Política monetaria actual

18/04/2017

La decisión de Banco Central de subir las tasas de interés 150 puntos básicos la semana pasada despertó críticas por derecha e izquierda. Los comentarios fueron tanto políticos, como señalar que Federico Stuzenegger es el super ministro de Macri, como económicos, la mayoría de estos indicando que el BCRA se pasó de rosca al subir tanto las tasas. Un análisis interesante es el de la nota de Néstor Scibona en La Nación este domingo, de la cual voy a copiar unos párrafos.

Otros opinan, como Miguel Bein, que el problema no radica tanto en este nivel de inflación anual (que sería un éxito frente al 40% de 2016), sino que la meta oficial es demasiado ambiciosa y no tuvo en cuenta que el nuevo salto tarifario agregaría cuatro puntos porcentuales en estos meses, junto con su efecto sobre los costos de muchas actividades que, además, suben en dólares por la apreciación del tipo de cambio.

Aceptando que como inflation targeting llamamos el querer bajar la inflación, y que se usa como instrumento más la regulación de la cantidad de dinero que la tasa de interés (ver esta entrada sobre política monetaria de hace poco más de un año), ¿qué inflación mira el Banco Central? La inflación núcleo, pues al ser independiente tiene más sentido fijar sus metas sobre un indicador que no se vea contaminado por precios volátiles (como energía o alimentos), o cuestiones políticas, como ser la velocidad con la cual el gobierno elimina subsidios a la energía.

¿Cómo debería reaccionar el Banco Central ante un aumento en las tarifas de gas o electricidad? Si este cambio estaba anticipado no debiera haber reacción pues si bien esto elevaría el IPC, la trayectoria de la inflación núcleo no se vería afectada. Con lo cual el comentario de Bein antes citado es doblemente erróneo.

¿Y si hay un aumento no esperado en gas o electricidad? Esto obligaría a los consumidores a reducir su consumo agregado ya que para un dado ingreso pueden comprar menos bienes y servicios. La menor demanda tendería a reducir los precios de los bienes y servicios (excluyendo tarifas), i.e. este shock reduciría la inflación núcleo. El Banco Central podría entonces responder con una política más laxa. El año pasado ocurrió algo así pero al revés, la Corte Suprema puso un techo a la suba de tarifas. Por eso en ese momento sugerí que el Central tendría que haber ajustado su política (también entendía que factores políticos podían dificultar esta reacción).

Entonces, ¿cuál es el problema con la actual suba de tasas de interés, que responde a la persistencia de una inflación núcleo elevada (ver el anterior post)? Depende de cómo se forman expectativas en la economía argentina. El argumento de los párrafos precedentes presume que el Central tiene credibilidad. Por ende cuando hay un shock actúa en consecuencia. Si el sector privado creyera que el Central va a reaccionar entonces no le importaría lo que haga en el día a día con la tasa de interés. Miraría la meta para el año y tomaría decisiones acorde. En particular negociaría salarios.

El problema surge cuando el sector privado no está convencido de la vocación del BCRA para combatir la inflación (y esto debe ser leído como no está convencido cuánto apoya Macri a Sturzenegger). En este caso supongamos que le da un 50% de probabilidades al escenario inflación=17% y 50% de probabilidades a un escenario inflación=27% (para que de cerca del 21,6% que predice el FMI). ¿Cómo negocio salarios o fijo precios en este caso? Lo segundo es más fácil pues los precios de la mayoría de los bienes y servicios se pueden cambiar rápido (un precio promedio en EEUU tiene una vida cercana a los seis meses, en Argentina debe ser menor aún). Pero los salarios en general se negocian por un año.

Una solución, aconsejada por el gobierno, es cerrar acuerdos contingentes a la inflación, como se trata de hacer en el sector público. Pero si todo el mundo hace esto, y el gobierno logra llegar al 17%, un gremio que se corte solo y logre sacar un aumento fijo del 25% (o más) va a tener una recuperación del salario real mayor que el promedio. Y todos los gremios con cierto peso quisieran lograr esto.

Es por esto que las negociaciones salariales se complican y nos da una de las razones del BCRA para sobre actuar y subir la tasa 150 puntos: dar una señal de firmeza que oblige a los empresarios a enfrentar a los gremios y no ceder facilmente como en el pasado (aunque viendo las reacciones de la UIA en los medios se nota que es mucho más fácil ceder ante el gremio y hacer lobby inflacionista).

Además de la señal del Banco Central, el gobierno debiera de seguir mostrando mano firme para negociar con el sector público para conseguir acuerdos atados a la inflación (ver este post reciente) ya que en caso contrario el gasto público se desbordaría y el Central se vería obligado, una vez más, a salir al rescate del Tesoro dinamitando la baja en la inflación que tanto nos está costando conseguir.

Para cerrar, la nota de Scibona incluye la siguiente observación:

Por ahora, todo indica que el gobierno de Mauricio Macri optó por sacrificar algún punto de recuperación de actividad económica a cambio un descenso más marcado de la inflación antes de las elecciones.

Como vengo diciendo desde agosto del año pasado, una baja inflación probablemente sea el único logro económico que Macri podrá mostrar en octubre. No sorprende que le de todo su apoyo a Sturzenegger, convirtiendo así a este en un super ministro de facto.


Paritarias e inflación

02/03/2017

Ayer, el presidente Macri inauguró las sesiones ordinarias del Congreso. En su discurso hubo pocos anuncios económicos (tan pocos que no se afectaron las cotizaciones de acciones y bonos argentinos). Lo poco que hubo reafirma lo que vengo sosteniendo en este blog desde hace meses: que para octubre el único logro que el gobierno podrá mostrar de cara a las elecciones es una fuerte baja en la inflación.

Néstor Scibona resume el costado económico del discurso presidencial en esta nota publicada en La Nación hoy. Con respecto a la inflación copio un párrafo.

Dentro de las definiciones económicas, el Presidente apuntó al descenso de la inflación, que calificó de “tóxica”, y avaló la meta del Banco Central de reducirla al 17% en 2017, tras haberla ubicado en el segundo semestre de 2016 en 8,9% anualizada. Incluso con una referencia a las próximas paritarias del sector privado: “Empresarios y trabajadores deberían tenerla en cuenta”, dijo. “Ya probamos con la alta inflación en el pasado: hubo menos crecimiento y los salarios bajaron”, añadió. Aquí debió haber incluido una referencia a la inflación de 40% y la caída de 2,3% del PBI en 2016. Más que como autocrítica, como derivación de las políticas cambiaria, monetaria y tarifaria que desplomaron el consumo, aunque evitaron el estallido de la crisis macroeconómica latente que Cristina Kirchner había dejado como hipoteca a su sucesor.

Es interesante la mención a los empresarios y trabajadores (implícitamente del sector privado), porque en estos meses cruciales las paritarias se nuclean en dos. Por un lado tenemos las negociaciones de salarios del sector público y por otro lado las del sector privado. Tradicionalmente en estos años de dominancia fiscal sobre la política monetaria las paritarias públicas, tanto a nivel nacional como en la PBA, eran vistas como indicadores de inflación esperada por el sector privado y estructuraban la negociación salarial entre empresarios y sindicalistas.

Algo similar sucede hoy en día con el gobierno esforzándose por cerrar acuerdos salariales para los empleados públicos que sean consistentes con una inflación por debajo del 20% anual. El ejemplo es la negociación que el gobierno de María Eugenia Vidal cerró el año pasado con un sector de los empleados públicos con un aumento pautado en 18% con ajustes automáticos si la inflación supera las metas.

La resistencia que vemos en los gremios docentes a aceptar acuerdos similares que garanticen el mantenimiento del poder adquisitivo de los salarios no se debe a la caída de los mismos el año pasado como dicen sus sindicalistas. La inflación núcleo de 2016 fue de 33,5% con lo cual en ciertas provincias hubo mejoras reales de los salarios docentes (y en otros distritos pérdida de poder adquisitivo, como la CABA). El motivo para ir a la huelga y no aceptar las propuestas salariales en la PBA es político: el kirchnerismo, al cual reporta Roberto Baradel, se dió cuenta que este mecanismo para las paritarias públicas hace posible que el gobierno llegue a octubre con el as en la manga de tener la inflación debajo del 1% mensual.

¿Debe el gobierno preocuparse por las paritarias del sector privado? Las intriguas e idas y vueltas detrás de la recientemente paritaria bancaria revelan que las negociaciones salariales privadas no le son indiferentes al gobierno (aunque en este caso el tamaño de la banca pública haga que se trate de un sector mixto). 

Si le seguimos extendiendo crédito al presidente Macri (ya no en cuotas sin interés), y tomamos en serio su advertencia respecto a las paritarias del sector privado, vemos que sus palabras solamente son creíbles si las negociaciones salariales con el sector público cierran por debajo del 20%. En este caso, si un sector acuerda con sus trabajadores un aumento salarial desproporcionado, digamos del 30%, el gobierno podrá lavarse las manos si en unos meses el empresariado y los sindicalistas del sector acuden a él buscando una ayuda para evitar despidos. Sin mencionar que dichos trabajadores difícilmente despierten simpatía en los votantes con piquetes para mantener sus aspiraciones desmedidas. 

Como se ve, lo crucial para bajar la inflación, enfrentar las elecciones con ciertas chances, y rescatar la credibilidad de Macri, es ver si el gobierno tiene el temple para sostener una huelga docente que puede ser prolongada. Si Macri puede hacer con el sindicalismo kirchnerista lo que Margaret Thatcher hizo con el sindicalismo laborista británico al doblegar a los mineros en los ochenta: cambiar la dinámica de poder de su país. 


Inflación de 2016: 33,5%

17/01/2017

Según Inflación Verdadera, la inflación de 2016 fue de 33,5%. Recordemos que por la metodología de este sitio no se computan tarifas, y que hace un año noté que iba a haber dos inflaciones, la del IPC que incluye tarifas, y la “núcleo” que no las incluye. En mi pronóstico para la economía local estimé a la segunda en 29%, con lo cual me quedé corto en un poco más de cuatro puntos.

Lo preocupante es que la inflación núcleo registrada por Inflación Verdadera en el segundo semestre fue, en términos anualizados, del 22,7%, sin una marcada trayectoria descendente. Y el Banco Central no parece hoy más preocupado que durante los últimos seis meses por la inflación. Por ende me parece que va a ser muy improbable que logre que la inflación de 2017 sea del 17% o menos (su meta es que esté entre el 12 y el 17%). 

Tomando en consideración que llegar a las elecciones de octubre con baja inflación probablemente sea una de las pocas banderas que el gobierno podrá mostrarle a los votantes en términos económicos, estimo que el incumplimiento será bajo y que la inflación de 2017 será del 19% (+/- dos puntos).

EXPOST: Hoy se publicaron los índices del Indec, el mayorista para el año pasado fue 34,5% y el de la construcción para el GBA 32,3%. Estmaciones consistentes con la de Inflación Verdadera.


Autopsia del gobierno de Macri

07/12/2016

En pocos días se cumplirá el primer aniversario del gobierno de Mauricio Macri. Quizás un poco prematuro para una “autopsia”, pero estoy convencido que a menos que ocurra un shock importante lo que veremos será lo siguiente: a) sintonía fina dentro de un modelo equivocado cuyas distorsiones no son percibidas debido a la anestesia de los ingresos extraordinarios por el blanqueo, b) el oficialismo saca entre 30 y 35% en las elecciones de medio término lo que no importa como sea “relatado” será una derrota, c) el peronismo vuelve al poder en Diciembre de 2019.

En este escenario base Macri logra ser el primer presidente no peronista (y no militar) en cumplir su mandato desde Marcelo T. de Alvear. No es un logro menor, pero la comparación debiera ser con el potencial que tenía el gobierno de Cambiemos en Diciembre de 2015 y el gap es muy grande. Los shocks que pueden revertir este pronóstico son, por la positiva, un cambio de orientación de la política económica, social e institucional que refuerce el poder del Ejecutivo (basta de buenos modales con los gobernadores “feudales”), acote las prestaciones sociales a la realidad presupuestaria (en vez de expandir y aumentar beneficios, racionalizarlos y reducirlos), y otorgue incentivos para apostar por el futuro del país (sendero creíble de ajuste fiscal, mantenimiento a rajatabla de las metas inflacionarias, mayor apertura con un tipo de cambio más competitivo).

Por la negativa, el shock obvio es que de persistir el estancamiento el gobierno pierda el control de la calle (o mejor dicho que se lo saque el peronismo del conurbano) y Macri siga los pasos de Alfonsín y De la Rúa renunciando anticipadamente en medio de un incendio.

Voy a repasar un año de impresiones para que el lector entienda cómo llegué a estas conclusiones.

En Diciembre de 2015 era optimista. Creía que el nuevo gobierno, aunque políticamente débil, tenía mucho margen para reducir distorsiones y tomar decisiones que no debían pasar por el Congreso pero que le darían a los inversores una clara señal para traer fondos al país. Respecto de la inflación veía que la misma podía ser domada con el trabajo conjunto de distintas áreas de gobierno: política monetaria relativamente contractiva, sendero creíble de ajuste fiscal (financiando el déficit con deuda), y recorte gradual pero sostenido de los subsidios a la energía y el transporte.

Para atraer la inversión el gobierno tenía que mantener un tipo de cambio depreciado lo que reducía los costos de importar capital y permitía competir. Para lograrlo hubiera habido que bajar los aranceles a la importación de manera de crear demanda genuina de divisas, e impedir el traslado del tipo de cambio a precios. Pero aunque el muerto de los futuros de dólar impedía tomar estas medidas en lo inmediato, no hubo nunca señales que indicaran que esto era lo que buscaba el gobierno. De hecho se hizo todo lo contrario. Se apreció el dólar para usarlo, una vez más, como ancla de la inflación.

Nota al margen: la decisión de bajar los aranceles de computadoras a cero es exactamente el tipo de medidas que yo esperaba se tomaran al asumir el gobierno, no a partir de 2017. Es una medida excelente porque reduce los costos de un insumo importante en la producción y genera demanda genuina de divisas para depreciar el peso. ¿Y los ensambladores de Tierra del Fuego?, se preguntarán algunos. Mi respuesta: que se mueran.

Al promediar el año percibí que el gobierno no tenía brújula. O como titulé una nota: no hay plan. En el primer semestre vimos unas atrocidades que le mostraban luces rojas (no amarillas) a los potenciales inversores. Distintos gobiernos de Cambiemos combatían a innovadores como Monsanto y Uber al mismo tiempo que trataban de seducir a inversores. Mi reencontrado pesimismo lo reflejé en una serie de notas criticando el no ajuste, ni siquiera gradual, que no hacía el gobierno (e.g. ver acá).

Las cosas empeoraron cuando vino el fallo de la Corte que dejó sin efectos las subas del gas. En este caso la señal de alarma fue que el gobierno decidiera no solamente empezar de cero (lo cual era lo correcto, ya que respetaba la independencia del poder Judicial), sino que tomara la decisión de hacer más gradual el recorte de los subsidios. En efecto, no sólo se retrasó la fecha de comienzo del único “ajuste” del gobierno, sino que se decidió, sin imposición alguna excepto sus propios fantasmas, hacer subir las tarifas por la escalera en lugar de usar el ascensor. Al poco escribí una nota sobre como esto impactaba, negativamente, sobre la lucha contra la inflación.

Estoy convencido que la única carta fuerte que puede presentar el gobierno de cara a las elecciones del año próximo es llegar con una inflación de alrededor del 1% mensual en los tres meses previos (cosa que quede como tendencia y no como el resultado de un mes excepcional). Tomando en consideración la política real, léase las limitaciones externas y autoimpuestas para gobernar, el año que viene se crecerá entre 2,5 y 3,5%. O sea poco como para basar la campaña en el crecimiento. Además Doña Rosa no se va a dar cuenta de esto, y sí va a percibir una cuasi-estabilidad de precios en el supermercado.

A pesar de la importancia de doblegar la inflación el gobierno, con Prat Gay a la cabeza (ayudado por columnistas de los principales medios, como Joaquín Morales Solá y Carlos Pagni, que operaron abiertamente por el ministro de Hacienda), atacó la independencia del BCRA y obligó a la institución comandada por Federico Sturzenegger a bajar las tasas de las Lebac poniendo la meta del 17% para el año próximo en peligro. Esto último se puede ver en los relevamientos de expectativas de inflación que han subido en el último mes, así como también en la medición de Inflación Verdadera que subió de 1,55% a 1,65% mensual durante Noviembre.

Es comprensible el fastidio de Prat Gay por no poder cumplir con sus propias metas de reducción del déficit fiscal debido a la modalidad para gobernar que tiene el resto de los integrantes del gabinete: gobernar es gastar. Y como no hay un ministro de Economía fuerte, ministro que quiere gastar lo hace sin importarle el impacto de sus medidas. Me imagino a Prat Gay queriendo matar a Carolina Stanley cuando se florea que con 30.000 millones de pesos aseguró un Diciembre en paz ¿Y dónde está la paz? En la Capital asediada por piquetes no.

Creo que el gobierno no va a cambiar el rumbo este año. En parte por los ingresos extraordinarios del blanqueo que le van a impedir ver lo insostenible de su política fiscal. También porque en ocho años de gobierno en la Ciudad, Macri mostró a) poca preocupación por el rojo de las cuentas fiscales municipales, y b) reticencia a hacer cambios de gabinete. Además hay que agregar que buena parte de los cuadros técnicos del gobierno son realmente progresistas y están convencidos que el Estado debe tener una presencia importante en la economía.

En definitiva, lo mejor que puede pasar es que, directa o indirectamente, el gobierno se acerque a un populismo eficiente y aunque pierda las elecciones le suba la vara para el gobierno peronista que lo suceda. Una vez más, un logro no menor. Pero que palidece al lado de lo que pudo ser.


¿Cómo y dónde jugará Cristina?

01/11/2016

Desde que dejó el gobierno, Cristina Fernández de Kirchner periódicamente va a Tribunales para responder a diversas acusaciones de corrupción y abuso de poder. Cuando las respectivas investigaciones parecen postergarse, los analistas políticos se preguntan si esto no se deberá a un pacto de la Justicia con el gobierno de Mauricio Macri para que Cristina se presente en las próximas elecciones y Cambiemos aumente su caudal de votos confrontando con Ella. 

Es cierto que el gobierno se beneficiaría de enfrentar al kirchnerismo en las próximas elecciones legislativas. Pero esto no implica que el gobierno esté interfiriendo con los procesos judiciales que enfrenta Cristina. Y además este análisis simplista no se pregunta qué va hacer Cristina. En esta nota considero algunas de las alternativas. 

Partamos de la base que a Cristina le conviene seguir siendo una figura importante en la vida política del país. Es la única forma que tiene de garantizarse cierta “impunidad”. Ganar una banca en el Congreso le da fueros, pero solamente mientras mantenga una cuota de poder que impida su posible desafuero. 

Deducir que Cristina se va a presentar a una banca en el Congreso Nacional en las próximas elecciones no nos dice mucho. En un extremo podría competir para el Senado por la provincia de Buenos Aires, en otro podría ir por una banca para Diputados en Santa Cruz. Los medios consideran solamente el primer escenario, el preferido por el gobierno, que implica un rol protagónico para Cristina. ¿Por qué le conviene al gobierno esto? Porque el peronismo se vería forzado a competir contra Cristina, y estando el voto dividido en la provincia, Sergio Massa tendría incentivos a mantenerse dentro de su espacio. Esta fragmentación del espacio peronista en tres maximiza las chances de Cambiemos. 

Hasta ahora no se considera seriamente un acuerdo de Cristina con el peronismo para no dividir el voto en las próximas elecciones. Si Cristina “baja” a la competencia por una banca en Diputados aceptando sus limitaciones (tiene muy alta imagen negativa), y acepta ir a las PASO dentro del peronismo, el gobierno enfrentará las elecciones en la provincia con altas chances de perder. Y la perspectiva de salir tercero podría forzar a Massa a acelerar su retorno al PJ. 

Peor para el gobierno sería el caso en que Cristina diera un fuerte paso al costado y no solamente compitiera por una banca en Diputados, sino que lo hiciera en Santa Cruz. Si esta movida fuera dentro de un acuerdo con el peronismo no sería vista como un signo de (extrema) debilidad, sino como un gambito para que Cambiemos pierda con certeza las elecciones en la PBA, y elevar a casi uno la probabilidad que en 2019 el peronismo vuelva al Ejecutivo, con las PASO de 2019 determinando quien sería el nuevo “jefe”.

En los últimos días hubo señales de acercamiento. Máximo Kirchner se refirió a la unidad del peronismo en un acto en homenaje a su padre. 

En un homenaje a Néstor Kirchner, a seis años de la muerte del ex presidente,Máximo Kirchner cuestionó al gobierno de Mauricio Macri, llamó ayer a la unidad del peronismo y trazó las fronteras de su espacio político: le hizo un guiño a Florencio Randazzo, alejado de la conducción de Cristina Kirchner, y sin nombrarlo criticó a Sergio Massa, al que trató de desagradecido.

Según cómo y dónde juegue Cristina se determinará en gran parte el futuro del gobierno. Y si bien Cristina en los escenarios que “baja” resigna su sueño de volver a ser presidente, gana un mayor blindaje judicial. En efecto, independientemente de las presiones que el gobierno de Macri ejerza sobre la Justicia, nuestros jueces han demostrado que cuando aumenta la probabilidad que el peronismo vuelva al poder, comienzan a cajonear y archivar las causas contra los miembros de este selecto club.

EXPOST: Siguen los indicios de un acercamiento entre el kirchnerismo y el peronismo. Hoy en nota de Joaquín Morales Solá en La Nación escribe lo siguiente al final de una nota sobre la (in)viabilidad de la Provincia de Buenos Aires

El Gobierno no necesitaría mucho si, como indican fuentes seguras, Cristina Kirchner fuera candidata a diputada nacional por la provincia, siempre, claro está, que un juez no decida antes ponerla entre rejas. La candidatura de la ex presidenta fragmentaría aún más al peronismo. El ex ministro del Interior Florencio Randazzo, que es el candidato preferido por los intendentes peronistas, puso algunas condiciones. Debería realizarse un congreso del Partido Justicialista bonaerense para abrirles las puertas de las elecciones primarias a todos los candidatos, incluidos Massa y Cristina. Podrían participar el propio Randazzo y Scioli. Es probable que ni Massa ni Cristina quieran competir en esas elecciones. En tal caso, no podrán decir luego que representan al peronismo. Randazzo está más cerca de ser candidato que de no serlo.


Cultura, realidad y política

04/10/2016

En el país existen diferencias culturales manifiestas. Podemos resumirlo en el “civilización o barbarie” de Sarmiento, peronistas o gorilas, kirchneristas o antikirchneristas. Como se puede ver en estas clasificaciones, es conveniente dividir las categorías en dos. Yo las etiquetaría como “nacional populista” y “liberal”. Mientras la primera reniega del mundo (aislacionista), la segunda busca integrarse al mismo (cosmopolita). Además mientras la primera considera al mercado un mal (más o menos absoluto según lo radicalizada de la visión), la segunda considera al mercado como una herramienta esencial para un ordenamiento económico moderno.

Estas diferentes culturas generan diferentes realidades, ya que un observador mira el mundo a través de sus anteojos culturales. Por eso para un argentino nacional populista el relato del kirchnerismo, como los indicadores que decían que teníamos menos pobres que Alemania, era (quizás todavía lo es) creíble, mientras que para un argentino liberal era insostenible. Esta “grieta” se profundizó desde 2008 con el conflicto que el gobierno tuvo con Clarín ya que los medios en lugar de presentar una descripción promedio de las realidades subjetivas se radicalizaron.

La diferencia de culturas impone restricciones a la política. Lo interesante es que esto no se manifiesta en dos partidos que representen las visiones contrapuestas del nacional populismo y el liberalismo. Es cierto que por un lado tenemos un partido nacional populista, el peronismo. Pero por el otro lado no tenemos un partido liberal. ¿Por qué? Supongo que en parte es porque en Argentina al liberalismo se lo asocia con la derecha, y ser de derecha está todavía estigmatizado. Esto genera un circulo vicioso.

Según sondeos de opinión, entre un cuarto y un tercio de los argentinos serían liberales. Creen en el mercado (sin ser fanáticos), y creen en la importancia de un Estado que esté presente pero solamente donde es necesario. Sin embargo un político que los busque representar no puede, por censura de la mayoría nacional populista, presentar una plataforma que les hable en forma directa y clara. Esto produce políticos de derecha “light” y, lo que es más importante, una desconexión entre éstos y su electorado.

Esta desconexión no permite la comunicación ida y vuelta que, por un lado fortalezca a los políticos, y por el otro comunique a los votantes que los objetivos de política deben sujetarse a las restricciones de la mayoría nacional populista (es decir, que hay obstáculos entre lo ideal y lo posible). Esto resulta en votantes que se frustran porque no ven al Estado achicado de un día para el otro, o cómo el gobierno anunció ayer, que se posterga la segunda rebaja a las retenciones al campo.

¿Estoy diciendo que Cambiemos es de derecha? No. Pero es consciente que entre sus votantes está ese 25-33% de los argentinos que es liberal. Pero como no quiere aparecer hablando solamente con éstos comete errores de comunicación como no haber blanqueado la herencia el primer día, o no explicar claramente que no es razonable que los consumidores de la CABA y el GBA paguen tarifas irrisorias por la energía. Es comprensible su actitud dado que si solamente este segmento del electorado lo votara en las elecciones legislativas del año próximo sería visto como un fracaso. También es comprensible que los liberales estén algo desencantados (y esto se refleja en la caída en la imagen positiva del gobierno, ver indicador de UTDT que pasa de 3,03 en marzo a 2,53 en septiembre). Máxime mientras no tengan un representante que les hable en forma directa y les decodifique las restricciones para alcanzar sus aspiraciones.


El tridente antiinflacionario maltrecho

23/08/2016

A fines del año pasado escribí un post sobre los desafíos del gobierno para bajar la inflación. En el mismo describía la situación como delicada y con un objetivo de máxima de llegar a una inflación de un dígito (“en lo posible bajo”) en 2019. Para ello había que articular una política monetaria que, siendo contractiva respecto del pasado, permitiera el financiamiento via impuesto inflacionario de la transición a una economía normalizada. El déficit fiscal tenía que tener una trayectoria descendente (que no estaba clara dadas las primeras medidas), y el ajuste iba a empezar por las tarifas energéticas.

Con el lastre del tarifazo politizado y judicializado, el pilar Aranguren del tridente se fisuró. Y el pilar Prat Gay hasta ahora no termina de cuajar, ya que no hay un plan que presente un sendero creíble de ajuste fiscal. Lo único que tuvimos como respuesta al fallo de la Corte de la semana pasado fue un globo de ensayo (a cargo del jefe de gabinete del Ministerio de Agroindustria) que se suspendería la rebaja de otros cinco puntos porcentuales a las exportaciones de soja el año que viene. ¿Por qué sólo un “rumor”? ¡Anuncien la medida sin pérdida de tiempo, y pongan de excusa el stress fiscal del fallo!

Nos queda finalmente el pilar Sturzenegger. Después de digerir los muertos de futuros de dólar que dejó Vanoli, el Central está más libre para cumplir sus objetivos de incremento en la cantidad de dinero. Recibe constantes presiones de Prat Gay para bajar la tasa, pero hasta ahora se ha manejado bien y como dije la semana pasada, finalmente los indicadores de Inflación Verdadera señalan que la inflación estaría en el orden del 1,1% mensual.

¿Cómo reaccionará el BCRA al fallo de la Corte? ¿Tomará el camino político de bajar la tasa, o monetizar el aumento en el déficit, para intentar reactivar la economía? ¿O endurecerá su política para compensar el menor ajuste fiscal (ya que a menor ajuste fiscal más presiones de demanda sobre los precios)? Hoy por hoy supongo que Sturzenegger optará por el camino intermedio de no mover la tasa, que por un lado le evitaría ser blanco de más críticas por enfríar la economía, y por el otro le permitiría preservar el único logro que el gobierno hasta ahora tiene para presentar en las elecciones del año entrante.

En efecto, al votante medio le importan muy poco medidas presentadas con fuegos artificiales mediáticos como la salida del cepo, el pago a los holdouts, o el blanqueo de capitales. Hoy por hoy asocia (negativamente) al gobierno al tarifazo, y el año entrante lo podría asociar (positivamente) a una inflación moderada de aproximadamente 15% anual y con trayectoria descendente. Macri no tiene, ni tendrá, mucho más que mostrar. Al respecto copio unas líneas de una nota de Jorge Fernández Díaz del domingo en La Nación

Es curioso: en otros casos, como el cepo, los holdouts, la relación con los sindicatos y el blanqueo de capitales, Macri se manejó como un político experto; con las tarifas retrocedió a la lógica amateur del CEO y a la religión ingenua del Excel. A lo largo de estos meses, la mayoría social parece haber entendido tres cosas: la energía es escasa y debe pagarse, el congelamiento de las tarifas fue una obra tóxica y nefasta del kirchnerismo, y Cambiemos no ha sabido resolver el problema.

Fernández Díaz compara situaciones muy distintas. El cepo, los holdouts, y el blanqueo son medidas que no tienen costos, o no son perceptibles. A los sindicatos les dió una torta de dinero, yo no se si llamaría a eso ser un político experto. Finalmente, el ajuste tarifario fue la única medida que implicó costos directos sobre el grueso de los ciudadanos. Por ende, si se necesitaba cintura política era ahí.

En conclusión, todas las fichas a la baja en la inflación. ¡No va más!

EXPOST: Ayer, el Banco Central bajó las tasas medio punto. De más está decir que para mí es un error, y estimo que la respuesta será un rebote de la inflación en el corto plazo. Pero no mando a pérdida el pilar Sturzenegger todavía. Le doy el beneficio de la duda que sea el costo a pagar para no monetizar el aumento del déficit (aunque las bajas de tasas implican expansión monetaria en la medida que no se renueva el stock de Lebac, como indica la nota). Hay que prestar atención a los próximos anuncios.


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