Aunque no la veamos, la basura siempre está

07/02/2011

Una de las razones por las cuales las leyes no se cumplen en la Argentina es que las mismas a veces son ridículas, como si los legisladores que las pensaron vivieran en otro planeta. Un claro ejemplo es la ley de gestión de los residuos urbanos de la Ciudad de Buenos Aires, conocida como de “basura cero“, sancionada hace cinco años. Entre los puntos salientes de esta ley están:

  • Reducir en un 30% la cantidad de toneladas que son enviadas al relleno sanitario en el año 2010, en un 50% en 2012 y un 75% en 2017.
  • Separación en origen.
  • Contenedores diferenciados entre residuos secos (reciclables) y húmedos (no-reciclables) en toda la ciudad.
  • Recolección diferenciada realizada por las empresas recolectoras.
  • Construcción de Centros Verdes adonde llega el contenido de los contenedores de materiales “secos” para su procesamiento.
  • La realización de campañas de educación entre la ciudadanía para que aprendan a separar la basura.
  • Se prohíbe la incineración de residuos poniendo como condición que sólo podrían ser utilizados sistemas de generación de energía con el excedente una vez que se hubiera alcanzado una reducción del 75% de la disposición final.

El primer punto marca un objetivo imposible de cumplir en una ciudad que estando en un boom económico genera cada día más basura (en 2010 se enterró más basura que en 2006), particularmente porque no se indica cómo hacer para reducir la cantidad de residuos que se generan. La separación de la basura en origen es deseable, pero la ley omite una estrategia para lograrla más allá de realizar campañas de educación y colocar contenedores diferenciados (dicho sea de paso una sugerencia es empezar por la zona norte, concentrando la campaña primero allí para luego expandirla al resto de la Ciudad).

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