La apuesta que debería haberle hecho al FMI

28/02/2012

Este no es un post repitiendo el argumento que no hay que ampliar el capital del FMI para que pueda asistir a Europa (ver acá). Sucedió que limpiando mi oficina encontré un viejo working paper del Fondo que le había pedido a Olivier Blanchard (actual economista jefe y director de mi tesis doctoral) para hacerle comentarios. Olivier había venido a Buenos Aires a mediados de 2009 y realizó una presentación en UTDT sobre la marcha de la economía mundial.

Al terminar la misma discutimos un rato sobre la predicción que la tasa de ahorro norteamericana, que había pasado en un año del 2,5% a casi 5%, iba a seguir subiendo en el mediano plazo hasta el 7% (dado que el consumo es la contracara del ahorro, y uno de los determinantes más importantes de la demanda agregada, es importante entender cómo se veía afectado por la mayor volatilidad post-Lehman).

Para ver mejor qué razonamiento estaban haciendo le pedí una copia del paper, que puedo compartir porque está publicado. Lo que sigue es lo que le escribí a Olivier (y a Jaewoo Lee, uno de los autores del trabajo):

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El valor de regalar

22/12/2010

En La Nación online, Martín Lousteau escribió hoy una nota en la cual hace un análisis económico de la Navidad. Toma como referencia un trabajo de Joel Waldfogel, “The Deadweight Loss of Christmas“, publicado en 1993 en el American Economic Review.

Según este profesor, el problema radica en que gran parte de los regalos no son realmente deseados. Es decir, no son lo que uno elegiría para sí mismo si dispusiera del dinero. Gastar $ 100 en algo que el obsequiado no quería tanto y para lo cual estaría dispuesto a pagar solamente $ 50 implica que la otra mitad del valor simplemente se ha perdido.

Realizando experimentos Waldfogel concluye que entre el 10 y el 33% del valor de los regalos se “pierde” pues no es reconocido por los beneficiarios de los mismos. A partir de esto Lousteau infiere que este año se perderán entre $700 y $2300 millones en el país, y realiza algunas sugerencias para corregir esta ineficiencia.

Por el contrario yo creo que no existe dicha ineficiencia, y que en la contabilidad que realizó Waldfogel falta el valor que regalar algo tiene para la persona que realiza el regalo. En Economía suponemos que la gente compra bienes por dos o tres motivos: bienestar material, bienestar psicológico, y para señalar status. Una visión más antropológica (como la de Mary Douglas y Baron Isherwood en “The World of Goods: Towards an Anthropology of Consumption“) nos enseña que el consumo es un proceso social, y que en parte surge como respuesta a la necesidad de relacionarnos con otras personas. Según esta visión, los bienes proveen servicios en rituales de consumo, que caracterizan una relación de amistad. Por ejemplo, ir a un casamiento o a un funeral es prestar un servicio a la pareja feliz o a los deudos. Así, el nivel de consumo de un hogar dirigido a otras personas nos indica su grado de aislamiento o relación social.

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