La reforma jubilatoria y el test de Swagel

14/11/2017

La semana pasada estuve unos días en Buenos Aires para participar en la conferencia de Lacea y Lames. El último día pude charlar unos minutos con Sebastián Galiani, secretario de Política Económica. Hablamos de las trabas para implementar las reformas que quiere emprender el gobierno desde el triunfo en las elecciones de octubre. Como ejemplo me dijo que difícilmente se pueda cambiar la fórmula para actualizar las jubilaciones, si luego la Justicia falla en contra. 

Estuve buscando un poco de información sobre el tema y lo mejor que pude encontrar está en la nota de Carlos Pagni que comenté hace dos semanas (nota excelente se cita dos veces)

La fórmula elegida por el kirchnerismo en octubre de 2008 para ajustar [las jubilaciones] es el producto de una mente afiebrada. Combina aumentos de una parte de la recaudación de la Anses en iguales semestres de dos años consecutivos con ajustes salariales de semestres consecutivos. Además, establece un límite de 3% de la variación de recaudación total durante los dos años inmediatos anteriores. Con este método, entre 2009 y 2017, las jubilaciones crecieron 16,7% más que los salarios y 36% más que los recursos de la Anses.

En un proceso de reducción inflacionaria esa receta es insostenible. Aumenta las jubilaciones según mejoras salariales antiguas, de cuando había más inflación. No preserva el poder adquisitivo, sino que lo incrementa todo el tiempo. Por esta dinámica, en 2020, con ingresos estables, habría un déficit previsional de 2,3% del PBI.

El Gobierno se propone una nueva fórmula, basada en el aumento de precios y/o salarios, homologable con la OCDE…

Tiene razón Galiani cuando dice que aunque desde una óptica económica el cambio es pasar de una fórmula irracional a otra que es práctica común en países normales, la Justicia puede aceptar que la locura es un derecho adquirido y derrumbar cualquier intento de reforma. 

Antes de opinar desde el llano suelo tratar (no siempre) de aplicar lo que llamo el “test de Swagel”. Phillip Swagel trabajó unos años en el Tesoro norteamericano, en particular durante la crisis de 2008. Fruto de su experiencia escribió un artículo publicado en Brookings Papers on Economic Activity titulado “The Financial Crisis: An Inside View”. Quizás leerlo hoy en día no aporte mucho. Salvo por estos párrafos: 

The problem with this criticism is that Secretary Paulson never would have gotten legislative authority if he had proposed from the start to inject capital into banks. The secretary truly intended to buy assets—this was absolutely the plan; the TARP focused on asset purchases and was not a bait-and-switch maneuver to inject capital. But Secretary Paulson would have gotten zero votes from Republican members of the House of Representatives for a proposal that would have been portrayed as nationalizing the banking system. And Democratic House members would not have voted for the proposal without the bipartisan cover of votes from Republicans. This was simply a political reality—and a binding constraint on the Treasury. The calls from academics to inject capital were helpful, however, in lending support for the eventual switch to capital injections (even though at times the vitriolic criticism was frustrating in that it was so politically oblivious).

A similar calculus applies to suggestions that holders of bank debt should have been compelled to accept a debt-for-equity swap. As Luigi Zingales (2008, p. 4) notes, debt-for-equity swaps could “immediately make banks solid, by providing a large equity buffer.” All that would be required, according to Zingales, was a change in the bankruptcy code. A major change to the bankruptcy law had previously been enacted (for better or for worse, depending on one’s point of view) with the Bankruptcy Abuse Prevention and Consumer Protection Act of 2005, but this was the culmination of years of legislative debate. Thus, the idea of a further instantaneous change in the bankruptcy code was unrealistic. Indeed, efforts to make such changes in the middle of the crisis would have reopened the debate over the 2005 act, along with controversial provisions such as the mortgage cramdown. The simple truth is that it was not feasible to force a debt-for-equity swap or to rapidly enact the laws necessary to make this feasible. To academics who made this suggestion to me directly, my response was to gently suggest that they spend more time in Washington.

El test de Swagel es básicamente uno de factibilidad política, legal y regulatoria. Estudiar la eficiencia de alguna política económica usando un modelo es una cosa. Implementar estas ideas es algo enteramente diferente.

El tema previsional es uno que he tratado repetidas veces en el blog (ver acá, o acá donde propongo llevar a 40 los años de aportes para acceder a una jubilación plena). Habiendo pensado sobre la propuesta de cambiar la fórmula de actualización de las jubilaciones con el test de Swagel, tengo una sugerencia para hacerle al gobierno: que proponga el cambio como temporario hasta que la inflación baje al 5% anual (o por cinco años en caso que no logre cumplir con esta meta inflacionaria).

Si como dice Pagni el problema es que la actual fórmula es inviable en un proceso deflacionario, una ley que lo contemple en forma explícita y que tenga esta salvaguarda le daría a la Corte Suprema un argumento para declarar que no viola derechos individuales pues toma el interés de la sociedad en su conjunto. Por supuesto esto requiere que la consistencia de la macroeconomía sea vista como un “bien público”, y cierta plasticidad política de la Corte. 

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Inflaciones comparadas: Argentina y EEUU

04/10/2017

En estos días en EEUU se está discutiendo si la Reserva Federal debiera subir o no la tasa de interés de referencia antes de fin de año. El principal argumento para hacerlo es que el mercado laboral presenta un nivel de desempleo muy bajo. En espejo el principal argumento para no subir las tasas es que a pesar de los buenos números de empleo, los salarios reales están subiendo a tasas muy bajas. Y por ende, al no haber presión de costos la inflación es baja, bien dentro de los objetivos de la Reserva Federal.

En mi opinión el argumento para no subir las tasas porque la inflación es baja está equivocado. Y lo está porque no contempla las razones para que los salarios no suban. Esto puede deberse a factores estructurales del mercado laboral. O, más probablemente, a una baja tasa de crecimiento de la productividad. Si lo que pasa en EEUU es que la productividad está estancada lo que se necesita (si es que se necesita alguna medida de política pues puede deberse a reacciones rezagadas al shock de la Gran Recesión que cambió la importancia relativa de ciertos sectores en la economía), son reformas estructurales, no política monetaria.

El siguiente gráfico muestra que después de la Gran Recesión y la recuperación posterior, la Reserva Federal ha sido muy eficaz en conseguir su objetivo de inflación baja. Para haber logrado una recuperación del empleo más rápida debería haber logrado bajar las tasas de interés a niveles negativos. Pero esto, por más que varios académicos se esfuercen en mostrar que es factible (ejemplo, Miles Kimball que está visitando el Banco de España esta semana), no lo veo políticamente viable.


Por eso, como recomendé hace un par de años, es importante que la Reserva Federal suba la tasa de interés para tener poder de fuego con el cual enfrentar la próxima recesión (recordemos que Olivier Blanchard el año pasado también utilizó este argumento).

En el caso de la Argentina, los medios de comunicación repiten que a pesar que el Banco Central no va a cumplir con su meta de inflación de este año, es un gran mérito el haber logrado bajarla a la mitad. Me parece una tontería. Como vengo sosteniendo hace meses, la inflación dejó de bajar a mediados del año pasado. Como bien argumentó Carlos Rodríguez en Twitter, con un gráfico que copio abajo, lo que tuvimos fue un aumento del nivel de precios por la devaluación del diciembre de 2015 que se vio reflejado como un aumento en la inflación. Además, el gráfico muestra como la inflación está oscilando entre 20 y 25% desde 2010, con picos por las devaluaciones de principios de 2014 y finales de 2015.

Una comparación de estos dos gráficos muestra una dinámica estable en cada caso. Para EEUU de baja inflación, que a lo sumo despierta el interés por los motivos que hacen que, a diferencia de otras recuperaciones, no haya mayores presiones inflacionarias (no solo en EEUU, en Europa se preguntan lo mismo). En Argentina, vemos una estabilidad en altos niveles de inflación que refleja uno de los costos de gobernar gastando por encima de nuestras posibilidades. Y también muestra el hiper gradualismo del “ajuste” del gobierno de Macri. Sin más voluntad política la convergencia a un dígito de acá a dos años será otra quimera más (y la inflación de septiembre parece que cerró hacia arriba, lejos de la meta aggiornada de terminar el año con 1% mensual, pero eso lo dejamos para la semana que viene).


Inflación de marzo y Precios Translúcidos

11/04/2017

Según Inflación Verdadera, la inflación de marzo fue 1,45%. Esto representa una leve reducción respecto del valor de febrero que fue de 1,6%, y un acumulado para el primer trimestre de 5,4%. Como dije el mes pasado:

El trabajo para llevar la inflación del 23% actual a niveles compatibles con la meta del 17% del BCRA está en manos de los gobiernos de Macri y Vidal, y consiste en lograr cerrar paritarias en el sector público por debajo del 20%.

En los últimos días hubo avances en la Provincia de Buenos Aires al empezar a quebrarse la resistencia de los gremios docentes. Más allá del retroceso del paro de hoy, es muy probable que en las próximas semanas se llegue a un acuerdo compatible con la pauta inflacionaria (mi pronóstico sigue siendo una inflación núcleo de 19% más menos dos puntos porcentuales).

Con respecto al programa de Precios Transparentes, que se aplicó en febrero de este año y que recientemente fue casi derogado, Juan Carlos de Pablo escribió una muy buena nota en La Nación este domingo, en la forma de una entrevista imaginaria con un economista heterodoxo. Como esta nota cubre un inquietante vacío (esperaba más reflexiones de los economistas del comportamiento) la copio casi íntegra

Todas las anécdotas de quienes compraron una alfombra en algún país árabe incluyen un sustancial proceso de regateo, que puede durar muchas horas, arrancando con números muy diferentes entre el que canta quien pretende vender y el que contraoferta quien desea comprar. ¿Se imagina, en alguno de dichos países, que el gobierno aprobara una legislación destinada a “transparentar” los precios? Es lo que hace poco intentó hacer el gobierno argentino y tuvo que dar marcha atrás. ¿Es que nosotros preferimos que los precios no sean transparentes?

Al respecto entrevisté al norteamericano Frederic Sterling Lee (1949-2014)…

-¿Hay una teoría neoclásica de los precios y otra postkeynesiana?

-Algunos enfoques se basan en contextos macroeconómicos calmos, donde lo único que ocurre es el fenómeno que se analiza; otros enfatizan que los fenómenos ocurren en contextos de alta incertidumbre, tiempo real, irreversibilidad, etcétera. Se trata de una cuestión empírica: el economista que está analizando una situación concreta tiene que entender el contexto en el cual está inserta.

-Que se obligue a explicitar el costo del financiamiento en la compra a crédito de bienes durables, ¿es una idea buena o mala?

-No conozco economistas austríacos, marxistas, clásicos o keynesianos que recomienden que los oferentes les mientan a sus potenciales clientes cuando dan a conocer las condiciones en las cuales pretenden vender sus productos. ¿Por qué habrían de hacer eso?

-Pero en la Argentina 2017, la denominada transparencia redujo las compras de dichos bienes, hasta tal punto que el Poder Ejecutivo dio marcha atrás con la medida que había adoptado pocas semanas antes. ¿Así que esquemas tipo “12 cuotas sin interés” alienta las compras?

-No está para nada claro que la retracción de compras se haya debido a la medida introducida. Además se había puesto en práctica hacía muy poco y, por consiguiente, las decisiones y las conductas se estaban acomodando. Los productores que pícaramente mantuvieron el precio de contado y aumentaron el financiado estaban sufriendo la consiguiente caída en el volumen de sus ventas, y hubieran terminado revisando sus decisiones iniciales.

-¿Por qué cayó la venta de algunos bienes durables, entonces?

-Probablemente, por lo que en 1931 dijo Friedrich August von Hayek.

-¿Un postkeynesiano citando a Hayek?

-Cuando su análisis resulta relevante, sí. Hayek se inmortalizó en Inglaterra, cuando en medio de la Gran Crisis afirmó que quien se compra un sobretodo un mes, está generando la crisis textil del mes siguiente. Una barbaridad en aquel entonces, pero que a veces puede ser cierta.

-Explíquese…

-“Doce cuotas sin interés” era una mentira, porque siempre se carga algún interés en las compras a plazos. Pero si, como consecuencia de aquel financiamiento, los argentinos adelantaron las compras de heladeras, licuadoras, teléfonos celulares o prendas de vestir, durante algún tiempo no comprarán, por más transparentes que sean los precios.

-Aclárelo, por favor.

-En el caso de un bien durable, su dueño deriva bienestar cada vez que lo usa, pero demanda una nueva unidad cada tanto. Si por haber adelantado compras tenemos zapatos o autos recién estrenados, demoraremos en reponerlos. Los fabricantes de bienes durables saben que sus ventas oscilan mucho más que las de bienes no durables, como queso fresco o mortadela. De manera que, para ellos, en las épocas malas, las vacas son muy flacas y en las épocas de las vacas gordas tienen que ahorrar.

-Moraleja.

-El Poder Ejecutivo no debería modificar muy seguido las medidas que adopta, porque confunde en vez de aclarar.

-Don Frederic, muchas gracias.

Sigo pensando que la idea detrás de Precios Transparentes era excelente. Quizás hubo un error en la estimación del impacto del programa en un contexto de alta inflación. Ciertamente hubo premura en cortarle las piernas. Comparto la última frase de la nota de de Pablo: “El Poder Ejecutivo no debería modificar muy seguido las medidas que adopta, porque confunde en vez de aclarar”. Más claro imposible.

EXPOST: Ayer el INDEC anunció los indicadores de inflación de marzo con 2,4% para el IPC y 1,8% para la inflación núcleo con un acumulado de esta última para el primer trimestre de 4,9%, en línea con el acumulado de Inflación Verdadera reportado en el post. Más importante es que el Banco Central finalmente subió la tasa de interés para frenar la inflación. Más vale tarde que nunca.

 


Efectivo, ganancias y PISA

14/12/2016

La semana pasada Lucas Llach twiteó lo siguiente

Como me pareció medio burro pensar que eliminar el efectivo pueda llegar a reducir la incidencia del crimen le respondí lo siguiente

Entiendo que el Banco Central, del cual Lucas es vicepresidente, quiera impulsar medios electrónicos de pago por una cantidad de razones. En mi opinión deberían dedicarse un 100% a otras cosas que son mucho más importantes que esto (hoy en día si Argentina elimina el peso lo único que se va a conseguir es que el dólar sea usado para transacciones cotidianas). Guillermo Calvo diría que están bailando en el Titanic.

Con respecto al impuesto a las ganancias y la torpeza con que el gobierno envió su proyecto al Congreso vale la pena leer la nota que escribió Carlos Pagni en La Nación el lunes.

La reacción de la Casa Rosada ante el revés desnudó que el problema es más delicado que un contratiempo operativo. Macri y sus voceros explicaron que, en vez de perder, habían ganado, porque ahora se corroboró que Cambiemos es lo nuevo. Y que Sergio Massa es un falso renovador, atrapado como todo el peronismo en el pasado kirchnerista. El defecto de esta respuesta no es que sea mentirosa. Es inadecuada. Es cierto que Massa negoció con Máximo Kirchner y se hizo expresar por Axel Kicillof. También es cierto que Margarita Stolbizer votó con el dueño de Hotesur. Pero esos argumentos alimentan el marketing. No resuelven una crisis de gobierno. Es como si alguien a quien le destruyeron la casa, se justificara ante sus hijos diciendo que los agresores eran unos forajidos. Es decir: el modo que elige Macri para estigmatizar a sus rivales es autodestructivo. Porque lo que logró el peronismo la semana pasada es agigantar una de las incógnitas más sensibles del programa económico: cómo financiar el déficit fiscal sin aumentar la presión impositiva. De modo que, con tal de dañar la imagen de sus adversarios para las próximas elecciones, el Presidente daña su imagen de administrador.

Ayer la discusión en el Senado fue puesta en pausa (supongo que para permitirle al gobierno usar la Banelco). Vale la pena recalcar que en la Argentina el impuesto a las ganancias es un impuesto de clase que pagan los más ricos (entre el 10 y 20%). En la mayoría del mundo desarrollado el impuesto a las ganancias es un impuesto masivo que paga todo el mundo, pero al ser progresivo los más ricos pagan una alícuota mayor.

En los EEUU el gobierno federal empezó a cobrar impuesto a las ganancias (income tax) en 1913. Inicialmente era marginal pero las necesidades de la Primera Guerra Mundial llevaron a expandir el impuesto de forma tal que 20% de la base imponible pagaba y la alícuota mayor era del 77%. Entre 1913 y 1921 los Demócratas estaban en el poder, pero de 1921 a 1933 gobiernan los Republicanos y una de sus banderas de campaña era abolir este impuesto (igual que Macri). Si bien no lo hicieron redujeron la alícuota máxima al 25% y solamente pagaba el 10% más rico.

Cuando los Demócratas vuelven al poder con Franklin Roosevelt como presidente se aumenta la alícuota máxima al 79% en 1937 pero sin expandir la base tributaria. Recién cuando EEUU entra en guerra en 1941 se expande la base hasta el punto que en 1945 el 85% de los norteamericanos pagaba impuesto a las ganancias. Cuando la guerra terminó el sistema tributario permaneció intacto reflejando un acuerdo tácito entre Demócratas y Republicanos. Los primeros aceptaban que ciudadanos de ingresos medios y bajos paguen a cambio de una mayor tasa sobre los ricos. Y los segundos aceptaban que los ricos paguen mientras todos los ciudadanos fueran alcanzados.

La universalización del impuesto a las ganancias debido a la necesidad de recursos para una guerra se ve en otros países (ver este documento de trabajo de Juliana Vélez, una estudiante de doctorado en Berkeley). Nosotros no hemos tenido una guerra que haya requerido movilizar al menos el 2% de la población, pero hemos sufrido hiperinflaciones, defaults, y (casi) todo tipo de crisis en las últimas décadas. Deberíamos seguir el camino de la universalización de ganancias. Pero no.

Finalmente, una de las noticias de la semana que pasó es la exclusión de la Argentina de los resultados de las pruebas PISA por manipulación de la muestra durante el último gobierno. Tampoco se salva Macri porque los buenos resultados de CABA se explican porque a los alumnos seleccionados se los preparó para la prueba. Hecha la ley hecha la trampa. Igual no es necesario ver los resultados de las PISA para medir lo ignorantes que somos. Basta con ver la proliferación de películas dobladas en los cines y la casi extinción de las versiones originales con subtítulos. Por un lado el espectador medio no sabe leer, y por el otro se recurre a la solución populista del doblaje en lugar de mejorar la enseñanza. Argentina potencia.

 

 


El NO en Colombia y la guerra como instrumento académico

07/10/2016

El domingo pasado el NO ganó sorpresivamente en el referéndum sobre el acuerdo de paz que el gobierno colombiano había firmado con los líderes de las FARC. Dejo el análisis de este resultado a los expertos colombianos. Aprovecho la excusa para comentar un artículo reciente en Voxeu de Acemoglu, Fergusson, Robinson, Romero, y Vargas. En el mismo describen los efectos negativos de la forma en que se implementó en Colombia la escalada militar de 2002 con incentivos que recompensaban con vacaciones, promociones y otros premios a los militares que mataban guerrilleros.

A major consequence of these higher-powered incentives was a surge in ‘false positives’, where the army killed civilians and falsely portrayed them to be guerilla combatants. These cases are depicted in Figure 1, which shows both incidents producing false positives and the number of people killed in these events. False positives had long existed in Colombia, but increased massively following President Uribe’s state-building project, and started declining only after policies where modified following media revelations of the extent of civilian killings in 2008.

robinsonfig1Si bien en mi opinión la variable en el gráfico debiera estar normalizada por la muertes de guerrilleros que no son falsos positivos, es claro el cambio de tendencia desde 2002. Los autores formulan tres hipótesis que testean con los datos, en particular que el aumento de falsos positivos es mayor en municipalidades donde el poder judicial es más débil. Y que las brigadas comandadas por coroneles tienen más incentivo a matar “guerrilleros” dado que la promoción de coronel a general es la más difícil en el Ejército colombiano.

Los autores del trabajo van más allá y muestran evidencia que la escalada militar tuvo efectos negativos en la (re)construcción del poder del Estado en Colombia.

The evidence we present also shows that the type of top-down state-building strategy that Colombia adopted might not just create a human tragedy, it can backfire in terms of its intended goals. Imagine again those state agents facing strong incentives to kill guerrillas. It will be easier to get away with killing civilians instead when the quality of judicial institutions is lower. Under such circumstances they may take actions to further weaken the local judiciary. The empirical evidence indeed points to a deterioration in the quality of judicial institutions in areas with a high share of brigades commanded by colonels, and perhaps more paradoxically, a worsening of the security situation in such areas (with increases both in guerilla and paramilitary attacks on civilians).

El trabajo de Acemoglu y coautores es muy interesante como ejemplo de lo complejo que es gobernar un país con enormes desafíos como Colombia. Me parece que en Argentina tenemos desafíos menores, pero no triviales (narcotráfico, corrupción enquistada, partido político dominante, cultura populista, etc.). Espero que en unos años leamos artículos similares a éste que nos indiquen errores de las estrategias adoptadas por el gobierno de Macri. Peor sería que no se haga nada y sigamos escribiendo sobre nuestro eterno desencanto.


El rebrote inflacionario

22/09/2016

La semana pasada escribí un post sobre las bajas expectativas que le tenía al mini-Davos (me quedé corto cuando dos días más tarde The Economist, a contramano, informaba a sus lectores que Rosario es la capital de la violencia en Argentina). Recuerdo al lector estas líneas sobre la inflación:

El problema es que los inversores extranjeros saben que la única verdad es la realidad. Mirán el sitio Inflación verdadera y saben que la agresividad con la cual el Banco Central se ve obligado a bajar las tasas de interés está resultando en un repunte de la inflación (de 1,06% mensual el 5 de agosto a 2% un mes más tarde).

El fin de semana, Domingo Cavallo en su blog también escribió sobre el “rebrote” de la inflación (Foco Económico subió anteayer el post de Cavallo). Dice el Mingo,

No se puede atribuir este rebrote inflacionario a causas monetarias. La expansión monetaria ha estado muy contenida, las tasas reales de interés han sido positivas y el tipo de cambio se ha mantenido estable. Por consiguiente hay que buscar las causas en otro lado. Sin duda el ritmo de aumento nominal del gasto público (que se ha acentuado desde julio) y las expectativas de aumentos de salarios por intensificación de los reclamos sindicales deben estar jugando un rol preponderante. Se trata del fenómeno de la inflación inercial al que me referí en posts anteriores.

Si bien es cierto que la política monetaria no causó el rebrote de la inflación, también es cierto que no hizo nada para impedirlo. El mes pasado, pocos días después del fallo de la Corte sobre las tarifas del gas, escribí una nota sobre los desafíos que dicho fallo le implicaba al Banco Central,

¿Cómo reaccionará el BCRA al fallo de la Corte? ¿Tomará el camino político de bajar la tasa, o monetizar el aumento en el déficit, para intentar reactivar la economía? ¿O endurecerá su política para compensar el menor ajuste fiscal (ya que a menor ajuste fiscal más presiones de demanda sobre los precios)?

Usemos la herramienta básica de un macroeconomista para entender porqué las acciones del Banco Central en el último mes han sido inflacionarias. Me refiero al modelo IS-LM de demanda agregada

is-lmEn el eje horizontal tenemos la demanda agregada, Y, y en el vertical la tasa de interés, i (nominal o real ya que es un modelo de corto plazo). El equilibrio se da cuando la curva IS, que captura el equilibrio en los mercados de bienes se cruza con la curva LM, que captura el equilibrio en los mercados financieros. Simplificando, una política monetaria expansiva corre la IS hacia arriba (para un dado nivel de demanda agregada la tasa de interés de equilibrio debe ser mayor), y una política monetaria expansiva corre la LM hacia afuera (para una dada tasa de interés la demanda agregada debe aumentar si aumenta la cantidad de dinero).

En Argentina hoy en día una expansión de la demanda agregada se traduce en un aumento de la inflación ya que el kirchnerismo agotó los efectos de las políticas de demanda en el nivel de producción. Por eso si el gobierno relaja las metas fiscales, como venía haciendo de facto y reconoció en el proyecto de presupuesto para año próximo, y la política monetaria no cambia esto se refleja en mayor inflación. Si el Banco Central fuera independiente y tuviera metas de inflación, la respuesta hubiera sido hacer política contractiva que compensara los efectos de la expansión fiscal.

Pero el Banco Central no es independiente, o al menos no es inmune a presiones políticas  sectoriales.

Pero volvamos al rebrote inflacionario. Cavallo dice que no se debe a causas monetarias. Yo digo que el Banco Central puede hacer más para impedirlo. Quizás los dos tengamos razón. Para cerrar me remito a una nota de Ignacio Olivera Doll publicada ayer en Ámbito Financiero que informa que Sturzenegger le pidió a los bancos que paguen más tasa por sus depósitos

Los signos de menor inflación, que ya confirman la efectividad del ajuste monetario, dieron lugar a Federico Sturzenegger a pensar y avanzar en una segunda batalla con más insistencia: que los argentinos empiecen a recibir a partir de ahora una mejor recompensa de los bancos por el dinero que tienen guardado, y que de este modo se vean más incentivados a ahorrar sus pesos dentro de las entidades…

En los bancos hay quienes califican este avance como un atajo que encuentra a mano el jefe del BCRA para trasladar a los bancos la responsabilidad de reparar los costos de un déficit cuasi fiscal que, en rigor, debería afrontar el Tesoro nacional, y no ellos.

Pero donde Olivera Doll ve una segunda batalla yo veo, como los bancos mencionados en las últimas líneas de su nota, un intento de bajar la inflación con instrumentos no convencionales (bueno, el apriete era común en el kirchnerismo). En efecto, cuando el Banco Central baja la tasa de las Lebac (y ayer se mandó el octavo recorte semanal consecutivo), como no se renueva el stock de títulos que vencen (a menos tasa menos compradores), debe emitir. Lo que Sturzenegger quiere es que los bancos aumenten las tasas que pagan a sus depositantes para que esta masa de liquidez que inyecta en la economía sea absorbida, al menos en parte, por el sistema financiero. Ya que sabe que su política de baja de tasas está echando gasolina al rebrote inflacionario


Julio Hipólito Guillermo Olivera

26/07/2016

Al despertarme esta mañana me encontré con la desagradable noticia que ayer falleció Julio Olivera. Para la mayoría que lo conoce es el co-autor del efecto Olivera-Tanzi (aunque no fue un trabajo conjunto, y la contribución de Vito fue posterior). La idea de este trabajo es muy simple. Si el gasto público es una fracción del ingreso nominal corriente, y los ingresos fiscales son una fracción del ingreso nominal pasado, puede haber un equilibrio con inflación aún y cuando ambas fracciones sean iguales. La explicación es que si hay inflación los ingresos serán menores al gasto y será necesario emitir para financiar la diferencia. Esta emisión convalida la inflación (inflación y emisión cero también son un equilibrio).

Para recordar a mi primer, y primus inter pares, mentor en Economía, comparto con ustedes algunas anécdotas.

La primera vez que escuché hablar de Olivera fue en 1989 al leer una entrevista que le hicieron en el diario La Nación al final de la hiperinflación de ese año. El cronista le preguntaba sobre las causas de la hiperinflación y Olivera daba una respuesta corta y precisa. Como el cronista necesitaba llenar más caracteres en su nota volvía a repreguntar pero Olivera repetía lo mismo: fue una hiperinflación clásica. Más tarde me daría cuenta que el intercambio era un “Olivera clásico”.

Volví a encontrarme con Olivera en la UBA. En el semestre que tenía que cursar Dinero, Crédito y Bancos sorpresivamente uno de los cursos lo dió él (creo que en 1991). Sin embargo, siguiendo a mis amigos decidí tomar el curso vespertino de Buscaglia (que usaba el muy obsoleto “Money, Interest and Prices” de Don Patinkin, ¡quién pudiera tener la máquina del tiempo y corregir este error!).

Para tratar de compensar la mala decisión tomada decidí pedirle a Olivera si podía ser mi tutor para unas becas que la UBA ofrecía a estudiantes. Le presenté como idea introducir sus famosos rezagos fiscales en un modelo de economía monetaria con dinámica caótica. Por suerte me dijo que sí y me convenció de sumarme a un curso de Topología que había empezado a dar y que tenía solamente dos estudiantes. Como el formato era de seminarios el trabajo fue muy intenso, y como me había sumado con la inscripción cerrada tuve que rendir como alumno libre. Una vez terminado el examen, Olivera me dijo que fuí el primero que lo hacía para un curso que él dictaba (menos mal que no me lo dijo antes).

Un día le regalé un libro de caos y él me dijo que no era ético que los empleados públicos, como era su caso, aceptaran regalos. No me devolvió el libro, pero me dió otro suyo para compensar los efectos sobre su integridad moral.

El semestre siguiente participé como oyente en otro curso de Topología, y luego haría lo mismo con otro de Integración Estocástica. En este último tuve un “roce” con Mario Firmenich, que describí ya en un post. Además de esta anécdota recuerdo que Olivera me llamó un día la atención porque me senté en el escritorio. Me dijo que las cosas tenían su correspondiente función y que para sentarse estaba la silla. Personaje. También de uno de esos cursos recuerdo el único chiste que le oí contar (aclaro es humor para economistas matemáticos):

Al pasar caminando una señorita agraciada, un amigo le dijo a otro que con ella casi se casaba. ¿Cómo es eso? le preguntó el amigo. Pues le pregunté si se quería casar conmigo y me dijo que no.

Dos anécdotas me contó respecto a su padre, quien fue funcionario en la provincia de Santiago del Estero. Una es que en cierta ocasión que fuera preso por motivos políticos, llevó a la cárcel un libro de Pareto que para el hijo tenía doble valor, por lo escrito por Vilfredo en molde y por su padre en los márgenes. Y la otra es la razón de sus nombres de pila, representando las tres grandes civilizaciones de occidente: romana, griega, y germánica. 

Cuando estaba por viajar al MIT, Olivera me pidió que le enviara saludos suyos a Samuelson, Solow y Dornbusch. Dos años más tarde, cuando terminé los requisitos de cursada y pasé los exámenes generales, Dornbusch me preguntó qué me había parecido la experiencia. Con sinceridad, ya que no tengo mucho filtro, le dije que había aprendido mucho pero que sin embargo no había encontrado a nadie que supiera tanto de Economía como Olivera. A Dornbusch se le borró la sonrisa en un instante, y me dijo que podía ser porque se trataba de una persona que no hacía otra cosa con su vida que leer del tema. Ese día supe que tenía que cambiar de mentor de tesis, y que no había lugar inmune a los celos profesionales. 

De mi estadía en Cambridge solamente una persona casi eclipsa a Olivera, Robert Merton, que daba su clase de Finanzas en tiempo continuo con un estilo equiparable a un maestro de orquesta, respondiendo en forma instantánea todo tipo de preguntas (y usando conceptos que yo sabía de Física con una claridad envidiable). 

La última vez que lo vi a Olivera fue cuando vino a San Andrés a presentar un trabajo en un seminario. Después de almorzar lo llevé al centro en auto y recuerdo estar más preocupado en manejar como si no estuviera en Argentina que otra cosa. Ah, y me pidió que lo dejara en la Facultad, ya que tenía que seguir trabajando. Adiós maestro.

EXPOST: Santiago Chelala, quien fuera co-editor de este blog en sus inicios y tuvo a Olivera como director de su tesis doctoral, escribió una nota en el Cronista Comercial compartiendo sus anécdotas. La transcribo íntegra:

Ayer fue un día de luto para la profesión. Julio H. G. Olivera, maestro de varias generaciones de economistas, falleció a los 87 años.

Nació en Santiago del Estero en 1929, era profesor emérito en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA y es considerado uno de los creadores del estructuralismo latinoamericano, así como de las teorías no monetaria de la inflación y de dinero pasivo.

Le gustaba recordar que John Hicks, uno de los más lúcidos continuadores de la obra de John M. Keynes, dijo públicamente que adhería a su teoría de la inflación estructural.

Vivió con puntualidad kantiana y con una formalidad absoluta en las formas y en la vestimenta, que incluía reloj de bolsillo y sombrero con solapas. También era dueño de un sentido del humor exquisito, que lo hacía estallar en carcajadas, como si fuera un niño. Olivera fue único.

Fue varias veces fue consultado por la Academia Sueca para proponer candidatos al Premio Nobel. En vez le pregunte si le gustaría ganarlo: “No iría a Suecia a buscar un premio, hace mucho frío. Tal vez si fuera en Ecuador”, me contestó.

Cuando en 1963, Arturo Illia le ofreció ser ministro de Economía de la Nación, declinó el ofrecimiento porque no quiso deshacer el compromiso previo que había adquirido con la Universidad de Buenos Aires, de la que era rector. Tenía principios de roble.

En una ocasión quise hacerle una entrevista para El Cronista. “Lo siento. Mis formas no son aptas para todo el público. Sería una pérdida de tiempo para el periodista y para mí‘, fue la respuesta, más esquiva que realista.

Cuando se le hablaba del efecto Olivera-Tanzi (que predice el impacto de la inflación en la recaudación de impuestos), otras de sus creaciones, respondía con picardía: “No recuerdo que Tanzi sea mi apellido materno”. Cuando alguien citaba un texto suyo de los años 50, lo interrumpía y decía: “¿De 1950? Debe ser de algún antepasado mío”.

Para quienes lo conocimos, su perfil humano era incluso más valioso que el académico. Trataba a todo el mundo con la mayor consideración posible, no importaba si se tratara de un ministro, de una personalidad extranjera o de un estudiante. A todos dedicaba su entera atención. Era, antes que cualquier otra cosa, un humanista.

La esgrima era otra de sus pasiones: “Es como el ajedrez pero a la velocidad de la luz”, describía.

Cuando hablaba en público, el silencio en la sala se hacía más profundo. Acostumbraba a leer sus discursos, a los que no faltaba ni sobraba una coma. También bromeaba con eso: “desconfiando de mi espontaneidad, traje un discurso”, comenzaba.

Durante los últimos años le afectó una fuerte sordera. Entonces pedía “por favor, hable más fuerte, como si usted estuviera dando clase y yo sentado en la última fila. Sabe lo que ocurre, este lugar tiene muy mala acústica”.

El cuerpo se fue distanciando de una mente que seguía intacta. Le costaba ponerse el sobretodo, y cuando uno trataba de ayudarlo, sonría y decía “por favor, no me ayude, este es el único ejercicio que hago durante el día”.

Conversábamos de una de sus últimas publicaciones cuando vi brillar sus ojos por última vez. El título es “Sobre la existencia de medidas de Ulam”, y contiene una conclusión asombrosa que echa por tierra cientos de manuales de economía: la competencia perfecta no existe. Ese día me dijo: “Empíricamente ya sabíamos que la competencia perfecta no existe, lo que no sabíamos es que matemáticamente también es un error. Es un imposible matemático, un chiste intelectual”.

Hasta hoy seguía liderando en la UBA los seminarios de economía matemática cada primer viernes de mes, como hace cinco décadas. Por allí pasaron Guillermo Calvo, Rolf Mantel, Juan Sorrouille, Alfredo Canavese, Héctor Diéguez, Ana María Martirena y muchos otros economistas destacados. De seguro que sus miembros más jóvenes, Matías Fuentes, Alejo Macaya, Eduardo Rodríguez y Ariel Abelar serán dignos continuadores.

Muchos otros tomarán su vida y su obra como fuente de inspiración. ¿Acaso hay un legado más importante que una persona puede dejar?

Muchas gracias maestro, lo vamos a extrañar.


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