La reforma jubilatoria y el test de Swagel

14/11/2017

La semana pasada estuve unos días en Buenos Aires para participar en la conferencia de Lacea y Lames. El último día pude charlar unos minutos con Sebastián Galiani, secretario de Política Económica. Hablamos de las trabas para implementar las reformas que quiere emprender el gobierno desde el triunfo en las elecciones de octubre. Como ejemplo me dijo que difícilmente se pueda cambiar la fórmula para actualizar las jubilaciones, si luego la Justicia falla en contra. 

Estuve buscando un poco de información sobre el tema y lo mejor que pude encontrar está en la nota de Carlos Pagni que comenté hace dos semanas (nota excelente se cita dos veces)

La fórmula elegida por el kirchnerismo en octubre de 2008 para ajustar [las jubilaciones] es el producto de una mente afiebrada. Combina aumentos de una parte de la recaudación de la Anses en iguales semestres de dos años consecutivos con ajustes salariales de semestres consecutivos. Además, establece un límite de 3% de la variación de recaudación total durante los dos años inmediatos anteriores. Con este método, entre 2009 y 2017, las jubilaciones crecieron 16,7% más que los salarios y 36% más que los recursos de la Anses.

En un proceso de reducción inflacionaria esa receta es insostenible. Aumenta las jubilaciones según mejoras salariales antiguas, de cuando había más inflación. No preserva el poder adquisitivo, sino que lo incrementa todo el tiempo. Por esta dinámica, en 2020, con ingresos estables, habría un déficit previsional de 2,3% del PBI.

El Gobierno se propone una nueva fórmula, basada en el aumento de precios y/o salarios, homologable con la OCDE…

Tiene razón Galiani cuando dice que aunque desde una óptica económica el cambio es pasar de una fórmula irracional a otra que es práctica común en países normales, la Justicia puede aceptar que la locura es un derecho adquirido y derrumbar cualquier intento de reforma. 

Antes de opinar desde el llano suelo tratar (no siempre) de aplicar lo que llamo el “test de Swagel”. Phillip Swagel trabajó unos años en el Tesoro norteamericano, en particular durante la crisis de 2008. Fruto de su experiencia escribió un artículo publicado en Brookings Papers on Economic Activity titulado “The Financial Crisis: An Inside View”. Quizás leerlo hoy en día no aporte mucho. Salvo por estos párrafos: 

The problem with this criticism is that Secretary Paulson never would have gotten legislative authority if he had proposed from the start to inject capital into banks. The secretary truly intended to buy assets—this was absolutely the plan; the TARP focused on asset purchases and was not a bait-and-switch maneuver to inject capital. But Secretary Paulson would have gotten zero votes from Republican members of the House of Representatives for a proposal that would have been portrayed as nationalizing the banking system. And Democratic House members would not have voted for the proposal without the bipartisan cover of votes from Republicans. This was simply a political reality—and a binding constraint on the Treasury. The calls from academics to inject capital were helpful, however, in lending support for the eventual switch to capital injections (even though at times the vitriolic criticism was frustrating in that it was so politically oblivious).

A similar calculus applies to suggestions that holders of bank debt should have been compelled to accept a debt-for-equity swap. As Luigi Zingales (2008, p. 4) notes, debt-for-equity swaps could “immediately make banks solid, by providing a large equity buffer.” All that would be required, according to Zingales, was a change in the bankruptcy code. A major change to the bankruptcy law had previously been enacted (for better or for worse, depending on one’s point of view) with the Bankruptcy Abuse Prevention and Consumer Protection Act of 2005, but this was the culmination of years of legislative debate. Thus, the idea of a further instantaneous change in the bankruptcy code was unrealistic. Indeed, efforts to make such changes in the middle of the crisis would have reopened the debate over the 2005 act, along with controversial provisions such as the mortgage cramdown. The simple truth is that it was not feasible to force a debt-for-equity swap or to rapidly enact the laws necessary to make this feasible. To academics who made this suggestion to me directly, my response was to gently suggest that they spend more time in Washington.

El test de Swagel es básicamente uno de factibilidad política, legal y regulatoria. Estudiar la eficiencia de alguna política económica usando un modelo es una cosa. Implementar estas ideas es algo enteramente diferente.

El tema previsional es uno que he tratado repetidas veces en el blog (ver acá, o acá donde propongo llevar a 40 los años de aportes para acceder a una jubilación plena). Habiendo pensado sobre la propuesta de cambiar la fórmula de actualización de las jubilaciones con el test de Swagel, tengo una sugerencia para hacerle al gobierno: que proponga el cambio como temporario hasta que la inflación baje al 5% anual (o por cinco años en caso que no logre cumplir con esta meta inflacionaria).

Si como dice Pagni el problema es que la actual fórmula es inviable en un proceso deflacionario, una ley que lo contemple en forma explícita y que tenga esta salvaguarda le daría a la Corte Suprema un argumento para declarar que no viola derechos individuales pues toma el interés de la sociedad en su conjunto. Por supuesto esto requiere que la consistencia de la macroeconomía sea vista como un “bien público”, y cierta plasticidad política de la Corte. 

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Inflación de octubre: 1,2%

08/11/2017

Según Inflación Verdadera la inflación núcleo del mes pasado fue 1,2%, registrando una baja significativa respecto de los últimos meses. Es esto gracias a la política monetaria contractiva que el Banco Central adoptó luego de las elecciones del 22 de octubre? No, la suba de 250 puntos básicos en dos tandas (la segunda ayer) de la tasa de referencia no tiene efectos instantáneos. El menor registro refleja el carácter estocástico de la inflación, hay meses que está más alta, otros más baja.

Pero, luego de un año en que el Banco Central hizo la plancha monetaria, la suba de tasas es una señal fuerte y clara que el gobierno se toma en serio lograr bajar en la inflación. Señal dirigida a los formadores de precios, tanto empresarios como sindicatos. Esperemos que esta política dura sea creíble y logremos bajar la inflación con nulo (o mínimo) costo en el nivel de actividad. 


La reina ha muerto, ¿viva el rey?

02/11/2017

Las elecciones del pasado domingo 22 de octubre marcaron la muerte política del mito Cristina Kirchner. Seguirá activa en política mientras pueda, pero ya no podrá aspirar a conducir un partido político con expectativas de recuperar la presidencia del país. Antes de las PASO había escrito en este post que si Cristina ganaba en octubre igual perdía. Me refería a que si hubiera ganado, el resto del peronismo le hubiera hecho la vida más fácil a Macri para que pudiera llegar entero a 2019. Porque si algo quedó claro este año es que el PJ en masa odia a Cristina (tanto o más que lo que ella odia al peronismo).

En estos diez días varias señales nos indican que Macri salió fortalecido y el gobierno ya no es tan débil. Los mercados festejaron, Gils Carbó renunció y De Vido marchó preso. Ahora la cuestión es qué tan poderoso se ha vuelto el gobierno. En los números sigue en minoría en ambas cámaras del Congreso y aunque llegó al 41% de los votos a nivel nacional no nos tenemos que olvidar que gran parte de estos votos siguen siendo prestados para acabar con el kirchnerismo (léase, son votos blandos). Llegar al 45% en primera vuelta en 2019 sigue siendo un objetivo más fácil en las matemáticas que en la realidad.

Para ver dónde quedó parado el gobierno analizemos las medidas de esta semana y la respuesta de la oposición (que expresó su disconformidad con los anuncios, señal de la mayor fortaleza del gobierno, ver primer párrafo de esta nota). Primero Macri brindó unos lineamientos generales y luego Dujovne profundizó un poco en los detalles. Lo que salta a la vista es que el gobierno se mueve en la dirección (subjetivamente) correcta de bajar impuestos, reducir ineficiencias y abrir la economía. Pero que plantea hacerlo al ritmo tortuga que le impone el gradualismo. En efecto, si el gasto baja lentamente, difícilmente puedan los impuestos bajar rápidamente.

Como dice Carlos Pagni en esta excelente nota en La Nación hoy: “Entre la inviabilidad social del ajuste y la inviabilidad fiscal de la inversión se abre el estrecho sendero por el que se mueve la reforma de Macri.” Y como la nota es tan buena copio otras partes de la misma:

Las novedades que han empezado a discutirse son un modelo para armar. Su primera pieza es la reforma tributaria nacional. Supone dos aumentos de ingresos para el Estado, que se escudan en la corrección política. Uno es el impuesto a las bebidas que “hacen mal”… El otro nuevo impuesto es el de la renta financiera. 

Las principales rebajas de impuestos son cuatro. Reducción de la alícuota de 35 a 25% para las ganancias que se reinvierten… La otra es la eliminación del escandaloso “impuesto tecnológico”, creado en beneficio de los importadores que arman y embalan electrónicos, sobre todo en Tierra del Fuego… El tercer alivio para las empresas es la reforma laboral. Habrá un mínimo no imponible de cargas patronales para salarios inferiores a $ 12.000, que son los que compiten con los del sector informal. También se establece un fondo de despido para actividades con rotación cíclica de personal, a semejanza de lo que ya rige en la construcción. Es un castigo a la industria del juicio laboral. Además, habrá un régimen muy económico para que los miniemprendimientos puedan blanquear al personal. Estas tres medidas apuntan a reducir la informalidad.

La tímida reducción de impuestos que propone el gobierno nacional supone que las provincias bajarán Ingresos Brutos. Es un viejo gravamen sobre las ventas que comenzó a extenderse a todos los tramos de la actividad económica. Esa cascada estrangula la competitividad porque, a diferencia del IVA, no se descuenta el que se paga con la compra del insumo. La recaudación total equivaldría a 4% del PBI… Los gobernadores se aferran a los impuestos propios, aunque sean distorsivos, porque temen que la Corte falle a favor de restituir a Buenos Aires su participación histórica en el Fondo del Conurbano.

Lo más probable, sin embargo, es que ese fondo especial salga de otra fuente: el ahorro que haría la Nación si se modificara la fórmula de actualización de las jubilaciones. Es la piedra angular de toda esta arquitectura… El Gobierno se propone una nueva fórmula, basada en el aumento de precios y/o salarios, homologable con la OCDE. El cambio ya está contemplado en el proyecto de presupuesto. En principio, llevaría la actualización de un 27% a un 23% anual. El cambio significaría un ahorro de alrededor de $ 100.000 millones. El atractivo de esta decisión para los gobernadores es que de aquí saldría el Fondo del Conurbano. El atractivo para Macri es que en esos $ 100.000 millones se esconde, en parte, la chance de la reelección…

El rompecabezas tributario se terminará de armar con los gobernadores peronistas en una cumbre prevista para el jueves próximo. En el duelo cada sector esconde un arma. La fecha crucial es el 31 de diciembre. Ese día vence la ley del impuesto al cheque. Es un ingreso importante del Estado central, que percibe el 85% de lo recaudado. El peronismo podría intentar no renovarlo. El mismo día vence la suspensión del pacto fiscal de 1993. Si Cambiemos decide no ratificarla, las provincias deberán reducir Ingresos Brutos al 3% y aplicarlo sólo sobre la venta final del producto.

Para calibrar esta confrontación hay que considerar una novedad estratégica. Cambiemos controlará desde el 10 de diciembre más de un tercio de cada cámara del Congreso. Quiere decir que la oposición no podrá juntar dos tercios. En otras palabras: no podrá anular un veto presidencial. Es una clave para entender este debate. Para vislumbrar los próximos dos años. Y para detectar al nuevo Macri.

Con respecto al conflicto por fuentes de ingresos que Pagni menciona en los últimos párrafos de su nota no tengo dudas que el gobierno tiene las mejores cartas. Para algunas provincias perder Ingresos Brutos sería, valga la redundancia, un bruto golpe financiero. Mientras que para el gobierno nacional perder el impuesto al cheque no es un golpe de KO. Quedan 60 días de febriles negociaciones a observar con detalle.

Finalmente, de la nota de Pagni se desprende que ninguna de las medidas presentadas es revolucionaria (como lo fueron las reformas estructurales que acompañaron a la Convertibilidad en la primera mitad de los noventa). Siguiendo el hilo de post anteriores (acá y acá), se empieza a ver un (modesto) plan económico. Y mi última reflexión, es sobre el impuesto a la renta financiera. No es que me parezca mal per se. Pero no puedo evitar pensar en lo que escribí hace un año respecto al blanqueo: “blanqueá hoy y mañana te desplumamos”.


Inflación de septiembre: 1,9%

10/10/2017

Según Inflación Verdadera, la inflación núcleo del mes pasado fue de 1,9%. Es decir, todo lo opuesto a bajar hacia el deseado 1% mensual (nueva “meta”) con que se quiere cerrar el año.

Esto no quiere decir que la política de altas tasas de interés reales del Banco Central sean un fracaso. Lo que estas tasas miden es el costo de tener un aún más alto déficit fiscal coexistiendo con libre circulación de capitales.

Sería deseable que el mix de política para el año próximo permita una modesta baja real de la inflación (en el anterior post argumenté que no se ve hasta ahora cambio en el nivel de inflación desde 2010). Para ello será necesario aumentar, o mejor dicho comenzar, el ajuste fiscal.


Inflaciones comparadas: Argentina y EEUU

04/10/2017

En estos días en EEUU se está discutiendo si la Reserva Federal debiera subir o no la tasa de interés de referencia antes de fin de año. El principal argumento para hacerlo es que el mercado laboral presenta un nivel de desempleo muy bajo. En espejo el principal argumento para no subir las tasas es que a pesar de los buenos números de empleo, los salarios reales están subiendo a tasas muy bajas. Y por ende, al no haber presión de costos la inflación es baja, bien dentro de los objetivos de la Reserva Federal.

En mi opinión el argumento para no subir las tasas porque la inflación es baja está equivocado. Y lo está porque no contempla las razones para que los salarios no suban. Esto puede deberse a factores estructurales del mercado laboral. O, más probablemente, a una baja tasa de crecimiento de la productividad. Si lo que pasa en EEUU es que la productividad está estancada lo que se necesita (si es que se necesita alguna medida de política pues puede deberse a reacciones rezagadas al shock de la Gran Recesión que cambió la importancia relativa de ciertos sectores en la economía), son reformas estructurales, no política monetaria.

El siguiente gráfico muestra que después de la Gran Recesión y la recuperación posterior, la Reserva Federal ha sido muy eficaz en conseguir su objetivo de inflación baja. Para haber logrado una recuperación del empleo más rápida debería haber logrado bajar las tasas de interés a niveles negativos. Pero esto, por más que varios académicos se esfuercen en mostrar que es factible (ejemplo, Miles Kimball que está visitando el Banco de España esta semana), no lo veo políticamente viable.


Por eso, como recomendé hace un par de años, es importante que la Reserva Federal suba la tasa de interés para tener poder de fuego con el cual enfrentar la próxima recesión (recordemos que Olivier Blanchard el año pasado también utilizó este argumento).

En el caso de la Argentina, los medios de comunicación repiten que a pesar que el Banco Central no va a cumplir con su meta de inflación de este año, es un gran mérito el haber logrado bajarla a la mitad. Me parece una tontería. Como vengo sosteniendo hace meses, la inflación dejó de bajar a mediados del año pasado. Como bien argumentó Carlos Rodríguez en Twitter, con un gráfico que copio abajo, lo que tuvimos fue un aumento del nivel de precios por la devaluación del diciembre de 2015 que se vio reflejado como un aumento en la inflación. Además, el gráfico muestra como la inflación está oscilando entre 20 y 25% desde 2010, con picos por las devaluaciones de principios de 2014 y finales de 2015.

Una comparación de estos dos gráficos muestra una dinámica estable en cada caso. Para EEUU de baja inflación, que a lo sumo despierta el interés por los motivos que hacen que, a diferencia de otras recuperaciones, no haya mayores presiones inflacionarias (no solo en EEUU, en Europa se preguntan lo mismo). En Argentina, vemos una estabilidad en altos niveles de inflación que refleja uno de los costos de gobernar gastando por encima de nuestras posibilidades. Y también muestra el hiper gradualismo del “ajuste” del gobierno de Macri. Sin más voluntad política la convergencia a un dígito de acá a dos años será otra quimera más (y la inflación de septiembre parece que cerró hacia arriba, lejos de la meta aggiornada de terminar el año con 1% mensual, pero eso lo dejamos para la semana que viene).


La comisión por alquiler, importa quién la paga?

12/09/2017

Una ley reciente de la Ciudad de Buenos Aires obliga, a partir del 20 de este mes, a los dueños de propiedades inmuebles a abonar las comisiones por servicios inmobiliarios a los intermediarios. Dichas comisiones están hoy en día en el orden del 4,15% del valor del contrato, es decir el equivalente de un mes para un contrato de dos años. Y las pagan los inquilinos.

En nota del diario La Nación de la semana pasada se menciona el siguiente argumento en contra de la nueva ley

Desde las inmobiliarias, las críticas arreciaron. Temen que la modificación inhiba a los dueños de poner en el mercado sus propiedades y se restrinja así la actividad. Además sostienen que el impacto buscado no será tal, ya que los locadores derivarán el costo de la comisión al precio del alquiler.

Los intermediarios no sé en que planeta viven, pero dudo que un dueño prefiera dejar su propiedad desocupada antes que pagarle 4,15% a una inmobiliaria (recordemos que hoy en día ya hay portales en los cuales los dueños pueden publicar sus propiedades sin intermediarios). O sea que el primer argumento no tiene mucho sentido. El segundo es correcto, los precios de los alquileres subirán para reflejar el costo de intermediación. Pero a los inquilinos esto les es indiferente, pues cuando uno alquila una propiedad paga un combo de servicios por el uso del inmueble y por la intermediación (acabo de alquilar un departamento por un año en Madrid, y para comparar los precios de los que estaban publicados por sus dueños de los que eran ofrecidos por inmobiliarias prorrateaba el costo de las comisiones sobre los precios de estos últimos).

Uno de los argumentos que se formulan a favor de esta modificación es que de esta manera los inquilinos pueden prorrogar en el tiempo el pago de la comisión. Esto es cierto para inquilinos con restricciones de liquidez, máxime si no tienen acceso a crédito para equipar sus nuevos hogares.

Sin embargo, en mi opinión el mayor cambio que introduce esta ley, y que hace que el Colegio Profesional Inmobiliario haya emprendido acciones legales (y mediáticas) contra la misma, es que introduce competencia en el mercado.

Con el inquilino pagando la comisión, la inmobiliaria es un monopolista. En efecto, salvando el caso de propiedades de gran valor que pudieran ser ofrecidas por más de una inmobiliaria, un inquilino interesado en vivir en Pampa y la Vía 12 9a, no tiene más remedio que erogar el mes de comisión. La amenaza de alquilar en Babia 125 no es creíble.

En cambio si el dueño del departamento de Pampa y la Vía 12 9a quiere alquilar su departamento probablemente consulte con más de una inmobiliaria. Y por competencia alguna le puede pedir menos del 4,15% de comisión. Esta es la verdadera razón por la cual Héctor D’Odorico y sus compadres patalean tanto. La competencia en general beneficia al consumidor, pero perjudica a alguien, en este caso al intermediario. 


Inflación de agosto: 1,55%

08/09/2017

Según Inflación Verdadera, la inflación nucleo del mes de agosto es de 1,55%. Ya cansa decir que estamos en los mismos niveles desde mediados de 2016 (anual de 23.5%). Bien es sabido que la política económica de este gobierno se caracteriza por su gradualismo, pero en lo que hace a atacar la inflación se ha vuelto exasperante. 

Ahora que pasaron las vacaciones en el hemisferio norte, y que estoy (más o menos) asentado en Madrid, espero retomar el posteo con mayor frecuencia.

EXPOST: Hoy La Nación titula esta nota “Se desacelera la inflación, pero no a la velocidad que proyectaba el Gobierno”. Sin embargo acompaña la nota con el siguiente gráfico (al final de la infografía), que reafirma lo que vengo diciendo hace meses: la inflación está estable en un nivel alto.

Como se ve en la línea violeta, ni con mucho voluntarismo se puede afirmar que la inflación se desacelera. 


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