Cambios en el mercado eléctrico, ¿más de lo mismo?

El viernes pasado el viceministro de Economía Axel Kicillof anunció la regulación del sector eléctrico bajo el sistema de “cost plus”. Este consiste en la fijación de tarifas que reflejen los costos operativos de las distintas empresas más un porcentaje de ganancia “razonable”.

En los hechos es el certificado de defunción formal del marco regulatorio de los noventa que ya era letra muerta desde la devaluación y pesificación de tarifas. Veamos qué cambia y qué no con este anuncio.

Para las empresas es un alivio escuchar hablar de rentabilidad pues la mayoría presenta quebrantos operativos que las estaban empujando al default en sus obligaciones. Como informó ayer Carlos Pagni en nota en La Nación, varias distribuidoras habían dejado de pagar a CAMMESA para poder afrontar los últimos aumentos salariales:

El segundo motivo del avance de Kicillof es que la ruina del sistema agrava la crisis fiscal. Edesur, Edelap y, sobre todo, Edemsa dejaron de pagar a Cammesa -compañía mixta que organiza al sector- parte de la energía que consumen, para pagar el aumento salarial de $ 2000 pactado con Luz y Fuerza. El titular de Cammesa, Juan Manuel Abud, otro subordinado de Kicillof, debió pedir más auxilios al Tesoro.

De manera que una primer lectura parece indicar que poco ha cambiado salvo el reconocimiento que las empresas del sector deben recibir mayores ingresos para evitar el colpaso energético. Más tarde veremos en que medida esto se lleva a cabo a través de mayores tarifas y en que medida via mayores subsidios (los impulsos re-reeleccionistas me sesgan a pensar que aumentarán los subsidios).

Una lectura más profunda revela que la mayor intervención en este mercado tendría efectos negativos. Con tarifas competitivas (no las actuales), las empresas del sector, particularmente en generación, tienen incentivos a mejorar la eficiencia para obtener una mayor rentabilidad. Si a partir de ahora las empresas reciben una compensación por sus costos más un “plus” entonces perderán los incentivos a mejorar la productividad ya que ello resultaría en un menor costo y por ende en una reducción en la compensación estatal. Se pierde así definitivamente una ventaja de la vieja regulación, que privilegiaba a los operadores más eficientes (al darles más despacho de energía).

Es de esperar que cuando en el futuro tengamos un gobierno más pro mercado que este, se derogue de un plumazo esta regulación ineficiente. Que se mantengan las regulaciones para sectores monopolísticos (transporte y distribución), y eventualmente con fines estratégicos, como ser alentar la diversificación (inteligente) de la matriz energética.

2 respuestas a Cambios en el mercado eléctrico, ¿más de lo mismo?

  1. F dice:

    Incentivos no es una palabra presente en el vocabulario de Kicillof. Él te diría que estás equivocado, porque sus súper equipos técnicos desp se van a encargar de pedirles a las empresas que sean eficientes. Y es más, seguramente desp hagan que el “plus” dependa de que tan bien operen. Es decir, se trata de eliminar el sistema de precios, para luego introducir uno nuevo. Pero todo sea en pos de darle más importancia al estado. Al fin y al cabo, de eso se trata, ¿no? Ese es el fin último… Todo lo demás es neoliberal y, por ende, malo por definición. Para Kicillof, el tamaño del estado y su intromisión en la economía tienen un valor per se o intrinseco.

    Por más ridículo que sea, creo que es así…

    Un abrazo,

    Fernando.

    • mgeiras dice:

      Fernando, creo que Kicillof sabe lo que son los incentivos. Alcanza con ver que trabajó un tiempo en Aerolíneas cobrando un jugoso salario, tiempo durante el cual dejó parte de sus actividades académicas de lado (no podemos decir lo mismo ahora pues él podría responder que está haciendo “trabajo de campo”). Coincido en que piensa que siempre se puede lograr una mejor asignación de recursos que el mercado. Y como bien decís esto le permite aumentar el tamaño, camporista, del Estado. Ahora si piensa que va a poder hacerlo realidad está muy equivocado. Esto me recuerda una apreciación reciente de Kicillof por parte de Jorge Asís en su blog:

      “Tonto pero no tanto”, El Gótico aplica los conocimientos marxistas para lidiar con los empresarios.
      Astutos aventureros que suelen hacer equilibrios en el vacío de la estructura pre-capitalista.
      Con ínfulas, y sin corbata como cualquier macricaputista, Kicillof nos demuestra que no entiende un pepino de capitalismo.
      Pero tampoco entiende nada, tío Plinio querido, de marxismo.
      Trátase de la alucinación atendible en el plano filosófico, que generó extraordinarios desastres en la economía.
      Lo prueba el epílogo del “socialismo real”. La estética del vencido que adopta la cultura del vencedor.
      (Queda el recurso trotskista de no resignarse. Decir que nunca se aplicaron, científicamente, los supuestos superadores).
      En el imaginario económico del nuevo filito, sólo existen los funcionarios. Funcionales a la visión exactamente retardataria de la economía.
      Y los seres relativamente escrupulosos, como los empresarios. Malditos que quieren ganar dinero.

      Abrazo.

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