El valor de regalar

En La Nación online, Martín Lousteau escribió hoy una nota en la cual hace un análisis económico de la Navidad. Toma como referencia un trabajo de Joel Waldfogel, “The Deadweight Loss of Christmas“, publicado en 1993 en el American Economic Review.

Según este profesor, el problema radica en que gran parte de los regalos no son realmente deseados. Es decir, no son lo que uno elegiría para sí mismo si dispusiera del dinero. Gastar $ 100 en algo que el obsequiado no quería tanto y para lo cual estaría dispuesto a pagar solamente $ 50 implica que la otra mitad del valor simplemente se ha perdido.

Realizando experimentos Waldfogel concluye que entre el 10 y el 33% del valor de los regalos se “pierde” pues no es reconocido por los beneficiarios de los mismos. A partir de esto Lousteau infiere que este año se perderán entre $700 y $2300 millones en el país, y realiza algunas sugerencias para corregir esta ineficiencia.

Por el contrario yo creo que no existe dicha ineficiencia, y que en la contabilidad que realizó Waldfogel falta el valor que regalar algo tiene para la persona que realiza el regalo. En Economía suponemos que la gente compra bienes por dos o tres motivos: bienestar material, bienestar psicológico, y para señalar status. Una visión más antropológica (como la de Mary Douglas y Baron Isherwood en “The World of Goods: Towards an Anthropology of Consumption“) nos enseña que el consumo es un proceso social, y que en parte surge como respuesta a la necesidad de relacionarnos con otras personas. Según esta visión, los bienes proveen servicios en rituales de consumo, que caracterizan una relación de amistad. Por ejemplo, ir a un casamiento o a un funeral es prestar un servicio a la pareja feliz o a los deudos. Así, el nivel de consumo de un hogar dirigido a otras personas nos indica su grado de aislamiento o relación social.

Los patrones de consumo difieren entre sociedades, pero en la mayoría de las culturas el consumo es un área de comportamiento cubierta por reglas que explícitamente demuestran que ni el comercio ni la coerción se emplean en una relación libre. Y en sociedades modernas hay una división clara entre dinero, que se emplea en relaciones profesionales, y regalos, que se emplean en relaciones personales. Por ejemplo, en nuestra sociedad no está bien visto regalarle a un amigo o pariente dinero esta Navidad, como reconoce Lousteau en su nota

Evitar las compras y entregar directamente el dinero no parece esencialmente navideño. Para peor, es imposible de implementar entre ciertas personas, por ejemplo con los más pequeños o cuando el que regala pertenece a una generación más joven. Por si ello no fuera suficiente, también resulta demasiado impersonal: da la sensación de que uno no quiso siquiera preocuparse en elegir.

Si todavía no realizó sus compras de Navidad aproveche para reconocer conscientemente cuánto vale para usted el hecho de hacer un regalo. Y si quiere deje su estimación en un comentario (en porcentaje para que sea comparable), de esta forma podremos ver si logramos explicar el gap descubierto por Waldfogel.

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4 respuestas a El valor de regalar

  1. Citoyen dice:

    Yo escribí hace ya dos años un post sobre “economía de los regalos” http://www.lorem-ipsum.es/blogs/laleydelagravedad/2008/12/%c2%bfque-pueden-aprender-los-reyes-magos-de-la-economia-del-bienestar.html

    Curiosamente, entonces no conocía las ideas de Walfogel, pero la verdad es que son un poco de cajón

    • mgeiras dice:

      Citoyen, coincido que la Navidad es una institución, y una norma social. En cierta forma se asemeja al famoso potlatch que practicaban pueblos indios en norteamerica donde el anfitrión muestra su riqueza e importancia regalando sus posesiones, queriendo dar a entender que tiene tantas que puede permitirse hacer tantos regalos. Esto ocasiona que los participantes le correspondan cuando celebran su propio potlatch. En el caso de la Navidad en lugar de un juego secuencial es uno simultaneo. Saludos.

  2. Serenity dice:

    Yo me guiaría por lo que leí hace poco en el blog del economista Dan Ariely: Sugiere regalar algo que a la persona destinataria del regalo le gustaría tener pero le da culpa comprar por considerar el gasto excesivo dadas sus restricciones y preferencias.

    • mgeiras dice:

      Ese consejo confirma lo que digo. El regalo tiene un valor menor a su costo para quien lo recibe (sino lo hubiera comprado), y (al menos parte de) la diferencia es utilidad que recibe quien hace el regalo.

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