¿Lo peor de la crisis internacional está por llegar?

por Enrique Kawamura

El domingo 31 de octubre de 2010 el periódico español El País publicó una entrevista con Nouriel Roubini, en el que éste presagiaba que “al paso que vamos, la próxima crisis será aún peor”. De acuerdo a lo transcripto por este diario, Roubini dice que

el principal riesgo es la recaída en la recesión o un largo estancamiento, combinado con la deflación: con niveles de endeudamiento público y privado tan altos, eso supondrá suspensiones de pagos en familias, empresas, bancos y, finalmente, Gobiernos.

Más allá de lo que pueda pensarse hoy de este economista turco acerca de si simplemente “tuvo suerte” con su predicción hace tres años sobre la crisis o si realmente lo ha hecho con los debidos fundamentos científicos, quien hace años contribuyó rigurosamente al conocimiento en temas de macro abierta con papers referidos a dinámicas cambiarias y políticas monetarias nos invita hoy a reflexionar sobre la efectividad de las políticas que, hasta ahora, las principales autoridades fiscales y monetarias (especialmente, la Reserva Federal de EEUU y el Banco Central Europeo) para “resucitar” la actividad económica de tales países, en contraste con el nivel de endeudamiento. Roubini parece imaginarse un posible escenario internacional como el de Japón de los últimos quince años, con un estancamiento económico que todavía hoy parece evidenciarse según los datos de crecimiento de su PBI.

Pero, ¿por qué esto podría ocurrir? Roubini hace hincapié en el nivel de deuda. Y aquí parece comenzar a encontrarse un atisbo de la explicación a este riesgo. En efecto, quien contrae una deuda hace una promesa de pago a futuro. Cuando este futuro llega, si le sorprende (y enfatizo esta palabra) una drástica reducción de su ingreso, tal vez no pueda pagar todo lo prometido, entrando en default. Si esto ocurre con “pocos deudores”, el problema recaería más bien en ellos: tales deudores en default, al no poder afrontar sus pagos prometidos, estarían obligados a dejar de consumir. Pero si el resto de la economía no afronta este mismo problema entonces el nivel de actividad no tiene por qué verse amenazado. Pero si “una mayoría” (lo que esto signifique) de la población afronta este problema de default entonces esta restricción a su consumo (y a la demanda) puede tomar magnitudes mucho más importantes. Peor aún: es posible que se registren “cadenas de default” (como ocurrió, hasta cierto punto, en la crisis argentina de 2001 y 2002) a la manera de un dominó.

En este contexto, ¿alcanza con políticas de incrementos de gasto público para sostener la solvencia de los deudores? La respuesta no es obvia y Roubini parece sugerir (al menos entre líneas) que tal vez la magnitud del problema de deuda es tal que las políticas fiscales (y también las monetarias) expansivas no hayan sido suficientes para evitar “tener la recaída”, que tal vez sea peor que la crisis original. Y que, por lo tanto, tal vez habría que pensar en políticas tendientes a aminorar el peso de la deuda, si ésta es considerada exageradamente grande, lo cual tampoco suele ser “gratuito”. Esto dependerá, eventualmente, de qué tipo de instrumento específico se utilice para aminorar su peso. No es lo mismo utilizar instrumentos standard como una devaluación cambiaria, como lo que implementó el gobierno de Hong Kong en 1983 para aminorar el impacto de una drástica reducción en el precio de activos varios (incluyendo la vivienda) que una intervención unilateral en los contratos, como se implementó en Argentina en 2002. Sin embargo, más allá del problema de la elección de estos procedimientos (lo cual no es para nada obvio) tal vez sí sea importante, al menos, comenzar a inspeccionar con mayor precisión la resolución de problemas de solvencia macroeconómica, ya que parece ser ésta la principal amenaza a la recuperación definitiva de la crisis.

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Una respuesta a ¿Lo peor de la crisis internacional está por llegar?

  1. mgeiras dice:

    Paul Krugman en su columna del lunes en NY Times también cree que el peso de las deudas pendientes requiere aumentar el gasto, incrementar las expectativas de inflación (una especie de QE al cuadrado), y condonar ciertas deudas.

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