Usurpaciones y títulos de propiedad

La Nación publicó hoy una extensa entrevista con Ernesto Schargrodsky sobre la entrega de títulos de propiedad a personas que estén ocupando tierras fiscales (o privadas previa compra de las mismas via una expropiación). Schargrodsky es un defensor de esta política pública, habiendo realizado investigaciones académicas utilizando como experimento natural una toma de tierras en San Francisco Solano de las cuales, exógenamente la mitad de los ocupantes recibió títulos de propiedad mientras que la otra mitad no lo hizo (según si el dueño de las tierras aceptó o no la expropiación).

Dos de estos trabajos son, “The Formation of Beliefs: Evidence from the Allocation of Land Titles to Squatters“, publicado en 2007 en el Quarterly Journal of Economics, y “Property rights for the poor: Effects of land titling“, publicado en 2010 en el Journal of Public Economics, ambos coautoreados con Sebastián Galiani y el primero también con Rafael Di Tella. Estos trabajos sugieren que el otorgar títulos de propiedad da incentivos para que los ocupantes realicen inversiones en sus propiedades, en la calidad de sus hijos (educación y salud), y produce que estos tengan creencias cercanas a las de la clase media.

No voy a cuestionar la validez de estos resultados. He visto presentaciones de ambos trabajos y conozco a los autores lo suficiente como para saber que aplicaron la mayor rigurosidad para analizar este experimento y confío en las conclusiones a las que arribaron. Sin embargo, y a la vista de los eventos del Parque Indoamericano, me surgen dos interrogantes que sería bueno responder antes de extrapolar de este experimento la base de una amplia política pública.

El primer punto es que, como reconoce Schargrodsky en la entrevista, hay que considerar

[E]l conflicto de un tipo que tiene una casa, por la que trabajó toda su vida, cuyo valor de pronto se esfuma porque le ponen enfrente un asentamiento.

Por ende propongo utilizar el mismo experimento para ver cuál fue el impacto de la toma de tierras sobre el bienestar de los vecinos en San Franciso Solano. Para ello se pueden comparar series de tiempo del valor de la propiedad inmueble en los alrededores de los terrenos ocupados con propiedades similares a varias cuadras de la toma. De la misma forma se puede encuestar a estos vecinos (próximos y lejanos a la toma) para ver si sus creencias han sido afectadas por la ocupación.

El segundo caveat tiene que ver con la dimensión intertemporal, y los efectos que una titularización hoy tiene sobre los incentivos a usurpar un terreno. Hay consenso que uno de los detonantes de la toma del Indoamericano fue el anuncio por parte de Macri que se iba a otorgar títulos de propiedad en la villa 19 en Lugano. Hay que pensar cómo otorgar títulos de propiedad a los ocupantes actuales sin alentar futuras ocupaciones. Y creo que es casi imposible desalentar futuras ocupaciones sin la amenaza creíble del uso de la fuerza policial para realizar desalojos (además una política laxa de titularización aumentaría el flujo de inmigrantes pobres de países limítrofes reduciendo aún más la calidad del los servicios públicos).

Y por supuesto es aún más difícil que nuestros funcionarios públicos puedan diseñar una política que contemple la totalidad de aspectos de un problema tan complejo.

5 respuestas a Usurpaciones y títulos de propiedad

  1. Martín, voy de atrás para adelante. Yo soy de los que piensa que uno de los detonantes para el conflicto del Indoamericano fue jústamente el anuncio de titularización posteriormente acrecentado por la incapacidad de usar el monopolio de la fuerza.

    A priori no estoy en contra de la misma (a pesar de que no lei los trabajos que citas) porque creo que una forma de solucionar el conflicto de las villas es con el Estado “dentro” de ellas.

    Esto marca que pienso que debe haber un proyecto global de incorporación de las mismas al terreno urbano.
    En algunas villas Macri urbanizó sectores de las mismas y logró incorporarlos pero es una muestra muy pequeña.

    Pero acá chocamos con lo que decimos siempre, es probable una política global? En el caso de serla, es creíble que la amenaza de que el que toma un terreno no recibirá ningún tipo de plan?

    Todo se termina resumiendo en la incapacidad para formular políticas públicas sostenibles en el tiempo. Lo que hay suena a politiquería en pos de una elección.

    Gran post, un abrazo.

    Rodrigo

  2. Fernando dice:

    Lindo post, Martín. Me había pasado por alto la entrevista en La Nación. Coincido en todo lo que decís. El experimento natural analizado por Di Tella, Galiani y Schargrodsky sugiere que hay espacio para una “buena política”, pero hay que pensar cómo diseñarla para no generar “malos” incentivos (que en este caso podrían derivar en una situación bastante anárquica). Lamentablemente, esto nunca es fácil y nuestra clase dirigente no se caracteriza por sus “luces”…

    Te deseo un año exitoso con el blog (y con todo lo demás, por supuesto).

    Sldos,

    F

  3. mgeiras dice:

    Rodrigo y Fernando, muchas gracias por los comentarios. Efectivamente una lectura de esta nota indica que estamos ante un problema complejo que requiere el diseño de una política de estado (porque trasciende períodos de gobierno y jurisdicciones), que no es creíble en la Argentina actual, fragmentada, sectaria y encerrada en discursos maniqueos.

    Otra lectura es tomar una investigación académica rigurosa y pensarla como base para esa política ideal que nos gustaría que se diseñe e implemente (algún día). Ahi trato de mostrar que por muy bueno que sea este trabajo deben cuantificarse dos cuestiones antes de “comprar” los resultados.

    Una son los efectos presumiblementes negativos que una toma tiene sobre los vecinos (y de ahi la ira de los que estaban alrededor del Indoamericano), y que deben descontarse de los efectos directos positivos cuantificados en estos trabajos.

    Dos son los incentivos perversos intertemporales que obligarían a que la política óptima diseñada en un contexto dinámico difiera de la pensada en uno estático. Esto es asi pues los incentivos que menciono en la nota fuerzan al gobierno a diseñar una política que los tenga en consideración y que implique premios y castigos (como el de no dar más subsidios a quienes participen en las tomas), y que como bien sabemos implican un bienestar menor que si estas restricciones de incentivos no fuesen operativas.

  4. Gonzalo W Costa dice:

    ¿O me equivoco o Macri – Pro prometieron en la campaña electoral, “erradicar” las Vilas de emergencia? O se les paso la semantica y paso a ser “urbanizar” y “crecer” las villas. Que yo sepa NO existe politica publica alguna en la materia. TODO es absoluta improvisacion y por supuesto politica de la peor. No he leido esos trabajos, Martin, pero dudo que tengan en cuenta los detalles basicos de quienes con mucho esfuerzo, a base de trabajo real, han conseguido tener su hogar . . . Me parece que tampoco se tienen en cuenta los origenes de quienes habitan y construyen esas villas, trafican con ello, verdaderas mafias . . . y no hace falta mucha investigacion, basta recordar la villa 31 o la 19 del Bajo Flores. La 31 es como si achicaran la autoposta Illia y se permitio un auge de indocumentados y extranjeros. O acaso no se pudo apreciar con el Mundial de Futbol, la enorme cantidad de banderas de Paraguay cuando ese conunto jugaba . . . ????? Da la impresion de que con teoria estos temas NO se resuelven. Hay que tenerdecision politica, politica spublicas y sobre todo menos aprecio al populismo barato y derrochador de lagrimas. Y de paso que tal si hablamos de politicas de higiene, de maternidad, de valores?????

    • mgeiras dice:

      Creo que Macri habló de erradicar algunas villas, en particular la 31 (y bis), y de urbanizar las que están en zona Sur. En los papeles parecía, todavía parece, la mejor solución, pero resultó que erradicar la 31 fue imposible. Además gracias a la ayuda del kirchnerismo que fomentó que esta villa en particular siguiera creciendo para que los votantes de zona Norte de Macri le dieran la espalda, la misma se transformó en un “polo de subdesarrollo”.

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