El 2×1 de Trump para el empleo público

07/03/2017

La semana pasada Donald Trump en su discurso sobre el Estado de la Unión anunció que los organismos públicos federales que quieran introducir una nueva regulación deberán dar de baja dos. En términos legales lo más probable es que la justicia federal revoque esta normativa dado que no tiene justificación (quién decide qué regulaciones eliminar? porqué?). Al respecto ayer el New York Times publicó una nota sobre los primeros beneficiarios de las desregulaciones en EEUU.

Presidents wield considerable influence over the rule-making process. They set the agenda and appoint the rule-makers, and, since the Reagan administration, a White House office has reviewed every major regulation to try to ensure that benefits to society exceeded compliance costs. It is not uncommon for new presidents to make quick changes in regulatory policy or try to reverse certain last-minute rules their predecessors enacted…

But the courts have generally held that new administrations need to justify such reversals. The Reagan administration tried to rescind a rule requiring airbags in passenger vehicles. The courts found the move unjustified…

The Trump administration could face a host of similar challenges — the requirement that agencies must find two regulations to eliminate before enacting any new rules is already being challenged in federal court.

A pesar que no sea posible establecer una regla que requiera la eliminación de dos regulaciones para introducir una nueva, esta iniciativa marca uno de los puntos en común que tienen Trump y los republicanos que dominan el Congreso (el otro es la reducción de impuestos). Y los mercados en dicho país reaccionaron positivamente al discurso de Trump en gran parte por los efectos positivos que se espera tengan los menores costos regulatorios sobre los beneficios empresariales. Como muestra una nota del Economist de la semana pasada, las regulaciones hace tiempo que tienen “vida propia” en los EEUU y una elevada, e ineficiente, inercia.

When a government agency writes a significant regulation—mostly defined as one costing more than $100m—it must usually prove that the rule’s benefits justify its costs. Its analysis goes through the Office of Information and Regulatory Affairs (OIRA), a nerdy outpost of the White House. The process is meticulous. The OECD, a club of mostly rich countries, finds that America’s analysis of regulations is among the most rigorous anywhere.

But once a rule has cleared the hurdle, there is little incentive for agencies ever to take a second look at it. So it is schttps://youtu.be/DVg2EJvvlF8rutinised only in advance, when regulators know the least about its effects, complains Michael Greenstone, of the University of Chicago. The OECD ranks America only 16th for “systematic” review of old red tape. (The leading country, Australia, has an independent body tasked with dredging up old rules for review.)

En la Argentina sería bueno que tuvieramos una desregulación amplia como la impulsada por Domingo Cavallo en los noventa. El ministro Nicolás Dujovne parece que comparte algunas de estas ideas, aunque todavía no queda claro cuánto quisiera desregular (para bajar costos laborales, ver este post reciente), ni cuánto poder tiene para conseguirlo, tanto dentro del gabinete como frente al resto de los actores políticos en el país.

Sin embargo, el 2×1 de Trump me recordó una vieja idea que se me ocurrió cuando todavía estudiaba en la UBA (o sea, hace 25 años…). En ese momento, al igual que hoy en día, se sabe que hay un elevado e ineficiente número de empleados públicos. Y como la estabilidad laboral de los mismos es considerada un derecho divino que no puede tocar ni siquiera un presidente peronista con la popularidad por las nubes, nadie propuso, ni propone, ninguna medida para enfrentar esta tara.

Lo que había pensado en mi juventud era que se adoptara la regla simple (podía ser ley, decreto, memo, etc.) de contratar un nuevo empleado público solamente cuando se produjeran dos bajas en la plantilla. Obviamente que, al igual que con la normativa de Trump comentada arriba, este 2×1 constituye el espíritu de la idea y su implementación requeriría resolver temas claves como el grado de división del sector público sobre el que se aplicaría, o como enfrentar la creación de nuevos organismos. Pero imaginemos si una regla como esta se hubiera implementado en 1992. O como estaríamos en el 2042 si se empieza hoy. Imaginemos…


To bleach or not to bleach

11/10/2016

El blanqueo es hoy en día una fuente de dolores de cabeza para los argentinos de pie que sacan las cuentas sobre las ventajas y desventajas de las alternativas. Una conclusión era obvia, como indica Néstor Scibona en su última columna dominical en La Nación: prácticamente nadie hundió fondos en el bono a tasa cero:

Una prueba del disgusto oficial es que el Ministerio de Hacienda y Finanzas decidió no divulgar el monto de la suscripción del bono en dólares a tres años y tasa cero, que venció el 30 de septiembre. Esto indica que habría tenido escasa aceptación, por más que permitía blanquear sin costo y al Tesoro financiarse de la misma forma. Sin embargo, este impreciso resultado no marca una tendencia porque estaba cantado: los especialistas desaconsejaban este título, por resultar más conveniente pagar el impuesto de 10% y recuperarlo con inversiones financieras, que inmovilizar el capital hasta 2019.

Se entiende que Prat Gay critique la tasa de interés de las licitaciones Lebac que hace el Banco Central como muy alta: él vive en un mundo de fantasía en el cual 3% anual es la tasa de interés real de equilibrio. Por favor, un paracaídas para que Alfonso pueda bajar (suavemente) a la realidad. Al margen, por suerte el Banco Central leyó a tiempo que se le disparaba la inflación y dejó de bajar la tasa hace unas semanas (el indicador de Inflación Verdadera, luego de tocar un máximo el 22 de septiembre comenzó a bajar).

Volviendo a las cabilaciones de los (no tan) contribuyentes argentinos, se entienden sus dudas. Al mismo tiempo que el gobierno anuncia e implementa el blanqueo hace saber que el proyecto de presupuesto para el año que viene contempla aumentar la escala máxima del impuesto a las ganancias del 35 al 40%. O sea, blanqueá hoy y mañana te desplumamos.

Me parece que aunque el gobierno esté convencido que Cambiamos, los ciudadanos necesitamos más evidencia para aceptar una carga tributaria digna del primer mundo. Y por supuesto en algo el gobierno no Cambió: la culpa la tiene el Otro. Para Prat Gay ahora son los bancos los responsables por la escasa adhesión al blanqueo. Se entiende su nerviosismo. Es que el blanqueo al menos es democrático. Le da dolores de cabeza al gobierno también.


Los desafíos del tridente antiinflacionario

22/12/2015

Esta no es una entrada futbolera, aunque la mención a un tridente evoca al del Barcelona que el domingo destruyó la fantasía de los hinchas riverplatenses. El tema hoy es cómo atacar, y reducir, la inflación.

Quienes siguen este blog desde sus inicios sabrán que en 2011 escribí varios posts al respecto (ver acá y acá). En ese momento los desequilibrios macro y microeconómicos no eran tan grandes como lo son ahora y era posible pensar en un plan creíble que redujera la inflación a un dígito bajo en un año, año y medio. Hoy es más complicado.

La semana pasada argumenté que no sería viable un plan que busque el ajuste vía crecimiento económico. En mi opinión hay que cerrar la brecha fiscal y los primeros anuncios no ayudan en la medida que reducen ingresos (baja de retenciones y aumento del mínimo no imponible de ganancias) y aumentan gastos.

Este gobierno recibe críticas desde antes de asumir. Pero hay que diferenciar la paja del trigo, ya que los sectores K se la pasarán criticando y poniendo palos en la rueda (y piquetes en la Ricchieri). Dentro de las críticas racionales está la de haber devaluado sin un plan integral de fondo. Creo que existe un plan implícito y que no estamos ante una devaluación à la Kicillof. Pero no es políticamente correcto anunciarlo antes de las fiestas. Uno de los analistas que describe la situación en términos muy similares a los que usaré en el resto del post es Néstor Scibona en su columna del domingo en La Nación:

Con esta perspectiva, la reducción del déficit fiscal a corto plazo provendrá principalmente de la quita o reducción gradual de subsidios a la electricidad en el AMBA, donde además se necesitará recomponer tarifas de las distribuidoras para atender emergencias, reactivar la inversión en redes y estaciones de transformación. Para atenuar el impacto sobre los sectores de menores ingresos se prevé una tarifa social cero para los consumos de hasta 150 kWh mensuales, y también la facturación mensual en vez de bimestral para fraccionar el pago.

Hasta que no queden definidas estas cuestiones será difícil que el BCRA pueda poner en marcha la anunciada política de metas (decrecientes) de inflación, para alinear las expectativas fiscales, monetarias, cambiarias y salariales. La fuerte suba de tasas de interés sólo tiende por ahora a desalentar la demanda de dólares, pero tendrá impacto sobre la actividad económica. Y hasta que no estén disponibles esas políticas será complicado encarar el acuerdo social tripartito (Estado, dirigentes sindicales y empresarios) con eje en precios y salarios. Incluso ante la ausencia transitoria de los índices de inflación de fin de 2015 y comienzos de 2016, si bien el Indec se apresta a elaborar un indicador “puente” suficientemente confiable, dado que el IPC definitivo llevará varios meses.

Como dice Scibona, se sabe que el ajuste va a empezar por el sector energético. Juan José Aranguren lo viene anunciando desde antes de asumir y cada vez se menciona más en los medios que se viene un tarifazo (eso sí, con conciencia social). Esto permitiría reducir en al menos dos puntos el déficit en el año.

El ajuste en las tarifas de transporte va a tener que esperar pues recae más sobre los sectores humildes que la energía y seguramente se hará luego de un rediseño integral del sistema metropolitano (con tarifa plana que subsidie a quien hoy paga dos o tres veces para moverse del conurbano a la Ciudad). Gracias a la posibilidad de articular políticas entre Nación, PBA y CABA es posible que este ajuste se realice el año próximo también resultando en un ahorro de cerca de dos puntos en las cuentas públicas.

Una vez que se anuncien las primeras medidas de ajuste, y viendo el comportamiento del dólar y los precios durante el verano, el BCRA podrá diseñar un plan antiinflacionario que tenga en cuenta la herencia a digerir (por ejemplo, la emisión atada al pago de futuros de moneda) y que apunte a una reducción gradual de la inflación llegando al dígito (en lo posible bajo) en tres o cuatro años.

¿Por qué no reducir la inflación más rápidamente? Dado el nivel de déficit inicial, los primeros dos años se deberá seguir contando con el ingreso del impuesto inflacionario, el cual se podrá ir reduciendo cuando se tenga certeza que el ajuste se encamina (digamos, cuando el déficit esté en un 3%). Recién ahí convendría endeudarse para reemplazar el impuesto inflacionario. Hacerlo hoy es muy riesgoso pues de fracasar el primer plan del gobierno (y salvo Néstor que heredó el segundo plan de Duhalde, el primer plan de todos los gobiernos de 1983 a la fecha fracasó), se tendría además de déficit fiscal, alto endeudamiento.

Con el plan antiinflacionario creíble sobre la mesa, el gobierno debería sentarse a la mesa con empresarios y sindicalistas para lograr un acuerdo de precios y salarios que sea consistente con las metas de inflación. En el pasado me he mostrado escéptico sobre la utilidad de estos pactos sociales, pues cuando el desequilibrio principal era la inflación un plan creíble era suficiente para formar expectativas.

Lo que hace diferente este caso es que va a haber dos inflaciones a seguir en la negociación. Una la reflejada en el IPC tradicional, en la cual tienen un peso importante las tarifas de Capital y el GBA. La otra la inflación neta del ajuste, once and for all, de las tarifas energéticas. Los trabajadores querrán un aumento salarial que siga el primer indicador (para no perder poder adquisitivo), mientras que a las empresas se les pedirá que aumenten en función del segundo (para hacer el programa monetario consistente). Y el gobierno deberá negociar la división de esta grieta.

Esperemos que el tridente Aranguren-Sturzenegger-Prat Gay (incluyendo a otros ministros como Jorge Triaca) logre poner en marcha un plan que esté a la altura de los desafíos de la coyuntura, que seguramente son más complejos que lo analizado en este breve post.


De regreso en Argentina

19/06/2012

Luego de pasar un mes trabajando en Suiza y dos semanas paseando por Europa, estamos de regreso en casa. Un quilombo, como era de esperar. No sorprende que el affaire Boudou siga en los medios, con revelaciones casi diarias sobre el negociado del vice (y porque no, de “otros y otras”). Cada día cuesta más conseguir dólares, en un esfuerzo por peronizar el kirchernismo y darle sentido a la pregunta del general: “¿Quién de ustedes vio un dólar?”. Moreno y sus muchachos no contentos con haber destruido varios mercados (carne, trigo) le pusieron la mira al inmobiliario buscando la forma de pesificar las transacciones. Y podría seguir ya que un mes y medio en Argentina produce mucho material para la risa, al menos en su variedad nerviosa.

Para no aburrir diré que el trabajo consistió en revisar un paper para un journal, y terminar la primera versión borrador de otro. Más divertido es hablar de las vacaciones. Copenhagen linda como siempre, pero con mucho frío que creaba un contraste con la longitud de los días. Viena aburrida como siempre pero con variedad cultural solo comparable con NY o Londres (vimos una obra de un festival internacional de teatro). Praga decepcionante ya que en algún momento en los últimos diez años empezaron a tratar mal (muy mal) a los turistas, y no se muerde la mano que te da de comer (República Checa es un país muy en vías de desarrollo, como todo Europa del Este). Berlín una masa, si bien nunca más va a tener esa magia del muro, que afortunadamente llegué a ver, ha logrado hacer el “catch-up” con el resto de las capitales (importantes) europeas con éxito. Munich desabrida, como esa cerveza de la que tanto se enorgullecen. Para cerrar, el hábitat de la familia de mi coautor: Lichtenstein, una especie de Puerto Rico de Suiza con un príncipe con poder de veto y una riqueza que acá sería expropiada.

En breve volveré al posteo regular.


Como bajar la inflación sin credibilidad

17/11/2011

El año pasado escribí una serie de notas explicando que un nuevo gobierno hubiera podido bajar la inflación rápidamente sin mayores costos sobre el crecimiento (acá y acá). Dado que no tendremos un nuevo gobierno a partir del mes que viene, vale la pena preguntarnos si este podría bajar la inflación, y como.

La primera pregunta tiene una respuesta casi obvia, pues todo gobierno que se lo proponga puede tomar medidas de política monetaria y fiscal que resulten en un menor ritmo de crecimiento de precios. Y la Argentina tiene margen de política suficiente como para hacerlo. El quid de la cuestión es ¿cómo hacerlo? Máxime considerando que el gobierno de Cristina (y el BCRA) no tiene credibilidad.

Los recientes anuncios de reducción y eliminación de subsidios (ingredientes esenciales de todo plan de ajuste mencionados en los dos post citados, y en muchos más) si bien obedecen a la necesidad de generar superavit fiscal en un año en el cual hay importantes vencimientos de deuda, también ayudan a reducir la demanda agregada de bienes, y la inflación. Como dice Carlos Pagni en una nota hoy en La Nación:

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El Pacto Social murió antes de nacer

27/12/2010

En estos días se vuelve a hablar del Pacto Social, nombre grande para un simple intento de acordar precios y salarios. Ante la evidencia de una inflación galopante, que además los medios identifican como causa de los estallidos sociales (via aumentos de alquileres en las villas), el gobierno trata de mostrarse activo en el frente y lograr un acuerdo entre empresarios y sindicalistas. ¿Podrá lograrse el acuerdo? ¿Servirá para algo? Tal vez, y seguro que no.

Hace casi dos meses escribí un post sobre las causas de la inflación en el cual desestimo el valor de las políticas de ingresos. Mi razonamiento es que para combatir la inflación se necesita un mix de política monetaria, fiscal, y de reformas estructurales que hagan creíble un equilibrio con baja inflación. Si esto se hace las expectativas ajustarán al nuevo equilibrio (lo que se conoce como un shock de expectativas) y no será necesario un pacto para garantizar un sendero decreciente de (aumentos) de precios y salarios. Poco después de escribir dicho post, critiqué la defensa del acuerdo tripartito que hizo Eduardo Levy Yeyati en su blog (para quien es un ingrediente necesario para reducir la inflación inercial).

Más allá de la discusión teórica sobre la utilidad de una política de ingresos, la realidad nos está mostrando que el Pacto Social murió antes de nacer. En palabras de Francisco Olivera en La Nación ayer: Leer el resto de esta entrada »


Sobre el Nuevo Desarrollismo (Parte 2)

25/11/2010

Luego de analizar ventajas y desventajas de un TCRCE como estrategia de desarrollo, veamos ahora la segunda tesis neodesarrollista referida al gasto público. El silogismo es el siguiente:
1. La  ortodoxia propone un fundamentalismo de mercado
2.  A la ortodoxia no le importan los pobres, solo los bancos de Wall Street
3.  Gracias a Dios estamos los heterodoxos, herederos de Marx y Keynes
4.  La corriente heterodoxa del desarrollismo es latinoamericana, y por lo tanto nuestra, nacional y popular
5.  La heterodoxia le asigna un rol prioritario al Estado

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