La tercera es la vencida del gobierno de Macri

07/02/2019

Me costó ponerme a escribir este post, un balance del tercer año del gobierno de Mauricio Macri. Creo que si empiezo por la conclusión se entenderá el porqué: Si hubiera hoy un balotaje entre Macri y Cristina, votaría en blanco. Y nada me hace pensar que vaya a cambiar de opinión de aquí a las elecciones. 

Desde un principio realicé una crítica constructiva del gobierno de Cambiemos, y al hacer balances del primer y segundo años de gobierno, traté de no tomar posiciones extremas (e.g. no suponer que la reelección de Macri era alg seguro a fines de 2017). Hoy sigo creyendo que el gobierno tiene chances de ganar la reelección pero su gestión ha sido tan mala que no me invita a sumarle mi voto. 

Ya en febrero noté las primeras señales de ruido en los mercados, y al mes siguiente comenté la pelea entre el gobierno y los “plateístas“, con el ahora pre-candidato José Luis Espert a la cabeza. En abril vino el colapso y la muerte del hipergradualismo, y la crisis se aceleró en agosto (por la incapacidad del gobierno para realizar el primer ajuste acordado con el FMI). Se terminó en una política monetaria creíble pero no robusta que le permite al gobierno disfrutar de la paz de los cementerios. 

Pensando a futuro, por qué no votaría a Macri en un balotaje? Porque no me inspira confianza, y no creo que sea capaz de realizar las reformas que el país necesita. Peor aun, no ha sabido realizarlas en estos tres años en el poder. Alguien podrá defender al gobierno diciendo que estuvo en minoría en el Congreso. OK, pero va a tener mayorías si gana este año? No, o sea que si esta fue la excusa no hay que esperar cambios. 

Y excusa es la palabra clave de Cambiemos. El otro día en Twitter metí un comentario sobre la inflación esperada este año. Hice notar que la convertibilidad había logrado bajar la inflación a 84% anual en 1991 y a 17,5% el año siguiente (y con reactivación, o sea con presiones de demanda sobre precios!). Con esta base cualquier inflación este año por encima de 17% será una señal de otro fracaso. La “excusa” para decir que la inflación va a ser más alta es que el señoriaje así conseguido será crucial para cumplir con las metas fiscales este año. O sea que cumplir con las metas fiscales es más importante que cumplir con las metas de inflación, con lo cual podría estar de acuerdo. Ahora bien, a quienes defienden esta tesis, cómo debiera reaccionar el gobierno si el sindicalismo hace acuerdos salariales por el 17% este año? Porque si infla va a tener una recesión brutal y pierde las elecciones. O sea que lo del señoriaje es una excusa para encubrir incapacidad del gobierno para coordinar precios y salarios a pesar de tener un corset monetario importante. 

Se dice que la economía está parada porque hay incertidumbre política ya que Cristina puede ganar las eleciones. (Comentario al margen: gracias a quién puede volver al poder? Gracias a la ineptitud del gobierno). Obviamente poca gente quiere invertir si el kirchnerismo “vuelve por todo”. Pero imaginemos que el escenario más probable es la reelección de Macri. Qué incentivos le da esta perspectiva a un inversor en potencia? Espera que bajen los impuestos? Las regulaciones ineficientes? Se abra la economía? No, no y no. Macri debería hacer un shock para ganar algo de confianza empresarial. Debería cambiar todo el equipo económico (sin hablar de su jefe de gabinete), ya que el actual no supo hacer más que reformas cosméticas, que aunque yendo en la dirección correcta, no alcanzaron a mover el amperímetro (basta considerar la fallida reforma impositiva y laboral con los cambios en Brasil para determinar donde irán las inversiones en la región, una vez la gestión despeje dudas sobre Bolsonaro). 

A pesar de mi visión negativa sobre Cambiemos, espero que sobreviva y se refuerce, porque al país le viene bien tener alternancia en el poder. Le vendría mejor que los partidos que se alternen sean capaces en la gestión, pero dejaremos ese deseo para otra ocasión. 

EXPOST: Otro ejemplo de la poca confianza que inspira este gobierno son las idas y vueltas con los incentivos a la producción de gas no convencional en Vaca Muerta. Ahora resulta que la regulación correspondiente estuvo mal diseñada. Y aquí no se puede culpar la herencia recibida, pues fue hecha por Juan José Aranguren hace dos años. 

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Los idus del gobierno de Macri

19/12/2017

Es hora de hacer un balance del segundo año del gobierno de Macri. Al hacer el análisis del año pasado, dije que Macri iba a terminar su mandato, algo que ningún presidente no peronista lograba desde 1928. En ese momento era escéptico sobre la posibilidad que lograra la reelección en 2019, ya que pensaba que en las elecciones de este año el gobierno iba a tener una cosecha más modesta de votos. Había estimado la performance electoral en base a la situación económica y me sorprendió en nivel de adhesión al gobierno por motivos políticos: el rechazo a Cristina Kirchner sigue siendo muy elevado.

Luego de ganar las elecciones legislativas la mayoría de los analistas políticos dió por descontada la reelección de Macri, en parte apoyándose en la rapidez con la que el gobierno había cerrado una serie de acuerdos con los gobernadores y la CGT. Pero al poco tiempo aparecieron nubes negras moyanistas que empantanaron la reforma laboral. Y en estos últimos días observamos que la oposición le hizo pagar un costo político importante al gobierno para aprobar la rebaja de las jubilaciones, piedra angular del pacto fiscal. Como dije en su momento, nos esperaban 60 días (hasta fin de año) a “observar con detalle”.

Hace pocas horas el Congreso finalmente aprobó el cambio en la fórmula de actualización de las jubilaciones. En estos días de marchas atrás, doble discursos, y traiciones, nos hemos anoticiado que el peronismo, aunque está acéfalo, sigue vivo y culeando. Al respecto vale la pena releer lo que Carlos Pagni escribió en La Nación la semana pasada en la víspera del primer intento de votación en el Congreso.

Todo el trámite legislativo desnuda la naturaleza del enfoque gradualista. Es una opción de política económica. Pero mucho antes que eso, es la imposición de un formato de poder. Si quiere atraer inversiones, Macri debe introducir más competitividad en la economía. Para eso debe bajar costos. En especial, dos: el costo fiscal y el costo laboral. El primero obliga a enfrentar a los gobernadores, ya que los principales impuestos se coparticipan. El segundo exige enfrentar a los gremialistas. Gobernadores y gremialistas son, en su enorme mayoría, peronistas. Y aquí está el inconveniente: los cambios que se pretenden no pueden realizarse sin la colaboración del peronismo, ya que Cambiemos está en minoría en ambas cámaras. Quiere decir que Macri debe aprobar sus reformas con el voto de las víctimas de esas reformas.

Esta ley de hierro está vigente desde hace varios días. La confianza en que el peronismo parlamentario se limitaría a protocolizar los pactos de gobernadores y sindicatos con la Casa Rosada resultó ilusoria. El PJ esperó que la discusión llegara al Parlamento, que es donde Macri más depende de él, para volver a discutir las leyes acordadas.

El gobierno probablemente pueda ser reelecto en dos años, pero no será fácil. Para ello no solamente deberá evitar errores no forzados, sino que tendrá que ser inteligente frente a un rival que evolucionará (leáse ya no valdrá presentarse solamente como anti-K). Para lograrlo al gobierno le convendría tratar de separar la paja del trigo, identificar a los gobernadores peronistas con los cuales se pueda dialogar y llegar a acuerdos (y que manejen a sus diputados). De nada sirve un acuerdo con 23 de 24 gobernadores si luego a la hora de votar todos se hacen los distraídos. Para ello Macri deberá usar el garrote y la zanahoria. Usar, no abusar.

Además creo que debería aislar (¿más de lo que está haciendo?) a los sindicalistas. Y hacerlo en forma gradualista, como hace todo. Primero les saca un cargo, luego unos fondos, después marcha uno preso, etc. Será importante ver como reacciona el sindicalismo. Y todo peronista que se muestre con ellos será automáticamente identificado como no confiable para el gobierno. Esto ayudará a separar la paja del trigo y hará que el peronismo “bueno” deje de ser un peronismo sindical, o lo sea solamente en forma residual.

En cuanto a política económica, luego del recambio ministerial con Nicolás Dujovne se empezó a diseñar un plan económico que, si bien modesto, va en la dirección correcta. Es de esperar que el año próximo el gobierno siga moviéndose en la misma dirección con un ajuste fiscal muy gradual y una reducción de la inflación en pocos puntos porcentuales (no creo que vaya a estar por debajo del 15%). Dada la lentitud del ajuste, y el uso de deuda para financiar el déficit, habrá que monitorear el déficit secundario para ver si el “plan” es consistente. Hoy no es seguro que lo sea. Y esto es muy importante pues si bien la política dominó sobre la economía este año, no creo que los votantes tengan tanta paciencia en 2019. El gradualismo tiene sus riesgos.

Un último comentario, al margen, es la imagen de un país descontrolado en el cual los violentos tienen las de ganar. ¿Cuántos de los detenidos ayer tendrán condena firme por su accionar? ¿Qué nos espera de un país donde un ex-candidato a diputado como Sebastián Romero (foto) nos regala su sonrisa sádica mientras usa un arma casera contra la policía, policía a la que la Justicia le dice cómo (no) tiene que actuar? Buena pregunta, difícil respuesta.

EXPOST: Viendo cómo votaron los diputados de las distintas provincias me parece que el gobierno tendría que reservar la zanahoria para los siguientes distritos donde no gobierna Cambiemos: Catamarca, Chaco, Córdoba, Entre Ríos, Misiones, Salta y Tucumán. Y aplicar el garrote con el resto de los gobernadores opositores (incluyendo Santa Fe).


Autopsia del gobierno de Macri

07/12/2016

En pocos días se cumplirá el primer aniversario del gobierno de Mauricio Macri. Quizás un poco prematuro para una “autopsia”, pero estoy convencido que a menos que ocurra un shock importante lo que veremos será lo siguiente: a) sintonía fina dentro de un modelo equivocado cuyas distorsiones no son percibidas debido a la anestesia de los ingresos extraordinarios por el blanqueo, b) el oficialismo saca entre 30 y 35% en las elecciones de medio término lo que no importa como sea “relatado” será una derrota, c) el peronismo vuelve al poder en Diciembre de 2019.

En este escenario base Macri logra ser el primer presidente no peronista (y no militar) en cumplir su mandato desde Marcelo T. de Alvear. No es un logro menor, pero la comparación debiera ser con el potencial que tenía el gobierno de Cambiemos en Diciembre de 2015 y el gap es muy grande. Los shocks que pueden revertir este pronóstico son, por la positiva, un cambio de orientación de la política económica, social e institucional que refuerce el poder del Ejecutivo (basta de buenos modales con los gobernadores “feudales”), acote las prestaciones sociales a la realidad presupuestaria (en vez de expandir y aumentar beneficios, racionalizarlos y reducirlos), y otorgue incentivos para apostar por el futuro del país (sendero creíble de ajuste fiscal, mantenimiento a rajatabla de las metas inflacionarias, mayor apertura con un tipo de cambio más competitivo).

Por la negativa, el shock obvio es que de persistir el estancamiento el gobierno pierda el control de la calle (o mejor dicho que se lo saque el peronismo del conurbano) y Macri siga los pasos de Alfonsín y De la Rúa renunciando anticipadamente en medio de un incendio.

Voy a repasar un año de impresiones para que el lector entienda cómo llegué a estas conclusiones.

En Diciembre de 2015 era optimista. Creía que el nuevo gobierno, aunque políticamente débil, tenía mucho margen para reducir distorsiones y tomar decisiones que no debían pasar por el Congreso pero que le darían a los inversores una clara señal para traer fondos al país. Respecto de la inflación veía que la misma podía ser domada con el trabajo conjunto de distintas áreas de gobierno: política monetaria relativamente contractiva, sendero creíble de ajuste fiscal (financiando el déficit con deuda), y recorte gradual pero sostenido de los subsidios a la energía y el transporte.

Para atraer la inversión el gobierno tenía que mantener un tipo de cambio depreciado lo que reducía los costos de importar capital y permitía competir. Para lograrlo hubiera habido que bajar los aranceles a la importación de manera de crear demanda genuina de divisas, e impedir el traslado del tipo de cambio a precios. Pero aunque el muerto de los futuros de dólar impedía tomar estas medidas en lo inmediato, no hubo nunca señales que indicaran que esto era lo que buscaba el gobierno. De hecho se hizo todo lo contrario. Se apreció el dólar para usarlo, una vez más, como ancla de la inflación.

Nota al margen: la decisión de bajar los aranceles de computadoras a cero es exactamente el tipo de medidas que yo esperaba se tomaran al asumir el gobierno, no a partir de 2017. Es una medida excelente porque reduce los costos de un insumo importante en la producción y genera demanda genuina de divisas para depreciar el peso. ¿Y los ensambladores de Tierra del Fuego?, se preguntarán algunos. Mi respuesta: que se mueran.

Al promediar el año percibí que el gobierno no tenía brújula. O como titulé una nota: no hay plan. En el primer semestre vimos unas atrocidades que le mostraban luces rojas (no amarillas) a los potenciales inversores. Distintos gobiernos de Cambiemos combatían a innovadores como Monsanto y Uber al mismo tiempo que trataban de seducir a inversores. Mi reencontrado pesimismo lo reflejé en una serie de notas criticando el no ajuste, ni siquiera gradual, que no hacía el gobierno (e.g. ver acá).

Las cosas empeoraron cuando vino el fallo de la Corte que dejó sin efectos las subas del gas. En este caso la señal de alarma fue que el gobierno decidiera no solamente empezar de cero (lo cual era lo correcto, ya que respetaba la independencia del poder Judicial), sino que tomara la decisión de hacer más gradual el recorte de los subsidios. En efecto, no sólo se retrasó la fecha de comienzo del único “ajuste” del gobierno, sino que se decidió, sin imposición alguna excepto sus propios fantasmas, hacer subir las tarifas por la escalera en lugar de usar el ascensor. Al poco escribí una nota sobre como esto impactaba, negativamente, sobre la lucha contra la inflación.

Estoy convencido que la única carta fuerte que puede presentar el gobierno de cara a las elecciones del año próximo es llegar con una inflación de alrededor del 1% mensual en los tres meses previos (cosa que quede como tendencia y no como el resultado de un mes excepcional). Tomando en consideración la política real, léase las limitaciones externas y autoimpuestas para gobernar, el año que viene se crecerá entre 2,5 y 3,5%. O sea poco como para basar la campaña en el crecimiento. Además Doña Rosa no se va a dar cuenta de esto, y sí va a percibir una cuasi-estabilidad de precios en el supermercado.

A pesar de la importancia de doblegar la inflación el gobierno, con Prat Gay a la cabeza (ayudado por columnistas de los principales medios, como Joaquín Morales Solá y Carlos Pagni, que operaron abiertamente por el ministro de Hacienda), atacó la independencia del BCRA y obligó a la institución comandada por Federico Sturzenegger a bajar las tasas de las Lebac poniendo la meta del 17% para el año próximo en peligro. Esto último se puede ver en los relevamientos de expectativas de inflación que han subido en el último mes, así como también en la medición de Inflación Verdadera que subió de 1,55% a 1,65% mensual durante Noviembre.

Es comprensible el fastidio de Prat Gay por no poder cumplir con sus propias metas de reducción del déficit fiscal debido a la modalidad para gobernar que tiene el resto de los integrantes del gabinete: gobernar es gastar. Y como no hay un ministro de Economía fuerte, ministro que quiere gastar lo hace sin importarle el impacto de sus medidas. Me imagino a Prat Gay queriendo matar a Carolina Stanley cuando se florea que con 30.000 millones de pesos aseguró un Diciembre en paz ¿Y dónde está la paz? En la Capital asediada por piquetes no.

Creo que el gobierno no va a cambiar el rumbo este año. En parte por los ingresos extraordinarios del blanqueo que le van a impedir ver lo insostenible de su política fiscal. También porque en ocho años de gobierno en la Ciudad, Macri mostró a) poca preocupación por el rojo de las cuentas fiscales municipales, y b) reticencia a hacer cambios de gabinete. Además hay que agregar que buena parte de los cuadros técnicos del gobierno son realmente progresistas y están convencidos que el Estado debe tener una presencia importante en la economía.

En definitiva, lo mejor que puede pasar es que, directa o indirectamente, el gobierno se acerque a un populismo eficiente y aunque pierda las elecciones le suba la vara para el gobierno peronista que lo suceda. Una vez más, un logro no menor. Pero que palidece al lado de lo que pudo ser.


Only four years

08/11/2016

En los actos de campaña para la reelección de un presidente en Estados Unidos los simpatizantes de éste cantan (o gritan) “four more years”. En tres años lo vamos a volver a ver, independientemente de quien gane hoy. Pero considerando la altísima imagen negativa que tienen ambos candidatos me parece que quien gane gobenará solamente cuatro años. De hecho no me sorprendería una primaria muy competitiva que ponga al presidente contra las cuerdas antes de la elección general.

Hace unos meses, con motivo de la visita de Barack Obama a la Argentina, escribí un post crítico sobre su gestión. Una de las medidas que usé para evaluarlo eran las creíbles aspiraciones presidenciales de Donald Trump y Bernie Sanders. El segundo quedó en el camino, pero el primero tiene cerca de un 25% de probabilidades de ganar hoy.

De ganar Trump el shock de incertidumbre sería muy fuerte (de hecho se sintió en los mercados hasta el fin de semana siguiendo la evolución de las encuestas). De ganar Hillary Clinton tendremos cuatro años de política mediocre con limitaciones explícitas, ya que no contará con mayoría en ambas cámaras, o implícitas por tener prensa hostil y enfrentar críticas del populismo nacionalista tanto de derecha como de izquierda. La única excepción sería si los republicanos pierden el control del Senado y Clinton acuerda una agenda moderada con ellos (si los republicanos controlan ambas cámaras seguirá la “guerra de desgaste”). Hay que prestar atención al candidato o candidata a cubrir la vacante en la Corte Suprema para ver si hay fumata.

La semana pasada Jorge Asís criticó a Clinton por su labor cuando fue Secretaria de Estado (no por el tema importante, pero secundario, de los emails). Reproduzco algunas líneas para que el lector vea que la presidencia Clinton no va a dar el Pinet

Justamente al Departamento de Estado se le pasó por alto, en su estrategia, que en Medio Oriente se incubaba una violencia que no se basaba en el terror selectivo de los atentados. Encaraban por la violencia territorial. Con la territorialización de La Jihad se gestó la base del Estado sanguinario, pero con población y petróleo. Con sabiduría publicitaria aprendida en países desarrollados, y con un ejército en las sombras de todos los costados de Occidente.
Los sunnitas radicalizados, los fanáticos humillados de Irak y de Siria, estados de fronteras artificiales, reaccionaban a la absurda consecuencia de la invasión americano-británica en Irak. Con el poder de regalo para un chiita (que se reportaba a Irán), en unión con los sunnitas que reprimían en Siria Los Assad, durante 40 años.
Mientras declinaban abruptamente las primaveras árabes, la proverbial incapacidad de la dupla Obama-Clinton coincidía con la inmolación del territorio de Siria. Junto a la imposibilidad de derrocarlo a Bashar Al Assad. Apoyado, hasta la muerte del último de sus soldados, por Irán.

Asís trata de ver el lado positivo de un Trump presidente. Eso para mí es un oxímoron. Por eso me tapo la nariz y digo ¡go Hillary!

EXPOST: Y bueno, Trump es el presidente electo de los Estados Unidos. Una suerte de Berlusconi yankie que, al decir de un amigo hincha de River, llevó a su país a la B. Es hora de recalibrar nuestros instrumentos de medición. Y no me refiero a las encuestas, salvo para agradecer a Nate Silver su excelente trabajo que fue objeto de inmerecidas criticas partisanas en los últimos días (ver este post en predictwise). Vamos a tener que reevaluar la política económica y externa de EEUU ya que probablemente el equipo de trabajo de Trump sea atípico como él (no tanto ya que ni Berlusconi se rodeó de payasos para gobernar).

Aprovecho para copiar un par de párrafos de una nota en el Economist de hoy

WHEN Barack Obama proffered his election-day olive branch to a divided country on November 8th, it sounded rather trite: “No matter what happens, the sun will rise in the morning.” But in the dark of a night that, state by state, delivered a coruscating verdict on Mr Obama’s legacy and elected Donald Trump to the White House, those words started almost to feel optimistic…

It is one of the most dramatic electoral upsets America, or anywhere, has ever seen. America’s next president will be a man who led a racist campaign to discredit the incumbent, Mr Obama. While campaigning, he abused women, the disabled, Hispanics and foreigners. He advocated using torture, and nuclear bombs, said his opponent was corrupt and possibly a murderer, and swore that, if elected, he would lock her up. Almost half of American voters have now given Mr Trump an opportunity to follow through on that threat. Who knows; perhaps he will.

Supongo que al igual que en este post (y en el anterior linkeado más arriba) la presidencia de Obama va a ser, merecidamente, evaluada en parte por su legado: Trump.

Pero terminemos con un video de buena música para compensar con un poco de yang tanto yin


Evaluando a Obama

22/03/2016

Mañana llega al país en visita oficial Barack Obama. En Argentina se discute más sobre cuestiones de forma (la visita coincide con el cuadragésimo anivesario del último golpe de estado), que de fondo (si gracias a la visita el país puede reintegrarse más rápidamente al mundo).

Descarto que la visita del presidente de los EEUU va a ser beneficiosa para el país. En esta nota trataré de evaluar la presidencia de Obama.

El contexto en que Obama asume la presidencia en enero de 2009 era muy negativo. EEUU y la mayoría de los países desarrollados estaban sumergidos en la peor crisis económica desde la Gran Depresión. Antes que Obama asumiera el cargo, el salvataje de los bancos bajo el programa TARP logró estabilizar más la economía que los paquetes de estímulos fiscales de 2008 y 2009 (esto porque uno de los mecanismos de amplificación de la crisis fue la incertidumbre en el sistema financiero y el TARP la redujo significativamente). Obama merece crédito por administrar la recuperación económica, pero no llega a una calificación de excelencia debido al aumento en regulaciones que aumentaron los costos de hacer negocios (excluyo a Dodd-Frank ya que es bien sabido que la regulación del sistema financiero en todo el mundo sigue un ciclo de desregulación gradual en tiempos normales seguido de fuertes regulaciones luego de crisis).

El logro más importante para Obama fue la reforma del sistema de salud, conocida como Obamacare. Esta medida de política fue muy resistida por el partido republicano, al punto que ningún representante o senador de dicho partido votó en favor de la reforma. El conflicto produjo la paralización del gobierno que se extiende hasta nuestros días. Obama, y el partido demócrata, culpan a los republicanos por su intransigencia. Y estos culpan al primero por provocarla por imponer, con poca discusión, el Obamacare. Ambos tienen razón. A continuación reproduzco unos párrafos de una nota en el Washington Post de junio del año pasado:

Obama’s decision to tackle the overhaul of the nation’s healthcare system at the start of his first term was born of this belief. Sure, lots and lots of other presidents had failed. But, in his mind, he wasn’t like lots and lots of other presidents.  He was Barack Obama and he would figure it out.

Everything else in Obama’s presidency flowed from that decision.  While Obama did do what so many presidents before him had failed to do, the cost of getting healthcare done was enormous — both in terms of the downballot losses it inflicted on his party and the distrust it drove — not created but drove — with Republicans.

Healthcare proved to Republicans that Obama wasn’t really a uniter. And it proved to Obama that Republicans would never, ever work with him on honest terms. The rest is, well, history.

¿Pero qué es Obamacare? Es una ley que básicamente obliga a los norteamericanos a contratar un plan de salud. Antes de la sanción de dicha ley el grado de cobertura de salud era bajo debido a los altos costos de un seguro. En mi opinión el principio detrás de Obamacare es correcto: como la gente no estima bien las consecuencias de enfermedades serias no contrata un nivel óptimo de cobertura. Es interesante que cuando la Corte Suprema de los EEUU ratificó su constitucionalidad en junio de 2012 por 5 votos contra 4, el voto decisivo del juez John Roberts se basó en que la obligatoriedad del programa equivalía al pago de impuestos por un servicio de salud. Es de esperar que en un futuro donde los partidos políticos trabajen en forma más cooperativa esta ley se perfeccione, por ejemplo con medidas que reduzcan los costos, que están dentro de los más altos para países de la OECD.

El resto de la presidencia de Obama se reduce al tratado nuclear con Irán, y su política de apertura con Cuba (porque por las razones mencionadas anteriormente la ley Dodd-Frank hubiera sido aprobada hasta con Ted Cruz como presidente). Encuestas de opinión muestran que los niveles de aceptación de su presidencia están en la media histórica. Con el tiempo seremos capaces de hacer un mejor balance y ver si Obama logra su lugar en la Historia o no. En lo personal, al día de la fecha tengo una opinión negativa. Y me baso en la siguiente evidencia (el gráfico es del sitio fivethirtyeight): las creíbles aspiraciones presidenciales de Donald Trump y Bernard Sanders por los partidos republicano y demócratas respectivamente evidencian un profundo desprecio de los votantes por la política tradicional. Y Obama es el principal responsable.

delegatetargetsEXPOST: Jorge Asís escribió el siguiente comentario en su blog luego de la visita de Obama a la Argentina

Por haber recibido el fantástico apoyo de Barack Obama. El pato más rengo en el año del Pato Rengo.
Obama gobernó Estados Unidos durante más de siete años. Desperdició su liderazgo en el mundo que lo respeta menos. Y está al borde de ser entregado el gobierno hacia el retraso colectivamente cultural de Donald Trump.
Para Obama -pobre- ya no hay relanzamientos que valgan.


El ballottage del fin del mundo

20/11/2015

Dado que está de moda devaluar al Papa Francisco digamos que este domingo en Argentina tendremos el balotaje del fin del mundo. ¡El fin del mundo kirchnerista! Me sumo a una mayoría que odia visceralmente a Néstor y Cristina y que en estas elecciones casi hubiéramos elegido a un mono (o gorila) antes que un K, o mala copia como vendría a ser el caso de Daniel Scioli.

Es curioso ver como antes de la primera vuelta Scioli se desvivía por atraer el voto de las clases medias moderadas y luego lo único que hizo fue una campaña del miedo mal copiada (valga la paradoja) de la de Dilma Rousseff del año pasado. Es posible que Scioli en primera vuelta haya querido ganar tratando de diferenciarse lo más posible de Cristina para influenciar las expectativas que era “diferente” y tener más margen de maniobra una vez electo. También es posible que si Cristina y sus funcionarios no hubieran boicoteado la campaña esta estrategia hubiera alcanzado para ganar en primera vuelta. Y para el balotaje lo que importa es ganar, y si hacerlo à la K ceba aún más la bomba de tiempo a heredar, después se ve.

Si bien la mayoría de las encuestas dan a Macri ganador y solo se discute la diferencia hay que mantener la guarda alta y fiscalizar a cara de perro el domingo (lamentablemente un ejemplo de haz lo que digo pero no lo que hago: acá en Dinamarca no voto). No solo Scioli quiere ganar. Cristina quiere que pierda por la menor diferencia de votos posible para que Macri no pueda asumir empoderado, y así empomarlo desde el llano. De manera que ¡a votar!

La semana que viene será la hora de analizar los desafíos de un gobierno no peronista y ver qué tan posible es que estemos cerca de una refundación de la República. No me subo a algunos caballos que dicen que Macri vendría a ser la continuación de Alfonsín en este sentido, pero necesitamos el gobierno decente y eficiente que nunca nunca vivimos.


Una verdadera revolución con globos y papel picado

27/10/2015

por Santiago Gallichio

La llegada de Cambiemos al balotaje presidencial de la Argentina es el inicio de una nueva etapa política en el país. Representa el triunfo de la generación de dirigentes nacidos a la actividad política tras la hecatombe social de 2002, dominada por el grito popular “que se vayan todos”. Quienes se volcaron a la política en esa circunstancia tan peculiar emprendieron una nueva forma de hacer política: sin ideologías omnicomprehensivas, con vinculación directa con el ciudadano, abocados a la gestión de las necesidades directas demandadas por “la gente” de manera explícita, muy lejos de intentar cubrir las “verdaderas demandas del pueblo”, más allá de lo que el propio pueblo demandara.

La “vieja política” quedó personificada en dirigentes lejanos, abusivos y enriquecidos. El militante ideal de esa forma antigua era, en el fondo, el militante comprometido hasta las últimas consecuencias, con su vida entregada a sus ideales, “la juventud maravillosa”. El contraste entre una épica como la de los Montoneros y el festejo del Pro tras el éxito de la primera vuelta electoral del 25 de octubre, con pantalla gigante y globos, y su nueva estrella, la gobernadora electa de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, casi como una animadora festiva, mirando a los ojos a través de la cámara de TV y “hablándote a vos”, no puede ser más profundo.

A quienes tienen hoy una edad que va entre los 45 y los 75 años, les resulta sumamente difícil comprender este cambio sin prejuzgarlo como un signo de profunda decadencia social y superficialidad: es el “no puedo votar a Macri” que tantos sienten. Para ellos, provengan de la ideología que sea, el compromiso militante era un ideal de conducta. Y ese tipo de ideal es un ícono propio de la izquierda. Por eso, la derecha, para esa generación, fue siempre, de alguna manera, una postura política vergonzante.

El 25 de octubre de 2015, esa etapa terminó definitivamente. Y la nueva generación de dirigentes “post crisis 2002” comenzó a gobernar la opinión pública y, muy pronto, el país. Su apariencia de ser predominantemente “de derecha” es simplemente un prejuicio de la generación anterior: nada más. No es un tema de principios ideológicos.

Macri y Massa son parte de esta nueva etapa. El resto de la dirigencia del Pro, por supuesto, también lo es. Scioli, en cambio, no lo es. Ciertamente proviene de la generación previa, a la que se siente obligado a representar. Pero como su personalidad tiene una apariencia más afín con la nueva generación, se siente incómodo y suele sobreactuar. Así, no logra seducir ni a unos ni a otros. Por eso está muy amenazado por la derrota en la segunda vuelta.

La década kirchnerista fue, ahora nos damos cuenta con toda claridad, una sobrerreacción a la crisis de 2002, no su superación. “Más Estado” significó, a la postre, una profundización mayor de la vieja política y el verdadero paraíso para la vieja dirigencia, esa que debería haber sucumbido en ese momento. Los barones del conurbano bonaerense, que fueron los grandes derrotados de este 25 de octubre, se asentaron como nunca antes durante la década K: todo lo contrario de lo que se podía esperar como salida de la crisis de representación política de comienzos de siglo. El nuevo período que se inicia ahora parece ser el que logrará superar definitivamente aquella crisis.

La parte más iluminada del radicalismo y, afortunadamente para ese partido, los que lograron gobernarlo en esta coyuntura se dio cuenta a tiempo y se pudo subir al tren de esta renovación, casi en el último minuto. El resto de la dirigencia filo-radical, simbolizada claramente en la desazón y el sinsentido político que mostró, a la hora del veredicto de las urnas, el frente Progresistas de Margarita Stolbizer, quedó totalmente desairada. Su diferenciación careció de todo sentido. Los radicales que se oponían al acuerdo con el Pro están hoy seguramente agradecidos a su líder, quien les impidió el bochorno y la insignificancia al que los socialistas y otros aliados se sometieron en esta elección. Este mérito de Ernesto Sanz, con la inestimable ayuda de Lilita Carrió, será reconocido cada día más por este sector político.

La segunda vuelta

Sin dudas, la gran disputa que enfrentan Macri y Scioli para el 22 de noviembre es cómo se harán de los votantes de Sergio Massa. Éste se ha puesto en oferta: redactó sus puntos básicos y promete hacer campaña por aquel de los dos que le prometa que mejor los podrá cumplir. Sin embargo, por detrás de esta artimaña, la realidad es que Sergio Massa, si Scioli resulta derrotado, se erigirá en la figura central del peronismo en la Argentina y será el futuro contrincante del presidente Macri en las elecciones de 2019. Si Scioli ganase, en cambio, su futuro quedará truncado y verá cómo sigue la sangría de dirigentes que se había iniciado tras las PASO de agosto.

Por lo tanto, a Massa le conviene sólo un resultado en noviembre: Macri presidente. No está en condiciones de poner condiciones. Macri no debería confiar en integrarlo a su gobierno, sino que debe seguir actuando como sabiamente lo hizo al excluirlo de su frente electoral Cambiemos. El riesgo de Macri es que Scioli logre seducir a ese electorado peronista o filo-peronista de Massa durante el mes de la segunda vuelta. Impedir esta seducción es lo único que Massa y Macri tienen como interés común: después, serán los grandes rivales de la nueva época. Y para fortalecerlo, cuentan con un rasgo en común: a diferencia de Scioli, son ambos parte de la “verdadera nueva política”, que no es la de los K y La Cámpora, ahora queda del todo claro, sino la de los dirigentes de “gestión”, que están cerca de la “gente” y no hablan más de “pueblo” ni de gestas heroicas. Allí está el espacio de trabajo político del mes electoral que resta. Necesita de grandes dirigentes políticos para no cometer errores que echen todo el trabajo por la borda. Pero la mesa está servida para Macri. Y también para Massa.


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