Aborto

14/06/2018

La semana pasada The Economist publicó una nota sobre el debate por la despenalización del aborto en Argentina. Dice que el proyecto puede fracasar en el Congreso (aunque acaba de obtener media sanción en Diputados, en el Senado habría mayor oposición), pero en el futuro otro intento tendrá éxito. Debo admitir que no seguí el debate de cerca. Cada vez que leía algo, mayormente comentarios o notas linkeadas en Twitter me deprimía lo burdo de los argumentos. Creo que lo más inteligente de lo poco que leí es una nota de Laura Serra publicada hoy en La Nación. Su título va al punto: “Aborto, nadie pensó en una alternativa que pudiera contener a todos”. Quizás contentar a todos sea imposible, pero no se exploró un compromiso.

Antes de seguir aclaro mi posición. De tener que elegir entre el status quo y la despenalización del aborto me inclino por lo último. Pero siendo un tema de salud pública prefiero un enfoque más abarcativo que combine al aborto con otras políticas, y que lo regule acordemente. Un ejemplo, controversial por cierto, sería que si una adolescente requiere un aborto, el Estado provée el procedimiento y luego le coloca un dispositivo intrauterino (DIU) para reducir el riesgo de futuros embarazos no deseados (véase este post que resume un trabajo científico sobre la efectividad de esta práctica).

Quienes se oponen al aborto dicen que se está matando y que todas las vidas tienen valor. Quienes lo apoyan dicen que un feto, o un cigoto, no es una persona y no tiene los derechos de una. Ambos tienen algo de razón. Los seres humanos tenemos vida, como los animales. Pero trascendemos nuestro sustrato material al ser también personas conscientes de nosotros mismos. Y casi todo cigoto con el paso del tiempo se transforma en una persona. Por eso los argumentos esgrimidos por “personas” como el ministro Lino Barañao en esta nota publicada en La Nación son falaces.

Basado en esta evidencia científica, el Comité de Ética del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva propuso, en oportunidad de la modificación del Código Civil, una redacción del artículo 19 que decía que si bien la vida humana comienza con la concepción, las características propias de una persona se adquieren a lo largo de la gestación. A pesar de que esta modificación no fue aceptada, pone en claro que para los especialistas, durante las primeras etapas de la gestación, un embrión no es equiparable a un ser humano.

Un cigoto es una persona en potencia, basta dejar el paso del tiempo. Un aborto impide ese resultado. Pero pasemos al otro lado de la grieta. Quienes defienden la despenalización del aborto sostienen que las mujeres embarazadas son dueñas de su cuerpo y pueden hacer lo que quieran con él. Este argumento se puede criticar fácilmente. Basta ver que la eutanasia solamente está permitida en pocos países para darnos cuenta que la sociedad nos pone límites a lo que podemos hacer con nuestros cuerpos. Sin embargo, estoy de acuerdo que una mujer debe tener la última palabra sobre qué hacer con su embarazo no deseado.

Esta situación, un embarazo no deseado, plantea un conflicto de intereses. Por un lado está el feto, persona en potencia, a quien el Estado debe defender. Por el otro lado está la mujer, que tiene sus razones para no llevar el embarazo a término, y a quien el Estado también debe defender. En mi opinión, la solución, muy salomónica por cierto, sería despenalizar el aborto utilizando herramientas de política y regulaciones para que el número de abortos en lugar de subir se reduzca.

Una vez que el aborto esté despenalizado, los opositores al mismo debieran volcarse en masa en apoyo de medidas de educación sexual que reduzcan el número de embarazos no deseados. Hasta la Iglesia católica quizás empiece a repartir preservativos a la salida de misa.

Y hablando de la Iglesia quisera notar lo siguiente. Si son tan férreos defensores de la vida desde el momento de la concepción, ¿por qué no hacen nada para reducir el número de abortos espontáneos? Si uno realiza una búsqueda en internet de “research into the prevention of miscarriage” o “investigación para la prevención de abortos espontáneos” no hay ningún resultado donde aparezca la Iglesia, ni siquiera dando su apoyo moral. Para mí es otro ejemplo más de hipocresía eclesiástica (recordar abusos de menores).

Para terminar recuerdo uno de los argumentos pro aborto que más me indignaron. Se puede ver en un hilo de Twitter recogido en este post. Copio el argumento:

Estás en una clínica de fertilidad. La razón no importa. Salta la alarma de incendios. Corres buscando la salida. Vas por un pasillo y oyes a un niño gritando. Abres la puerta y ves a un niño de cinco años llorando y pidiendo ayuda. Está en la esquina de la habitación. En la otra esquina ves un contenedor congelado que pone “1000 embriones humanos viables”. Se llena todo de humo y empiezas a asfixiarte. Sabes que puedes llevarte al niño o al contenedor, pero no ambos antes de asfixiarte y morir, y no salvar a nadie. ¿Salvas A) al niño, o B) a los mil embriones? 

El twittero sigue jactándose que nunca en diez años un opositor al aborto le contestó A o B. Que “todos entendemos que la respuesta correcta es A. Un niño humano vale más que mil embriones…Porque no son lo mismo, ni moralmente, ni éticamente, ni biológicamente”. Y termino de copiarlo. Ahora paso a destruir este argumento. 

Primero, quizás lo más obvio. El twittero empieza diciendo “la razón no importa”. Pero, ¿si lo que sucede es que la Tierra se está destruyendo y la clínica de fertilidad está produciendo embriones para enviar a otro planeta habitable, Marte digamos, la respuesta obvia sería B, no? Alguien dirá que mi argumento es de ciencia ficción, muy tirado por los pelos. Pero lo vi en la película Interestelar. El argumento del twittero también es tirado por los pelos, y no lo vi en ninguna película. Más importante: no es original. Es una paráfrasis del dilema del tranvía de la filósofa Phillipa Foot, que dice sencillamente lo siguiente:

Un tranvía corre fuera de control por una vía. En su camino se hallan cinco personas atadas a la vía por un filósofo malvado. Afortunadamente, es posible accionar un botón que encaminará al tranvía por una vía diferente, por desgracia, hay otra persona atada a ésta. ¿Debería pulsarse el botón?

Tomar una decisión activa para salvar a cinco personas no es éticamente correcto porque implica un daño directamente asociado a la acción. No hay respuesta correcta. Por eso es un dilema. Igual que el argumento del twittero.

Para cerrar con humor una escena del dilema del tranvía de la serie The Good Place, que también nos sirve para recordar que debatir temas como el aborto en abstracto no es lo mismo que vivirlos en concreto. 

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Deterioro en las expectativas

08/02/2018

A fines del año pasado el gobierno anunció cambios en las metas de inflación. Pocas semanas más tarde forzó al Banco Central a bajar la tasa de interés (éste lo había hecho en un principio por 75 puntos básicos y una semana más tarde recortó las tasas otros 75 puntos básicos). El gobierno buscaba de esta forma estimular la economía para crecer más en un contexto en el que el triufo electoral del año pasado no habría incentivado la llegada masiva de inversiones.

Sin embargo parece que la jugada hubiera salido mal. El último relevamiento de expectativas de mercado del Banco Central muestra un aumento en la inflación esperada y una caída en el crecimiento esperado. En efecto, la inflación esperada aumentó en un mes de 17,4% a 19,4% pero el crecimiento esperado para 2018 pasó de 3,2% a 3%. ¿Cómo se explica esto? 

La teoría nos dice que una política monetaria más laxa (o menos contractiva) debiera tener efectos positivos tanto en la inflación como en el nivel de actividad. A mi entender lo que sucedió es que al anunciar el gobierno el cambio en las metas de inflación, y además hacerlo diciendo que la suba de las tasas después de las elecciones había quitado aire a la recuperación de la economía, fue interpretado por el mercado como una señal que las cosas no están bien.

En efecto, las expectativas influyen en el equilibrio económico, y las noticias afectan las expectativas. Las acciones de fin de año del gobierno constituyeron malas noticias que el mercado usó para adaptar sus expectativas. Y este deterioro de las expectativas probablemente tenga efectos negativos sobre la actividad económica (hay trabajos académicos sobre esto, com por ejemplo este de Nir Jaimovich y Sergio Rebelo publicado en el AER en 2009). Esto último lo podemos ver reflejado en el siguiente cuadro de Federico Muñoz que vi en Twitter:

La línea celeste es el riesgo país de Argentina, mientras que la roja es un promedio de Brasil, Colombia, Perú y Uruguay. Ambas muestran una trayectoria común (más volátil para nuestro país) hasta fin del año pasado. En ese momento el riesgo país de nuestro país empieza a ascender mientras que el del resto sigue su trayectoria descendente (nótese que la muestra es previa al aumento en la volatilidad de los mercados internacionales de los últimos días).

El gráfico es claro. La economía no responde mecánicamente a los cambios de política monetaria. También los toma, y la forma en que se anuncian, para actualizar su información, en este caso negativamente.


Cláusula gatillo e inflación

30/01/2018

Empieza la temporada de paritarias y el gobierno desearía que los acuerdo salariales no tenga aumentos mayores al 15% y no incluyan cláusulas gatillo que indexen los salarios a la inflación del año. El problema es que no podrá conseguir ambas cosas. Veamos por que.

Si todas las empresas esperan que la inflación sea del 15%, como se anunció al revisar las metas a fin del año pasado, cada empresa individualmente no querrá que los precios de sus productos se desvíen (mucho) de este promedio. En caso de hacerlo perderán mercado y ganancias. Previendo esto tratarán de acordar aumentos salariales en este nivel.

Solamente en un mundo en el cual todos los agentes económicos confían en la meta inflacionaria del Banco Central (i.e. esperan que en promedio la inflación del año termine en 15%, puede ser mayor o puede ser menor), los acuerdos de precios y salarios se pueden arreglar sin apelar a contratos contingentes.

Si los sindicatos que representan a los trabajadores de una empresa (nótese el sesgo académico de este análisis, asumo sindicatos altruistas que se preocupan por sus afiliados), desconfían de la meta inflacionaria anunciada reclamarán un aumento salarial mayor, o la indexación de la paritaria.

Acá se entiende por qué el gobierno no podrá lograr que haya aumentos salariales acotados sin el uso de mecanismos de indexación: el Banco Central carece de la credibilidad necesaria para tomar en serio la meta de inflación anunciada.

En este sentido tampoco ayuda el Banco Central. Su presidente, Federico Sturzenegger, recientemente hizo declaraciones a favor de no indexar paritarias: 

Aunque en el mercado creen que será difícil que el Central cumpla con su meta del 15%, Sturzenegger también buscó enviarle un mensaje a los gremios. Y así, el economista que el año pasado había sido uno de los grandes impulsores de la cláusula gatillo, esta vez se mostró alineado con el nuevo discurso oficial y dijo que, a diferencia de 2017, “estamos en condiciones de tener negociaciones sin gatillo”. sentenció.

El problema es que mientras cada empresa que determina precios no tiene incentivos a remarcar desmedidamente sus productos si el resto de la economía toma decisiones bajo el supuesto que la inflación será 15%, el Banco Central tiene incentivos a cambiar su comportamiento tomando como dadas las expectativas del resto de la economía.

Este problema de falta de credibilidad de la política monetaria está muy estudiado. En nuestro país nos sirve para entender porque vamos ya por una década de inflación alta en torno del 20-25% anual (el kirchnerismo no se caracteriza por ser creíble). La independencia del Banco Central y motivos reputacionales ayudarían a sostener una baja inflación.

Respecto de la independencia, el Banco Central se pegó un tiro en el pie con las dos bajas sucesivas de tasa de interés en un contexto de alta inflación (proyectando en baso a datos de Inflación Verdadera, la inflación núcleo de enero estaría en 1,8%). Y en cuanto a reputación, Sturzenegger tiene una carrera académica a la que volver en caso que fracase su mandato anti-inflacionario, con lo cual no tiene mucho que perder. Los agentes económicos leen en estos hechos que el Banco Central no tiene excedentes de credibilidad (otro déficit que se suma a los gemelos).

Sugiero que el gobierno y el Banco Central acepten, e incentiven, el uso de cláusulas gatillo en paritarias este año y tomen las decisiones de políticas necesarias (reducción del déficit fiscal, desaceleración del crecimiento de agregados monetarios) para que la inflación sea, en promedio, del 15% anunciado. El resto es cheap talk. 

EXPOST: Un día después de escribir este post, Eduardo van der Kooy en nota publicada en Clarín sugiere que el gobierno estaría dando marcha atrás en su pretensión de aumentos salariales acotados sin cláusula de indexación.

Otro punto crucial lo constituye la discusión de las paritarias que se avecinan. El Gobierno, en su discurso, ha ido de más a menos. Habló primero de un acuerdo que no podría superar el 15% o 16%. Sin la implementación de la cláusula gatillo. Un recurso que le permitió evitar conflictos durante el 2017. Esa idea está ahora en revisión. También, la supuesta inflexibilidad del techo. Macri y Rogelio Frigerio, el ministro del Interior, vienen declarando ahora que las paritarias serán libres.

 


La reforma jubilatoria y el test de Swagel

14/11/2017

La semana pasada estuve unos días en Buenos Aires para participar en la conferencia de Lacea y Lames. El último día pude charlar unos minutos con Sebastián Galiani, secretario de Política Económica. Hablamos de las trabas para implementar las reformas que quiere emprender el gobierno desde el triunfo en las elecciones de octubre. Como ejemplo me dijo que difícilmente se pueda cambiar la fórmula para actualizar las jubilaciones, si luego la Justicia falla en contra. 

Estuve buscando un poco de información sobre el tema y lo mejor que pude encontrar está en la nota de Carlos Pagni que comenté hace dos semanas (nota excelente se cita dos veces)

La fórmula elegida por el kirchnerismo en octubre de 2008 para ajustar [las jubilaciones] es el producto de una mente afiebrada. Combina aumentos de una parte de la recaudación de la Anses en iguales semestres de dos años consecutivos con ajustes salariales de semestres consecutivos. Además, establece un límite de 3% de la variación de recaudación total durante los dos años inmediatos anteriores. Con este método, entre 2009 y 2017, las jubilaciones crecieron 16,7% más que los salarios y 36% más que los recursos de la Anses.

En un proceso de reducción inflacionaria esa receta es insostenible. Aumenta las jubilaciones según mejoras salariales antiguas, de cuando había más inflación. No preserva el poder adquisitivo, sino que lo incrementa todo el tiempo. Por esta dinámica, en 2020, con ingresos estables, habría un déficit previsional de 2,3% del PBI.

El Gobierno se propone una nueva fórmula, basada en el aumento de precios y/o salarios, homologable con la OCDE…

Tiene razón Galiani cuando dice que aunque desde una óptica económica el cambio es pasar de una fórmula irracional a otra que es práctica común en países normales, la Justicia puede aceptar que la locura es un derecho adquirido y derrumbar cualquier intento de reforma. 

Antes de opinar desde el llano suelo tratar (no siempre) de aplicar lo que llamo el “test de Swagel”. Phillip Swagel trabajó unos años en el Tesoro norteamericano, en particular durante la crisis de 2008. Fruto de su experiencia escribió un artículo publicado en Brookings Papers on Economic Activity titulado “The Financial Crisis: An Inside View”. Quizás leerlo hoy en día no aporte mucho. Salvo por estos párrafos: 

The problem with this criticism is that Secretary Paulson never would have gotten legislative authority if he had proposed from the start to inject capital into banks. The secretary truly intended to buy assets—this was absolutely the plan; the TARP focused on asset purchases and was not a bait-and-switch maneuver to inject capital. But Secretary Paulson would have gotten zero votes from Republican members of the House of Representatives for a proposal that would have been portrayed as nationalizing the banking system. And Democratic House members would not have voted for the proposal without the bipartisan cover of votes from Republicans. This was simply a political reality—and a binding constraint on the Treasury. The calls from academics to inject capital were helpful, however, in lending support for the eventual switch to capital injections (even though at times the vitriolic criticism was frustrating in that it was so politically oblivious).

A similar calculus applies to suggestions that holders of bank debt should have been compelled to accept a debt-for-equity swap. As Luigi Zingales (2008, p. 4) notes, debt-for-equity swaps could “immediately make banks solid, by providing a large equity buffer.” All that would be required, according to Zingales, was a change in the bankruptcy code. A major change to the bankruptcy law had previously been enacted (for better or for worse, depending on one’s point of view) with the Bankruptcy Abuse Prevention and Consumer Protection Act of 2005, but this was the culmination of years of legislative debate. Thus, the idea of a further instantaneous change in the bankruptcy code was unrealistic. Indeed, efforts to make such changes in the middle of the crisis would have reopened the debate over the 2005 act, along with controversial provisions such as the mortgage cramdown. The simple truth is that it was not feasible to force a debt-for-equity swap or to rapidly enact the laws necessary to make this feasible. To academics who made this suggestion to me directly, my response was to gently suggest that they spend more time in Washington.

El test de Swagel es básicamente uno de factibilidad política, legal y regulatoria. Estudiar la eficiencia de alguna política económica usando un modelo es una cosa. Implementar estas ideas es algo enteramente diferente.

El tema previsional es uno que he tratado repetidas veces en el blog (ver acá, o acá donde propongo llevar a 40 los años de aportes para acceder a una jubilación plena). Habiendo pensado sobre la propuesta de cambiar la fórmula de actualización de las jubilaciones con el test de Swagel, tengo una sugerencia para hacerle al gobierno: que proponga el cambio como temporario hasta que la inflación baje al 5% anual (o por cinco años en caso que no logre cumplir con esta meta inflacionaria).

Si como dice Pagni el problema es que la actual fórmula es inviable en un proceso deflacionario, una ley que lo contemple en forma explícita y que tenga esta salvaguarda le daría a la Corte Suprema un argumento para declarar que no viola derechos individuales pues toma el interés de la sociedad en su conjunto. Por supuesto esto requiere que la consistencia de la macroeconomía sea vista como un “bien público”, y cierta plasticidad política de la Corte. 


Inflaciones comparadas: Argentina y EEUU

04/10/2017

En estos días en EEUU se está discutiendo si la Reserva Federal debiera subir o no la tasa de interés de referencia antes de fin de año. El principal argumento para hacerlo es que el mercado laboral presenta un nivel de desempleo muy bajo. En espejo el principal argumento para no subir las tasas es que a pesar de los buenos números de empleo, los salarios reales están subiendo a tasas muy bajas. Y por ende, al no haber presión de costos la inflación es baja, bien dentro de los objetivos de la Reserva Federal.

En mi opinión el argumento para no subir las tasas porque la inflación es baja está equivocado. Y lo está porque no contempla las razones para que los salarios no suban. Esto puede deberse a factores estructurales del mercado laboral. O, más probablemente, a una baja tasa de crecimiento de la productividad. Si lo que pasa en EEUU es que la productividad está estancada lo que se necesita (si es que se necesita alguna medida de política pues puede deberse a reacciones rezagadas al shock de la Gran Recesión que cambió la importancia relativa de ciertos sectores en la economía), son reformas estructurales, no política monetaria.

El siguiente gráfico muestra que después de la Gran Recesión y la recuperación posterior, la Reserva Federal ha sido muy eficaz en conseguir su objetivo de inflación baja. Para haber logrado una recuperación del empleo más rápida debería haber logrado bajar las tasas de interés a niveles negativos. Pero esto, por más que varios académicos se esfuercen en mostrar que es factible (ejemplo, Miles Kimball que está visitando el Banco de España esta semana), no lo veo políticamente viable.


Por eso, como recomendé hace un par de años, es importante que la Reserva Federal suba la tasa de interés para tener poder de fuego con el cual enfrentar la próxima recesión (recordemos que Olivier Blanchard el año pasado también utilizó este argumento).

En el caso de la Argentina, los medios de comunicación repiten que a pesar que el Banco Central no va a cumplir con su meta de inflación de este año, es un gran mérito el haber logrado bajarla a la mitad. Me parece una tontería. Como vengo sosteniendo hace meses, la inflación dejó de bajar a mediados del año pasado. Como bien argumentó Carlos Rodríguez en Twitter, con un gráfico que copio abajo, lo que tuvimos fue un aumento del nivel de precios por la devaluación del diciembre de 2015 que se vio reflejado como un aumento en la inflación. Además, el gráfico muestra como la inflación está oscilando entre 20 y 25% desde 2010, con picos por las devaluaciones de principios de 2014 y finales de 2015.

Una comparación de estos dos gráficos muestra una dinámica estable en cada caso. Para EEUU de baja inflación, que a lo sumo despierta el interés por los motivos que hacen que, a diferencia de otras recuperaciones, no haya mayores presiones inflacionarias (no solo en EEUU, en Europa se preguntan lo mismo). En Argentina, vemos una estabilidad en altos niveles de inflación que refleja uno de los costos de gobernar gastando por encima de nuestras posibilidades. Y también muestra el hiper gradualismo del “ajuste” del gobierno de Macri. Sin más voluntad política la convergencia a un dígito de acá a dos años será otra quimera más (y la inflación de septiembre parece que cerró hacia arriba, lejos de la meta aggiornada de terminar el año con 1% mensual, pero eso lo dejamos para la semana que viene).


Inflación de marzo y Precios Translúcidos

11/04/2017

Según Inflación Verdadera, la inflación de marzo fue 1,45%. Esto representa una leve reducción respecto del valor de febrero que fue de 1,6%, y un acumulado para el primer trimestre de 5,4%. Como dije el mes pasado:

El trabajo para llevar la inflación del 23% actual a niveles compatibles con la meta del 17% del BCRA está en manos de los gobiernos de Macri y Vidal, y consiste en lograr cerrar paritarias en el sector público por debajo del 20%.

En los últimos días hubo avances en la Provincia de Buenos Aires al empezar a quebrarse la resistencia de los gremios docentes. Más allá del retroceso del paro de hoy, es muy probable que en las próximas semanas se llegue a un acuerdo compatible con la pauta inflacionaria (mi pronóstico sigue siendo una inflación núcleo de 19% más menos dos puntos porcentuales).

Con respecto al programa de Precios Transparentes, que se aplicó en febrero de este año y que recientemente fue casi derogado, Juan Carlos de Pablo escribió una muy buena nota en La Nación este domingo, en la forma de una entrevista imaginaria con un economista heterodoxo. Como esta nota cubre un inquietante vacío (esperaba más reflexiones de los economistas del comportamiento) la copio casi íntegra

Todas las anécdotas de quienes compraron una alfombra en algún país árabe incluyen un sustancial proceso de regateo, que puede durar muchas horas, arrancando con números muy diferentes entre el que canta quien pretende vender y el que contraoferta quien desea comprar. ¿Se imagina, en alguno de dichos países, que el gobierno aprobara una legislación destinada a “transparentar” los precios? Es lo que hace poco intentó hacer el gobierno argentino y tuvo que dar marcha atrás. ¿Es que nosotros preferimos que los precios no sean transparentes?

Al respecto entrevisté al norteamericano Frederic Sterling Lee (1949-2014)…

-¿Hay una teoría neoclásica de los precios y otra postkeynesiana?

-Algunos enfoques se basan en contextos macroeconómicos calmos, donde lo único que ocurre es el fenómeno que se analiza; otros enfatizan que los fenómenos ocurren en contextos de alta incertidumbre, tiempo real, irreversibilidad, etcétera. Se trata de una cuestión empírica: el economista que está analizando una situación concreta tiene que entender el contexto en el cual está inserta.

-Que se obligue a explicitar el costo del financiamiento en la compra a crédito de bienes durables, ¿es una idea buena o mala?

-No conozco economistas austríacos, marxistas, clásicos o keynesianos que recomienden que los oferentes les mientan a sus potenciales clientes cuando dan a conocer las condiciones en las cuales pretenden vender sus productos. ¿Por qué habrían de hacer eso?

-Pero en la Argentina 2017, la denominada transparencia redujo las compras de dichos bienes, hasta tal punto que el Poder Ejecutivo dio marcha atrás con la medida que había adoptado pocas semanas antes. ¿Así que esquemas tipo “12 cuotas sin interés” alienta las compras?

-No está para nada claro que la retracción de compras se haya debido a la medida introducida. Además se había puesto en práctica hacía muy poco y, por consiguiente, las decisiones y las conductas se estaban acomodando. Los productores que pícaramente mantuvieron el precio de contado y aumentaron el financiado estaban sufriendo la consiguiente caída en el volumen de sus ventas, y hubieran terminado revisando sus decisiones iniciales.

-¿Por qué cayó la venta de algunos bienes durables, entonces?

-Probablemente, por lo que en 1931 dijo Friedrich August von Hayek.

-¿Un postkeynesiano citando a Hayek?

-Cuando su análisis resulta relevante, sí. Hayek se inmortalizó en Inglaterra, cuando en medio de la Gran Crisis afirmó que quien se compra un sobretodo un mes, está generando la crisis textil del mes siguiente. Una barbaridad en aquel entonces, pero que a veces puede ser cierta.

-Explíquese…

-“Doce cuotas sin interés” era una mentira, porque siempre se carga algún interés en las compras a plazos. Pero si, como consecuencia de aquel financiamiento, los argentinos adelantaron las compras de heladeras, licuadoras, teléfonos celulares o prendas de vestir, durante algún tiempo no comprarán, por más transparentes que sean los precios.

-Aclárelo, por favor.

-En el caso de un bien durable, su dueño deriva bienestar cada vez que lo usa, pero demanda una nueva unidad cada tanto. Si por haber adelantado compras tenemos zapatos o autos recién estrenados, demoraremos en reponerlos. Los fabricantes de bienes durables saben que sus ventas oscilan mucho más que las de bienes no durables, como queso fresco o mortadela. De manera que, para ellos, en las épocas malas, las vacas son muy flacas y en las épocas de las vacas gordas tienen que ahorrar.

-Moraleja.

-El Poder Ejecutivo no debería modificar muy seguido las medidas que adopta, porque confunde en vez de aclarar.

-Don Frederic, muchas gracias.

Sigo pensando que la idea detrás de Precios Transparentes era excelente. Quizás hubo un error en la estimación del impacto del programa en un contexto de alta inflación. Ciertamente hubo premura en cortarle las piernas. Comparto la última frase de la nota de de Pablo: “El Poder Ejecutivo no debería modificar muy seguido las medidas que adopta, porque confunde en vez de aclarar”. Más claro imposible.

EXPOST: Ayer el INDEC anunció los indicadores de inflación de marzo con 2,4% para el IPC y 1,8% para la inflación núcleo con un acumulado de esta última para el primer trimestre de 4,9%, en línea con el acumulado de Inflación Verdadera reportado en el post. Más importante es que el Banco Central finalmente subió la tasa de interés para frenar la inflación. Más vale tarde que nunca.

 


Efectivo, ganancias y PISA

14/12/2016

La semana pasada Lucas Llach twiteó lo siguiente

Como me pareció medio burro pensar que eliminar el efectivo pueda llegar a reducir la incidencia del crimen le respondí lo siguiente

Entiendo que el Banco Central, del cual Lucas es vicepresidente, quiera impulsar medios electrónicos de pago por una cantidad de razones. En mi opinión deberían dedicarse un 100% a otras cosas que son mucho más importantes que esto (hoy en día si Argentina elimina el peso lo único que se va a conseguir es que el dólar sea usado para transacciones cotidianas). Guillermo Calvo diría que están bailando en el Titanic.

Con respecto al impuesto a las ganancias y la torpeza con que el gobierno envió su proyecto al Congreso vale la pena leer la nota que escribió Carlos Pagni en La Nación el lunes.

La reacción de la Casa Rosada ante el revés desnudó que el problema es más delicado que un contratiempo operativo. Macri y sus voceros explicaron que, en vez de perder, habían ganado, porque ahora se corroboró que Cambiemos es lo nuevo. Y que Sergio Massa es un falso renovador, atrapado como todo el peronismo en el pasado kirchnerista. El defecto de esta respuesta no es que sea mentirosa. Es inadecuada. Es cierto que Massa negoció con Máximo Kirchner y se hizo expresar por Axel Kicillof. También es cierto que Margarita Stolbizer votó con el dueño de Hotesur. Pero esos argumentos alimentan el marketing. No resuelven una crisis de gobierno. Es como si alguien a quien le destruyeron la casa, se justificara ante sus hijos diciendo que los agresores eran unos forajidos. Es decir: el modo que elige Macri para estigmatizar a sus rivales es autodestructivo. Porque lo que logró el peronismo la semana pasada es agigantar una de las incógnitas más sensibles del programa económico: cómo financiar el déficit fiscal sin aumentar la presión impositiva. De modo que, con tal de dañar la imagen de sus adversarios para las próximas elecciones, el Presidente daña su imagen de administrador.

Ayer la discusión en el Senado fue puesta en pausa (supongo que para permitirle al gobierno usar la Banelco). Vale la pena recalcar que en la Argentina el impuesto a las ganancias es un impuesto de clase que pagan los más ricos (entre el 10 y 20%). En la mayoría del mundo desarrollado el impuesto a las ganancias es un impuesto masivo que paga todo el mundo, pero al ser progresivo los más ricos pagan una alícuota mayor.

En los EEUU el gobierno federal empezó a cobrar impuesto a las ganancias (income tax) en 1913. Inicialmente era marginal pero las necesidades de la Primera Guerra Mundial llevaron a expandir el impuesto de forma tal que 20% de la base imponible pagaba y la alícuota mayor era del 77%. Entre 1913 y 1921 los Demócratas estaban en el poder, pero de 1921 a 1933 gobiernan los Republicanos y una de sus banderas de campaña era abolir este impuesto (igual que Macri). Si bien no lo hicieron redujeron la alícuota máxima al 25% y solamente pagaba el 10% más rico.

Cuando los Demócratas vuelven al poder con Franklin Roosevelt como presidente se aumenta la alícuota máxima al 79% en 1937 pero sin expandir la base tributaria. Recién cuando EEUU entra en guerra en 1941 se expande la base hasta el punto que en 1945 el 85% de los norteamericanos pagaba impuesto a las ganancias. Cuando la guerra terminó el sistema tributario permaneció intacto reflejando un acuerdo tácito entre Demócratas y Republicanos. Los primeros aceptaban que ciudadanos de ingresos medios y bajos paguen a cambio de una mayor tasa sobre los ricos. Y los segundos aceptaban que los ricos paguen mientras todos los ciudadanos fueran alcanzados.

La universalización del impuesto a las ganancias debido a la necesidad de recursos para una guerra se ve en otros países (ver este documento de trabajo de Juliana Vélez, una estudiante de doctorado en Berkeley). Nosotros no hemos tenido una guerra que haya requerido movilizar al menos el 2% de la población, pero hemos sufrido hiperinflaciones, defaults, y (casi) todo tipo de crisis en las últimas décadas. Deberíamos seguir el camino de la universalización de ganancias. Pero no.

Finalmente, una de las noticias de la semana que pasó es la exclusión de la Argentina de los resultados de las pruebas PISA por manipulación de la muestra durante el último gobierno. Tampoco se salva Macri porque los buenos resultados de CABA se explican porque a los alumnos seleccionados se los preparó para la prueba. Hecha la ley hecha la trampa. Igual no es necesario ver los resultados de las PISA para medir lo ignorantes que somos. Basta con ver la proliferación de películas dobladas en los cines y la casi extinción de las versiones originales con subtítulos. Por un lado el espectador medio no sabe leer, y por el otro se recurre a la solución populista del doblaje en lugar de mejorar la enseñanza. Argentina potencia.

 

 


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