Productividad, robots, y educación

28/03/2016

A fin del año pasado publiqué una nota con título “Basta de Frey y Osborne! (deseo para el 2016)”. No ha terminado marzo que dicho deseo no se cumplió. Ayer La Nación publicó no una, sino dos notas sobre el peligro que robots nos roben nuestros empleos. La base que motiva ambas notas, una de Sebastián Campanario, la otra de Eduardo Levy Yeyati, es un informe del Banco Mundial sobre los “dividendos digitales” que todavía no se materializaron, en particular en países en desarrollo.

Según dicho informe Argentina es el país de ingresos medios con mayor proporción de trabajos en riesgo de ser automatizados, i.e. sustituíbles por robots o por computadoras con software de “inteligencia artificial”. Según Levy Yeyati

En la Argentina, en un contexto de estancamiento, con motores de crecimiento histórico de baja demanda relativa de trabajo, y con una distancia creciente entre la formación de los estudiantes y las necesidades de nuestras empresas, la inevitable apertura tecnológica puede profundizar la caída de la participación laboral y la concentración de ingresos y riqueza. Entre otras razones, porque nuestra fuerza laboral es intensiva en calificaciones medias y está particularmente expuesta al reemplazo, como lo refleja nuestro primer puesto en el ranking del Banco Mundial que ordena a los países según el porcentaje de sus empleos que son reemplazables por la automatización.

Entonces, ¿priorizamos el empleo a expensas de la productividad o la productividad a expensas del empleo?

Y según Campanario

En el debate por el futuro del empleo hay un autor fetiche para los economistas: el estadounidense David Autor es, para el economista argentino y director del Cedlas Guillermo Cruces, “quien mejor viene estudiando esta área temática”. Autor defiende una hipótesis de “polarización del empleo”: los trabajos que más están cediendo a favor de la automatización son los “intermedios” en la distribución de habilidades. Esta es una de las explicaciones para que la Argentina ocupe el primer puesto en redundancia de empleo del Banco Mundial: nuestra estructura laboral está muy concentrada en el medio: proporcionalmente, alta incidencia de personas con secundario completo. En este segmento entra buena parte del empleo público, trabajo administrativo, telemarketing, bancario, de seguros, etcétera…

Para el economista del Cedlas, “si bien este escenario (el que describe el Banco Mundial) no es la antesala de una distopía de desempleo tecnológico masivo en la Argentina en el largo plazo, la evidencia presentada es un insumo clave para quienes piensan e implementan políticas de desarrollo y transformación productiva. Este insumo debería ayudarnos a identificar las áreas con mayor potencial de crecimiento, y a la vez, las áreas en que más bajas se producirán, para ayudar a reconvertir y compensar a los trabajadores desplazados.

En el post del año pasado notaba que la predicción de Frey y Osborne que un 47% de los empleos en EEUU estaban en riesgo no estaba correctamente fundada. Eso no quita que cualitativamente es correcto decir que hay ocupaciones que habrán de desaparecer. El progreso tecnológico se ha encargado de destruir, y generar, empleo desde siempre. Y la Argentina no es la excepción. Pero si insistimos en predicciones apocalítpticas lo único que vamos a lograr es que la dirigencia de nuestro país lo mantenga cerrado al progreso tecnológico, como hicieron los Kirchner durante 12 años (aunque el país estaba cerrado desde la crisis de 2001 por una combinación de fricciones financieras y cambiarias).

Los políticos que tienen algo de memoria recordarán que durante los noventa, cuando el país importó capitales y tecnología, el resultado fue un incremento del desempleo de aproximadamente el 6 al 18%. Un análisis más profundo determinará que el nivel de atraso tecnológico del país en 1991 era altísimo (más que hoy en día) y que el desempleo sobre el final de la convertibilidad era alto por factores cíclicos. Pero la realidad es que entre 4 y 6 puntos porcentuales del desempleo se debían a factores estructurales al encontrarse dichos trabajadores inservibles en la nueva “matriz productiva”. Puede hoy el país tomar medidas que eleven en el mediano plazo el desempleo en 3-4%? No. Pueden tomarse medidas que aumenten la productividad en el largo plazo sin afectar el empleo? Si.

La automatización o robotización depende de incentivos y restricciones. Consideremos la decisión de comprar una Ferrari. Si el potencial comprador debe pagar tres veces su valor en impuestos, o si solamente la puede usar en una ruta en muy mal estado, no habrá muchas personas interesadas. Lo mismo sucede con la decisión de incorporar tecnología. El Estado puede graduar su adopción mediante medidas de política. Por ejemplo, en el sector automotriz las empresas radicadas en el país ya trabajan con alta tecnología y este sería un caso en el cual una política de apertura tendría más ganancias que pérdidas. En el otro extremo la industria textil necesita tiempo e incentivos para pasar de un modelo mano de obra (esclava?) intensiva a uno que combine robótica con diseño.

Para poder lograr esta transición al desarrollo tecnológico de punta (que hoy en día sólo se encuentra en el sector agrícola) es fundamental educar a los futuros trabajadores. Como dice Campanario en la citada nota

El estudio del BM advierte que la respuesta de políticas públicas al dilema pasa por dar educación de mayor calidad y más ajustada a las necesidades, “en un ámbito donde las reformas tardan muchos años en dar frutos”. Tiempo, justamente, es lo que no sobra.

Antes de cambiar la educación, hay que lograr que los chicos vayan a la escuela. La AUH es una política social que requiere la escolaridad de los chicos para que las madres cobren el subsidio. Como ya he comentado hace unos años, en mi opinión el programa es perfectible. Por ejemplo la evaluación a fin de año para determinar si los chicos aprueban el curso (lo que determina el cobro del plus por escolaridad de la AUH, si recuerdo bien) debiera ser mediante un examen estandarizado a nivel provincial o Nacional. Esto lograría que los maestros en lugar de recibir presiones non sanctas para que alumnos sin calificaciones aprueben, recibirían las presiones naturales para hacer su trabajo.

En lugar de escuchar que el gobierno de Macri piensa medidas que perfeccionen la AUH, el propio Presidente anunció una expansión del programa que desvirtúa parte de sus objetivos. Según nota de ayer en La Nación

El Ministerio de Desarrollo Social que encabeza Carolina Stanley, aportó dos proyectos clave. El primero de ellos, la ampliación de la Asignación Universal por Hijo (AUH) sobre la base de fondos asignados por el Banco Mundial, tiene como objetivo incluir al millón y medio de chicos que aún no reciben el beneficio instalado durante la gestión kirchnerista.

Con los fondos anunciados por el Presidente se irán a buscar a los menores excluidos del plan por falta de vacunas o asistencia a clases, requisitos para recibir la asignación.

Las mentes pensantes de Cambiemos, que las hay, qué esperan que pase con los beneficiarios corrientes de la AUH si indiscriminadamente se le empieza a otorgar el subsidio a cualquiera, sin pedir “asistencia a clases”? Lo mismo que pasa con quienes pagan impuestos y ven que Cristóbal López puede evadir $8000 millones como si nada. La (poca) disciplina se pierde y la AUH pasa a ser percibida como un derecho sin obligación.

Le pido a Levy Yeyati, que se estaría incorporando a la Jefatura de Gabinete en estos días, que dado que siente la respiración de un robot en la nuca, le explique a Carolina Stanley que no debiera desvirtuar la AUH, sino todo lo contrario, transformarla en la herramienta que permitirá a las futuras generaciones cobrar el mencionado dividendo digital.

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Evaluando a Obama

22/03/2016

Mañana llega al país en visita oficial Barack Obama. En Argentina se discute más sobre cuestiones de forma (la visita coincide con el cuadragésimo anivesario del último golpe de estado), que de fondo (si gracias a la visita el país puede reintegrarse más rápidamente al mundo).

Descarto que la visita del presidente de los EEUU va a ser beneficiosa para el país. En esta nota trataré de evaluar la presidencia de Obama.

El contexto en que Obama asume la presidencia en enero de 2009 era muy negativo. EEUU y la mayoría de los países desarrollados estaban sumergidos en la peor crisis económica desde la Gran Depresión. Antes que Obama asumiera el cargo, el salvataje de los bancos bajo el programa TARP logró estabilizar más la economía que los paquetes de estímulos fiscales de 2008 y 2009 (esto porque uno de los mecanismos de amplificación de la crisis fue la incertidumbre en el sistema financiero y el TARP la redujo significativamente). Obama merece crédito por administrar la recuperación económica, pero no llega a una calificación de excelencia debido al aumento en regulaciones que aumentaron los costos de hacer negocios (excluyo a Dodd-Frank ya que es bien sabido que la regulación del sistema financiero en todo el mundo sigue un ciclo de desregulación gradual en tiempos normales seguido de fuertes regulaciones luego de crisis).

El logro más importante para Obama fue la reforma del sistema de salud, conocida como Obamacare. Esta medida de política fue muy resistida por el partido republicano, al punto que ningún representante o senador de dicho partido votó en favor de la reforma. El conflicto produjo la paralización del gobierno que se extiende hasta nuestros días. Obama, y el partido demócrata, culpan a los republicanos por su intransigencia. Y estos culpan al primero por provocarla por imponer, con poca discusión, el Obamacare. Ambos tienen razón. A continuación reproduzco unos párrafos de una nota en el Washington Post de junio del año pasado:

Obama’s decision to tackle the overhaul of the nation’s healthcare system at the start of his first term was born of this belief. Sure, lots and lots of other presidents had failed. But, in his mind, he wasn’t like lots and lots of other presidents.  He was Barack Obama and he would figure it out.

Everything else in Obama’s presidency flowed from that decision.  While Obama did do what so many presidents before him had failed to do, the cost of getting healthcare done was enormous — both in terms of the downballot losses it inflicted on his party and the distrust it drove — not created but drove — with Republicans.

Healthcare proved to Republicans that Obama wasn’t really a uniter. And it proved to Obama that Republicans would never, ever work with him on honest terms. The rest is, well, history.

¿Pero qué es Obamacare? Es una ley que básicamente obliga a los norteamericanos a contratar un plan de salud. Antes de la sanción de dicha ley el grado de cobertura de salud era bajo debido a los altos costos de un seguro. En mi opinión el principio detrás de Obamacare es correcto: como la gente no estima bien las consecuencias de enfermedades serias no contrata un nivel óptimo de cobertura. Es interesante que cuando la Corte Suprema de los EEUU ratificó su constitucionalidad en junio de 2012 por 5 votos contra 4, el voto decisivo del juez John Roberts se basó en que la obligatoriedad del programa equivalía al pago de impuestos por un servicio de salud. Es de esperar que en un futuro donde los partidos políticos trabajen en forma más cooperativa esta ley se perfeccione, por ejemplo con medidas que reduzcan los costos, que están dentro de los más altos para países de la OECD.

El resto de la presidencia de Obama se reduce al tratado nuclear con Irán, y su política de apertura con Cuba (porque por las razones mencionadas anteriormente la ley Dodd-Frank hubiera sido aprobada hasta con Ted Cruz como presidente). Encuestas de opinión muestran que los niveles de aceptación de su presidencia están en la media histórica. Con el tiempo seremos capaces de hacer un mejor balance y ver si Obama logra su lugar en la Historia o no. En lo personal, al día de la fecha tengo una opinión negativa. Y me baso en la siguiente evidencia (el gráfico es del sitio fivethirtyeight): las creíbles aspiraciones presidenciales de Donald Trump y Bernard Sanders por los partidos republicano y demócratas respectivamente evidencian un profundo desprecio de los votantes por la política tradicional. Y Obama es el principal responsable.

delegatetargetsEXPOST: Jorge Asís escribió el siguiente comentario en su blog luego de la visita de Obama a la Argentina

Por haber recibido el fantástico apoyo de Barack Obama. El pato más rengo en el año del Pato Rengo.
Obama gobernó Estados Unidos durante más de siete años. Desperdició su liderazgo en el mundo que lo respeta menos. Y está al borde de ser entregado el gobierno hacia el retraso colectivamente cultural de Donald Trump.
Para Obama -pobre- ya no hay relanzamientos que valgan.


Política monetaria

15/03/2016

Mientras esperamos que el gobierno logre la sanción de la ley que apruebe el acuerdo con los holdouts (ver post de la semana pasada, abajo link a la entrevista que Luis Majul le hiciere el pasado domingo a Mauricio Macri, quien empezó a mostrar los dientes y deber seguir haciéndolo), hoy voy a escribir sobre la política monetaria que seguiría el BCRA en caso de un resultado favorable.

La idea para este post surgió primero de un tweet de José Luis Espert,

y fue luego reforzada por una nota sobre la inflación en América Latina en la última edición del Economist.

caidasLa nota del Economist describe como varios países de la región enfrentan el desafío de un aumento en la inflación a causa de la depreciación de sus monedas para compensar la caída en los términos de intercambio

Elsewhere the rise in inflation is the result of currency depreciation, which is driving up the price of imports (see chart). This is also a factor in Brazil and Argentina. Though very large, these depreciations are healthy: they are the way that Latin America’s economies are adjusting to sharply lower prices for their commodity exports. But they pose a dilemma for central banks that are committed to inflation targeting. In Brazil, Chile, Colombia and Peru central bankers began raising interest rates last year even as their economies slowed or were stagnant. Argentina, too, put up its interest rate last month.

The good news is that the rate at which currency depreciation in Latin America is passed through into domestic price increases is much lower than in the past, according to Alejandro Werner of the IMF. The Fund’s research shows that before 1999, when several Latin American countries floated their previously fixed currencies and adopted inflation targeting, large depreciations were associated with very high rates of inflation. Now the average pass-through in these countries is below 10% (ie, if the currency depreciates by 10%, domestic prices will rise by less than 1%).

Como dice la nota, por suerte el pass-through de las devaluaciones es bajo. En el pasado no era así porque los países no tenían disciplina fiscal y el mercado no confiaba que la adquirirían en el medio de una crisis. Hoy la situación es diferente, pero no necesariamente en Argentina, porque justamente no practicamos el combo de disciplina fiscal e inflation targeting. Pero qué política monetaria sigue el BCRA? Acá entra la observación de Espert.

El BCRA en principio anunció metas de crecimiento de la base monetaria, o sea “monetary targeting”. Y como Espert bien razona, en ese caso la tasa de interés no sería un instrumento de política. Sí lo sería bajo inflation targeting porque en ese caso la tasa es el instrumento más usado para introducir cambios en la demanda agregada (en gran parte debido al éxito de la “regla de Taylor” para ajustar la tasa de interés en función de cambios en la inflación y en el nivel de desempleo). Pero porque el ministro Prat Gay haya dicho que la inflación este año estará entre el 20 y el 25%, Argentina no hace inflation targeting (no puede aunque quisiera). Entonces porqué parece que, como dice Espert, la política monetaria del BCRA está en el medio entre un objetivo de inflación y uno monetario?

Creo que la clave está en pensar en canales de transmisión excepcionales que hacen que ciertas variables intermedias sean relevantes para el objetivo de política. Veamos este parráfo de la mencionada nota del Economist

Mexico’s central bank also announced that it would start intervening at its discretion in the currency market. So is it now targeting the exchange rate, rather than inflation? Not really: it was worried that the speed of peso depreciation would feed expectations of higher inflation down the road. “By acting forcefully today it will probably need to tighten less later on,” says Mr Arcentales [analista de Morgan Stanley].

En el caso del BCRA creo que también hubo una preocupación que la depreciación del peso alimentara no solo las expectativas de inflación sino también la inflación hoy en día. Además, debido a los desmanejos en el mercado de futuros de dólar de la anterior administración, al BCRA la depreciación del peso le implica comprometer su programa monetario ya que lo obliga a aumentar el ritmo de emisión para cubrir las posiciones abiertas hasta julio. De manera que es comprensible el uso de la tasa de interés como instrumento intermedio de la política monetaria.

Solamente cuando el país vuelva al mercado internacional de capitales, y pueda mostrar que se compromente a seguir un sendero de consolidación fiscal políticamente viable, será posible hacer inflation targeting en Argentina. Y para ello es necesario que el objetivo de inflación esté por debajo del 5% anual (sino es risible). Por ello no tendremos inflation targeting hasta, con suerte, el último año de esta administración. Mientras tanto lo mejor que se puede hacer es mantener objetivos de agregados monetarios, que el año que viene podrán ser pautados en forma condicional a la evolución de la macroeconomía (por ejemplo en función del crecimiento observado en el nivel de actividad).


Caja, deuda, y poder

08/03/2016

Para la aprobación del pago a los holdouts, que debiera realizarse antes del 14 de abril, pareciera que los gobernadores le reclamarían al gobierno el reintegro acelerado del 15% de Coparticipación que va a la ANSES a cambio del voto. Ayer, Eduardo Aulicino en una nota en Clarín considera las razones de esta posición

El ejemplo más evidente [de avances y retrocesos con la oposición] lo constituye el reclamo de las provincias por los fondos de coparticipación podados durante toda la década kirchnerista para alimentar centralmente a la ANSeS. La pulseada parecía resuelta con el decreto de Macri que propone esa recuperación en cinco años, pero los gobernadores peronistas subieron la demanda para que los tiempos sean acortados a tres años y con una primera tajada sustancial antes de diciembre. ¿Qué ocurrió en el medio? Hay explicaciones parciales, tal vez complementarias, pero ninguna cierra la historia…

La relación de necesidad mutua y de competencia a futuro entre el PJ que se va rearmando y el Gobierno está teñida por acercamientos y tironeos. ¿Hasta dónde mantendrían los gobernadores su reclamo? “Juegan al límite. Las negociaciones con ellos son permanentes desde el 10 de diciembre. Se discuten fondos, obras y lo que sea necesario, pero el acuerdo con los holdouts no es moneda de cambio”, resume una fuente del Gobierno.

Me parece que esta votación es clave para el futuro del gobierno de Macri. La racionalidad indica que es posible ponerse fuertes y no negociar nada a cambio del acuerdo con los holdouts. ¿Si varias provincias se beneficiarían de poder endeudarse, y todas se perjudicarían si el acuerdo se cae y el gobierno se ve obligado a minimizar las transferencias que les hace? El problema es que en estos juegos de desgaste a veces las estrategias racionales no son las socialmente óptimas, y por ende hoy en día la probabilidad que el PJ no ceda y dinamite el acuerdo no es cero.

¿Qué debería hacer el gobierno? Manejar a la opinión pública con dos mensajes. El más importante es responsabilizar al PJ por la eventual caída del acuerdo. Para ello hay que construir un relato que diga más o menos “herencia blanqueda, el kirchnerismo nos obligó a ajustar, poder tomar deuda suaviza los efectos del ajuste, si no arreglamos con holdouts no se puede tomar más deuda”. Si para el 13 de abril el argentino medio ve al Senado como el factor que haría más severo el ajuste (que ya está sintiendo en su bolsillo) la probabilidad que éste no lo apruebe es mínima.

Lo segundo que debe hacer el gobierno es comunicar que devolver el 15% de Coparticipación en tramos obedece a la necesidad de reformar el sistema de jubilaciones previamente, para hacerlo sustentable (ver nota al respecto del año pasado). Si se le promete a las provincias que la devolución se aceleraría en la medida que el Congreso discuta y consensue una reforma, esto alinearía los incentivos de las partes. Y blanquearía que si dicha reforma implica un “costo” a los trabajadores (porque a priori debe reducir la relación beneficio aportes) es porque la ANSES resigna recursos para las provincias. No sea cosa que el gobierno, además de ser débil, cargue con todos los costos políticos, ¿no?

Además, Sergio Massa está sugiriendo que la aprobación del acuerdo con los holdouts debería supeditarse a establecer límites de endeudamiento para el país. Me parece una buena idea. Por supuesto que dicho límite debiera permitirle al gobierno endeudarse para cumplir con sus metas fiscales hasta el final del mandato. En caso contrario al gobierno no le sirve de mucho. Y también debieran establecerse límites al endeudamiento provincial, ya que nuestra experiencia nos muestras que algunas provincias se endeudan hasta ser insolventes y requerir salvatajes de la Nación que impactan en las metas fiscales de esta última.

EXPOST: Hoy, Joaquín Morales Solá escribió una nota en La Nación con conceptos parecidos respecto al cálculo de costo-beneficio para las provincias

Paralelamente, varios gobernadores peronistas se miraron en el mismo espejo del gobierno nacional. Si fracasara el acuerdo con los holdouts, no sólo Macri se quedaría sin solución económica y financiera. También los mandatarios provinciales se resignarían a vivir a pan y agua. El gobernador salteño, Juan Manuel Urtubey, lo explicitó públicamente y sin elipsis: “¿Y qué sería de las provincias si el gobierno nacional se quedara sin financiamiento? ¿Acaso a nosotros no nos pasaría lo mismo?”, preguntó retóricamente. Varios gobernadores peronistas más se pronunciaron en el mismo sentido. El único que fue desobedecido por sus diputados nacionales fue el tucumano Juan Manzur, pero es posible que a esos legisladores los controle el caudillo provincial José Alperovich, actual senador nacional, y no Manzur…

El problema real estaba en el Senado, donde siempre tropezaron los presidentes no peronistas. El bloque justicialista no se dividió en la cámara alta, aunque el jefe del bloque, Miguel Pichetto, debe lidiar con una docena de senadores kirchneristas (sobre un total de 40 senadores peronistas). Que Macri perdiera en el Senado fue siempre la intención de Cristina Kirchner. Trabajaba (y trabaja) para que el Partido Justicialista les ordene a los senadores el voto en contra del acuerdo con los holdouts.

No se sabe muy bien qué significa una orden de un partido que no existe, pero el temor a una eventual desobediencia colocó en la vacilación a varios senadores peronistas. Macri necesita que siete senadores peronistas voten su acuerdo con los fondos buitre (“Diez, para estar seguros”, dice el Gobierno). Ese número, más los propios, le daría la mayoría necesaria en la Cámara alta.

Si los senadores fueran robots de los gobernadores la probabilidad que el acuerdo no se apruebe a tiempo sería nula. Pero como los diputados por Tucumán que responden a Alperovich, varios senadores son autónomos y no autómatas. Por eso en la nota digo que la probabilidad que el acuerdo se dinamite no es cero. Y ojo que si el Senado a último momento lo aprueba, pero con modificaciones, es lo mismo que rechazarlo, pues debe volver a Diputados.

EXPOST 2: Hoy jueves nota en La Nación de Carlos Pagni sobre el tema

Macri estableció, además, un principio general para este debate: no aceptará que la oposición, en cualquiera de sus formas, obtenga sus conquistas tomando de rehén la ley que permitirá la salida del default. El Presidente transmitió un mensaje terminante: “No voy a suplicar que deroguen el cerrojo. Si se niegan, iremos a una economía de guerra, en la que lo primero que voy a cortar son los giros especiales a las provincias”…

Para el Presidente, la derogación del cerrojo es estratégica. Le permite despejar la gran incógnita de su administración: si es capaz de gobernar con la oposición del peronismo. Es verdad que en este caso hay intereses convergentes. Sin salir del default es imposible obtener crédito internacional. Y sin crédito el ajuste fiscal sería severísimo y afectaría, sobre todo, a las provincias. Además, los mandatarios del PJ están expuestos a una amenaza siempre tácita: que Macri se sirva de su popularidad actual para recordar a la opinión pública el compromiso de esos caciques con el desaguisado que dejó Cristina Kirchner. El acuerdo Nación-provincias se sostiene en la ficción consentida de que el kirchnerismo fue una aberración que los peronistas debieron, indefensos, soportar. Igual que el menemismo.

También en La Nación nota de Luis Majal, con el siguiente párrafo desde la perspectiva de María Eugenia Vidal

Vidal se lo transmitió en esos duros términos a un senador nacional del Frente para la Victoria con el que se encontró, cara a cara, en la Fiesta de la Vendimia Solidaria, en Mendoza. El senador le había comentado que la estrategia de sus colegas en la Cámara alta y también en el bloque de Diputados iba a ser dar quórum y apoyar el proyecto en general, pero sólo si el Presidente aceptaba discutir la devolución de la coparticipación en los términos que pretendían los gobernadores peronistas. “Mirá -le respondió Vidal, quizá entonada por la gimnasia negociadora que le inculcó la paritaria docente-, mejor deciles a tus compañeros que sin el arreglo con los holdouts ninguno de los gobernadores va a poder discutir nada, porque sencillamente no habrá más fondos genuinos por los que pelear o reclamar.”

Espero que los gobernadores escuchen. Y que el gobierno no ceda en su estrategia de comunicación hasta que el acuerdo esté aprobado. 


El fraude de los futuros de dólar

01/03/2016

El viernes el juez Claudio Bonadio citó a la ex presidenta Cristina Kirchner a declarar como sospechosa en la causa que investiga delitos en las operaciones de venta de dólares a futuro, las cuales ocasionaron millonarias pérdidas al Estado.

“Todas estas pérdidas en contratos de futuros de dólar que debe honrar el BCRA se producen por las posiciones abiertas por la entidad entre septiembre y noviembre del año 2015, que alcanzaron aproximadamente los U$S 17.000.000.000,00”, indicó Bonadio.

Todo funcionario público sabe que es pasible de ser imputado por algún delito por las decisiones que toma. No me sorprendería que algún kirchnerista presente una denuncia contra Prat Gay por el pago a los holdouts, con el argumento que implica reconocerles una ganancia extraordinaria. Por supuesto que si el acuerdo es transparente e implícitamente avalado por el Congreso con la derogación de las leyes cerrojo y de pago soberano, dicha acusación tendría poco sustento.

El presidente (y directorio) del BCRA también tiene siempre esta espada de Damócles sobre su cabeza. Sabe que toda medida que tome puede llevarlo a pasear cuasi-eternamente por Tribunales. Por ejemplo, si el banco P tiene problemas y el BCRA trata de evitar su quiebra y para ello convence al banco M que lo compre probablemente tenga que darle algún incentivo a este último, como ser líneas de redescuentos especiales. Si posteriormente el banco M tiene problemas financieros y quiebra, siempre puede poner como excusa el haber sido forzado por el BCRA para hacerse cargo del banco P. De manera que el BCRA puede ser acusado por acción, inacción, etc.

Y esto no solo sucede en Argentina. Ben Bernanke debe haber envejecido un par de años por el estrés que le ocasionaron las críticas al salvataje del sistema financiero norteamericano cuando estaba a cargo de la Reserva Federal en 2008. En una nota reciente de The Economist se compara la recapitalización de los bancos en EEUU y EU y se ve que mientras los primeros se ajustan el cinturón inmediatamente luego de la crisis, los europeos todavía se hacen los desentendidos. Pero lo que a un observador informado imparcial le parece una excelente gestión de Bernanke, al lego, al político oportunista, y al banquero caído en desgracia le provoca escozor.

Dicho esto, el caso de los contratos de futuros de dólar es claramente fraudulento y quienes estaban a cargo del BCRA en el período mencionado por Bonadio en la causa debieran ser encontrados culpables. ¿Por qué en este caso no habría duda, mientras en los párrafos anteriores no queda clara la responsabilidad del funcionario público involucrado? En los casos anteriores se consideran medidas que al momento de ser tomadas no tienen, con certeza, implicaciones negativas. El acuerdo con los holdouts se espera destrabe la llegada de inversiones. Se temía que la quiebra del banco P iba a tener consecuencias negativas en el sistema financiero argentino. Y un razonamiento similar detrás del programa TARP en EEUU. Pero vender a $10 un dólar a futuro cuando en Nueva York el mismo contrato se pactaba a $15 es, con certeza, incurrir en una pérdida para el BCRA.

Que esta operatoria constituyó un delito está explicado en forma muy clara en una nota de Martín Grandes y Nicolás Salvatore en Perfil:

¿Por qué existe dolo? Un contrato forward es un activo financiero más, que cotiza, como todo activo, a un precio, “hoy”. No hace falta esperar al vencimiento de los contratos forward y contrastarlos con los precios “hoy”. Es decir, que el cepo cambiario se haya efectivamente levantado y que el dólar “hoy” cotice por encima de $ 15 es irrelevante para determinar si hubo delito. Tal cosa ocurrió en el mismo momento de firmarse dichos contratos, pues el precio (promedio) pactado en aquel momento fue $ 10,5 contra un valor futuro esperado del tipo de cambio en Nueva York de $ 15 (promedio).

Dicho de otro modo, el anterior BCRA, pudiendo comprometerse a vender más “caro” en el futuro, a $ 15, en el mercado de Nueva York, prefirió comprometerse a vender más “barato” en Rofex y MAE. La brecha es de 50%, y jamás puede ser explicada por la prima de riesgo entre los dos mercados. Se trata de una maniobra dolosa, similar a cualquier otra en la que el gobierno opere fuera del precio de mercado como, por ejemplo, los sobreprecios de la obra pública.

En la mencionada nota los autores además citan jurisprudencia internacional de Sudáfrica que avala la denuncia de Bonadio.

Pasemos ahora a un segundo punto. ¿Es Cristina Kirchner responsable en este delito? Según Miguel Angel Pichetto, que ayer reconoció el costo de la operatoria para el país, la respuesta es no. Si el BCRA fuese independiente la responsabilidad de sus actos recaería, por definición, sobre sus espaldas. Pero Cristina Kirchner violó de facto la independencia del BCRA al despedir a Martín Redrado en 2010 para poder apropiarse de las reserva del Banco para financiar el creciente gasto público. Y la reforma de la carta orgánica del BCRA en 2012 preserva la independencia, pero la cualifica al decir que el BCRA:

promoverá, ‘en el marco de las políticas establecidas por el gobierno nacional‘, la estabilidad monetaria, la estabilidad financiera, el empleo y el desarrollo económico con equidad social

Cuánto hace esto responsable a Cristina por los contratos a futuro es materia discutible. Quien debiera de estar más preocupado es Axel Kicillof, quien en reiteradas ocasiones defendió la operatoria.


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