¿Por qué no voté a Cristina?

27/10/2011

por Santiago Gallichio

El 14 de agosto, muchos de los que éramos opositores al kirchnerismo caímos en la cuenta de que algo de lo que criticábamos no estaba tan mal, si Cristina se había alzado con más de la mitad de los votos en las primarias y se encaminaba a aumentar su caudal en octubre, ante la deserción opositora. Hoy, dos días después del 54% de los votos obtenidos por la Presidenta el 23 de octubre, todavía somos un 46% de la sociedad los que no votamos por Cristina. ¿Por qué no votamos a Cristina?

En primer término, debo hacer un reconocimiento, que es el que seguramente prioriza la mitad de los argentinos. El kirchnerismo se ocupó de los marginados, así como el peronismo de 1945 se había ocupado de los trabajadores. Nadie lo había hecho hasta entonces de manera directa, tocándolos con las manos, dándoles dinero, viviendas y otros bienes, permitiéndoles la protesta en las calles y la ocupación de terrenos donde vivir. El kirchnerismo logró mantener el crecimiento económico y redistribuyó el ingreso a favor de los trabajadores, sobre todo, los sindicalizados. El kirchnerismo se ocupó también de otros marginados (argentinamente insólitos) del sistema económico: los artistas, los intelectuales y los científicos. Con esto solo basta para explicar el 50% de los votos, sin dudas.

Pero en 1995, Carlos Menem también obtenía el 50% (49,94%, para ser preciso) de los votos en su reelección presidencial, aunque parezca mentira para muchos hoy. Y se podría haber dicho entonces que Menem se había ocupado de darle estabilidad al peso, tras años de inestabilidad, que con ello muchos jóvenes profesionales estaban pudiendo acceder a una vivienda propia a través del crédito de largo plazo, que las empresas prestadoras de servicios públicos por fin empezaban a funcionar de manera normal, que entraban inversiones extranjeras a un ritmo hasta entonces desconocido, etc. Y todo eso bastaba seguramente para explicar el 50% de los votos que obtuvo Menem, entre ellos, el mío. Y seguramente también, entonces, quienes no lo habían votado ni se podían explicar por qué los demás lo hacían, se tuvieron que preguntar en qué se estaban equivocando. Y los más honestos no habrán cedido a la tentación del “voto licuadora”, como yo ahora, que pretendo ser honesto, tampoco cedo al “voto LCD”. Algo más hubo y hay en un 50% de adhesión a un Presidente.

Lee el resto de esta entrada »

Anuncios