El tridente antiinflacionario maltrecho

23/08/2016

A fines del año pasado escribí un post sobre los desafíos del gobierno para bajar la inflación. En el mismo describía la situación como delicada y con un objetivo de máxima de llegar a una inflación de un dígito (“en lo posible bajo”) en 2019. Para ello había que articular una política monetaria que, siendo contractiva respecto del pasado, permitiera el financiamiento via impuesto inflacionario de la transición a una economía normalizada. El déficit fiscal tenía que tener una trayectoria descendente (que no estaba clara dadas las primeras medidas), y el ajuste iba a empezar por las tarifas energéticas.

Con el lastre del tarifazo politizado y judicializado, el pilar Aranguren del tridente se fisuró. Y el pilar Prat Gay hasta ahora no termina de cuajar, ya que no hay un plan que presente un sendero creíble de ajuste fiscal. Lo único que tuvimos como respuesta al fallo de la Corte de la semana pasado fue un globo de ensayo (a cargo del jefe de gabinete del Ministerio de Agroindustria) que se suspendería la rebaja de otros cinco puntos porcentuales a las exportaciones de soja el año que viene. ¿Por qué sólo un “rumor”? ¡Anuncien la medida sin pérdida de tiempo, y pongan de excusa el stress fiscal del fallo!

Nos queda finalmente el pilar Sturzenegger. Después de digerir los muertos de futuros de dólar que dejó Vanoli, el Central está más libre para cumplir sus objetivos de incremento en la cantidad de dinero. Recibe constantes presiones de Prat Gay para bajar la tasa, pero hasta ahora se ha manejado bien y como dije la semana pasada, finalmente los indicadores de Inflación Verdadera señalan que la inflación estaría en el orden del 1,1% mensual.

¿Cómo reaccionará el BCRA al fallo de la Corte? ¿Tomará el camino político de bajar la tasa, o monetizar el aumento en el déficit, para intentar reactivar la economía? ¿O endurecerá su política para compensar el menor ajuste fiscal (ya que a menor ajuste fiscal más presiones de demanda sobre los precios)? Hoy por hoy supongo que Sturzenegger optará por el camino intermedio de no mover la tasa, que por un lado le evitaría ser blanco de más críticas por enfríar la economía, y por el otro le permitiría preservar el único logro que el gobierno hasta ahora tiene para presentar en las elecciones del año entrante.

En efecto, al votante medio le importan muy poco medidas presentadas con fuegos artificiales mediáticos como la salida del cepo, el pago a los holdouts, o el blanqueo de capitales. Hoy por hoy asocia (negativamente) al gobierno al tarifazo, y el año entrante lo podría asociar (positivamente) a una inflación moderada de aproximadamente 15% anual y con trayectoria descendente. Macri no tiene, ni tendrá, mucho más que mostrar. Al respecto copio unas líneas de una nota de Jorge Fernández Díaz del domingo en La Nación

Es curioso: en otros casos, como el cepo, los holdouts, la relación con los sindicatos y el blanqueo de capitales, Macri se manejó como un político experto; con las tarifas retrocedió a la lógica amateur del CEO y a la religión ingenua del Excel. A lo largo de estos meses, la mayoría social parece haber entendido tres cosas: la energía es escasa y debe pagarse, el congelamiento de las tarifas fue una obra tóxica y nefasta del kirchnerismo, y Cambiemos no ha sabido resolver el problema.

Fernández Díaz compara situaciones muy distintas. El cepo, los holdouts, y el blanqueo son medidas que no tienen costos, o no son perceptibles. A los sindicatos les dió una torta de dinero, yo no se si llamaría a eso ser un político experto. Finalmente, el ajuste tarifario fue la única medida que implicó costos directos sobre el grueso de los ciudadanos. Por ende, si se necesitaba cintura política era ahí.

En conclusión, todas las fichas a la baja en la inflación. ¡No va más!

EXPOST: Ayer, el Banco Central bajó las tasas medio punto. De más está decir que para mí es un error, y estimo que la respuesta será un rebote de la inflación en el corto plazo. Pero no mando a pérdida el pilar Sturzenegger todavía. Le doy el beneficio de la duda que sea el costo a pagar para no monetizar el aumento del déficit (aunque las bajas de tasas implican expansión monetaria en la medida que no se renueva el stock de Lebac, como indica la nota). Hay que prestar atención a los próximos anuncios.


La topología y el ajuste

12/07/2016

La topología es la rama de las matemáticas dedicada al estudio de aquellas propiedades de los cuerpos geométricos que permanecen inalteradas por transformaciones continuas. Por ejemplo, una pelota de fútbol y una de rugby son equivalentes, mientras que una pelota y una rosquilla o dona no, ya que no hay transformación continua entre la primera y la segunda.

¿A qué viene esto? A que el “ajuste” del gobierno de Macri no es un ajuste. El conjunto de medidas impulsadas para reducir el déficit fiscal no han tenido efecto y, a pesar de observaciones de analistas amigos, no hubo un fuerte ajuste en el gasto en el primer semestre del año (la excepción fue la obra pública pero se espera una ejecución mayor en lo que resta de 2016). Además en lo que va del año la recaudación en términos reales ha caído.

La últimas manifestaciones del “no ajuste” son la decisión de continuar con las transferencias de “ganancias” del BCRA al Tesoro, y la decisión tomada ayer de poner un tope en el aumento facturado por el consumo de gas del 400% respecto al año pasado.

Con respecto a lo primero tanto PRO como la UCR denunciaron en el pasado, con razón, el caracter inflacionario de estas transferencias. En efecto, continuar con las mismas es un golpe debajo de la línea de flotación para las metas inflacionarias, y convalida las expectativas que éstas no iban a ser cumplidas en base a los aumentos salariales pactados hasta la fecha.

Con respecto a lo segundo, la explicación es que si bien la tarifa estaba acotada a un aumento del 400%, como el consumo aumentó respecto al 2015 (por menores temperaturas), los consumidores residenciales se encontraron con facturas épicas, tan inaccesibles a sus bolsillos como escalar el Everest. El problema es que dicha medida es inconsistente con el llamado a moderar el consumo hecho recientemente por el presidente Macri, ya que el consumidor sabe que a partir del 400% de aumento en el consumo la diferencia la paga el Estado. Así la gente va a seguir en su casa “en remera y en patas”.

El kirchnerismo tenía su “method in madness”. Tomaba medidas que se reñían con la lógica económica. Cuando enfrentaban restricciones, porque la economía no reaccionaba como esperaban, ponían un parche, que agregaba otra capa de distorsiones. Así construyeron, en parte en forma accidental, la bomba que heredó Macri. El actual gobierno empieza a mostrar una metodología también, con paralelismos interesantes. Toma medidas que tienen una lógica económica. Pero al enfrentar restricciones políticas pone parches, que también generan sus distorsiones (como la mencionada en el párrafo anterior).

Volviendo al título de esta nota, si tomamos las características de un ajuste como dadas, no hay transformación continua (léase gradual) que nos de el actual conjunto de medidas fiscales, tarifarias, y monetarias observadas. ¿Será que lo que se requiere es una transformación discreta (léase un shock)?


Pospesimismo

29/06/2016

Esta entrada cierra una trilogía de notas sobre la economía argentina con un enfoque moderadamente pesimista (ver acá y acá las notas anteriores). Hasta hace un mes creía que el gobierno tenía un plan que implicaba llevar la economía argentina hacia una mayor eficiencia. Esto se podía lograr con una devaluación del tipo de cambio acompañada de una reducción de las tarifas y barreras al comercio. Lo segundo impediría que la devaluación se traslade a precios. El mayor tipo de cambio real, sumado a un sendero creíble de ajuste fiscal que garantice una caída en la inflación, y eventualmente en la carga tributaria, daría al sector privado los incentivos a invertir. Un círculo virtuoso (no el único) que se podía empezar estos días, ya que estamos terminando de digerir los muertos de los contratos de futuros de dólar.

El gobierno en estos meses tomó medidas que son incompatibles con esta idea, así como con otras posibles que podríamos llamar de “economía de oferta”. En su lugar adoptó una postura keynesiana de incentivar la demanda sin importar si esto comprometía las, de por sí laxas, metas de reducción del déficit fiscal. El argumento implícito para ello es que hay que llegar a las elecciones legislativas del año próximo con apoyo. Y el ajuste es a la popularidad del gobierno como el ácido sulfúrico a la piel.

En mi opinión esta decisión de política es errónea ya que mira el corto plazo y no toma en consideración que hoy quizás el gobierno pueda responsabilizar al kirchnerismo por la inflación alta de este año, pero va a tener que hacerse plenamente cargo de los registros de 2017, y sin un plan no se llega al 1% mensual (o menos) necesario para ganar las elecciones. Orlando Ferreres en una nota en La Nación online hoy dice algo similar.

La inflación reprimida por la administración anterior al 10 de diciembre de 2015, al dejar el poder  Cristina Kirchner, era de 83 %. Es decir, si no hubiera ningún nuevo factor de inflación, esa sería la inflación que se registraría en la Argentina. El problema del gobierno fue decidir como ir registrando esa inflación reprimida y decidió hacerlo en varios años, gradualmente. Por lo tanto, tendremos inflación por lo menos por tres o cuatro años.

El problema del gradualismo es que afecta la credibilidad política del propio Gobierno. ¿A quién se le podría echar la culpa de la inflación en 2017 o 2018? Será difícil asignarla al gobierno anterior, aunque sea cierto, pues éste ya se fue en 2015.

¿Qué puede hacer el gobierno si las restricciones políticas son realmente fuertes? Hay dos posibilidades. Una es persistir en el camino supergradual a la normalización de una economía de mercado que atraiga inversiones como en los años noventa, y tratar al mismo tiempo de construir las mínimas instituciones para no caer en los vicios de siempre (mayormente endeudamiento excesivo). Aquí se corre el riesgo de perder el voto antes de lograr la normalización económica.

Pero hay otro camino, que tiene un menor riesgo de perder elecciones, y le daría al gobierno fortalezas cuando llegue a ser oposición. Consiste en crearle una bomba a sus sucesores, pero muy distinta de la bomba que Macri heredó de Cristina. Es hacer un gobierno populista pero eficiente. Mantener impuestos y gasto elevados, pero no derrochar recursos. Esto ataría de manos a un potencial sucesor peronista que no sea un buen administrador. Si quiere “robar” del Estado como hicieron Menem y los Kirchner tendría costos sociales de primer orden (estando impuestos y gastos a nivel elevado, las distorsiones ya no son de segundo orden).

De alguna manera implícitamente es lo que esta haciendo el gobierno (que como menciona esta nota reciente del Financial Times parece seguir el camino del mínimo esfuerzo). Aumenta el gasto social, ordena subsidios (reduce los excesivos pero otorga otros), busca mayor eficiencia en la administración, etc. El costo es que se condena en el corto y mediano plazo al país a un nivel de crecimiento y desarrollo bajo, ya que la alta carga impositiva redunda en menores incentivos para la inversión privada. A la larga se crecería una poco más, ya que se genera estabilidad política dado que la oposición peronista solamente podrá llegar, y mantenerse, en el poder si adopta la misma estrategia de eficiencia administrativa. Pero el potencial seguiría bajo. Como nos pasa con la selección de fútbol, que paga un altísimo “costo argentino”: la AFA.

Si esto es lo mejor que se puede hacer es porque el gobierno tiene los pies sobre la tierra, pero no la cabeza en las nubes. 


No hay plan

14/06/2016

Se dice que un gobierno tiene un plan económico cuando hay un conjunto de medidas consistentes que dan forma a las expectativas que los agentes se forman sobre el futuro. El carácter positivo de un plan económico es implícito.

Durante los últimos años del gobierno de Cristina Kirchner no había plan económico pues la falta de credibilidad (luego del conflicto con el campo, la expropiación de las AFJPs, el cepo, etc.) hacía imposible que medidas que buscaran afectar las expectativas en forma positiva fuesen creíbles.

A seis meses del gobierno de Mauricio Macri nos encontramos con que tampoco están dadas las condiciones para un plan económico integral. El gobierno tiene un Norte claro que guía sus acciones (básicamente mejorar la eficiencia del Estado y eliminar distorsiones innecesarias), pero carece de la fortaleza para anticiparse a los hechos más allá de las buenas intenciones.

Un plan requiere ciertas pautas de ordenamiento macroeconómico de base. En particular políticas monetaria y fiscal que sean consistentes con los objetivos de estabilización. Si se desea bajar la inflación de forma gradual, la combinación de ambas políticas debe ser, a priori, restrictiva respecto del pasado. Es importante recalcar dos cosas. La relatividad de la condición restrictiva, lo que permite que la política monetaria amplíe la cantidad de dinero, o tenga tasas de interés reales negativas, y que haya déficit fiscal. Pero menos que en el pasado. Lo segundo a notar es que una política restrictiva a priori puede llegar a ser expansiva ex post, si produce un cambio importante en las expectativas.

Un plan integral serio tiene otros componentes. Pero alcanza con estos dos para concluir que el gobierno no tiene uno hoy en día. Hemos estado esperando la presentación del bendito plan cual si fuera Godot desde que asumiera Macri en diciembre pasado. Primero había que ver como la economía se adaptaba a la salida del cepo. Luego había que esperar a la salida del default. Ahora parece que la aprobación del blanqueo es condición necesaria para relanzar ese conjunto de medidas consistentes que no podemos parir.

El BCRA de Federico Sturzenegger está aflojando la tasa de interés al punto que hoy en día la tasa real es, como mucho, levemente positiva. Si bien esto implica una política contractiva respecto al año pasado, no creo que sea suficiente para terminar debajo del 30% de inflación anual (nacional, en GBA por la mayor incidencia de la quita de subsidios la inflación será mayor). De hecho el indicador de inflación verdadera muestra un punto de inflexión hace un mes, y un alto componente inercial (en los últimos 30 días baja de 3% a 2,8%).

Con respecto a la inflación es interesante notar que varios analistas celebran que el gobierno podría terminar el año con indicadores debajo, o cerca, del 2%. Muchachos, 2% mensual es ¡26,8% anual! No da para sacar el champagne de la heladera. Para eso hay que llegar al 1% mensual que implica un 12,7% anual. Si el BCRA no llega a esos niveles, al menos para el último trimestre, la inflación va a estar en las tapas de los diarios durante todo el 2017.

Pero los peores indicadores respecto a la inexistencia de un plan integral vienen del frente fiscal. Alfonso Prat Gay anunció metas para el déficit fiscal de 4,8% para este año y 3,3% para el próximo. Esto implica un ajuste gradual respecto del año pasado. Pero el gobierno no ha sabido imprimirle a estas metas un carácter ordenador para las medidas que toma. Esto último implicaría que, por ejemplo, si algún ministro viene con la idea de adosarle al proyecto del blanqueo un generoso aumento de las jubilaciones, tendría que acompañarlo con los recortes de gastos, o aumentos de ingresos, que hagan consistente la ecuación fiscal. Porque si bien es cierto que el blanqueo implica un aumento de ingresos, este será solamente temporario, mientras que el aumento del gasto en jubilaciones es permanente.

El caso de las jubilaciones ilustra otro problema del gobierno. Dado que no quiere, no puede o no sabe como hacer aprobar un blanqueo per se, recurre a combinarlo con una medida de neto corte populista para facilitar su aprobación legislativa. En seis meses de gobierno, el sistema de jubilaciones sufre dos golpes fuertes: la devolución del 15% de Coparticipación a las Provincias, y este aumento en las prestaciones por un punto del producto anual. Ya con el primero se requería una reforma integral del sistema. En vez de atar el aumento en las prestaciones a los costos de esta reforma (e.g. un aumento en los años de aportes para acceder a la jubilación plena), el gobierno ahora apuesta a ganar peso en el Congreso el año que viene para intentar la reforma en 2018. Le dejo al lector la evaluación de esta estrategia.

Las recientes medidas que recortan el alcance del “tarifazo” energético (en gas y luz) son otro ejemplo de la dificultad del gobierno para marcar agenda y limitarse, por períodos demasiado largos, a reaccionar ya sea a conflictos en la calle (¿protocolo anti-piquetes?), iniciativas de la oposición en el Congreso, desaires del Papa, etc. Es incomprensible como el gobierno no construyó un “relato” sobre la magnitud del atraso tarifario y se dejó atrapar por la trampa de los porcentuales impresionantes (un servicio que pasa de 30$ a 300$ en porcentual es astronómico, pero en términos reales se pasa a pagar 20USD, o sea no se le explicó al argentino medio dónde estaba la distorsión). Otro ejemplo, anecdótico pero que refuerza la percepción de un gobierno débil, es el no veto del feriado del 17 de junio. En un país serio se unificarían las celebraciones por el día de la bandera, el 20 de junio, y Martín de Güemes en un mismo feriado.

No extraña que las inversiones privadas no vengan, y que la luz al final del túnel sea la de una vela. Pues las señales que envía el gobierno son inconsistentes con un mejoramiento en la ecuación económica y financiera de potenciales emprendimientos. Los inversores ven impuestos altos en todos los frentes (ganancias, laborales, a las importaciones, etc.). La incapacidad del gobierno, hasta la fecha, para reducir el tamaño del gasto público indica que los impuestos seguirán altos en el corto y mediano plazo. Es verdad que mejoras en la eficiencia del Estado van a resultar en menores costos para la actividad privada. Pero esto es solamente un efecto de segundo orden en la ecuación económica de una empresa. Y mientras la inflación no se doblegue no será posible incrementar el crédito en forma significativa, lo que tendría un efecto de primer orden en la ecuación financiera de algunas empresas (aquellas que tienen proyectos productivos incluso con los altos impuestos, pero carecen del financiamiento para llevarlos a cabo).

Releyendo esta nota antes de publicarla noto que en estas semanas que estuve de vacaciones, mi visión de la realidad argentina viró de levemente positiva a mayormente negativa. Espero equivocarme y que el gobierno, con hechos, me muestre que no sólo sabe dónde quiere ir, sino que se dirija allí con paso decidido.


Una bala de plata

04/05/2016

Según la leyenda, para matar a ciertos monstruos se requiere una bala de plata. Lo que aplica tanto para vampiros, hombres lobos, o Donald Trump, nos sirve como metáfora para la inflación argentina actual.

Según el sitio Inflación Verdadera, luego de procesar el pass-through de la devaluación de diciembre y tocar un máximo de 5,9% mensual a principios de febrero, la inflación se desaceleró fuertemente hasta llegar a 2,3% a fines de marzo. Si bien estos números no capturan el efecto de tarifas en el GBA, sirven para formarse una idea de la inercia inflacionaria en la llamada inflación núcleo. Y muestran que en el último mes aumentó ligeramente hasta 2,5%. Y esto sin contar con el último aumento en los combustibles.

Ahora bien, ¿por qué aumentaron otra vez los combustibles? Al respecto escribió un Domingo Cavallo en su blog

¿Qué es lo que explica [la diferencia de precios entre EEUU y Argentina]? Sin duda debe haber muchos factores, pero el principal es el precio que el gobierno aceptó que las destilerías paguen a los productores de petróleo por el crudo: 70 dólares. En el mercado internacional está en 45 dólares. Es decir, los petroleros reciben en Argentina un 56 % más…

Argumentar que es necesario pagarle a los petroleros un 56 % más por lo que producen para evitar despidos en ese sector y no perjudicar a las provincias que cobran regalías hidrocarburíferas, no parece muy equilibrado teniendo en cuenta que, hoy por hoy, son mucho más importante que los petroleros los miles de productores de bienes y servicios que no pueden mantener los planteles de personal porque el mercado deprimido o el gobierno (en el caso de las actividades reguladas) no les permiten cobrar precios que cubran sus costos…

Que los precios internos estén alineados a los internacionales, en especial parar los insumos de uso difundido de la economía, es fundamental si se quiere luchar contra la inflación con un mercado de cambio flotante…

Las reglas se pueden cambiar cuando el cambio favorece a la mayoría de la gente y, si las nuevas reglas se explican bien, es posible que logren mantenerse en el tiempo. Pero es muy difícil cambiar las reglas cuando el efecto inicial es perjudicial para la mayoría de la gente. Se lo está viendo con la nueva política de tarifas, un cambio inevitable para avanzar hacia el equilibrio fiscal y para asegurar el uso racional de la energía y los transportes. Como el efecto inicial es perjudicial para la gente, está generando mucha oposición.

Es una lástima que no se aproveche el bajo precio del petróleo en el mundo para facilitar todos los cambios de precios relativos que la economía necesita y no sólo los que le encarecen el costo de la vida a la gente.

Con respecto a los subsidios a las petroleras, hace unos meses escribí un post respecto de subsidios explícitos a productores de Chubut. Coincido con Cavallo, que en un momento en que gran parte de la población sufre un ajuste por la reducción de subsidios al consumo, tendría sentido reducir el subsidio a los petroleros. Y esto se podría lograr con un cambio razonable en las reglas.

Por ejemplo poner un precio sostén para el barril de 55 USD en lugar de los 70 actuales, y un precio techo de 90 USD de forma tal que si en el futuro en el resto del mundo el petróleo se va por encima de este techo en Argentina se modere la suba. ¿Por qué no liberar el mercado? Porque como Cavallo también menciona en su nota, si el petróleo sube mucho habrá presiones para contener esta suba. Y el precio sostén es la contracara del techo para, en promedio, no distorsionar al sector.

Volvamos a la bala de plata. O mejor dicho a la presunción que el gobierno enfrenta un monstruo macroeconómico. Ayer Alcadio Oña en Clarín escribió una interesante nota sobre la coyuntura económica (donde también se refirió al aumento en combustibles)

Pero a propósito del cuadro completo, cuesta entender por qué el Gobierno sumó otro aumento al precio de los combustibles, que contrarió opiniones surgidas desde su propio ámbito, pega sobre los costos de producción y, al cabo, mete ruido sobre otros precios. Nuevamente, el problema del reparto de las cargas…

Se sabe que salvo la financiera, que corre con viento a favor, la inversión privada aguardará hasta ver un horizonte menos difuso. O sea, el resultado de las paritarias; la marcha de la inflación y de la demanda; los aumentos tarifarios pendientes y el tipo de cambio…

Y si de eso se trata, lo que luce ausente es un plan integral que precise hacia adónde vamos y cómo iremos. Porque puede pasar o probablemente ya esté pasando que las expectativas generadas por el macrismo empiecen a aflojar.

Oña pone el dedo en la llaga al recordarnos que a pesar que llevamos 150 días de gobierno, y a diez días de pagar a los holdouts, todavía no vemos un plan integral. Al contrario, lo que se ven son más señales de cortocircuito entre algunos miembros del gobierno, como el contrapunto respecto a la tasa de interés y la entrada (o no) de capitales entre Prat Gay y Federico Sturzenegger.

Creo que una posible bala de plata que se puede usar luego de liquidar los últimos contratos de futuro de dólar que Vanoli dejó de mochila es dejar que el peso se devalúe sensiblemente. Esto ayudaría a los sectores industriales y agroexportadores. Las presiones inflacionarias se pueden combatir reduciendo barreras arancelarias y para-arancelarias (que hasta ahora el gobierno dejó muy altas). Acompañando esto con una reducción del precio sostén del petróleo, como la sugerida arriba, permitiría no tener más aumentos en los combustibles por el resto del año. Y a los inversores que, como bien dice Oña, están a la expectativa, les daría señales fuertes de un horizonte más despejado.


Política monetaria

15/03/2016

Mientras esperamos que el gobierno logre la sanción de la ley que apruebe el acuerdo con los holdouts (ver post de la semana pasada, abajo link a la entrevista que Luis Majul le hiciere el pasado domingo a Mauricio Macri, quien empezó a mostrar los dientes y deber seguir haciéndolo), hoy voy a escribir sobre la política monetaria que seguiría el BCRA en caso de un resultado favorable.

La idea para este post surgió primero de un tweet de José Luis Espert,

y fue luego reforzada por una nota sobre la inflación en América Latina en la última edición del Economist.

caidasLa nota del Economist describe como varios países de la región enfrentan el desafío de un aumento en la inflación a causa de la depreciación de sus monedas para compensar la caída en los términos de intercambio

Elsewhere the rise in inflation is the result of currency depreciation, which is driving up the price of imports (see chart). This is also a factor in Brazil and Argentina. Though very large, these depreciations are healthy: they are the way that Latin America’s economies are adjusting to sharply lower prices for their commodity exports. But they pose a dilemma for central banks that are committed to inflation targeting. In Brazil, Chile, Colombia and Peru central bankers began raising interest rates last year even as their economies slowed or were stagnant. Argentina, too, put up its interest rate last month.

The good news is that the rate at which currency depreciation in Latin America is passed through into domestic price increases is much lower than in the past, according to Alejandro Werner of the IMF. The Fund’s research shows that before 1999, when several Latin American countries floated their previously fixed currencies and adopted inflation targeting, large depreciations were associated with very high rates of inflation. Now the average pass-through in these countries is below 10% (ie, if the currency depreciates by 10%, domestic prices will rise by less than 1%).

Como dice la nota, por suerte el pass-through de las devaluaciones es bajo. En el pasado no era así porque los países no tenían disciplina fiscal y el mercado no confiaba que la adquirirían en el medio de una crisis. Hoy la situación es diferente, pero no necesariamente en Argentina, porque justamente no practicamos el combo de disciplina fiscal e inflation targeting. Pero qué política monetaria sigue el BCRA? Acá entra la observación de Espert.

El BCRA en principio anunció metas de crecimiento de la base monetaria, o sea “monetary targeting”. Y como Espert bien razona, en ese caso la tasa de interés no sería un instrumento de política. Sí lo sería bajo inflation targeting porque en ese caso la tasa es el instrumento más usado para introducir cambios en la demanda agregada (en gran parte debido al éxito de la “regla de Taylor” para ajustar la tasa de interés en función de cambios en la inflación y en el nivel de desempleo). Pero porque el ministro Prat Gay haya dicho que la inflación este año estará entre el 20 y el 25%, Argentina no hace inflation targeting (no puede aunque quisiera). Entonces porqué parece que, como dice Espert, la política monetaria del BCRA está en el medio entre un objetivo de inflación y uno monetario?

Creo que la clave está en pensar en canales de transmisión excepcionales que hacen que ciertas variables intermedias sean relevantes para el objetivo de política. Veamos este parráfo de la mencionada nota del Economist

Mexico’s central bank also announced that it would start intervening at its discretion in the currency market. So is it now targeting the exchange rate, rather than inflation? Not really: it was worried that the speed of peso depreciation would feed expectations of higher inflation down the road. “By acting forcefully today it will probably need to tighten less later on,” says Mr Arcentales [analista de Morgan Stanley].

En el caso del BCRA creo que también hubo una preocupación que la depreciación del peso alimentara no solo las expectativas de inflación sino también la inflación hoy en día. Además, debido a los desmanejos en el mercado de futuros de dólar de la anterior administración, al BCRA la depreciación del peso le implica comprometer su programa monetario ya que lo obliga a aumentar el ritmo de emisión para cubrir las posiciones abiertas hasta julio. De manera que es comprensible el uso de la tasa de interés como instrumento intermedio de la política monetaria.

Solamente cuando el país vuelva al mercado internacional de capitales, y pueda mostrar que se compromente a seguir un sendero de consolidación fiscal políticamente viable, será posible hacer inflation targeting en Argentina. Y para ello es necesario que el objetivo de inflación esté por debajo del 5% anual (sino es risible). Por ello no tendremos inflation targeting hasta, con suerte, el último año de esta administración. Mientras tanto lo mejor que se puede hacer es mantener objetivos de agregados monetarios, que el año que viene podrán ser pautados en forma condicional a la evolución de la macroeconomía (por ejemplo en función del crecimiento observado en el nivel de actividad).


Pronóstico 2016: economía local

24/02/2016

Vimos que los factores externos son en principio negativos, via exportaciones netas, pero si el país logra atraer inversiones puede reducir (y neutralizar) su importancia. Con respecto a los factores políticos, estamos ante un gobierno débil que, por ahora, decide actuar sin ejercer su potencial de poder. Veamos cómo espero responda la economía local en este contexto.

Plan antiinflacionario

No hubo hasta la fecha un anuncio explícito de dicho plan. Los optimistan interpretan que el asumir metas de emisión por parte del BCRA sumado al objetivo de bajar el déficit fiscal este año al 4,8% conforman un plan, el cual en principio sería consistente con una inflación anual del 25%. No estoy de acuerdo. Para que sea un plan debieran anunciarse las medidas que se van a tomar para cumplir con ello. No alcanza con el voluntarismo del 4,8% (cuántas veces incumplimos con estas metas en el pasado, o cuánto lo hacen los países periféricos hoy en la UE?). Hay que explicitar dónde y cuánto se bajará el gasto.

El año pasado escribí un post sobre gradualismo y shock. Creo que lo que estamos viendo es un intento de combinar ambos: gradualismo para implementar los cambios, shock con el anuncio. El problema es que el gobierno para hacer que la parte de shock (de expectativas) funcione mejor debiera ser más claro en la secuencia de medidas a tomar. Por ejemplo, decir, en marzo o abril subimos el gas eliminando el 60-70% de los subsidios, luego en enero del año que viene eliminamos un 30% adicional de los subsidios a la energía eléctrica. Idem para un cronograma de reducción de los subsidios al transporte. Además debiera quedar claro que estas medidas se anticiparían si las metas de reducción del déficit fiscal se complican. Por ejemplo, si el incentivo docente que regaló Esteban Bullrich implica un aumento del gasto, adelantemos la rebaja de subsidios para no comprometer la meta del 4,8% anunciada por Prat Gay.

Si el gobierno se convence que el costo político de tomar este compromiso a cumplir las metas fiscales vale la pena (frente al beneficio de una mayor reducción de incertidumbre que acelere la inversión y una mayor velocidad para reducir la inflación) y complementa el mencionado “plan” creo que tendremos uno de verdad.

Inflación y empleo

Una de las debilidades manifiestas del gobierno es que teme un aumento del desempleo. Dado el contexto estanflacionario en que se encuentra la economía es imposible que el empleo no se resienta, al menos en la primera mitad del año hasta que se ordene la macro. Si el gobierno se compromete a una serie de medidas para cumplir la meta del 4,8% de déficit fiscal, y si mantiene la emisión monetaria en los niveles previstos, los gremios debieran saber que si exigen un aumento salarial por encima de cierto porcentaje las empresas responderan con despidos. Juegan con torcerle el brazo al gobierno. Como el gobierno es débil, algo va a ceder. Lo importante es que lo que ceda deje satisfechos a los (machos) sindicalistas sin comprometer las metas del plan. Con todo espero que el desempleo suba en el año cerca de un punto porcentual.

Creo que va a ser imposible cumplir con la meta de inflación de 20-25%. Martín Kanenguiser escribió hoy una nota en La Nación con el pronóstico de varias consultoras: febrero entre 4 y 5%. El indicador de Inflación Verdadera recién marca un punto de inflexión el 10 de febrero en un 5,9% mensual, y los pocos datos disponibles marcan una lenta desaceleración. Llevamos alrededor de 9% acumulado en dos meses, y falta incluir el impacto de los aumentos de tarifas (me niego a decir tarifazos, porque cuando uno empieza desde cerca de cero todo aumento porcentual parece enorme). En mi opinión, y si los aumentos salariales se ubican en el rango 28-33%, la inflación terminará entre 26-29%. Para la oposición es importante que no sea menor al 25% para no darle un éxito al gobierno. Para el gobierno es importante que no supere el 30% para no aparecer como incapaz. Y para el analista económico es importante que en la segunda mitad del año la inflación no supere el 1% mensual, así el gradualismo será un éxito.

Consumo e inversión

El consumo estimo seguirá estancado. Con lo cual el posible motor del crecimiento este año será la inversión. Recordemos que venimos de un contexto muy negativo para la inversión. Regulaciones, cepo, relato, todo le jugaba en contra a los empresarios. El gobierno de Macri está revirtiendo estos determinantes. Una vez que se aquieten las variables macro, probablemente durante el segundo semestre, espero que la inversión literalmente explote. Ayuda además el arreglo con los holdouts ya que no solo es el gobierno el que recupera el acceso al mercado de capitales, sino el sector privado también. Y las tasas internacionales seguirán bajas por varios años (estamos tan malcriados por la Gran Recesión que no nos damos cuenta que una tasa del 2% anual es baja).

Dólar y deuda

Creo que el dólar está bajo (o más apropiadamente el peso está sobrevaluado). En parte me parece que es porque el gobierno quiere mantener el dólar barato mientras se cierran las paritarias, en parte porque Vanoli dejó una bomba de futuros que vence en julio y cuanto más bajo esté el dólar menos cuesta desactivarla. Para mí el dólar va a terminar el año entre 18 y 20 pesos. En parte va a depender de cuánta deuda el gobierno decida tomar para financiar el déficit. Si mantiene el objetivo de déficit en 4,8% y considerando los ingresos del impuesto inflacionario me parece que es un número razonable (2,5-3% del PBI). Si el déficit se desboca y se financia con deuda hay riesgo de entrar en una crisis de credibilidad con aumento del riesgo país y desmejora de las expectativas rumbo al 2017.

Es interesante notar el delicado equilibrio que pretende lograr el gobierno. Por un lado quiere hacer un ajuste suave para que el ciudadano medio argentino siga creyendo que vive en la burbuja de felicidad K. Por otro lado quiere un rápido acceso al mercado de capitales para que se pueda tomar deuda (pública y privada) a tasas razonables. El trade-off es que cuanto más felices estén los argentinos menos lo estarán los mercados y demandarán una tasa más alta. Si el ajuste es más veloz y creíble los mercados festejarán pero a la gente se le borrará la sonrisa. Trabajo para Philippe Petit.

Crecimiento

Combinando las variables nos encontramos ante un año recesivo. Con suerte el PBI podrá crecer 1%, si las partirias se cierran en la banda baja y el gobierno se compromete a cumplir las metas (en alguna forma parecida a lo sugerido arriba). En el escenario mediocre, más probable, no hay crecimiento pues el BCRA se verá obligado a subir las tasas  para amortiguar la inflación. Y en un escenario pesimista, hoy de baja probabilidad, habría que tomar medidas de shock que resultarían en una caída pronunciada, de hasta 5%.


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