Argentina no innova

30/08/2016

En los últimos meses me sorprendió (gratamente debo admitir) una seguidilla de notas sobre diferentes innovaciones tecnológicas desarrolladas en el país. Si bien es cierto que a veces algunos temas se ponen de moda y uno lee varias veces lo mismo, en este caso lo hacía con placer. Hasta que la semana pasada Andrés Oppenheimer me sacó de un mazazo la sonrisa con esta nota publicada en La Nación.

[V]eamos los resultados del Índice de Innovación Global de 128 países publicado por la Universidad de Cornell, la escuela de Negocios Insead y la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual de las Naciones Unidas.

La mayoría de los países de América latina, con las posibles excepciones de Chile (44) y Costa Rica (45), están muy atrás. México ocupa el puesto 61, y lo siguen Uruguay (62), Colombia (63), Brasil (69), Perú (71), República Dominicana (76), Argentina (81), Guatemala (97), Ecuador (100), Nicaragua (116) y Venezuela (120).

O sea, la Argentina está ¡novena! en América Latina. El marcado contraste entre esta medición de nuestra falta de innovación y el tono optimista de las notas arriba mencionadas me llevó a releerlas (acá copio una de ellas, la más reciente publicada en La Nación). Encontré señales inequívocas de desvaríos, como el siguiente:

Joan Cwaik, innovador tecnológico y gerente de Marketing y Comunicaciones para Latinoamérica de Maytronics, empresa que fabrica y comercializa la línea Dolphin (robots limpiadores de piscinas), señala que la robótica en la Argentina no se encuentra en manos de grandes industrias multinacionales, sino que los desarrollos en la materia son propiedad de emprendedores que aprovechan el código abierto y la democratización de los conocimientos.

“En la Argentina, creo que estaremos en condiciones de hacer manufacturas de robots domésticos competitivos frente a la región y al mundo en los próximos 5 a 10 años. Desde Maytronics, en los últimos años ya invertimos en investigación y desarrollo e hicimos pruebas de fabricación local”, dice Cwaik.

Debería haberme dado cuenta que si alguien dice que vamos a ser competitivos fabricando robots tenía que tirar la nota a la basura. En la misma el autor, Carlos Manzoni, se refiere a la empresa Satellogic que construye nanosatélites, y que es el principal ejemplo de repetición serial en los medios. Una búsqueda en internet de “Fresco” y “Batata”, los nombres que le pusieron a sus últimos dos satélites, arroja 73 resultados en La Nación y 21 en Clarín. Parece que ir al espacio sigue siendo un tema que vende.

El problema es que según una nota en la última edición del Economist, practicamente cualquiera puede fabricar un nanosatélite

An hour’s drive up Route 101 you will find a very different spacecraft factory. Planet, until recently known as Planet Labs, occupies a shabby-chic building in the South of Market area of San Francisco. A room the size of a largish Starbucks on the ground floor houses the desks and tools needed to build 30cm-long satellites each weighing about five kilos. If you know what to look for, you will recognise many of the components as coming from other sorts of device, most notably smartphones. Making one of these “Doves” (pictured), as Planet calls them, takes about a week. At the back of the room there are dozens packed up ready to be shipped off. This is the new face of space: small objects, large numbers.

Doves are part of an extended family of very small satellites known as cubesats. In the late 1990s researchers at Stanford University and California Polytechnic State University in San Luis Obispo realised that a certain amount of standardisation would make very small satellites much easier to launch. They came up with a standard called the “1U” cubesat: a box 10cm by 10cm by 11.5cm with electronic and physical interfaces that would allow it to fit alongside others of its ilk in a dispenser that could fly as a “secondary payload” (launchers often have more capacity than they need for their main cargo). The standard caught on. By early 2013 some 100 cubesats had flown, and the tools required to design and build one were so well developed that a class of schoolchildren with an inspired teacher could take on the task.

Que quede claro que no menosprecio el trabajo de Satellogic (y aparentemente el CEO Emiliano Kargieman nunca escondió el hecho que “tanto el software como el hardware son de plataforma abierta y estarán disponibles para aficionados”). Lo que critico en esta nota es la descripción en los medios de empresas que operan en segmentos no tradicionales como innovación tecnológica cuando no lo es. La Argentina necesita más emprendedores, y también desarrollar tecnología de punta. Por lo visto también necesitamos más (y mejores) periodistas especializados.


Uber, Monsanto, y el círculo (rojo) virtuoso

19/04/2016

La Argentina está a un pasito de salir del default. Y esta era una condición necesaria para el lanzamiento de un plan económico integral. Mucho se ha especulado sobre la naturaleza de este plan, y existe consenso sobre un aspecto del mismo: el motor del crecimiento va a ser la inversión. Por obvias razones políticas también se están tomando medidas para que el consumo no caiga mucho (sea por caída del salario real como del nivel de empleo).

Al leer los medios hay que tener cuidado con la forma en que se presentan los hechos. Por ejemplo, la manifestación que apoyó la presentación de Cristina Kirchner en Comodoro Py, con la Cámpora haciendo de policía, ¿fue positiva para el gobierno de Macri porque le recuerda a la población el desastre K? ¿O fue negativa porque nos muestra la incapacidad del gobierno para controlar la calle? La realidad es que ambas lecturas coexisten y no son excluyentes. Por ahora. Porque como bien analiza Jorge Fontevecchia el domingo en Perfil, si el gobierno no encauza la economía permite la aparición de un nuevo relato K

Según [el economista] Dante Sica: “La inflación se va a terminar combatiendo con desempleo, el ingreso de las familias caerá, y más hogares van a atravesar la línea de pobreza”.

Un contexto económico así requeriría una dosis de optimismo muy grande en el futuro para contener o aplacar la conflictividad social. Que literalmente “lluevan dólares” y haya un boom de inversiones que, aunque no hubieran aún generado efectos de derrame, hicieran verosímil la llegada de un nuevo ciclo de crecimiento. Y es ahí donde nuevamente turbulencias políticas, derivadas o relacionadas con avances judiciales, podrían posponer inversiones dificultando el plan económico del Gobierno…

Hay una diferencia entre una narración y un relato: Macri tiene una narración pero el kirchnerismo tenía un relato porque era una narración que lograba transformar la realidad. La palabra de Cristina hoy, mientras no consiga torcer el rumbo de los acontecimientos, deja de ser relato para ser una narración más, entre varias. Pero si la economía se le fuera de las manos a Macri, otra vez se les produciría a los kirchneristas la posibilidad de construir un relato.

Fontevecchia ve a la incertidumbre política como un factor que pondría en peligro la llegada de inversiones, alargando la recesión y dinamitando el apoyo que el gobierno hoy tiene en las encuestas. En esta nota quiero hacer notar otro factor de riesgo: que el gobierno se contente con atraer inversiones de cabotaje de empresarios del círculo rojo y no logre seducir al capital extranjero que traería tecnología de punta junto con los dólares. El problema es que esto resultaría en una recuperación a velocidad lenta con un techo muy bajo para el ingreso per cápita. Y los medios no reflejan el hecho que no todas las inversiones son iguales.

La semana pasada el gobierno envió dos señales negativas a potenciales inversores extranjeros. Por un lado se atacó muy fuerte el desembarco de Uber en el país. Por el otro el ministerio de agricultura reguló el monitoreo que Monsanto hace sobre los embarques de soja para detectar si la misma se obtuvo con su tecnología y si el productor pagó las regalías correspondientes. Estamos ante dos ejemplos de avances tecnológicos que encuentran medios hostiles para desarrollarse. Pasemos a analizar ambos casos.

Uber compite con el servicio de taxis. Acá y en todas las ciudades del mundo donde presta, o intentó prestar, su servicio. De hecho Macri no es el primer presidente en meterse en la disputa entre Uber y las autoridades municipales de una ciudad. Ya lo hizo Francois Hollande en Francia el año pasado. Pero Hollande es un presidente socialista, Macri supuestamente es “desarrollista”. Es cierto que en parte el éxito de Uber radica en eludir regulaciones y leyes laborales lo que permite ofrecer un servicio de transporte a un precio competitivo. Pero también es cierto que ofrece un servicio complementario al taxi. Por ejemplo, al permitir la variación de los precios según la demanda se incentiva la oferta, y ¿quién no ha sufrido por no poder conseguir un taxi cuando llueve? No digo que el gobierno de la Ciudad no tenga razón en tratar de enmarcar el servicio dentro de una regulación razonable. Pero la respuesta del gobierno nacional parece ludismo puro (al menos calma a los ansiosos por la robotización). Y eso no atrae tecnología de punta.

Al respecto propongo una medida para calmar los ánimos de los taxistas. O al menos para que quede claro que sus protestas son para defender una renta. Que el gobierno de la Ciudad se comprometa a recomprar las licencias de todos los taxis que decidan dar de baja su servicio debido a la competencia de Uber (pagando el máximo entre el precio de mercado y un precio sostén). Esto le reduce la incertidumbre a los taxistas respecto a la rentabilidad de su negocio. Si invierten hoy en una licencia y dentro de un año descubren que Uber copó el mercado, saben que la pérdida de capital si el precio de la licencia se desploma está acotada por el precio sostén. Una idea similar se discutió en Australia a fines del año pasado.

Monsanto es líder mundial en ingeniería genética de semillas. El país se benefició ampliamente con la soja Roundup Ready que permitió un boom en la productividad desde hace aproximadamente 20 años. Ahora Monsanto desarrolló una nueva semilla, la Intacta RR2 Pro. Y para asegurarse el cobro de las regalías en los contratos se implementó un sistema por el cual los productores se ven obligados a firmar una cláusula en los contratos de granos donde aceptan que se realice un test sobre su soja a fin de determinar si fue producto del uso de la semilla Intacta. Si el productor usó la tecnología y no la pagó, en el puerto Monsanto aplica un descuento directo sobre el grano. La regulación reciente del ministerio de agricultura se mete en este contracto entre privados. De nuevo, no digo que no haya que regular, en especial cuando la relación es asimétrica entre un monopolista y un conjunto de “pequeños” productores. El problema es cómo hacerlo.

Al respecto propongo que la regulación se limite a asegurar un doble muestreo de las semillas, enviándose a un ente dependiente del ministerio (el INTA?) una de las muestras. Si Monsanto dice que un productor usó su tecnología sin pagar, el productor puede decir que no es cierto y exigir al ministerio la verificación correspondiente. Si esta verificación confirma lo hallado por Monsanto el productor debe pagar una multa. En caso contrario será Monsanto el que pague una multa. De esta manera se asegura la fiscalización sin abusos y la intervención del ministerio es mínima (las muestras tomadas se descartan pasado un tiempo prudencial si no hay reclamos).

También el gobierno podría exigir que Monsanto cobre una fracción de sus regalías en forma proporcional al grano cosechado (y el resto con la venta de las semillas). Esto tiene un beneficio para todos los productores ya que comparten el riesgo de su negocio (pensemos en los campos inundados en Santa Fe). También implica una transferencia de recursos de los productores en la zona núcleo a los productores en zonas marginales, pues los primeros pagarán más por la tecnología que los segundos. Desde la perspectiva del país en conjunto esta sería una medida deseable ya que al reducirle el costo a los productores marginales se amplía el área sembrada en futuras campañas generando más trabajo y más ingresos por exportaciones.

Al mismo tiempo que el gobierno envió estas dos señales negativas a potenciales inversores externos, Macri ayer se reunió con empresarios nacionales y les pidió inversiones

El enojo de Macri con muchos empresarios, a quienes en la cena del Cippec acusó de “aprovechar la libertad para remarcar precios de manera descarada”, quedó en evidencia en el inicio de sus quince minutos de discurso.

“Acá hay gente que puso primera y otros que todavía están pensando. La manera que tienen ustedes de luchar es invirtiendo, y eso es lo que la Argentina necesita de ustedes”, dijo Macri…

La posibilidad de que ingresen inversiones extranjeras durante el segundo semestre fue tema de conversación durante toda la jornada. El presidente provisional del Senado, Federico Pinedo, contó en un almuerzo de la Fundación Río de la Plata (FURP) que el ministro de Hacienda, Alfonso Prat-Gay, fue receptor de inquietudes de inversores, que preguntan “si los empresarios argentinos invierten en el país”.

Consultado sobre el tema luego del encuentro con los empresarios , Cabrera dijo a LA NACION: “Hay inversiones latentes por US$ 20.000 millones que son empresas radicadas en el país, y que ya están decididos. Para las obras de infraestructura, en cambio, muchos esperan que el Estado o los locales inviertan para luego venir ellos”, afirmó.

Estimado Cabrera, si las señales que se envían a los extranjeros son incompatibles con el círculo virtuoso del crecimiento en base a inversión en tecnología que aumente la productividad, no se sorprenda si por largo rato se quedan esperando antes de venir a estas latitudes. Por lo menos hasta que el “desarrollismo” del gobierno deje de ser mercado interno rentístico.


Productividad, robots, y educación

28/03/2016

A fin del año pasado publiqué una nota con título “Basta de Frey y Osborne! (deseo para el 2016)”. No ha terminado marzo que dicho deseo no se cumplió. Ayer La Nación publicó no una, sino dos notas sobre el peligro que robots nos roben nuestros empleos. La base que motiva ambas notas, una de Sebastián Campanario, la otra de Eduardo Levy Yeyati, es un informe del Banco Mundial sobre los “dividendos digitales” que todavía no se materializaron, en particular en países en desarrollo.

Según dicho informe Argentina es el país de ingresos medios con mayor proporción de trabajos en riesgo de ser automatizados, i.e. sustituíbles por robots o por computadoras con software de “inteligencia artificial”. Según Levy Yeyati

En la Argentina, en un contexto de estancamiento, con motores de crecimiento histórico de baja demanda relativa de trabajo, y con una distancia creciente entre la formación de los estudiantes y las necesidades de nuestras empresas, la inevitable apertura tecnológica puede profundizar la caída de la participación laboral y la concentración de ingresos y riqueza. Entre otras razones, porque nuestra fuerza laboral es intensiva en calificaciones medias y está particularmente expuesta al reemplazo, como lo refleja nuestro primer puesto en el ranking del Banco Mundial que ordena a los países según el porcentaje de sus empleos que son reemplazables por la automatización.

Entonces, ¿priorizamos el empleo a expensas de la productividad o la productividad a expensas del empleo?

Y según Campanario

En el debate por el futuro del empleo hay un autor fetiche para los economistas: el estadounidense David Autor es, para el economista argentino y director del Cedlas Guillermo Cruces, “quien mejor viene estudiando esta área temática”. Autor defiende una hipótesis de “polarización del empleo”: los trabajos que más están cediendo a favor de la automatización son los “intermedios” en la distribución de habilidades. Esta es una de las explicaciones para que la Argentina ocupe el primer puesto en redundancia de empleo del Banco Mundial: nuestra estructura laboral está muy concentrada en el medio: proporcionalmente, alta incidencia de personas con secundario completo. En este segmento entra buena parte del empleo público, trabajo administrativo, telemarketing, bancario, de seguros, etcétera…

Para el economista del Cedlas, “si bien este escenario (el que describe el Banco Mundial) no es la antesala de una distopía de desempleo tecnológico masivo en la Argentina en el largo plazo, la evidencia presentada es un insumo clave para quienes piensan e implementan políticas de desarrollo y transformación productiva. Este insumo debería ayudarnos a identificar las áreas con mayor potencial de crecimiento, y a la vez, las áreas en que más bajas se producirán, para ayudar a reconvertir y compensar a los trabajadores desplazados.

En el post del año pasado notaba que la predicción de Frey y Osborne que un 47% de los empleos en EEUU estaban en riesgo no estaba correctamente fundada. Eso no quita que cualitativamente es correcto decir que hay ocupaciones que habrán de desaparecer. El progreso tecnológico se ha encargado de destruir, y generar, empleo desde siempre. Y la Argentina no es la excepción. Pero si insistimos en predicciones apocalítpticas lo único que vamos a lograr es que la dirigencia de nuestro país lo mantenga cerrado al progreso tecnológico, como hicieron los Kirchner durante 12 años (aunque el país estaba cerrado desde la crisis de 2001 por una combinación de fricciones financieras y cambiarias).

Los políticos que tienen algo de memoria recordarán que durante los noventa, cuando el país importó capitales y tecnología, el resultado fue un incremento del desempleo de aproximadamente el 6 al 18%. Un análisis más profundo determinará que el nivel de atraso tecnológico del país en 1991 era altísimo (más que hoy en día) y que el desempleo sobre el final de la convertibilidad era alto por factores cíclicos. Pero la realidad es que entre 4 y 6 puntos porcentuales del desempleo se debían a factores estructurales al encontrarse dichos trabajadores inservibles en la nueva “matriz productiva”. Puede hoy el país tomar medidas que eleven en el mediano plazo el desempleo en 3-4%? No. Pueden tomarse medidas que aumenten la productividad en el largo plazo sin afectar el empleo? Si.

La automatización o robotización depende de incentivos y restricciones. Consideremos la decisión de comprar una Ferrari. Si el potencial comprador debe pagar tres veces su valor en impuestos, o si solamente la puede usar en una ruta en muy mal estado, no habrá muchas personas interesadas. Lo mismo sucede con la decisión de incorporar tecnología. El Estado puede graduar su adopción mediante medidas de política. Por ejemplo, en el sector automotriz las empresas radicadas en el país ya trabajan con alta tecnología y este sería un caso en el cual una política de apertura tendría más ganancias que pérdidas. En el otro extremo la industria textil necesita tiempo e incentivos para pasar de un modelo mano de obra (esclava?) intensiva a uno que combine robótica con diseño.

Para poder lograr esta transición al desarrollo tecnológico de punta (que hoy en día sólo se encuentra en el sector agrícola) es fundamental educar a los futuros trabajadores. Como dice Campanario en la citada nota

El estudio del BM advierte que la respuesta de políticas públicas al dilema pasa por dar educación de mayor calidad y más ajustada a las necesidades, “en un ámbito donde las reformas tardan muchos años en dar frutos”. Tiempo, justamente, es lo que no sobra.

Antes de cambiar la educación, hay que lograr que los chicos vayan a la escuela. La AUH es una política social que requiere la escolaridad de los chicos para que las madres cobren el subsidio. Como ya he comentado hace unos años, en mi opinión el programa es perfectible. Por ejemplo la evaluación a fin de año para determinar si los chicos aprueban el curso (lo que determina el cobro del plus por escolaridad de la AUH, si recuerdo bien) debiera ser mediante un examen estandarizado a nivel provincial o Nacional. Esto lograría que los maestros en lugar de recibir presiones non sanctas para que alumnos sin calificaciones aprueben, recibirían las presiones naturales para hacer su trabajo.

En lugar de escuchar que el gobierno de Macri piensa medidas que perfeccionen la AUH, el propio Presidente anunció una expansión del programa que desvirtúa parte de sus objetivos. Según nota de ayer en La Nación

El Ministerio de Desarrollo Social que encabeza Carolina Stanley, aportó dos proyectos clave. El primero de ellos, la ampliación de la Asignación Universal por Hijo (AUH) sobre la base de fondos asignados por el Banco Mundial, tiene como objetivo incluir al millón y medio de chicos que aún no reciben el beneficio instalado durante la gestión kirchnerista.

Con los fondos anunciados por el Presidente se irán a buscar a los menores excluidos del plan por falta de vacunas o asistencia a clases, requisitos para recibir la asignación.

Las mentes pensantes de Cambiemos, que las hay, qué esperan que pase con los beneficiarios corrientes de la AUH si indiscriminadamente se le empieza a otorgar el subsidio a cualquiera, sin pedir “asistencia a clases”? Lo mismo que pasa con quienes pagan impuestos y ven que Cristóbal López puede evadir $8000 millones como si nada. La (poca) disciplina se pierde y la AUH pasa a ser percibida como un derecho sin obligación.

Le pido a Levy Yeyati, que se estaría incorporando a la Jefatura de Gabinete en estos días, que dado que siente la respiración de un robot en la nuca, le explique a Carolina Stanley que no debiera desvirtuar la AUH, sino todo lo contrario, transformarla en la herramienta que permitirá a las futuras generaciones cobrar el mencionado dividendo digital.


Su servidor en VOXEU

24/06/2011

La mejor forma de cerrar esta semana de posts eurocéntricos es la publicación en voxeu.org de una nota que escribimos con Dirk Niepelt resumiendo un trabajo recientemente aceptado para su publicación en el European Economic Review: “Ageing, Government Budgets, Retirement and Growth”. Acá el abstract:

We analyze the short and long-run effects of demographic ageing – increased longevity and reduced fertility – on per-capita growth. The OLG model captures direct effects, working through adjustments in the savings rate, labor supply, and capital deepening, and indirect effects, working through changes of taxes, government spending components and the retirement age in politico-economic equilibrium. Growth is driven by capital accumulation and productivity increases fueled by public investment. The closed-form solutions of the model predict taxation and the retirement age in OECD economies to increase in response to demographic ageing and per-capita growth to accelerate. If the retirement age was held constant, the growth rate in politico-economic equilibrium would essentially remain unchanged, due to a surge of social-security transfers and crowding out of public investment.

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Preocupándose por la productividad

09/03/2011

Hace un mes escribí una nota sobre la importancia de las mejoras en productividad para determinar la evolución de largo plazo del tipo de cambio de equilibrio. Si la Argentina tuviera mejoras de su productividad por encima de los EEUU el peso tendería a apreciarse. Y terminaba la nota con un comentario sobre la percepción de una reducción en la tasa de crecimiento de la productividad en las últimas décadas. Para ello comparaba los períodos 2015-1985 y 1985-1955. El segundo corresponde al argumento de la película “Volver al futuro” mientras que el primero nos da una perspectiva con nuestro pasado reciente.

En los últimos días leí algunos artículos sombríos sobre la desaceleración de la productividad en los EEUU. El primero es una reseña que The Economist hace del libro “The Great Stagnation” de Tyler Cowen. La tesis de este economista es que la economía norteamericana enfrenta un período de estancamiento por la ausencia de innovaciones tecnológicas con impacto en la productividad

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Enfermedades holandesas

16/02/2011

Ultimamente se ha vuelto a sugerir que América Latina está, o va a estar, sufriendo de una “enfermedad holandesa” (ayer Eduardo Levy Yeyati publicó este post en su blog, extendiendo esta nota de El País sobre el tema, o el anuncio ayer de la extensión de barreras a la importación). Por esto se entiende que el descubrimiento, o revalorización, de recursos naturales conduce a una apreciación real del tipo de cambio que deteriora la competitividad en otros sectores transables.

El nombre se debe a que este fenómeno se identificó primero en Holanda, donde descubrimientos de gas afectaron la competitividad del sector manufacturero en dicho país. Como bien dice Paul Krugman en un trabajo clásico publicado en 1987 en el Journal of Development Economics y con título de película de Lina Wertmüller: “The narrow moving band, the dutch disease, and the competitive consequences of Mrs. Thatcher: Notes on trade in the presence of dynamic scale economies”:

The interesting question is why it should be regarded as a problem. In conventional trade models, countries should simply specialize in whatever is their comparative advantage. If an oil discovery shifts this comparative advantage, so be it. In practice, however, there is widespread concern that the contraction of a country’s manufacturing sector which follows natural resource discoveries is a bad thing. The worry seems to be that when the natural resources run out, the lost manufacturing sectors will not come back.

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Volver al futuro: el regreso al uno a uno

03/02/2011

Este post está inspirado en uno reciente de Eduardo Levy Yeyati sobre la apreciación del peso. Eduardo estima que de seguir la macro en la actual trayectoria la cuenta corriente pasaría a tener balance negativo el año próximo. Esto sumado a necesidades crecientes de financiamiento del sector público plantea la cuestión de las fuentes de financiamiento externas a las que recurriría el gobierno. En una comparación con la región Eduardo nota que las opciones son inversión extranjera directa o flujos de portafolio (capitales golondrina).

La primera opción la podemos descartar pues el clima de negocios actual en el país es malo (ver recientes atropellos de Moreno a Cablevisión, Shell y Techint esgrimiendo la derogada ley de abastecimiento). La segunda opción funcionó durante el año pasado gracias a la reapertura del canje, y podría funcionar este año si se llega a un acuerdo con el Club de París que implique pocas erogaciones en el corto plazo. Pero para esto sería necesario aceptar el monitoreo del FMI, algo poco difícil en la previa a las eleciones. Y un arreglo que implique pagar los USD 10000 millones en un par de años calculo que no dará un flujo neto significativo de capitales a favor del país.

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