El riesgo de bilardismo económico

Lo único que importa es el resultado. Tal sería la simplificación de la filosofía bilardista utilizada para defender el cuadro actual de situación económica. Bajo este paraguas, no hay discusión ni debate posible. La economía argentina crece a un ritmo cercano a los dos dígitos mientras los países desarrollados siguen en un prolongado letargo, el consumo atraviesa el boom más importante en una década y la inversión pública lidera a la privada para que el motor siga dando vueltas.

Pero el tiempo económico no se reduce a noventa minutos, ni siquiera a los cuatro años de un período presidencial, y por eso la película acostumbra ser más importante que la foto.

De hecho, con el mismo argumento resultadista se defendió el tipo de cambio fijo que culminó en un fracaso retundo. Los años 1996, 1997 y 1998 mostraron índices de crecimiento alentadores y su mentor, Domingo Cavallo, quedó tercero en las elecciones presidenciales de 1999 sumando dos millones de votos (más del 10%).

La historia enseña que cantar loas al resultado es un sinsentido. Cuando el referí marca el final de un partido, solo queda ir a los vestuarios. En cambio en economía siempre hay un tiempo más. De allí surge el pecado de inconsistencia, como se le dice ahora, o prosperidad ficticia, como lo llamó el joven Raúl Prebisch en 1921. Esto ocurre cuando un modelo o esquema macroeconómico solo funciona bajo condiciones transitorias determinadas. Es decir, en épocas de vacas gordas.

Veamos otras similitudes con los noventa:

  • La convertibilidad resistió crisis externas, como el Tequila (con alto costo social), las crisis asiática y rusa (mejor que la primera). Por lo tanto, resistir crisis internacionales de por sí no es garantía de nada.
  • Privatizaciones antes, ANSeS ahora. El financiamiento de gasto corriente con stocks tiene patas cortas.
  • Condiciones externas favorables, bajas tasas de interés y flujo generoso de capitales a países emergentes. Si la tasa internacional subiera un par de puntos, la provincia de Buenos se hubiera endeudado al 14%, en lugar del 11,75%. Más caro que en 2000.
  • Riesgo de una devaluación del real que presione al peso (como en 1999). La reciente llamada de atención sobre una guerra de divisas (ver nota de Martín) que hizo Guido Mantega tiene sobrados antecedentes.
  • Desacuerdos sobre el déficit real de la economía. Menem no dejó las cuentas claras: recursos vinculados a la venta de YPF se tomaron como ingresos corrientes. Hoy se computa hasta la diferencia de cambio de los títulos públicos que tiene el BCRA y los DEG del FMI. Si en 2011 asume una nueva administración, ¿cuál será el déficit que manifestarán heredar?

No hay ánimo agorero en esta nota: estamos lejos del escenario de 2001. Pero defender un esquema basándose exclusivamente en un resultado parcial es cuestionable, incluso en el fútbol.

Santiago

El “modelo K” se quebró en 2007 cuando se infló excesivamente el gasto para ganar las elecciones y luego se intentó expropiar al campo para pagar la cuenta. Es el equivalente a la devaluación del real en enero de 1999, con la diferencia que el shock que hace ficticio el esquema macro actual fue del “padrastro” del modelo. Mientras persista el contexto internacional favorable, y no veo razones para que cambie, el próximo gobierno tendrá margen de maniobra para corregir las inconsistencias macro con políticas gradualistas. M.

4 respuestas a El riesgo de bilardismo económico

  1. schelala dice:

    No creo que el modelo K esté quebrado. De lo contrario no se podrían resolver sus problemas con políticas graduales. Si persiste un excesivo optimismo en que no cambiarán las condiciones externas. Me pasé todo 2006 y 2007 escuchando presentaciones sobre “soft landing” (ja!). Y 2008 sobre “decoupling” (jaja!). Hay que encontrar bases sólidas que sean todo terreno.

  2. mgeiras dice:

    Dentro de la lógica del modelo no es posible hacer una corrección gradual. Pero levantando las restricciones auto-impuestas, por ejemplo, la negación a inspecciones del FMI y a negociar con el Club de París (ambas están relacionadas), se amplían los márgenes para hacer cambios sin necesidad de una maxi-devaluación. Como dicen los yankies, hay que pensar fuera de la caja.

  3. Coincido con el segundo comentario.
    También hay un montón de subsidios que se podrían eliminar o modificar afectando “poco” la demanda agregada. Un claro ejemplo son los subsidios a la electricidad. Hay un gran número de hogares de alto poder adquisitivo que no están usando ese subsidio para consumir, sino para ahorrar. Me pregunto si se les bajaran esos subsidios, suponiendo que se puede hacer, discriminándolos de los que sí los usan para consumir, cuánta sería la disminución del consumo de este grupo? Creo que baja.

    Otro ejemplo es el mercado de la carne, desde la perspectiva privada. Si llevaran adelante políticas que alentaran la exportación de ciertos cortes (los que los europeos demandan, en definitiva), se podría aumentar las exportaciones significativamente y conseguir más dólares para financiar la transición de gobierno. Además en el mediano plazo, posiblemente aumentaría la cantidad de ganado. Y la lista creo que puede seguir con otros mercados, como el de la leche.

    Claramente, en todas estas medidas hay un costo político, pero que un presidente que asume en funciones puede llevar adelante ya que tiene un repago político en los siguientes 2/3 años que es cuándo le importa y es preferible a medidas más antipáticas como la devaluación, control de cambio, etc. En el caso de la carne es claro ya que los precios de los cortes “no transables” deberían bajar, ceteris paribus, ante un aumento de la oferta vacuna.

    • mgeiras dice:

      Completamente de acuerdo en que podemos hacer una larga lista de medidas que, a través de mejorar la eficiencia micro, dan margen para estabilizar la macro sin devaluaciones. Pero no te olvides que hay un lobby fuerte de empresarios que prefieren la solución de devaluar para bajar costos en dólares, a invertir en aumentar su productividad.

A %d blogueros les gusta esto: