Ideología y política social

09/01/2017

Hace un mes escribí un post resumiendo el primer año de gobierno de Macri. En el mismo digo que una de las razones por las cuales no espero grandes cambios en las políticas a implementar en el resto de su mandato es:

Además hay que agregar que buena parte de los cuadros técnicos del gobierno son realmente progresistas y están convencidos que el Estado debe tener una presencia importante en la economía.

La semana pasada escribí un tweet un tanto derechoso comentando el globo de ensayo del gobierno de bajar la edad de impuntabilidad de 16 a 14 años

El impacto que tuvo este tweet con más de 500 retweets y “me gusta” fue diez veces mayor al segundo más popular que haya escrito. Eso me hizo pensar que había tocado un nervio sensible. Y uno al que el gobierno debería prestar atención antes que aparezca un nuevo actor político que lo corra por derecha.

Es sabido que la oposición critica a Macri diciendo que gobierna “para los ricos”. En realidad el gobierno sesga sus políticas hacia quienes tienen poder, no riqueza per se. Gobierna para las provincias que, o controlan el Senado, o son gobernadas por dirigentes de Cambiemos. Gobierna para los dirigentes sociales que le pueden copar la calle (en la Ciudad, Rodríguez Larreta pareciera maldecir el controlar la policía y no poder culpar a Otro por el desmadre).

Los funcionarios progresistas que mencionaba en el anterior post arriba citado se apalancan en este discurso opositor para justificar su forma de ver la realidad y mantener el gasto social a niveles muy altos.

Pero el gobierno puede tomar medidas que sin bajar el gasto social le den un guiño a sus votantes de centro derecha (esos a quienes les gustó tanto mi tweet, y que si existiera una Ucedé moderna la votarían antes que a Cambiemos). La AUH es un beneficio que tiene condicionalidades en la medida que los padres deben cumplir requisitos de salud y educación. Por qué no agregar como condición que los chicos no delinquen? La gran mayoría no lo hace y habrá pocos casos de familias que pierdan sus beneficios por este motivo. Pero el anuncio satisfará a quienes son menos progresistas que el promedio.

Hablando de la AUH, otra posible idea de “derecha” (léase pensada con criterio de eficiencia) es graduarla por el orden de nacimiento de los hijos. Por ejemplo, supongamos que hoy en día una familia puede cobrar $100 por hijo hasta cinco hijos. Propongo que por el primero cobre $160, por el segundo $110, por el tercero $80, por el cuarto $60 y por el quinto $40. Los números son ilustrativos y deberían calcularse para que el Estado gaste lo mismo que lo que gasta hoy en día (decir que gaste menos es ajustar, vade retro satanás).

Por qué sería mejor esto? De base hay costos fijos de tener hijos por lo cual es razonable una prestación que sea decreciente en el número de hijos. Además, por un lado se corrigen los posibles incentivos que la prestación pueda tener en la fecundidad. Por otro lado se genera una transferencia de recursos de regiones con costo de vida relativamente bajo a regiones con costo de vida relativamente alto. Sin tener datos duros a mano me parece que hay mayor número de familias pobres con cinco o más hijos en el NOA o NEA que en la región pampeana. Y la canasta básica es más barata en el NOA que en la región pampeana (o patagónica). Con lo cual esta medida mejora la asignación de los recursos. 

Por supuesto que el lector progresista se rasgará las vestiduras y me insultará por ponerle un “precio” diferencial a cada niño y que eso viola sus derechos, y bla bla. Lo siento, yo no soy (tan) progresista y no puedo dejar de pensar en la ganancia de eficiencia de la propuesta, su atractivo para el votante de derecha huérfano de representación, y el hecho que Cambiemos gobierna en la región pampeana y la oposición peronista en las provincias más pobres. Igual dudo que el gobierno pueda/quiera/sepa como administrar la política social bajo otra ideología que no sea la progre populista. 


Autopsia del gobierno de Macri

07/12/2016

En pocos días se cumplirá el primer aniversario del gobierno de Mauricio Macri. Quizás un poco prematuro para una “autopsia”, pero estoy convencido que a menos que ocurra un shock importante lo que veremos será lo siguiente: a) sintonía fina dentro de un modelo equivocado cuyas distorsiones no son percibidas debido a la anestesia de los ingresos extraordinarios por el blanqueo, b) el oficialismo saca entre 30 y 35% en las elecciones de medio término lo que no importa como sea “relatado” será una derrota, c) el peronismo vuelve al poder en Diciembre de 2019.

En este escenario base Macri logra ser el primer presidente no peronista (y no militar) en cumplir su mandato desde Marcelo T. de Alvear. No es un logro menor, pero la comparación debiera ser con el potencial que tenía el gobierno de Cambiemos en Diciembre de 2015 y el gap es muy grande. Los shocks que pueden revertir este pronóstico son, por la positiva, un cambio de orientación de la política económica, social e institucional que refuerce el poder del Ejecutivo (basta de buenos modales con los gobernadores “feudales”), acote las prestaciones sociales a la realidad presupuestaria (en vez de expandir y aumentar beneficios, racionalizarlos y reducirlos), y otorgue incentivos para apostar por el futuro del país (sendero creíble de ajuste fiscal, mantenimiento a rajatabla de las metas inflacionarias, mayor apertura con un tipo de cambio más competitivo).

Por la negativa, el shock obvio es que de persistir el estancamiento el gobierno pierda el control de la calle (o mejor dicho que se lo saque el peronismo del conurbano) y Macri siga los pasos de Alfonsín y De la Rúa renunciando anticipadamente en medio de un incendio.

Voy a repasar un año de impresiones para que el lector entienda cómo llegué a estas conclusiones.

En Diciembre de 2015 era optimista. Creía que el nuevo gobierno, aunque políticamente débil, tenía mucho margen para reducir distorsiones y tomar decisiones que no debían pasar por el Congreso pero que le darían a los inversores una clara señal para traer fondos al país. Respecto de la inflación veía que la misma podía ser domada con el trabajo conjunto de distintas áreas de gobierno: política monetaria relativamente contractiva, sendero creíble de ajuste fiscal (financiando el déficit con deuda), y recorte gradual pero sostenido de los subsidios a la energía y el transporte.

Para atraer la inversión el gobierno tenía que mantener un tipo de cambio depreciado lo que reducía los costos de importar capital y permitía competir. Para lograrlo hubiera habido que bajar los aranceles a la importación de manera de crear demanda genuina de divisas, e impedir el traslado del tipo de cambio a precios. Pero aunque el muerto de los futuros de dólar impedía tomar estas medidas en lo inmediato, no hubo nunca señales que indicaran que esto era lo que buscaba el gobierno. De hecho se hizo todo lo contrario. Se apreció el dólar para usarlo, una vez más, como ancla de la inflación.

Nota al margen: la decisión de bajar los aranceles de computadoras a cero es exactamente el tipo de medidas que yo esperaba se tomaran al asumir el gobierno, no a partir de 2017. Es una medida excelente porque reduce los costos de un insumo importante en la producción y genera demanda genuina de divisas para depreciar el peso. ¿Y los ensambladores de Tierra del Fuego?, se preguntarán algunos. Mi respuesta: que se mueran.

Al promediar el año percibí que el gobierno no tenía brújula. O como titulé una nota: no hay plan. En el primer semestre vimos unas atrocidades que le mostraban luces rojas (no amarillas) a los potenciales inversores. Distintos gobiernos de Cambiemos combatían a innovadores como Monsanto y Uber al mismo tiempo que trataban de seducir a inversores. Mi reencontrado pesimismo lo reflejé en una serie de notas criticando el no ajuste, ni siquiera gradual, que no hacía el gobierno (e.g. ver acá).

Las cosas empeoraron cuando vino el fallo de la Corte que dejó sin efectos las subas del gas. En este caso la señal de alarma fue que el gobierno decidiera no solamente empezar de cero (lo cual era lo correcto, ya que respetaba la independencia del poder Judicial), sino que tomara la decisión de hacer más gradual el recorte de los subsidios. En efecto, no sólo se retrasó la fecha de comienzo del único “ajuste” del gobierno, sino que se decidió, sin imposición alguna excepto sus propios fantasmas, hacer subir las tarifas por la escalera en lugar de usar el ascensor. Al poco escribí una nota sobre como esto impactaba, negativamente, sobre la lucha contra la inflación.

Estoy convencido que la única carta fuerte que puede presentar el gobierno de cara a las elecciones del año próximo es llegar con una inflación de alrededor del 1% mensual en los tres meses previos (cosa que quede como tendencia y no como el resultado de un mes excepcional). Tomando en consideración la política real, léase las limitaciones externas y autoimpuestas para gobernar, el año que viene se crecerá entre 2,5 y 3,5%. O sea poco como para basar la campaña en el crecimiento. Además Doña Rosa no se va a dar cuenta de esto, y sí va a percibir una cuasi-estabilidad de precios en el supermercado.

A pesar de la importancia de doblegar la inflación el gobierno, con Prat Gay a la cabeza (ayudado por columnistas de los principales medios, como Joaquín Morales Solá y Carlos Pagni, que operaron abiertamente por el ministro de Hacienda), atacó la independencia del BCRA y obligó a la institución comandada por Federico Sturzenegger a bajar las tasas de las Lebac poniendo la meta del 17% para el año próximo en peligro. Esto último se puede ver en los relevamientos de expectativas de inflación que han subido en el último mes, así como también en la medición de Inflación Verdadera que subió de 1,55% a 1,65% mensual durante Noviembre.

Es comprensible el fastidio de Prat Gay por no poder cumplir con sus propias metas de reducción del déficit fiscal debido a la modalidad para gobernar que tiene el resto de los integrantes del gabinete: gobernar es gastar. Y como no hay un ministro de Economía fuerte, ministro que quiere gastar lo hace sin importarle el impacto de sus medidas. Me imagino a Prat Gay queriendo matar a Carolina Stanley cuando se florea que con 30.000 millones de pesos aseguró un Diciembre en paz ¿Y dónde está la paz? En la Capital asediada por piquetes no.

Creo que el gobierno no va a cambiar el rumbo este año. En parte por los ingresos extraordinarios del blanqueo que le van a impedir ver lo insostenible de su política fiscal. También porque en ocho años de gobierno en la Ciudad, Macri mostró a) poca preocupación por el rojo de las cuentas fiscales municipales, y b) reticencia a hacer cambios de gabinete. Además hay que agregar que buena parte de los cuadros técnicos del gobierno son realmente progresistas y están convencidos que el Estado debe tener una presencia importante en la economía.

En definitiva, lo mejor que puede pasar es que, directa o indirectamente, el gobierno se acerque a un populismo eficiente y aunque pierda las elecciones le suba la vara para el gobierno peronista que lo suceda. Una vez más, un logro no menor. Pero que palidece al lado de lo que pudo ser.


Cultura, realidad y política

04/10/2016

En el país existen diferencias culturales manifiestas. Podemos resumirlo en el “civilización o barbarie” de Sarmiento, peronistas o gorilas, kirchneristas o antikirchneristas. Como se puede ver en estas clasificaciones, es conveniente dividir las categorías en dos. Yo las etiquetaría como “nacional populista” y “liberal”. Mientras la primera reniega del mundo (aislacionista), la segunda busca integrarse al mismo (cosmopolita). Además mientras la primera considera al mercado un mal (más o menos absoluto según lo radicalizada de la visión), la segunda considera al mercado como una herramienta esencial para un ordenamiento económico moderno.

Estas diferentes culturas generan diferentes realidades, ya que un observador mira el mundo a través de sus anteojos culturales. Por eso para un argentino nacional populista el relato del kirchnerismo, como los indicadores que decían que teníamos menos pobres que Alemania, era (quizás todavía lo es) creíble, mientras que para un argentino liberal era insostenible. Esta “grieta” se profundizó desde 2008 con el conflicto que el gobierno tuvo con Clarín ya que los medios en lugar de presentar una descripción promedio de las realidades subjetivas se radicalizaron.

La diferencia de culturas impone restricciones a la política. Lo interesante es que esto no se manifiesta en dos partidos que representen las visiones contrapuestas del nacional populismo y el liberalismo. Es cierto que por un lado tenemos un partido nacional populista, el peronismo. Pero por el otro lado no tenemos un partido liberal. ¿Por qué? Supongo que en parte es porque en Argentina al liberalismo se lo asocia con la derecha, y ser de derecha está todavía estigmatizado. Esto genera un circulo vicioso.

Según sondeos de opinión, entre un cuarto y un tercio de los argentinos serían liberales. Creen en el mercado (sin ser fanáticos), y creen en la importancia de un Estado que esté presente pero solamente donde es necesario. Sin embargo un político que los busque representar no puede, por censura de la mayoría nacional populista, presentar una plataforma que les hable en forma directa y clara. Esto produce políticos de derecha “light” y, lo que es más importante, una desconexión entre éstos y su electorado.

Esta desconexión no permite la comunicación ida y vuelta que, por un lado fortalezca a los políticos, y por el otro comunique a los votantes que los objetivos de política deben sujetarse a las restricciones de la mayoría nacional populista (es decir, que hay obstáculos entre lo ideal y lo posible). Esto resulta en votantes que se frustran porque no ven al Estado achicado de un día para el otro, o cómo el gobierno anunció ayer, que se posterga la segunda rebaja a las retenciones al campo.

¿Estoy diciendo que Cambiemos es de derecha? No. Pero es consciente que entre sus votantes está ese 25-33% de los argentinos que es liberal. Pero como no quiere aparecer hablando solamente con éstos comete errores de comunicación como no haber blanqueado la herencia el primer día, o no explicar claramente que no es razonable que los consumidores de la CABA y el GBA paguen tarifas irrisorias por la energía. Es comprensible su actitud dado que si solamente este segmento del electorado lo votara en las elecciones legislativas del año próximo sería visto como un fracaso. También es comprensible que los liberales estén algo desencantados (y esto se refleja en la caída en la imagen positiva del gobierno, ver indicador de UTDT que pasa de 3,03 en marzo a 2,53 en septiembre). Máxime mientras no tengan un representante que les hable en forma directa y les decodifique las restricciones para alcanzar sus aspiraciones.


Palizas

12/08/2013

Pasaron las PASO. Y dejaron en el camino el cadáver de “Cristina Eterma”. Esa fue la primer paliza de la jornada. La segunda fue que el PRO en Capital quedó detrás de la sumatoria de votos de UNEN. Si bien es cierto que, ceteris paribus, en octubre ni Pino Solanas ni Elisa Carrió sacarían el 100% de los votos que fueron a las otras líneas internas de la alianza electoral (porque en definitiva no tenían una gran afinidad ideológica ni programática), con su actuación demostraron astucia. Fueron los únicos que sacaron provecho de las internas y eso les dió propaganda gratuita, en particular por los debates.

Ya que mencioné los debates de la UNEN, podría analizar el nivel de los mismos, siempre en términos relativos a la (pobre) realidad de la política argentina. Pero lo dejo en las palabras implícitas de Diego Sehinkman en nota publicada en La Nación el sábado analizando que la mayoría de 39 políticos entrevistados afirma que desean llegar a la presidencia de la Nación, y que se sienten capacitados para ello:

¿Y si ocurriera que los políticos son tan ambiciosos como cualquiera, sólo que el común de los mortales no lo comunica y ellos sí? Entonces deberíamos analizar otra categoría: la impulsividad. Se inhibirían menos. Mientras frente al semáforo amarillo de la duda, la mayoría de nosotros (los neuróticos comunes y silvestres) frena, estos otros cruzan en rojo.

Así como los del primer grupo nos preguntamos: “¿Me dará la «percha» para el saco de tanta hombrera que quiero ponerme?”, o “¿Estoy dispuesto a tolerar que muchos de los que quieren ese mismo saco me empiecen a ver como rivales?”, los del segundo grupo aceleran. ¿Por qué? Algunos por un genuino convencimiento de sus capacidades, que muchas veces tienen. Pero otros, por padecer “anorexia del ego”: frente al espejo se ven excedidos de carisma, inteligencia y talento. Aunque en verdad sean un palo.

Sehinkman es piadoso. En mi opinión, y recuerdo varias de estas entrevistas, son un palo. De madera. Y PASO a Sting.


El blog cumple un año

04/10/2011

Hoy el blog cumple un año y se encuentra en plena etapa de transformación. Inicialmente concebido para ser una caja de resonancia a partir de notas de Santiago Chelala y mías, hoy está camino a tener cuatro editores con contribuciones mensuales (Enrique Kawamura es el primero, de acá a fin de año se añadirían dos más). En el año se publicaron 202 entradas y hubo 56000 hits, con pico en diciembre y deterioro gradual a lo largo de este año, en un reflejo de la ausencia de debates y discusiones sobre política económica, situación que espero se revierta luego de las elecciones presidenciales. Para festejar este aniversario va un resumen del top ten de posts:

  • El número uno es sobre inflación, y fue escrito en medio del debate sobre la ley de Presupuesto (lo que da una medida del sopor en que estamos este año, de la discusión presupuestaria casi no se habla). Explicaba por qué tenemos inflación, quienes se benefician con ella, y cómo se la podría combatir (algo sobre lo que me explayé en este otro post, ubicado en el puesto número seis). Este último punto estaba pensado para un eventual gobierno de oposición, próximamente volveré sobre el tema pero con un plan antiinflacionario para el kirchnerismo.
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El “desastre” del Teatro Colón y la Argentina

23/07/2011

Ayer me indigné cuando leí la nota de opinión de Mempo Giardinelli que salió publicada en La Nación. En la misma presenta argumentos en favor de su crítica sobre el desastre del Teatro Colón. Esta era una entre las muchas que enumeró respecto del gobierno de Macri al ensayar una elegía de Fito Paz luego del exabrupto de este último ante el resultado de la primera vuelta en Capital. En la nota de ayer Mempo se concentra en el Teatro Colón para responder a su vez las críticas que le hiciera Pepe Eliaschev en Perfil.

Empieza Giardinelli a enumerar los “desastres” de Teatro diciendo que una sala de lectura ya no lo es. ¿Y qué? Piensa un habitué como yo del Teatro. Luego se refiere a un “fastuoso” proyecto de Biblioteca y Centro de Documentacion que estaba en el Master Plan para el segundo subsuelo y no todavía no existe. ¡Segundo subsuelo! Me sigo indignando. Lo que sigue lo copio textual:

El Salón Dorado y la sala muestran las patéticas diferencias de calidad en los reemplazos de suntuosos terciopelos y sedas por telas sintéticas. El lustre a goma laca manual se mutó por lustre poliuretánico; las bases de los percheros de bronce fueron cambiadas por discos de madera; el histórico telón de liras y flores de arte y ensueño fue reemplazado por otro que debe haber costado muchísimo más que una restauración del original.

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Plácido Domingo, mentiras de los medios oficialistas

24/03/2011

La cancelación del concierto programando en el Teatro Colón con Plácido Domingo nos sirve para ilustrar la forma descarada que tienen los medios oficialistas para mentir. El siguiente es un video de 12 minutos de la conferencia de prensa que ofreció el maestro.

Puntos salientes:

  • Entiendo los derechos de los sindicatos que son importantísimos.
  • Entiendo los problemas desde todos los puntos de vista, como director de teatro, como cantante, como músico.
  • Es un teatro donde existen todos los departamentos con profesionalidad.
  • El teatro tenía que renovarse o morir (con respecto a las obras que tuvieron al Colón cerrado cuatro años).
  • Con la renovación han venido una serie de ajustes lógicos, y estoy seguro que en todos los sindicatos tiene que haber un momento en que alguien no está contento y hay que sentarse a negociar muchos puntos.
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