Los desafíos del tridente antiinflacionario

Esta no es una entrada futbolera, aunque la mención a un tridente evoca al del Barcelona que el domingo destruyó la fantasía de los hinchas riverplatenses. El tema hoy es cómo atacar, y reducir, la inflación.

Quienes siguen este blog desde sus inicios sabrán que en 2011 escribí varios posts al respecto (ver acá y acá). En ese momento los desequilibrios macro y microeconómicos no eran tan grandes como lo son ahora y era posible pensar en un plan creíble que redujera la inflación a un dígito bajo en un año, año y medio. Hoy es más complicado.

La semana pasada argumenté que no sería viable un plan que busque el ajuste vía crecimiento económico. En mi opinión hay que cerrar la brecha fiscal y los primeros anuncios no ayudan en la medida que reducen ingresos (baja de retenciones y aumento del mínimo no imponible de ganancias) y aumentan gastos.

Este gobierno recibe críticas desde antes de asumir. Pero hay que diferenciar la paja del trigo, ya que los sectores K se la pasarán criticando y poniendo palos en la rueda (y piquetes en la Ricchieri). Dentro de las críticas racionales está la de haber devaluado sin un plan integral de fondo. Creo que existe un plan implícito y que no estamos ante una devaluación à la Kicillof. Pero no es políticamente correcto anunciarlo antes de las fiestas. Uno de los analistas que describe la situación en términos muy similares a los que usaré en el resto del post es Néstor Scibona en su columna del domingo en La Nación:

Con esta perspectiva, la reducción del déficit fiscal a corto plazo provendrá principalmente de la quita o reducción gradual de subsidios a la electricidad en el AMBA, donde además se necesitará recomponer tarifas de las distribuidoras para atender emergencias, reactivar la inversión en redes y estaciones de transformación. Para atenuar el impacto sobre los sectores de menores ingresos se prevé una tarifa social cero para los consumos de hasta 150 kWh mensuales, y también la facturación mensual en vez de bimestral para fraccionar el pago.

Hasta que no queden definidas estas cuestiones será difícil que el BCRA pueda poner en marcha la anunciada política de metas (decrecientes) de inflación, para alinear las expectativas fiscales, monetarias, cambiarias y salariales. La fuerte suba de tasas de interés sólo tiende por ahora a desalentar la demanda de dólares, pero tendrá impacto sobre la actividad económica. Y hasta que no estén disponibles esas políticas será complicado encarar el acuerdo social tripartito (Estado, dirigentes sindicales y empresarios) con eje en precios y salarios. Incluso ante la ausencia transitoria de los índices de inflación de fin de 2015 y comienzos de 2016, si bien el Indec se apresta a elaborar un indicador “puente” suficientemente confiable, dado que el IPC definitivo llevará varios meses.

Como dice Scibona, se sabe que el ajuste va a empezar por el sector energético. Juan José Aranguren lo viene anunciando desde antes de asumir y cada vez se menciona más en los medios que se viene un tarifazo (eso sí, con conciencia social). Esto permitiría reducir en al menos dos puntos el déficit en el año.

El ajuste en las tarifas de transporte va a tener que esperar pues recae más sobre los sectores humildes que la energía y seguramente se hará luego de un rediseño integral del sistema metropolitano (con tarifa plana que subsidie a quien hoy paga dos o tres veces para moverse del conurbano a la Ciudad). Gracias a la posibilidad de articular políticas entre Nación, PBA y CABA es posible que este ajuste se realice el año próximo también resultando en un ahorro de cerca de dos puntos en las cuentas públicas.

Una vez que se anuncien las primeras medidas de ajuste, y viendo el comportamiento del dólar y los precios durante el verano, el BCRA podrá diseñar un plan antiinflacionario que tenga en cuenta la herencia a digerir (por ejemplo, la emisión atada al pago de futuros de moneda) y que apunte a una reducción gradual de la inflación llegando al dígito (en lo posible bajo) en tres o cuatro años.

¿Por qué no reducir la inflación más rápidamente? Dado el nivel de déficit inicial, los primeros dos años se deberá seguir contando con el ingreso del impuesto inflacionario, el cual se podrá ir reduciendo cuando se tenga certeza que el ajuste se encamina (digamos, cuando el déficit esté en un 3%). Recién ahí convendría endeudarse para reemplazar el impuesto inflacionario. Hacerlo hoy es muy riesgoso pues de fracasar el primer plan del gobierno (y salvo Néstor que heredó el segundo plan de Duhalde, el primer plan de todos los gobiernos de 1983 a la fecha fracasó), se tendría además de déficit fiscal, alto endeudamiento.

Con el plan antiinflacionario creíble sobre la mesa, el gobierno debería sentarse a la mesa con empresarios y sindicalistas para lograr un acuerdo de precios y salarios que sea consistente con las metas de inflación. En el pasado me he mostrado escéptico sobre la utilidad de estos pactos sociales, pues cuando el desequilibrio principal era la inflación un plan creíble era suficiente para formar expectativas.

Lo que hace diferente este caso es que va a haber dos inflaciones a seguir en la negociación. Una la reflejada en el IPC tradicional, en la cual tienen un peso importante las tarifas de Capital y el GBA. La otra la inflación neta del ajuste, once and for all, de las tarifas energéticas. Los trabajadores querrán un aumento salarial que siga el primer indicador (para no perder poder adquisitivo), mientras que a las empresas se les pedirá que aumenten en función del segundo (para hacer el programa monetario consistente). Y el gobierno deberá negociar la división de esta grieta.

Esperemos que el tridente Aranguren-Sturzenegger-Prat Gay (incluyendo a otros ministros como Jorge Triaca) logre poner en marcha un plan que esté a la altura de los desafíos de la coyuntura, que seguramente son más complejos que lo analizado en este breve post.

2 respuestas a Los desafíos del tridente antiinflacionario

  1. Matias dice:

    No se que inflacion van a seguir para la negociacion ya que no creo que el Indec tenga indices confiables para marzo. Veo dificil que el gobierno pueda satisfacer las demandas de empresarios y sindicalistas al mismo tiempo.

  2. mgeiras dice:

    Matías,
    Es cierto que van a pasar varios meses hasta que tengamos un IPC nuevo. Pero para las negociaciones importan la inflación esperada en los siguientes 12 meses (si es que se mantiene, espero, una paritaria por año). Por eso lo importante es medir bien la inflación a futuro. Saludos,

    martín

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