Moderación del clima en los medios (deseo para 2020)

30/12/2019

No, la nota no tiene nada que ver con el sueño kirchnerista que los medios se autocensuren. Es que dado que hace poco se cumplió mi deseo de hace cuatro años sobre el abuso de Frey y Osborne (ver acá y acá) me envalentoné y ahora quiero enfrentar el abuso en los medios sobre el calentamiento global.

El año cierra con la cara de Greta Thunberg en la revista de La Nación de ayer (y en tantos otros medios en el mundo) y aunque tengo un par de cositas que decir sobre el tratamiento mediático de esta joven sueca me las callo porque entiendo lo que ella pretende y no es responsable de la forma en que transforman su causa en un circo quienes pretenden ganar dinero agitando fantasmas que asustan a la gente (terrorismo, crisis, robots, en casa: dólar, Cristina, etc.).

Pero en mi opinión se ha exagerado el tema hasta un punto en que se corre el riesgo de generar un movimiento contrario, como el cuento del pastor y el lobo. Esto es algo que vengo pensando hace un tiempo pero me decidí a escribir este post cuando hace un mes y medio el Financial Times sacó una nota en la cual relaciona los problemas que llevaron a una mala cosecha de cebollas en la India (y las repercusiones políticas que esto tiene, considerando que para ellos es un alimento básico como lo es la carne para nosotros) con el cambio climático.

Onion prices in India have soared to eye-watering heights, leading to worries about food inflation and consumer unrest as climate change hits production of one of the country’s most important vegetables.

Así abre la nota y me sorprendió en un medio que consideraba más razonable. Porque no se puede decir libremente que cada fenómeno de clima extremo sea por el cambio climático o el calentamiento global. Es probable, quizás muy probable, que el calentamiento global aumente la volatilidad del clima. Pero el clima ya era volátil antes del calentamiento con lo cual no es posible asociar cada fenómeno de clima extremo con el cambio climático. Está mal.

Tampoco espero que nada bueno vaya a salir de la reciente decisión de The Economist de publicar noticias de cambio climático cada dos semanas. Será como reportar sobre una carrera entre dos caracoles en tiempo real. Me imagino que la tentación a exagerar se presentará regularmente en la dirección editorial de la revista. Aunque debo reconocer que recientemente mostraron su desacuerdo con la intención de algunos banqueros centrales (Christine Lagarde en el BCE en particular) de hacer una flexibilización cuantitativa verde.

Termino reflexionando sobre la economía política del calentamiento global. Es normal que los mismos partidos que apoyan tomar medidas drásticas para enfrentar este problema (como la propuesta de un Green New Deal en EEUU), muestren una mayor interés en reducir la desigualdad de ingresos de sus ciudadanos. Y esto me resulta extraño ya que en general los votantes que se benefician de lo segundo, aquellos debajo de la mediana de ingresos, suelen ser más impacientes que el resto de la población. Y cuanto más impaciente uno es menos aprecia medidas para reducir los costos del calentamiento global.

Es difícil ganar elecciones cuando el relato apunta a distintos segmentos de la población. Y los medios no ayudan al exacerbar los miedos ya que, en lugar de contribuir a un consenso que permita políticas de estado, aumentan la “grieta” entre quienes ven en el calentamiento global un problema y quienes descreen de la evidencia científica.

Feliz año!


Autopsia del gobierno de Macri, 2

23/12/2019

A fines del 2016 hice un balance del primer año del gobierno de Mauricio Macri y para generar polémica titulé “Autopsia del gobierno de Macri”. El punto de la nota era que el rumbo económico del gobierno estaba equivocado y de persistir en el mismo terminaría con el regreso del peronismo en 2019.

Me equivoqué en el timing, ya que supuse tendría una peor performance electoral en las elecciones de medio término que la que tuvo, y preveía una degradación gradual y no de shock (pun intended). Pero acerté en conjeturar que Macri sería el primer presidente no peronista en terminar su mandato en más de 90 años. Y en lo que creo llevó a prolongar el hipergradualismo:

Creo que el gobierno no va a cambiar el rumbo este año. En parte por los ingresos extraordinarios del blanqueo que le van a impedir ver lo insostenible de su política fiscal. También porque en ocho años de gobierno en la Ciudad, Macri mostró a) poca preocupación por el rojo de las cuentas fiscales municipales, y b) reticencia a hacer cambios de gabinete. Además hay que agregar que buena parte de los cuadros técnicos del gobierno son realmente progresistas y están convencidos que el Estado debe tener una presencia importante en la economía.

En definitiva, lo mejor que puede pasar es que, directa o indirectamente, el gobierno se acerque a un populismo eficiente y aunque pierda las elecciones le suba la vara para el gobierno peronista que lo suceda. Una vez más, un logro no menor. Pero que palidece al lado de lo que pudo ser.

También creo que se logró subir la vara, pero desde un nivel muy bajo, y no por mucho. 

Lo que voy a hacer en el resto de este análisis del gobierno de Cambiemos es resaltar cuatro hechos que ameritan ser investigados a fondo, tarea que dejo para los especialistas en el tema. 

Primero. El sinsentido de atar el blanqueo de capitales a la “reparación histórica de las jubilaciones” (que como manda la historia ya se están descomponiendo). Da la sensación que los amigos y familiares del poder le suplicaron al presidente que les diera un blanqueo como condición necesaria para invertir. Es una pena que no le aclararan que no era una condición suficiente. La oposición entendió que la mejor forma de conseguir matar ese propósito era expandir el gasto y que nadie en su sano juicio invierte cuando los impuestos futuros son confiscatorios (y en esta oración resumí mi análisis del paquete de medidas aprobadas estos días en el Congreso). El gobierno no entendió esto o si lo entendió no supo/quiso/pudo dar marcha atrás. 

Segundo. Matar la independencia del Banco Central a poco que la reforma tributaria en EEUU presagiara que durante 2018 la Reserva Federal iba a subir la tasa de interés. En el momento en que más que se necesitaba tener confianza se la dilapida. Es bien sabido que Marcos Peña y su equipo tuvieron fuerte gravitación en esta decisión fatídica pero sería bueno entender mejor qué pasó y porqué no pudo primar la racionalidad económica. Ver acá y acá

Tercero. Este hecho no atañe directamente al gobierno argentino. Se trata de la recategorización de Argentina como mercado emergente en mayo de 2018, es decir cuando la crisis ya se había desatado e incluso se dudaba que Morgan Stanley Capital International fuese a tomar esta medida. Lo más razonable es que se hubiese mantenido la categoría de mercado de frontera o que la recategorización hubiese ocurrido en 2017. Por qué no fue así? Avaricia. La deuda emitida como mercado de frontera tiene que pagar una tasa de interés más alta. Y a principios de 2018 ya los mercados de deuda se estaban cerrando con lo cual esta ganancia desaparece, mientras que la recategorización le permite a los tenedores de bonos venderlos a mejor precio que si fuesen bonos basura de frontera. 

Cuarto. El último hecho es el que en mi opinión liquidó las chances de reelección de Macri y para el cual no distingo claramente la identidad del “villano”. Después de la corrida de septiembre de 2018 el gobierno impone una política monetaria de fuerte restricción en la creación de dinero. Estaba contemplado en el programa con el FMI que la inflación de este año sería de un 17% y se alcanzaría el equilibrio fiscal primario. Pero entre mediados y fines de enero circularon comentarios entre analistas que, dada la indexación del gasto (principalmente jubilaciones) era imposible cumplir con los compromisos fiscales si la inflación seguía en su trayectoria declinante (en ese momento era posible preveer terminar el año debajo del 20%). Repito lo que dije en su momento, hasta Daniel Artana estaba de acuerdo con este razonamiento! (ver acá) Yo creo que el mismo sector del gobierno que se estaba equivocando con sus diagnósticos desde diciembre de 2015 (Peña?) hizo estas cuentas y que estaba pidiendo a gritos más inflación. Para reasegurar al sector privado de esto el Banco Central volvió a cometer el error del año anterior: bajar las tasas antes de terminar de domar la inflación. Me dirán que con el diario del lunes es fácil hablar, pero qué logros pudo mostrar Macri para las PASO? Nada, salvo vanas promesas que la inflación ahora sí estaba bajando. 

Los próximos análisis de economía doméstica serán sobre la política del nuevo gobierno. Cierro esta autopsia con la misma sensación que tenía hacer tres años: La grieta entre el potencial del gobierno de Cambiemos y su realidad fue enorme. 


Deuda, ajuste, crecimiento e inflación

29/11/2019

Faltan 11 días para que asuma el nuevo gobierno y todavía no hay certezas sobre el rumbo económico. Luego de ganar las elecciones hace un mes era comprensible que se postergaran las definiciones para no “quemar” a los futuros ministros. Hoy en día esto ya no es creíble y en su lugar debemos suponer que pasa una de dos cosas, 1) el sol que quema (Cristina) es tan fuerte que nada sobrevive su exposición, o 2) no hay un plan económico consensuado. 

Si bien hay señales que Cristina marca bastante el juego político me inclino más por lo segundo. Y lo digo en función de las pocas cosas que se escucharon de más de una fuente (o de boca del propio Alberto Fernández). Entre estas están:

  1. Poner dinero en el bolsillo de la gente con fuertes aumentos de jubilaciones, planes y salarios financiados (cuando sean del sector público) con emisión.
  2. Pagar la deuda (sin quita de capital) cuando vuelva el crecimiento y para ello dejar de pagar intereses por, digamos, dos años. 
  3. No solicitar al FMI el pago del remanente del crédito otorgado el año pasado. 

El tema es que por si solos estos tres hechos no son consistentes. 

Hay consenso en renegociar la deuda tanto privada como con el FMI. Con el FMI esto implica someterse a su monitoreo y cuánto más quiera el futuro gobierno obtener, en extensión de plazos por ejemplo, más va a tener que comprometer reformas estructurales, y entre estas sobresale una rebaja fuerte de las jubilaciones (amplío abajo). Con el sector privado esto requiere hacer una oferta que sea aceptada por al menos el 75% de los tenedores de bonos. 

Para que los acreedores acepten una renegociación deben recibir algo a cambio de aceptar un recorte en el valor presente de sus activos (si no es recorte de capital, por extensión del plazo para recuperar el principal, reducción de intereses, etc.). Esto necesariamente tiene que implicar un aumento en la probabilidad de cobrar. Y esto último solamente se logra con un plan creíble que aumente el superávit del sector público en el futuro cercano y mediano (en el largo plazo todos estamos muertos). 

El problema es que el futuro gobierno sabe que aumentar el superávit fiscal implica hacer un ajuste, algo que le ha criticado al actual gobierno. Intentar hacer el ajuste aumentando impuestos se sabe que no va a reactivar la economía pues es lo que mató al gradualismo de Macri: si no bajan los impuestos en un sendero sostenible no viene la inversión. Y si no se reactiva la economía no se generan fondos para pagar la deuda (el futuro gobierno como el actual fantasean con que el crecimiento soluciona todo, y que el crecimiento vendrá como por arte de magia). 

Esto es algo que saben los inversores externos y no aceptarán ninguna renegociación en estos términos. Y el futuro gobierno esto lo sabe, por eso digo que la ausencia de definiciones indicaría falta de plan integral. 

Más aún, emitir a lo loco para incentivar la demanda doméstica como han sugerido varias figuras del futuro oficialismo va a terminar en una aceleración de la inflación (que ya es de por si muy alta) si estas políticas no van acompañadas de otras que compensen intertemporalmente el perfil del gasto público. Es decir, si no se puede bajar el gasto futuro al mismo tiempo que se incentiva el gasto en el corto plazo (porque solo con este cambio el aumento en la demanda en el corto plazo inducirá a los productores a aumentar la producción y no los precios).

Paréntesis: cuando escucho a ciertos economistas decir que la emisión no genera inflación poniendo como ejemplo el caso del plan emisión cero de Dujovne (ver mi análisis de hace un año aquí) se me eriza la piel y me lo imagino hasta a Keynes revolviéndose en su tumba. 

Y la única forma de reducir el gasto futuro que es posible hoy en día es a través de una reforma integral del sistema de jubilaciones que implique un ahorro de al menos dos puntos del producto. Esto implicaría no solo cambios en la fórmula de actualización de los haberes (ver nota de ayer de Carlos Pagni en La Nación), sino también en la tasa de reemplazo que determina la jubilación en función de los últimos salarios y cantidad de años de aportes

En definitiva, las piezas del rompecabezas todavía no encajan para formar la imagen de un plan económico integral y creíble. 


Esperando definiciones del nuevo gobierno K

19/11/2019

En tres semanas Alberto Fernández asumirá la presidencia de la Nación, consumando el regreso del kirchnerismo al poder. Más allá de exponer de forma cruda el rotundo fracaso de Mauricio Macri (no pudo, supo, quiso arreglar la economía y prevenir el regreso de Cristina al poder), no es hora de lamentarse sino analizar el país que viene.

Lo primero que habría que notar es que, como dijo ayer Carlos Pagni en Odisea Argentina, “Fernández es un Néstor sin soja”. Y esto es clave para entender como va a cuajar el próximo gobierno. Un poco por preferencia, pero especialmente por necesidad, la ortodoxia económica va a estar presente. El gobierno va a respetar las restricciones que enfrenta y no va a poder hacer populismo explícito como hizo Cristina. En cierta forma esto sería la contracara del gradualismo de Macri, quien respetaba las restricciones políticas para hacer el ajuste (aunque como dije en más de una ocasión en este blog, en mi opinión se pudo haber hecho más). 

El nuevo gobierno va a contar con la ayuda de las agrupaciones sociales, los sindicatos y demás grupos de poder que no tardaron ni cinco minutos en ponerle palos en la rueda a Macri pero que ahora anuncian un diciembre en paz, sin demandas de bonos de fin de año, y anticipando reclamos salariales mesurados. Es vergonzoso que esto parezca como algo natural para los votantes del PJ, cuando debiera al menos avergonzarlos un poco (y llevarlos a ser más exigentes con su nuevo gobierno).

Hablando de votantes voy a usar datos de una encuesta online, que pedí hacer en las primeras dos semanas de octubre, para ver en qué difieren los simpatizantes del actual y nuevo oficialismo.

En términos de ideología, los votantes de Alberto están más a la izquierda que los de Macri (0,1 puntos sobre 1), dicen ser más nacionalistas que liberales (0,2 puntos sobre 1), y están más de acuerdo que la Argentina debe ser capaz de tomar decisiones soberanas (0,3 puntos sobre uno).

Respecto a la relación del país con el resto del mundo, los votantes del PJ desprecian más la globalización (0,3 puntos sobre uno), y están más a favor del default, ya sea sobre deuda pública o con el FMI (0,2-0,25 puntos sobre 1). Aunque no hay diferencias en su apreciación sobre los beneficios del acuerdo comercial entre la UE y el Mercosur (esto se puede deber a que al ser un tema abstracto, los votantes no tienen opiniones formadas).

Finalmente respecto a sus expectativas sobre la economía del año próximo, los votantes de ambos partidos han expresado tener un nivel similar de temor que la crisis actual se agrave. Y todos los votantes mostraron un muy bajo nivel de confianza en otras personas.

En definitiva, las preferencias de los simpatizantes del nuevo oficialismo apuntan a que el país se volvería a cerrar al mundo, algo ya visible en declaración del nuevo presidente en temas de política exterior. Pero como ya dije, es de esperar que al menos en parte, primer cierta ortodoxia en materia económica. De hecho circulan versiones que las competencias de Economía se dividirían en dos ministerios (un progreso respecto de la absurda dispersión del gobierno de Macri), uno a cargo de Guillermo Nielsen y el otro comandado por Matías Kulfas. Ortodoxia y heterodoxia. Habrá que ver quién será el doctor Jeckyll y quién el señor Hyde… lo que dependerá del ojo del observador.

 


Lección para futuros gobiernos

15/10/2019

A principios de septiembre La Nación publicó una nota explosiva de Nicolás Cassese y Romina Colman sobre la performance electoral del gobierno de la Ciudad en la Villa 31 donde Horacio Rodríguez Larreta perdió por 47 puntos contra Matías Lammens. Pocos días después, Ricardo Roa en Clarín aportó una posible explicación, más allá de la crisis económica, en esta nota

Dentro del macrismo, hay quienes pegan el mal resultado electoral no sólo a la crisis económica que pegó fuerte por cierto, sino también a la gestión de Diego Fernández, un empresario gastronómico sin experiencia política y sin vocación política puesto en un lugar donde las obras mejoran la vida de la gente pero solas no ganan las elecciones…

No hubo denuncias de clientelismo ni de corrupción en la asignación de viviendas pero en las villas hacer política hace diferencia y a veces hace diferencias grandes en la cosecha de votos. Es lo menos parecido a gestionar una empresa.

Según Roa los votantes aprecian las obras y por eso Rodríguez Larreta está ganando en la Ciudad (aunque hay que ver si logra hacerlo en primera vuelta, como se quemó con leche con Lousteau hace cuatro años, previsiblemente llora al verlo a Lammens). Sin embargo volvamos a la nota de Cassese y Colman que comienza con esta anécdota impresionante:

José Algaraz atiende un kiosco en la entrada de su flamante casa de la villa 31. Es un hombre macizo que antes vivía debajo de la autopista Illia. No tenía título de propiedad ni agua. Hace un mes se mudó a una de las 1200 viviendas construidas por el gobierno de la ciudad. Paga $5000 por mes de un crédito blando a 30 años. Su barrio ahora es una postal de calles peatonales anchas y juegos para niños. Podría ser el campus de una universidad escandinava. Sin embargo, José está enojado.

“Yo quería baldosas, se queja mirando su piso gris de cemento alisado, un estilo industrial que está de moda entre los arquitectos de Palermo. “Parece un cementerio”, acota su mujer, señalando los ladrillos opacos de las paredes. Tienen una bandera con la iconografía peronista guardada y dicen que la desplegarán durante el asado con el que planean festejar la eventual derrota del oficialismo. 

Como a muchos otros, cuando leí esta nota me indigné sobremanera. Y pasé a expresar mi indignación en Twitter. Copié la primera frase del segundo párrafo y añadí que lo decía alguien a quien el gobierno de la Ciudad prácticamente le había regalado la casa. Y terminaba el tweet diciendo:

Lección muy importante: no gastar pólvora en chimangos

Por supuesto que enseguida me llovieron críticas de todo tipo. Que la vivienda social es una inversión bien importante en un país con un déficit habitacional tan alto. Que tal vez para esas personas son más importantes sus ingresos reales que su stock de capital. Hasta un como no votan como te gustaría no hay que invertir en ellos, que asco.

Efectivamente el último comentario da en el clavo. Quise, y quiero, decir que a futuro los gobiernos deben tomar nota dónde les reditua invertir (ojo invertir es una cosa, gastar es otra). Para un político tiene menos sentido gastar recursos en viviendas para ciudadanos que no lo van a votar, que en infraestructura que beneficia a segmentos de la población que son votantes independientes y por ende pueden cambiar su voto en “agradecimiento” por las obras.  

La realidad es que los recursos son escasos (salvo para algunos delirantes de la MMT y para ciertos kirchneristas) con lo cual los Rodríguez Larreta del futuro tendrían que replantearse el uso que harán del presupuesto de la Ciudad (o el distrito que les toque gobernar). Los que seguro salen perdiendo son los José Algaraz del país. Si ni regalándoles una casa se consigue su voto no debieran esperar nada en el futuro de ningún político. En efecto el mismo razonamiento del párrafo anterior indica que tiene poco sentido gastar recursos en inversiones que beneficien a los votantes duros. Cristina se alegraba de ver crecer la Villa 31. Pero, cuánto invirtió en la misma? 


Control de capitales

05/09/2019

Imaginemos una economía en la cual la tasa de interés real es muy atractiva y hay una gran cantidad de carry trade. De repente hay una crisis y fuga de capitales. El banco central se esfuerza por mantener el tipo de cambio pero pierde reservas peligrosamente. Se firma un acuerdo con el FMI y como parte de las condiciones del acuerdo se establece un control de capitales. 

¿Hablamos de la Argentina? Parece. Casi, casi. Pero no. El FMI no nos impuso el control de capitales (¿por qué no?, volveremos a esta pregunta). Se trata de Islandia, que impuso los controles en 2008 antes del acuerdo con el Fondo, y por lo tanto no estaba realmente “condicionado” por esta parte del acuerdo. 

Islandia recién levantó las restricciones a las transacciones en moneda extranjera en 2017, y usó los controles de forma estratégica para mejorar su posición negociadora con los inversores extranjeros que habían quedado atrapados en la economía doméstica tanto por el carry trade como por inversiones de tres bancos que quebraron con la crisis del 2008, y que tenían acreedores extranjeros.

En Islandia los controles inicialmente buscaron evitar la fuga de capitales, especialmente de posiciones de carry trade, que desestabilizarían la moneda doméstica. Dado el enorme volumen de posiciones atrapadas en el país –llegaron a ser casi el 80% del PBI– eliminar los controles se volvió un dolor de cabeza: mantenerlos restringía la entrada de inversiones, pero quitarlos podía gatillar una corrida cambiaria. 

La solución que encontró el gobierno de Islandia fue la de gravar con un impuesto a los inversores extranjeros tenedores de activos domésticos. Esto por un lado reducía la masa de liquidez que se podía volcar a la corrida, y por el otro reforzaba las arcas del fisco y por ende reducía la probabilidad de una corrida. Con sus más y menos la estrategia fue un éxito (para más detalles ver este reciente documento de trabajo). 

¿Es relevante el caso de Islandia para la Argentina? Creo que sí. Por un lado nos muestra el grave error que fue levantar el cepo cuando no se había resuelto el desequilibrio macroeconómico que le había dado origen (aunque obviamente los motivos que llevaron a imponer controles eran diferentes, así como la forma de resolver estos desequilibrios debía ser idiosincrática). 

Pero también llaman a la reflexión de porqué no se impusieron controles cuando sufrimos la primer corrida el año pasado y se recurrió al FMI. O cuando tuvo lugar la segunda y Macri consideró relevar a Nicolás Dujovne. ¿Fue por una cuestión narcisista de no perder el logro de haber levantado el cepo? ¿Fue para permitir que amigos del poder desarmaran sus posiciones? Creo más lo primero que lo segundo (que se podía hacer, y algunos dicen se hizo, en pocos días), ya que un motivo similar demoró la imposición de retenciones a las exportaciones agropecuarias y provocó la segunda corrida (ver post). 

En definitiva, volver al control de cambios no es una tragedia. No resolver los desequilibrios macroeconómicos que nos obligaron a reintroducirlos si lo es. 


Bases para el desarrollo argentino

21/08/2019

Puede resultar un poco extraño hablar de desarrollo cuando el país atraviesa su enésima crisis. Pero es que justamente una crisis nos presenta la necesidad de elegir que (nuevo?) camino seguir. Y dado que el ministro Hernán Lacunza está convocando a los equipos económicos de la oposición para discutir ideas, aprovecho para meter bocado. 

Parece una eternidad pero fue hace menos de dos meses, cuando las encuestas estaban casi empatadas, que se anunció el acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur. Tomó casi veinte años, y todavía falta ratificarlo. Sin embargo no caben dudas que este es uno de esos caminos que se nos abren como salida a nuestras recurrentes crisis.

En efecto, en la medida que debamos prepararnos para competir con la UE estaremos forzados a reducir (en lo posible eliminar) la maraña de distorsiones que elevan los costos de producción locales. Ya se venía trabajando en este sentido, pero a un ritmo muy lento. Máxime teniendo en cuenta que Brasil está por sumar la reforma previsional a la laboral aprobada el año pasado. 

Antes de seguir quisiera aclarar que ratificar el acuerdo comercial implicaría costos y habría empresas, e incluso sectores, que quedarían marginados. Por ejemplo, tomemos el sector automotriz. En principio la apertura significaría un desafío tanto para Argentina como para Brasil. Pero en los hechos nuestro país sufriría más en la medida que nos hemos especializado en autos medianos mientras que Brasil lo hizo en autos chicos. Y cuanto más chico un auto menos conviene fabricarlo en Europa y enviarlo al Mercosur. 

Si uno mira la letra chica del acuerdo es indudable que la UE saca más beneficios que el Mercosur, ya que los aranceles que serán reducidos son mayores en el cono sur. Además el acuerdo refleja el poder de negociación de las partes y habría que ser muy necio para suponer que sacamos una ventaja en este sentido. Lo que si se consiguió es que la apertura comience antes en la UE, y tener extensos plazos para reducir nuestros aranceles. 

Las ventajas para nuestros países se darían en el desarrollo posterior, no con la firma del tratado. En la medida que los factores de producción se orienten a los nuevos sectores beneficiados con el acuerdo se conseguirá un incremento en la productividad promedio y en los ingresos per cápita. Y en esta dimensión el potencial para el Mercosur es muy superior al de la UE pues ellos solamente harán ajustes marginales, en proporción al peso que los nuevos flujos de comercio tengan sobre su producto. 

Y aquí es donde se nos presenta una de las bifurcaciones más importantes a la hora de elegir que políticas seguir. Por un lado es natural proponer que la Argentina se especialice en productos agropecuarios y agroindustriales (habría que extender la marca “Argentina” de la carne a todo lo se pueda vender en un supermercado). Por el otro están quienes dicen que el campo no genera valor agregado y que por eso hay que mantener todas las defensas que sea posible sobre la industria nacional. 

No quiero entrar en la discusión vetusta sobre campo o industria. Creo que al mencionar agroindustria en el párrafo anterior queda claro que pueden ir de la mano. Pero hay varios supuestos que definen esta “grieta” y hay que ver en qué medida siguen siendo válidos. 

Un argumento que escuché varias veces, y de economistas muy respetables, es que aun y reconociendo que el campo genera valor agregado (basta ver el uso intensivo en nuevas tecnologías para reconocer que es EL sector más desarrollado del país, al tope en terminos de competitividad en el mundo), no alcanza para tener un nivel de ingresos per capita aceptable. Y citan a Chile como ejemplo donde si fue posible hacerlo, siendo la minería, la piscicultura, y la industria vitivinícola los pilares. 

Pero este argumento quedó desactualizado con el descubrimiento de Vaca Muerta. Este yacimiento tiene un enorme potencial, pero desarrollarlo requiere cuantiosas inversiones. Y para que lluevan las inversiones es necesario tener seguridad jurídica y un marco macroeconómico estable. La semana pasada vimos que estamos lejos de ambas cosas.

Los críticos de una estrategia de desarrollo basada en el campo también asumen que la frontera agropecuaria está estancada desde que los ingleses dejaron de invertir en expandir la red ferroviaria. De hecho se ha argumentado que lo primero causó lo segundo cuando a mi entender fue al revés (el shock de la primera guerra mundial reduce inversiones británicas en todo el mundo). Basta ver la expansión de la frontera hoy en día (ver esta nota reciente en El País) para sacarnos la duda que cuando el campo tiene infraestructura para desarrollarse lo hace. Y la rehabilitación del Belgrano Cargas es un paso en esa dirección. 

Si el país se desarrollara siguiendo una política exportadora basada en el agro y los frutos de Vaca Muerta (pensemos en la expansión de la industria petroquímica, lo que obviamente requiere resolver problemas de hold up), a lo que podemos sumar la minería alcanzaríamos un nivel de ingresos que permitiría la existencia de una industria local que nos provea de bienes que no sería viable importar.

Esto ocurre en todos los países del mundo, no solamente en los que están en los confines del mundo y por ello gozan de una elevada protección natural. Pero para que esto pueda suceder el consumidor argentino debe estar dispuesto a pagar un plus por comprar algo “Made in Argentina”. Y en este sentido estamos lejos de los europeos (por ejemplo, en Dinamarca la fruta desabrida local se vende más cara que alternativas del sur del continente con más sabor). De la boca para afuera defendemos la industria local, pero a la hora de hacer las compras, si el producto chino es un poco más barato, palo y a la bolsa. 

Una vez que se defina una estrategia de desarrollo de largo plazo, que puede tener menos énfasis en la exportación que lo descripto en esta nota (dados los antecedentes de doce años de gobiernos kirchneristas, apostaría que va a ser así), falta ver como transitar desde el hoy devaluado al futuro más promisorio. 

Si la estrategia de desarrollo es creíble (lo cual requiere que sea adoptada, con matices, como política de estado por los principales actores políticos), sería posible tener una macro ordenada en el mediano plazo pues las condiciones para este equilibrio serían robustas. Pero esto nos deja el corto plazo en el aire. Para usar una expresión usual, necesitaríamos un ancla que fijara expectativas y nos permita converger a equilibrio virtuoso de (muy) baja inflación, cuentas fiscales en orden, y bajo nivel de endeudamiento (usando idealmente la deuda para hacer política anticíclica). 

Coincido con la oposición que el ajuste fiscal sería más fácil de hacer si la economía creciera. Esto es obvio, se sigue de una identidad contable. Pero dada la situación actual de la economía es posible usar un atajo para lograrlo (atajo que aclaremos Cambiemos no podía usar en su primer año de gobierno pues los desequilibrios macro eran enormes). Consiste en adoptar una convertibilidad con cláusula de escape, como describí en este post del año pasado sobre la robustez de la política monetaria, que duele leer ex post.

La otra opción sería instalar una convertibilidad con cláusula de escape, que funcione de la siguiente manera: a) fijar el tipo de cambio con una canasta que considere dólar, euro, real y quizás yuan. b) usar líneas de crédito contingente con los bancos centrales de las monedas de la canasta para financiar temporariamente las reservas necesarias para cubrir la base monetaria (esta es una de las condiciones de la cláusula de escape, ya que cuando hay que devolver la reservas hay que abandonar la convertibilidad, si no se generaron otros recursos), c) una cláusula de escape explícita que indique que cuando se hayan alcanzado ciertos objetivos el peso pasa a flotar (respecto a inflación, superavit primario, ratio deuda PBI, porcentaje de deuda pública en moneda extranjera, desarrollo de mercado de capital doméstico, etc.).

Este post está siendo demasiado largo como para explayarme más en detalles. Pero notemos que ya sabemos que una convertibilidad es super eficiente en coordinar expectativas a la baja en la inflación (basta ver la trayectoria del IPC en 1990-1992), y al proporcionar un marco macro estable atrae inversiones como moscas a la miel (basta ver la trayectoria del PBI en esos mismos años). Además al estar el peso atado a una canasta de monedas tendremos tiempo para acostumbrarnos a que la cotización del dólar varie sin que ello implique remarcaciones de precios (una de las peores costumbres argentinas es indexar todo al dólar al coordinar expectativas que todos los agentes económicos se comportan de la misma manera). 

Quizás prejuicios ideológicos, cuando no, impidan que la próxima administración o la actual, dado que la oposición hoy tiene gran influencia en la política económica del ministro Lacunza, adopten este esquema rígido asociado al “neoliberalismo”. No sería la primera vez que ello suceda. Pero también podría ser que el equipo económico de Alberto Fernández simpatice con la idea y coordine con el gobierno de Macri que sea este quien cargue con la responsabilidad de tomar esta medida (aunque su éxito depende de un cuidado diseño inicial). 

Más probable es que no, que se piense que solamente con cambiar nombres se lograría bajar la inflación (estabilización por ego). Igual, peor que se piense en manipular estadísticas. O creer que la emisión no genera inflación. La esperanza es lo último que se pierde.