Los caminos al crecimiento económico

Aclaremos de entrada que esta nota no es sobre la Argentina. Está basada en un extenso informe especial de la última edición de The Economist que se pregunta cómo crecer (los países desarrollados). Y como bien dijo Robert Lucas, una vez que uno empieza a pensar sobre el crecimiento es difícil pensar en otra cosa.

La serie de notas que componen este informe resume una controversia de política económica que tiene lugar entre quienes proponen mantener estímulos fiscales para sostener la demanda en el corto plazo (como nuestro amigo Paul Krugman, que en esta nota de hoy en el NY Times además trata de sesgar el gasto público en su beneficio), y quienes promueven reformas estructurales, en particular desregulación en mercados de servicios, para incrementar la oferta en el largo plazo.

Acertadamente el Economist mantiene una postura intermedia en la cual le da razón a ambas partes, enfatizando que no deben ser vistas como alternativas, sino como estrategias complementarias. Además al remarcar las diferencias entre países reconoce que no hay una receta única. Mientras Grecia está forzada, por la UE y el FMI, a tomar medidas drásticas para aumentar su productividad de largo plazo, Irlanda y España no pueden evitar una contracción fiscal por temor a perder la confianza de los mercados de capitales.

Mi contribución a este debate es notar que hay mecanismos que vinculan ambas políticas, en particular que una política de ajuste fiscal puede resultar en un aumento de la productividad de largo plazo. Y no me refiero a la discusión abierta por Alesina y Ardagna, que en Economic Policy en 1998 documentaron que las contracciones fiscales tienen efectos expansivos (dicho sea de paso, en el informe el Economist cita un estudio de este año del FMI que cuestiona este resultado).

En un trabajo reciente, escrito junto con Dirk Niepelt, encontramos que para países de la OECD el envejecimento poblacional resulta en un incremento de la tasa de crecimiento de la productividad de cuatro puntos básicos por década, si se permite que la edad de jubilación aumente con la esperanza de vida. Si por el contrario, los trabajadores se siguieran retirando a la misma edad, la productividad seguiría creciendo a la misma tasa, pues el envejecimiento llevaría a un fuerte aumento en los impuestos de la seguridad social y una reducción en la inversión pública en educación e infraestructura. Como se ve, se pueden matar dos pájaros de un tiro.

Martín

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