Haz lo que yo digo

05/07/2016

En este momento Mauricio Macri está de gira por Europa. Y los medios nos cuentan lo bien que le va por estos pagos. Por ejemplo, esta nota en La Nación tiene por título “Acuerdo de Macri y la UE para una mayor integración”. La semana pasada el presidente fue a Chile a participar de una cumbre de la Alianza del Pacífico como observador. Y aunque algunos lo tomaron como “el puntapié inicial para que el Mercosur empiece a caminar hacia las negociaciones de un acuerdo de libre comercio con este bloque regional”, la realidad es que fue más un gesto político que otra cosa. Porque como bien observa Natasha Niebieskikwiat en Clarín, Argentina es el “país observador número 49 de la Alianza”.

Como el segundo semestre empezó sin claras señales de luz al final del túnel hay que hacer gestos para recordarle al mundo que la Argentina va en camino a ser un país serio donde vale la pena invertir. ¿Pero es esto así? No según esta excelente nota de Carlos Pagni hoy en La Nación.

La economía es otro campo para la ambivalencia. El jueves pasado, Macri insinuó un giro aperturista al participar de la reunión de la Alianza del Pacífico en Frutillar. Fue una señal simbólica. Al mismo tiempo, su administración dio dos pasos en el sentido contrario. A instancias del Ministerio de la Producción, que conduce Francisco Cabrera, impulsó una ley por la cual el Tesoro resignará recursos para premiar a las autopartistas que incorporen piezas locales. Cuando Dilma Rousseff, en 2012, adoptó una medida similar, los analistas lamentaron que “Brasil está tomando el camino de la Argentina”. La Argentina de los Kirchner.

Mientras se aprobaba esta medida, el Ministerio de Comunicaciones, que dirige Oscar Aguad, anunció un subsidio, a través del programa Ahora 12, para la adquisición de los celulares que se ensamblan en Tierra del Fuego. La excusa es promover el uso de teléfonos 4G porque las bandas 2 y 3G están saturadas. Sería como facilitar la compra de autos más veloces para compensar la falta de autopistas.

Las plantas de ensamblado fueguinas cuentan con varias capas de protección: no pagan aranceles, ni Ganancias, ni IVA; cobran el IVA a sus clientes, pero no lo transfieren a la AFIP, y, además, se benefician con un impuesto tecnológico que encarece en 30% los productos que compiten con los que ellas “fabrican”. Aun así no les alcanza para sobrevivir: por eso el sector de celulares tendrá un respirador adicional. Es lógico. Rivalizan con países donde la mano de obra es baratísima y el mercado, gigantesco. En la India acaban de lanzar un smartphone de 4 dólares.

El enfoque oficial sobre el régimen fueguino repite el del kirchnerismo en la versión Débora Giorgi. Y también el que habría adoptado Daniel Scioli: el importador Rubén Cherñajovsky, líder de los ensambladores de la isla, fue clave en su campaña. Cherñajovsky puede descansar. La principal productora de celulares en la isla es Mirgor, la empresa de Nicolás Caputo, álter ego de Macri. Mirgor también es autopartista. Quiere decir que Caputo recibió dos buenas noticias la semana pasada. Los economistas kirchneristas critican este beneficio. Es raro que lo adviertan. Porque les sigue costando comprender fenómenos mucho más sencillos, como los retornos de Báez y Cristóbal a los Kirchner a través de los contratos de Hotesur.

¿A qué apuesta el mercado? ¿El Gobierno va hacia una apertura o profundizará la protección? Una respuesta tentativa: la acción de Mirgor subió desde noviembre más de 200%. El índice Merval, 7%.

Es tan claro Pagni, que mi post termina siendo un copy paste de su nota. El gobierno necesita(ba?) inversiones para que su “plan económico” fuera consistente. Para ello hay que convencer a los inversores que “esta vez es diferente”. Esto explica los gestos con la Alianza del Pacífico y con la Unión Europea. Pero como bien señala Pagni, lo primero es simbólico, mientras que un acuerdo comercial con la UE es menos probable luego del Brexit (y ya era poco probable). El mercado no se come los amagues y sabe que el país sigue siendo poco confiable, por goleada. Mirgor 200, Merval 7.

EXPOST: Al mismo tiempo que escribí este post, Angela Merkel se reunía con Macri y le puso los puntos sobre las íes a las ilusiones de un pronto acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la UE.

Unos segundos antes, el Presidente había reiterado el reclamo para que se reabrieran las exportaciones de biodiésel y había deslizado una presión sutil. “Necesitamos que Francia flexibilice sus posiciones, pero confío en el liderazgo de Alemania”, había dicho.

Con ese reclamo, Macri no logró mover a Merkel ni un centímetro. La mandataria se encargó de aclarar que la resistencia no es sólo de ese país europeo, sino que también proviene de Alemania. “Nuestro ministro de Agricultura también vela por los detalles y va a ser muy complicado porque la Argentina ahí tiene sus puntos fuertes”, advirtió, para después matizar: “Eso no quiere decir que no lo vamos a poder hacer”.

Después de la conferencia se agregó otro dato desalentador para la integración UE-Mercosur. Para evitar tensiones a consecuencia del Brexit, la Comisión Europea resolvió que todos los acuerdos de libre comercio del bloque deben ser aprobados por los parlamentos de los países que integran el bloque, un requisito que los torna inalcanzables, al menos hasta que cambie el viento.

De hecho el primer damnificado por el mayor proteccionismo de la UE post Brexit es Canadá, que estaba muy cerca de cerrar un amplio acuerdo de libre comercio.


Pospesimismo

29/06/2016

Esta entrada cierra una trilogía de notas sobre la economía argentina con un enfoque moderadamente pesimista (ver acá y acá las notas anteriores). Hasta hace un mes creía que el gobierno tenía un plan que implicaba llevar la economía argentina hacia una mayor eficiencia. Esto se podía lograr con una devaluación del tipo de cambio acompañada de una reducción de las tarifas y barreras al comercio. Lo segundo impediría que la devaluación se traslade a precios. El mayor tipo de cambio real, sumado a un sendero creíble de ajuste fiscal que garantice una caída en la inflación, y eventualmente en la carga tributaria, daría al sector privado los incentivos a invertir. Un círculo virtuoso (no el único) que se podía empezar estos días, ya que estamos terminando de digerir los muertos de los contratos de futuros de dólar.

El gobierno en estos meses tomó medidas que son incompatibles con esta idea, así como con otras posibles que podríamos llamar de “economía de oferta”. En su lugar adoptó una postura keynesiana de incentivar la demanda sin importar si esto comprometía las, de por sí laxas, metas de reducción del déficit fiscal. El argumento implícito para ello es que hay que llegar a las elecciones legislativas del año próximo con apoyo. Y el ajuste es a la popularidad del gobierno como el ácido sulfúrico a la piel.

En mi opinión esta decisión de política es errónea ya que mira el corto plazo y no toma en consideración que hoy quizás el gobierno pueda responsabilizar al kirchnerismo por la inflación alta de este año, pero va a tener que hacerse plenamente cargo de los registros de 2017, y sin un plan no se llega al 1% mensual (o menos) necesario para ganar las elecciones. Orlando Ferreres en una nota en La Nación online hoy dice algo similar.

La inflación reprimida por la administración anterior al 10 de diciembre de 2015, al dejar el poder  Cristina Kirchner, era de 83 %. Es decir, si no hubiera ningún nuevo factor de inflación, esa sería la inflación que se registraría en la Argentina. El problema del gobierno fue decidir como ir registrando esa inflación reprimida y decidió hacerlo en varios años, gradualmente. Por lo tanto, tendremos inflación por lo menos por tres o cuatro años.

El problema del gradualismo es que afecta la credibilidad política del propio Gobierno. ¿A quién se le podría echar la culpa de la inflación en 2017 o 2018? Será difícil asignarla al gobierno anterior, aunque sea cierto, pues éste ya se fue en 2015.

¿Qué puede hacer el gobierno si las restricciones políticas son realmente fuertes? Hay dos posibilidades. Una es persistir en el camino supergradual a la normalización de una economía de mercado que atraiga inversiones como en los años noventa, y tratar al mismo tiempo de construir las mínimas instituciones para no caer en los vicios de siempre (mayormente endeudamiento excesivo). Aquí se corre el riesgo de perder el voto antes de lograr la normalización económica.

Pero hay otro camino, que tiene un menor riesgo de perder elecciones, y le daría al gobierno fortalezas cuando llegue a ser oposición. Consiste en crearle una bomba a sus sucesores, pero muy distinta de la bomba que Macri heredó de Cristina. Es hacer un gobierno populista pero eficiente. Mantener impuestos y gasto elevados, pero no derrochar recursos. Esto ataría de manos a un potencial sucesor peronista que no sea un buen administrador. Si quiere “robar” del Estado como hicieron Menem y los Kirchner tendría costos sociales de primer orden (estando impuestos y gastos a nivel elevado, las distorsiones ya no son de segundo orden).

De alguna manera implícitamente es lo que esta haciendo el gobierno (que como menciona esta nota reciente del Financial Times parece seguir el camino del mínimo esfuerzo). Aumenta el gasto social, ordena subsidios (reduce los excesivos pero otorga otros), busca mayor eficiencia en la administración, etc. El costo es que se condena en el corto y mediano plazo al país a un nivel de crecimiento y desarrollo bajo, ya que la alta carga impositiva redunda en menores incentivos para la inversión privada. A la larga se crecería una poco más, ya que se genera estabilidad política dado que la oposición peronista solamente podrá llegar, y mantenerse, en el poder si adopta la misma estrategia de eficiencia administrativa. Pero el potencial seguiría bajo. Como nos pasa con la selección de fútbol, que paga un altísimo “costo argentino”: la AFA.

Si esto es lo mejor que se puede hacer es porque el gobierno tiene los pies sobre la tierra, pero no la cabeza en las nubes. 


Uber, Monsanto, y el círculo (rojo) virtuoso

19/04/2016

La Argentina está a un pasito de salir del default. Y esta era una condición necesaria para el lanzamiento de un plan económico integral. Mucho se ha especulado sobre la naturaleza de este plan, y existe consenso sobre un aspecto del mismo: el motor del crecimiento va a ser la inversión. Por obvias razones políticas también se están tomando medidas para que el consumo no caiga mucho (sea por caída del salario real como del nivel de empleo).

Al leer los medios hay que tener cuidado con la forma en que se presentan los hechos. Por ejemplo, la manifestación que apoyó la presentación de Cristina Kirchner en Comodoro Py, con la Cámpora haciendo de policía, ¿fue positiva para el gobierno de Macri porque le recuerda a la población el desastre K? ¿O fue negativa porque nos muestra la incapacidad del gobierno para controlar la calle? La realidad es que ambas lecturas coexisten y no son excluyentes. Por ahora. Porque como bien analiza Jorge Fontevecchia el domingo en Perfil, si el gobierno no encauza la economía permite la aparición de un nuevo relato K

Según [el economista] Dante Sica: “La inflación se va a terminar combatiendo con desempleo, el ingreso de las familias caerá, y más hogares van a atravesar la línea de pobreza”.

Un contexto económico así requeriría una dosis de optimismo muy grande en el futuro para contener o aplacar la conflictividad social. Que literalmente “lluevan dólares” y haya un boom de inversiones que, aunque no hubieran aún generado efectos de derrame, hicieran verosímil la llegada de un nuevo ciclo de crecimiento. Y es ahí donde nuevamente turbulencias políticas, derivadas o relacionadas con avances judiciales, podrían posponer inversiones dificultando el plan económico del Gobierno…

Hay una diferencia entre una narración y un relato: Macri tiene una narración pero el kirchnerismo tenía un relato porque era una narración que lograba transformar la realidad. La palabra de Cristina hoy, mientras no consiga torcer el rumbo de los acontecimientos, deja de ser relato para ser una narración más, entre varias. Pero si la economía se le fuera de las manos a Macri, otra vez se les produciría a los kirchneristas la posibilidad de construir un relato.

Fontevecchia ve a la incertidumbre política como un factor que pondría en peligro la llegada de inversiones, alargando la recesión y dinamitando el apoyo que el gobierno hoy tiene en las encuestas. En esta nota quiero hacer notar otro factor de riesgo: que el gobierno se contente con atraer inversiones de cabotaje de empresarios del círculo rojo y no logre seducir al capital extranjero que traería tecnología de punta junto con los dólares. El problema es que esto resultaría en una recuperación a velocidad lenta con un techo muy bajo para el ingreso per cápita. Y los medios no reflejan el hecho que no todas las inversiones son iguales.

La semana pasada el gobierno envió dos señales negativas a potenciales inversores extranjeros. Por un lado se atacó muy fuerte el desembarco de Uber en el país. Por el otro el ministerio de agricultura reguló el monitoreo que Monsanto hace sobre los embarques de soja para detectar si la misma se obtuvo con su tecnología y si el productor pagó las regalías correspondientes. Estamos ante dos ejemplos de avances tecnológicos que encuentran medios hostiles para desarrollarse. Pasemos a analizar ambos casos.

Uber compite con el servicio de taxis. Acá y en todas las ciudades del mundo donde presta, o intentó prestar, su servicio. De hecho Macri no es el primer presidente en meterse en la disputa entre Uber y las autoridades municipales de una ciudad. Ya lo hizo Francois Hollande en Francia el año pasado. Pero Hollande es un presidente socialista, Macri supuestamente es “desarrollista”. Es cierto que en parte el éxito de Uber radica en eludir regulaciones y leyes laborales lo que permite ofrecer un servicio de transporte a un precio competitivo. Pero también es cierto que ofrece un servicio complementario al taxi. Por ejemplo, al permitir la variación de los precios según la demanda se incentiva la oferta, y ¿quién no ha sufrido por no poder conseguir un taxi cuando llueve? No digo que el gobierno de la Ciudad no tenga razón en tratar de enmarcar el servicio dentro de una regulación razonable. Pero la respuesta del gobierno nacional parece ludismo puro (al menos calma a los ansiosos por la robotización). Y eso no atrae tecnología de punta.

Al respecto propongo una medida para calmar los ánimos de los taxistas. O al menos para que quede claro que sus protestas son para defender una renta. Que el gobierno de la Ciudad se comprometa a recomprar las licencias de todos los taxis que decidan dar de baja su servicio debido a la competencia de Uber (pagando el máximo entre el precio de mercado y un precio sostén). Esto le reduce la incertidumbre a los taxistas respecto a la rentabilidad de su negocio. Si invierten hoy en una licencia y dentro de un año descubren que Uber copó el mercado, saben que la pérdida de capital si el precio de la licencia se desploma está acotada por el precio sostén. Una idea similar se discutió en Australia a fines del año pasado.

Monsanto es líder mundial en ingeniería genética de semillas. El país se benefició ampliamente con la soja Roundup Ready que permitió un boom en la productividad desde hace aproximadamente 20 años. Ahora Monsanto desarrolló una nueva semilla, la Intacta RR2 Pro. Y para asegurarse el cobro de las regalías en los contratos se implementó un sistema por el cual los productores se ven obligados a firmar una cláusula en los contratos de granos donde aceptan que se realice un test sobre su soja a fin de determinar si fue producto del uso de la semilla Intacta. Si el productor usó la tecnología y no la pagó, en el puerto Monsanto aplica un descuento directo sobre el grano. La regulación reciente del ministerio de agricultura se mete en este contracto entre privados. De nuevo, no digo que no haya que regular, en especial cuando la relación es asimétrica entre un monopolista y un conjunto de “pequeños” productores. El problema es cómo hacerlo.

Al respecto propongo que la regulación se limite a asegurar un doble muestreo de las semillas, enviándose a un ente dependiente del ministerio (el INTA?) una de las muestras. Si Monsanto dice que un productor usó su tecnología sin pagar, el productor puede decir que no es cierto y exigir al ministerio la verificación correspondiente. Si esta verificación confirma lo hallado por Monsanto el productor debe pagar una multa. En caso contrario será Monsanto el que pague una multa. De esta manera se asegura la fiscalización sin abusos y la intervención del ministerio es mínima (las muestras tomadas se descartan pasado un tiempo prudencial si no hay reclamos).

También el gobierno podría exigir que Monsanto cobre una fracción de sus regalías en forma proporcional al grano cosechado (y el resto con la venta de las semillas). Esto tiene un beneficio para todos los productores ya que comparten el riesgo de su negocio (pensemos en los campos inundados en Santa Fe). También implica una transferencia de recursos de los productores en la zona núcleo a los productores en zonas marginales, pues los primeros pagarán más por la tecnología que los segundos. Desde la perspectiva del país en conjunto esta sería una medida deseable ya que al reducirle el costo a los productores marginales se amplía el área sembrada en futuras campañas generando más trabajo y más ingresos por exportaciones.

Al mismo tiempo que el gobierno envió estas dos señales negativas a potenciales inversores externos, Macri ayer se reunió con empresarios nacionales y les pidió inversiones

El enojo de Macri con muchos empresarios, a quienes en la cena del Cippec acusó de “aprovechar la libertad para remarcar precios de manera descarada”, quedó en evidencia en el inicio de sus quince minutos de discurso.

“Acá hay gente que puso primera y otros que todavía están pensando. La manera que tienen ustedes de luchar es invirtiendo, y eso es lo que la Argentina necesita de ustedes”, dijo Macri…

La posibilidad de que ingresen inversiones extranjeras durante el segundo semestre fue tema de conversación durante toda la jornada. El presidente provisional del Senado, Federico Pinedo, contó en un almuerzo de la Fundación Río de la Plata (FURP) que el ministro de Hacienda, Alfonso Prat-Gay, fue receptor de inquietudes de inversores, que preguntan “si los empresarios argentinos invierten en el país”.

Consultado sobre el tema luego del encuentro con los empresarios , Cabrera dijo a LA NACION: “Hay inversiones latentes por US$ 20.000 millones que son empresas radicadas en el país, y que ya están decididos. Para las obras de infraestructura, en cambio, muchos esperan que el Estado o los locales inviertan para luego venir ellos”, afirmó.

Estimado Cabrera, si las señales que se envían a los extranjeros son incompatibles con el círculo virtuoso del crecimiento en base a inversión en tecnología que aumente la productividad, no se sorprenda si por largo rato se quedan esperando antes de venir a estas latitudes. Por lo menos hasta que el “desarrollismo” del gobierno deje de ser mercado interno rentístico.


Estabilizaciones recientes

03/02/2016

El gobierno de Mauricio Macri tiene por delante el desafío de estabilizar la economía. Por esto se entiende alinear las variables macroeconómicas más importantes para que su evolución en el futuro mediato dé el marco adecuado para que el sector privado tome decisiones con baja incertidumbre. Dado que el gobierno saliente de Cristina Kirchner eligió irse por la puerta chica dejando un déficit fiscal grande (cerca de 7% del PBI), esta estabilización forzosamente tiene que tener un componente de ajuste. La reciente suba de tarifas eléctricas, que será seguida en breve por el gas, y más adelante por el transporte, se encuadra en esta lógica.

Repasemos el contexto de las tres últimas estabilizaciones más importantes en Argentina: el plan Austral, la Convertibilidad, la salida de ésta por Remes-Lavagna.

En la previa al plan Austral la inflación en Argentina era de aproximadamente 700% anual. De manera que el objetivo principal en dicha estabilización fue bajar la inflación. Para usar la terminología en boga en los medios (ver post al respecto de mediados del año pasado) el plan aplicó un shock basado en dos patas: El BCRA dejaría de financiar al gobierno, reemplazando el impuesto inflacionario por retenciones a exportaciones agrícolas. Se congelaron precios y salarios, usando una tablita para desagiar contratos nominales. El plan fracasó porque si bien la situación fiscal mejoró, no lo hizo lo suficiente para hacer creíble la estabilización. Se dice que Ricardo Alfonsín no tuvo el capital político para tomar medidas impopulares que hubieran aumentado las probabilidades de éxito del plan (el famoso, no supe, no pude, no quise).

Cuando Domingo Cavallo asume como ministro de Economía en 1991, la Argentina estaba superando su segundo pico hiperinflacionario en dos años. De manera que el objetivo principal del plan también fue bajar la inflación. A diferencia del Austral, la Convertibilidad fue tan exitosa, que desde entonces la inflación anual no ha pasado del 43% y la inflación ha dejado de ser el objetivo principal al diseñar un plan de estabilización (ya sea para la salida de la Convertibilidad por Remes-Lavagna, como hoy en día).

El éxito de la Convertibilidad se basó en lograr rápidamente la consistencia tanto de corto como mediano plazo. La primera se consiguió al cambiar el régimen monetario y hacer creíble que se dejaría de emitir pesos sin respaldo. La segunda se consiguió gracias a numerosas reformas estructurales que hicieron creíble que una estrategia basada en el crecimiento resolvería los problemas del país (fiscales, redistributivos, del sector externo, etc.). Ayudó que Erman Gonzalez previamente liberara precios a fines de 1989, que Carlos Menem apoyara firmemente el plan económico, y que Cavallo en los ochenta postulara su creencia en la economía de oferta en el libro “Volver a crecer”. Todo esto hizo que los agentes económicos formaran expectativas bajo el supuesto de la persistencia de la Convertibilidad en el tiempo (en forma total luego de la defensa exitosa de la misma al contagio del Tequila).

En ambos casos la deuda externa fue un factor que influyó en el diseño del plan, ya que la Argentina no tenía acceso a los mercados de capitales internacionales. Pero para la tercera estabilización que resumo en este post, la que siguió a la salida de la Convertibilidad, la deuda fue el detonante, y el objetivo principal fue regresar lo antes posible al pleno empleo, luego que el desempleo llegara al 18% en el final de la Convertibilidad y subiera a alrededor del 22% en 2002 (año en que el producto se contrajo 11%). La estabilización se basó en la congelación virtual de los salarios del sector público que le permitieron al país alcanzar rápidamente un superavit fiscal. Por supuesto que los salarios en el sector privado también se redujeron en términos reales lo que ayudó a reducir el desempleo llegándose al “pleno empleo” en 2006. El conseguir el doble objetivo de balancear las cuentas fiscales y reducir el desempleo hizo que la devaluación, pocos meses después de dispersada la desorganización inicial de la pesificación asimétrica y el corralón, lograra coordinar expectativas en forma favorable.

Llegamos finalmente a la situación actual. El equipo económico de Macri enfrenta una situación considerablemente más benigna, ya que ni el desempleo ni la inflación ni la deuda externa son un imperativo como lo fueron en el pasado. La economía acarrea efectos nocivos por la acumulación de distorsiones durante años (más de una década en el caso de las tarifas en el sector energético). Pero, como en todo plan de estabilización, la clave está en lograr que el conjunto de medidas a adoptar convenzan al sector privado que las variables macro se encauzarán.

En breve escribiré un pronóstico para la economía local. Quería dejar este breve repaso histórico para que el lector ponga en perspectiva al actual plan económico. También sirve ver la dinámica de la inflación en los primeros meses del nuevo gobierno en el sitio inflación verdadera.


The growth fairy trap

15/12/2015

El título de este post parafrasea a Paul Krugman quien recurrentemente critica lo que llama “confidence fairy“, o hada de la confianza. En su caso la crítica es a los argumentos de economistas neoclásicos (o no tan neokeynesianos como él) que sostienen que los programas de austeridad en Europa tienen efectos positivos sobre la demanda agregada: Supuestamente una consolidación fiscal al mejorar las expectativas sobre la marcha de la economía en el futuro (por menores impuestos futuros, tasas de interés más bajas, etc.) incentiva el consumo y la inversión en el presente compensando, al menos en parte, los efectos negativos de la política fiscal contractiva. Para Krugman estos argumentos son un cuento de hadas y la austeridad provoca un colapso de la demanda agregada. Si llegara a haber un rol para las expectativas sería negativo al reforzar el pesimismo corriente.

Si bien podría escribir sobre el papel de las expectativas en una eventual ajuste macroeconómico en Argentina, la nota de hoy es sobre la creencia de algunos economistas de Cambiemos que dicho ajuste no sería necesario, y que logrando volver a crecer (parafraseando ahora a Domingo Cavallo) se arreglan las cuentas fiscales. Esta postura al menos la comparten el presidente y vice presidente del BCRA, Federico Sturzenegger y Lucas Llach. Del primero se lo escuchó exponer esta idea en el ciclo de Miguel Angel Broda hace unos meses. El segundo escribió hace poco sobre el tema crecimiento en su blog en La Nación

Tenemos todo por hacer: fábricas, start-ups, puentes, autopistas, puertos, y todo eso con gran productividad porque están los recursos naturales y humanos para complementar ese capital. ¿Cuándo vendrá el capital a aprovechar esos recursos? Cuando lo atraigamos. Cuando el bono argentino pague 200 puntos de extra sobre el norteamericano, como el peruano, y no 500 puntos. Cuando comprar una computadora no cueste el triple que en otros países. Cuando pueda escribirse un contrato protegido por la inflación; y por la Justicia.

Mientras Sturzenegger sostuvo una idea más radical, que no hay un ajuste macroeconómico sino un problema de crecimiento, en su post Lucas es más realista y sostiene que luego de ordenar la macro vendría el capital y se crecería, en mi opinión el peso que hay que darle al crecimiento como factor de ajuste es muy bajo, y por eso en el título pongo que esta hada del crecimiento es una trampa. Paso a explicar porqué.

Primero y trivial, si crecer resolviera los problemas de una economía todo el mundo lo haría. Pero no hay “free lunch” (menos que menos “free growth”).

Segundo, para crecer se necesita inversión, y para ello es necesario crear un clima de negocios. Como dice Lucas, hay que atraer al capital. Pero para ello es necesario más que levantar el cepo y las restricciones al comercio. Para invertir se necesitan decisiones, no señales, que hagan a la incertidumbre típica de todo negocio (la soja subirá o bajará?) la única fuente de riesgo. Y en Argentina el riesgo político es alto (hoy bajan las retenciones, pero si en dos años se complican las cuentas las vuelven a subir).

No se la totalidad de medidas que se necesitan para atraer capitales. Si se, que dentro de las mismas está ordenar la macro, para que el gobierno quede expuesto sólo a las fluctuaciones normales del ciclo y no a dinámicas no sustentables (como el endeudamiento explosivo de los noventa, los subsidios casi plenos de los K, o la dependencia del impuesto inflacionario para cerrar las cuentas). Es decir que el ajuste es una condición necesaria para crecer, no el crecimiento un sustituto del ajuste.

Tercero, supongamos que se realiza el ajuste, que se logra la combinación de shock y gradualismo que reestablece el balance intertemporal de las cuentas públicas. Vendrán galopando los capitales al país? No necesariamente, y aunque vengan nada garantiza que financien inversión productiva. Las empresas grandes son las que podrán acceder más rápidamente al financiamiento y crecer. Pero para las empresas medianas y pequeñas hay dos obstáculos.

Por un lado la capacidad de endeudarse está limitada por su escaso endeudamiento corriente. En efecto, el poco crédito bancario en la Argentina (no nos olvidemos que menos de diez años atrás Martín Redrado, entonces presidente del BCRA, se jactaba que el crédito era sólo un 10% del PBI) hoy no va hacia ellas porque las señales de precios no les favorecen. Pero una vez que el ajuste, que incluye el reacomodamiento de precios relativos (en particular un tipo de cambio hoy retrasado), esté hecho, les costará tomar crédito justamente por su nulo o escaso historial de crédito. Si esto suena paradójico en parte es porque es así.

El segundo obstáculo es la capacidad de endeudamiento del sector bancario, ya que para prestar tiene que tomar dinero. Y en un contexto inflacionario el mayor fondeo deberá ser de líneas de crédito del exterior. Pero la Argentina no tiene un historial de flotación de tipo de cambio, ni los instrumentos para cubrir este riesgo, que haga atractivo este margen intensivo del negocio de intermediación (el margen extensivo es otra historia, y si bien espero la aparición de nuevos intermediarios, no alcanzará para que explote el crédito).

Cuarto, supongamos que la Argentina vuelve a crecer. Qué garantiza que los gastos provinciales no se desboquen generando obligaciones contingentes para la Nación cuando el ciclo se revierta? (el soft budget constraint que ayudó a matar la convertibilidad via patacones y otras yerbas malas) Hablar hoy en día de una nueva ley de coparticipación no alcanza. Como dije antes, se necesitan decisiones no señales.

Se ve la magnitud del problema que enfrenta el país para lograr el crecimiento sostenible. Hay que hacer el ajuste al mismo tiempo que se toman medidas que faciliten el acceso al crédito de los “ganadores” con las nuevas reglas de juego (así como también que incentiven el fondeo de los bancos), y hay que crear instituciones que solidifiquen estas reglas de juego en el tiempo y ante contingencias previsibles. Y todo con un gobierno nuevo, sin mayorías en el Congreso, que antes de asumir ya empezó a sufrir el retaceo de apoyo de su principal socio, la UCR (hoy con la crítica de Cobos un poco más explícito). Para mí, y terminando en inglés como el título, a long long shot.


Calentamiento global, optimalidad y realidad

26/06/2012

La semana pasada escribí un post sobre el “resurgimiento” de la geografía como determinante del desarrollo económico, considerando su interacción con el calentamiento global. Desde hace varios años la comunidad académica se ha interesado por el tema del calentamiento global, su causa a través de la emisión de dióxido de carbono, y sus efectos sobre la productividad económica futura.

El ciclo del carbono describe como este se difunde en la atmósfera desde la superficie terrestre para luego ser absorbido a través de los océanos. La concentración de CO2 en la atmósfera afecta la temperatura en la superficie porque este gas absorbe e irradia parte de la radiación térmica de la Tierra (i.e. evita que el planeta “transpire” el exceso de calor). Con la Revolución Industrial se aceleró la tasa de emisión de dióxido de carbono, principalmente a través del uso de combustibles fósiles sobrepasándose la capacidad de absorción natural del ciclo de carbono.

Hoy no hay dudas que este proceso conduce a una elevación de las temperaturas promedio en la Tierra (mayormente de los mínimos). Lo que se debate es la velocidad a la cual aumentará la temperatura durante este siglo, los efectos que esto produce, y la intensidad de respuesta de política adecuada. El segundo punto es el que más llega al ciudadano común, por ejemplo a través del documental “Una verdad incómoda” que transmite un mensaje apocalíptico a pesar del (o gracias al) sopor monocorde de Al Gore. Sobre el primero parece ser que por unos cuarenta años más el calentamiento seguirá siendo gradual para luego comenzar a acelerarse, en caso de mantenerse el status quo. Para evitar esto se recomienda reducir la tasa de emisión de CO2 a través de un impuesto al carbono o restricciones cuantitativas (cap and trade). 

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Los cazadores de la explicación oculta

19/03/2012

Al igual que Indiana Jones, los analistas económicos del primer mundo están tratando de encontrar el “arca” perdida en los EEUU. En este caso se trata del factor que explique la conjunción de ciertos indicadores positivos y otros no tanto de la economía norteamericana. El editorial líder del último The Economist se titula “Can it be… the recovery?” y trata de la economía global. Con respecto a EEUU dice:

Conveniently enough for a president who is seeking re-election in November, the clearest signs of recovery are in America. The good news is both cyclical, as stronger employment fuels income and spending, and structural, as evidence mounts that the drags from the housing bust are waning. Exclude the temporary work involved in carrying out America’s 2010 census, and more jobs have been created in the three months since November than in any three-month period since 2006. Unemployment and underemployment are both falling. House prices continue to drift lower, but both construction and home sales have started to rise. Consumer credit is growing and the fiscal squeeze has loosened, thanks to an easing of state-level budgets and Congress’s extension of temporary tax cuts until the end of the year.

Además de ser buenas noticias para Barack Obama con vistas a las elecciones de noviembre, los datos de la recuperación norteamericana despiertan interrogantes para los economistas. Mientras que la tasa de desempleo bajó significativamente en los últimos meses (de 9% en septiembre a 8,3% el último mes) la tasa de crecimiento del PBI es baja, estando en este mismo período en alrededor del 2,5-3% anual. A esta tasa de crecimiento del PBI el desempleo apenas si debiera caer, pues evoluciona con la diferencia entre PBI real y potencial y se estima que la tasa de crecimiento del PBI potencial es de 2,5%. Y no se observa un cambio significativo en la participación laboral (por desencanto ante la dificultad de conseguir trabajo). 

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