El rebrote inflacionario

22/09/2016

La semana pasada escribí un post sobre las bajas expectativas que le tenía al mini-Davos (me quedé corto cuando dos días más tarde The Economist, a contramano, informaba a sus lectores que Rosario es la capital de la violencia en Argentina). Recuerdo al lector estas líneas sobre la inflación:

El problema es que los inversores extranjeros saben que la única verdad es la realidad. Mirán el sitio Inflación verdadera y saben que la agresividad con la cual el Banco Central se ve obligado a bajar las tasas de interés está resultando en un repunte de la inflación (de 1,06% mensual el 5 de agosto a 2% un mes más tarde).

El fin de semana, Domingo Cavallo en su blog también escribió sobre el “rebrote” de la inflación (Foco Económico subió anteayer el post de Cavallo). Dice el Mingo,

No se puede atribuir este rebrote inflacionario a causas monetarias. La expansión monetaria ha estado muy contenida, las tasas reales de interés han sido positivas y el tipo de cambio se ha mantenido estable. Por consiguiente hay que buscar las causas en otro lado. Sin duda el ritmo de aumento nominal del gasto público (que se ha acentuado desde julio) y las expectativas de aumentos de salarios por intensificación de los reclamos sindicales deben estar jugando un rol preponderante. Se trata del fenómeno de la inflación inercial al que me referí en posts anteriores.

Si bien es cierto que la política monetaria no causó el rebrote de la inflación, también es cierto que no hizo nada para impedirlo. El mes pasado, pocos días después del fallo de la Corte sobre las tarifas del gas, escribí una nota sobre los desafíos que dicho fallo le implicaba al Banco Central,

¿Cómo reaccionará el BCRA al fallo de la Corte? ¿Tomará el camino político de bajar la tasa, o monetizar el aumento en el déficit, para intentar reactivar la economía? ¿O endurecerá su política para compensar el menor ajuste fiscal (ya que a menor ajuste fiscal más presiones de demanda sobre los precios)?

Usemos la herramienta básica de un macroeconomista para entender porqué las acciones del Banco Central en el último mes han sido inflacionarias. Me refiero al modelo IS-LM de demanda agregada

is-lmEn el eje horizontal tenemos la demanda agregada, Y, y en el vertical la tasa de interés, i (nominal o real ya que es un modelo de corto plazo). El equilibrio se da cuando la curva IS, que captura el equilibrio en los mercados de bienes se cruza con la curva LM, que captura el equilibrio en los mercados financieros. Simplificando, una política monetaria expansiva corre la IS hacia arriba (para un dado nivel de demanda agregada la tasa de interés de equilibrio debe ser mayor), y una política monetaria expansiva corre la LM hacia afuera (para una dada tasa de interés la demanda agregada debe aumentar si aumenta la cantidad de dinero).

En Argentina hoy en día una expansión de la demanda agregada se traduce en un aumento de la inflación ya que el kirchnerismo agotó los efectos de las políticas de demanda en el nivel de producción. Por eso si el gobierno relaja las metas fiscales, como venía haciendo de facto y reconoció en el proyecto de presupuesto para año próximo, y la política monetaria no cambia esto se refleja en mayor inflación. Si el Banco Central fuera independiente y tuviera metas de inflación, la respuesta hubiera sido hacer política contractiva que compensara los efectos de la expansión fiscal.

Pero el Banco Central no es independiente, o al menos no es inmune a presiones políticas  sectoriales.

Pero volvamos al rebrote inflacionario. Cavallo dice que no se debe a causas monetarias. Yo digo que el Banco Central puede hacer más para impedirlo. Quizás los dos tengamos razón. Para cerrar me remito a una nota de Ignacio Olivera Doll publicada ayer en Ámbito Financiero que informa que Sturzenegger le pidió a los bancos que paguen más tasa por sus depósitos

Los signos de menor inflación, que ya confirman la efectividad del ajuste monetario, dieron lugar a Federico Sturzenegger a pensar y avanzar en una segunda batalla con más insistencia: que los argentinos empiecen a recibir a partir de ahora una mejor recompensa de los bancos por el dinero que tienen guardado, y que de este modo se vean más incentivados a ahorrar sus pesos dentro de las entidades…

En los bancos hay quienes califican este avance como un atajo que encuentra a mano el jefe del BCRA para trasladar a los bancos la responsabilidad de reparar los costos de un déficit cuasi fiscal que, en rigor, debería afrontar el Tesoro nacional, y no ellos.

Pero donde Olivera Doll ve una segunda batalla yo veo, como los bancos mencionados en las últimas líneas de su nota, un intento de bajar la inflación con instrumentos no convencionales (bueno, el apriete era común en el kirchnerismo). En efecto, cuando el Banco Central baja la tasa de las Lebac (y ayer se mandó el octavo recorte semanal consecutivo), como no se renueva el stock de títulos que vencen (a menos tasa menos compradores), debe emitir. Lo que Sturzenegger quiere es que los bancos aumenten las tasas que pagan a sus depositantes para que esta masa de liquidez que inyecta en la economía sea absorbida, al menos en parte, por el sistema financiero. Ya que sabe que su política de baja de tasas está echando gasolina al rebrote inflacionario


Invertir o no invertir, esa es la cuestión

13/09/2016

Hoy se inaugura el Foro de Inversión y Negocios de Argentina. Vendría a ser la materialización del “modelo” macrista, si entendemos a éste como uno que tiene a la inversión como motor del crecimiento. El problema es que el gobierno no tomó todavía conciencia que no alcanza con decir “yo no soy Cristina” para que vengan las inversiones. Si bien tomó algunas medidas que son necesarias para atraer capitales, no son suficientes.

La ausencia de populismo explícito no implica reglas de juego estables. Como dice un empresario petrolero citado en una nota en La Nación hoy,

“Lo mejor que puede ocurrir es que, al cabo de estas reuniones, el Gobierno descubra con claridad la necesidad de fijar reglas claras industria por industria, sector por sector. Es la carencia más perjudicial, hoy, para cualquier proyecto de inversión”

Peor es el hecho que el gobierno también ha tomado muchas medidas populistas, lo cual enciende señales de alarmas en los invesores, en particular los extranjeros. ¿Qué es lo que ellos desearían ver? Un gobierno que dicte marcos regulatorios que incorporen las preferencias de la sociedad para ser estables (por ejemplo, protección al medio ambiente, “compre” argentino, participación estatal, etc.). Que indique un sendero de consolidación fiscal que sea políticamente viable y permita inferir la carga tributaria en el mediano y largo plazo. Que garantice estabilidad monetaria y financiera para no agregar costos superfluos. Que oriente la inversión pública a obras de infraestructura que reduzcan costos de producción o transporte.

En nueve meses el gobierno ha sido incapaz de dar señales claras en estos frentes. Las (laxas) metas fiscales anunciadas a poco de asumir ya son letra muerta. El Banco Central anuncia metas de inflación del 17% para el año que viene, lo cual es risible en cualquier país serio. El ministro de Hacienda habla de un acuerdo de precios y salarios porque sabe que es la única forma que su poder no quede licuado por el Banco Central (y los otros mini-ministros de Economía). Después de las torpezas que desembocaron en el veto a la ley antidespidos, o en la resolución de la Corte contra el recorte de subsidios al gas, los observadores de la realidad política se preguntan si no estaremos frente a otro tropiezo con la discusión respecto a cerrar (aun más) las importaciones

El problema es que los inversores extranjeros saben que la única verdad es la realidad. Mirán el sitio Inflación verdadera y saben que la agresividad con la cual el Banco Central se ve obligado a bajar las tasas de interés está resultando en un repunte de la inflación (de 1,06% mensual el 5 de agosto a 2% un mes más tarde). Saben que hablar de metas de inflación de dos dígitos no ayuda a que el Banco Central construya reputación. Saben que decir que el ajuste fiscal vendrá por el lado del crecimiento económico es voluntarismo puro. Saben que el costo para la Argentina de seguir sin plan hasta las elecciones del año próximo es alto. En definitiva, saben que hoy su dinero vale más en su bolsillo que hundido en una inversión en nuestro país.

EXPOST: Ayer el ministro Prat Gay expuso cómo el gobierno se disparó un tiro en el pie fiscal. Según informa La Nación en esta nota:

En tal sentido, Prat-Gay, que respondió a las preguntas del auditorio con desgano, buscó traer tranquilidad: “Si podemos tener la situación fiscal de Chile hoy en dos años, habida cuenta de los últimos 12 años, es suficientemente ambicioso. La Argentina es un país federal, buena parte del gasto tiene poca flexibilidad: son salarios, subsidios y jubilaciones. Estamos trabajando sobre lo que podemos trabajar, pero sobre todo estamos trabajando con la verdad. Mientras el déficit vaya bajando, estaremos en la dirección correcta. Cuando vean que haya un año que no baje sin una buena razón, ahí sí va a ser un tema”.

Espero no ser el único en preguntarse lo siguiente. ¿Por qué, si el gasto en subsidios y jubilaciones es poco flexible, el gobierno a poco de asumir otorgó nuevos subsidios (expansión de la cobertura de la AUH, al transporte fuera del área metropolitana, etc.) y aumentó jubilaciones? ¿No era mucho más razonable esperar a reducir el déficit fiscal antes de tomar estas medidas? Ya se lo que me va a decir el lector: es la política estúpido.


El tridente antiinflacionario maltrecho

23/08/2016

A fines del año pasado escribí un post sobre los desafíos del gobierno para bajar la inflación. En el mismo describía la situación como delicada y con un objetivo de máxima de llegar a una inflación de un dígito (“en lo posible bajo”) en 2019. Para ello había que articular una política monetaria que, siendo contractiva respecto del pasado, permitiera el financiamiento via impuesto inflacionario de la transición a una economía normalizada. El déficit fiscal tenía que tener una trayectoria descendente (que no estaba clara dadas las primeras medidas), y el ajuste iba a empezar por las tarifas energéticas.

Con el lastre del tarifazo politizado y judicializado, el pilar Aranguren del tridente se fisuró. Y el pilar Prat Gay hasta ahora no termina de cuajar, ya que no hay un plan que presente un sendero creíble de ajuste fiscal. Lo único que tuvimos como respuesta al fallo de la Corte de la semana pasado fue un globo de ensayo (a cargo del jefe de gabinete del Ministerio de Agroindustria) que se suspendería la rebaja de otros cinco puntos porcentuales a las exportaciones de soja el año que viene. ¿Por qué sólo un “rumor”? ¡Anuncien la medida sin pérdida de tiempo, y pongan de excusa el stress fiscal del fallo!

Nos queda finalmente el pilar Sturzenegger. Después de digerir los muertos de futuros de dólar que dejó Vanoli, el Central está más libre para cumplir sus objetivos de incremento en la cantidad de dinero. Recibe constantes presiones de Prat Gay para bajar la tasa, pero hasta ahora se ha manejado bien y como dije la semana pasada, finalmente los indicadores de Inflación Verdadera señalan que la inflación estaría en el orden del 1,1% mensual.

¿Cómo reaccionará el BCRA al fallo de la Corte? ¿Tomará el camino político de bajar la tasa, o monetizar el aumento en el déficit, para intentar reactivar la economía? ¿O endurecerá su política para compensar el menor ajuste fiscal (ya que a menor ajuste fiscal más presiones de demanda sobre los precios)? Hoy por hoy supongo que Sturzenegger optará por el camino intermedio de no mover la tasa, que por un lado le evitaría ser blanco de más críticas por enfríar la economía, y por el otro le permitiría preservar el único logro que el gobierno hasta ahora tiene para presentar en las elecciones del año entrante.

En efecto, al votante medio le importan muy poco medidas presentadas con fuegos artificiales mediáticos como la salida del cepo, el pago a los holdouts, o el blanqueo de capitales. Hoy por hoy asocia (negativamente) al gobierno al tarifazo, y el año entrante lo podría asociar (positivamente) a una inflación moderada de aproximadamente 15% anual y con trayectoria descendente. Macri no tiene, ni tendrá, mucho más que mostrar. Al respecto copio unas líneas de una nota de Jorge Fernández Díaz del domingo en La Nación

Es curioso: en otros casos, como el cepo, los holdouts, la relación con los sindicatos y el blanqueo de capitales, Macri se manejó como un político experto; con las tarifas retrocedió a la lógica amateur del CEO y a la religión ingenua del Excel. A lo largo de estos meses, la mayoría social parece haber entendido tres cosas: la energía es escasa y debe pagarse, el congelamiento de las tarifas fue una obra tóxica y nefasta del kirchnerismo, y Cambiemos no ha sabido resolver el problema.

Fernández Díaz compara situaciones muy distintas. El cepo, los holdouts, y el blanqueo son medidas que no tienen costos, o no son perceptibles. A los sindicatos les dió una torta de dinero, yo no se si llamaría a eso ser un político experto. Finalmente, el ajuste tarifario fue la única medida que implicó costos directos sobre el grueso de los ciudadanos. Por ende, si se necesitaba cintura política era ahí.

En conclusión, todas las fichas a la baja en la inflación. ¡No va más!

EXPOST: Ayer, el Banco Central bajó las tasas medio punto. De más está decir que para mí es un error, y estimo que la respuesta será un rebote de la inflación en el corto plazo. Pero no mando a pérdida el pilar Sturzenegger todavía. Le doy el beneficio de la duda que sea el costo a pagar para no monetizar el aumento del déficit (aunque las bajas de tasas implican expansión monetaria en la medida que no se renueva el stock de Lebac, como indica la nota). Hay que prestar atención a los próximos anuncios.


La topología y el ajuste

12/07/2016

La topología es la rama de las matemáticas dedicada al estudio de aquellas propiedades de los cuerpos geométricos que permanecen inalteradas por transformaciones continuas. Por ejemplo, una pelota de fútbol y una de rugby son equivalentes, mientras que una pelota y una rosquilla o dona no, ya que no hay transformación continua entre la primera y la segunda.

¿A qué viene esto? A que el “ajuste” del gobierno de Macri no es un ajuste. El conjunto de medidas impulsadas para reducir el déficit fiscal no han tenido efecto y, a pesar de observaciones de analistas amigos, no hubo un fuerte ajuste en el gasto en el primer semestre del año (la excepción fue la obra pública pero se espera una ejecución mayor en lo que resta de 2016). Además en lo que va del año la recaudación en términos reales ha caído.

La últimas manifestaciones del “no ajuste” son la decisión de continuar con las transferencias de “ganancias” del BCRA al Tesoro, y la decisión tomada ayer de poner un tope en el aumento facturado por el consumo de gas del 400% respecto al año pasado.

Con respecto a lo primero tanto PRO como la UCR denunciaron en el pasado, con razón, el caracter inflacionario de estas transferencias. En efecto, continuar con las mismas es un golpe debajo de la línea de flotación para las metas inflacionarias, y convalida las expectativas que éstas no iban a ser cumplidas en base a los aumentos salariales pactados hasta la fecha.

Con respecto a lo segundo, la explicación es que si bien la tarifa estaba acotada a un aumento del 400%, como el consumo aumentó respecto al 2015 (por menores temperaturas), los consumidores residenciales se encontraron con facturas épicas, tan inaccesibles a sus bolsillos como escalar el Everest. El problema es que dicha medida es inconsistente con el llamado a moderar el consumo hecho recientemente por el presidente Macri, ya que el consumidor sabe que a partir del 400% de aumento en el consumo la diferencia la paga el Estado. Así la gente va a seguir en su casa “en remera y en patas”.

El kirchnerismo tenía su “method in madness”. Tomaba medidas que se reñían con la lógica económica. Cuando enfrentaban restricciones, porque la economía no reaccionaba como esperaban, ponían un parche, que agregaba otra capa de distorsiones. Así construyeron, en parte en forma accidental, la bomba que heredó Macri. El actual gobierno empieza a mostrar una metodología también, con paralelismos interesantes. Toma medidas que tienen una lógica económica. Pero al enfrentar restricciones políticas pone parches, que también generan sus distorsiones (como la mencionada en el párrafo anterior).

Volviendo al título de esta nota, si tomamos las características de un ajuste como dadas, no hay transformación continua (léase gradual) que nos de el actual conjunto de medidas fiscales, tarifarias, y monetarias observadas. ¿Será que lo que se requiere es una transformación discreta (léase un shock)?


Pospesimismo

29/06/2016

Esta entrada cierra una trilogía de notas sobre la economía argentina con un enfoque moderadamente pesimista (ver acá y acá las notas anteriores). Hasta hace un mes creía que el gobierno tenía un plan que implicaba llevar la economía argentina hacia una mayor eficiencia. Esto se podía lograr con una devaluación del tipo de cambio acompañada de una reducción de las tarifas y barreras al comercio. Lo segundo impediría que la devaluación se traslade a precios. El mayor tipo de cambio real, sumado a un sendero creíble de ajuste fiscal que garantice una caída en la inflación, y eventualmente en la carga tributaria, daría al sector privado los incentivos a invertir. Un círculo virtuoso (no el único) que se podía empezar estos días, ya que estamos terminando de digerir los muertos de los contratos de futuros de dólar.

El gobierno en estos meses tomó medidas que son incompatibles con esta idea, así como con otras posibles que podríamos llamar de “economía de oferta”. En su lugar adoptó una postura keynesiana de incentivar la demanda sin importar si esto comprometía las, de por sí laxas, metas de reducción del déficit fiscal. El argumento implícito para ello es que hay que llegar a las elecciones legislativas del año próximo con apoyo. Y el ajuste es a la popularidad del gobierno como el ácido sulfúrico a la piel.

En mi opinión esta decisión de política es errónea ya que mira el corto plazo y no toma en consideración que hoy quizás el gobierno pueda responsabilizar al kirchnerismo por la inflación alta de este año, pero va a tener que hacerse plenamente cargo de los registros de 2017, y sin un plan no se llega al 1% mensual (o menos) necesario para ganar las elecciones. Orlando Ferreres en una nota en La Nación online hoy dice algo similar.

La inflación reprimida por la administración anterior al 10 de diciembre de 2015, al dejar el poder  Cristina Kirchner, era de 83 %. Es decir, si no hubiera ningún nuevo factor de inflación, esa sería la inflación que se registraría en la Argentina. El problema del gobierno fue decidir como ir registrando esa inflación reprimida y decidió hacerlo en varios años, gradualmente. Por lo tanto, tendremos inflación por lo menos por tres o cuatro años.

El problema del gradualismo es que afecta la credibilidad política del propio Gobierno. ¿A quién se le podría echar la culpa de la inflación en 2017 o 2018? Será difícil asignarla al gobierno anterior, aunque sea cierto, pues éste ya se fue en 2015.

¿Qué puede hacer el gobierno si las restricciones políticas son realmente fuertes? Hay dos posibilidades. Una es persistir en el camino supergradual a la normalización de una economía de mercado que atraiga inversiones como en los años noventa, y tratar al mismo tiempo de construir las mínimas instituciones para no caer en los vicios de siempre (mayormente endeudamiento excesivo). Aquí se corre el riesgo de perder el voto antes de lograr la normalización económica.

Pero hay otro camino, que tiene un menor riesgo de perder elecciones, y le daría al gobierno fortalezas cuando llegue a ser oposición. Consiste en crearle una bomba a sus sucesores, pero muy distinta de la bomba que Macri heredó de Cristina. Es hacer un gobierno populista pero eficiente. Mantener impuestos y gasto elevados, pero no derrochar recursos. Esto ataría de manos a un potencial sucesor peronista que no sea un buen administrador. Si quiere “robar” del Estado como hicieron Menem y los Kirchner tendría costos sociales de primer orden (estando impuestos y gastos a nivel elevado, las distorsiones ya no son de segundo orden).

De alguna manera implícitamente es lo que esta haciendo el gobierno (que como menciona esta nota reciente del Financial Times parece seguir el camino del mínimo esfuerzo). Aumenta el gasto social, ordena subsidios (reduce los excesivos pero otorga otros), busca mayor eficiencia en la administración, etc. El costo es que se condena en el corto y mediano plazo al país a un nivel de crecimiento y desarrollo bajo, ya que la alta carga impositiva redunda en menores incentivos para la inversión privada. A la larga se crecería una poco más, ya que se genera estabilidad política dado que la oposición peronista solamente podrá llegar, y mantenerse, en el poder si adopta la misma estrategia de eficiencia administrativa. Pero el potencial seguiría bajo. Como nos pasa con la selección de fútbol, que paga un altísimo “costo argentino”: la AFA.

Si esto es lo mejor que se puede hacer es porque el gobierno tiene los pies sobre la tierra, pero no la cabeza en las nubes. 


No hay plan

14/06/2016

Se dice que un gobierno tiene un plan económico cuando hay un conjunto de medidas consistentes que dan forma a las expectativas que los agentes se forman sobre el futuro. El carácter positivo de un plan económico es implícito.

Durante los últimos años del gobierno de Cristina Kirchner no había plan económico pues la falta de credibilidad (luego del conflicto con el campo, la expropiación de las AFJPs, el cepo, etc.) hacía imposible que medidas que buscaran afectar las expectativas en forma positiva fuesen creíbles.

A seis meses del gobierno de Mauricio Macri nos encontramos con que tampoco están dadas las condiciones para un plan económico integral. El gobierno tiene un Norte claro que guía sus acciones (básicamente mejorar la eficiencia del Estado y eliminar distorsiones innecesarias), pero carece de la fortaleza para anticiparse a los hechos más allá de las buenas intenciones.

Un plan requiere ciertas pautas de ordenamiento macroeconómico de base. En particular políticas monetaria y fiscal que sean consistentes con los objetivos de estabilización. Si se desea bajar la inflación de forma gradual, la combinación de ambas políticas debe ser, a priori, restrictiva respecto del pasado. Es importante recalcar dos cosas. La relatividad de la condición restrictiva, lo que permite que la política monetaria amplíe la cantidad de dinero, o tenga tasas de interés reales negativas, y que haya déficit fiscal. Pero menos que en el pasado. Lo segundo a notar es que una política restrictiva a priori puede llegar a ser expansiva ex post, si produce un cambio importante en las expectativas.

Un plan integral serio tiene otros componentes. Pero alcanza con estos dos para concluir que el gobierno no tiene uno hoy en día. Hemos estado esperando la presentación del bendito plan cual si fuera Godot desde que asumiera Macri en diciembre pasado. Primero había que ver como la economía se adaptaba a la salida del cepo. Luego había que esperar a la salida del default. Ahora parece que la aprobación del blanqueo es condición necesaria para relanzar ese conjunto de medidas consistentes que no podemos parir.

El BCRA de Federico Sturzenegger está aflojando la tasa de interés al punto que hoy en día la tasa real es, como mucho, levemente positiva. Si bien esto implica una política contractiva respecto al año pasado, no creo que sea suficiente para terminar debajo del 30% de inflación anual (nacional, en GBA por la mayor incidencia de la quita de subsidios la inflación será mayor). De hecho el indicador de inflación verdadera muestra un punto de inflexión hace un mes, y un alto componente inercial (en los últimos 30 días baja de 3% a 2,8%).

Con respecto a la inflación es interesante notar que varios analistas celebran que el gobierno podría terminar el año con indicadores debajo, o cerca, del 2%. Muchachos, 2% mensual es ¡26,8% anual! No da para sacar el champagne de la heladera. Para eso hay que llegar al 1% mensual que implica un 12,7% anual. Si el BCRA no llega a esos niveles, al menos para el último trimestre, la inflación va a estar en las tapas de los diarios durante todo el 2017.

Pero los peores indicadores respecto a la inexistencia de un plan integral vienen del frente fiscal. Alfonso Prat Gay anunció metas para el déficit fiscal de 4,8% para este año y 3,3% para el próximo. Esto implica un ajuste gradual respecto del año pasado. Pero el gobierno no ha sabido imprimirle a estas metas un carácter ordenador para las medidas que toma. Esto último implicaría que, por ejemplo, si algún ministro viene con la idea de adosarle al proyecto del blanqueo un generoso aumento de las jubilaciones, tendría que acompañarlo con los recortes de gastos, o aumentos de ingresos, que hagan consistente la ecuación fiscal. Porque si bien es cierto que el blanqueo implica un aumento de ingresos, este será solamente temporario, mientras que el aumento del gasto en jubilaciones es permanente.

El caso de las jubilaciones ilustra otro problema del gobierno. Dado que no quiere, no puede o no sabe como hacer aprobar un blanqueo per se, recurre a combinarlo con una medida de neto corte populista para facilitar su aprobación legislativa. En seis meses de gobierno, el sistema de jubilaciones sufre dos golpes fuertes: la devolución del 15% de Coparticipación a las Provincias, y este aumento en las prestaciones por un punto del producto anual. Ya con el primero se requería una reforma integral del sistema. En vez de atar el aumento en las prestaciones a los costos de esta reforma (e.g. un aumento en los años de aportes para acceder a la jubilación plena), el gobierno ahora apuesta a ganar peso en el Congreso el año que viene para intentar la reforma en 2018. Le dejo al lector la evaluación de esta estrategia.

Las recientes medidas que recortan el alcance del “tarifazo” energético (en gas y luz) son otro ejemplo de la dificultad del gobierno para marcar agenda y limitarse, por períodos demasiado largos, a reaccionar ya sea a conflictos en la calle (¿protocolo anti-piquetes?), iniciativas de la oposición en el Congreso, desaires del Papa, etc. Es incomprensible como el gobierno no construyó un “relato” sobre la magnitud del atraso tarifario y se dejó atrapar por la trampa de los porcentuales impresionantes (un servicio que pasa de 30$ a 300$ en porcentual es astronómico, pero en términos reales se pasa a pagar 20USD, o sea no se le explicó al argentino medio dónde estaba la distorsión). Otro ejemplo, anecdótico pero que refuerza la percepción de un gobierno débil, es el no veto del feriado del 17 de junio. En un país serio se unificarían las celebraciones por el día de la bandera, el 20 de junio, y Martín de Güemes en un mismo feriado.

No extraña que las inversiones privadas no vengan, y que la luz al final del túnel sea la de una vela. Pues las señales que envía el gobierno son inconsistentes con un mejoramiento en la ecuación económica y financiera de potenciales emprendimientos. Los inversores ven impuestos altos en todos los frentes (ganancias, laborales, a las importaciones, etc.). La incapacidad del gobierno, hasta la fecha, para reducir el tamaño del gasto público indica que los impuestos seguirán altos en el corto y mediano plazo. Es verdad que mejoras en la eficiencia del Estado van a resultar en menores costos para la actividad privada. Pero esto es solamente un efecto de segundo orden en la ecuación económica de una empresa. Y mientras la inflación no se doblegue no será posible incrementar el crédito en forma significativa, lo que tendría un efecto de primer orden en la ecuación financiera de algunas empresas (aquellas que tienen proyectos productivos incluso con los altos impuestos, pero carecen del financiamiento para llevarlos a cabo).

Releyendo esta nota antes de publicarla noto que en estas semanas que estuve de vacaciones, mi visión de la realidad argentina viró de levemente positiva a mayormente negativa. Espero equivocarme y que el gobierno, con hechos, me muestre que no sólo sabe dónde quiere ir, sino que se dirija allí con paso decidido.


Una bala de plata

04/05/2016

Según la leyenda, para matar a ciertos monstruos se requiere una bala de plata. Lo que aplica tanto para vampiros, hombres lobos, o Donald Trump, nos sirve como metáfora para la inflación argentina actual.

Según el sitio Inflación Verdadera, luego de procesar el pass-through de la devaluación de diciembre y tocar un máximo de 5,9% mensual a principios de febrero, la inflación se desaceleró fuertemente hasta llegar a 2,3% a fines de marzo. Si bien estos números no capturan el efecto de tarifas en el GBA, sirven para formarse una idea de la inercia inflacionaria en la llamada inflación núcleo. Y muestran que en el último mes aumentó ligeramente hasta 2,5%. Y esto sin contar con el último aumento en los combustibles.

Ahora bien, ¿por qué aumentaron otra vez los combustibles? Al respecto escribió un Domingo Cavallo en su blog

¿Qué es lo que explica [la diferencia de precios entre EEUU y Argentina]? Sin duda debe haber muchos factores, pero el principal es el precio que el gobierno aceptó que las destilerías paguen a los productores de petróleo por el crudo: 70 dólares. En el mercado internacional está en 45 dólares. Es decir, los petroleros reciben en Argentina un 56 % más…

Argumentar que es necesario pagarle a los petroleros un 56 % más por lo que producen para evitar despidos en ese sector y no perjudicar a las provincias que cobran regalías hidrocarburíferas, no parece muy equilibrado teniendo en cuenta que, hoy por hoy, son mucho más importante que los petroleros los miles de productores de bienes y servicios que no pueden mantener los planteles de personal porque el mercado deprimido o el gobierno (en el caso de las actividades reguladas) no les permiten cobrar precios que cubran sus costos…

Que los precios internos estén alineados a los internacionales, en especial parar los insumos de uso difundido de la economía, es fundamental si se quiere luchar contra la inflación con un mercado de cambio flotante…

Las reglas se pueden cambiar cuando el cambio favorece a la mayoría de la gente y, si las nuevas reglas se explican bien, es posible que logren mantenerse en el tiempo. Pero es muy difícil cambiar las reglas cuando el efecto inicial es perjudicial para la mayoría de la gente. Se lo está viendo con la nueva política de tarifas, un cambio inevitable para avanzar hacia el equilibrio fiscal y para asegurar el uso racional de la energía y los transportes. Como el efecto inicial es perjudicial para la gente, está generando mucha oposición.

Es una lástima que no se aproveche el bajo precio del petróleo en el mundo para facilitar todos los cambios de precios relativos que la economía necesita y no sólo los que le encarecen el costo de la vida a la gente.

Con respecto a los subsidios a las petroleras, hace unos meses escribí un post respecto de subsidios explícitos a productores de Chubut. Coincido con Cavallo, que en un momento en que gran parte de la población sufre un ajuste por la reducción de subsidios al consumo, tendría sentido reducir el subsidio a los petroleros. Y esto se podría lograr con un cambio razonable en las reglas.

Por ejemplo poner un precio sostén para el barril de 55 USD en lugar de los 70 actuales, y un precio techo de 90 USD de forma tal que si en el futuro en el resto del mundo el petróleo se va por encima de este techo en Argentina se modere la suba. ¿Por qué no liberar el mercado? Porque como Cavallo también menciona en su nota, si el petróleo sube mucho habrá presiones para contener esta suba. Y el precio sostén es la contracara del techo para, en promedio, no distorsionar al sector.

Volvamos a la bala de plata. O mejor dicho a la presunción que el gobierno enfrenta un monstruo macroeconómico. Ayer Alcadio Oña en Clarín escribió una interesante nota sobre la coyuntura económica (donde también se refirió al aumento en combustibles)

Pero a propósito del cuadro completo, cuesta entender por qué el Gobierno sumó otro aumento al precio de los combustibles, que contrarió opiniones surgidas desde su propio ámbito, pega sobre los costos de producción y, al cabo, mete ruido sobre otros precios. Nuevamente, el problema del reparto de las cargas…

Se sabe que salvo la financiera, que corre con viento a favor, la inversión privada aguardará hasta ver un horizonte menos difuso. O sea, el resultado de las paritarias; la marcha de la inflación y de la demanda; los aumentos tarifarios pendientes y el tipo de cambio…

Y si de eso se trata, lo que luce ausente es un plan integral que precise hacia adónde vamos y cómo iremos. Porque puede pasar o probablemente ya esté pasando que las expectativas generadas por el macrismo empiecen a aflojar.

Oña pone el dedo en la llaga al recordarnos que a pesar que llevamos 150 días de gobierno, y a diez días de pagar a los holdouts, todavía no vemos un plan integral. Al contrario, lo que se ven son más señales de cortocircuito entre algunos miembros del gobierno, como el contrapunto respecto a la tasa de interés y la entrada (o no) de capitales entre Prat Gay y Federico Sturzenegger.

Creo que una posible bala de plata que se puede usar luego de liquidar los últimos contratos de futuro de dólar que Vanoli dejó de mochila es dejar que el peso se devalúe sensiblemente. Esto ayudaría a los sectores industriales y agroexportadores. Las presiones inflacionarias se pueden combatir reduciendo barreras arancelarias y para-arancelarias (que hasta ahora el gobierno dejó muy altas). Acompañando esto con una reducción del precio sostén del petróleo, como la sugerida arriba, permitiría no tener más aumentos en los combustibles por el resto del año. Y a los inversores que, como bien dice Oña, están a la expectativa, les daría señales fuertes de un horizonte más despejado.


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