Inflación de 2016: 33,5%

17/01/2017

Según Inflación Verdadera, la inflación de 2016 fue de 33,5%. Recordemos que por la metodología de este sitio no se computan tarifas, y que hace un año noté que iba a haber dos inflaciones, la del IPC que incluye tarifas, y la “núcleo” que no las incluye. En mi pronóstico para la economía local estimé a la segunda en 29%, con lo cual me quedé corto en un poco más de cuatro puntos.

Lo preocupante es que la inflación núcleo registrada por Inflación Verdadera en el segundo semestre fue, en términos anualizados, del 22,7%, sin una marcada trayectoria descendente. Y el Banco Central no parece hoy más preocupado que durante los últimos seis meses por la inflación. Por ende me parece que va a ser muy improbable que logre que la inflación de 2017 sea del 17% o menos (su meta es que esté entre el 12 y el 17%). 

Tomando en consideración que llegar a las elecciones de octubre con baja inflación probablemente sea una de las pocas banderas que el gobierno podrá mostrarle a los votantes en términos económicos, estimo que el incumplimiento será bajo y que la inflación de 2017 será del 19% (+/- dos puntos).

EXPOST: Hoy se publicaron los índices del Indec, el mayorista para el año pasado fue 34,5% y el de la construcción para el GBA 32,3%. Estmaciones consistentes con la de Inflación Verdadera.


Autopsia del gobierno de Macri

07/12/2016

En pocos días se cumplirá el primer aniversario del gobierno de Mauricio Macri. Quizás un poco prematuro para una “autopsia”, pero estoy convencido que a menos que ocurra un shock importante lo que veremos será lo siguiente: a) sintonía fina dentro de un modelo equivocado cuyas distorsiones no son percibidas debido a la anestesia de los ingresos extraordinarios por el blanqueo, b) el oficialismo saca entre 30 y 35% en las elecciones de medio término lo que no importa como sea “relatado” será una derrota, c) el peronismo vuelve al poder en Diciembre de 2019.

En este escenario base Macri logra ser el primer presidente no peronista (y no militar) en cumplir su mandato desde Marcelo T. de Alvear. No es un logro menor, pero la comparación debiera ser con el potencial que tenía el gobierno de Cambiemos en Diciembre de 2015 y el gap es muy grande. Los shocks que pueden revertir este pronóstico son, por la positiva, un cambio de orientación de la política económica, social e institucional que refuerce el poder del Ejecutivo (basta de buenos modales con los gobernadores “feudales”), acote las prestaciones sociales a la realidad presupuestaria (en vez de expandir y aumentar beneficios, racionalizarlos y reducirlos), y otorgue incentivos para apostar por el futuro del país (sendero creíble de ajuste fiscal, mantenimiento a rajatabla de las metas inflacionarias, mayor apertura con un tipo de cambio más competitivo).

Por la negativa, el shock obvio es que de persistir el estancamiento el gobierno pierda el control de la calle (o mejor dicho que se lo saque el peronismo del conurbano) y Macri siga los pasos de Alfonsín y De la Rúa renunciando anticipadamente en medio de un incendio.

Voy a repasar un año de impresiones para que el lector entienda cómo llegué a estas conclusiones.

En Diciembre de 2015 era optimista. Creía que el nuevo gobierno, aunque políticamente débil, tenía mucho margen para reducir distorsiones y tomar decisiones que no debían pasar por el Congreso pero que le darían a los inversores una clara señal para traer fondos al país. Respecto de la inflación veía que la misma podía ser domada con el trabajo conjunto de distintas áreas de gobierno: política monetaria relativamente contractiva, sendero creíble de ajuste fiscal (financiando el déficit con deuda), y recorte gradual pero sostenido de los subsidios a la energía y el transporte.

Para atraer la inversión el gobierno tenía que mantener un tipo de cambio depreciado lo que reducía los costos de importar capital y permitía competir. Para lograrlo hubiera habido que bajar los aranceles a la importación de manera de crear demanda genuina de divisas, e impedir el traslado del tipo de cambio a precios. Pero aunque el muerto de los futuros de dólar impedía tomar estas medidas en lo inmediato, no hubo nunca señales que indicaran que esto era lo que buscaba el gobierno. De hecho se hizo todo lo contrario. Se apreció el dólar para usarlo, una vez más, como ancla de la inflación.

Nota al margen: la decisión de bajar los aranceles de computadoras a cero es exactamente el tipo de medidas que yo esperaba se tomaran al asumir el gobierno, no a partir de 2017. Es una medida excelente porque reduce los costos de un insumo importante en la producción y genera demanda genuina de divisas para depreciar el peso. ¿Y los ensambladores de Tierra del Fuego?, se preguntarán algunos. Mi respuesta: que se mueran.

Al promediar el año percibí que el gobierno no tenía brújula. O como titulé una nota: no hay plan. En el primer semestre vimos unas atrocidades que le mostraban luces rojas (no amarillas) a los potenciales inversores. Distintos gobiernos de Cambiemos combatían a innovadores como Monsanto y Uber al mismo tiempo que trataban de seducir a inversores. Mi reencontrado pesimismo lo reflejé en una serie de notas criticando el no ajuste, ni siquiera gradual, que no hacía el gobierno (e.g. ver acá).

Las cosas empeoraron cuando vino el fallo de la Corte que dejó sin efectos las subas del gas. En este caso la señal de alarma fue que el gobierno decidiera no solamente empezar de cero (lo cual era lo correcto, ya que respetaba la independencia del poder Judicial), sino que tomara la decisión de hacer más gradual el recorte de los subsidios. En efecto, no sólo se retrasó la fecha de comienzo del único “ajuste” del gobierno, sino que se decidió, sin imposición alguna excepto sus propios fantasmas, hacer subir las tarifas por la escalera en lugar de usar el ascensor. Al poco escribí una nota sobre como esto impactaba, negativamente, sobre la lucha contra la inflación.

Estoy convencido que la única carta fuerte que puede presentar el gobierno de cara a las elecciones del año próximo es llegar con una inflación de alrededor del 1% mensual en los tres meses previos (cosa que quede como tendencia y no como el resultado de un mes excepcional). Tomando en consideración la política real, léase las limitaciones externas y autoimpuestas para gobernar, el año que viene se crecerá entre 2,5 y 3,5%. O sea poco como para basar la campaña en el crecimiento. Además Doña Rosa no se va a dar cuenta de esto, y sí va a percibir una cuasi-estabilidad de precios en el supermercado.

A pesar de la importancia de doblegar la inflación el gobierno, con Prat Gay a la cabeza (ayudado por columnistas de los principales medios, como Joaquín Morales Solá y Carlos Pagni, que operaron abiertamente por el ministro de Hacienda), atacó la independencia del BCRA y obligó a la institución comandada por Federico Sturzenegger a bajar las tasas de las Lebac poniendo la meta del 17% para el año próximo en peligro. Esto último se puede ver en los relevamientos de expectativas de inflación que han subido en el último mes, así como también en la medición de Inflación Verdadera que subió de 1,55% a 1,65% mensual durante Noviembre.

Es comprensible el fastidio de Prat Gay por no poder cumplir con sus propias metas de reducción del déficit fiscal debido a la modalidad para gobernar que tiene el resto de los integrantes del gabinete: gobernar es gastar. Y como no hay un ministro de Economía fuerte, ministro que quiere gastar lo hace sin importarle el impacto de sus medidas. Me imagino a Prat Gay queriendo matar a Carolina Stanley cuando se florea que con 30.000 millones de pesos aseguró un Diciembre en paz ¿Y dónde está la paz? En la Capital asediada por piquetes no.

Creo que el gobierno no va a cambiar el rumbo este año. En parte por los ingresos extraordinarios del blanqueo que le van a impedir ver lo insostenible de su política fiscal. También porque en ocho años de gobierno en la Ciudad, Macri mostró a) poca preocupación por el rojo de las cuentas fiscales municipales, y b) reticencia a hacer cambios de gabinete. Además hay que agregar que buena parte de los cuadros técnicos del gobierno son realmente progresistas y están convencidos que el Estado debe tener una presencia importante en la economía.

En definitiva, lo mejor que puede pasar es que, directa o indirectamente, el gobierno se acerque a un populismo eficiente y aunque pierda las elecciones le suba la vara para el gobierno peronista que lo suceda. Una vez más, un logro no menor. Pero que palidece al lado de lo que pudo ser.


¿Cómo y dónde jugará Cristina?

01/11/2016

Desde que dejó el gobierno, Cristina Fernández de Kirchner periódicamente va a Tribunales para responder a diversas acusaciones de corrupción y abuso de poder. Cuando las respectivas investigaciones parecen postergarse, los analistas políticos se preguntan si esto no se deberá a un pacto de la Justicia con el gobierno de Mauricio Macri para que Cristina se presente en las próximas elecciones y Cambiemos aumente su caudal de votos confrontando con Ella. 

Es cierto que el gobierno se beneficiaría de enfrentar al kirchnerismo en las próximas elecciones legislativas. Pero esto no implica que el gobierno esté interfiriendo con los procesos judiciales que enfrenta Cristina. Y además este análisis simplista no se pregunta qué va hacer Cristina. En esta nota considero algunas de las alternativas. 

Partamos de la base que a Cristina le conviene seguir siendo una figura importante en la vida política del país. Es la única forma que tiene de garantizarse cierta “impunidad”. Ganar una banca en el Congreso le da fueros, pero solamente mientras mantenga una cuota de poder que impida su posible desafuero. 

Deducir que Cristina se va a presentar a una banca en el Congreso Nacional en las próximas elecciones no nos dice mucho. En un extremo podría competir para el Senado por la provincia de Buenos Aires, en otro podría ir por una banca para Diputados en Santa Cruz. Los medios consideran solamente el primer escenario, el preferido por el gobierno, que implica un rol protagónico para Cristina. ¿Por qué le conviene al gobierno esto? Porque el peronismo se vería forzado a competir contra Cristina, y estando el voto dividido en la provincia, Sergio Massa tendría incentivos a mantenerse dentro de su espacio. Esta fragmentación del espacio peronista en tres maximiza las chances de Cambiemos. 

Hasta ahora no se considera seriamente un acuerdo de Cristina con el peronismo para no dividir el voto en las próximas elecciones. Si Cristina “baja” a la competencia por una banca en Diputados aceptando sus limitaciones (tiene muy alta imagen negativa), y acepta ir a las PASO dentro del peronismo, el gobierno enfrentará las elecciones en la provincia con altas chances de perder. Y la perspectiva de salir tercero podría forzar a Massa a acelerar su retorno al PJ. 

Peor para el gobierno sería el caso en que Cristina diera un fuerte paso al costado y no solamente compitiera por una banca en Diputados, sino que lo hiciera en Santa Cruz. Si esta movida fuera dentro de un acuerdo con el peronismo no sería vista como un signo de (extrema) debilidad, sino como un gambito para que Cambiemos pierda con certeza las elecciones en la PBA, y elevar a casi uno la probabilidad que en 2019 el peronismo vuelva al Ejecutivo, con las PASO de 2019 determinando quien sería el nuevo “jefe”.

En los últimos días hubo señales de acercamiento. Máximo Kirchner se refirió a la unidad del peronismo en un acto en homenaje a su padre. 

En un homenaje a Néstor Kirchner, a seis años de la muerte del ex presidente,Máximo Kirchner cuestionó al gobierno de Mauricio Macri, llamó ayer a la unidad del peronismo y trazó las fronteras de su espacio político: le hizo un guiño a Florencio Randazzo, alejado de la conducción de Cristina Kirchner, y sin nombrarlo criticó a Sergio Massa, al que trató de desagradecido.

Según cómo y dónde juegue Cristina se determinará en gran parte el futuro del gobierno. Y si bien Cristina en los escenarios que “baja” resigna su sueño de volver a ser presidente, gana un mayor blindaje judicial. En efecto, independientemente de las presiones que el gobierno de Macri ejerza sobre la Justicia, nuestros jueces han demostrado que cuando aumenta la probabilidad que el peronismo vuelva al poder, comienzan a cajonear y archivar las causas contra los miembros de este selecto club.

EXPOST: Siguen los indicios de un acercamiento entre el kirchnerismo y el peronismo. Hoy en nota de Joaquín Morales Solá en La Nación escribe lo siguiente al final de una nota sobre la (in)viabilidad de la Provincia de Buenos Aires

El Gobierno no necesitaría mucho si, como indican fuentes seguras, Cristina Kirchner fuera candidata a diputada nacional por la provincia, siempre, claro está, que un juez no decida antes ponerla entre rejas. La candidatura de la ex presidenta fragmentaría aún más al peronismo. El ex ministro del Interior Florencio Randazzo, que es el candidato preferido por los intendentes peronistas, puso algunas condiciones. Debería realizarse un congreso del Partido Justicialista bonaerense para abrirles las puertas de las elecciones primarias a todos los candidatos, incluidos Massa y Cristina. Podrían participar el propio Randazzo y Scioli. Es probable que ni Massa ni Cristina quieran competir en esas elecciones. En tal caso, no podrán decir luego que representan al peronismo. Randazzo está más cerca de ser candidato que de no serlo.


Cultura, realidad y política

04/10/2016

En el país existen diferencias culturales manifiestas. Podemos resumirlo en el “civilización o barbarie” de Sarmiento, peronistas o gorilas, kirchneristas o antikirchneristas. Como se puede ver en estas clasificaciones, es conveniente dividir las categorías en dos. Yo las etiquetaría como “nacional populista” y “liberal”. Mientras la primera reniega del mundo (aislacionista), la segunda busca integrarse al mismo (cosmopolita). Además mientras la primera considera al mercado un mal (más o menos absoluto según lo radicalizada de la visión), la segunda considera al mercado como una herramienta esencial para un ordenamiento económico moderno.

Estas diferentes culturas generan diferentes realidades, ya que un observador mira el mundo a través de sus anteojos culturales. Por eso para un argentino nacional populista el relato del kirchnerismo, como los indicadores que decían que teníamos menos pobres que Alemania, era (quizás todavía lo es) creíble, mientras que para un argentino liberal era insostenible. Esta “grieta” se profundizó desde 2008 con el conflicto que el gobierno tuvo con Clarín ya que los medios en lugar de presentar una descripción promedio de las realidades subjetivas se radicalizaron.

La diferencia de culturas impone restricciones a la política. Lo interesante es que esto no se manifiesta en dos partidos que representen las visiones contrapuestas del nacional populismo y el liberalismo. Es cierto que por un lado tenemos un partido nacional populista, el peronismo. Pero por el otro lado no tenemos un partido liberal. ¿Por qué? Supongo que en parte es porque en Argentina al liberalismo se lo asocia con la derecha, y ser de derecha está todavía estigmatizado. Esto genera un circulo vicioso.

Según sondeos de opinión, entre un cuarto y un tercio de los argentinos serían liberales. Creen en el mercado (sin ser fanáticos), y creen en la importancia de un Estado que esté presente pero solamente donde es necesario. Sin embargo un político que los busque representar no puede, por censura de la mayoría nacional populista, presentar una plataforma que les hable en forma directa y clara. Esto produce políticos de derecha “light” y, lo que es más importante, una desconexión entre éstos y su electorado.

Esta desconexión no permite la comunicación ida y vuelta que, por un lado fortalezca a los políticos, y por el otro comunique a los votantes que los objetivos de política deben sujetarse a las restricciones de la mayoría nacional populista (es decir, que hay obstáculos entre lo ideal y lo posible). Esto resulta en votantes que se frustran porque no ven al Estado achicado de un día para el otro, o cómo el gobierno anunció ayer, que se posterga la segunda rebaja a las retenciones al campo.

¿Estoy diciendo que Cambiemos es de derecha? No. Pero es consciente que entre sus votantes está ese 25-33% de los argentinos que es liberal. Pero como no quiere aparecer hablando solamente con éstos comete errores de comunicación como no haber blanqueado la herencia el primer día, o no explicar claramente que no es razonable que los consumidores de la CABA y el GBA paguen tarifas irrisorias por la energía. Es comprensible su actitud dado que si solamente este segmento del electorado lo votara en las elecciones legislativas del año próximo sería visto como un fracaso. También es comprensible que los liberales estén algo desencantados (y esto se refleja en la caída en la imagen positiva del gobierno, ver indicador de UTDT que pasa de 3,03 en marzo a 2,53 en septiembre). Máxime mientras no tengan un representante que les hable en forma directa y les decodifique las restricciones para alcanzar sus aspiraciones.


El tridente antiinflacionario maltrecho

23/08/2016

A fines del año pasado escribí un post sobre los desafíos del gobierno para bajar la inflación. En el mismo describía la situación como delicada y con un objetivo de máxima de llegar a una inflación de un dígito (“en lo posible bajo”) en 2019. Para ello había que articular una política monetaria que, siendo contractiva respecto del pasado, permitiera el financiamiento via impuesto inflacionario de la transición a una economía normalizada. El déficit fiscal tenía que tener una trayectoria descendente (que no estaba clara dadas las primeras medidas), y el ajuste iba a empezar por las tarifas energéticas.

Con el lastre del tarifazo politizado y judicializado, el pilar Aranguren del tridente se fisuró. Y el pilar Prat Gay hasta ahora no termina de cuajar, ya que no hay un plan que presente un sendero creíble de ajuste fiscal. Lo único que tuvimos como respuesta al fallo de la Corte de la semana pasado fue un globo de ensayo (a cargo del jefe de gabinete del Ministerio de Agroindustria) que se suspendería la rebaja de otros cinco puntos porcentuales a las exportaciones de soja el año que viene. ¿Por qué sólo un “rumor”? ¡Anuncien la medida sin pérdida de tiempo, y pongan de excusa el stress fiscal del fallo!

Nos queda finalmente el pilar Sturzenegger. Después de digerir los muertos de futuros de dólar que dejó Vanoli, el Central está más libre para cumplir sus objetivos de incremento en la cantidad de dinero. Recibe constantes presiones de Prat Gay para bajar la tasa, pero hasta ahora se ha manejado bien y como dije la semana pasada, finalmente los indicadores de Inflación Verdadera señalan que la inflación estaría en el orden del 1,1% mensual.

¿Cómo reaccionará el BCRA al fallo de la Corte? ¿Tomará el camino político de bajar la tasa, o monetizar el aumento en el déficit, para intentar reactivar la economía? ¿O endurecerá su política para compensar el menor ajuste fiscal (ya que a menor ajuste fiscal más presiones de demanda sobre los precios)? Hoy por hoy supongo que Sturzenegger optará por el camino intermedio de no mover la tasa, que por un lado le evitaría ser blanco de más críticas por enfríar la economía, y por el otro le permitiría preservar el único logro que el gobierno hasta ahora tiene para presentar en las elecciones del año entrante.

En efecto, al votante medio le importan muy poco medidas presentadas con fuegos artificiales mediáticos como la salida del cepo, el pago a los holdouts, o el blanqueo de capitales. Hoy por hoy asocia (negativamente) al gobierno al tarifazo, y el año entrante lo podría asociar (positivamente) a una inflación moderada de aproximadamente 15% anual y con trayectoria descendente. Macri no tiene, ni tendrá, mucho más que mostrar. Al respecto copio unas líneas de una nota de Jorge Fernández Díaz del domingo en La Nación

Es curioso: en otros casos, como el cepo, los holdouts, la relación con los sindicatos y el blanqueo de capitales, Macri se manejó como un político experto; con las tarifas retrocedió a la lógica amateur del CEO y a la religión ingenua del Excel. A lo largo de estos meses, la mayoría social parece haber entendido tres cosas: la energía es escasa y debe pagarse, el congelamiento de las tarifas fue una obra tóxica y nefasta del kirchnerismo, y Cambiemos no ha sabido resolver el problema.

Fernández Díaz compara situaciones muy distintas. El cepo, los holdouts, y el blanqueo son medidas que no tienen costos, o no son perceptibles. A los sindicatos les dió una torta de dinero, yo no se si llamaría a eso ser un político experto. Finalmente, el ajuste tarifario fue la única medida que implicó costos directos sobre el grueso de los ciudadanos. Por ende, si se necesitaba cintura política era ahí.

En conclusión, todas las fichas a la baja en la inflación. ¡No va más!

EXPOST: Ayer, el Banco Central bajó las tasas medio punto. De más está decir que para mí es un error, y estimo que la respuesta será un rebote de la inflación en el corto plazo. Pero no mando a pérdida el pilar Sturzenegger todavía. Le doy el beneficio de la duda que sea el costo a pagar para no monetizar el aumento del déficit (aunque las bajas de tasas implican expansión monetaria en la medida que no se renueva el stock de Lebac, como indica la nota). Hay que prestar atención a los próximos anuncios.


Pospesimismo

29/06/2016

Esta entrada cierra una trilogía de notas sobre la economía argentina con un enfoque moderadamente pesimista (ver acá y acá las notas anteriores). Hasta hace un mes creía que el gobierno tenía un plan que implicaba llevar la economía argentina hacia una mayor eficiencia. Esto se podía lograr con una devaluación del tipo de cambio acompañada de una reducción de las tarifas y barreras al comercio. Lo segundo impediría que la devaluación se traslade a precios. El mayor tipo de cambio real, sumado a un sendero creíble de ajuste fiscal que garantice una caída en la inflación, y eventualmente en la carga tributaria, daría al sector privado los incentivos a invertir. Un círculo virtuoso (no el único) que se podía empezar estos días, ya que estamos terminando de digerir los muertos de los contratos de futuros de dólar.

El gobierno en estos meses tomó medidas que son incompatibles con esta idea, así como con otras posibles que podríamos llamar de “economía de oferta”. En su lugar adoptó una postura keynesiana de incentivar la demanda sin importar si esto comprometía las, de por sí laxas, metas de reducción del déficit fiscal. El argumento implícito para ello es que hay que llegar a las elecciones legislativas del año próximo con apoyo. Y el ajuste es a la popularidad del gobierno como el ácido sulfúrico a la piel.

En mi opinión esta decisión de política es errónea ya que mira el corto plazo y no toma en consideración que hoy quizás el gobierno pueda responsabilizar al kirchnerismo por la inflación alta de este año, pero va a tener que hacerse plenamente cargo de los registros de 2017, y sin un plan no se llega al 1% mensual (o menos) necesario para ganar las elecciones. Orlando Ferreres en una nota en La Nación online hoy dice algo similar.

La inflación reprimida por la administración anterior al 10 de diciembre de 2015, al dejar el poder  Cristina Kirchner, era de 83 %. Es decir, si no hubiera ningún nuevo factor de inflación, esa sería la inflación que se registraría en la Argentina. El problema del gobierno fue decidir como ir registrando esa inflación reprimida y decidió hacerlo en varios años, gradualmente. Por lo tanto, tendremos inflación por lo menos por tres o cuatro años.

El problema del gradualismo es que afecta la credibilidad política del propio Gobierno. ¿A quién se le podría echar la culpa de la inflación en 2017 o 2018? Será difícil asignarla al gobierno anterior, aunque sea cierto, pues éste ya se fue en 2015.

¿Qué puede hacer el gobierno si las restricciones políticas son realmente fuertes? Hay dos posibilidades. Una es persistir en el camino supergradual a la normalización de una economía de mercado que atraiga inversiones como en los años noventa, y tratar al mismo tiempo de construir las mínimas instituciones para no caer en los vicios de siempre (mayormente endeudamiento excesivo). Aquí se corre el riesgo de perder el voto antes de lograr la normalización económica.

Pero hay otro camino, que tiene un menor riesgo de perder elecciones, y le daría al gobierno fortalezas cuando llegue a ser oposición. Consiste en crearle una bomba a sus sucesores, pero muy distinta de la bomba que Macri heredó de Cristina. Es hacer un gobierno populista pero eficiente. Mantener impuestos y gasto elevados, pero no derrochar recursos. Esto ataría de manos a un potencial sucesor peronista que no sea un buen administrador. Si quiere “robar” del Estado como hicieron Menem y los Kirchner tendría costos sociales de primer orden (estando impuestos y gastos a nivel elevado, las distorsiones ya no son de segundo orden).

De alguna manera implícitamente es lo que esta haciendo el gobierno (que como menciona esta nota reciente del Financial Times parece seguir el camino del mínimo esfuerzo). Aumenta el gasto social, ordena subsidios (reduce los excesivos pero otorga otros), busca mayor eficiencia en la administración, etc. El costo es que se condena en el corto y mediano plazo al país a un nivel de crecimiento y desarrollo bajo, ya que la alta carga impositiva redunda en menores incentivos para la inversión privada. A la larga se crecería una poco más, ya que se genera estabilidad política dado que la oposición peronista solamente podrá llegar, y mantenerse, en el poder si adopta la misma estrategia de eficiencia administrativa. Pero el potencial seguiría bajo. Como nos pasa con la selección de fútbol, que paga un altísimo “costo argentino”: la AFA.

Si esto es lo mejor que se puede hacer es porque el gobierno tiene los pies sobre la tierra, pero no la cabeza en las nubes. 


No hay plan

14/06/2016

Se dice que un gobierno tiene un plan económico cuando hay un conjunto de medidas consistentes que dan forma a las expectativas que los agentes se forman sobre el futuro. El carácter positivo de un plan económico es implícito.

Durante los últimos años del gobierno de Cristina Kirchner no había plan económico pues la falta de credibilidad (luego del conflicto con el campo, la expropiación de las AFJPs, el cepo, etc.) hacía imposible que medidas que buscaran afectar las expectativas en forma positiva fuesen creíbles.

A seis meses del gobierno de Mauricio Macri nos encontramos con que tampoco están dadas las condiciones para un plan económico integral. El gobierno tiene un Norte claro que guía sus acciones (básicamente mejorar la eficiencia del Estado y eliminar distorsiones innecesarias), pero carece de la fortaleza para anticiparse a los hechos más allá de las buenas intenciones.

Un plan requiere ciertas pautas de ordenamiento macroeconómico de base. En particular políticas monetaria y fiscal que sean consistentes con los objetivos de estabilización. Si se desea bajar la inflación de forma gradual, la combinación de ambas políticas debe ser, a priori, restrictiva respecto del pasado. Es importante recalcar dos cosas. La relatividad de la condición restrictiva, lo que permite que la política monetaria amplíe la cantidad de dinero, o tenga tasas de interés reales negativas, y que haya déficit fiscal. Pero menos que en el pasado. Lo segundo a notar es que una política restrictiva a priori puede llegar a ser expansiva ex post, si produce un cambio importante en las expectativas.

Un plan integral serio tiene otros componentes. Pero alcanza con estos dos para concluir que el gobierno no tiene uno hoy en día. Hemos estado esperando la presentación del bendito plan cual si fuera Godot desde que asumiera Macri en diciembre pasado. Primero había que ver como la economía se adaptaba a la salida del cepo. Luego había que esperar a la salida del default. Ahora parece que la aprobación del blanqueo es condición necesaria para relanzar ese conjunto de medidas consistentes que no podemos parir.

El BCRA de Federico Sturzenegger está aflojando la tasa de interés al punto que hoy en día la tasa real es, como mucho, levemente positiva. Si bien esto implica una política contractiva respecto al año pasado, no creo que sea suficiente para terminar debajo del 30% de inflación anual (nacional, en GBA por la mayor incidencia de la quita de subsidios la inflación será mayor). De hecho el indicador de inflación verdadera muestra un punto de inflexión hace un mes, y un alto componente inercial (en los últimos 30 días baja de 3% a 2,8%).

Con respecto a la inflación es interesante notar que varios analistas celebran que el gobierno podría terminar el año con indicadores debajo, o cerca, del 2%. Muchachos, 2% mensual es ¡26,8% anual! No da para sacar el champagne de la heladera. Para eso hay que llegar al 1% mensual que implica un 12,7% anual. Si el BCRA no llega a esos niveles, al menos para el último trimestre, la inflación va a estar en las tapas de los diarios durante todo el 2017.

Pero los peores indicadores respecto a la inexistencia de un plan integral vienen del frente fiscal. Alfonso Prat Gay anunció metas para el déficit fiscal de 4,8% para este año y 3,3% para el próximo. Esto implica un ajuste gradual respecto del año pasado. Pero el gobierno no ha sabido imprimirle a estas metas un carácter ordenador para las medidas que toma. Esto último implicaría que, por ejemplo, si algún ministro viene con la idea de adosarle al proyecto del blanqueo un generoso aumento de las jubilaciones, tendría que acompañarlo con los recortes de gastos, o aumentos de ingresos, que hagan consistente la ecuación fiscal. Porque si bien es cierto que el blanqueo implica un aumento de ingresos, este será solamente temporario, mientras que el aumento del gasto en jubilaciones es permanente.

El caso de las jubilaciones ilustra otro problema del gobierno. Dado que no quiere, no puede o no sabe como hacer aprobar un blanqueo per se, recurre a combinarlo con una medida de neto corte populista para facilitar su aprobación legislativa. En seis meses de gobierno, el sistema de jubilaciones sufre dos golpes fuertes: la devolución del 15% de Coparticipación a las Provincias, y este aumento en las prestaciones por un punto del producto anual. Ya con el primero se requería una reforma integral del sistema. En vez de atar el aumento en las prestaciones a los costos de esta reforma (e.g. un aumento en los años de aportes para acceder a la jubilación plena), el gobierno ahora apuesta a ganar peso en el Congreso el año que viene para intentar la reforma en 2018. Le dejo al lector la evaluación de esta estrategia.

Las recientes medidas que recortan el alcance del “tarifazo” energético (en gas y luz) son otro ejemplo de la dificultad del gobierno para marcar agenda y limitarse, por períodos demasiado largos, a reaccionar ya sea a conflictos en la calle (¿protocolo anti-piquetes?), iniciativas de la oposición en el Congreso, desaires del Papa, etc. Es incomprensible como el gobierno no construyó un “relato” sobre la magnitud del atraso tarifario y se dejó atrapar por la trampa de los porcentuales impresionantes (un servicio que pasa de 30$ a 300$ en porcentual es astronómico, pero en términos reales se pasa a pagar 20USD, o sea no se le explicó al argentino medio dónde estaba la distorsión). Otro ejemplo, anecdótico pero que refuerza la percepción de un gobierno débil, es el no veto del feriado del 17 de junio. En un país serio se unificarían las celebraciones por el día de la bandera, el 20 de junio, y Martín de Güemes en un mismo feriado.

No extraña que las inversiones privadas no vengan, y que la luz al final del túnel sea la de una vela. Pues las señales que envía el gobierno son inconsistentes con un mejoramiento en la ecuación económica y financiera de potenciales emprendimientos. Los inversores ven impuestos altos en todos los frentes (ganancias, laborales, a las importaciones, etc.). La incapacidad del gobierno, hasta la fecha, para reducir el tamaño del gasto público indica que los impuestos seguirán altos en el corto y mediano plazo. Es verdad que mejoras en la eficiencia del Estado van a resultar en menores costos para la actividad privada. Pero esto es solamente un efecto de segundo orden en la ecuación económica de una empresa. Y mientras la inflación no se doblegue no será posible incrementar el crédito en forma significativa, lo que tendría un efecto de primer orden en la ecuación financiera de algunas empresas (aquellas que tienen proyectos productivos incluso con los altos impuestos, pero carecen del financiamiento para llevarlos a cabo).

Releyendo esta nota antes de publicarla noto que en estas semanas que estuve de vacaciones, mi visión de la realidad argentina viró de levemente positiva a mayormente negativa. Espero equivocarme y que el gobierno, con hechos, me muestre que no sólo sabe dónde quiere ir, sino que se dirija allí con paso decidido.


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