La raíz de la grieta

06/01/2021

por Santiago Gallichio

No hace falta hablar más de la grieta, de su existencia, ni de su potencia: nos domina a los argentinos. Pero sí es útil buscar el meollo de su origen, para ver si podemos encontrar la llave que la deje detrás. Mi hipótesis es que el centro de la grieta es la mirada que tenemos respecto de nuestros conciudadanos sumergidos en la exclusión social. Esa parte de la sociedad que se fue hundiendo, principalmente a partir de la crisis iniciada en 2002, con la tremenda devaluación del peso, y que no dejó de hundirse y crecer en número hasta el presente. Y aumentó grandemente con la devaluación iniciada en 2018 y multiplicada en 2020. Con casi 20 años de profundización, hoy hay un tercio de nuestra sociedad que está sumergida en la absoluta exclusión socioeconómica y política. No hace falta decir que el peso argentino se destruyó en exactamente 150 pedazos en el mismo intervalo de tiempo.

Pero la grieta, que es un fenómeno político, no alcanza a los excluidos, ni los interpela: ellos no saben de grietas simbólicas o ideológicas. La grieta es la interpretación que hacemos los no excluidos de los excluidos y de su suerte. Opino, esquemáticamente, que quienes están del lado cambiemita de la grieta consideran que los excluidos son el producto de una economía totalmente estatizada, de una política clientelar iniciada por el peronismo en 1945, el que se beneficia de su existencia y obtiene de ellos su apoyo político, comprando votos. Y que la solución real para los excluidos es la instalación de una verdadera economía de mercado, que incentive el crecimiento económico y los incluya mediante el trabajo. Quienes están del lado kirchnerista de la grieta, en cambio, consideran que los excluidos son el producto de las políticas económicas neoliberales, iniciadas por Martínez de hoz en 1976, continuadas por Menem desde 1991 y retomadas por Macri en 2016, con el FMI como permanente aliado. Y que la solución para los excluidos es una ayuda estatal completa y amplia, en todos los niveles, que les dé una vida digna antes de pedirles ninguna obligación o aporte, lo que considerarían abiertamente injusto e inmoral.

Respecto de las dos terceras partes restantes de la ciudadanía, los “incluidos”, hay menos disidencias, en cambio. Obviamente, como en todo bipartidismo, hay un partido más afín a los trabajadores sindicalizados y otro más afín a las clases más altas y profesionales, con todos los matices propios de una sociedad compleja como las actuales. Ese bipartidismo, que era la típica confrontación política de los ’80 y ’90, con la divisoria peronismo-radicalismo, hoy sigue en pie, pero solo es aplicable a 2/3 de la sociedad y, por lo tanto, no es el discurso político central: lo central es qué hacemos con lo acuciante, que es el tercio de la ciudadanía que está excluida del sistema. Y lo sigue estando por más subsidios paliativos que les dé el Estado. Allí es donde surgen las discusiones políticas encarnizadas y se fue generando “la grieta”.

Hay una ilusión que vale la pena disipar de antemano, porque es la que más confunde en esta discusión. Es la que supone que el kirchnerismo y el peronismo son los representantes de los excluidos, por lo que un gobierno en manos de ese espacio político es la solución natural a este problema. Esta mirada es un error común, que surge de la última experiencia política de representación exitosa de las clases postergadas a manos del peronismo en 1945. Esa experiencia no es extrapolable al presente, aun cuando fue el gobierno de Duhalde en 2002 el que buscó ocuparse de los excluidos y al igual que el de los Kirchner. Ambos buscaron ocuparse, pero no lo hicieron. Crearon paliativos, que el propio Macri mantuvo y acrecentó, pero que, en ninguno de esos casos, sirvieron como solución política. Es interesante escuchar a quienes están más en contacto con estos sectores, como Emilio Pérsico o Juan Grabois: “Creo que es un sistema tóxico y que la política está intoxicada. Creo que la mente va por donde los pies caminan y la clase política está lejos de la gente, no siente como propio el sufrimiento de los demás. Lo puede entender conceptualmente, puede tener una aspiración de justicia social, pero no siente como propio ese dolor y no lo conoce, lo tiene muy lejos.” Obviamente, estos actores también caen en esta confusión y mantienen más esperanza con un gobierno peronista, pero más por no perder la esperanza que por sentir una confianza auténtica.

Hay temas derivados de este tema central que fueron generando construcciones ideológicas a cada lado de la grieta. El más importante es el de la defensa de la república vs. la propuesta cristinista de modificación del sistema: diríamos, hacia una “profundización democrática”. La discusión es interesante en sí misma y reconoce relación con la época, en varios teóricos europeos de corte populista y neocomunista. Podríamos decir que recala en la distinción crucial de James Madison (El Federalista, 10) entre democracia y república: la república como freno al exceso democrático.

Pero más allá de esta interesante discusión, que no es tema de este artículo, quiero señalar su posición estratégica como discusión política: está enraizada en el tema central de la grieta, pues la propuesta cristinista de cambio de sistema hacia una democracia no republicana presupone la certeza de que la república liberal y la economía de mercado son los responsables de la generación del tercio de ciudadanos excluidos. Se trata de una propuesta de solución radical solo justificable en un problema radical: la exclusión de un tercio de la sociedad. No habría necesidad de tal propuesta en una situación no crucial como ésta. No habría grieta, que no es sino una coyuntura radical de la opinión pública, si no hubiera una realidad social crucial como lo es la exclusión masiva.

La situación que se generó en 2002 y se fue agravando en estas dos décadas por incapacidad de encontrar soluciones adecuadas nos enfrentó a una realidad social acuciante e insoportable: la exclusión masiva de millones de compatriotas. Nuestra consciente o inconsciente incapacidad de resolverla nos volvió agresivos con nuestros rivales políticos al punto que hoy creemos que no tenemos ya nada más en común y debemos pasar a las soluciones radicales. Pero ni siquiera el kirchnerismo, que se considera a sí mismo como el que mejor los representa, puede autoengañarse, con 13 años de gobierno en los que la exclusión no dejó de crecer. Radicalizar su mirada en lugar de corregirla no haría más que agravar el problema de los excluidos.

“Hoy tenés dos sociedades, con dos lenguajes distintos, dos culturas distintas, dos circuitos económicos distintos, que tienen algunos puntos de interacción, que somos los movimientos sociales, generalmente los que tratamos de traducir esos dos mundos. Pero hay una muralla invisible que los separa y algunos vamos y venimos.” No hay mejor descripción de la situación que ésta de Juan Grabois. Y esta muralla invisible NO es la grieta: la grieta es la división que tenemos los que estamos de este lado de la muralla al interpretar esa muralla. Mientras nos enfrentamos en torno de esta grieta, la muralla sigue intacta.


La ilusión monetaria y el dólar

28/12/2020

Hoy es el día de los inocentes, así que les voy a hacer una broma. No se preocupen, no será nada como lo del gobierno, que anuncia la participación del país en los ensayos de fase 3 de la vacuna rusa Sputnik V como si empezara una campaña de vacunación (que la inocencia les valga a los primeros 300.000 cobayas!).

Simplemente voy a hablar de la ilusión monetaria y una aplicación autóctona. Como ilusión monetaria se entiende la propensión que tenemos a considerar nuestro ingreso, y riqueza (cuando la hay), en términos nominales en lugar de hacerlo en términos reales.

Por ejemplo, consideremos un 10% de aumento salarial en un contexto en el que la inflación es del 10%. En términos reales el salario no cambia (aunque para ser precisos se deprecia al 10% anual, luego tiene un salto en un mes y luego sigue depreciándose).

Cuando la inflación es baja, los trabajadores tienden a considerar ese incremento salarial como un aumento en su capacidad de compra y el consumo, y la demanda agregada aumentan. En este contexto la ilusión monetaria genera efectos reales y es una de las razones detrás de la relación positiva entre inflación y producto (curva de Phillips).

Cuando la inflación es muy alta, y persistente, el mecanismo deja de funcionar. Lo hace de a poco, ya que por un tiempo, con niveles mayores de aumentos nominales (e inflación) es posible, para un gobierno poco sofisticado y carente de herramientas de política, mantener la “ilusión” de estimular la economía.

Los argentinos estamos acostumbrados a convivir con inflación alta y persistente. El paréntesis de la convertibilidad (y los años 2004 y 2005) no alcanzó para borrar ese sexto sentido que tenemos que nos dice que debemos comprar dólares con los pesos que nos queden a fin de mes (cuando queda algo, por supuesto).

Los que tenemos capacidad de ahorro, vemos en nuestra pila de billetes verdes (los que tienen mucho juntan a Franklin, los que tienen poco se contentan con Washington o Lincoln) una tabla de salvación que nos permite mantenernos a flote en la permanente tormenta macroeconómica argentina.

Pero no es así.

En Estados Unidos también hay inflación y el poder adquisitivo de nuestros ahorros se desintegra con el paso del tiempo (salvo que seamos sofisticados e invirtamos en activos financieros…no argentinos). Nuestra tabla de salvación es en realidad un témpano y se va derritiendo. Quizás no nos permita llegar a la tierra prometida (sea para vivir decentemente cuando nos jubilemos, un capital que pasar a nuestros hijos, etc.).

El índice de precios al consumidor en EEUU era de 55 en 1990, 72,6 en 2000 y casi 110 este año. Es decir que en un horizonte de 30 años, el poder adquisitivo del dólar se redujo un 50%: Los Franklin se transformaron en Grant.

Recuerdo la primera vez que tomé conciencia de la inflación en norteamerica. Tendría 14 años y estábamos yendo con mi familia en auto de Miami a Orlando. Al llegar a un puesto de peaje mi padre nos dice, como ejemplo de la estabilidad de precios en EEUU en contraste con la Argentina, que desde que toma esa ruta (serían ocho o nueve años) el peaje costaba lo mismo, 10 centavos. Como la ley de Murphy no conoce fronteras, al llegar nos llevamos la sorpresa que el peaje ahora costaba 25 centavos. Lección, no es que EEUU no tenga inflación, pero algunos precios son rígidos, máxime cuando se trata de tirar una moneda en una autopista.

Entre mediados de 1995 y fines de 1999 viví en Boston y pude ver en primera fila lo que era la inflación, y los cambios genuinos en precios relativos (enfatizo lo de genuino porque en Argentina se abusa del cambio de precios relativos como excusa para justificar la inflación). En particular el aumento de los alquileres al mismo tiempo que caía el precio de las computadoras.

Desde 2013 vivo en Europa y puedo decir que, tanto en Dinamarca como en España, también hay inflación y un euro hoy no vale lo mismo que hace 20 años.

No creo que el argentino medio sea tan consciente de la erosión del poder adquisitivo de esa pila de dólares que tanto le costó conseguir. No digo esto porque no tiene/tuvo la oportunidad de vivir en el extranjero y experimentar la inflación de lo que consideramos monedas duras. Tampoco porque crea que es necesario tener un doctorado en economía para apreciar este fenómeno. Hace unos años el New York Times informó que el 50% de los norteamericanos fallaban un test de “educación financiera”. Para aprobar había que contestar al menos cuatro de cinco preguntas. Le hice este test a mi mujer, psicóloga que odia las matemáticas, y contestó correctamente las cinco (ese sexto sentido que mencioné antes es infalible).

Lo que creo que pasa es que la mayoría de los precios a los que están expuestos los argentinos que ahorran en dólares son los de productos que tienden a caer con el paso del tiempo. Vuelvo a evocar las computadoras. O los viajes en avión (un pasaje a Brasil o Chile). No están al tanto del fuerte aumento de propiedades en Miami o Nueva York. O de los servicios en dichas ciudades.

Por eso, a quienes creemos que el dólar nos salva, que la inocencia nos valga!

Feliz año.


La mala educación

30/11/2020

Así se llama una película de Pedro Almodóvar de hace más de 15 años. Me pareció que titular esta nota sobre la educación pública en Argentina “La pésima educación” era un poco fuerte. Un poquito en realidad.

Nuestro país no es el único que tiene problemas para encuadrar las demandas de los distintos sectores sociales en tiempos de pandemia. Pero es el que peor ha manejado los desafíos en lo que respecta a la educación.

En casi todo el mundo hay consenso que los beneficios de permitir que los niños vayan a la escuela son muy superior a los riesgos. Los niños son menos proclives a contagiar el virus, la tasa de fatalidad es mucho menor que para los adultos, y sufren más las consecuencias psicológicas del aislamiento. Cúales son los riesgos? Qué se contagien y que por ende contagien a sus familiares. Y a sus docentes.

Con respecto a los familiares debieran ser ellos quienes, bien informados de los riesgos, decidan si mandar a sus hijos a la escuela. Como algunos preferieren no hacerlo (por varios motivos, entre ellos el pertenecer a un grupo de riesgo), la educación debe ser mixta, proveyendo contenidos a los chicos que no puedan/quieran ir al colegio. Esto es un desafío para los docentes, del cual estoy al tanto dado que soy profesor universitario.

Pero lo que es inaceptable es que los docentes, a través de sus gremios, impidan el regreso a las clases presenciales. Todos recordamos las imágenes de las primeras semanas de la cuarentena en Argentina cuando por presiones de los gremios bancarios se formaron largas filas de jubilados fuera de las pocas entidades abiertas. El escándalo fue tan grande que los gremios accedieron a flexibilizar su postura.

Prácticamente no hay trabajo que no pueda ser llevado a cabo con las debidas medidas de protección (por ejemplo, los casinos), incluyendo la docencia. Pero en la Argentina no alcanza con barbijos y pantallas protectoras. Los docentes no aceptan retomar sus actividades en forma normal hasta que no haya riesgo cero.

En Argentina la educación está extraviada hace años. Basta ver el revuelo que ocasionaron declaraciones de la ministra del área de la CABA, Soledad Acuña. Hoy La Nación publicó una entrevista que le hizo Mariana Arias en la cual refuerza sus conceptos:

Hasta mitad de año hubo una concentración de poder en las decisiones del Gobierno nacional; las provincias delegamos la toma de decisiones en materia educativa. A mitad de año empezamos a ver que había diferencias entre cada una de las jurisdicciones y que las decisiones tenían que ser distintas; la Ciudad había establecido los datos del contagio, había una respuesta del sistema sanitario muy positiva, no había desbordes, entonces creíamos que necesitábamos dar pasos hacia la presencialidad; en ese momento dijimos ‘déjennos abrir las escuelas para utilizar los espacios digitales’ y ahí empezó la discusión que estuvo signada, por un lado, por la necesidad de controlar todo a un nivel central, y después una cuestión política vinculada con lo sindical. Los sindicatos más importantes, como CTERA, manifestaron desde un principio que no querían que se volviera a la presencialidad por un temor a exponer a los trabajadores de la educación…

Una cosa son los dirigentes sindicales y otra los docentes en general. Los dirigentes sindicales, muchos de ellos, hacen política partidaria; CTERA responde al Gobierno nacional. Una cosa es hablar con actores políticos partidarios y otra cosa es hablar con representantes de los trabajadores…

La enorme mayoría de los docentes de la Ciudad entienden el aula como un espacio de pluralidad, un espacio para enseñar a pensar y tener miradas diferentes, tener pensamiento crítico y tener su propio punto de vista, pero hay un grupo de docentes y dirigentes sindicales que usan el aula como un espacio de militancia.

Un grave problema para los gremios es que con las clases virtuales muchos padres pudieron “ver” lo que se les enseña a sus hijos y, comprensiblemente, montaron en cólera. No hace falta ser votante de PRO o gorila para indignarse con la pregunta multiple choice en la materia Introducción al Pensamiento Científico (sic) del CBC de la UBA: “En el gobierno de Mauricio Macri hubo un retraso científico y tecnológico porque.”

La pregunta multiple choice la leí, junto con las opciones, en una nota de Alejandro Horvat publicada ayer en La Nación, titulada “Adoctrinamiento: fuerte sesgo político en planes de estudio y manuales”. En la misma, como dice la nota, se documentan sesgos inadmisibles en los programas y material pedagógico utilizado en la PBA.

Un recorrido por algunos de los diseños curriculares de la provincia Buenos Aires, que fueron creados durante el gobierno de Daniel Scioli y que aún están vigentes resultan elocuentes. Allí, por ejemplo, enla materia Geografía para los alumnos de cuarto año del secundario, se señala a la “globalización neoliberal” como la causante de la concentración de capital por parte de las potencias económicas y, en efecto, el empobrecimiento de los países periféricos, como la Argentina.

Leyendo la nota lo que más me llamó la atención es que tardara tanto tiempo en ser publicada. Se trata de reformas hechas hace al menos cinco años y la nota describe una educación que se aproxima a la descripción de pésima que no me atreví a poner en el encabezado.

Espero que tanta exhibición e inhibición de los gremios docentes, en un año donde todo cobra más relieve, les termine pasando factura. Que los padres que han empezado a protestar y marchar por el regreso de las clases los bajen de un hondazo.

Y tiro la primera piedra. Porqué no evaluar a todos los alumnos para ver si asimilaron los conceptos del año y pueden pasar de grado/año o debieran repetir? Dicha evaluación debiera ser hecha por una instancia superior al maestro a cargo del curso (pues este no tendría los incentivos a hacerlo en forma imparcial y/o podría ser presionado por los padres para ser parcial).

Conozco casos de familias que tradicionalmente hacen “home schooling” y así es como sus hijos estos días pasaron de grado, con una prueba recibida por mail. Aclaro que tomando en consideración lo excepcional del año, quienes reprueben, y reciban asistencia del Estado, igual debieran de recibir el bono de la AUH.

Pero esto no va a suceder. Decretar que todos pasen de curso es la solución populista que la mayoría de los distritos va a tomar. No es para sorprendernos. Hablamos de la Argentina.


Diez años del blog. Una interna para JxC

04/10/2020

Hoy el blog cumple 10 años. Desde el 4 de octubre de 2010 a la fecha en el plano nacional falleció Néstor Kirchner, Cristina se radicalizó, Macri estuvo al frente de una presidencia fallida, y Cristina regresó al poder con Alberto Fernández.

En términos económicos fue una década perdida. Basta decir que el dólar pasó de cotizar a 3,95 a 77 (el oficial). Se puso un cepo, se sacó, se volvió a poner. Se salió de un default, se volvió a entrar, se reestructuró la deuda hace poco más de un mes sin ganar confianza. El argentino promedio es más pobre que hace diez años.

Hay un paralelismo entre la situación actual y la del año 2000. En ese entonces el país estaba con una situación fiscal insostenible, caída del producto con aumento del desempleo, fricciones en la coalición de gobierno. Me llama muchísimo la atención que el peronismo repita el error de poner ministros de una facción y segundas líneas de otra, como lo hizo la Alianza. Esto genera parálisis en la gestión, un lujo inapropiado en tiempos de pandemia. Finalmente en octubre de 2000, cuando la Alianza se quiebra con la renuncia de Chacho Álvarez, el riesgo país empieza a trepar y a pesar de golpes de timón, como el regreso de Domingo Cavallo al ministerio de Economía, el gobierno de entonces no pudo evitar una derrota electoral en 2001.

El gobierno actual va camino a repetir esta historia, no en forma lineal. Pero tendremos una derrota electoral el año que viene, la fractura de la coalición de gobierno, y la escalada del riesgo país.

La derrota será inevitable, lo que se podrá discutir es por cuanto. La fractura también, porque una o más de las facciones de gobierno verán que tienen más futuro saliendo antes que el desastre se agudice (lo que puede suceder antes o después de las elecciones). Y la escalada del riesgo país ya la estamos viendo, ya que el gobierno tiene cero confianza y ante cada problema coyuntural toma medidas que irritan a los mercados. No pueden controlar sus impulsos estatistas y autoritarios, son como el escorpión que mata la rana en la mitad del río.

Muchos se preguntan porqué Alberto Fernández se radicalizó y mimetizó con Cristina Kirchner. Creo que confiaba que podía construir una transversalidad como la que le permitió a Néstor doblegar a Eduardo Duhalde. Por un lado encontró la resistencia obvia de Cristina. Pero lo más importante es que no logró quebrar a la oposición y sumar aliados extra-PJ (salvo tres diputados). Por eso ahora adhiere, fervientemente, a la lógica de la guerra kirchnerista y busca someter a los “enemigos”.

La pandemia aceleró los tiempos y redujo la capacidad de maniobra de un gobierno que, como confesó ante el Financial Times, no tiene plan. Más allá del mencionado fallo de operar para erosionar a la oposición (vale aclarar que en mi opinión el atropello de Cristina desde el apogeo de la pandemia es porque se siente débil, porque sabe que en este contexto el gobierno va a perder las elecciones y una vez eso suceda todo el mundo le dará la espalda).

Así llegamos al punto central de esta nota aniversario: una sugerencia para ordenar a Juntos por el Cambio (ex-Cambiemos, en las próximas elecciones, cepo mediante, podría rebautizarse Cambio-Cambio con ritmo de arbolito). Ya que como buena coalición de gobierno, está formada por distintas facciones, a veces caricaturizadas como halcones o palomas. A mi me interesa más la distinción entre populistas y fiscalistas (o gradualismo vs. shock), pero hay otros clivajes. Y lo importante es que frente a la lógica de la guerra kirchnerista presenten una lógica del riesgo (Ulrich Beck dixit) que llame a cooperar, superando diferencias, para enfrentar la catástrofe de este gobierno.

Lo primero es que los funcionarios del anterior gobierno realicen una genuina autocrítica, de cara a la sociedad, no en un Zoom cerrado. Y de parte de todos los que cumplieron funciones de relevancia. Pienso en Alfonso Prat-Gay twiteando una foto de las manifestaciones contra el ajuste en las jubilaciones a fines de 2017 como reinvindicación de su gradualismo (en realidad ni siquiera eso ya que es su año como ministro aumentó el gasto). Pienso en Carolina Stanley y su facilidad para dar dinero público como planes sociales en lugar de rediseñarlos para hacerlos más eficientes. Pienso en Esteban Bullrich dando un 40% de aumento a los docentes a los pocos meses de asumir como ministro de Educación destrozando de un plumazo la quimera de la metas de inflación (que haya sido recompensado como candidato a senador por la PBA al año siguiente probablemente sea un ejemplo del “Principio de Peter”). Pienso en todos los que creían que con palabras dulces vendrían inversiones sin un plan consistente de ajuste fiscal y rebaja de impuestos; en aquellos que creían que no había un problema fiscal sino que los desequilibrios mágicamente se arreglarían con crecimiento.

Luego de la autocrítica, la oposición nos tiene que presentar un programa integral de gobierno, para convencernos que los votemos no porque sean anti-K, sino porque saben como sacar al país adelante. Aquí es donde primero necesitamos una interna para JxC ya que no hay uniformidad de criterios. Todavía hay quienes piensan que se puede aumentar más el gasto, y hay quienes opinan que se puede ajustar fuerte y rápido como se hizo sin opción en 2018. Hay que consensuar una “tercera vía”. Por ejemplo, creo que si a los planeros se les da la opción de cobrar 50% más hoy y luego nada después de dos años, o cobrar la mitad por siempre esto separa la paja del trigo y ayuda a los primeros a conseguir empleo. Si las distintas partes de la oposición se sienten representadas en la confección del programa esto servirá para mantenerlas unidas. Y también para ampliar la base de sustentación (desde Ricardo López Murphy a Margarita Stolbizer, incluyendo ciertos gobernadores y dirigentes peronistas en el medio).

Finalmente me parece que es altamente probable que el gobierno intente eliminar las PASO del próximo año. La mejor forma de evitar esta jugada es que la oposición planifique una interna para confeccionar sus listas ante esta eventualidad. Y esto es algo que hay que empezar a pensar hoy ya que se requiere un mecanismo que sea aceptado por todas las partes. Presentar listas conjuntas en un distrito y separadas en otros, decidir cómo agregar preferencias de los votantes donde sea necesario (por sondeos o elecciones, en ambos casos cómo implementarlos, etc.).

Y pensar cómo realizar esta interna ayudará a acercar posiciones y negociar el “programa” mencionado arriba. Hacer que la posibilidad (concreta, real, dado el kirchnerismo) de la eliminación de las PASO termine jugando en contra del gobierno, fortaleciendo la oposición. Y con la oposición fortalecida, se fortalece la posición de quienes no comulguen con el gobierno y estén sufriendo su acoso (jueces, fiscales, prensa, y otros factores de contrapeso).

En definitiva, como la mayoría de los argentinos (porque ya somos más del 50%), quiero bajarle el pulgar a este gobierno que no sabe/quiere/puede resolver nuestros problemas; y que dedica sus energías a liberar a Cristina y sus (ex-)funcionarios de condenas por corrupción que serían inevitables con una Justicia totalmente independiente.

Está en manos de los dirigentes de JxC el darse cuenta que no somos sus votantes cautivos. Y que actuando en su interés, planificando una interna por si acaso, también lo harán por el de todos, al diseñar un programa que nos saque del pozo. Que nos muestren que hay una Economía (y un país) Posible.

EXPOST: En una nota en La Nación, titulada “¿Podrá la oposición capitalizar el desgaste del Gobierno?”, Sergio Berensztein realiza hoy un análisis similar,

El equilibrio de poder podría modificarse significativamente si la oposición evitara la fragmentación, consolidara su funcionamiento interno como una fuerza plural y diversa en términos ideológicos y programáticos, elaborara una autocrítica real y convincente en materia económica y canalizara el mencionado malestar social.

Añade que en caso que la oposición no se divida y triunfe el año próximo esto lo podría traer calma a los mercados, y bajar la fiebre del dólar, en la medida que “el Gobierno perdiera capacidad de daño en materia regulatoria y patrimonial”. Estoy de acuerdo.


Dividir el país en dos mitades: El país económico y el país social

31/08/2020

por Santiago Gallichio

Un país que se metió en un callejón sin salida: así estamos hoy en la Argentina. Nada funciona hace rato y cada intento empeora aún más la situación previa. La única realidad vigente es “la grieta” y no deja de engordar. El país va rumbo al fracaso colectivo crónico e incurable. Cuando una mitad gobierna, la otra se siente ajena, olvidada, desoída. Cuando  finalmente accede al poder por el fracaso de la otra mitad, ésta, ahora en leve minoría, siente lo mismo que sentía aquella
antes; solo espera que cambie nuevamente la tómbola de las mitades desencontradas. Así, tenemos el fracaso asegurado, tarde o temprano. Y decaemos más que ningún otro país en el mundo de manera ya indisimulable.

En esta dinámica estamos desde la crisis de 2001/2002. La crisis de De la Rúa y la convertibilidad (la crisis del 2001), para los antiliberales. La crisis de Duhalde y la patria devaluacionista (la crisis de 2002), para los antiperonistas. Hasta para la crisis tenemos dos versiones. Ahora bien: sin un gobierno que escuche, sea entendido y sea respetado por todos, aunque sea mínimamente, es imposible el éxito de un país. Así sucedió en el período kirchnerista, en el macrista y ahora sigue
sucediendo en el alberto-cristinismo.

Propongo una solución muy sonsa de pensar pero dificilísima de instrumentar: su ventaja es que constituye la única salida posible e imaginable para nuestro país, al menos para la visión de mi limitado intelecto. Aprovechando la comodidad intelectual de vivir en torno de una grieta, a la que todos los argentinos nos hemos acostumbrado con maestría, propongo que dividamos el país en dos.

¡Atención secesionistas: no hablo de hacer 2 Argentinas separadas, una para cada parte de la grieta, no! ¡No se tienten! Hablo de hacer 2 mitades bien separadas dentro un mismo todo. Llamémosle por ahora 2 Mesas o 2 Partes. En cada una dominará una lógica por encima de la otra: no vale venir con lógicas de la otra parte a ésta. A estas 2 mitades las podemos denominar la Mesa Económica y la Mesa Social de la Argentina o como les guste más. Cada una tendrá guardianes políticos provenientes de ambas partes de la grieta de hoy. A la primera se sentarán seguramente los dirigentes de JxC más PRO y a la segunda, los radicales. Por el lado peronista, los gobernadores y el massismo, a la primera, los K dominarán la segunda. Solo para ejemplificar, que nadie se ofenda ni se sienta excluido antes de empezar.

El Acuerdo Divisorio Constituyente (quizá una mesa de consenso para la división resulte atractiva y convocante para los agrietados argentinos), que no requiere de ninguna reforma constitucional (¡atención reformistas ahuyenta no-reformistas, no se tienten ustedes tampoco!), se limitará a delinear los siguientes parámetros. Por el lado económico, tendremos que poner un “corralito político protector” para el 50% del PIB que conforma el sector privado productivo, consistente primordialmente en la certeza de que lo definido en el Acuerdo no se cambiará por los siguientes 15 años. Acuerdo impositivo (solo doy un ejemplo simple para que se entienda la idea): eliminación de impuestos distorsivos (ingresos brutos e impuesto al cheque y retenciones, éstas tal vez gradualmente) a cambio de incrementar IVA y ganancias y bienes personales, de manerainicial, para compensar; simplificación laboral contra juicios y limitación de las indemnizaciones a un máximo de 4 salarios; mercado de capitales libre y compromiso de no inflación, con manejo de
Banco Central incluido.

Estas medidas se calibrarán consensuadamente al inicio entre los técnicos guardianes de ambos lados, de modo que con lo que se estime recaudar se pueda financiar la Mesa Social inicial. Una vez que se ponga en marcha, la dinámica será la siguiente: todo el crecimiento de la recaudación derivado del crecimiento económico producido por la Mesa Económica del país se volcará a la Mesa Social en el promedio de crecimiento del PIB. El resto, se reducirá de la carga impositiva para
el siguiente año. Por ejemplo: si el sector privado de la economía crece un 5% y el sector social crece 0%, como el PIB lo comportan ambos por mitades (el sector público hoy es aproximadamente el 50% del PIB), el crecimiento del PIB será del 2,5% ese año. Entonces, la Mesa Social el año siguiente recibirá el 2,5% más de recursos que el año anterior. Esto significará para la Mesa Económica una rebaja de la carga impositiva. En la medida que crece el sector privado, reduce su aporte al sector social, pero éste siempre crece, año a año.

La Mesa Social se especializa en la distribución de los recursos entre los distintos sectores necesitados. Establece los criterios de distribución, pero sin avanzar sobre más recursos económicos de los que se acordaron desde el inicio, los que serán crecientes. No valen impuestos de emergencia, cambios de reglas de juego, emisiones descontroladas, es decir, todo lo que espanta inversiones e impide el crecimiento.

Y por último: reglas para que parte de los beneficiarios de la Mesa Social se puedan ir tentando y pasando a la Mesa Económica del país: seguirán recibiendo recursos de la Mesa Social durante uno o dos años, si consiguen trabajo en la Mesa Económica, de modo que para ésta será atractivo tomarlos a un costo inicial reducido, capacitarlos y, recién al final, absorberlos totalmente.

Este es el único camino, con las variantes que quieran. Si no ponemos a salvo la Mesa Económica, tendremos cada vez menos recursos para la Mesa Social, y perdemos TODOS. ¿Cuál es la dificultad? Simplemente, ponernos de acuerdo. Este acuerdo lo deben firmar expresamente y de cara a toda la sociedad los 15 o 20 políticos de cada sector que tengan relevancia y sean posibles candidatos a los principales cargos públicos durante los próximos años. Solo para ser claro en lo que estoy pensando: por el peronismo-kirchnerismo, Alberto, Perotti, Schiaretti, Manzur, Massa, Kiciloff, Máximo, De Pedro, Solá, Guzmán, Katopodis, Kulfas, Pesce, Béliz, Recalde, Mayra Mendoza, etc.; por JxC, Cornejo, P. Bullrich, Morales, Carrió, Lousteau, Larreta, Sanz, Negri, Naidenoff, E. Bullrich, Macri, Vidal, Iglesias, etc.

Cristina seguramente no querrá firmar este acuerdo, pero ella será el pasado cuando esto se logre. Máximo o Kiciloff, ¿querrán? Será difícil, pero no imposible. ¿Macri tiene que estar? Todo el que quiera estar es bienvenido, si es relevante, incluso Macri y Cristina. Los guardianes de cada Mesa serán los dirigentes de cada partido que se sientan más capaces de defender una o la otra. Imagino como guardianes de la Económica a Guzmán, Kulfas, Schiaretti, Perotti, Massa, por un
lado, y a Cornejo, Lousteau, Macri, P. Bullrich, por otro. Y de la Social a Máximo, De Pedro, Mendoza, por un lado, y a Vidal, Carrió, Morales, por otro. Son todos ejemplos al azar, para que secomprenda la idea.

Reflexión final: lo único en lo que estamos todos los argentinos de acuerdo es en que estamos muy mal. Tenemos ideas muy diferentes de las causas de este malestar, pero nadie está a gusto como estamos hoy. También nos unen varias afinidades sociales y culturales, que solemos olvidar o menospreciar, pero que están muy claras y evidentes cuando nos podemos relajar y compartir momentos de amistad, y esto últimamente no pasa casi nunca: estamos superados por la crisis. Creo que lo único que nos separa de nuestro posible bienestar es la incapacidad de ponernos de acuerdo en cuestiones básicas. Es importante recordar que, para lograr el bienestar, no hace falta esperar 20 años: cuando recuperemos un camino en común, como el que tuvimos entre 1983 y 2000, ya sentiremos el alivio y la felicidad de estar de nuevo en una senda compartida. El crecimiento viene solo si dejamos de pelear. El talento y los recursos están. Falta el acuerdo.


Demoledor monólogo de Carlos Melconián

23/07/2020

Me hicieron llegar el link al audio de una entrevista que Marcelo Longobardi le hizo hoy a Carlos Melconián con el siguiente comentario: “divertite y escuchá como le dió con un caño a Guzmán”. Al mismo tiempo vi que La Nación había recogido extractos de la nota titulando con un “No me lo banco porque miente”. Y no me pude resistir.

Recomiendo encarecidamente escuchar (y reescuchar) lo que en lugar de una nota terminó siendo un impecable monólogo de 25 minutos. Tremendo. No solo lo demuele a Guzmán, sino también a toda la elite que nos gobernó (al menos en este siglo) llevándonos en principio lentamente, luego más rápidamente, y ahora en forma vertiginosa a la mediocridad y la irrelevancia.

El remate es una pregunta retórica, “Jodemos con los hospitales, los hospitales, los hospitales. Dónde se atienden después los funcionarios? En qué hospitales?”


La flecha del tiempo

09/06/2020

La flecha del tiempo es un concepto de la Física que nos dice la dirección que el mismo registra y que va sin interrupción desde el pasado hacia el futuro. Es decir, cuando nos vayamos a dormir hoy, martes, sabremos que mañana será miércoles. Excepto en Argentina, donde es posible que vuelva a ser martes, o incluso que sea lunes.

En la última entrada del blog dejé registro que el presidente Alberto Fernández había perdido toda mi confianza. Eso fue a fines de abril. A la fecha no ha tomado una sola medida que valga la pena rescatar. Pero el colmo se dió ayer con el anuncio de la intención de estatizar la aceitera Vicentín que se encuentra en concurso de acreedores.

Primero las cosas obvias. Según la legislación vigente solamente el juez que administra el concurso puede nombrar un interventor. Como en Argentina las leyes valen poco más que el peso (de paso, porqué tanto escándalo con poner a Ramón Carrillo en el nuevo billete de $5000 si en menos de veinte años lo vamos a tener que cambiar por una moneda?), el gobierno anuncia que un tal Gabriel Delgado va a ser el interventor como quien anuncia la extensión de la cuarentena por otros 80 días (de esto último me ocupo más abajo).

Segundo la idiotez. El presidente dijo que es una medida que sirve para lograr la “soberanía alimentaria” y que es necesario crear una “empresa testigo”. Si hay algo en que la Argentina es campeón del mundo es en productividad agropecuaria. Si con las trabas que pone el gobierno (retenciones, desdoblamiento cambiario, superposición de impuestos, etc.) el campo argentino le puede vender al resto del mundo es porque es el único sector de primer nivel que tenemos. Qué mal que está el país que su presidente no sabe lo obvio!

Tercero la desidia. Detrás de esta idea naturalmente están los kirchneristas que quieren que seamos Venezuela ya. Que todavía les duele que el campo les haya torcido el brazo en el 2008, y que si en algo son buenos es en montar el Ministerio de la Venganza. Cuando desde el oficialismo se habla del regreso de una Junta de Granos parece que mañana será lunes. Ojalá la oposición pueda trabar este proyecto en el Congreso. Ojalá.

Cuarto las consecuencias. Las empresas argentinas que cotizan en Nueva York están cayendo hoy hasta un 10% (ver nota en La Nación online). Y era de esperar. Recordemos que el país está tratando de renegociar su deuda pública, pidiendo un período de gracia para no pagar ni intereses ni capital por unos años. Y al mismo tiempo decide una expropriación sin sentido económico en el medio de la crisis del coronavirus. Qué tipo de política económica imaginan los acreedores e inversores que habrá en el país en la pospandemia? Una racional de crecimiento económico basada en el sector privado que genere empleo (y así reduzca subsidios y por ende el déficit fiscal), producción y exportaciones (y así genere los dólares para pagar la deuda)? O una populista de estatizar todo y que el 90% de los argentinos sigan dependiendo del Estado? Que alguien le avise a Martín Guzmán que todavía está a tiempo de renunciar y resguardar su reputación.

Dejemos a Vicentín de lado y vayamos a un ejemplo de que mañana es hoy: la cuarentena. Comenzó el 20 de marzo, y ya sabemos que va a durar, en el area metropolitana, al menos tres meses. El problema es que no se tomaron las medidas en este tiempo para poder levantar la cuarentena en forma eficiente, es decir con un aumento en la actividad económica sin aumentar la circulación del virus. No se entiende como no se montó una estructura para testear masivamente, aislar a los infectados, y seguir a sus contactos. Es la estrategia, que con matices, se sigue en todo el mundo.

Para esta estrategia se necesitan tres elementos: tests, personal, e inteligencia. Tests se pueden comprar. Y en el país nos pavoneamos con el desarrollo de uno por parte de investigadores del Conicet (aquí nota de hace dos semanas en la BBC sobre el mismo). O sea que primer elemento está, o debiera estar.

Personal? Creo que sobran empleados públicos y planeros que se podrían dedicar a esto. Por qué no lo están haciendo? Imagino que con respecto a los primeros los sindicatos quieren proteger su salud (como vimos hicieron los bancarios amontonando a jubilados a principios de abril en la puerta de las pocas sucursales abiertas). Los segundos quizás no puedan, no sepan, no quieran trabajar. Ok, segundo elemento quizás más difícil.

El verdadero problema es el tercero. Que falta inteligencia se pudo apreciar cuando hace unas semanas en la Ciudad de Buenos Aires se comenzó a realizar más testeos y permitir la apertura de ciertos negocios, es decir adoptar las políticas del primer mundo para salir de la cuarentena. Los intendentes peronistas del conurbanos estallaron porque ellos no podían tomar las mismas medidas. Por un lado no habían tomado recaudos para comenzar los testeos, y por otro lado si testeaban no sabían que hacer con los infectados. Qué pasó? Que siguiendo una tradición muy argentina se decidió nivelar hacia abajo y Horacio Rodríguez Larreta tuvo que dar marcha atrás con ciertas medidas y frenar la reapertura en la Ciudad.

En conclusión estimado lector, cuando mañana se despierte preste atención si le ha tocado hacerlo en lunes, martes, o… miércoles! Argentina potencia.


Fuera del Mercosur, Argentina va al default

30/04/2020

La semana pasada la Argentina anunció que abandonaba las negociaciones de tratados de libre comercio del Mercosur con la excepción del acuerdo con la UE. Vale notar que no se abandona este último no porque haya voluntad de firmarlo: Nunca el presidente Fernández lo incluyó en la agenda legislativa ni el Congreso lo trataría si decidiera funcionar (que el Congreso no sesione es otro ejemplo de como el kirchnerismo destruye instituciones, casi al nivel de excarcelar presos comunes y violentos).

Se “respeta” el acuerdo con la UE pues negarlo implicaría que Brasil, Paraguay y Uruguay abandonarían el Mercosur inmediatamente para formar una nueva unión sin nosotros. No nos engañemos.

Los analistas coinciden en que esta decisión constituye un grosero error (ver notas de Carlos Pagni y Luis Miguel Etchevehere en La Nación hoy), ya sea porque el país tenía derecho de veto y podía permanecer en la mesa de negociaciones con una postura dura, o porque el país no explota los beneficios de firmar el acuerdo con la UE, como ser la llegada de inversiones desde Europa, que ayudarían a encauzar la recuperación económica post-pandemia. 

Ahora, por qué digo que salir (de hecho) del Mercosur nos lleva al default? La propuesta de renegociación de la deuda que presentó la Argentina básicamente implica no pagar casi nada por cinco años. De manera que los acreedores pueden pensar estratégicamente que pasaría con el país si se niegan a acordar y fuerzan un default. En un escenario donde el gobierno es pragmático y recurre a acuerdos comerciales para suavizar el impacto negativo del default este es menos costoso que en un escenario dogmático en el cual el gobierno anuncia que se cierra al mundo.

Es decir, que salir del Mercosur les dice a los acreedores que ir a un default le resultaría al país muy costoso. No sería ello perjudicial a sus intereses de eventualmente cobrar lo que se les debe? Sí, si suponemos que el kirchnerismo se eterniza en el poder. Pero si conjeturamos que la crisis económica de un default potenciado al aislarnos del mundo, sumado a errores groseros como la mencionada excarcelación de presos (atención al super-cacerolazo que habrá hoy), terminará con Fernández y Fernández subidos a un helicóptero la ecuación se revierte.

Y no es necesario que el gobierno colapse (menciono lo del helicóptero como una obvia chicana para repagar en la misma moneda el trato que el kirchnerismo le dió a Cambiemos). Como mencioné la propuesta de renegociación implica no pagar nada hasta el final del mandato de Fernández y luego muy poco. Si las torpes acciones de este gobierno resultan en un probable, o muy probable, retorno de un gobierno más aperturista y pragmático en 2023, para qué acordar hoy?

Creo que el gobierno hizo el razonamiento inverso. Anunciar medidas horribles que aseguren que la Argentina seguirá estancada pensando que eso convencerá a los acreedores de aceptar el recorte propuesto (quizás pensando revertirlas luego de renegociar la deuda, quizás, pero el ADN del kirchnerismo es incompatible con la apertura económica). Pero no están contando con que el 41% del año pasado puede no ser el techo de la oposición, sino su piso. Y los acreedores quieren hechos y no palabras y los hechos son horribles.

El presidente Fernández en las últimas semanas perdió todo mi crédito, así que espero siga equivocándose y cave la fosa donde entren tanto él como el resto del kirchnerismo. Y que lo haga rápido para que el resto del país, el que produce y el que quiere producir pero no puede, puedan dar vuelta a la página y sacar al país del estancamiento.

Termino la nota compartiendo este link a una petición en contra de la liberación de presos de Change.org que lleva al momento casi medio millón de firmas. Es la primera vez que firmo una de estas peticiones. Viendo como actúa este gobierno presiento que no será la última.


Coronavirus y asimetrías Norte-Sur en Europa

22/04/2020

A principios de marzo en ciertos círculos de política europea se empezó a sugerir el uso de eurobonos para financiar los paquetes de ayuda económica que se estaban diseñando para enfrentar la inminente recesión. Para hacerlos más digeribles se los denominó coronabonos y en la semanas que siguieron se dió un debate entre los países del sur del continente, Italia, España, y Francia, y los del norte, Holanda y Alemania.

Los primeros argumentan que el coronavirus es un shock que ha afectado a todos los países de la UE por igual y que si bien es cierto que en algunos apareció primero (Italia) y otros no parecen tener el sistema sanitario a la altura de las circunstancias (España), no se los puede culpar por la situación económica en la que se encuentran y que si la UE no es solidaria (palabra que eriza los pelos del 41% de los argentinos) va camino a la irrelevancia.

Los segundos dicen que estos países se podrían haber preparado mejor, pero la realidad es que no quieren mutualizar los gastos sabiendo que son los que van a tener que poner el dinero. Y no debe haber sido casualidad que Alemania anunciara un endeudamiento masivo por 750.000 millones de euros el 23 de marzo cuando los cantos de sirena por los coronabonos se empezaban a oir con fuerza. Tuvo los visos de una medida preventiva del tipo “yo ya me endeudé, no me pidan más”.

La realidad es que el Norte de la UE no va a sufrir tantos costos económicos como el Sur, y es por esta razón que el coronavirus no es tan “simétrico” como lo describen en España. Porqué? Pues porque, como vengo diciendo desde mi primera nota sobre la pandemia, uno de los sectores más afectados va a ser el turismo, y en la UE los flujos de turistas suelen ser del Norte al Sur.

Va a llevar tiempo para que la gente quiera salir de vacaciones, no solamente por una cuestión de costos, sino porque varios de los destinos turísticos se caracterizan por la masividad: uno va para ser uno de una masa, y esto deja de ser atractivo por un tiempo. Las playas españolas son de los destinos europeos que más van a sufrir.

Los cinco destinos que más turismo reciben del resto del mundo son EEUU, China, Francia, España e Italia. Para los tres últimos, dado su modesto tamaño (relativo a los dos primeros), este shock será muy importante. Y de hecho así como el turismo explica porqué estos tres países van a estar entre los más afectados en la UE, también explica porque fueron aquellos donde la pandemia se manifestó primero: turistas de China contribuyeron a distribuir el virus en los primeros meses del año.

De manera que se entiende que Alemania, Holanda y otros países del Norte de la UE no quieran pagar los costos para que sus vecinos del Sur, a los cuales suelen visitar en verano (pero no este año), puedan superar la recesión que será muy grave. Es por ello que en lugar de mutulizar los costos (buena idea pero que deberá esperar a que el continente se recupere y se acuerde como un seguro y no un rescate), se está acordando usar mecanismos de rescate mediante la concesión de préstamos reembolsables. Claro que para países muy endeudados como Francia, España e Italia esto pueda ser una victoria pírrica. Los interesados pueden leer esta nota de hoy en El País, sobre una cumbre de la UE mañana, y la discusión de como proveer la ayuda. Pues ayuda habrá.

Al margen, la semana pasada terminé de escribir junto con Dirk Niepelt un trabajo sobre la intensidad y duración óptimas de una cuarentena (calibrado para EEUU). Esta semana salió publicado en la séptima edición de Covid Economics, una revista de difusión en tiempo real de investigación económica relacionada a la pandemia. Entre los resultados encontramos que cuanto más rural y benigno el clima de una región (y por ende menor sea la tasa de infección) y cuanto mejor sea su infraestructura hospitalaria, más corta y menos intensa puede ser la cuarentena. Que el lector infiera como extrapolar estos resultados para la Argentina.


Mayor de 70 años? A la cárcel!

19/04/2020

En el mundo se está considerando recomendar, u obligar, a los mayores de 65 o 70 años que permanezcan confinados en sus casas más allá de lo que dure la cuarentena para el resto de la población. Ocurre en Europa donde la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, sugirió que recién salgan en Navidad (supongo para hacer de Papás Noel). Lo propuso en Francia Emmanuel Macron, teniendo que recular dada la reacción negativa que enfrentó. Y Angela Merkel, hablando desde un país que tiene una infraestructura sanitaria superavitaria que le permite sermonear, dijo que le parecía inaceptable desde un punto de vista ético confinar a los ancianos.
En Argentina no hay una sugerencia similar a nivel nacional, pero el jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, implementó restricciones a la movilidad para los mayores de 70 años. Está excelente la nota de José Claudio Escribano hoy en La Nación, dirigida a Larreta. Copio los siguientes párrafos:

Si fuera abogado del jefe político del distrito capital aceptaría la imputación de que del decreto de Rodríguez Larreta emana una voluntad sobreprotectora de los mayores. Sin duda, aunque de efectos incómodos, y hasta ofensivos para quienes anteponen el valor de las libertades personales y de la igualdad de la Constitución a otras cuestiones. Pero en el espíritu de la controvertida decisión, diría el hipotético defensor, la protesta aborda un punto secundario en relación con el objetivo principal que se propuso el gobierno de la ciudad.

El 85 por ciento de los casos registrados por la pandemia afecta a quienes están por encima de los 65 años. Eso quiere decir que si no se los confina integrarán la ola de pacientes llamados a ocupar más camas en los hospitales y sanatorios y, sobre todo, a requerir eventualmente más respiradores. Ahí está la madre del borrego, a la que habría que haber presentado sin disimulo: la medida preventiva ha sido dictada más en beneficio de los jóvenes que se infecten que por consideración a los viejos.

Lo que Escribano no pregunta, quizás no se anima a preguntar porque es contencioso, es que el beneficio al que hace alusión será para los jóvenes del conurbano. No se si hoy en día se reciben enfermos del Covid-19 de otras jurisdicciones en hospitales de la Ciudad, pero sobre lo que no me cabe duda es que cuando la pandemia impacte en el conurbano (algo que inevitablemente ocurrirá) dada su deficiente infraestructura se intentará enviar enfermos a la Ciudad. De manera que Larreta está pidiendo “solidaridad” de sus votantes ancianos hacia los ciudadanos de la provincia de Buenos Aires. Y no lo está explicando. No está diciendo, por ejemplo, que es parte de un acuerdo con el gobierno nacional para evitar un recorte de coparticipación, o una intervención federal del sistema sanitario de la Ciudad. Nadie se lo está preguntando. Y debería rendir cuentas ante sus votantes, como corresponde en una democracia republicana.