Escuelas tomadas

Recientemente hemos asistido a la toma de una treintena de colegios secundarios en la ciudad de Buenos Aires. El análisis imparcial del desarrollo de los eventos indica que hay un motivo genuino detrás de la protesta, así como también una intención espuria de magnificar el conflicto y dilatar su resolución. En lugar de agregar una opinión más sobre la responsabilidad del gobierno de la Ciudad o el oportunismo del gobierno nacional, propongo que tratemos de analizar la situación desde una perspectiva más amplia. Y el punto que quiero resaltar es que el reclamo de los estudiantes es por una cuestión de forma, el estado físico de las escuelas, y no por una cuestión de fondo: el valor de la educación que reciben.

A pesar de la fantasía expresada por ciertas personas que se puede “vivir con lo nuestro” la realidad es que formamos parte de un mundo cada día más globalizado. La creciente integración genera un fuerte desafío social pues las naciones que no sean capaces de mantener altos niveles de competitividad están condenadas al retraso económico. Si uno es genuinamente progresista y le preocupa la distribución del ingreso no puede dejar de mirar la evolución de la riqueza del resto del mundo. Y claramente la Argentina se caracteriza por un deterioro secular en su ingreso relativo (sin entrar a polemizar sobre el momento exacto en que este deterioro comenzó, o qué tan concentrada estaba la riqueza durante el primer Centenario).

En los países desarrollados se considera que quienes logran completar el secundario tendrán cada vez menores oportunidades laborales, y se estudian mecanismos para enriquecer el secundario e incentivar la educación terciaria. En la Argentina en lugar de movernos en esta dirección pareciera que el conocimiento promedio de quienes terminan el secundario involucionara. En efecto, no solamente no logramos enseñar las nuevas habilidades que se requieren, sino que fallamos en enseñar conocimiento básico. Como profesor universitario, con más de diez años de experiencia, año tras año noto un marcado deterioro en las habilidades lógico-matemáticas de los ingresantes, así como también en su capacidad de expresión oral y escrita.

Esta no es solamente una apreciación subjetiva. De 15 países latinoamericanos que realizaron evaluaciones rigurosas de calidad educativa en los años 2000 y 2006, la Argentina tuvo la peor performance relativa, y en términos absolutos el desempeño en comprensión lectora disminuyó un 10%. Lo peor es que, según el Centro de Estudios en Políticas Públicas, las evaluaciones realizadas en nuestro país no señalan contenidos ni competencias sobre los cuales sería necesario trabajar para que los alumnos mejoraran sus aprendizajes. Así presentada, la información no sirve ni a los maestros, ni a los políticos.

En conclusión, la Argentina no está proveyendo a sus jóvenes de la educación que estos necesitarían para afrontar con éxito los desafíos del mercado laboral del mañana. Si por cuestiones edilicias los estudiantes toman las escuelas, de advertir esta realidad más dramática el mecanismo de protesta que emplearían haría quedar a los Moyano como señoritos ingleses. (escrito el 13/9/10)

(agregado el 4/10/10) En un nuevo libro, “Basta de historias“, Andrés Oppenheimer analiza las falencias de los sistemas educativos en América Latina. En La Nación (26/9/10) se publica un fragmento sobre el deterioro de la Universidad de Buenos Aires. Y en el último número de The Economist (2/10/10) se puede advertir que no es un problema exclusivo de nuestro país. Citando una nota editorial:

The “jobless recovery” is finally bringing home to Americans the fact that too many of those who go through its schools are incapable of earning a decent living in an increasingly competitive global economy.

Martín

Coincido en que empeoraron las capacidades de expresión oral y escrita. Sin embargo, me llama la atención lo respetuoso que son los chicos en clases (universitarias). Creo que en este punto incluso hay avances en comparación a nuestra generación. En el caso de las escuelas tomadas he visto más dogmatismo y falta de respeto en los comentadores adultos que en los estudiantes que lideran la protesta. En educación hay mucho por hacer, pero por suerte, la base (por ahora) está. S.

Los comentarios están cerrados.

A %d blogueros les gusta esto: