Firmenich, Aramburu, y el pueblo

En estos días, Mario Firmenich, profesor de Economía de la Universidad Pública de Tarragona más conocido por su pasado guerrillero que por sus contribuciones académicas (en scholar google tiene una sola cita), ha resurgido en los principales diarios argentinos por dos temas. La Nación el domingo menciona en una nota que el Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas

pidió la reapertura de una causa penal contra el ex jefe de Montoneros, Mario Firmenich, y su jefe de finanzas Juan Gasparini, por el secuestro, en 1975, de Heinrich Franz Metz, ex ejecutivo de Mercedes-Benz en la Argentina.

Este lunes en Clarín salieron dos notas que lo involucran, pero desde un costado más artístico. Ambas notas se refieren a una película que se va a estrenar este jueves, “Secuestro y muerte”, sobre el secuestro y asesinato de Aramburu por Montoneros hace 40 años (fue fusilado el 29 de mayo de 1970). La primera contiene una entrevista con el director Rafael Filippelli y con Beatriz Sarlo, una de los guionistas y autora de un libro que sirve de base para el guión. La segunda nota recuerda el relato hecho por Firmenich y Arrostito sobre el secuestro y muerte de Aramburu, y cuenta cómo éste inspiró a varios escritores argentinos (Sarlo incluída por supuesto), desembocando en la mencionada película.

Traigo este tema al blog por una anécdota personal. Firmenich, como algunos saben, estudió y se recibió como economista en la UBA a mediados de los 90 luego de ser indultado por Menem. Nunca me lo había cruzado en la Facultad hasta que, un par de años después de haberme recibido, decidí en 1995 volver a cursar como oyente la materia Topología que dictaba Julio Olivera para refrescar esos temas tan áridos y ver si les encontraba alguna utilidad (viniendo de la Física estoy acostumbrado a usar la Matemática como si fuese argamasa y no reparar en detalles técnicos).

Por supuesto que don Mario estaba como alumno regular en ese curso, lo cual no nos divertía mucho ni a mi, ni a mis amigos que cursaban por crédito. Pero no hablaba con nadie, estaba en un rincón y pronto fue como que nos olvidamos del tema. Hasta que un día apareció en el programa Tiempo Nuevo de Neustadt y tras la lectura de lo que sería una autocrítica se produjo el siguiente diálogo:

Neustadt: Pero lo asesinaron.

Firmenich: Fue un acto que no decidimos nosotros, lo decidió el pueblo. Estaba decidido por el pueblo, y esto es en todo caso lo triste, porque no podemos hablar de esta situación sin hablar de los bombardeos a Plaza de Mayo, sin hablar del fusilamiento del general Valle.

Neustadt: ¿Le puedo pedir un favor? Nunca más represente al pueblo así. Le pido por favor.

Firmenich: Yo también desearía que el pueblo nunca más tuviera necesidad de venganza, que fue lo que hubo. Ojalá no necesitemos nunca más venganza, nadie. Ojalá -usted lo mencionó al principio, lo hablamos el otro día, en algún momento fuimos enemigos- no seamos nunca más enemigos.

Esta entrevista, previsiblemente, causó un revuelo en la sociedad que estaba trabajosamente tratando de lograr la “conciliación nacional”. Quienes conocen los cursos de Olivera saben que tienen el formato de seminario donde cada uno de los participantes se toma turnos para presentar los temas, uno por clase. Y justo yo tenía que presentar la clase que seguía a este programa de televisión. Me debatí largamente sobre como proceder. Por un lado no podía quedarme callado dado que compartía el desprecio hacia quien había vuelto a ser un “personaje siniestro” y no ya un bulto en la esquina del aula. Pero por el otro tenía cierto temor a agredir a quien claramente tenía un pasado violento.

Finalmente resolví hacer mi presentación como si nada. Al finalizar dije más o menos lo siguiente: “No puedo evitar hacer una referencia a la entrevista que el señor Firmenich diera el pasado martes en televisión. Quiero decirle que como parte del pueblo yo no había decidido matar a nadie”. Obviamente que Olivera me hizo notar que ese no era el ámbito para discutir temas que no fuesen los de la materia, y Firmenich ese día no dijo nada. Unas semanas después cuando terminó la última clase don Mario se me acerca y me habla. Me dijo que me quería aclarar que había mencionado al pueblo como se lo entendía en esa época, como las “clases trabajadoras peronistas”. Yo lo escuché, pensando que estabamos en 1995 y que pueblo ya era otra cosa, pero no dije nada. Ya había ido lo más lejos que me permitía mi acotada valentía.

Martín

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9 Responses to Firmenich, Aramburu, y el pueblo

  1. Que historia. Yo me hubiera mordido la lengua.

    • mgeiras dice:

      Es que eso hubiera sido lo razonable. Hoy en día quizás no parezca tan terrible (uno lo ve a Firmenich más como un león viejo y sin dientes que como un guerrillero), pero en ese momento tuve que juntar todo el coraje que tenía para abrir la boca.

  2. Madoff dice:

    Qué anécdota, y qué bizarro cursar Topología al lado de Firmenich.

  3. Es cierto que el tipo se graduó con medalla de oro? Era un tipo brillante o muchos profesores le regalaban la nota?

  4. PD: Muy buena la anécdota. Y qué increíble que un tipo como Firmenich pareciera haber aprendido tan poco con la experiencia. Poniendolo como contraejemplo de Pepe Mujica, que llegó a ser presidente de su país con una visión no tan crítica del capitalismo, por ejemplo.

  5. Gonzalo Costa dice:

    Como anecdota, muy buena y me parece correcto el haber expresado el sentimiento respecto del desprecio por semejante personaje que tanto daño le ha hecho c nuestro pais. Vale la aclaración que la acepcion “pueblo” es una sola. Es una mentira y un engaño pretender “ejercer” la representación de las “clases trabajadores peronistas” cuando es público y notorio que en esos años, vale por las decadas 60,70 y siguientes, nunca tuvieron impacto en las mismas. Estara como leon viejo, pero en sus manos sigue estando la sangre y la violencia ejercida.

  6. mgeiras dice:

    Ariel, un amigo que estaba en ese curso me escribió lo siguiente en Facebook, lo reproduzco con su permiso:

    Estimado Martin, recuerdo como si fuese hoy la anécdota que aquí mencionás, cuando dijiste en medio de tu exposición la frase: “El que calla otorga” y luego arremetiste. Un dato menor es que el seminario en esa oportunidad era sobre “Integración estocástica”, cosa que no le quita valor al relato.

    Es cierto el curso no era de Topología, pero a efectos prácticos es como “tomato, tomatoe”. Mil gracias por ayudarme a reconstruir esta anécdota. Abrazo.

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