Cacerolas e instituciones

Para complementar la serie de tres posts sobre el papel de la geografía en el desarrollo económico (uno, dos, tres) hoy voy a hacer un breve análisis del cacerolazo de la semana pasada desde una perspectiva institucional.

Según Daron Acemoglu y Jim Robinson, autores de “Why Nations Fail”, la nueva biblia de la “escuela” institucionalista, la Argentina tiene instituciones políticas y económicas extractivas. Por esto quieren decir que la forma de articular políticas es autoritaria y esto resulta en reglas de juego económicas con la balanza inclinada a favorecer de la elite que detenta el poder. Basta ver el uso de recursos fiscales para asfixiar a gobernadores opositores (e incluso a los del mismo partido pero con capacidad de reemplazar a Cristina, como Daniel Scioli), o de la AFIP como herramienta para silenciar al empresariado. O la forma en que la Justicia trata el caso de (muy) aparente corrupción alrededor de la imprenta Ciccone.

En términos más micro el martes el jefe de gabinete, Juan Manuel Abal Medina, criticó, una vez más, a los medios. En particular dijo que inventaron que su padre asesora al magnate mexicano Carlos Slim, cuando esto fue dicho por su padre en una entrevista radial en junio. Acemoglu y Robinson nos dirían que esto es un indicio más del carácter extractivo que tienen las instituciones en el país, pues en su libro a Slim lo presentan como el arquetipo del millonario que no hace su dinero gracias a una innovación (como por ejemplo lo hizo Bill Gates), sino aprovechando las barreras de entrada que caracterizan a la economía mexicana y los beneficios monopólicos de Telmex. Que Carlos Slim contrate como asesor al padre del jefe de gabinete indica que sabe bien cómo hacer negocios en la Argentina.

¿Cómo responde la oposición al freno que le puso la gente a Cristina? Pareciera ser que no a la altura de las circunstancias, pues no se pueden poner de acuerdo ni siquiera en una estrategia común en contra de la re-re.

El juego de los rechazos parece ser la explicación a las divisiones. El presidente del radicalismo, Mario Barletta, que propuso por carta la unidad contra la reelección, se encontró en los últimos días con el no del socialista Hermes Binner, con quien acordó que “por ahora” no habrá foto en común de los aliados santafecinos contra la re-re .

Dirigentes de su espacio, el Frente Amplio Progresista, como Claudio Lozano (CTA), Luis Juez (Partido Nuevo) o Humberto Tumini (Libres del Sur), quieren estar tan lejos del ex intendente de Santa Fe como de Mauricio Macri. Por eso Binner pasó de “no ponerle bolilla negra a nadie” de la oposición a decir que tenía “muchas diferencias” con Macri, y que sólo se aliaría con él “en caso de guerra”.

Luego de tomarse con ironía el desplante, el propio Macri impulsó con fuerza el Grupo de Acción Política por la Unidad (GAPU), en el que hay dirigentes propios (Federico Pinedo y Humberto Schiavoni, por caso); aliados tácticos como Patricia Bullrich (Unión por Todos) y Eduardo Amadeo (peronismo disidente), y partidos provinciales como los demócratas mendocinos.

Desde ese sector vieron como un triunfo la presencia de Oscar Aguad en la reciente reunión con expertos por el tema reelección, aunque el alfonsinismo -y el propio Ricardo Alfonsín- no quieren saber nada con el jefe de gobierno porteño ni con ese espacio. Siguen faltando, en el GAPU, dirigentes del peronismo disidente como Francisco de Narváez, todavía alejado de Macri.

Activa y muy protagónica, Bullrich suele acusar al socialismo de “no querer sentarse con nosotros y ser funcionales al kirchnerismo” por lo que, al menos por ese lado, el camino de la unidad antireelección parece obturado. “Todo lo que sean iniciativas en ese sentido suman”, afirmó Schiavoni a LA NACION para minimizar la sobreoferta de propuestas contra la reforma de la Carta Magna. “Vamos por el camino de la unidad, porque separados la fuerza no se siente”, agregó Bullrich el día después de la marcha a Plaza de Mayo, a la que el GAPU adhirió de manera activa.

Esta es una respuesta lógica ante un hecho que estaría mostrando que Cristina no podría conseguir la reforma constitucional que habilite la re-re. Si el gobierno no tiene candidato el premio mayor está disponible para quien gane, aunque sea con el 22% de los votos, las próximas elecciones presidenciales. Pero esto implica luchar en forma aislada sin consensuar políticas de Estado que reformen las instituciones políticas del país y las tornen, en la terminología de AR, inclusivas. Los distintos candidatos se preguntan ¿para qué cooperar, si el futuro presidente luego hará lo que quiera?

Este comportamiento le estaría dando la espalda al reclamo ciudadano de una mejor democracia y una mejor república (i.e. mejores instituciones). Así como Néstor Kirchner supo responder al reclamo de una mayor autoridad presidencial (típicamente argentino, se pasó de rosca), el poskirchnerismo debiera prestar mejor atención al humor social. ¿Qué pueden hacer los opositores? Acordar, entre todos o en el menor número posible de alianzas, un pacto público y transparente que ataque de raíz el problema de concentración de poder en el Ejecutivo. Los posibles integrantes de una coalición (imagino posibles integrantes de una de centro derecha) saldrían ganando si acuerdan un pacto que termine limitando el poder de aquel de ellos que termine con la candidatura presidencial, y eventualmente ocupando dicho cargo. Esto requiere, como condición necesaria, una ley de coparticipación de impuestos que restablezca el federalismo y deje de tomar a las Provincias como feudos de la Nación. 

Se dice que aprobar una ley de coparticipación es casi imposible pues requiere una ley del Congreso que sea ratificada por las legislaturas de todas las provincias. Como siempre hay provincias que saldrían, al menos temporariamente, perdiendo, no es políticamente posible. Claro que este razonamiento supone que las Provincias son soberanas, cuando la realidad actual indica que no lo son. El Ejecutivo puede usar, como canto del cisne, la presión de la Caja para forzar la ratificación de la ley. Y más si se acompaña con fondos frescos, como ser la devolución del 15% de la masa coparticipable que sigue reteniendo la ANSES a pesar de la estatización de las AFJP. Fácil no, imposible tampoco. 

Anuncios

5 Responses to Cacerolas e instituciones

  1. Daniel dice:

    Todo muy bien, pero ¿que garantiza a los aliados de futuro presidente que este no los traicionará una vez que llegue el poder? Kirchner lo hizo con Duhalde. Me parece simplista el análisis.

    • mgeiras dice:

      Puede ser. La idea es hacer un pacto “público y transparente” para que la sociedad le reclame a quien resulte electo presidente el cumplimiento del mismo. Una cosa es hacer campaña diciendo que uno quiere un “país serio”, y después hacer todo lo contrario, y otra cosa es hacer campaña diciendo que el día uno se va a enviar un proyecto de ley al Congreso y después no hacerlo. Si uno promete una cosa concreta, verificable, es más difícil después no cumplir, traicionar.

  2. chofer fantasma dice:

    A todo el mundo parece convenirle el status quo. Los opositores apostando a que los K chocan la calesita, los K apostando a que el espanto que causa la oposición en el pueblo les de el cheque en blanco que reclaman. La Opo no es una, hay como tres o cuatro espacios disyuntos, que sólo se juntarían como la Alianza. Los K necesitan la re indefinida, sin Cris un monton de gente queda a la intemperie.
    No way José.

    • mgeiras dice:

      chofer, es posible. El tema es que sin re-re el status quo tiene los días contados y eso debiera de generar incentivos a que algunos actores tomen la iniciativa. Hasta el 13-9 era el oficialismo buscando la reforma constitucional. Pero la sociedad dijo basta (por ahora al menos). Let’s wait and see.

  3. […] semana pasada hice un breve análisis “institucional” del cacerolazo del jueves 13 de septiembre. En el mismo decía que la […]

A %d blogueros les gusta esto: