Campeones y más allá

21/12/2022

Finalmente Argentina volvió a consagrarse campeón del mundo y lo hizo en una final electrizante. Hubiera preferido que terminara en tiempo reglamentario y con el dominio que se mostró desde el comienzo. Pero hay que reconocer que el haber tenido que ganar el partido tres veces le dio una mística épica y, para los imparciales, reforzó la marca Argentina. Lo que no entiendo es porque cambiaron a Di María, el mejor jugador hasta su relevo. Si estaba exhausto era algo que sabía él y el cuerpo técnico pero no el rival. Cambiarlo por Acuña fue invitar a Francia a intentar la remontada.

De lo técnico lo único que me gustaría decir es que el punto flojo de un equipo equilibrado en defensa y ataque (y que brilló en gran parte de la final con el gol de Di María como punto cumbre) es que no sabe sobreponerse a los golpes y tiene propensión a defenderse sin la pelota (se vio en los últimos minutos de los partidos con Holanda y Francia), algo que en la Copa América puede funcionar pero en un Mundial, se ve, no. Hay tiempo para mejorar, y es bueno saber que hay margen para hacerlo.

Salgamos ahora de Qatar, y vayamos en varias direcciones. Empiezo por un comentario no futbolístico que me llamó la atención estos días. El poner a lo hecho por la selección como ejemplo de esfuerzo y trabajo para el resto del país. La realidad es que lo que la selección hizo es lo normal, no algo extraordinario. Esforzarse y trabajar a conciencia es lo que hace todo el mundo. Muy mal está el país que normaliza la cultura de vivir de la teta del Estado, donde el presidente critica la meritocracia, y se decreta un feriado nacional para festejar la llegada de los jugadores al país. Es esto lo que hay que resaltar, aunque no sea novedad: Argentina, fuera de un campo de fútbol, es un cáncer.

Volviendo al fútbol, hay que levantar el nivel de los equipos sudamericanos. Brasil no llegó a semifinales, y solo ellos y nosotros pasamos a octavos. Hace unos años escribí un post en el que proponía expandir la Copa América a 16 equipos incluyendo a los finalistas de la Copa de Oro (Concacaf), la Copa de África y la Copa de Asia. En ese momento los seis países a invitar hubieran sido México, Estados Unidos, Qatar, Japón, Senegal y Argelia. Solo uno de ellos no clasificó para el Mundial y tres pasaron a octavos. Competir con buenos equipos nos haría mejores y expandir la Copa aumentaría los ingresos y recursos para los participantes.

Quizás la Conmebol podría aprovechar las buenas relaciones con Qatar y la infraestructura que dejó el Mundial para organizar un campeonato anual de clubes sudamericanos en enero. Llevar a los mejores equipos de las ligas que estén en receso en ese momento (Argentina, Brasil, Colombia, Uruguay) e invitar también a los dos mejores equipos de la MLS de EEUU y de la liga J1 de Japón. Doce equipos sudamericanos y estos cuatro compitiendo durante un poco más de dos semanas. Aumentaría los recursos de la Conmebol y de los equipos de fútbol sudamericano (parte de los ingresos debieran ser compartidos con las ligas respectivas).

Me guardo el último comentario para la organización del próximo Mundial, aquel al que iremos, luego de 36 años, como campeón vigente. Hoy por hoy no se sabe como solucionar el engendro de 48 equipos que propuso el presidente de la FIFA, el populista Gianni Infantino (que ahora quiere que el Mundial se juegue cada tres años…). Mi propuesta es realizar la clasificación en cada confederación en forma usual, y luego separar los 48 equipos clasificados en dos grupos de 24. Los mejores 24 tomarían los lugares 1, 2 y 3 de cada uno de ocho grupos, como hasta ahora. El lugar restante saldría de una competencia entre los peores 24 que se sortearían en ocho grupos de tres, jugarían dos partidos y clasificaría el mejor (el menos malo). Haciendo esta selección en los países organizadores y la semana antes del «partido inaugural» se cuadraría el círculo: Habría 48 equipos, pero solamente 32 seguirían en carrera a partir del día uno y ningún equipo tendría que jugar más de siete partidos (si ninguno de los 24 malos llega a semifinales). Algo similar se hace en torneos de tenis, ejemplo Wimbledon.

Felices fiestas, campeones.

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Deriva 2

09/09/2022

A mediados de Julio escribí un post sobre la nada que era Silvina Batakis al frente de Economía y la deriva que caracterizaba al país. A pocos días del post finalmente el presidente y la vice aceptaron el ingreso de Sergio Massa al gobierno y parecía que el abismo tan cercano insuflaba (cierta) racionalidad.

Pero la semana pasada tuvimos un atentado/happening que nos mostró que cualquier construcción que vemos está en el aire, es humo. Empecemos con la dualidad del episodio visto en la puerta de la casa de Cristina Kirchner. Parece un intento burdo de atentado. Así se lo ve en los videos. Pero también el análisis de esos videos revela que pudo ser, como sigue creyendo la mitad de la población, una puesta en escena para devolverle a Cristina un poco del apoyo que el dictamen del fiscal Diego Luciani le había quitado.

Si nos remitimos a los hechos lo que vemos es el accionar burdo de la custodia de Cristina (estando la Policía Federal en lugar de la Metropolitana por orden de un juez militante), la aparición en repetidas ocasiones del agresor Fernando Sabag Montiel y su pareja, Brenda Uliarte, en Crónica TV un medio kirchnerista. El borrado de los contenidos del celular de Montiel mientras estaba en custodia de fuerzas de seguridad dependientes del gobierno nacional. El uso (y abuso) político del affaire pistola por parte del gobierno a escasos minutos del hecho. El intento de mantenerlo en la agenda para tapar otras noticias, como ser los ajuste que intenta hacer Massa.

Sin entrar en una interpretación del hecho, lo visto muestra un sistema político divorciado de la realidad (al común de la gente le importa más su situación económica y la inflación), envuelto en internas y a) dispuesto a cualquier cosa con tal de retener el poder el gobierno, b) no dispuesto a presentar alternativas para volver al poder la oposición. Así no hay futuro.

Tomemos hechos recientes para ver a la Argentina en espejo. Por un lado el domingo en Chile se votó masivamente por rechazar la propuesta de constitución redactada por una Asamblea que reflejaba los humores del clima de efervescencia de la revueltas de 2019 y no las preferencias del ciudadano promedio. Una lectura es que la Asamblea no supo ver que el referendum era un límite a su capacidad de rediseñar las instituciones o no pudo contener los intereses diversos de los constituyentes. El rechazo fue aceptado por el gobierno y se trabaja a futuro, tomando en lo posible las lecciones del caso. En la Argentina se puede ver que el kirchnerismo ha intentado (a veces con éxito) arrollar las instituciones remanentes del sistema republicano de gobierno y a pesar del rechazo de la sociedad (en elecciones y en cacerolazos) insiste redoblando esfuerzos.

Ayer falleció la Reina Isabel II en el Reino Unido y a pesar de ser una noticia esperaba dada su edad ese país se conmovió con la noticia y hasta los medios de izquierda le rinden tributo por haber sido un factor aglutinante tan importante para la sociedad británica durante 70 años (pensemos todo lo que pasó, tanto en ese país como en el mundo, mientras fue reina). En el largo plazo el temor es al deterioro del valor social de la monarquía con un rey distinto, que no pareciera tener las virtudes de su madre. En contraste, el affaire pistola fue algo inesperado que en el corto plazo desnudó los vicios de la política. Y en el largo plazo, que en Argentina ya es hoy, se ve que nada cambia. Seguimos a la deriva.


Libro Economía Posible 2010-2020

03/08/2022

He recopilado una serie de artículos del blog en un libro. La selección original la hice para imprimir un único ejemplar (en formato más bonito) para darle a mis padres. Ya que estaba compilé un pdf con una plantilla de libro para el resto de los lectores del blog que quieran reír y llorar (más de lo segundo) recordando momentos de la última década.

Hay tres secciones, Argentina, Mundo, Misceláneas. Espero lo disfruten!


Deriva

17/07/2022

Cuando Cristina Kirchner empezó a criticar abiertamente al gobierno pocos días después de la derrota en las PASO del año pasado este empezó a estar a la deriva. En una nota en La Nación hoy, Santiago Dapelo reporta que la Jefatura de Gabinete procesa solamente el 10% de los expedientes que hace un año. Y dado lo rápido que se esmeriló la figura de Juan Manzur es de esperar que esta caída se precipitara a poco de comenzar su gestión.

Las críticas se acentuaron con la firma del acuerdo con el FMI y condujeron a la salida anticipada del ministro de Economía, Martín Guzmán. Como bien se puede observar a dos semanas de su reemplazo, ni el presidente ni la vicepresidente tenían plan B (el único que si tenía un plan era Sergio Massa pero el binomio presidencial no está, por ahora, dispuesto a cederle la cuota de poder que reclama).

Silvina Batakis es por ahora una nada. Se ve obligada a sobreactuar su fiscalismo por las restricciones de mercado y del FMI. Y esto le impide tener la bendición de Cristina. Tampoco tiene la del presidente. Pero esto no importa, pues a todos los efectos prácticos Alberto Fernández cesó como cabeza del Poder Ejecutivo en el mismo momento que Guzmán twiteó su renuncia.

Mucho se ha escrito respecto a las oportunidades que está desperdiciando la Argentina por carecer de un marco macroeconómico estable y un gobierno mínimamente creíble. La invasión de Ucrania por Rusia podría haber hecho renacer a la Vaca Muerta. Y con estabilidad el sector agropecuario en lugar de especular con una devaluación se estaría preparando para romper récords con la próxima campaña.

Como escribe hoy en nota en Perfil Jorge Fontevecchia, el mundo está estresado. Atrapado entre una inflación inédita en tiempos recientes que reduce los estándares de vida y los traumas no superados de los shocks recientes (pandemia, Gran Recesión en EEUU, crisis del euro en EU, reducción de términos de intercambio, hasta hace poco, en América Latina).

No comparto el optimismo de Fontevecchia, sino el pesimismo de Juan Pablo Nicolini, que entrevistado hoy por Sofía Diamante en La Nación afirma que «se necesita un liderazgo que empiece con sudor, lágrimas y esperanza». Y no lo ve en este gobierno. Yo tampoco lo veo en la oposición que ya debiera tener un plan de refundación integral y está a años luz de ello (quizás con el telescopio James Webb lo puedan encontrar).

La realidad es que la Argentina es un país a la deriva. A la espera de un choque o un estallido. O peor aún, la nada.


Soft hard landing

30/05/2022

En EEUU finalmente la Reserva Federal empezó a ajustar las tasas de interés. Como escribiera el año pasado en diciembre la inflación no era un fenómeno transitorio y sorprendía la pasividad de la Fed para reaccionar. A pocos días del post, y con la inflación todavía creciendo al 6,8% anual, en la reunión del FOMC el lenguaje era del tipo «don’t worry, be happy».

Poco tiempo después y corriendo detrás de los acontecimientos (guerra en Ucrania, pánico en los mercados) la Fed comenzó a subir la tasa de interés en, hasta ahora en dos tramos, un punto porcentual. Es como que no cuadra la imagen navideña con la pascual: una aceleración de 0 a 100. ¿Es que nos vamos a estrellar contra la pared?

Por un lado hay argumentos para ser pesimistas. La Fed estuvo muy lenta en reaccionar y si bien hasta ahora las expectativas siguen ancladas en que la inflación baje en el largo plazo, para convalidarlas habrá que subir tanto las tasas este año que la economía seguramente entrará en recesión. Si la Fed hubiera reaccionado al menos tres meses antes la inflación no hubiera subido tanto y el esfuerzo necesario para bajarla al 2% no sería tanto.

Pero también hay argumentos para ser optimistas. Después de alcanzar la «inflación Fellini» (8 1/2) en marzo, el registro de abril fue levemente menor y todo indica que mayo también estará a la baja. Si los mercados le creen a la Fed que va a controlar la inflación, esta logrará este objetivo sin casi transpirar.

John Cochrane tiene un trabajo reciente («Inflation Past, Present and Future: Fiscal Shocks, Fed Response, and Fiscal Limits», documento de trabajo 30096 del NBER) en el que dice que la Fed reaccionó tarde a ante la inflación generada por un shock fiscal. Sin embargo, si la forma en que el mercado forma expectativas mira el futuro en lugar del pasado, el posible dominar la inflación con un breve período de tasas de interés reales positivas.

Cochrane resume este trabajo en una nota en su blog y el siguiente gráfico representa esta contracción monetaria virtuosa (el modelo que estima reproduce casi las proyecciones de la Fed con una tasa de desempleo que aumenta hasta el nivel relativamente bajo del 4% y con inflación debajo del 3% a partir de 2024).

Por otro lado Paul Krugman sostiene que ni EEUU ni Europa deben preocuparse por sus inflaciones, que vendrían a ser similares (yo he argumentado en el post del año pasado que en EEUU la inflación, en particular la núcleo, es más alta que en EU). Pero lo suyo es puro bla bla y fue un fuerte defensor de la expansión fiscal (si por él fuera el gobierno federal tendría que haber gastado más).

Le creo más a Cochrane que suele tener una visión más crítica del accionar de la Fed y que con un razonamiento bastante riguroso encuentra que, al menos en uno de los multiversos posibles, la política logra hacer suave el aterrizaje sin recesión (o recesión level, cual ola de Ómicron). Pronto se verá.


Should I stay or should I go

01/02/2022

La canción de The Clash suena fuerte en las usinas del kirchnerismo. Ayer el diputado Máximo Kirchner renunció a la jefatura del bloque del oficialismo en Diputados porque no apoya el (principio de) acuerdo con el FMI. Siguiendo el ejemplo de su madre utilizó una carta.

Sería más que incorrecto aferrarse a la Presidencia del Bloque cuando no se puede acompañar un proyecto de una centralidad tan decisiva en términos del presente y los años que vendrán. Algunos se preguntarán qué opción ofrezco. En principio, llamar a las cosas por su nombre: no hablar de una dura negociación cuando no lo fue, y mucho menos hablar de beneficios. La realidad es dura. Vi al presidente Kirchner quemar su vida en este tipo de situaciones.

Parece que la alegría del (principio de) acuerdo con el FMI le duró poco al gobierno. Algo a lamentar porque un acuerdo es bueno para el país, y también para el gobierno (y la oposición). El año pasado escribí este post en el cual decía que el gobierno podía sostener una dualidad de ejecutar el ajuste mientras lo criticaba.

Hay un rango de políticas y acciones en el cual se puede acordar un ajuste que Alberto Fernández y su gobierno defienda y Cristina y el kirchnerismo denuncie como una extorsión que no se puede evitar (indicando su deseo de volver a conquistar la independencia perdida). Lo importante será que todos los legisladores del oficialismo voten las medidas económicas que el presidente y sus colaboradores propongan. Porque la opción de la «gran Chacho» está fuera de ese rango mencionado: Cristina can’t have her cake and eat it too.

Por un lado el «peronismo racional» no querrá quedar como el único responsable del ajuste ni la oposición querrá apoyar el acuerdo cuando una fracción del gobierno no lo hace. En cuanto a JxC tendría que fijar una posición que acorrale a los díscolos kirchneristas y de paso ayude a formar consensos hacia adentro.

Primero habría que afirmar algo así como que se apoya cualquier acuerdo con el FMI que tenga el respaldo de todo el oficialismo. No es una carta en blanco. Al estar el FMI involucrado se tiene cierta garantía de racionalidad económica (sin soñar con que el peronismo entregue el poder con la macro ordenada). Al involucrar a todo el oficialismo se comparten los costos políticos del ajuste.

Luego habría que ver cómo plantarse en el Congreso para materializar esta postura. Lo que JxC debe evitar es que a la hora de votar los kirchneristas lo hagan al final y voten todos en contra, con el apoyo de la oposición asegurando el acuerdo.

Por ejemplo habría que supeditar el quorum a la presencia de toda la bancada oficialista en el Congreso permitiendo la ausencia de, digamos, tres diputados por viajes a Alemania o Disney (suponiendo que en la Cámara Baja se vote primero). Luego, habría que condicionar el accionar para que por cada abstención del oficialismo se retiren del recinto uno o dos diputados de JxC. Y por cada voto en contra cinco o más.

Finalmente, si no se pudiera acordar el orden de votación para que los diputados más ultras del kirchnerismo voten primero, ningún senador de JxC debiera dar quorum en caso que los K sorprendan y voten en contra una vez garantizada la media sanción.

Repito que el acuerdo es positivo para el país, el gobierno, y para JxC. Pero no hay que ser ingenuos y facilitar su sanción si no se compromete el voto favorable de (casi) todo el oficialismo. Todo ajuste tiene costos y no se deber permitir que el kirchnerismo (y de esta forma el gobierno, del que forma parte) eluda pagarlos. Que la canción de The Clash también suene en el Congreso.


Una política aerocomercial para JxC (deseo para 2022)

28/12/2021

Estas navidades Papá Noel le dejó flor de regalo a Aerolíneas Argentinas: Un decreto determinó que habrá precios mínimos y máximos para volar dentro del país. Estas palabras no suenan extrañas para la Argentina, habituada a decretazos y precios regulados. Pero están a contramano de la evolución global del sector aerocomercial.

Desde hace unos 40 años, comenzando por Estados Unidos, el negocio aerocomercial se ha caracterizado por una progresiva desregulación. Y en los últimos 30 años la norma es tener una política de cielos abiertos entre Estados que liberaliza el mercado reduciendo las intervenciones estatales. Esto llevó a un incremento significativo en el transporte de pasajeros y mercancías.

Como anécdota es gracias a esta política que puedo vivir en España y trabajar en otro país europeo (hasta fin de este año Dinamarca, a partir de unos días Italia), ya que hay al menos dos compañías aéreas prestando servicio y un ida y vuelta cuesta menos de 100 euros. Aprovecho para aclarar que mi nuevo trabajo es en la Universidad de Bologna.

En la Argentina, como dice Diego Cabot en esta nota de La Nación, «solo falta que los aviones despeguen y vuelen marcha atrás». Copio estos párrafos de la nota:

Como se dijo, la empresa tiene enormes subsidios, directos e indirectos. Además del cheque diario de 2 millones de dólares, el Estado perdona varios impuestos, que Aerolíneas Argentina no paga, o compensa. No termina todo ahí: la regulación la deja siempre mejor parada a la hora de estacionar sus aviones, bajar sus pasajeros y volver a partir. Y si alguna ventaja más se puede adicionar, pues también se da el lujo de mantener una deuda con el concesionario de los aeropuertos, al que le debe una importante suma de dinero.

Pese a semejantes ventajas, varias colegas se le animaron a competir. Flybondi y Jetsmart empezaron a abrirse camino pese a la adversidad de despegar con la pista inclinada. Primero, cerraron el aeroparque El Palomar, desde donde se abordaba para volar al interior. Después, habilitaron a los sindicatos, con la mano condescendiente del ministro de Trabajo, Claudio Moroni, para que fuercen a las dos compañías a firmar acuerdos y dejar sin efectos los gremios de empresas con las que nacieron las dos compañías.

Sin embargo, se mantenían en competencia. Entonces, el golpe certero: ya nadie puede ofrecer un pasaje por debajo del precio que el Estado decida. Vale acá un paréntesis. ¿Quién decide? ¿El presidente Alberto Fernández, que firma el decreto? ¿ El ministro de Transporte, Alexis Guerrera, que es el que tiene jurisdicción sobre el asunto? ¿El diputado Sergio Massa, que es el que tiene el manejo político de toda la cartera? Error, ninguno de ellos. El que pondrá precio y hablará por medio de la lapicera regulatoria será uno de los popes de La Cámpora, el senador Mariano Recalde, verdadero mandamás en el mercado aerocomercial argentino.

Aerolíneas Argentinas hoy es un monumento a la ineficiencia y ejemplo de la colonización de lo público por intereses políticos y personales. Como anécdota me cuenta mi hermano, que trabaja en turismo receptivo, que pidió le facturen exceso de equipaje para 120 pasajeros que llegaron del extranjero con valijas de 23 kg pero para viajar a Ushuaia el límite es 15kg. Hoy se enteró que le facturaron una maleta extra por pasajero (que obviamente cuesta más que el exceso de equipaje). El monopolio abusa, y si los afectados son extranjeros es un delito sin víctima. Porque no votan.

Aclaro que el objeto de esta nota no es Aerolíneas, o el populismo estéril del kirchnerismo sin recursos. Es interpelar a la oposición a que defina cuáles serán sus políticas de gobierno ya que el resultado de las últimas elecciones no fueron un cheque en blanco. Como escribí hace un mes, se necesita (los votantes lo requerirán) un programa de gobierno. Hay que conciliar posturas heterogéneas, y hacerlo sin un liderazgo definido.

Mientras trabajan en lo global, JxC debiera aprovechar los goles servidos en bandeja que le deja el gobierno para avanzar en áreas puntuales. Y el escandaloso decreto a la medida de Aerolíneas Argentinas es un claro ejemplo, máxime si tenemos en cuenta la manera en que JxC se manejó cuando estuvo en el poder.

Consensuar una política aerocomercial le serviría a la oposición de varias formas. Primero, le serviría para mostrarle a los votantes que se están preparando para volver al poder. Segundo, le daría a las compañías low cost que resisten en el mercado un incentivo a resistir los embates que sufren (y a terceros interesados motivos para estudiar entrar, o volver, al mercado). Tercero, al explicar cómo, cuándo, y cuánto se reducirán los subsidios explícitos e implícitos que recibe Aerolíneas le permitirá a un futuro gobierno de JxC enfrentar medidas de fuerza de parte de esta compañía diciendo «yo te avisé y vos no me escuchaste».

La pelota está en el campo de la oposición. Como se dice al comienzo de la película «Corre, Lola, corre»: “La pelota es redonda. El partido dura 90 minutos. Eso es un hecho. Todo lo demás es pura teoría. ¡Aquí vamos!”

¡Feliz año!

EXPOST: Domingo Cavallo en una charla en Twitter consideró que hay que volver a privatizar Aerolíneas Argentinas. JxC sigue en silencio de radio sin poder articular un programa de nada.


Inflation, not transitory

06/12/2021

Hace ocho meses escribí un post sobre el debate en EEUU respecto del impacto inflacionario de los proyectos de estímulos fiscales de la Administración Biden.

Durante gran parte del año, a medida que la inflación escalaba, quienes minimizaban los riesgos inflacionarios buscaron explicar el aumento de precios como un fenómeno transitorio. Primero recurrieron a un estudio de Alberto Cavallo para decir que se debía al cambio de composición de la canasta de consumo por la pandemia (un resumen de estas ideas, así como otras abajo mencionadas, aquí). La siguiente figura muestra como la inflación con canasta ajustada supera al CPI al comenzar la pandemia para luego ser inferior.

Al persistir la inflación se argumentó que era debido a problemas de oferta ya que la pandemia había generado fricciones en la cadena de valor global y problemas de suministro debido a restricciones en la producción por cuarentenas y medidas similares. El mismo Cavallo, en el resumen arriba citado, junto con coautores estima que:

Combining these stockout measures with micro price data, we find that their impact on inflation is significant, gradual, and transitory.

Estas ideas me parecieron razonables, así como las de Guerrieri, Lorenzoni, Straub y Werning (GLSW) sobre los efectos de una persistente redistribución de demanda de servicios a bienes. Esto genera presiones inflacionarias de costos en bienes, y deflacionarias en servicios que con rigideces nominales resultan en caída de empleo. El siguiente gráfico, donde sector A son servicios y B bienes, resume la idea:

Estamos a finales de año y tenemos el siguiente panorama: La política monetaria ha sido extraordinariamente expansiva con tasas virtualmente en cero y expansión cuantitativa. La política fiscal ha sido extraordinariamente expansiva con un déficit fiscal para 2021 de poco más del 12% del producto (un poco más bajo que el 15% de 2020, pero enorme).

En cuanto a observables, la inflación está en el 6,2%. Las correciones de canasta mencionadas arriba por Cavallo jugando un papel menor ya que es una comparación con fines de 2020. Y el último dato de desempleo es de 4,2%, o sea casi casi pleno empleo. Con lo cual, si bien persisten las asimetrías de demanda de bienes y servicios, las dinámicas modeladas por GLSW dejan de ser una preocupación de primer orden. Y dado que este blog se regocija cada tanto en criticar a Paul Krugman, en este caso férreo defensor de una política casi MMT, mencionemos su reciente comparación de la inflación en EEUU y Europa (donde llegó al 4,1%) ocultando que la inflación núcleo es de 4,6% en EEUU y solamente 2,1% en la zona euro.

Otro tema relacionado es la caída importante en la participación laboral (the Great Resignation) al punto que, si bien la economía está cerca del pleno empleo, hay unos seis millones de empleos menos que los que habría proyectando tendencias pre-pandémicas. Pero no tiene sentido seguir con una política monetaria expansiva, si no se entiende la razón de estos cambios, ni que tan permanentes son.

Con estos datos de inflación y empleo no sorprende que Jerome Powell haya empezado a indicar que se acelerará la contracción de política monetaria. No lo habría anunciado antes para lograr su reelección como titular de la Reserva Federal. Banquero central independiente, pero no tonto.

Es notable que con la economía tan recalentada no haya habido todavía un desmadre de expectativas. Probablemente la incertidumbre de la economía pandémica y pos-pandémica le haya dado a la Fed un mayor margen de maniobra. Pero, al haber sido tan expansiva hasta hoy, hay riesgo que al reducirse la incertidumbre haya que subir las tasas rápidamente, lo cual probablemente no tenga efectos serios en EEUU pero si en mercados emergentes.

Ahora bien, el lector quizás piense que la incertidumbre no se reduce sino que se incrementa, con la nueva variante Ómicron del Covid-19 a un paso de destrozar la «pax vaccinum». En pocos días sabremos más sobre esta mutación pero en mi opinión se verá que las vacunas siguen reduciendo el riesgo de enfermedad grave o muerte al punto de hacer del coronavirus una más entre el portafolio de enfermedades respiratorias a enfrentar periódicamente. Aunque debo reconocer que mi optimismo quizás se deba a que estoy sesgado por mis planes para las fiestas. Veremos

EX POST: Ayer se dió a conocer el dato de inflación de noviembre, 6,8% anual. Y Ómicron cada día parece más perro que ladra pero no muerde.


Camino al 2023

15/11/2021

Las elecciones de ayer transcurrieron como se esperaba. El domingo previo hice una encuesta en Twitter preguntando quien sería el ganador ayer. Mi intención era preguntar por el ganador en términos relativos a las PASO. La idea es que había argumentos para las tres opciones, JxC, el gobierno, y los libertarios. Sin embargo, como me olvidé la palabra clave «relativo» solo hubo votos para la opción JxC que claramente iba a ganar en términos absolutos. Como lo hizo.

La realidad es que JxC fue el claro ganador y se perfila para repetir el triunfo en 2023 logrando volver al poder después de cuatro años. La razón para estar tan confiado es que el gobierno no tiene recursos para comprar votos. Y con esto me refiero a que no tiene ni dinero ni relato. Daniel Gollán al pedir «platita» estaba al mismo tiempo matando la épica kirchnerista.

Se discute qué va a hacer Cristina. Como si solamente tuviera dos opciones: a) acompañar la política económica del gobierno, lo que implica suscribir un ajuste fiscal (condición necesaria para conseguir un acuerdo con el FMI), b) abandonar a Alberto Fernández a su suerte y oponerse al plan económico. Carlos Pagni en varias notas presenta esta disyuntiva (hoy la última) argumentando que

No es envidiable el dilema en el que Cristina Kirchner está atrapada. Nadie puede garantizarle una política económica que signifique que en los próximos dos años habrá una recuperación sistemática del salario real. Es decir: nadie puede garantizarle un programa que le asegure un triunfo presidencial para 2023. Si en ese momento está condenada, ella y su grupo, a pasar a la oposición, ¿por qué no hacerlo desde ahora? Sin embargo, esa ruptura con Alberto Fernándex la convertiría en «Chacho» Álvarez. La desencadenante de una gran tormenta.

Es cierto, las posibilidades de política económica que tiene un país sin crédito y sin stocks para confiscar (con la excepción de los depósitos bancarios, pero cuya expropriación precipitaría la caída del gobierno, recordar el corralito) se reducen a la administración del ajuste. A lo sumo a suavizar la velocidad con la cual se recorta el déficit fiscal y evitar que la inflación se espiralice a un nivel mucho mayor que el 60% actual.

Sin embargo, terminar su mandato de la mejor manera posible le permitiría al gobierno mejorar su posición de poder en el llano a partir de diciembre de 2023. Para ello, por un lado importan la cantidad de legisladores que se logren retener para influenciar en el poder real (en el Judicial mantendrá su impronta, recordar que la Corte Suprema supo ser un importante obstáculo para Mauricio Macri con sus fallos sobre la coparticipación y los aumentos de tarifas). Por otro lado importa la preservación del capital simbólico, pretender seguir siendo los representantes del «pueblo».

En esta disyuntiva el peronismo tradicional se inclinaría más por la primer variable, el poder real, mientras que Cristina estaría más interesada en lo segundo, la mística. Pero en gran medida no tienen porqué ser excluyentes. Hay un rango de políticas y acciones en el cual se puede acordar un ajuste que Alberto Fernández y su gobierno defienda y Cristina y el kirchnerismo denuncie como una extorsión que no se puede evitar (indicando su deseo de volver a conquistar la independencia perdida). Lo importante será que todos los legisladores del oficialismo voten las medidas económicas que el presidente y sus colaboradores propongan. Porque la opción de la «gran Chacho» está fuera de ese rango mencionado: Cristina can’t have her cake and eat it too.

Por esto creo que no habrá ruptura total del gobierno, sino la consolidación de dos vertientes que convivirán hasta las elecciones de 2023 y que recién desde el llano se distanciaran para ver qué prédica retiene más los votos en 2025. Cristina ya está jugada, pero el futuro de sus sucesores, Máximo y en menor medida Axel, depende de evitar un divorcio traumático.

En cuanto a JxC se especula que dada la ausencia de un liderazgo definido hay un peligro que las fuerzas centrífugas dividan la coalición en dos. Supongo que este razonamiento se basa en el espejo del oficialismo: unidos en la adversidad, bolsa de gatos en el poder. Pero le falta una reflexión importante a esta predicción: La enormidad de la tarea por delante (bajo el supuesto razonable que el gobierno no desarme en su totalidad la bomba, política que tampoco estaría dentro del rango arriba mencionado) es tal que se requiere un esfuerzo hercúleo, imposible de lograr con una mitad de JxC (y una mitad del peronismo). Se requiere TODO JxC, y algo más.

Que para gobernar a partir del 2023 JxC necesite estar unido no es garantía que las fuerzas centrífugas mencionadas no terminen dominando. Es necesario que las distintas facciones de la coalición articulen un programa superador de sus diferencias. Es lamentable que no hayan empleado siquiera una fracción de estos dos años para ello (ver nota del año pasado). El único que realizó una autocrítica (parcial) fue Mauricio Macri y se vió recompensado con cierto reconocimiento.

Puede Macri reducir su imagen negativa en un año como para pensar realistamente en ser el candidato de JxC? Lo dudo, pero sin duda seguirá trabajando en ello. En mi opinión lo mejor que puede hacer Macri, manteniendo la iniciativa como hizo el último año, es excluirse de la candidatura presidencial preservando una cuota importante de poder.

Supongamos que Macri proponga lo siguiente. Que la candidatura presidencial se dirima en internas entre un candidato del PRO (a surgir entre una interna previa entre, digamos Horacio Rodríguez Larreta y Patricia Bullrich) y un candidato de la UCR (que surgiría de otra interna entre los varios radicales con aspiraciones). Según el resultado de la interna se dividirían los ministerios y otros cargos de peso institucional en un gobierno de coalición: Si el margen de victoria es menor a 10% el ganador pone los primeros tres ministerios, Macri los segundos tres (pactando la preservación para sí mismo del cargo de canciller), y el perdedor los siguientes tres. Se completan los cargos de a uno siguiendo la misma regla (ganador uno, Macri uno, perdedor uno). Si el margen de victoria es mayor a 10% se procede igual pero la elección inicial es por cuatro cargos, no tres.

De esta forma todos saldrían ganando. Macri conservaría una cuota importante de poder. El PRO seguiría siendo el socio mayoritario de la coalición, incluso si pierde la interna. Y el radicalismo sería, de mínima, parte importante de la misma (siendo que gran parte de su reclamo a Macri fue que su papel entre 2015-19 haya sido solamente legislativo).

Por supuesto que para lograr que esta alquimia funcione, las partes tienen que coordinar un programa de gobierno que les satisfaga sin importar quien esté en la Casa Rosada, ni cual sea la composición final del gobierno (obviamente esto determinará cómo y en qué grado se implementará dicho programa, el cual a su vez, como todo contrato incompleto, dejará algún margen para la discrecionalidad). A esta tarea se deben abocar desde hoy, sin perder tiempo. Porque para ganar las elecciones, y el poder, en 2023 importa no solamente ser «no peronismo», sino también devolver a los votantes una, aunque sea módica, esperanza que el país se pueda poner de pie.


Seguro de desempleo

21/10/2021

En Argentina se ha vuelto a discutir una reforma laboral. En particular hay un ante-proyecto (o globo de ensayo) que busca reemplazar la indemnización por despido por un seguro de desempleo.

Desde una perspectiva técnica los dos mecanismos funcionan igual, un trabajador que es despedido cobra una indemnización. Pero los incentivos de los empleadores son diferentes. En el caso actual la indemnización debe ser pagada al momento del despido mientras que con el nuevo esquema se paga durante la vida laboral del empleado con la contribución a un «fondo».

Me dirán que en la ausencia de fricciones los sistemas siguen siendo equivalentes pues nada impide a una empresa depositar el equivalente al incremento de la indemnización futura cada vez que el paso del tiempo implica un aumento en el derecho del empleado. Pero no vivimos en un mundo ideal, menos en Argentina.

Con el régimen de seguro de desempleo las empresas tendrían menos trabas para despedir a sus trabajadores y esto lo advierten los sindicatos, principales críticos del proyecto. Los autores del proyecto lo saben, pero valoran la flexibilidad que el régimen le daría a las empresas para ajustarse a shocks. Y suponen, creo correctamente, que las empresas no usarían el mayor poder para amedrentar a sus empleados: En un mercado competitivo las empresas explotadoras verían como sus trabajadores migran a otras.

Si es cierto que el cambio en el balance de poder podría reducir el promedio de los salarios. Pero estimo que el efecto sería cuantitativamente pequeño (extrapolando por cambios pasados en los régimenes laborales durante 30 años). Y si las empresas vieran que esta mayor flexibilidad les aumenta su valor (porque antes shocks negativos reducen sus pérdidas) incrementarán la inversión y por ende aumentará la productividad laboral y con ella los salarios.

Cómo habría que pensar este régimen de seguro de desempleo para que aumente la probabilidad de ser aceptado por los sindicatos y sea persistente en el tiempo?

Por un lado el «fondo» al cual se pagan las contribuciones no debiera ser un fondo privado. Lamentablemente en la Argentina caja que se crea es caja que se termina expropiando. Con el recuerdo de las AFJP fresco en la memoria es razonable pensar que el día que el Estado tenga una necesidad de financiamiento importante manoteé los fondos y asuma el pago de las indemnizaciones.

Por ello es preferible hacer al sistema directamente estatal: las contribuciones se pagan a un fondo público y este paga las indemnizaciones cuando se producen los despidos. Por supuesto que tiene que estar bien regulado para asegurarse que el fondo sea capaz de enfrentar estas obligaciones, y con incentivos para que el gobierno de turno no busque impedir despidos para hacerse de estos fondos (sobre esto ver comentario más adelante).

En el futuro si el país gana credibilidad se podrá pensar en «privatizar» el esquema para darle más profundidad al mercado de capitales doméstico. Pero hoy estamos a años luz de tener una macro ordenada y resiliente (también ver comentario más adelante).

Con respecto a la posición de los sindicatos, imagino que agregarle al sistema un componente que encarezca los despidos cuando hay fuertes shocks agregados podría ser la llave que los acerque a aceptar el cambio.

Nuestros sindicalistas, con todos sus defectos, (creo) son conscientes que a nivel micro es valioso que las empresas pueda ajustarse cuando enfrentan shocks. Entienden que la contracara es aumentar el empleo en el boom. Pero son muy aversos al riesgo agregado de pérdida de trabajo. De ahí la doble indemnización y prohibición de despidos que tuvimos estos dos últimos años, y también luego de la crisis de 2001.

Si el nuevo régimen estableciese, de manera automática, que las empresas deberían pagar una indemnización supletoria según las condiciones agregadas se crearía esta fricción para sostener el empleo en crisis. Por ejemplo, si en el mes que se producen los despidos el empleo a nivel agregado (a nivel nacional o puede ser regional, pero a mayor nivel que el provincial para provincias pequeñas) no cae no habría indemnización suplementaria. Si cae hasta X% la indemnización extra sería de un 20%, si cae 2X%, de un 40%, etc., con un tope en 100%.

Esto moderaría los despidos en una crisis y si los legisladores quisieran podrían establecer condiciones objetivas para prohibir los despidos. Lo cual ayudaría con el punto anterior ya que, como mencioné arriba, si los fondos de despido son administrados por el Estado habría incentivos a impedir despidos para usar los fondos en una crisis.

No se qué tan claro le queda al lector llegado a este punto en la nota. Pero encuentro difícil escribir sobre política económica para Argentina en este contexto volátil. Ideas que pueden ser provechosas para un 90% de la población naufragan por restricciones políticas y de grupos de interés. Como dice Carlos Melconian en una nota hoy en La Nación, donde nos advierte que nos esperan dos años de inestabilidad macro con alta inflación:

Vienen tiempos de administrar, de elongar la inestabilidad cambiaria-inflacionaria. No son tiempos de reprimir ni congelar. Tampoco son tiempos de un reacomodamiento nominal de variables “a la carga, Barracas” sin plan de estabilización detrás: dicho en otras palabras, no es momento propicio para tentarse con un “San Remes”, es decir, un “vómito desintoxicante a la 2002″: sería hasta contraproducente dado la actual inestabilidad política, macroeconómica, la pobre situación de reservas del BCRA, el país descapitalizado y la fuerte inercia inflacionaria. Ni hay margen para un “plan bomba” a la 2015, porque esta vez le estallaría antes al propio Gobierno. Son tiempos de políticas económicas para aguantar, de elongación y transición “a la Jorge Wehbe 1973 y 1983″. De surfeo, tener los pies sobre la tierra, sin buscar la heroica ni la irresponsabilidad de esconder la inestabilidad debajo de la afombra.