A diez años de “Kirchner, poder y populismo”

Al cumplirse dos meses de la llegada al poder de Néstor Kirchner escribí la siguiente nota que esperaba publicar en un diario. Ninguno aceptó hacerlo (recuerdo que intenté La Nación, Clarín, Cronista, y me parece que también InfoBAE). Finalmente envié el artículo a la Fundación Atlas que lo colgó en su portal. De esto pasaron diez años. No parece. 

No han pasado todavía dos meses de gobierno del presidente Kirchner que podemos observar que gran parte del mensaje de renovación era retórica de campaña electoral. En efecto, la renovación parece consistir casi exclusivamente en reemplazar menemistas por kirchneristas en todo ámbito de poder posible. Y aunque a veces esta renovación vaya acompañada de una mejora en la calidad de reemplazantes, como podría ser el caso en la Corte Suprema, no debieramos aplaudir la búsqueda de hegemonía en el poder. Un ejemplo de esta vocación en otro ámbito sería la reticencia presidencial a dialogar con los empresarios. La misma estaría revelando el enfrentamiento de Kirchner con un grupo de poder, tradicionalmente aliado a Menem, que no es factible de ser decapitado mediante arbitrarios métodos políticos.

Dentro de un proceso electoral atípico, que lleva a una sucesión de elecciones en distintas provincias por lo que resta del año, podemos ver que el presidente se esfuerza por colocar hombres de su confianza en las listas a cargos legislativos. Gran parte de la población preferiría que dedicara esa energía, no a generar un polo de poder dentro del Congreso Nacional, sino a la tan postergada reforma política. Pero claro, si se hiciera dicha reforma, no habría sábanas donde colar a los amigos. Y por supuesto, siempre está el argumento de que no es posible hacer la reforma política en un año electoral. Me pregunto que impedimento hay para votar mañana mismo una ley de reforma política integral cuya vigencia comience en el año 2004. El lector coincidirá en que la única traba es la falta de vocación de cambio por parte de la clase dirigente argentina.

Analizando un poco más el uso de la energía presidencial, nos podríamos preguntar porqué en vez de apuntar sobre los militares, no se busca dirigir el dedo acusador sobre los mismos políticos que tanto han contribuído a que la Argentina esté cada día más retrasada dentro de la comunidad internacional. Por ejemplo, porqué no juzgar al ex-presidente Duhalde por devaluar sin programa y disparar así los índices de pobreza a niveles estratosféricos? Lo que sucede es que lamentablemente el populismo no es considerado un crimen de lesa humanidad. Sin embargo debiera serlo, pues es responsable de la muerte de miles de argentinos cada año.

Dentro de las varias definiciones posibles de populismo me quedo con la siguiente: es la facilidad que tienen los gobernantes para disponer redistribuciones arbitrarias de ingresos dentro de una sociedad. Según esta definición la Argentina es un país altamente populista, tal como se puede ver a través de los medios de comunicación, o en las leyes propuestas o votadas por el Congreso de la Nación. El último ejemplo de una larga cadena de políticas populistas es la idea de eliminar, o moderar el impacto del índice CVS sobre las actualizaciones de créditos hipotecarios y alquileres.

Recientemente el gobierno anunció con bombos y platillos una suba salarial. Pero resultó que esta medida, diseñada para estimular la demanda, no tuvo un gran impacto debido a que en realidad estaba blanqueando un aumento que ya había sido otorgado como no remunerativo. Al mismo tiempo, este blanqueo implicó reconocer que se debían ajustar contratos según el índice de salarios. Lo ilógico, y populista, fue haber dado el aumento salarial en un principio como no remunerativo. De esta manera se incrementaban los ingresos de los asalariados, pero no se afectaban las obligaciones de los deudores hipotecarios ni los costos de los alquileres. Ahora, en vez de blanquear esta situación el gobierno quiere borrar con el codo lo que se escribió con una mano y se quizo tapar con la otra.

El análisis económico nos indica que el populismo es muy perjudicial para el desarrollo de un país. Cuando un político realiza transferencias de ingresos buscando ganar el favor de buena parte de la población (generalmente los grupos beneficiados por la redistribución son más numerosos o poderosos que los perjudicados), manda señales que desalientan las inversiones productivas en toda la economía. Yla menor inversión hoy implica menor crecimiento y desarrollo económico mañana, con el consiguiente estancamiento en la calidad de vida de todos los habitantes del país. En efecto, los grupos perjudicados por las medidas no tendrán incentivos, ni riqueza, para expandir o mantener su actividad (en este caso, los bancos reducirán la provisión de crédito, y los ahorristas evitarán canalizar sus ahorros en bancos argentinos, o a través de la compra de propiedades para alquilar). Qué pasa con los ganadores? Acaso no son más ricos y podrían expandir sus actividades en el país? La respuesta es que no, pues así como hoy resultaron favorecidos por el favor del príncipe, mañana pueden formar parte del grupo de los perdedores. Un ejemplo cabal de esto es la reticencia de grupos exportadores a expandir su escala de producción cuando hay una devaluación. Sucede que como esperan, racionalmente, que la política de tipo de cambio alto se revierta en un futuro, lo óptimo es aprovechar la situación y trabajar al 100% de la capacidad instalada, pero no ampliarla.

Para romper el círculo vicioso de estancamiento inmanente al populismo necesitamos que el presidente Kirchner se dedique realmente a la renovación de instituciones y prácticas políticas, y no meramente a poner tropa propia en la vieja estructura de poder. Si no lo hiciera terminará por pagar los costos cuando vuelva a necesitar el favor popular en una elección. Mientras los argentinos seguiremos deslizándonos por el tobogán de la desilusión y el empobrecimiento.

PD: no hubo comentarios en la nota de Ayn Rand. Aclaro que era una joda de John Hodgman.

4 respuestas a A diez años de “Kirchner, poder y populismo”

  1. Gonzalo Walter Costa dice:

    Muy buena nota . . . .que vigencia!!!! Quizass habría que decir, Poder y populismo=corrupción, soberbia e impunidad.

  2. Muy bueno! La situación actual es el resultado del “modelo” que se inició hace ya 10 años.

    • mgeiras dice:

      Nicolás, lamentablemente estamos así como resultado de décadas de ausencia de un “modelo” de desarrollo, i.e. de reglas de juego aceptadas por los diferentes actores (políticos, empresarios, sindicatos). O si querés, por que la única regla aceptada es “que cada uno robe lo que pueda”. Saludos.

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