Imposible educar al soberano sin federalismo real

25/12/2010

Esta nota surgió de un comentario que hice en un post de Rodrigo Sbarra en De cara al 2011. En el mismo menciona a varios políticos (Duhalde, Ibarra) que en otras sociedades estarían “muertos” pero que en Argentina persisten más allá de su fecha de vencimiento. Yo escribí un comentario donde decía que,

Coincido que Duhalde representaba lo peor de la clase política argentina…hasta que su creación lo superó. Gente que respeto y lo ha tratado recientemente dicen que cambió, que tiene un barniz de estadista. Ahora yo me pregunto, ¿no se pueden formar antes de ser presidentes? ¿Por qué somos un país tan generoso que elegimos gente inepta y en el mejor de los casos la primera magistratura les sirve para aprender lo que debían de haber sabido antes de presentarse a elecciones?

Más tarde, Roland Deschain me respondió lo siguiente:

Miremos el lado positivo Martin..ya sabemos que ser gobernador no es condicion suficiente (ve tu a saber si es necesaria) para postularse a Presidente. Aparentemente la gobernacion no alcanzo a formar a Duhalde, Menem o Kirchner para manejar el pais. Lo que es peor, Duhalde no tiene excusas porque fue Intendente, Diputado, Gobernador, Vicepresidente y Senador, antes de ser Presidente. Al muchacho solamente le falto Juez de la Corte Suprema.
Asi que parece que no hay experiencia previa que te prepare, o Duhalde es inepto por naturaleza.

Lo que me dejó pensando que tenía razón: no hay cargos públicos en la Argentina que preparen a una persona para ser Presidente del país. A priori esto no es un problema del sistema político pues, por ejemplo, los EEUU tienen una organización republicana similar, con diputados, senadores, gobernadores, etc. Creo que el problema es el grado de descentralización de facto del poder en nuestro país, donde el federalismo no funciona como debiera. Las Provincias no actúan como un control adicional sobre el gobierno central, en gran parte porque los controles normales de la división de poderes tampoco funcionan como debieran.

En un trabajo de Carlos Gervasoni, “A Rentier Theory of Subnational Regimes”, publicado este año en World Politics, y que vi presentar en la reunión anual de la AAEP en la UBA, el autor compara el federalismo argentino con la “maldición del petróleo” que aqueja a países donde la facilidad de conseguir rentas fiscales sin necesidad de recaudar impuestos resulta en un bajo grado de responsabilidad social de sus gobernantes (debido a que al no pagar directamente impuestos los votantes tienen menos incentivos a controlar el accionar de los dirigentes). En palabras de Ricardo Rotsztein que comentó una versión previa de este trabajo en Finanzas Públicas:

Gervasoni traslada esta situación al Federalismo Fiscal Argentino. En este caso no es la maldición del petroleo la que genera regímenes cuasi autoritarios o mejor dicho regímenes democráticos delegativos con partidos únicos que se perpetúan en el poder, sino que el malvado de la película ahora es el desbalance fiscal vertical o la ausencia de correspondencia fiscal (el desbalance fiscal vertical es la proporción del gasto público provincial que se financia con transferencias nacionales). En ciertas provincias argentinas el grado de desbalance fiscal vertical supera el 70%, en ellas para decirlo mal y pronto “todos maman de la teta del Estado”. En esta situación se repite la situación de “animus participativus” deprimidos, ya que los ciudadanos no tienen incentivos a participar, son freeriders y los políticos opositores no encuentran campo orégano para desarrollar sus actividades de militancia y de fund rising.

Una condición necesaria para que las Provincias recuperen poder real es una reforma de la ley de Coparticipación que mejore el desbalance fiscal vertical. Esta tarea por supuesto que no es fácil, como se puede verificar leyendo alguno de los trabajos que sobre el tema hicieron en Cippec (casi todos ellos con autoría de la amiga Luciana Díaz Frers). Pero si nos damos cuenta que uno de los costos de no encarar esta reforma es seguir condenados a estar gobernados por personas que no son idóneas para el cargo (ya sea gobernador, ya sea presidente), quizás la presión para hacer algo aumente. Quizás.

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