aproximadamente 15% anual y con trayectoria descendente. Macri no tiene, ni tendrá, mucho más que mostrar. Al respecto copio unas líneas de una nota de Jorge Fernández Díaz del domingo en La Nación

Es curioso: en otros casos, como el cepo, los holdouts, la relación con los sindicatos y el blanqueo de capitales, Macri se manejó como un político experto; con las tarifas retrocedió a la lógica amateur del CEO y a la religión ingenua del Excel. A lo largo de estos meses, la mayoría social parece haber entendido tres cosas: la energía es escasa y debe pagarse, el congelamiento de las tarifas fue una obra tóxica y nefasta del kirchnerismo, y Cambiemos no ha sabido resolver el problema.

Fernández Díaz compara situaciones muy distintas. El cepo, los holdouts, y el blanqueo son medidas que no tienen costos, o no son perceptibles. A los sindicatos les dió una torta de dinero, yo no se si llamaría a eso ser un político experto. Finalmente, el ajuste tarifario fue la única medida que implicó costos directos sobre el grueso de los ciudadanos. Por ende, si se necesitaba cintura política era ahí.

En conclusión, todas las fichas a la baja en la inflación. ¡No va más!

EXPOST: Ayer, el Banco Central bajó las tasas medio punto. De más está decir que para mí es un error, y estimo que la respuesta será un rebote de la inflación en el corto plazo. Pero no mando a pérdida el pilar Sturzenegger todavía. Le doy el beneficio de la duda que sea el costo a pagar para no monetizar el aumento del déficit (aunque las bajas de tasas implican expansión monetaria en la medida que no se renueva el stock de Lebac, como indica la nota). Hay que prestar atención a los próximos anuncios.


La Corte y las tarifas

19/08/2016

Ayer la Corte Suprema de asestó una dura derrota al gobierno de Mauricio Macri al rechazar, por unanimidad, el aumento de las tarifas de gas a los usuarios residenciales. Además dejó la puerta abierta para que las empresas, en particular las PyMEs, presenten recursos de amparo ante la justicia.

Lo primero que infiero es que efectivamente, como vengo sosteniendo desde principios de año, el gobierno de Macri es débil (vale la pena aclarar que varios analistas y medios sostienen lo contrario, o lo hacían hasta hace poco). Acaba de sufrir su propia 125 y no tiene el control de las intituciones que tenía el kirchnerismo en 2008.

La lectura que hacen los medios oscilan entre el pesimismo y un optimismo basado en el reducido impacto fiscal al mantenerse los aumentos del gas para las empresas. El lector que quiera una síntesis puede leer la nota de Carlos Pagni publicada hoy en La Nación, que identifica tres “costos” para el gobierno

La Corte ayer emitió un fallo distinto del que Macri imaginaba. En el texto aparecieron un trío de efectos que él no había contemplado: un mayor déficit fiscal, más complicaciones para quienes decidan invertir y un enredo político que deberá, en algún momento, resolverse.

El primero de estos costos en realidad ya estaba anticipado, al menos desde el fallo hace mes y medio de la Cámara Federal de La Plata. Ahora habrá que ver el tamaño del impacto fiscal, que dependerá de la extensión del fallo a empresas si estas realizan amparos (imagino una horda de políticos K corriendo a los tribunales en nombre de las PyMEs), y de la celeridad en realizar las audiencias y lograr aumentos de tarifas como Dios (o la Corte) manda. Más importante es ver cómo compensa el gobierno este mayor gasto en subsidios. Dado que no tiene disciplina fiscal dudo que reduzca el gasto en otras áreas por la misma magnitud. Al mismo tiempo espero que ante la baja en la inflación (según Inflación Verdadera este mes se llegó a un ritmo de aumento del 1% mensual) no monetizen el déficit porque sería comprometer el único logro perceptible por los consumidores/votantes. De manera que espero la respuesta sea una combinación de más deuda y menos inversión pública.

Con respecto a las señales para atraer inversores, noté hace unos meses que no es una especialidad del gobierno. En lo referido a las inversiones en exploración y producción de gas el problema es la politización (y judicialización) del precio del gas en boca de pozo. El gobierno esperaba que la Corte aceptara que es facultad del gobiero fijar este precio pero ésta decidió que, mientras el precio no sea de mercado, deberá someter los aumentos a audiencias públicas. Según Pagni

El precio del gas es el componente principal de la factura. Mucho más gravitante que el del transporte y la distribución. Y los especialistas del Gobierno, con Juan José Aranguren a la cabeza, consideran que es imposible liberarlo por completo. El ministro lo explicó a sus colegas de gabinete ayer al mediodía: “Es irracional pretender que el gas pueda fluctuar con libertad y al mismo tiempo obligar a audiencias públicas para el transporte y la distribución. ¿Qué pasaría con las transportistas y las distribuidoras, que tienen el precio de las tarifas fijado por audiencias si el gas sufriera un aumento de precio brusco? Quebrarían”.

Con la obligación de celebrar audiencias para fijar el precio del gas aparece otro costo que Macri lamenta en el fallo de ayer: establece un obstáculo en la corriente de inversión para el sector energético. Se preguntaban ayer en la reunión de gabinete improvisada en el despacho de Marcos Peña al mediodía: ¿qué productor de hidrocarburos va a poner un dólar para extraer ese producto si el precio al que debe venderlo estará sometido a una audiencia de consumidores? Salvo que el Gobierno derogue el decreto 181/2004, que le permite regular ese precio, los contratos de compraventa de gas van a estar sometidos a ese mecanismo. El problema es más grave porque la matriz energética argentina triplicó su dependencia gasífera en los últimos 12 años.

Un posible medida para el gobierno sería anunciar que a partir del primero de enero de 2018 (u otra fecha en el futuro cercano) el precio del gas lo determinará el mercado. Esto tendría un doble valor. Para los inversores les daría un horizonte para sus proyectos (invierten en exploración hoy, y en un año y medio cuando comienzan a producir cobran el precio de mercado). Y forzaría a sincerar el resto de la tarifa en ese plazo, audiencia mediante. Aclaro que considero que la mejor forma de normalizar el precio del gas sería liberar ya el precio de la producción de los nuevos pozos y hacer converger el precio de los pozos maduros al valor de mercado en un horizonte razonable. Pero supongo que la duplicidad de precios no sería del agrado de la Corte (aunque ésta pareciera ser experta en duplicidad).

El tercer costo señalado por Pagni es político. Como aclaré al comienzo de la nota desde el primer día tengo la impresión que el gobierno es débil. Sin embargo es importante el empoderamiento de los políticos populistas que tiene el pronunciamiento de la Corte. Según Pagni

La Jefatura de Gabinete tardó en reaccionar unas tres horas. Las principales figuras de Cambiemos esperaron el clásico mail “qué estamos diciendo”, con el fraseo sobre la nueva situación. Llegó tarde, con sabor a poco: “El cambio que se produjo en la Argentina es que respetamos las instituciones”. El oficialismo debería elaborar un discurso más consistente para quienes advierten que ayer se produjo una novedad de primera magnitud: la Corte no está dispuesta a acompañar, sin establecer grandes restricciones, el reordenamiento económico propuesto por Macri. Un aval a quienes consideran que ese reordenamiento es despiadado. O, por lo menos, un detalle que deberán incorporar a su argumentación quienes, dentro y fuera del gabinete, consideran viable un ajuste ortodoxo…

El fallo fue una instancia crítica de un proceso mal ejecutado. Hay ministros que aconsejaron no realizar un aumento de tarifas tan drástico… Los errores aparecieron cuando todo estaba hecho. Estos desaciertos fueron señalados hace más de dos meses, en una de las clásicas reuniones de los sábados por la mañana, cuando la gobernadora Vidal dijo: “Estamos ante problemas graves de gestión”. Pero Jaime Durán Barba refutó: “Para nada. El problema de las tarifas sólo interesa a un mínimo grupo de gente”. El desdeñable círculo rojo, al que pertenece, por ejemplo, la Corte.

Al respecto me permito hacerle una sugerencia a Macri: Al menos un funcionario debería renunciar cargando sobre sus espaldas el costo político de esta derrota.

Finalmente le hago a los viejos miembros de la Corte la siguiente pregunta. Si como ustedes afirmaron en su fallo la audiencia pública previa es un requisito esencial para la adopción de decisiones en materia de tarifas, ¿no deberían haberle exigido a los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner que realizaran audiencias para mantener las tarifas congeladas en un contexto de alta inflación? Reum non facis.

EXPOST: Santiago Gallichio, ocasional contribuyente en este blog y actualmente presidente de Provincia Leasing, escribió recientemente una nota sobre el fallo de la Corte en Ámbito Financiero.

El error de la Corte consiste en considerar la tarifa de gas prácticamente como si se tratara de un impuesto, es decir, solamente como una tarifa regulada, como si no tuviera un componente económico de precio de mercado. A esta confusión contribuyó inadvertidamente el gobierno anterior, al tratar el precio que pagaba el público como un precio homogéneo, en lugar de distinguir entre precio del insumo (no regulado) y tarifas de servicio monopólico (reguladas). Producir gas vale lo que vale. Depende de los costos de exploración y de extracción. Su precio no es un impuesto ni una decisión discrecional del Estado. Por eso mismo no puede considerarse que este aumento pudiera ser “confiscatorio”, como erróneamente considera la Corte (considerando 33). Ningún precio puede ser confiscatorio: se puede pagar o se deja de pagar. Si no lo paga el consumidor, lo pagará el productor, pero alguien se hace cargo del costo. Lo que sucedió en la Argentina reciente fue que el consumidor pagaba mucho menos de lo que costaba producirlo, el Estado compensaba solo muy parcialmente ese desfasaje y el ajuste consistió en que los productores dejaran de explorar y, finalmente, nos quedamos sin gas y debemos importar. Los consumidores “nos confiscamos” las reservas de gas de la Argentina…

Analizaremos ahora si es razonable que se realice gradualmente, como pide la Corte. Ello significaría permitir que las familias se anoticien de un aumento de precios de manera gradual y puedan ir acomodando sus nuevas canastas de consumo de a poco. Para las familias parece razonable. Pero, mientras se van acomodando, seguirán consumiendo los demás bienes en exceso de su presupuesto a expensas del gas subsidiado, y el problema energético subsistirá. ¿Por qué debería el gas seguir subsidiando otros consumos familiares, cuando estamos en una profunda crisis energética? ¿Solo porque nos acostumbramos a no pagar por él? Esta posición no parece razonable desde el punto de vista del interés general.

Tiene mucha razón Santiago en decir que el problema no es impositivo. Esto me recuerda el fallo del juez John Roberts en 2012 respecto a la constitucionalidad de la reforma del sistema de salud en EEUU (conocido como Obamacare). Entendió que como el gobierno estaba obligando a los norteamericanos a contratar un seguro de salud (en realidad penalizando a quienes no lo hicieran) se trataba de un impuesto, y por ende una facultad permitida por la constitución.

Sin embargo entiendo el gradualismo en el ajuste para los hogares desde una óptica económica. Con gas regalado nadie se preocupaba por aislar térmicamente su casa (olvidémonos de los pobres o muy pobres ya que, o tienen que recurrir a garrafas, o están alcanzados por la tarifa social). Y hacerlo es costoso ya que es una “inversión” que se paga hoy pero da beneficios por varios años. El gradualismo le permitiría a los hogares usar el ahorro del gas barato en un par de años para invertir en mantener sus casas calientes con menos consumo. Considerando que la gente es miope y usarían el subsidio al gas para, en palabras de Santiago, “otros consumos familiares”,  me parece que el gobierno, además del gas, también debería subsidiar los gastos relacionados con el aislamiento térmico de viviendas. Al menos por un par de años.


Julio Hipólito Guillermo Olivera

26/07/2016

Al despertarme esta mañana me encontré con la desagradable noticia que ayer falleció Julio Olivera. Para la mayoría que lo conoce es el co-autor del efecto Olivera-Tanzi (aunque no fue un trabajo conjunto, y la contribución de Vito fue posterior). La idea de este trabajo es muy simple. Si el gasto público es una fracción del ingreso nominal corriente, y los ingresos fiscales son una fracción del ingreso nominal pasado, puede haber un equilibrio con inflación aún y cuando ambas fracciones sean iguales. La explicación es que si hay inflación los ingresos serán menores al gasto y será necesario emitir para financiar la diferencia. Esta emisión convalida la inflación (inflación y emisión cero también son un equilibrio).

Para recordar a mi primer, y primus inter pares, mentor en Economía, comparto con ustedes algunas anécdotas.

La primera vez que escuché hablar de Olivera fue en 1989 al leer una entrevista que le hicieron en el diario La Nación al final de la hiperinflación de ese año. El cronista le preguntaba sobre las causas de la hiperinflación y Olivera daba una respuesta corta y precisa. Como el cronista necesitaba llenar más caracteres en su nota volvía a repreguntar pero Olivera repetía lo mismo: fue una hiperinflación clásica. Más tarde me daría cuenta que el intercambio era un “Olivera clásico”.

Volví a encontrarme con Olivera en la UBA. En el semestre que tenía que cursar Dinero, Crédito y Bancos sorpresivamente uno de los cursos lo dió él (creo que en 1991). Sin embargo, siguiendo a mis amigos decidí tomar el curso vespertino de Buscaglia (que usaba el muy obsoleto “Money, Interest and Prices” de Don Patinkin, ¡quién pudiera tener la máquina del tiempo y corregir este error!).

Para tratar de compensar la mala decisión tomada decidí pedirle a Olivera si podía ser mi tutor para unas becas que la UBA ofrecía a estudiantes. Le presenté como idea introducir sus famosos rezagos fiscales en un modelo de economía monetaria con dinámica caótica. Por suerte me dijo que sí y me convenció de sumarme a un curso de Topología que había empezado a dar y que tenía solamente dos estudiantes. Como el formato era de seminarios el trabajo fue muy intenso, y como me había sumado con la inscripción cerrada tuve que rendir como alumno libre. Una vez terminado el examen, Olivera me dijo que fuí el primero que lo hacía para un curso que él dictaba (menos mal que no me lo dijo antes).

Un día le regalé un libro de caos y él me dijo que no era ético que los empleados públicos, como era su caso, aceptaran regalos. No me devolvió el libro, pero me dió otro suyo para compensar los efectos sobre su integridad moral.

El semestre siguiente participé como oyente en otro curso de Topología, y luego haría lo mismo con otro de Integración Estocástica. En este último tuve un “roce” con Mario Firmenich, que describí ya en un post. Además de esta anécdota recuerdo que Olivera me llamó un día la atención porque me senté en el escritorio. Me dijo que las cosas tenían su correspondiente función y que para sentarse estaba la silla. Personaje. También de uno de esos cursos recuerdo el único chiste que le oí contar (aclaro es humor para economistas matemáticos):

Al pasar caminando una señorita agraciada, un amigo le dijo a otro que con ella casi se casaba. ¿Cómo es eso? le preguntó el amigo. Pues le pregunté si se quería casar conmigo y me dijo que no.

Dos anécdotas me contó respecto a su padre, quien fue funcionario en la provincia de Santiago del Estero. Una es que en cierta ocasión que fuera preso por motivos políticos, llevó a la cárcel un libro de Pareto que para el hijo tenía doble valor, por lo escrito por Vilfredo en molde y por su padre en los márgenes. Y la otra es la razón de sus nombres de pila, representando las tres grandes civilizaciones de occidente: romana, griega, y germánica. 

Cuando estaba por viajar al MIT, Olivera me pidió que le enviara saludos suyos a Samuelson, Solow y Dornbusch. Dos años más tarde, cuando terminé los requisitos de cursada y pasé los exámenes generales, Dornbusch me preguntó qué me había parecido la experiencia. Con sinceridad, ya que no tengo mucho filtro, le dije que había aprendido mucho pero que sin embargo no había encontrado a nadie que supiera tanto de Economía como Olivera. A Dornbusch se le borró la sonrisa en un instante, y me dijo que podía ser porque se trataba de una persona que no hacía otra cosa con su vida que leer del tema. Ese día supe que tenía que cambiar de mentor de tesis, y que no había lugar inmune a los celos profesionales. 

De mi estadía en Cambridge solamente una persona casi eclipsa a Olivera, Robert Merton, que daba su clase de Finanzas en tiempo continuo con un estilo equiparable a un maestro de orquesta, respondiendo en forma instantánea todo tipo de preguntas (y usando conceptos que yo sabía de Física con una claridad envidiable). 

La última vez que lo vi a Olivera fue cuando vino a San Andrés a presentar un trabajo en un seminario. Después de almorzar lo llevé al centro en auto y recuerdo estar más preocupado en manejar como si no estuviera en Argentina que otra cosa. Ah, y me pidió que lo dejara en la Facultad, ya que tenía que seguir trabajando. Adiós maestro.

EXPOST: Santiago Chelala, quien fuera co-editor de este blog en sus inicios y tuvo a Olivera como director de su tesis doctoral, escribió una nota en el Cronista Comercial compartiendo sus anécdotas. La transcribo íntegra:

Ayer fue un día de luto para la profesión. Julio H. G. Olivera, maestro de varias generaciones de economistas, falleció a los 87 años.

Nació en Santiago del Estero en 1929, era profesor emérito en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA y es considerado uno de los creadores del estructuralismo latinoamericano, así como de las teorías no monetaria de la inflación y de dinero pasivo.

Le gustaba recordar que John Hicks, uno de los más lúcidos continuadores de la obra de John M. Keynes, dijo públicamente que adhería a su teoría de la inflación estructural.

Vivió con puntualidad kantiana y con una formalidad absoluta en las formas y en la vestimenta, que incluía reloj de bolsillo y sombrero con solapas. También era dueño de un sentido del humor exquisito, que lo hacía estallar en carcajadas, como si fuera un niño. Olivera fue único.

Fue varias veces fue consultado por la Academia Sueca para proponer candidatos al Premio Nobel. En vez le pregunte si le gustaría ganarlo: “No iría a Suecia a buscar un premio, hace mucho frío. Tal vez si fuera en Ecuador”, me contestó.

Cuando en 1963, Arturo Illia le ofreció ser ministro de Economía de la Nación, declinó el ofrecimiento porque no quiso deshacer el compromiso previo que había adquirido con la Universidad de Buenos Aires, de la que era rector. Tenía principios de roble.

En una ocasión quise hacerle una entrevista para El Cronista. “Lo siento. Mis formas no son aptas para todo el público. Sería una pérdida de tiempo para el periodista y para mí‘, fue la respuesta, más esquiva que realista.

Cuando se le hablaba del efecto Olivera-Tanzi (que predice el impacto de la inflación en la recaudación de impuestos), otras de sus creaciones, respondía con picardía: “No recuerdo que Tanzi sea mi apellido materno”. Cuando alguien citaba un texto suyo de los años 50, lo interrumpía y decía: “¿De 1950? Debe ser de algún antepasado mío”.

Para quienes lo conocimos, su perfil humano era incluso más valioso que el académico. Trataba a todo el mundo con la mayor consideración posible, no importaba si se tratara de un ministro, de una personalidad extranjera o de un estudiante. A todos dedicaba su entera atención. Era, antes que cualquier otra cosa, un humanista.

La esgrima era otra de sus pasiones: “Es como el ajedrez pero a la velocidad de la luz”, describía.

Cuando hablaba en público, el silencio en la sala se hacía más profundo. Acostumbraba a leer sus discursos, a los que no faltaba ni sobraba una coma. También bromeaba con eso: “desconfiando de mi espontaneidad, traje un discurso”, comenzaba.

Durante los últimos años le afectó una fuerte sordera. Entonces pedía “por favor, hable más fuerte, como si usted estuviera dando clase y yo sentado en la última fila. Sabe lo que ocurre, este lugar tiene muy mala acústica”.

El cuerpo se fue distanciando de una mente que seguía intacta. Le costaba ponerse el sobretodo, y cuando uno trataba de ayudarlo, sonría y decía “por favor, no me ayude, este es el único ejercicio que hago durante el día”.

Conversábamos de una de sus últimas publicaciones cuando vi brillar sus ojos por última vez. El título es “Sobre la existencia de medidas de Ulam”, y contiene una conclusión asombrosa que echa por tierra cientos de manuales de economía: la competencia perfecta no existe. Ese día me dijo: “Empíricamente ya sabíamos que la competencia perfecta no existe, lo que no sabíamos es que matemáticamente también es un error. Es un imposible matemático, un chiste intelectual”.

Hasta hoy seguía liderando en la UBA los seminarios de economía matemática cada primer viernes de mes, como hace cinco décadas. Por allí pasaron Guillermo Calvo, Rolf Mantel, Juan Sorrouille, Alfredo Canavese, Héctor Diéguez, Ana María Martirena y muchos otros economistas destacados. De seguro que sus miembros más jóvenes, Matías Fuentes, Alejo Macaya, Eduardo Rodríguez y Ariel Abelar serán dignos continuadores.

Muchos otros tomarán su vida y su obra como fuente de inspiración. ¿Acaso hay un legado más importante que una persona puede dejar?

Muchas gracias maestro, lo vamos a extrañar.


Shock y gradualismo II

19/07/2016

Debido al interés que despertó el tema en los comentarios de la última nota (no la más leída, pero récord de comentarios en los últimos años) hoy voy a dedicarme a la discusión de shock versus gradualismo. Si fuera consistente tendría que decir que es una discusión espuria, como dije hace un año en esta nota. Pero, como Peter Sellers en la escena inicial de “La fiesta inolvidable”, se resiste a morir, en gran parte porque la “grieta” entre economistas que le dió origen mediático hace un año dista mucho de ser zanjada.

Por un lado tenemos los economistas gradualistas. Estos incluyen a un heterogeneo grupo que comprende heterodoxos, estructuralistas, y ortodoxos que creen que las restricciones políticas no dejan otra alternativa. Del lado de los partidarios del shock están los ortodoxos y unos pocos heterodoxos que creen que el mercado deja poco margen para el gradualismo. Por supuesto que también están los que opinan sin saber, y los políticos ventajistas, pero de esos no voy a hablar hoy.

¿Dónde me ubico yo? Yo soy ortodoxo ma non troppo. Por un lado hice una maestría en el CEMA, pero por el otro me doctoré en MIT, o sea una de cal y otra de arena. Sigo pensando, como en aquella nota del año pasado linkeada arriba, que lo mejor es hacer un shock de expectativas y un cambio gradual en las políticas monetaria y fiscal para reducir tanto la inflación como el déficit fiscal. Las primeras medidas del gobierno apuntaron en esa dirección, pero luego se desdibujaron.

Se logró un shock de expectativas con la salida del cepo y el arreglo con los holdouts. Pero no se mantuvieron las metas de inflación y fiscales anunciadas. Y no queda claro qué set de políticas reemplaza las arrumbadas metas. Un forista recientemente me preguntaba cuánto tiempo puede mantenerse el déficit fiscal alto sin perder la confianza de la economía. Es la pregunta del millón que se puede resolver de dos maneras. Una es aumentando el componente de shock dentro del actual “plan” económico. La otra es esperar, cual plan primavera, que todo explote y después hacer un ajuste salvaje (pero salvaje en serio), cabalgando sobre los escombros.

¿Ahora bien, qué hizo mal el gobierno hasta ahora? En mi opinión lo peor fue otorgar nuevos subsidios y transferencias que aumentan el gasto, sin antes tener en trayectoria descendente los subsidios, y gasto, existentes. Ejemplos abundan: ampliación de la AUH, subsidios nacionales a transporte en provincias que antes no los tenían, aumento de jubilaciones, tarifas sociales (si benefician a consumidores en provincias donde la electricidad y gas estaba cerca del costo), etc.

Entiendo el costado político de anunciar medidas para compensar el ajuste o facilitar la aprobación de leyes en el Congreso, pero primero el gobierno debió asegurar la rebaja del gasto antes de ampliarlo. Hoy el ajuste del gas está bloqueado por la Justicia, sin embargo varias medidas de aumento del gasto fueron aprobadas y se están ejecutando (aunque empiezan a aparecer señales de racionalidad en las carteras “gastadoras” del gobierno).

Al igual que el año pasado voy a terminar con un ejemplo no económico de shock y gradualismo. En la medida que la sociedad reciba más shocks de imágenes de la corrupción K, el poder de Cristina Kirchner y sus secuaces se irá reduciendo gradualmente hasta ser meramente testimonial.

Peter-Sellers

EXPOST: Hablando de aumentos del gasto a la bartola, resulta que la provincia de Buenos Aires, la misma que reclama una actualización del Fondo del Conurbano, dispuso que el boleto estudiantil sea gratuito

La medida alcanza a cuatro millones de chicos y supone una inversión de 143 millones de pesos sólo para este semestre, de agosto a diciembre. El anuncio coincide con el aniversario número 40 de “La noche de los lápices” (ver aparte). “Nunca antes existió el boleto estudiantil totalmente gratuito en la provincia”, destacó la gobernador…

Para 2017 también se ampliaría la gratuidad para los viajes en transportes de larga distancia.

Antes que me critiquen, aclaro que me parece perfecto que el boleto estudiantil esté subsidiado. Me parece mal la gratuidad, un subsidio que es ineficiente pues sería mucho mejor, en caso de ser necesario, darle una transferencia a las familias de bajos ingresos y no a todo el que va a una escuela pública o “privada con aporte estatal” (y los colegios religiosos?). Ah, y ya existe y se llama AUH.

Mientras nuestros dirigentes piensen que gobernar es gastar, el desarrollo seguirá siendo una quimera para nuestro país.


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