El NO en Colombia y la guerra como instrumento académico

07/10/2016

El domingo pasado el NO ganó sorpresivamente en el referéndum sobre el acuerdo de paz que el gobierno colombiano había firmado con los líderes de las FARC. Dejo el análisis de este resultado a los expertos colombianos. Aprovecho la excusa para comentar un artículo reciente en Voxeu de Acemoglu, Fergusson, Robinson, Romero, y Vargas. En el mismo describen los efectos negativos de la forma en que se implementó en Colombia la escalada militar de 2002 con incentivos que recompensaban con vacaciones, promociones y otros premios a los militares que mataban guerrilleros.

A major consequence of these higher-powered incentives was a surge in ‘false positives’, where the army killed civilians and falsely portrayed them to be guerilla combatants. These cases are depicted in Figure 1, which shows both incidents producing false positives and the number of people killed in these events. False positives had long existed in Colombia, but increased massively following President Uribe’s state-building project, and started declining only after policies where modified following media revelations of the extent of civilian killings in 2008.

robinsonfig1Si bien en mi opinión la variable en el gráfico debiera estar normalizada por la muertes de guerrilleros que no son falsos positivos, es claro el cambio de tendencia desde 2002. Los autores formulan tres hipótesis que testean con los datos, en particular que el aumento de falsos positivos es mayor en municipalidades donde el poder judicial es más débil. Y que las brigadas comandadas por coroneles tienen más incentivo a matar “guerrilleros” dado que la promoción de coronel a general es la más difícil en el Ejército colombiano.

Los autores del trabajo van más allá y muestran evidencia que la escalada militar tuvo efectos negativos en la (re)construcción del poder del Estado en Colombia.

The evidence we present also shows that the type of top-down state-building strategy that Colombia adopted might not just create a human tragedy, it can backfire in terms of its intended goals. Imagine again those state agents facing strong incentives to kill guerrillas. It will be easier to get away with killing civilians instead when the quality of judicial institutions is lower. Under such circumstances they may take actions to further weaken the local judiciary. The empirical evidence indeed points to a deterioration in the quality of judicial institutions in areas with a high share of brigades commanded by colonels, and perhaps more paradoxically, a worsening of the security situation in such areas (with increases both in guerilla and paramilitary attacks on civilians).

El trabajo de Acemoglu y coautores es muy interesante como ejemplo de lo complejo que es gobernar un país con enormes desafíos como Colombia. Me parece que en Argentina tenemos desafíos menores, pero no triviales (narcotráfico, corrupción enquistada, partido político dominante, cultura populista, etc.). Espero que en unos años leamos artículos similares a éste que nos indiquen errores de las estrategias adoptadas por el gobierno de Macri. Peor sería que no se haga nada y sigamos escribiendo sobre nuestro eterno desencanto.


El rebrote inflacionario

22/09/2016

La semana pasada escribí un post sobre las bajas expectativas que le tenía al mini-Davos (me quedé corto cuando dos días más tarde The Economist, a contramano, informaba a sus lectores que Rosario es la capital de la violencia en Argentina). Recuerdo al lector estas líneas sobre la inflación:

El problema es que los inversores extranjeros saben que la única verdad es la realidad. Mirán el sitio Inflación verdadera y saben que la agresividad con la cual el Banco Central se ve obligado a bajar las tasas de interés está resultando en un repunte de la inflación (de 1,06% mensual el 5 de agosto a 2% un mes más tarde).

El fin de semana, Domingo Cavallo en su blog también escribió sobre el “rebrote” de la inflación (Foco Económico subió anteayer el post de Cavallo). Dice el Mingo,

No se puede atribuir este rebrote inflacionario a causas monetarias. La expansión monetaria ha estado muy contenida, las tasas reales de interés han sido positivas y el tipo de cambio se ha mantenido estable. Por consiguiente hay que buscar las causas en otro lado. Sin duda el ritmo de aumento nominal del gasto público (que se ha acentuado desde julio) y las expectativas de aumentos de salarios por intensificación de los reclamos sindicales deben estar jugando un rol preponderante. Se trata del fenómeno de la inflación inercial al que me referí en posts anteriores.

Si bien es cierto que la política monetaria no causó el rebrote de la inflación, también es cierto que no hizo nada para impedirlo. El mes pasado, pocos días después del fallo de la Corte sobre las tarifas del gas, escribí una nota sobre los desafíos que dicho fallo le implicaba al Banco Central,

¿Cómo reaccionará el BCRA al fallo de la Corte? ¿Tomará el camino político de bajar la tasa, o monetizar el aumento en el déficit, para intentar reactivar la economía? ¿O endurecerá su política para compensar el menor ajuste fiscal (ya que a menor ajuste fiscal más presiones de demanda sobre los precios)?

Usemos la herramienta básica de un macroeconomista para entender porqué las acciones del Banco Central en el último mes han sido inflacionarias. Me refiero al modelo IS-LM de demanda agregada

is-lmEn el eje horizontal tenemos la demanda agregada, Y, y en el vertical la tasa de interés, i (nominal o real ya que es un modelo de corto plazo). El equilibrio se da cuando la curva IS, que captura el equilibrio en los mercados de bienes se cruza con la curva LM, que captura el equilibrio en los mercados financieros. Simplificando, una política monetaria expansiva corre la IS hacia arriba (para un dado nivel de demanda agregada la tasa de interés de equilibrio debe ser mayor), y una política monetaria expansiva corre la LM hacia afuera (para una dada tasa de interés la demanda agregada debe aumentar si aumenta la cantidad de dinero).

En Argentina hoy en día una expansión de la demanda agregada se traduce en un aumento de la inflación ya que el kirchnerismo agotó los efectos de las políticas de demanda en el nivel de producción. Por eso si el gobierno relaja las metas fiscales, como venía haciendo de facto y reconoció en el proyecto de presupuesto para año próximo, y la política monetaria no cambia esto se refleja en mayor inflación. Si el Banco Central fuera independiente y tuviera metas de inflación, la respuesta hubiera sido hacer política contractiva que compensara los efectos de la expansión fiscal.

Pero el Banco Central no es independiente, o al menos no es inmune a presiones políticas  sectoriales.

Pero volvamos al rebrote inflacionario. Cavallo dice que no se debe a causas monetarias. Yo digo que el Banco Central puede hacer más para impedirlo. Quizás los dos tengamos razón. Para cerrar me remito a una nota de Ignacio Olivera Doll publicada ayer en Ámbito Financiero que informa que Sturzenegger le pidió a los bancos que paguen más tasa por sus depósitos

Los signos de menor inflación, que ya confirman la efectividad del ajuste monetario, dieron lugar a Federico Sturzenegger a pensar y avanzar en una segunda batalla con más insistencia: que los argentinos empiecen a recibir a partir de ahora una mejor recompensa de los bancos por el dinero que tienen guardado, y que de este modo se vean más incentivados a ahorrar sus pesos dentro de las entidades…

En los bancos hay quienes califican este avance como un atajo que encuentra a mano el jefe del BCRA para trasladar a los bancos la responsabilidad de reparar los costos de un déficit cuasi fiscal que, en rigor, debería afrontar el Tesoro nacional, y no ellos.

Pero donde Olivera Doll ve una segunda batalla yo veo, como los bancos mencionados en las últimas líneas de su nota, un intento de bajar la inflación con instrumentos no convencionales (bueno, el apriete era común en el kirchnerismo). En efecto, cuando el Banco Central baja la tasa de las Lebac (y ayer se mandó el octavo recorte semanal consecutivo), como no se renueva el stock de títulos que vencen (a menos tasa menos compradores), debe emitir. Lo que Sturzenegger quiere es que los bancos aumenten las tasas que pagan a sus depositantes para que esta masa de liquidez que inyecta en la economía sea absorbida, al menos en parte, por el sistema financiero. Ya que sabe que su política de baja de tasas está echando gasolina al rebrote inflacionario


Julio Hipólito Guillermo Olivera

26/07/2016

Al despertarme esta mañana me encontré con la desagradable noticia que ayer falleció Julio Olivera. Para la mayoría que lo conoce es el co-autor del efecto Olivera-Tanzi (aunque no fue un trabajo conjunto, y la contribución de Vito fue posterior). La idea de este trabajo es muy simple. Si el gasto público es una fracción del ingreso nominal corriente, y los ingresos fiscales son una fracción del ingreso nominal pasado, puede haber un equilibrio con inflación aún y cuando ambas fracciones sean iguales. La explicación es que si hay inflación los ingresos serán menores al gasto y será necesario emitir para financiar la diferencia. Esta emisión convalida la inflación (inflación y emisión cero también son un equilibrio).

Para recordar a mi primer, y primus inter pares, mentor en Economía, comparto con ustedes algunas anécdotas.

La primera vez que escuché hablar de Olivera fue en 1989 al leer una entrevista que le hicieron en el diario La Nación al final de la hiperinflación de ese año. El cronista le preguntaba sobre las causas de la hiperinflación y Olivera daba una respuesta corta y precisa. Como el cronista necesitaba llenar más caracteres en su nota volvía a repreguntar pero Olivera repetía lo mismo: fue una hiperinflación clásica. Más tarde me daría cuenta que el intercambio era un “Olivera clásico”.

Volví a encontrarme con Olivera en la UBA. En el semestre que tenía que cursar Dinero, Crédito y Bancos sorpresivamente uno de los cursos lo dió él (creo que en 1991). Sin embargo, siguiendo a mis amigos decidí tomar el curso vespertino de Buscaglia (que usaba el muy obsoleto “Money, Interest and Prices” de Don Patinkin, ¡quién pudiera tener la máquina del tiempo y corregir este error!).

Para tratar de compensar la mala decisión tomada decidí pedirle a Olivera si podía ser mi tutor para unas becas que la UBA ofrecía a estudiantes. Le presenté como idea introducir sus famosos rezagos fiscales en un modelo de economía monetaria con dinámica caótica. Por suerte me dijo que sí y me convenció de sumarme a un curso de Topología que había empezado a dar y que tenía solamente dos estudiantes. Como el formato era de seminarios el trabajo fue muy intenso, y como me había sumado con la inscripción cerrada tuve que rendir como alumno libre. Una vez terminado el examen, Olivera me dijo que fuí el primero que lo hacía para un curso que él dictaba (menos mal que no me lo dijo antes).

Un día le regalé un libro de caos y él me dijo que no era ético que los empleados públicos, como era su caso, aceptaran regalos. No me devolvió el libro, pero me dió otro suyo para compensar los efectos sobre su integridad moral.

El semestre siguiente participé como oyente en otro curso de Topología, y luego haría lo mismo con otro de Integración Estocástica. En este último tuve un “roce” con Mario Firmenich, que describí ya en un post. Además de esta anécdota recuerdo que Olivera me llamó un día la atención porque me senté en el escritorio. Me dijo que las cosas tenían su correspondiente función y que para sentarse estaba la silla. Personaje. También de uno de esos cursos recuerdo el único chiste que le oí contar (aclaro es humor para economistas matemáticos):

Al pasar caminando una señorita agraciada, un amigo le dijo a otro que con ella casi se casaba. ¿Cómo es eso? le preguntó el amigo. Pues le pregunté si se quería casar conmigo y me dijo que no.

Dos anécdotas me contó respecto a su padre, quien fue funcionario en la provincia de Santiago del Estero. Una es que en cierta ocasión que fuera preso por motivos políticos, llevó a la cárcel un libro de Pareto que para el hijo tenía doble valor, por lo escrito por Vilfredo en molde y por su padre en los márgenes. Y la otra es la razón de sus nombres de pila, representando las tres grandes civilizaciones de occidente: romana, griega, y germánica. 

Cuando estaba por viajar al MIT, Olivera me pidió que le enviara saludos suyos a Samuelson, Solow y Dornbusch. Dos años más tarde, cuando terminé los requisitos de cursada y pasé los exámenes generales, Dornbusch me preguntó qué me había parecido la experiencia. Con sinceridad, ya que no tengo mucho filtro, le dije que había aprendido mucho pero que sin embargo no había encontrado a nadie que supiera tanto de Economía como Olivera. A Dornbusch se le borró la sonrisa en un instante, y me dijo que podía ser porque se trataba de una persona que no hacía otra cosa con su vida que leer del tema. Ese día supe que tenía que cambiar de mentor de tesis, y que no había lugar inmune a los celos profesionales. 

De mi estadía en Cambridge solamente una persona casi eclipsa a Olivera, Robert Merton, que daba su clase de Finanzas en tiempo continuo con un estilo equiparable a un maestro de orquesta, respondiendo en forma instantánea todo tipo de preguntas (y usando conceptos que yo sabía de Física con una claridad envidiable). 

La última vez que lo vi a Olivera fue cuando vino a San Andrés a presentar un trabajo en un seminario. Después de almorzar lo llevé al centro en auto y recuerdo estar más preocupado en manejar como si no estuviera en Argentina que otra cosa. Ah, y me pidió que lo dejara en la Facultad, ya que tenía que seguir trabajando. Adiós maestro.

EXPOST: Santiago Chelala, quien fuera co-editor de este blog en sus inicios y tuvo a Olivera como director de su tesis doctoral, escribió una nota en el Cronista Comercial compartiendo sus anécdotas. La transcribo íntegra:

Ayer fue un día de luto para la profesión. Julio H. G. Olivera, maestro de varias generaciones de economistas, falleció a los 87 años.

Nació en Santiago del Estero en 1929, era profesor emérito en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA y es considerado uno de los creadores del estructuralismo latinoamericano, así como de las teorías no monetaria de la inflación y de dinero pasivo.

Le gustaba recordar que John Hicks, uno de los más lúcidos continuadores de la obra de John M. Keynes, dijo públicamente que adhería a su teoría de la inflación estructural.

Vivió con puntualidad kantiana y con una formalidad absoluta en las formas y en la vestimenta, que incluía reloj de bolsillo y sombrero con solapas. También era dueño de un sentido del humor exquisito, que lo hacía estallar en carcajadas, como si fuera un niño. Olivera fue único.

Fue varias veces fue consultado por la Academia Sueca para proponer candidatos al Premio Nobel. En vez le pregunte si le gustaría ganarlo: “No iría a Suecia a buscar un premio, hace mucho frío. Tal vez si fuera en Ecuador”, me contestó.

Cuando en 1963, Arturo Illia le ofreció ser ministro de Economía de la Nación, declinó el ofrecimiento porque no quiso deshacer el compromiso previo que había adquirido con la Universidad de Buenos Aires, de la que era rector. Tenía principios de roble.

En una ocasión quise hacerle una entrevista para El Cronista. “Lo siento. Mis formas no son aptas para todo el público. Sería una pérdida de tiempo para el periodista y para mí‘, fue la respuesta, más esquiva que realista.

Cuando se le hablaba del efecto Olivera-Tanzi (que predice el impacto de la inflación en la recaudación de impuestos), otras de sus creaciones, respondía con picardía: “No recuerdo que Tanzi sea mi apellido materno”. Cuando alguien citaba un texto suyo de los años 50, lo interrumpía y decía: “¿De 1950? Debe ser de algún antepasado mío”.

Para quienes lo conocimos, su perfil humano era incluso más valioso que el académico. Trataba a todo el mundo con la mayor consideración posible, no importaba si se tratara de un ministro, de una personalidad extranjera o de un estudiante. A todos dedicaba su entera atención. Era, antes que cualquier otra cosa, un humanista.

La esgrima era otra de sus pasiones: “Es como el ajedrez pero a la velocidad de la luz”, describía.

Cuando hablaba en público, el silencio en la sala se hacía más profundo. Acostumbraba a leer sus discursos, a los que no faltaba ni sobraba una coma. También bromeaba con eso: “desconfiando de mi espontaneidad, traje un discurso”, comenzaba.

Durante los últimos años le afectó una fuerte sordera. Entonces pedía “por favor, hable más fuerte, como si usted estuviera dando clase y yo sentado en la última fila. Sabe lo que ocurre, este lugar tiene muy mala acústica”.

El cuerpo se fue distanciando de una mente que seguía intacta. Le costaba ponerse el sobretodo, y cuando uno trataba de ayudarlo, sonría y decía “por favor, no me ayude, este es el único ejercicio que hago durante el día”.

Conversábamos de una de sus últimas publicaciones cuando vi brillar sus ojos por última vez. El título es “Sobre la existencia de medidas de Ulam”, y contiene una conclusión asombrosa que echa por tierra cientos de manuales de economía: la competencia perfecta no existe. Ese día me dijo: “Empíricamente ya sabíamos que la competencia perfecta no existe, lo que no sabíamos es que matemáticamente también es un error. Es un imposible matemático, un chiste intelectual”.

Hasta hoy seguía liderando en la UBA los seminarios de economía matemática cada primer viernes de mes, como hace cinco décadas. Por allí pasaron Guillermo Calvo, Rolf Mantel, Juan Sorrouille, Alfredo Canavese, Héctor Diéguez, Ana María Martirena y muchos otros economistas destacados. De seguro que sus miembros más jóvenes, Matías Fuentes, Alejo Macaya, Eduardo Rodríguez y Ariel Abelar serán dignos continuadores.

Muchos otros tomarán su vida y su obra como fuente de inspiración. ¿Acaso hay un legado más importante que una persona puede dejar?

Muchas gracias maestro, lo vamos a extrañar.


Cepo a los despidos, política y economía

26/04/2016

La semana pasada escribí una nota sobre las malas señales que el gobierno daba a inversores externos. En este caso las malas señales son de la oposición, que ha comenzado a discutir en ambas cámaras del Congreso proyectos para aumentar temporariamente los costos de los despidos. Desde una perspectiva técnica estos proyectos revelan una ignorancia total sobre el funcionamiento de una economía moderna. Algunos de sus defensores creen fervientemente que viven en un mundo estático donde solamente hay una variable relevante: el costo del despido. En mi experiencia como docente universitario siempre he escuchado críticas de los alumnos a los supuestos irreales que hacemos en los modelos que enseñamos. Pero el “modelo” que tienen algunos legisladores en su cabeza se lleva el primer premio a la ilusión.

La incapacidad de nuestras élites para pensar lo que los economistas llamamos “efectos de equilibrio general” de las medidas de política es aterradora. Ya lo vimos con el control de cambios, a.k.a. cepo al dólar. Se pensó que bloqueando la salida de capitales se evitaba ajustar el tipo de cambio. No se previó que los capitales también iban a dejar de entrar. Los resultados los sabemos, igual se devaluó, se impusieron restricciones a las importaciones cada vez más estrictas, se intentó (en vano) atraer capitales con un blanqueo, etc. Terminamos en una estanflación de la cual el actual gobierno intenta salir.

Darse cuenta que prohibir los despidos, aunque sea solamente por unos meses, es una mala política para generar empleo sólo requiere que los legisladores tengan a mano un economista capaz como asesor. Esto le permitió a Sergio Massa diferenciarse del resto y proponer también una serie de medidas para estimular el empleo (sobre esta serie de medidas me explayaré más tarde en esta nota). Ahora bien, ¿por qué no sirve prohibir los despidos? Cuando una empresa contrata un empleado le exige un esfuerzo a cambio de una remuneración. El empleado trabaja sabiendo por un lado que al hacerlo cobra un salario, y por el otro que si la empresa lo detecta evitando esforzarse puede ser despedido. Aumentar los costos de despido obliga a las empresas a aumentar los sueldos de sus empleados para mantener el mismo nivel de esfuerzo (y por ende de producción). O sea que aumenta los costos laborales aún y si no hay despidos. Además, está el efecto conocido que mayores costos de despido reducen los incentivos de las empresas a contratar nuevos trabajadores (como el cepo al dólar, si cerramos la salida, desalentamos la entrada).

Si desde una perspectiva técnica los proyectos para prohibir despidos son contraproducentes, ¿por qué una mayoría en ambas cámaras podría facilmente transformar uno de ellos en ley? Por razones políticas. Para el kirchnerismo es obvio que cuánto peor le vaya al gobierno mejor para Cristina. Por eso se opuso al pago a los holdouts, y por eso apoya esta ley. En el caso del peronismo no kirchnerista hay oportunismo para sumarse a una iniciativa que en el papel parece ayudar al trabajador, y tratar de obtener concesiones del gobierno. Y en el caso de los peces gordos del sindicalismo hasta podría haber un mensaje para que el gobierno interceda por ellos ante Tribunales, ya que imagino que si se desatara un mani pulite en Argentina, Moyano y compañía estarían en primera fila (al respecto Carlos Pagni de La Nación nos podría refrescar sus viejas investigaciones sobre Hugo, no?).

Corriendo detrás de los acontecimientos, el gobierno anunció ayer un proyecto de ley para estimular el empleo formal de jóvenes de entre 18 y 24 años, y sin límite de edad para las provincias del Norte beneficiadas por el Plan Belgrano. El proyecto establece la reducción de los aportes patronales por tres años para empresas de menos de 200 trabajadores (el Estado se hace cargo de la diferencia).

Por otro lado, hay una mirada en la situación de las pymes. Hace unos días, la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), informó que enfrentan una presión fiscal inédita, además de las consecuencias de la alta inflación, la falta de crédito para la producción, el aumento de las tarifas y la retracción del consumo. El plan primer empleo, entonces, busca que, a través de la disminución de las contribuciones patronales, puedan aumentar su personal o formalizar el que ya tienen. Por eso, quienes tienen menos de 200 trabajadores gozan de un beneficio mayor que las empresas más grandes.

Por último, se incorporó como grupo vulnerable a las personas con discapacidad.

El programa, que tiene un año para llevarse adelante, mantiene los beneficios durante tres años, aunque gradualmente van disminuyendo. Después de los 36 meses se entra en el régimen convencional.

Es probable que el gobierno busque coordinar con el massismo ya que, como dije antes, este presentó un proyecto parecido que también contempa incentivos para la contratación de mayores de 50 años (además este plan es más costoso pues implica beneficios a las pymes por los trabajadores que ya tienen contratados, no sólo por los nuevos). Para analizar los posibles efectos de estas medidas de estímulo al empleo podemos usar un trabajo empírico de Ferrán Elías Moreno que usó una reducción de los impuestos a la seguridad social en España que tuvo lugar en 1997, y que benefició a los trabajadores menores de 30 años, y también a los mayores de 45 años.

Sus resultados muestran que la política aumenta el empleo para los menores de 30, sin que eso signifique que los mayores de 30 sufran sustitución 1-por-1 debido al aumento de menores de 30 (el bendito efecto de equilibrio general que nadie piensa). Por tanto, la bonificación a la contratación de menores de 30 aumentó el empleo. Por el contrario, para los mayores de 45 años la política no produce ningún efecto en empleo agregado. Para ambos márgenes etarios la política no resulta en un aumento salarial. Por tanto, el caso de la discontinuidad en 45 es una transferencia directa a los empresarios, no a los trabajadores.

Ferrán estima que la elasticidad de trabajo para trabajadores de 30 años es de, al menos, -0.62. Para los trabajadores de 45 años es de 0. Por qué son tan distintas? La evidencia muestra que el trabajador que está al margen entre empleo-desempleo en 30 y 45 años es muy distinto. Los de 45 que buscan trabajo son gente con menores calificaciones, más tiempo desempleados durante los últimos años, etc. Por tanto, la evidencia sugiere que las empresas no quieren arriesgar y contratar trabajadores de más de 45 que estén desempleados, pero que sí van a hacerlo cuando se trata de trabajadores jóvenes.

Finalmente notemos que el incentivo a la contratación sólo era para contratar de modo permanente, no temporal. También es muy importante que las bonificaciones para empresarios sólo aplicaban para nuevos contratos. Esto supone grandes ahorros para el gobierno y de hecho en España, para el caso de la discontinuidad alrededor de 30 años, resultó en un aumento en la recaudación.

No es aconsejable inferir que una política similar en la Argentina tendría los mismos resultados. Para empezar el grado de informalidad en nuestro país es mucho mayor que en España, con lo cual es probable que algunas empresas tengan incentivo a formalizar a empleados informales de avanzada edad (y por ende la política no sea tan inútil para mayores de edad). Pero la inferencia que, por motivos de información asimétrica, una reducción de los costos laborales tendrá un efecto mayor en el empleo cuanto más jóvenes son los beneficiarios, me parece que aplica. Esto implica que la propuesta del gobierno es mejor que la del massismo. Máxime si consideramos, como ya dije, que la última contempla beneficios para trabajadores ya empleados, o sea una transferencia del gobierno a las empresas, no a los trabajadores.

EXPOST: Gracias a las redes sociales descubrí esta nota publicada en Ámbito Financiero en enero de 2014. Contiene estas declaraciones de Héctor Recalde (también otras del ministro de Trabajo de Cristina, Carlos Tomada), las negritas son de la nota

El diputado nacional del Frente Para la Victoria Héctor Recalde rechazó la propuesta del diputado del Frente Renovador Sergio Massa de prohibir los despidos por 180 días y recordó que esa medida “nació cuando explotó la convertibilidad”.
“Es una repetición de lo que hizo (Eduardo) Duhalde después de la convertibilidad y que significó la licuación del poder adquisitivo. No hay ni punto de comparación con la situación actual”, afirmó el diputado nacional del FPV.
Finalmente, Recalde llamó a “apostar a la razonabilidad y a sostener el empleo” y advirtió que “hay que tener cuidado porque estas cuestiones pueden obstaculizar la contratación de trabajo”.

EXPOST 2: El ministro Jorge Triaca usó la analogía del cepo para el proyecto de prohibir los despidos, y uno de sus subsecretarios, José Anchorena, publicó una nota el Domingo (8/5) en La Nación con el mismo concepto (aunque debiéramos de aclararle que la prohibición a los despidos no congela el mercado laboral, ya que por ejemplo las transiciones empleo a empleo no se ven afectadas, o solamente en forma muy marginal).


Basta de Frey y Osborne! (deseo para el 2016)

29/12/2015

Para terminar el año voy a criticar el uso y abuso en los medios de un paper de Frey y Osborne de 2013. El trabajo se llama “The future of employment: How susceptible are jobs to computerisation”. El domingo de la semana pasada en la revista de La Nación Santiago Bilinkis lo cita en una nota sobre qué elegimos estudiar. Sebastián Campanario lo citó al menos tres veces en su columna en el mismo diario. La última en julio al comentar un debate que tuvo lugar en la UBA sobre avance de la tecnología y de la inteligencia artificial en el mundo del trabajo. En dicha nota resume el “aporte” de Frey y Osborne:

Y en cualquier polémica de este campo surge la cita obligada al trabajo de los profesores de Oxford Carl Frey y Michael Osborne, quienes relevaron la tasa de sustitución de máquinas por humanos en cada una de las 702 ocupaciones que releva la secretaría de empleo de los Estados Unidos y llegaron a la conclusión de que el 47% de los puestos podrían ser desafiados por robots o inteligencia artificial en los próximos veinte años.

El bendito 47% lo repiten todas las notas locales e internacionales sobre el tema. Pero no se de nadie que se haya tomado el trabajo de leer críticamente al mismo para darse cuenta que dicho número es cualquier cosa menos científico.

Frey y Osborne se basan en la metodología de un trabajo de Autor, Levy y Murnane publicado en 2003 en el Quarterly Journal of Economics. Allí estiman el cambio en la composición de tareas laborales que se produjo entre 1960 y 1998 en la medida que las computadoras sustituyen y complementan a trabajadores en tareas cognitivas y manuales. Encuentran que las computadoras reducen el insumo laboral en tareas rutinarias y lo aumentan en tareas no rutinarias.

Frey y Osborne tratan de extrapolar, hacia el futuro, cuantas tareas, y por ende trabajos, son susceptibles de ser reemplazados por computadoras. Su objetivo es ver qué fracción del empleo en EEUU está en riesgo de volverse obsoleto en el futuro cercano. Pero en lugar de contar con datos objetivos como Autor et al, tienen que basar su análisis en estimaciones. Y acá viene el talón de Aquiles que copio (página 30 del paper)

To work around some of these drawbacks, we combine and build upon the two described approaches. First, together with a Group of ML researchers, we subjectively hand-labelled 70 occupations, assigning 1 if automatable, and 0 if not. For our subjective assessments, we draw upon a workshop held at the Oxford University Engineering Sciences Department, examining the automatability of a wide range of tasks. Our label assignments were based on eyeballing the O*NET tasks and job description of each occupation… The hand-labelling of the occupations was made by answering the question “Can the tasks of this job be sufficiently specified, conditional on the availability of big data, to be performed by state of the art computer-controlled equipment?”

Las negritas son obviamente mías. No es la primera vez que un trabajo poco serio tiene mucha repercusión mediática. En este caso es comprensible dada la relevancia del tema, tal y como lo aborda por ejemplo Bilinkis en la nota citada.

Aún cuando a muy largo plazo todas las profesiones están amenazadas, a corto plazo algunas están mucho más en riesgo que otras. Tal vez sea por eso que en el intercambio con la audiencia luego de mis conferencias frecuentemente personas en la audiencia consulta mi opinión sobre qué carrera deberían elegir o recomendarle a sus hijos que elijan.

A pesar de que los ingresantes actuales a la universidad son ya nativos digitales nacidos alrededor de 1997, cuando se observan los datos de elección de carrera sorprende ver la gran brecha entre las profesiones que más necesita el mundo hoy y las que mayoritariamente eligen los jóvenes. Una década y media dentro del siglo XXI, seguimos escogiendo carreras del siglo XX.

El desafío de incentivar a los jóvenes a estudiar carreras que serán relevantes en su vida laboral está presente en todo el mundo. Un ejemplo que conozco es el de Dinamarca, donde recientemente han modificado costos y beneficios de los estudiantes para disuadirlos de estudiar Humanidades. Y Frey y Osborne han agitado el avispero al asustar a la gente y a los gobiernos sobre la fragilidad incluso de carreras hoy consideradas sólidas. Pero a lo largo del año hubiera esperado que al menos un periodista, en lugar de repetir el mantra, leyera el paper y aclarara que el 47% es fruta.

Feliz año!


La suba de tasas de interés (en EEUU)

04/11/2015

En su reunión de la semana pasada, la Reserva Federal de EEUU no modificó su tasa de interés, pero dejó señales de una probable suba antes de fin de año (la Fed se vuelve a reunir en diciembre). Hace tiempo que los economistas debaten sobre los beneficios y costos de una política más contractiva. Por ejemplo, es bien conocido que Paul Krugman quiere mantener la tasa en cero hasta que la inflación se acelere. En su último post al respecto dice

This in turn tells you several things. It says that all the complaints that the Fed is artificially keeping rates low are nonsense; rates are low because that’s what the real economy wants, and the Fed’s only alternative would be to create a depression.

Clarito como si fuera un funcionario K: o las tasa en cero o la depresión. Pero no es el único economista prestigioso en defender una política monetaria laxa. Iván Werning, economista argentino actualmente profesor en MIT, entrevistado por Ezequiel Burgo para Clarín también toma esta postura.

–Por último, la pregunta del millón: ¿Yellen sube o no las tasas?

–Nadie sabe. Pero ciertamente una hipótesis que se maneja o especula es que entramos en una etapa de tasas bajas debido al menor crecimiento y baja demanda.

–¿Pero es tiempo de subirlas?

–Soy de los que creen que no hay que apurarse a subir las tasas en EEUU. No hay indicios de inflación que preocupen por ahora.

Notemos que Werning es menos trágico que Krugman. Igual basa su recomendación en el comportamiento esperado de la inflación. Escribió un paper sobre como debieran ser las políticas fiscal y monetaria en una trampa de la liquidez (una situación que requeriría una tasa real de interés negativa para restablecer el equilibrio de pleno empleo). El principal mensaje, al menos en lo que a política monetaria respecta, es que la tasa debe quedar en cero más allá del final de la trampa de la liquidez. La razón es que esto genera un boom a la salida de la trampa de la liquidez. Los consumidores anticipando el boom reducen su ahorro aumentando la demanda agregada y moderando la caída en el producto.

Si bien me parece interesante el argumento de Werning (tuve la suerte de verlo presentar este trabajo en 2011) y, como señala Burgo en su nota, ha sido influyente en discusiones de política en EEUU, yo creo que es hora de subir las tasas en EEUU.

En casi todo contexto una política contractiva, sea monetaria o fiscal, resultará en un menor crecimiento del producto. Recientemente el Wall Street Journal publicó un gráfico mostrando la trayectoria contrafáctica del PBI en EEUU si la política fiscal no hubiera reaccionado al shock de la Gran Recesión

gdp

Lo que se ve es que el PBI moderó su caída en 2008-9 por el estímulo fiscal, y a partir de mediados de 2010 sufrió por el retiro del estímulo (o en argentino, el ajuste). Uno se puede preguntar porqué se hicieron los recortes en el gasto tan rápido y no se esperó a que la economía saliera de la depresión. La razón es que las herramientas de política económica son efectivas si uno las usa, pero no abusa de ellas. Si el gasto hubiera permanecido alto, probablemente EEUU hubiera tenido que pagar una mayor tasa de interés por su deuda pública (que hubiera sido más alta si no bajaba el gasto), sin considerar los problemas políticos en ese país para elevar el tope de deuda, como se ve de tanto en tanto.

Considero que la misma lógica debiera aplicarse a la política monetaria. No con los argumentos habituales que dicen que una política laxa genera inflación y por ende costos futuros (e.g. pérdida de credibilidad en la Fed, necesidad de una recesión en el futuro para bajar la inflación una vez que suba). Sino porque si la política monetaria mantiene las tasas de interés muy bajas y los EEUU sufren un shock negativo, no habrá margen para usar la tasa de interés como instrumento para estimular la demanda agregada (y la política no convencional no tiene la misma capacidad de estímulo).

Empezar a subir la tasa de interés en EEUU en forma gradual, digamos un punto porcentual por año, tendrá un efecto negativo en el PBI como lo tuvo el repliege del estímulo fiscal. Pero creo que es un costo aceptable para tener en el mediano plazo la capacidad de usar en forma plena la política monetaria si las contingencias lo requieren (máxime considerando las mencionadas limitaciones políticas para usar política fiscal).

Un comentario al margen. No me resulta ajeno el clima enrarecido previo al ballottage del 22 de noviembre (y agradezco estar en el frío y oscuro invierno danés). Al respecto escribiré la semana que viene.


Encuesta sobre blogs y política

18/02/2015

Juan Sánchez, doctorando en Marketing en la Universidad de Valencia, me pidió que publique una invitación a participar en una encuesta anónima sobre los efectos que la lectura de blogs políticos tiene en la adopción de roles políticos más participativos (breve, lleva 8-12 minutos). Le servirá para completar su tesis doctoral. Copio su mensaje, que incluye el link a la encuesta: 

Hola a todos,

Mi nombre es Juan Mª Sánchez y soy estudiante de Doctorado en Marketing en la Universitat de València (España). Actualmente estoy desarrollando mi tesis doctoral, que se centra en las relaciones existentes entre la interactividad a través de Internet y la adopción de roles políticos más participativos.

Me gustaría solicitar su colaboración para poder concluir el apartado práctico de mi tesis. Para ello, necesito que cliquen en el enlace que figura a continuación y que completen el breve cuestionario que figura en dicha página web.

Como verán, es un cuestionario sencillo que se responde en apenas 8-12 minutos (reales) y en el que se plantean una serie de enunciados sobre factores relacionados con la lectura de blogs y la participación política.

Mi investigación carece de finalidad comercial y las contestaciones son completamente anónimas. Tampoco se requieren conocimientos previos ni existen respuestas correctas o erróneas, lo realmente relevante es su libre opinión acerca de los temas planteados.

Clique por favor en este enlace para participar.

Muchas gracias por su colaboración.

Un cordial saludo,

Juan Mª Sánchez Villar

Universitat de València


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