La dura derrota del gobierno

10/05/2016

Hace dos semanas escibí un post sobre las iniciativas que la oposición estaba presentando en el Congreso para prohibir despidos. También analicé otras iniciativas, del gobierno y del massismo, para fomentar el empleo. En estas dos semanas, el gobierno se ha mostrado muy por detrás de los acontecimientos al punto que algunos medios analizaron la media sanción de uno de los proyectos que prohibe despidos, el del Senado, como una derrota para Macri.

Para evitar otra derrota, se intentaron varias alternativas (no necesariamente excluyentes). Por un lado se buscó consensuar un proyecto en Diputados que introduzca beneficios fiscales para las PyMEs, y que al modificar el proyecto aprobado por el Senado dilate la discusión hasta que, en un futuro con mejores condiciones económicas, se vuelva irrelevante.

Con el objetivo de neutralizar el proyecto de ley que prohibe los despidos, enviar una señal al bloque de diputados massistas y comenzar a desarmar el discurso que repite que Mauricio Macri gobierna sólo para los más ricos, el Gobierno lanzará la semana que viene un paquete de medidas para impulsar la actividad y el empleo en las pequeñas y medianas empresas.

Así lo confirmaron a LA NACION dos fuentes oficiales y una del sector privado con acceso al borrador que circula en los despachos oficiales. De acuerdo con lo trascendido, se otorgarían diferentes beneficios fiscales, líneas de financiamiento a tasas preferenciales y se anunciaría además la facilitación de varios procesos burocráticos para estas empresas. En principio no está pensada ninguna medida que pretenda paliar los aumentos de costos derivados de las subas de tarifas de electricidad, agua y gas, o de la entrada de más productos importados en medio de una significativa caída de la demanda interna.

Hay que ver qué beneficios fiscales se otorgan, ya que una cosa son beneficios a la contratación, o formalización, de nuevos trabajadores como en el proyecto original del gobierno, y otra es otorgar beneficios que no estén asociados a la creación de nuevo empleo (llama la antención en la nota de Francisco Jueguen arriba citada, el énfasis en no tomar medidas para compensar aumentos de costos, veremos).

Otra de las iniciativas del gobierno, un tanto risible, es el llamado a los empresarios a no despedir trabajadores por 90 días. En tiempo récord, la oposición en el Congreso respondió con la insistencia en el llamado a una sesión para tratar el proyecto aprobado por el Senado.

“Una vez más, el país asiste a un acuerdo entre el Gobierno y las empresas para evitar despidos cuando en el Parlamento avanza un proyecto para darles estabilidad a los trabajadores con fuerza de ley”, criticó José Luis Gioja, del Frente para la Victoria (FPV). “El anuncio del Presidente peca en el mejor de los casos de voluntarista. Con voluntarismo no se resuelve ni la inflación ni el miedo de la gente a perder su trabajo”, dijo Facundo Moyano, del Frente Renovador.

Las críticas se multiplicaron en todos los sectores de la oposición. “Estamos esperanzados en que podremos salir de esta coyuntura compleja, pero mientras tanto los sectores más vulnerables deben tener la seguridad y el resguardo que sólo una ley puede ofrecer”, coincidió Diego Bossio, del Bloque Justicialista. “Estamos en un Estado de Derecho, en una sociedad del siglo XXI, ¿por qué no una ley en vez de un pedido por favor y un compromiso?”, se sumó Alicia Ciciliani, del Frente Amplio Progresista (FAP).

Llama la atención que el actual oficialismo criticara en el pasado el “voluntarismo” de varias medidas económicas del kirchnerismo, y ahora le sirve en bandeja ese adjetivo para sus propias políticas.

¿Qué pasa si el Congreso aprueba una ley antidespidos? Nada. Macri la veta. Pero el gobierno se sabe débil, y por ende siente que tener que vetar una ley a tan sólo 150 días de tomar el poder es revelar su debilidad. Y aquí es donde está la verdadera, y dura, derrota del gobierno. En no haber sabido explicarle a la gente que el proyecto de la oposición es oportunista y voluntarista (como dije arriba, hicieron lo contrario). Que quienes hoy se rasgan las vestiduras para prohibir despidos, Héctor Recalde a la cabeza, hace dos años decían que “hay que tener cuidado porque estas cuestiones pueden obstaculizar la contratación de trabajo”.

El gobierno no sabe comunicar. Es imperativo que, valga la redundancia, alguien se los comunique.

EXPOST: Hoy Joaquín Morales Solá escribió una nota con conceptos similares, y el esbozo de un “relato”: no existe término medio para el peronismo entre modernizarse o ser K. Espero funcionarios clave del gobierno la lean

En esa contradicción entre estrategia y realidad, Macri corre a los peronistas moderadores avisándoles que la línea del medio no existe. O se está con Cristina Kirchner o se está con un proyecto moderno y democrático. En otras palabras: o el peronismo se redefine de manera clara e inconfundible o deberá compartir la carga del pasado…

Macri está decidido a vetar la ley de la doble indemnización. Esa ley no existirá como tal. Cuatro de las cinco centrales obreras que hay se comprometieron a llamar a un paro general si Macri hiciera uso de su derecho de veto. ¿El primer paro general a un presidente no peronista cinco o seis meses después de haber asumido? ¿Sólo, además, para resolver una sensación, una impresión como tantas otras? Parece demasiado; expondría obscenamente la condición ingobernable del peronismo cuando éste está en la oposición. El peronismo moderado asegura que bien leído el texto del Senado no significa nada: ni resuelve el problema ni lo complica aún más. Pero también para Macri es ya una cuestión en la que se dirime la victoria o la derrota. Su gobierno dejó crecer innecesariamente el conflicto. Ahora tiene márgenes escasos, casi inexistentes, para resolverlo sin vencedores ni vencidos.


Cepo a los despidos, política y economía

26/04/2016

La semana pasada escribí una nota sobre las malas señales que el gobierno daba a inversores externos. En este caso las malas señales son de la oposición, que ha comenzado a discutir en ambas cámaras del Congreso proyectos para aumentar temporariamente los costos de los despidos. Desde una perspectiva técnica estos proyectos revelan una ignorancia total sobre el funcionamiento de una economía moderna. Algunos de sus defensores creen fervientemente que viven en un mundo estático donde solamente hay una variable relevante: el costo del despido. En mi experiencia como docente universitario siempre he escuchado críticas de los alumnos a los supuestos irreales que hacemos en los modelos que enseñamos. Pero el “modelo” que tienen algunos legisladores en su cabeza se lleva el primer premio a la ilusión.

La incapacidad de nuestras élites para pensar lo que los economistas llamamos “efectos de equilibrio general” de las medidas de política es aterradora. Ya lo vimos con el control de cambios, a.k.a. cepo al dólar. Se pensó que bloqueando la salida de capitales se evitaba ajustar el tipo de cambio. No se previó que los capitales también iban a dejar de entrar. Los resultados los sabemos, igual se devaluó, se impusieron restricciones a las importaciones cada vez más estrictas, se intentó (en vano) atraer capitales con un blanqueo, etc. Terminamos en una estanflación de la cual el actual gobierno intenta salir.

Darse cuenta que prohibir los despidos, aunque sea solamente por unos meses, es una mala política para generar empleo sólo requiere que los legisladores tengan a mano un economista capaz como asesor. Esto le permitió a Sergio Massa diferenciarse del resto y proponer también una serie de medidas para estimular el empleo (sobre esta serie de medidas me explayaré más tarde en esta nota). Ahora bien, ¿por qué no sirve prohibir los despidos? Cuando una empresa contrata un empleado le exige un esfuerzo a cambio de una remuneración. El empleado trabaja sabiendo por un lado que al hacerlo cobra un salario, y por el otro que si la empresa lo detecta evitando esforzarse puede ser despedido. Aumentar los costos de despido obliga a las empresas a aumentar los sueldos de sus empleados para mantener el mismo nivel de esfuerzo (y por ende de producción). O sea que aumenta los costos laborales aún y si no hay despidos. Además, está el efecto conocido que mayores costos de despido reducen los incentivos de las empresas a contratar nuevos trabajadores (como el cepo al dólar, si cerramos la salida, desalentamos la entrada).

Si desde una perspectiva técnica los proyectos para prohibir despidos son contraproducentes, ¿por qué una mayoría en ambas cámaras podría facilmente transformar uno de ellos en ley? Por razones políticas. Para el kirchnerismo es obvio que cuánto peor le vaya al gobierno mejor para Cristina. Por eso se opuso al pago a los holdouts, y por eso apoya esta ley. En el caso del peronismo no kirchnerista hay oportunismo para sumarse a una iniciativa que en el papel parece ayudar al trabajador, y tratar de obtener concesiones del gobierno. Y en el caso de los peces gordos del sindicalismo hasta podría haber un mensaje para que el gobierno interceda por ellos ante Tribunales, ya que imagino que si se desatara un mani pulite en Argentina, Moyano y compañía estarían en primera fila (al respecto Carlos Pagni de La Nación nos podría refrescar sus viejas investigaciones sobre Hugo, no?).

Corriendo detrás de los acontecimientos, el gobierno anunció ayer un proyecto de ley para estimular el empleo formal de jóvenes de entre 18 y 24 años, y sin límite de edad para las provincias del Norte beneficiadas por el Plan Belgrano. El proyecto establece la reducción de los aportes patronales por tres años para empresas de menos de 200 trabajadores (el Estado se hace cargo de la diferencia).

Por otro lado, hay una mirada en la situación de las pymes. Hace unos días, la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), informó que enfrentan una presión fiscal inédita, además de las consecuencias de la alta inflación, la falta de crédito para la producción, el aumento de las tarifas y la retracción del consumo. El plan primer empleo, entonces, busca que, a través de la disminución de las contribuciones patronales, puedan aumentar su personal o formalizar el que ya tienen. Por eso, quienes tienen menos de 200 trabajadores gozan de un beneficio mayor que las empresas más grandes.

Por último, se incorporó como grupo vulnerable a las personas con discapacidad.

El programa, que tiene un año para llevarse adelante, mantiene los beneficios durante tres años, aunque gradualmente van disminuyendo. Después de los 36 meses se entra en el régimen convencional.

Es probable que el gobierno busque coordinar con el massismo ya que, como dije antes, este presentó un proyecto parecido que también contempa incentivos para la contratación de mayores de 50 años (además este plan es más costoso pues implica beneficios a las pymes por los trabajadores que ya tienen contratados, no sólo por los nuevos). Para analizar los posibles efectos de estas medidas de estímulo al empleo podemos usar un trabajo empírico de Ferrán Elías Moreno que usó una reducción de los impuestos a la seguridad social en España que tuvo lugar en 1997, y que benefició a los trabajadores menores de 30 años, y también a los mayores de 45 años.

Sus resultados muestran que la política aumenta el empleo para los menores de 30, sin que eso signifique que los mayores de 30 sufran sustitución 1-por-1 debido al aumento de menores de 30 (el bendito efecto de equilibrio general que nadie piensa). Por tanto, la bonificación a la contratación de menores de 30 aumentó el empleo. Por el contrario, para los mayores de 45 años la política no produce ningún efecto en empleo agregado. Para ambos márgenes etarios la política no resulta en un aumento salarial. Por tanto, el caso de la discontinuidad en 45 es una transferencia directa a los empresarios, no a los trabajadores.

Ferrán estima que la elasticidad de trabajo para trabajadores de 30 años es de, al menos, -0.62. Para los trabajadores de 45 años es de 0. Por qué son tan distintas? La evidencia muestra que el trabajador que está al margen entre empleo-desempleo en 30 y 45 años es muy distinto. Los de 45 que buscan trabajo son gente con menores calificaciones, más tiempo desempleados durante los últimos años, etc. Por tanto, la evidencia sugiere que las empresas no quieren arriesgar y contratar trabajadores de más de 45 que estén desempleados, pero que sí van a hacerlo cuando se trata de trabajadores jóvenes.

Finalmente notemos que el incentivo a la contratación sólo era para contratar de modo permanente, no temporal. También es muy importante que las bonificaciones para empresarios sólo aplicaban para nuevos contratos. Esto supone grandes ahorros para el gobierno y de hecho en España, para el caso de la discontinuidad alrededor de 30 años, resultó en un aumento en la recaudación.

No es aconsejable inferir que una política similar en la Argentina tendría los mismos resultados. Para empezar el grado de informalidad en nuestro país es mucho mayor que en España, con lo cual es probable que algunas empresas tengan incentivo a formalizar a empleados informales de avanzada edad (y por ende la política no sea tan inútil para mayores de edad). Pero la inferencia que, por motivos de información asimétrica, una reducción de los costos laborales tendrá un efecto mayor en el empleo cuanto más jóvenes son los beneficiarios, me parece que aplica. Esto implica que la propuesta del gobierno es mejor que la del massismo. Máxime si consideramos, como ya dije, que la última contempla beneficios para trabajadores ya empleados, o sea una transferencia del gobierno a las empresas, no a los trabajadores.

EXPOST: Gracias a las redes sociales descubrí esta nota publicada en Ámbito Financiero en enero de 2014. Contiene estas declaraciones de Héctor Recalde (también otras del ministro de Trabajo de Cristina, Carlos Tomada), las negritas son de la nota

El diputado nacional del Frente Para la Victoria Héctor Recalde rechazó la propuesta del diputado del Frente Renovador Sergio Massa de prohibir los despidos por 180 días y recordó que esa medida “nació cuando explotó la convertibilidad”.
“Es una repetición de lo que hizo (Eduardo) Duhalde después de la convertibilidad y que significó la licuación del poder adquisitivo. No hay ni punto de comparación con la situación actual”, afirmó el diputado nacional del FPV.
Finalmente, Recalde llamó a “apostar a la razonabilidad y a sostener el empleo” y advirtió que “hay que tener cuidado porque estas cuestiones pueden obstaculizar la contratación de trabajo”.

EXPOST 2: El ministro Jorge Triaca usó la analogía del cepo para el proyecto de prohibir los despidos, y uno de sus subsecretarios, José Anchorena, publicó una nota el Domingo (8/5) en La Nación con el mismo concepto (aunque debiéramos de aclararle que la prohibición a los despidos no congela el mercado laboral, ya que por ejemplo las transiciones empleo a empleo no se ven afectadas, o solamente en forma muy marginal).


Los cazadores de la explicación oculta

19/03/2012

Al igual que Indiana Jones, los analistas económicos del primer mundo están tratando de encontrar el “arca” perdida en los EEUU. En este caso se trata del factor que explique la conjunción de ciertos indicadores positivos y otros no tanto de la economía norteamericana. El editorial líder del último The Economist se titula “Can it be… the recovery?” y trata de la economía global. Con respecto a EEUU dice:

Conveniently enough for a president who is seeking re-election in November, the clearest signs of recovery are in America. The good news is both cyclical, as stronger employment fuels income and spending, and structural, as evidence mounts that the drags from the housing bust are waning. Exclude the temporary work involved in carrying out America’s 2010 census, and more jobs have been created in the three months since November than in any three-month period since 2006. Unemployment and underemployment are both falling. House prices continue to drift lower, but both construction and home sales have started to rise. Consumer credit is growing and the fiscal squeeze has loosened, thanks to an easing of state-level budgets and Congress’s extension of temporary tax cuts until the end of the year.

Además de ser buenas noticias para Barack Obama con vistas a las elecciones de noviembre, los datos de la recuperación norteamericana despiertan interrogantes para los economistas. Mientras que la tasa de desempleo bajó significativamente en los últimos meses (de 9% en septiembre a 8,3% el último mes) la tasa de crecimiento del PBI es baja, estando en este mismo período en alrededor del 2,5-3% anual. A esta tasa de crecimiento del PBI el desempleo apenas si debiera caer, pues evoluciona con la diferencia entre PBI real y potencial y se estima que la tasa de crecimiento del PBI potencial es de 2,5%. Y no se observa un cambio significativo en la participación laboral (por desencanto ante la dificultad de conseguir trabajo). 

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