El valor de regalar

22/12/2010

En La Nación online, Martín Lousteau escribió hoy una nota en la cual hace un análisis económico de la Navidad. Toma como referencia un trabajo de Joel Waldfogel, “The Deadweight Loss of Christmas“, publicado en 1993 en el American Economic Review.

Según este profesor, el problema radica en que gran parte de los regalos no son realmente deseados. Es decir, no son lo que uno elegiría para sí mismo si dispusiera del dinero. Gastar $ 100 en algo que el obsequiado no quería tanto y para lo cual estaría dispuesto a pagar solamente $ 50 implica que la otra mitad del valor simplemente se ha perdido.

Realizando experimentos Waldfogel concluye que entre el 10 y el 33% del valor de los regalos se “pierde” pues no es reconocido por los beneficiarios de los mismos. A partir de esto Lousteau infiere que este año se perderán entre $700 y $2300 millones en el país, y realiza algunas sugerencias para corregir esta ineficiencia.

Por el contrario yo creo que no existe dicha ineficiencia, y que en la contabilidad que realizó Waldfogel falta el valor que regalar algo tiene para la persona que realiza el regalo. En Economía suponemos que la gente compra bienes por dos o tres motivos: bienestar material, bienestar psicológico, y para señalar status. Una visión más antropológica (como la de Mary Douglas y Baron Isherwood en “The World of Goods: Towards an Anthropology of Consumption“) nos enseña que el consumo es un proceso social, y que en parte surge como respuesta a la necesidad de relacionarnos con otras personas. Según esta visión, los bienes proveen servicios en rituales de consumo, que caracterizan una relación de amistad. Por ejemplo, ir a un casamiento o a un funeral es prestar un servicio a la pareja feliz o a los deudos. Así, el nivel de consumo de un hogar dirigido a otras personas nos indica su grado de aislamiento o relación social.

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