La red de subtes

Que el servicio de subtes en la ciudad de Buenos Aires deja mucho que desear no es una novedad. Los usuarios de la línea B sufrieron en el día un paro de doce horas y se vieron en figuritas para movilizarse. Pero hoy no voy a hablar sobre los conflictos gremiales en este servicio, sino de la racionalidad de las extensiones de subte, en marcha o propuestas.

Ya es sabido que extender las líneas B o D lleva a que el factor de compresión humana dentro de las formaciones bata récords (los trenes de India nos superan, pero no por mucho), pues la frecuencia de servicio sigue siendo la misma. Y también es sabido que el costo de construcción de una línea de subte es enorme, una de las razones para probar con los buses rápidos (BRT por bus rapid transit, aquí llamado Metrobus), que esperamos pronto puedan implementarse en la Avenida Juan B. Justo.

El gobierno de Macri anunció recientemente que quiere hacer la línea G (así denominada en el plan Cóndor de 1957, el último plan global pensado para la red), a un costo de US$ 1500 millones contratando una empresa china. Más allá que este último detalle abre sospechas sobre cuál es el verdadero Macri detrás de la idea, la realidad es que la línea G es poco útil pues se superpone casi totalmente (por tramos) con las líneas B, D y H, una vez que ésta última esté terminada y llegue a Retiro.

El único punto de racionalidad de la línea G es que recorre una zona densamente poblada, pero como dije anteriormente, su recorrido está “cubierto” por líneas existentes o en desarrollo. Sería mucho más eficiente pensar soluciones que permitan que las líneas B y D dupliquen la cantidad de pasajeros que pueden transportar por día. Ideas posibles son alargar los andenes (y cantidad de vagones por formación), y aumentar la frecuencia del servicio. Las inversiones necesarias para estas dos propuestas deben ser, aproximadamente, de entre el 10 y 20% del costo de la línea G (y no hace falta aclarar que en general el costo final suele ser sustancialmente superior que el presupuestado para este tipo de obras).

La línea H, que está en construcción, es ejemplificadora de la forma en que se toman decisiones de políticas públicas en el país. Quien quiera divertirse un rato puede leer la ley 317 de la Legislatura aprobada el 14/12/1999. La misma cuenta de cuatro artículos (sin contar el “comuníquese, etc.”), y los considerandos, además de referirse al mencionado plan Cóndor, solamente hablan de la utilidad de la línea para conectar distintos puntos de la Ciudad, desde la Estación Nueva Pompeya a la Estación Retiro. No hay ni una sola palabra a otros impactos que pueda tener la construcción de la línea de subte. En particular no se menciona que al conectar una zona residencial con el resto de la red, permite que quienes vivan en dicha zona puedan movilizarse más fácilmente a sus trabajos en el centro. Y poder llegar rápido al trabajo es la cualidad más apreciada del subte, y hace que se valore vivir cerca de uno.

Efectivamente, ningún legislador parece haber reparado en que la construcción de una línea de subte es una valiosa herramienta de planificación urbana. Bien pensada, con esa inversión uno puede “dirigir” la actividad privada de construcción a determinadas zonas residenciales (por ejemplo la extensión de la línea B fue acompañada de un boom inmobiliario en Villa Urquiza, aunque dudo haya sido “planeado”). Y por supuesto que el caso de la línea H no estuvo bien pensado. Basta ver un mapa del código de planeamiento urbano de la Ciudad para notar que en la zona por donde pasa actualmente la línea H no está permitido construir edificios de más de 10 metros de altura (reflejando la poca estatura intelectual de nuestros legisladores).

Martín

Me parece correcto el trazado de la línea H, aunque no se puedan construir edificios altos. Las líneas transversales ayudarán mucho a descongestionar el tráfico hacia el centro. Todas las líneas deberían llegar al menos hasta la General Paz. S.

3 respuestas a La red de subtes

  1. mgeiras dice:

    Que el trazado sea correcto no es el punto. Supongo que el plan Cóndor de 1957 y el plan original de 1907 consideraron que era bueno tener líneas transversales. El tema es el manejo de las políticas públicas (y su administración) como compartimentos estancos, cuando las repercusiones de “equilibrio general” de una obra como una línea de subte nueva son enormes.

  2. Manuel dice:

    Hola Martín…
    fui alumno tuyo en el San Andrés. No concuerdo con esto: “la línea G es poco útil pues se superpone casi totalmente (por tramos) con las líneas B, D y H”. Si el problema es la “compresión humana dentro de las formaciones” entonces la construcción de nuevas lineas que sirvan a los mismos pasajeros ayudará a disminuir la compresión. Y obviamente al no pasar por el exacto mismo lugar sirve a nuevos pasajeros disminuyendo la compresión en colectivos.

    Saludos.
    Manuel.-

    • mgeiras dice:

      Manuel, en otro tramo de la nota explico que con una inversión mucho menor se podría duplicar la capacidad de transporte en las líneas B,D, y eventualmente H. Esta inversión consiste en ampliar los andenes (especialmente alargarlos), y agregar coches a las formaciones. Ya la línea D está realizando inversiones para poder aumentar la frecuencia del servicio.

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