La muerte del hipergradualismo

10/05/2018

La semana pasada con mi familia tomamos un crucero por el Mediterráneo, prácticamente sin acceso a internet. Al volver, y ver los diarios argentinos, me dió la impresión que habíamos viajado en el tiempo: FMI, crisis, que se vayan todos.

En los diarios que leo, La Nación y Clarín fundamentalmente, casi todas las crónicas le echan la culpa (o casi toda la culpa) de la crisis al cambio de clima en los mercados financieros. Es una estupidez. La última sorpresa en el mundo fue a fines de enero cuando la bolsa norteamericana ajustó a la baja y desde entonces opera con mayor volatilidad por el temor a una guerra comercial por las medidas proteccionistas de Trump. La última suba de tasas de la Fed tuvo las reacciones esperadas en mercados emergentes. Sólo hubo pánico en Argentina. ¿Por qué? 

Porque el gobierno se equivocó fiero al atacar la independencia del Banco Central cuando le obligó a bajar las tasas en enero. A fin de año el cambio de meta inflacionaria había puesto a los mercados en alerta. En un post esos días yo escribí que la independencia del Banco no se vería afectada si podía usar los instrumentos, la tasa en particular, como quisiera para alcanzar esa meta. Pero Sturzenegger se vió obligado a bajar la tasa de interés, y tuvimos un deterioro de expectativas, como reporté a principios de febrero. El gobierno no sólo perdió cuatro meses (con inflación en alza y crecimiento en baja), sino mucho más en términos de credibilidad.

Antes de este viaje estuve con mucho trabajo y pensaba escribir una nota que fuese mi propia respuesta al anterior post. En este conjeturaba que el gobierno podía acelerar el ajuste pero elegía no hacerlo. Pero viendo el innecesario fuego amigo (de Carrió y los radicales libres) respecto al tema tarifas se me ocurrió que, asumiendo que Macri con mayoría en el Congreso no diferiría mucho de Menem, Kirchner o Cristina (no en vano lo apodan “el calabrés”), sus aliados preferían tenerlo con las cuentas fiscales en rojo como un freno a la recuperación económica que lo volvería peligrosamente poderoso.

Ahora no importa tanto el motivo del hipergradualismo que tuvimos, si fue una libre elección, o si respondía a restricciones políticas internas o externas (peronismo, control de la calle, etc.). Lo importante ahora es que el gobierno ha firmado la sentencia de muerte del mismo. En efecto, un acuerdo con el FMI necesariamente tendrá condicionamientos. No importa que el gobierno lo niegue. Como dice Carlos Pagni en su nota hoy en La Nación

Macri necesita desde anteayer encontrar una diagonal entre gradualismo y acuerdo con el Fondo. La Argentina no puede aspirar a una Línea de Crédito Flexible, como las que se otorgaron a México o a Colombia. Para este tipo de préstamo, que carece de condicionalidades, se requiere una posición externa sólida y baja inflación.

Los expertos presumían ayer que el país tendría derecho a una Línea de Precaución y Liquidez, ideadas para países con problemas de balanza de pagos, que aplican políticas correctas pero están expuestos a vulnerabilidades. Para este tipo de auxilio las condicionalidades son ex post. Pero las novedades que llegaban anoche desde Washington no eran tan alentadoras. El Fondo sólo estaría dispuesto a conceder un acuerdo Stand-by clásico. Es decir, un préstamo que obliga a un programa de ajustes y reformas estructurales. La negociación puede llevar hasta seis meses. El gradualismo requerirá de una defensa más enfática.

Hay una cuestión principal: ¿el Fondo entregará dinero a quienes aprovechan el dólar barato para atesorar o hacer compras en el exterior? En otras palabras:¿ no pondrá como requisito la corrección del atraso cambiario? Sería la segunda paradoja de esta crisis: se pide asistencia al Fondo para evitar una devaluación; pero la condición que pondrá el Fondo para esa asistencia podría ser una devaluación.

En mi opinión, una parte del gobierno, la más ortodoxa, va a aprovechar el acuerdo con el Fondo para hacer los ajustes y reformas necesarias. De hecho, no me sorprendería que el acuerdo se hubiera pedido no cuando se hizo público sino unos días antes. El anuncio de la reducción de la meta de déficit de este año de 3,2% a 2,7% cortando gastos en obra pública podría haber sido la señal que el Fondo le exigió a un país poco apegado a ajustar los gastos a sus capacidades.

La otra parte del gobierno, la más heterodoxa, lo menos que puede hacer es pedirle disculpas a los economistas plateístas.

Hoy por hoy no veo que Macri se vea forzado a cambiar su estilo y nombrar a un super ministro de Economía que coordine mejor las acciones. Pero si el anuncio/acuerdo con el FMI no le permite recuperar gran parte de la credibilidad que dilapidó el ataque a la independencia del Banco Central habrá que dar un golpe de timón.

EXPOST: Basta ver las últimas dos ediciones del Economist (acá y acá) para darse cuenta que no se cayó el mundo. Sólo lo hizo la Argentina.

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La educación pública se cayó

23/03/2017

Esta semana, el presidente Macri presentó los resultados de la evaluación Aprender. El progresismo local, en lugar de evaluar los muy pobres resultados de dicha prueba, se concentró en una frase del presidente: “Hay una terrible inequidad entre el que puede ir a la escuela privada y el que tiene que caer en la escuela pública”. En las redes sociales proliferaron las consignas dolidas de prohombres (y mujeres) que defendían su “caída” en la escuela pública. Ricardo Roa hizo hoy en Clarín un interesante análisis

Se le cayó la frase a Macri y una legión de bien pensantes progres le cayó encima. Con interpretaciones para todos los gustos. Psicoanalíticas que la asociaron al inconsciente del ingeniero. Ideológicas que la relacionaron con la clase social de la que proviene. Y por supuesto de los activistas kirchneristas que confirmaron en la definición la voluntad de Macri de destruir la escuela pública.

Los responsables de más de una década de privatización de la educación pública con la fuga de alumnos a las escuelas privadas le endilgan a Macri ese objetivo. Los kirchneristas necesitan alimentar un prototipo de Macri a la medida de sus consignas. La mala noticia para esos bien pensantes es que tomada en sentido literal la frase de Macri sintoniza con lo que piensan los miles y miles de padres que han sacado a sus hijos de escuelas públicas.

Es una fuga hormiga que no sólo se verifica en los sectores medios y altos. Todos saben que la mejor educación ya no la proporciona el Estado. No es una cuestión ideológica.

En esta entrada no voy a analizar el lamentable estado de la educación en el país. De ello ya escribí en el pasado (ver acá, por ejemplo). Voy a tomar la nota de Roa como punto de partida, y me voy a concentrar en la actitud miope de tomar las palabras del presidente como una ofensa personal. Si uno toma las palabras en sentido literal, Macri se está refiriendo a los alumnos que, sin tener alternativa, hoy deben ir a una escuela pública. Caen en ella. No dice nada respecto a la calidad de la escuela pública hace 30 o 40 años. 

El problema es que los miopes en cuestión fueron a la escuela pública hace 30 o 40 años. Y la calidad de la escuela pública hoy está muy lejos de lo que fue en el pasado. Traigo a colación un par de anécdotas personales. Hice la primaria en un colegio privado, y en el Pellegrini hice el secundario. Ahí me di cuenta lo mala que había sido mi educación primaria, al contrastar mi preparación con la de mis compañeros que fueron a una primaria pública. Recién en tercer año logré ponerme al día en Matemáticas.

Terminé la secundaria en 1985. Cuando se cumplieron 30 años participé de los festejos con algunos de mis compañeros en el colegio. Y vi, con horror, como una de las aulas que habíamos usado estaba exactamente igual que en ese entonces. Ni bancos o pizarrones nuevos, ni computadora o cañón. Un desastre. 

Para alcanzar el crecimiento sostenido necesitamos elevar la calidad de la educación (pública y privada). Y para hacerlo tenemos que partir de un diagnóstico correcto. La educación pública no es un desastre porque el presidente usa el verbo caer, ni porque este gobierno quiera destruirla. La educación es un desastre porque hay intereses creados que no quieren reformar los estatutos docentes del siglo pasado que hacen que la misma masa de recursos que en otros países sostienen excelentes escuelas acá se diluyan en mantener docentes que no trabajan y suplentes que tampoco lo hacen. Es un desastre porque los sucesivos gobiernos desde 1983 a la fecha no han hecho frente a estos intereses creados. Es un desastre porque los miopes que la defienden al mismo tiempo mandan a sus hijos a colegios privados (y no les parece contradictorio). 

Es posible salir de este círculo vicioso? Creo que si. En particular se podría adoptar una reforma gradual que reduzca los generosos beneficios de los nuevos docentes sin afectar los intereses creados sobre los actuales maestros (en línea con lo que sugerí hace poco para el empleo público). Dudo que hoy se pueda avanzar mucho en esa dirección. Pero si seguimos sin hacer nada nuestra progresía miope terminará ciega. 


Estabilizaciones recientes

03/02/2016

El gobierno de Mauricio Macri tiene por delante el desafío de estabilizar la economía. Por esto se entiende alinear las variables macroeconómicas más importantes para que su evolución en el futuro mediato dé el marco adecuado para que el sector privado tome decisiones con baja incertidumbre. Dado que el gobierno saliente de Cristina Kirchner eligió irse por la puerta chica dejando un déficit fiscal grande (cerca de 7% del PBI), esta estabilización forzosamente tiene que tener un componente de ajuste. La reciente suba de tarifas eléctricas, que será seguida en breve por el gas, y más adelante por el transporte, se encuadra en esta lógica.

Repasemos el contexto de las tres últimas estabilizaciones más importantes en Argentina: el plan Austral, la Convertibilidad, la salida de ésta por Remes-Lavagna.

En la previa al plan Austral la inflación en Argentina era de aproximadamente 700% anual. De manera que el objetivo principal en dicha estabilización fue bajar la inflación. Para usar la terminología en boga en los medios (ver post al respecto de mediados del año pasado) el plan aplicó un shock basado en dos patas: El BCRA dejaría de financiar al gobierno, reemplazando el impuesto inflacionario por retenciones a exportaciones agrícolas. Se congelaron precios y salarios, usando una tablita para desagiar contratos nominales. El plan fracasó porque si bien la situación fiscal mejoró, no lo hizo lo suficiente para hacer creíble la estabilización. Se dice que Ricardo Alfonsín no tuvo el capital político para tomar medidas impopulares que hubieran aumentado las probabilidades de éxito del plan (el famoso, no supe, no pude, no quise).

Cuando Domingo Cavallo asume como ministro de Economía en 1991, la Argentina estaba superando su segundo pico hiperinflacionario en dos años. De manera que el objetivo principal del plan también fue bajar la inflación. A diferencia del Austral, la Convertibilidad fue tan exitosa, que desde entonces la inflación anual no ha pasado del 43% y la inflación ha dejado de ser el objetivo principal al diseñar un plan de estabilización (ya sea para la salida de la Convertibilidad por Remes-Lavagna, como hoy en día).

El éxito de la Convertibilidad se basó en lograr rápidamente la consistencia tanto de corto como mediano plazo. La primera se consiguió al cambiar el régimen monetario y hacer creíble que se dejaría de emitir pesos sin respaldo. La segunda se consiguió gracias a numerosas reformas estructurales que hicieron creíble que una estrategia basada en el crecimiento resolvería los problemas del país (fiscales, redistributivos, del sector externo, etc.). Ayudó que Erman Gonzalez previamente liberara precios a fines de 1989, que Carlos Menem apoyara firmemente el plan económico, y que Cavallo en los ochenta postulara su creencia en la economía de oferta en el libro “Volver a crecer”. Todo esto hizo que los agentes económicos formaran expectativas bajo el supuesto de la persistencia de la Convertibilidad en el tiempo (en forma total luego de la defensa exitosa de la misma al contagio del Tequila).

En ambos casos la deuda externa fue un factor que influyó en el diseño del plan, ya que la Argentina no tenía acceso a los mercados de capitales internacionales. Pero para la tercera estabilización que resumo en este post, la que siguió a la salida de la Convertibilidad, la deuda fue el detonante, y el objetivo principal fue regresar lo antes posible al pleno empleo, luego que el desempleo llegara al 18% en el final de la Convertibilidad y subiera a alrededor del 22% en 2002 (año en que el producto se contrajo 11%). La estabilización se basó en la congelación virtual de los salarios del sector público que le permitieron al país alcanzar rápidamente un superavit fiscal. Por supuesto que los salarios en el sector privado también se redujeron en términos reales lo que ayudó a reducir el desempleo llegándose al “pleno empleo” en 2006. El conseguir el doble objetivo de balancear las cuentas fiscales y reducir el desempleo hizo que la devaluación, pocos meses después de dispersada la desorganización inicial de la pesificación asimétrica y el corralón, lograra coordinar expectativas en forma favorable.

Llegamos finalmente a la situación actual. El equipo económico de Macri enfrenta una situación considerablemente más benigna, ya que ni el desempleo ni la inflación ni la deuda externa son un imperativo como lo fueron en el pasado. La economía acarrea efectos nocivos por la acumulación de distorsiones durante años (más de una década en el caso de las tarifas en el sector energético). Pero, como en todo plan de estabilización, la clave está en lograr que el conjunto de medidas a adoptar convenzan al sector privado que las variables macro se encauzarán.

En breve escribiré un pronóstico para la economía local. Quería dejar este breve repaso histórico para que el lector ponga en perspectiva al actual plan económico. También sirve ver la dinámica de la inflación en los primeros meses del nuevo gobierno en el sitio inflación verdadera.


La crisis energética y una medida simple

26/10/2012

En los últimos años se nos ha advertido repetidas veces que estamos cerca del colapso energético. Estos pronósticos agoreros a veces vienen de expertos independientes, o asociados a anteriores administraciones. Esta vez los que levantan la voz de alarma son las propias empresas del sector (ver nota hoy en La Nación):

Las empresas generadoras de electricidad le agregaron una nueva dosis de incertidumbre al convulsionado sector energético. Molestas por el retraso en los pagos de Cammesa, la compañía administradora del mercado, que es controlada por el Gobierno, enviaron el miércoles pasado una carta a la empresa en la que reclaman que “se arbitren en forma urgente” los medios para que cobren lo adeudado. Además, piden que se les restablezca una serie de beneficios que fueron suspendidos a principios de año.

De acuerdo con la nota, una herramienta de comunicación poco utilizada entre las empresas y los despachos públicos debido a que suele despertar antipatía en el Gobierno, Cammesa no había cancelado sus compromisos hasta la primera quincena de este mes. Sumada a la complicada situación de caja que atraviesan, los generadores consideran que la mora “compromete el normal funcionamiento del sistema eléctrico en su conjunto”.

Como la fábula del pastor y el lobo en algún momento vamos a sufrir un apagón dantesco y el gobierno sólo atinará a apuntar el dedo acusador sobre las empresas del sector. O sobre nosotros, consumidores, por derrochones (ya nos dijo Cristina que tenemos que tenerle un poquito de miedo). Por supuesto que como economista me parece que la solución tiene que comenzar con un aumento generalizado de las tarifas para que se reduzca el consumo. El gobierno ha intentado hacer este ajuste de sintonía fina hace un año y por ahora parece que la que tiene un poquito de miedo es Cristina, ya que no autorizó este “tarifazo”.

Mientras se decide a corregir el rumbo de la política energética con un aumento de precios, el gobierno podría tomar otra medida que de hecho pensó hace cinco años. Pocos días después que Néstor le pasara el mando (o una manija del doble comando) a Cristina, se insinuó un adelantamiento del uso horario para el 30 de diciembre de 2007. Este globo de ensayo quedó en la nada, en particular porque el gobierno percibió que tomar esta medida en forma precipitada (tiene poco sentido adelantar la hora después del solsticio de verano) equivalía a admitir la existencia de una crisis en el sector energético. Al año siguiente vino la crisis mundial y con ella una caída en el nivel de actividad que redujo la demanda. Además se inauguraron en 2008 dos centrales térmicas que ayudaron del lado de la oferta.

A pesar del parate económico que estamos viviendo este año (y siempre es bueno recordar que es consecuencia de la radicalización del populismo, y no porque “se nos cayó el mundo”), la situación del sector energético es tan mala que la calidad del servicio se está deteriorando. Esto lo puede constatar cualquier vecino de la Ciudad de Buenos Aires que haya sufrido un aumento en la frecuencia de cortes o en las fluctuaciones en la tensión del suministro. Por eso sería bueno que el gobierno reconozca que hay problemas en el sector y anuncie medidas drásticas que incluyan el adelantamiento del uso horario durante el verano.

Que adelantar la hora en verano ayuda a racionar el consumo de energía eléctrica lo demuestra el hecho que dicha medida se tomó a fines de los ochenta cuando durante el gobierno de Alfonsín el sistema colapsó (recordar los cortes programados). O viendo que nuestros vecinos del cono Sur actualmente adelantan la hora en octubre (Chile en este momento tiene la misma hora que Argentina, y Uruguay una hora más tarde). Si lo hacen es porque hay un beneficio. Y el mapa adjunto muestra que gran parte de los países (o regiones) que están lejos del Ecuador encuentran conveniente tomar esta medida (en azul los del hemisferio norte, en naranja los del sur).

Alguien dirá que en algunas provincias, como Mendoza, no conviene adelantar la hora. Pero para la mayoría de la población que se concentra en la región pampeana sería adecuado, y siendo el país federal (al menos de jure) las provincias que lo deseen podrán mantener el actual uso horario, como de hecho ocurrió las últimas veces que se adelantaba la hora a principios de los años noventa.

¿Será posible que el país no adopte una medida tan simple (y necesaria dado el deterioro del sector energético)? Y si, sin más basta recordar que en 1999 el Congreso Nacional aprobó una ley que hacía lo opuesto: atrasaba el uso horario en invierno. Ley tan mala que nunca se llegó a implementar (acá va una nota al respecto que escribí en junio de 2001 y fue publicada en Cronista Comercial).

EXPOST: Diez días después de este post, y en la misma semana que diluvió el lunes 30/10, Néstor Scibona escribió una nota en La Nación sobre el “galimatías” en que se encuentra el gobierno respecto a su política energética. Cito este párrafo como respuesta a comentarios que cuestionaban la mayor probabilidad de sufrir un “colapso energético”:

En este marco, resulta difícil determinar en qué proporción los cortes de luz que en la última semana afectaron a muchos barrios porteños y del conurbano obedecieron a la descomunal lluvia o a problemas previos en cámaras y redes. Probablemente hayan sido causas concurrentes. Pero en voz baja las empresas admiten que, en condiciones normales, el restablecimiento del servicio no hubiera demorado tanto en algunas zonas. También aportan otro dato significativo: ya no pueden tercerizar ese servicio y las cuadrillas propias se niegan a trabajar horas extras, para que sus sueldos no queden alcanzados por el impuesto a las ganancias con un piso congelado desde hace 19 meses.


Una crisis con causas propias

18/07/2012

Hace unas semanas esribí un post donde menciono la obviedad que el mundo no se está cayendo sobre Argentina, sino que la torpeza de la política económica esta haciendo que el país se caiga. Hoy comparto un trabajo de la Fundación Pensar que agrega estadísticas para reforzar esta afirmación. Lo hace comparando la coyuntura actual con la del 2009.

Para tener una medida de la destrucción kirchnerista aprovecho que estoy en Santiago de Chile para contrastar el reciente anuncio de Metrovías de sacar de circulación veinte vagones con el metro en la capital chilena. Aca en dos líneas en las que viajé (1 y 5) anuncian expansiones, por ejemplo catorce vagones nuevos para la línea 1, y están incorporando unidades con aire acondicionado. Ah, y la frecuencia de servicio es cada dos minutos en hora pico (acá le dicen “punta”).

EXPOST: Fundación Pensar redondea sus argumentos con la siguiente infografía

 


Callejón sin salida

30/05/2012

Como llegamos a este callejon sin salida? O mejor dicho, como llego el gobierno a esta situacion descontrolada en el mercado cambiario? Hace un par de semanas escribi una entrada que mas o menos decia que el valor de equilibrio del dolar para (frenar) una corrida era de seis pesos. La realidad supero la teoria y el dolar paralelo brevemente llego a superar este nivel en los ultimos dias.

El razonamiento logico detras del accionar del gobierno luego de las elecciones parece haber sido el siguiente: 1) hay especulacion por una devaluacion del dolar, 2) de macho que somos (al menos eso cree Guillermo Moreno) no lo vamos a convalidar, 3) repitamos la receta que tanto exito nos dio (again, eso cree Moreno) y regulemos el mercado. Todo condimentado con una creencia que una devaluacion no es posible en Argentina porque se trasladaria inmediatamente a precios sin beneficios en el tipo de cambio real. Veamos los hechos desde otro angulo.

Porque hubo una corrida sobre el dolar en noviembre del anio pasado? El razonamiento del mercado habria sido que el gobierno deliberadamente mantenia el peso sobrevaluado (al no devaluar al ritmo de la inflacion) para generar un efecto riqueza en el electorado. Esta pelicula ya vista en nuestro pais (y en paises de la region, recordar Mexico 94, o Brasil 98) tiene siempre el mismo final: despues de las elecciones la moneda local se devalua. Inversores racionales compran dolares y eso resulto en una fuga de capitales por unos veinte mil millones de dolares durante 2011.

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¿Un dólar a seis pesos?

15/05/2012

Fernando Laborda en una nota “destituyente” publicada hoy en La Nación se pregunta si el dólar llegara a los seis pesos.

La incertidumbre se eleva si se escuchan los cálculos que distintos economistas realizan sobre el nivel de las reservas del Banco Central de la República Argentina (BCRA). Es que si bien éstas ascienden a 47.593 millones de dólares de acuerdo con el balance de la entidad monetaria al 4 de mayo pasado, ese número incluye encajes por 7026 millones de dólares y obligaciones con organismos internacionales por 3311 millones, por lo cual el respaldo real representaría unos 37.256 millones de dólares, según la estimación que hizo el ex presidente del BCRA, Rodolfo Rossi, a LA NACION.

Como la base monetaria era a esa fecha de 222.245 millones de pesos, según Rossi, el respaldo en divisas apenas supera el 74 por ciento, por lo cual el valor del dólar de equilibrio sería de 5,96 pesos. Este sería el precio al que el BCRA debería vender sus dólares si todos quisieran cambiar sus pesos por la moneda norteamericana.

Claro que a las reservas mencionadas, habría que descontarles unos 9624 millones de pesos (equivalente a unos 2150 millones de dólares), correspondientes a la emisión de una letra intransferible por un total de hasta 5674 millones de dólares que el Tesoro Nacional le ha colocado al Banco Central. De este modo, el monto de las reservas se reduciría aún más, a unos 35.100 millones de dólares y el precio de equilibrio del dólar en función de la base monetaria aumentaría a 6,33 pesos.

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