Aunque no la veamos, la basura siempre está

Una de las razones por las cuales las leyes no se cumplen en la Argentina es que las mismas a veces son ridículas, como si los legisladores que las pensaron vivieran en otro planeta. Un claro ejemplo es la ley de gestión de los residuos urbanos de la Ciudad de Buenos Aires, conocida como de “basura cero“, sancionada hace cinco años. Entre los puntos salientes de esta ley están:

  • Reducir en un 30% la cantidad de toneladas que son enviadas al relleno sanitario en el año 2010, en un 50% en 2012 y un 75% en 2017.
  • Separación en origen.
  • Contenedores diferenciados entre residuos secos (reciclables) y húmedos (no-reciclables) en toda la ciudad.
  • Recolección diferenciada realizada por las empresas recolectoras.
  • Construcción de Centros Verdes adonde llega el contenido de los contenedores de materiales “secos” para su procesamiento.
  • La realización de campañas de educación entre la ciudadanía para que aprendan a separar la basura.
  • Se prohíbe la incineración de residuos poniendo como condición que sólo podrían ser utilizados sistemas de generación de energía con el excedente una vez que se hubiera alcanzado una reducción del 75% de la disposición final.

El primer punto marca un objetivo imposible de cumplir en una ciudad que estando en un boom económico genera cada día más basura (en 2010 se enterró más basura que en 2006), particularmente porque no se indica cómo hacer para reducir la cantidad de residuos que se generan. La separación de la basura en origen es deseable, pero la ley omite una estrategia para lograrla más allá de realizar campañas de educación y colocar contenedores diferenciados (dicho sea de paso una sugerencia es empezar por la zona norte, concentrando la campaña primero allí para luego expandirla al resto de la Ciudad).

Y lisa y llanamente se prohibe la incineración de residuos (Artículos 7 y 54), pues solo la permitiría si la cantidad de residuos se reduce en un 75%. Pero si se reduce en esa magnitud no será necesario pensar en alternativas para procesar la basura. Esto es de lamentar pues en los últimos años es exactamente en la combustión de residuos donde se han desarrollado los mayores progresos tecnológicos. Estos avances no nos deberían de extrañar, porque mal que nos pese a nuestro ego no somos la primera ciudad en el mundo en plantearse qué hacer con la basura. Tampoco creo que seamos la primera ciudad en sancionar una ley de imposible cumplimiento y olvidarse del tema como si no existiera, pero ese es otro punto.

En la última edición de The Economist, una nota en la sección de Ciencia y Tecnología da cuenta de uno de estos avances, el de atomizar la basura generando electricidad al mismo tiempo:

For years, some particularly toxic types of waste, such as the sludge from oil refineries, have been destroyed with artificial lightning from electric plasma torches—devices that heat matter to a temperature higher than that of the sun’s surface. Until recently this has been an expensive process, costing as much as $2,000 per tonne of waste, according to SRL Plasma, an Australian firm that has manufactured torches for 13 of the roughly two dozen plants around the world that work this way.

Now, though, costs are coming down. Moreover, it has occurred to people such as Dr Hillestad that the process could be used to generate power as well as consuming it. Appropriately tweaked, the destruction of organic materials (including paper and plastics) by plasma torches produces a mixture of carbon monoxide and hydrogen called syngas. That, in turn, can be burned to generate electricity. Add in the value of the tipping fees that do not have to be paid if rubbish is simply vaporised, plus the fact that energy prices in general are rising, and plasma torches start to look like a plausible alternative to burial.

Aunque se diga atomizar o vaporizar, para los fanáticos del medio ambiente esto es quemar, y es tabú. Quizás dentro de algún tiempo, y gracias a que en lugares donde se toman en serio el tema sigan realizando avances tecnológicos, nuestros legisladores se decidan a resolver positivamente este problema en lugar de hacerlo idealmente (o ideologicamente). Mientras tanto esta nota de The Economist sugiere una política posible: que el gobierno de la Ciudad firme un convenio con el CONICET para financiar la investigación de alternativas para disponer de los residuos que no impliquen enterrarlos ni quemarlos. Si no puedes vencerlos, únete a ellos.

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4 Responses to Aunque no la veamos, la basura siempre está

  1. Carlos dice:

    Muy buen post
    Un tema recurrente en casa
    a) Mi mujer y una de mis hijas tienen un pequeño negocio en Palermo y diariamente tiene que sacar la basura que los mismos vecinos-casas de una planta- le ponen educadamente en su puerta
    b)en donde vivimos Plaza San Martín, los contenedores han, desde hace tiempo desaparecido y a las despues de las 1900 la calle es un asco.
    Me pregunto si una legislación inteligente cambiaría las cosas. Seguro no las empeora, pero sobre la respuesta de la sociedad soy cada vez mas esceptico
    Saludos

    • mgeiras dice:

      Carlos, el ejemplo que das en a) es indicativo que una campaña educativa empieza con varios goles en contra. Gente que conoce la ciudad por haber hecho varios viajes hace notar el incremento de basura en las calles. Yo soy levemente optimista, pero debo admitir que antes lo era más. Saludos.

  2. Héctor Rubini dice:

    La “panglossiana” ley 1854 de “basura cero” prohibe incinerar y enterrar residuos EN LA CIUDAD, pero no prohibe exportarla a los rellenos sanitarios del GBA. Tampoco determina cómo financiar y dónde localizar plantas de reciclado en la ciudad (las cuales a su vez también generan residuos). Además, nuestros inteligentes representantes excluyeron de la citada prohibición los residuos patogénicos, los radiactivos, los provenientes de buques o aeronaves, los que la Ley 24.501 entiende por peligrosos, y los residuos industriales contemplados en la ley 25.612 (para esos casos, entonces, “viva la pepa”). Llamativamente uno de sus promotores en el año 2005, de la ONG Greenpeace, afirmaba que en 2017 el envío de basura hacia el CEAMSE sería un 75% menos que en 2003… nunca explicó en base a qué.
    Claramente hará falta nueva legislación que derogue esta ley, desarticulada de la administración presupuestaria de la ciudad, y reducida a mero “wishful thinking”. Lecciones para el futuro: a) el marketing con ONGs de moda permite a los políticos “caer simpáticos” ante la prensa, pero… a riesgo de sancionar regulaciones improvisadas, sólo para “seguir tirando”, que no resuelven casi nada, b)nadie prestó atención a las experiencias menos rimbombantes, pero más articuladas con otras políticas (educativas, fundamentalmente) como la de Curitiba (Brasil). Al reciclado con combustión controlada, tampoco, c) tampoco hubo ni hay coordinación con municipios del GBA.

    Riesgo cierto: ampliación de superficies del GBA para rellenos “sanitarios”, dado que a más tardar en 2012 el CEAMSE no tendría más espacio físico donde depositar residuos.
    Pregunta inevitable: a los candidatos para las elecciones y sus asesores se les ha caído alguna idea sobre esta bomba de tiempo? Pareciera que no.
    Conclusión:cordilleras de basura nos esperan… nos acostumbraremos, como siempre… Saludos

    • mgeiras dice:

      Héctor, los legisladores de 2006 veían al 2017 como si ni sus hijos vivieran para ese entonces. Es terrible la miopía de nuestros políticos, y coincido que los candidatos este año esconden la cabeza como el avestruz. Saludos.

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