El tridente antiinflacionario maltrecho

23/08/2016

A fines del año pasado escribí un post sobre los desafíos del gobierno para bajar la inflación. En el mismo describía la situación como delicada y con un objetivo de máxima de llegar a una inflación de un dígito (“en lo posible bajo”) en 2019. Para ello había que articular una política monetaria que, siendo contractiva respecto del pasado, permitiera el financiamiento via impuesto inflacionario de la transición a una economía normalizada. El déficit fiscal tenía que tener una trayectoria descendente (que no estaba clara dadas las primeras medidas), y el ajuste iba a empezar por las tarifas energéticas.

Con el lastre del tarifazo politizado y judicializado, el pilar Aranguren del tridente se fisuró. Y el pilar Prat Gay hasta ahora no termina de cuajar, ya que no hay un plan que presente un sendero creíble de ajuste fiscal. Lo único que tuvimos como respuesta al fallo de la Corte de la semana pasado fue un globo de ensayo (a cargo del jefe de gabinete del Ministerio de Agroindustria) que se suspendería la rebaja de otros cinco puntos porcentuales a las exportaciones de soja el año que viene. ¿Por qué sólo un “rumor”? ¡Anuncien la medida sin pérdida de tiempo, y pongan de excusa el stress fiscal del fallo!

Nos queda finalmente el pilar Sturzenegger. Después de digerir los muertos de futuros de dólar que dejó Vanoli, el Central está más libre para cumplir sus objetivos de incremento en la cantidad de dinero. Recibe constantes presiones de Prat Gay para bajar la tasa, pero hasta ahora se ha manejado bien y como dije la semana pasada, finalmente los indicadores de Inflación Verdadera señalan que la inflación estaría en el orden del 1,1% mensual.

¿Cómo reaccionará el BCRA al fallo de la Corte? ¿Tomará el camino político de bajar la tasa, o monetizar el aumento en el déficit, para intentar reactivar la economía? ¿O endurecerá su política para compensar el menor ajuste fiscal (ya que a menor ajuste fiscal más presiones de demanda sobre los precios)? Hoy por hoy supongo que Sturzenegger optará por el camino intermedio de no mover la tasa, que por un lado le evitaría ser blanco de más críticas por enfríar la economía, y por el otro le permitiría preservar el único logro que el gobierno hasta ahora tiene para presentar en las elecciones del año entrante.

En efecto, al votante medio le importan muy poco medidas presentadas con fuegos artificiales mediáticos como la salida del cepo, el pago a los holdouts, o el blanqueo de capitales. Hoy por hoy asocia (negativamente) al gobierno al tarifazo, y el año entrante lo podría asociar (positivamente) a una inflación moderada de aproximadamente 15% anual y con trayectoria descendente. Macri no tiene, ni tendrá, mucho más que mostrar. Al respecto copio unas líneas de una nota de Jorge Fernández Díaz del domingo en La Nación

Es curioso: en otros casos, como el cepo, los holdouts, la relación con los sindicatos y el blanqueo de capitales, Macri se manejó como un político experto; con las tarifas retrocedió a la lógica amateur del CEO y a la religión ingenua del Excel. A lo largo de estos meses, la mayoría social parece haber entendido tres cosas: la energía es escasa y debe pagarse, el congelamiento de las tarifas fue una obra tóxica y nefasta del kirchnerismo, y Cambiemos no ha sabido resolver el problema.

Fernández Díaz compara situaciones muy distintas. El cepo, los holdouts, y el blanqueo son medidas que no tienen costos, o no son perceptibles. A los sindicatos les dió una torta de dinero, yo no se si llamaría a eso ser un político experto. Finalmente, el ajuste tarifario fue la única medida que implicó costos directos sobre el grueso de los ciudadanos. Por ende, si se necesitaba cintura política era ahí.

En conclusión, todas las fichas a la baja en la inflación. ¡No va más!

EXPOST: Ayer, el Banco Central bajó las tasas medio punto. De más está decir que para mí es un error, y estimo que la respuesta será un rebote de la inflación en el corto plazo. Pero no mando a pérdida el pilar Sturzenegger todavía. Le doy el beneficio de la duda que sea el costo a pagar para no monetizar el aumento del déficit (aunque las bajas de tasas implican expansión monetaria en la medida que no se renueva el stock de Lebac, como indica la nota). Hay que prestar atención a los próximos anuncios.


La Corte y las tarifas

19/08/2016

Ayer la Corte Suprema de asestó una dura derrota al gobierno de Mauricio Macri al rechazar, por unanimidad, el aumento de las tarifas de gas a los usuarios residenciales. Además dejó la puerta abierta para que las empresas, en particular las PyMEs, presenten recursos de amparo ante la justicia.

Lo primero que infiero es que efectivamente, como vengo sosteniendo desde principios de año, el gobierno de Macri es débil (vale la pena aclarar que varios analistas y medios sostienen lo contrario, o lo hacían hasta hace poco). Acaba de sufrir su propia 125 y no tiene el control de las intituciones que tenía el kirchnerismo en 2008.

La lectura que hacen los medios oscilan entre el pesimismo y un optimismo basado en el reducido impacto fiscal al mantenerse los aumentos del gas para las empresas. El lector que quiera una síntesis puede leer la nota de Carlos Pagni publicada hoy en La Nación, que identifica tres “costos” para el gobierno

La Corte ayer emitió un fallo distinto del que Macri imaginaba. En el texto aparecieron un trío de efectos que él no había contemplado: un mayor déficit fiscal, más complicaciones para quienes decidan invertir y un enredo político que deberá, en algún momento, resolverse.

El primero de estos costos en realidad ya estaba anticipado, al menos desde el fallo hace mes y medio de la Cámara Federal de La Plata. Ahora habrá que ver el tamaño del impacto fiscal, que dependerá de la extensión del fallo a empresas si estas realizan amparos (imagino una horda de políticos K corriendo a los tribunales en nombre de las PyMEs), y de la celeridad en realizar las audiencias y lograr aumentos de tarifas como Dios (o la Corte) manda. Más importante es ver cómo compensa el gobierno este mayor gasto en subsidios. Dado que no tiene disciplina fiscal dudo que reduzca el gasto en otras áreas por la misma magnitud. Al mismo tiempo espero que ante la baja en la inflación (según Inflación Verdadera este mes se llegó a un ritmo de aumento del 1% mensual) no monetizen el déficit porque sería comprometer el único logro perceptible por los consumidores/votantes. De manera que espero la respuesta sea una combinación de más deuda y menos inversión pública.

Con respecto a las señales para atraer inversores, noté hace unos meses que no es una especialidad del gobierno. En lo referido a las inversiones en exploración y producción de gas el problema es la politización (y judicialización) del precio del gas en boca de pozo. El gobierno esperaba que la Corte aceptara que es facultad del gobiero fijar este precio pero ésta decidió que, mientras el precio no sea de mercado, deberá someter los aumentos a audiencias públicas. Según Pagni

El precio del gas es el componente principal de la factura. Mucho más gravitante que el del transporte y la distribución. Y los especialistas del Gobierno, con Juan José Aranguren a la cabeza, consideran que es imposible liberarlo por completo. El ministro lo explicó a sus colegas de gabinete ayer al mediodía: “Es irracional pretender que el gas pueda fluctuar con libertad y al mismo tiempo obligar a audiencias públicas para el transporte y la distribución. ¿Qué pasaría con las transportistas y las distribuidoras, que tienen el precio de las tarifas fijado por audiencias si el gas sufriera un aumento de precio brusco? Quebrarían”.

Con la obligación de celebrar audiencias para fijar el precio del gas aparece otro costo que Macri lamenta en el fallo de ayer: establece un obstáculo en la corriente de inversión para el sector energético. Se preguntaban ayer en la reunión de gabinete improvisada en el despacho de Marcos Peña al mediodía: ¿qué productor de hidrocarburos va a poner un dólar para extraer ese producto si el precio al que debe venderlo estará sometido a una audiencia de consumidores? Salvo que el Gobierno derogue el decreto 181/2004, que le permite regular ese precio, los contratos de compraventa de gas van a estar sometidos a ese mecanismo. El problema es más grave porque la matriz energética argentina triplicó su dependencia gasífera en los últimos 12 años.

Un posible medida para el gobierno sería anunciar que a partir del primero de enero de 2018 (u otra fecha en el futuro cercano) el precio del gas lo determinará el mercado. Esto tendría un doble valor. Para los inversores les daría un horizonte para sus proyectos (invierten en exploración hoy, y en un año y medio cuando comienzan a producir cobran el precio de mercado). Y forzaría a sincerar el resto de la tarifa en ese plazo, audiencia mediante. Aclaro que considero que la mejor forma de normalizar el precio del gas sería liberar ya el precio de la producción de los nuevos pozos y hacer converger el precio de los pozos maduros al valor de mercado en un horizonte razonable. Pero supongo que la duplicidad de precios no sería del agrado de la Corte (aunque ésta pareciera ser experta en duplicidad).

El tercer costo señalado por Pagni es político. Como aclaré al comienzo de la nota desde el primer día tengo la impresión que el gobierno es débil. Sin embargo es importante el empoderamiento de los políticos populistas que tiene el pronunciamiento de la Corte. Según Pagni

La Jefatura de Gabinete tardó en reaccionar unas tres horas. Las principales figuras de Cambiemos esperaron el clásico mail “qué estamos diciendo”, con el fraseo sobre la nueva situación. Llegó tarde, con sabor a poco: “El cambio que se produjo en la Argentina es que respetamos las instituciones”. El oficialismo debería elaborar un discurso más consistente para quienes advierten que ayer se produjo una novedad de primera magnitud: la Corte no está dispuesta a acompañar, sin establecer grandes restricciones, el reordenamiento económico propuesto por Macri. Un aval a quienes consideran que ese reordenamiento es despiadado. O, por lo menos, un detalle que deberán incorporar a su argumentación quienes, dentro y fuera del gabinete, consideran viable un ajuste ortodoxo…

El fallo fue una instancia crítica de un proceso mal ejecutado. Hay ministros que aconsejaron no realizar un aumento de tarifas tan drástico… Los errores aparecieron cuando todo estaba hecho. Estos desaciertos fueron señalados hace más de dos meses, en una de las clásicas reuniones de los sábados por la mañana, cuando la gobernadora Vidal dijo: “Estamos ante problemas graves de gestión”. Pero Jaime Durán Barba refutó: “Para nada. El problema de las tarifas sólo interesa a un mínimo grupo de gente”. El desdeñable círculo rojo, al que pertenece, por ejemplo, la Corte.

Al respecto me permito hacerle una sugerencia a Macri: Al menos un funcionario debería renunciar cargando sobre sus espaldas el costo político de esta derrota.

Finalmente le hago a los viejos miembros de la Corte la siguiente pregunta. Si como ustedes afirmaron en su fallo la audiencia pública previa es un requisito esencial para la adopción de decisiones en materia de tarifas, ¿no deberían haberle exigido a los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner que realizaran audiencias para mantener las tarifas congeladas en un contexto de alta inflación? Reum non facis. 

 


Julio Hipólito Guillermo Olivera

26/07/2016

Al despertarme esta mañana me encontré con la desagradable noticia que ayer falleció Julio Olivera. Para la mayoría que lo conoce es el co-autor del efecto Olivera-Tanzi (aunque no fue un trabajo conjunto, y la contribución de Vito fue posterior). La idea de este trabajo es muy simple. Si el gasto público es una fracción del ingreso nominal corriente, y los ingresos fiscales son una fracción del ingreso nominal pasado, puede haber un equilibrio con inflación aún y cuando ambas fracciones sean iguales. La explicación es que si hay inflación los ingresos serán menores al gasto y será necesario emitir para financiar la diferencia. Esta emisión convalida la inflación (inflación y emisión cero también son un equilibrio).

Para recordar a mi primer, y primus inter pares, mentor en Economía, comparto con ustedes algunas anécdotas.

La primera vez que escuché hablar de Olivera fue en 1989 al leer una entrevista que le hicieron en el diario La Nación al final de la hiperinflación de ese año. El cronista le preguntaba sobre las causas de la hiperinflación y Olivera daba una respuesta corta y precisa. Como el cronista necesitaba llenar más caracteres en su nota volvía a repreguntar pero Olivera repetía lo mismo: fue una hiperinflación clásica. Más tarde me daría cuenta que el intercambio era un “Olivera clásico”.

Volví a encontrarme con Olivera en la UBA. En el semestre que tenía que cursar Dinero, Crédito y Bancos sorpresivamente uno de los cursos lo dió él (creo que en 1991). Sin embargo, siguiendo a mis amigos decidí tomar el curso vespertino de Buscaglia (que usaba el muy obsoleto “Money, Interest and Prices” de Don Patinkin, ¡quién pudiera tener la máquina del tiempo y corregir este error!).

Para tratar de compensar la mala decisión tomada decidí pedirle a Olivera si podía ser mi tutor para unas becas que la UBA ofrecía a estudiantes. Le presenté como idea introducir sus famosos rezagos fiscales en un modelo de economía monetaria con dinámica caótica. Por suerte me dijo que sí y me convenció de sumarme a un curso de Topología que había empezado a dar y que tenía solamente dos estudiantes. Como el formato era de seminarios el trabajo fue muy intenso, y como me había sumado con la inscripción cerrada tuve que rendir como alumno libre. Una vez terminado el examen, Olivera me dijo que fuí el primero que lo hacía para un curso que él dictaba (menos mal que no me lo dijo antes).

Un día le regalé un libro de caos y él me dijo que no era ético que los empleados públicos, como era su caso, aceptaran regalos. No me devolvió el libro, pero me dió otro suyo para compensar los efectos sobre su integridad moral.

El semestre siguiente participé como oyente en otro curso de Topología, y luego haría lo mismo con otro de Integración Estocástica. En este último tuve un “roce” con Mario Firmenich, que describí ya en un post. Además de esta anécdota recuerdo que Olivera me llamó un día la atención porque me senté en el escritorio. Me dijo que las cosas tenían su correspondiente función y que para sentarse estaba la silla. Personaje. También de uno de esos cursos recuerdo el único chiste que le oí contar (aclaro es humor para economistas matemáticos):

Al pasar caminando una señorita agraciada, un amigo le dijo a otro que con ella casi se casaba. ¿Cómo es eso? le preguntó el amigo. Pues le pregunté si se quería casar conmigo y me dijo que no.

Dos anécdotas me contó respecto a su padre, quien fue funcionario en la provincia de Santiago del Estero. Una es que en cierta ocasión que fuera preso por motivos políticos, llevó a la cárcel un libro de Pareto que para el hijo tenía doble valor, por lo escrito por Vilfredo en molde y por su padre en los márgenes. Y la otra es la razón de sus nombres de pila, representando las tres grandes civilizaciones de occidente: romana, griega, y germánica. 

Cuando estaba por viajar al MIT, Olivera me pidió que le enviara saludos suyos a Samuelson, Solow y Dornbusch. Dos años más tarde, cuando terminé los requisitos de cursada y pasé los exámenes generales, Dornbusch me preguntó qué me había parecido la experiencia. Con sinceridad, ya que no tengo mucho filtro, le dije que había aprendido mucho pero que sin embargo no había encontrado a nadie que supiera tanto de Economía como Olivera. A Dornbusch se le borró la sonrisa en un instante, y me dijo que podía ser porque se trataba de una persona que no hacía otra cosa con su vida que leer del tema. Ese día supe que tenía que cambiar de mentor de tesis, y que no había lugar inmune a los celos profesionales. 

De mi estadía en Cambridge solamente una persona casi eclipsa a Olivera, Robert Merton, que daba su clase de Finanzas en tiempo continuo con un estilo equiparable a un maestro de orquesta, respondiendo en forma instantánea todo tipo de preguntas (y usando conceptos que yo sabía de Física con una claridad envidiable). 

La última vez que lo vi a Olivera fue cuando vino a San Andrés a presentar un trabajo en un seminario. Después de almorzar lo llevé al centro en auto y recuerdo estar más preocupado en manejar como si no estuviera en Argentina que otra cosa. Ah, y me pidió que lo dejara en la Facultad, ya que tenía que seguir trabajando. Adiós maestro.

EXPOST: Santiago Chelala, quien fuera co-editor de este blog en sus inicios y tuvo a Olivera como director de su tesis doctoral, escribió una nota en el Cronista Comercial compartiendo sus anécdotas. La transcribo íntegra:

Ayer fue un día de luto para la profesión. Julio H. G. Olivera, maestro de varias generaciones de economistas, falleció a los 87 años.

Nació en Santiago del Estero en 1929, era profesor emérito en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA y es considerado uno de los creadores del estructuralismo latinoamericano, así como de las teorías no monetaria de la inflación y de dinero pasivo.

Le gustaba recordar que John Hicks, uno de los más lúcidos continuadores de la obra de John M. Keynes, dijo públicamente que adhería a su teoría de la inflación estructural.

Vivió con puntualidad kantiana y con una formalidad absoluta en las formas y en la vestimenta, que incluía reloj de bolsillo y sombrero con solapas. También era dueño de un sentido del humor exquisito, que lo hacía estallar en carcajadas, como si fuera un niño. Olivera fue único.

Fue varias veces fue consultado por la Academia Sueca para proponer candidatos al Premio Nobel. En vez le pregunte si le gustaría ganarlo: “No iría a Suecia a buscar un premio, hace mucho frío. Tal vez si fuera en Ecuador”, me contestó.

Cuando en 1963, Arturo Illia le ofreció ser ministro de Economía de la Nación, declinó el ofrecimiento porque no quiso deshacer el compromiso previo que había adquirido con la Universidad de Buenos Aires, de la que era rector. Tenía principios de roble.

En una ocasión quise hacerle una entrevista para El Cronista. “Lo siento. Mis formas no son aptas para todo el público. Sería una pérdida de tiempo para el periodista y para mí‘, fue la respuesta, más esquiva que realista.

Cuando se le hablaba del efecto Olivera-Tanzi (que predice el impacto de la inflación en la recaudación de impuestos), otras de sus creaciones, respondía con picardía: “No recuerdo que Tanzi sea mi apellido materno”. Cuando alguien citaba un texto suyo de los años 50, lo interrumpía y decía: “¿De 1950? Debe ser de algún antepasado mío”.

Para quienes lo conocimos, su perfil humano era incluso más valioso que el académico. Trataba a todo el mundo con la mayor consideración posible, no importaba si se tratara de un ministro, de una personalidad extranjera o de un estudiante. A todos dedicaba su entera atención. Era, antes que cualquier otra cosa, un humanista.

La esgrima era otra de sus pasiones: “Es como el ajedrez pero a la velocidad de la luz”, describía.

Cuando hablaba en público, el silencio en la sala se hacía más profundo. Acostumbraba a leer sus discursos, a los que no faltaba ni sobraba una coma. También bromeaba con eso: “desconfiando de mi espontaneidad, traje un discurso”, comenzaba.

Durante los últimos años le afectó una fuerte sordera. Entonces pedía “por favor, hable más fuerte, como si usted estuviera dando clase y yo sentado en la última fila. Sabe lo que ocurre, este lugar tiene muy mala acústica”.

El cuerpo se fue distanciando de una mente que seguía intacta. Le costaba ponerse el sobretodo, y cuando uno trataba de ayudarlo, sonría y decía “por favor, no me ayude, este es el único ejercicio que hago durante el día”.

Conversábamos de una de sus últimas publicaciones cuando vi brillar sus ojos por última vez. El título es “Sobre la existencia de medidas de Ulam”, y contiene una conclusión asombrosa que echa por tierra cientos de manuales de economía: la competencia perfecta no existe. Ese día me dijo: “Empíricamente ya sabíamos que la competencia perfecta no existe, lo que no sabíamos es que matemáticamente también es un error. Es un imposible matemático, un chiste intelectual”.

Hasta hoy seguía liderando en la UBA los seminarios de economía matemática cada primer viernes de mes, como hace cinco décadas. Por allí pasaron Guillermo Calvo, Rolf Mantel, Juan Sorrouille, Alfredo Canavese, Héctor Diéguez, Ana María Martirena y muchos otros economistas destacados. De seguro que sus miembros más jóvenes, Matías Fuentes, Alejo Macaya, Eduardo Rodríguez y Ariel Abelar serán dignos continuadores.

Muchos otros tomarán su vida y su obra como fuente de inspiración. ¿Acaso hay un legado más importante que una persona puede dejar?

Muchas gracias maestro, lo vamos a extrañar.


Shock y gradualismo II

19/07/2016

Debido al interés que despertó el tema en los comentarios de la última nota (no la más leída, pero récord de comentarios en los últimos años) hoy voy a dedicarme a la discusión de shock versus gradualismo. Si fuera consistente tendría que decir que es una discusión espuria, como dije hace un año en esta nota. Pero, como Peter Sellers en la escena inicial de “La fiesta inolvidable”, se resiste a morir, en gran parte porque la “grieta” entre economistas que le dió origen mediático hace un año dista mucho de ser zanjada.

Por un lado tenemos los economistas gradualistas. Estos incluyen a un heterogeneo grupo que comprende heterodoxos, estructuralistas, y ortodoxos que creen que las restricciones políticas no dejan otra alternativa. Del lado de los partidarios del shock están los ortodoxos y unos pocos heterodoxos que creen que el mercado deja poco margen para el gradualismo. Por supuesto que también están los que opinan sin saber, y los políticos ventajistas, pero de esos no voy a hablar hoy.

¿Dónde me ubico yo? Yo soy ortodoxo ma non troppo. Por un lado hice una maestría en el CEMA, pero por el otro me doctoré en MIT, o sea una de cal y otra de arena. Sigo pensando, como en aquella nota del año pasado linkeada arriba, que lo mejor es hacer un shock de expectativas y un cambio gradual en las políticas monetaria y fiscal para reducir tanto la inflación como el déficit fiscal. Las primeras medidas del gobierno apuntaron en esa dirección, pero luego se desdibujaron.

Se logró un shock de expectativas con la salida del cepo y el arreglo con los holdouts. Pero no se mantuvieron las metas de inflación y fiscales anunciadas. Y no queda claro qué set de políticas reemplaza las arrumbadas metas. Un forista recientemente me preguntaba cuánto tiempo puede mantenerse el déficit fiscal alto sin perder la confianza de la economía. Es la pregunta del millón que se puede resolver de dos maneras. Una es aumentando el componente de shock dentro del actual “plan” económico. La otra es esperar, cual plan primavera, que todo explote y después hacer un ajuste salvaje (pero salvaje en serio), cabalgando sobre los escombros.

¿Ahora bien, qué hizo mal el gobierno hasta ahora? En mi opinión lo peor fue otorgar nuevos subsidios y transferencias que aumentan el gasto, sin antes tener en trayectoria descendente los subsidios, y gasto, existentes. Ejemplos abundan: ampliación de la AUH, subsidios nacionales a transporte en provincias que antes no los tenían, aumento de jubilaciones, tarifas sociales (si benefician a consumidores en provincias donde la electricidad y gas estaba cerca del costo), etc.

Entiendo el costado político de anunciar medidas para compensar el ajuste o facilitar la aprobación de leyes en el Congreso, pero primero el gobierno debió asegurar la rebaja del gasto antes de ampliarlo. Hoy el ajuste del gas está bloqueado por la Justicia, sin embargo varias medidas de aumento del gasto fueron aprobadas y se están ejecutando (aunque empiezan a aparecer señales de racionalidad en las carteras “gastadoras” del gobierno).

Al igual que el año pasado voy a terminar con un ejemplo no económico de shock y gradualismo. En la medida que la sociedad reciba más shocks de imágenes de la corrupción K, el poder de Cristina Kirchner y sus secuaces se irá reduciendo gradualmente hasta ser meramente testimonial.

Peter-Sellers

EXPOST: Hablando de aumentos del gasto a la bartola, resulta que la provincia de Buenos Aires, la misma que reclama una actualización del Fondo del Conurbano, dispuso que el boleto estudiantil sea gratuito

La medida alcanza a cuatro millones de chicos y supone una inversión de 143 millones de pesos sólo para este semestre, de agosto a diciembre. El anuncio coincide con el aniversario número 40 de “La noche de los lápices” (ver aparte). “Nunca antes existió el boleto estudiantil totalmente gratuito en la provincia”, destacó la gobernador…

Para 2017 también se ampliaría la gratuidad para los viajes en transportes de larga distancia.

Antes que me critiquen, aclaro que me parece perfecto que el boleto estudiantil esté subsidiado. Me parece mal la gratuidad, un subsidio que es ineficiente pues sería mucho mejor, en caso de ser necesario, darle una transferencia a las familias de bajos ingresos y no a todo el que va a una escuela pública o “privada con aporte estatal” (y los colegios religiosos?). Ah, y ya existe y se llama AUH.

Mientras nuestros dirigentes piensen que gobernar es gastar, el desarrollo seguirá siendo una quimera para nuestro país.


La topología y el ajuste

12/07/2016

La topología es la rama de las matemáticas dedicada al estudio de aquellas propiedades de los cuerpos geométricos que permanecen inalteradas por transformaciones continuas. Por ejemplo, una pelota de fútbol y una de rugby son equivalentes, mientras que una pelota y una rosquilla o dona no, ya que no hay transformación continua entre la primera y la segunda.

¿A qué viene esto? A que el “ajuste” del gobierno de Macri no es un ajuste. El conjunto de medidas impulsadas para reducir el déficit fiscal no han tenido efecto y, a pesar de observaciones de analistas amigos, no hubo un fuerte ajuste en el gasto en el primer semestre del año (la excepción fue la obra pública pero se espera una ejecución mayor en lo que resta de 2016). Además en lo que va del año la recaudación en términos reales ha caído.

La últimas manifestaciones del “no ajuste” son la decisión de continuar con las transferencias de “ganancias” del BCRA al Tesoro, y la decisión tomada ayer de poner un tope en el aumento facturado por el consumo de gas del 400% respecto al año pasado.

Con respecto a lo primero tanto PRO como la UCR denunciaron en el pasado, con razón, el caracter inflacionario de estas transferencias. En efecto, continuar con las mismas es un golpe debajo de la línea de flotación para las metas inflacionarias, y convalida las expectativas que éstas no iban a ser cumplidas en base a los aumentos salariales pactados hasta la fecha.

Con respecto a lo segundo, la explicación es que si bien la tarifa estaba acotada a un aumento del 400%, como el consumo aumentó respecto al 2015 (por menores temperaturas), los consumidores residenciales se encontraron con facturas épicas, tan inaccesibles a sus bolsillos como escalar el Everest. El problema es que dicha medida es inconsistente con el llamado a moderar el consumo hecho recientemente por el presidente Macri, ya que el consumidor sabe que a partir del 400% de aumento en el consumo la diferencia la paga el Estado. Así la gente va a seguir en su casa “en remera y en patas”.

El kirchnerismo tenía su “method in madness”. Tomaba medidas que se reñían con la lógica económica. Cuando enfrentaban restricciones, porque la economía no reaccionaba como esperaban, ponían un parche, que agregaba otra capa de distorsiones. Así construyeron, en parte en forma accidental, la bomba que heredó Macri. El actual gobierno empieza a mostrar una metodología también, con paralelismos interesantes. Toma medidas que tienen una lógica económica. Pero al enfrentar restricciones políticas pone parches, que también generan sus distorsiones (como la mencionada en el párrafo anterior).

Volviendo al título de esta nota, si tomamos las características de un ajuste como dadas, no hay transformación continua (léase gradual) que nos de el actual conjunto de medidas fiscales, tarifarias, y monetarias observadas. ¿Será que lo que se requiere es una transformación discreta (léase un shock)?


Haz lo que yo digo

05/07/2016

En este momento Mauricio Macri está de gira por Europa. Y los medios nos cuentan lo bien que le va por estos pagos. Por ejemplo, esta nota en La Nación tiene por título “Acuerdo de Macri y la UE para una mayor integración”. La semana pasada el presidente fue a Chile a participar de una cumbre de la Alianza del Pacífico como observador. Y aunque algunos lo tomaron como “el puntapié inicial para que el Mercosur empiece a caminar hacia las negociaciones de un acuerdo de libre comercio con este bloque regional”, la realidad es que fue más un gesto político que otra cosa. Porque como bien observa Natasha Niebieskikwiat en Clarín, Argentina es el “país observador número 49 de la Alianza”.

Como el segundo semestre empezó sin claras señales de luz al final del túnel hay que hacer gestos para recordarle al mundo que la Argentina va en camino a ser un país serio donde vale la pena invertir. ¿Pero es esto así? No según esta excelente nota de Carlos Pagni hoy en La Nación.

La economía es otro campo para la ambivalencia. El jueves pasado, Macri insinuó un giro aperturista al participar de la reunión de la Alianza del Pacífico en Frutillar. Fue una señal simbólica. Al mismo tiempo, su administración dio dos pasos en el sentido contrario. A instancias del Ministerio de la Producción, que conduce Francisco Cabrera, impulsó una ley por la cual el Tesoro resignará recursos para premiar a las autopartistas que incorporen piezas locales. Cuando Dilma Rousseff, en 2012, adoptó una medida similar, los analistas lamentaron que “Brasil está tomando el camino de la Argentina”. La Argentina de los Kirchner.

Mientras se aprobaba esta medida, el Ministerio de Comunicaciones, que dirige Oscar Aguad, anunció un subsidio, a través del programa Ahora 12, para la adquisición de los celulares que se ensamblan en Tierra del Fuego. La excusa es promover el uso de teléfonos 4G porque las bandas 2 y 3G están saturadas. Sería como facilitar la compra de autos más veloces para compensar la falta de autopistas.

Las plantas de ensamblado fueguinas cuentan con varias capas de protección: no pagan aranceles, ni Ganancias, ni IVA; cobran el IVA a sus clientes, pero no lo transfieren a la AFIP, y, además, se benefician con un impuesto tecnológico que encarece en 30% los productos que compiten con los que ellas “fabrican”. Aun así no les alcanza para sobrevivir: por eso el sector de celulares tendrá un respirador adicional. Es lógico. Rivalizan con países donde la mano de obra es baratísima y el mercado, gigantesco. En la India acaban de lanzar un smartphone de 4 dólares.

El enfoque oficial sobre el régimen fueguino repite el del kirchnerismo en la versión Débora Giorgi. Y también el que habría adoptado Daniel Scioli: el importador Rubén Cherñajovsky, líder de los ensambladores de la isla, fue clave en su campaña. Cherñajovsky puede descansar. La principal productora de celulares en la isla es Mirgor, la empresa de Nicolás Caputo, álter ego de Macri. Mirgor también es autopartista. Quiere decir que Caputo recibió dos buenas noticias la semana pasada. Los economistas kirchneristas critican este beneficio. Es raro que lo adviertan. Porque les sigue costando comprender fenómenos mucho más sencillos, como los retornos de Báez y Cristóbal a los Kirchner a través de los contratos de Hotesur.

¿A qué apuesta el mercado? ¿El Gobierno va hacia una apertura o profundizará la protección? Una respuesta tentativa: la acción de Mirgor subió desde noviembre más de 200%. El índice Merval, 7%.

Es tan claro Pagni, que mi post termina siendo un copy paste de su nota. El gobierno necesita(ba?) inversiones para que su “plan económico” fuera consistente. Para ello hay que convencer a los inversores que “esta vez es diferente”. Esto explica los gestos con la Alianza del Pacífico y con la Unión Europea. Pero como bien señala Pagni, lo primero es simbólico, mientras que un acuerdo comercial con la UE es menos probable luego del Brexit (y ya era poco probable). El mercado no se come los amagues y sabe que el país sigue siendo poco confiable, por goleada. Mirgor 200, Merval 7.

EXPOST: Al mismo tiempo que escribí este post, Angela Merkel se reunía con Macri y le puso los puntos sobre las íes a las ilusiones de un pronto acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la UE.

Unos segundos antes, el Presidente había reiterado el reclamo para que se reabrieran las exportaciones de biodiésel y había deslizado una presión sutil. “Necesitamos que Francia flexibilice sus posiciones, pero confío en el liderazgo de Alemania”, había dicho.

Con ese reclamo, Macri no logró mover a Merkel ni un centímetro. La mandataria se encargó de aclarar que la resistencia no es sólo de ese país europeo, sino que también proviene de Alemania. “Nuestro ministro de Agricultura también vela por los detalles y va a ser muy complicado porque la Argentina ahí tiene sus puntos fuertes”, advirtió, para después matizar: “Eso no quiere decir que no lo vamos a poder hacer”.

Después de la conferencia se agregó otro dato desalentador para la integración UE-Mercosur. Para evitar tensiones a consecuencia del Brexit, la Comisión Europea resolvió que todos los acuerdos de libre comercio del bloque deben ser aprobados por los parlamentos de los países que integran el bloque, un requisito que los torna inalcanzables, al menos hasta que cambie el viento.

De hecho el primer damnificado por el mayor proteccionismo de la UE post Brexit es Canadá, que estaba muy cerca de cerrar un amplio acuerdo de libre comercio.


Pospesimismo

29/06/2016

Esta entrada cierra una trilogía de notas sobre la economía argentina con un enfoque moderadamente pesimista (ver acá y acá las notas anteriores). Hasta hace un mes creía que el gobierno tenía un plan que implicaba llevar la economía argentina hacia una mayor eficiencia. Esto se podía lograr con una devaluación del tipo de cambio acompañada de una reducción de las tarifas y barreras al comercio. Lo segundo impediría que la devaluación se traslade a precios. El mayor tipo de cambio real, sumado a un sendero creíble de ajuste fiscal que garantice una caída en la inflación, y eventualmente en la carga tributaria, daría al sector privado los incentivos a invertir. Un círculo virtuoso (no el único) que se podía empezar estos días, ya que estamos terminando de digerir los muertos de los contratos de futuros de dólar.

El gobierno en estos meses tomó medidas que son incompatibles con esta idea, así como con otras posibles que podríamos llamar de “economía de oferta”. En su lugar adoptó una postura keynesiana de incentivar la demanda sin importar si esto comprometía las, de por sí laxas, metas de reducción del déficit fiscal. El argumento implícito para ello es que hay que llegar a las elecciones legislativas del año próximo con apoyo. Y el ajuste es a la popularidad del gobierno como el ácido sulfúrico a la piel.

En mi opinión esta decisión de política es errónea ya que mira el corto plazo y no toma en consideración que hoy quizás el gobierno pueda responsabilizar al kirchnerismo por la inflación alta de este año, pero va a tener que hacerse plenamente cargo de los registros de 2017, y sin un plan no se llega al 1% mensual (o menos) necesario para ganar las elecciones. Orlando Ferreres en una nota en La Nación online hoy dice algo similar.

La inflación reprimida por la administración anterior al 10 de diciembre de 2015, al dejar el poder  Cristina Kirchner, era de 83 %. Es decir, si no hubiera ningún nuevo factor de inflación, esa sería la inflación que se registraría en la Argentina. El problema del gobierno fue decidir como ir registrando esa inflación reprimida y decidió hacerlo en varios años, gradualmente. Por lo tanto, tendremos inflación por lo menos por tres o cuatro años.

El problema del gradualismo es que afecta la credibilidad política del propio Gobierno. ¿A quién se le podría echar la culpa de la inflación en 2017 o 2018? Será difícil asignarla al gobierno anterior, aunque sea cierto, pues éste ya se fue en 2015.

¿Qué puede hacer el gobierno si las restricciones políticas son realmente fuertes? Hay dos posibilidades. Una es persistir en el camino supergradual a la normalización de una economía de mercado que atraiga inversiones como en los años noventa, y tratar al mismo tiempo de construir las mínimas instituciones para no caer en los vicios de siempre (mayormente endeudamiento excesivo). Aquí se corre el riesgo de perder el voto antes de lograr la normalización económica.

Pero hay otro camino, que tiene un menor riesgo de perder elecciones, y le daría al gobierno fortalezas cuando llegue a ser oposición. Consiste en crearle una bomba a sus sucesores, pero muy distinta de la bomba que Macri heredó de Cristina. Es hacer un gobierno populista pero eficiente. Mantener impuestos y gasto elevados, pero no derrochar recursos. Esto ataría de manos a un potencial sucesor peronista que no sea un buen administrador. Si quiere “robar” del Estado como hicieron Menem y los Kirchner tendría costos sociales de primer orden (estando impuestos y gastos a nivel elevado, las distorsiones ya no son de segundo orden).

De alguna manera implícitamente es lo que esta haciendo el gobierno (que como menciona esta nota reciente del Financial Times parece seguir el camino del mínimo esfuerzo). Aumenta el gasto social, ordena subsidios (reduce los excesivos pero otorga otros), busca mayor eficiencia en la administración, etc. El costo es que se condena en el corto y mediano plazo al país a un nivel de crecimiento y desarrollo bajo, ya que la alta carga impositiva redunda en menores incentivos para la inversión privada. A la larga se crecería una poco más, ya que se genera estabilidad política dado que la oposición peronista solamente podrá llegar, y mantenerse, en el poder si adopta la misma estrategia de eficiencia administrativa. Pero el potencial seguiría bajo. Como nos pasa con la selección de fútbol, que paga un altísimo “costo argentino”: la AFA.

Si esto es lo mejor que se puede hacer es porque el gobierno tiene los pies sobre la tierra, pero no la cabeza en las nubes. 


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