Julio Hipólito Guillermo Olivera

26/07/2016

Al despertarme esta mañana me encontré con la desagradable noticia que ayer falleció Julio Olivera. Para la mayoría que lo conoce es el co-autor del efecto Olivera-Tanzi (aunque no fue un trabajo conjunto, y la contribución de Vito fue posterior). La idea de este trabajo es muy simple. Si el gasto público es una fracción del ingreso nominal corriente, y los ingresos fiscales son una fracción del ingreso nominal pasado, puede haber un equilibrio con inflación aún y cuando ambas fracciones sean iguales. La explicación es que si hay inflación los ingresos serán menores al gasto y será necesario emitir para financiar la diferencia. Esta emisión convalida la inflación (inflación y emisión cero también son un equilibrio).

Para recordar a mi primer, y primus inter pares, mentor en Economía, comparto con ustedes algunas anécdotas.

La primera vez que escuché hablar de Olivera fue en 1989 al leer una entrevista que le hicieron en el diario La Nación al final de la hiperinflación de ese año. El cronista le preguntaba sobre las causas de la hiperinflación y Olivera daba una respuesta corta y precisa. Como el cronista necesitaba llenar más caracteres en su nota volvía a repreguntar pero Olivera repetía lo mismo: fue una hiperinflación clásica. Más tarde me daría cuenta que el intercambio era un “Olivera clásico”.

Volví a encontrarme con Olivera en la UBA. En el semestre que tenía que cursar Dinero, Crédito y Bancos sorpresivamente uno de los cursos lo dió él (creo que en 1991). Sin embargo, siguiendo a mis amigos decidí tomar el curso vespertino de Buscaglia (que usaba el muy obsoleto “Money, Interest and Prices” de Don Patinkin, ¡quién pudiera tener la máquina del tiempo y corregir este error!).

Para tratar de compensar la mala decisión tomada decidí pedirle a Olivera si podía ser mi tutor para unas becas que la UBA ofrecía a estudiantes. Le presenté como idea introducir sus famosos rezagos fiscales en un modelo de economía monetaria con dinámica caótica. Por suerte me dijo que sí y me convenció de sumarme a un curso de Topología que había empezado a dar y que tenía solamente dos estudiantes. Como el formato era de seminarios el trabajo fue muy intenso, y como me había sumado con la inscripción cerrada tuve que rendir como alumno libre. Una vez terminado el examen, Olivera me dijo que fuí el primero que lo hacía para un curso que él dictaba (menos mal que no me lo dijo antes).

Un día le regalé un libro de caos y él me dijo que no era ético que los empleados públicos, como era su caso, aceptaran regalos. No me devolvió el libro, pero me dió otro suyo para compensar los efectos sobre su integridad moral.

El semestre siguiente participé como oyente en otro curso de Topología, y luego haría lo mismo con otro de Integración Estocástica. En este último tuve un “roce” con Mario Firmenich, que describí ya en un post. Además de esta anécdota recuerdo que Olivera me llamó un día la atención porque me senté en el escritorio. Me dijo que las cosas tenían su correspondiente función y que para sentarse estaba la silla. Personaje. También de uno de esos cursos recuerdo el único chiste que le oí contar (aclaro es humor para economistas matemáticos):

Al pasar caminando una señorita agraciada, un amigo le dijo a otro que con ella casi se casaba. ¿Cómo es eso? le preguntó el amigo. Pues le pregunté si se quería casar conmigo y me dijo que no.

Dos anécdotas me contó respecto a su padre, quien fue funcionario en la provincia de Santiago del Estero. Una es que en cierta ocasión que fuera preso por motivos políticos, llevó a la cárcel un libro de Pareto que para el hijo tenía doble valor, por lo escrito por Vilfredo en molde y por su padre en los márgenes. Y la otra es la razón de sus nombres de pila, representando las tres grandes civilizaciones de occidente: romana, griega, y germánica. 

Cuando estaba por viajar al MIT, Olivera me pidió que le enviara saludos suyos a Samuelson, Solow y Dornbusch. Dos años más tarde, cuando terminé los requisitos de cursada y pasé los exámenes generales, Dornbusch me preguntó qué me había parecido la experiencia. Con sinceridad, ya que no tengo mucho filtro, le dije que había aprendido mucho pero que sin embargo no había encontrado a nadie que supiera tanto de Economía como Olivera. A Dornbusch se le borró la sonrisa en un instante, y me dijo que podía ser porque se trataba de una persona que no hacía otra cosa con su vida que leer del tema. Ese día supe que tenía que cambiar de mentor de tesis, y que no había lugar inmune a los celos profesionales. 

De mi estadía en Cambridge solamente una persona casi eclipsa a Olivera, Robert Merton, que daba su clase de Finanzas en tiempo continuo con un estilo equiparable a un maestro de orquesta, respondiendo en forma instantánea todo tipo de preguntas (y usando conceptos que yo sabía de Física con una claridad envidiable). 

La última vez que lo vi a Olivera fue cuando vino a San Andrés a presentar un trabajo en un seminario. Después de almorzar lo llevé al centro en auto y recuerdo estar más preocupado en manejar como si no estuviera en Argentina que otra cosa. Ah, y me pidió que lo dejara en la Facultad, ya que tenía que seguir trabajando. Adiós maestro.

EXPOST: Santiago Chelala, quien fuera co-editor de este blog en sus inicios y tuvo a Olivera como director de su tesis doctoral, escribió una nota en el Cronista Comercial compartiendo sus anécdotas. La transcribo íntegra:

Ayer fue un día de luto para la profesión. Julio H. G. Olivera, maestro de varias generaciones de economistas, falleció a los 87 años.

Nació en Santiago del Estero en 1929, era profesor emérito en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA y es considerado uno de los creadores del estructuralismo latinoamericano, así como de las teorías no monetaria de la inflación y de dinero pasivo.

Le gustaba recordar que John Hicks, uno de los más lúcidos continuadores de la obra de John M. Keynes, dijo públicamente que adhería a su teoría de la inflación estructural.

Vivió con puntualidad kantiana y con una formalidad absoluta en las formas y en la vestimenta, que incluía reloj de bolsillo y sombrero con solapas. También era dueño de un sentido del humor exquisito, que lo hacía estallar en carcajadas, como si fuera un niño. Olivera fue único.

Fue varias veces fue consultado por la Academia Sueca para proponer candidatos al Premio Nobel. En vez le pregunte si le gustaría ganarlo: “No iría a Suecia a buscar un premio, hace mucho frío. Tal vez si fuera en Ecuador”, me contestó.

Cuando en 1963, Arturo Illia le ofreció ser ministro de Economía de la Nación, declinó el ofrecimiento porque no quiso deshacer el compromiso previo que había adquirido con la Universidad de Buenos Aires, de la que era rector. Tenía principios de roble.

En una ocasión quise hacerle una entrevista para El Cronista. “Lo siento. Mis formas no son aptas para todo el público. Sería una pérdida de tiempo para el periodista y para mí‘, fue la respuesta, más esquiva que realista.

Cuando se le hablaba del efecto Olivera-Tanzi (que predice el impacto de la inflación en la recaudación de impuestos), otras de sus creaciones, respondía con picardía: “No recuerdo que Tanzi sea mi apellido materno”. Cuando alguien citaba un texto suyo de los años 50, lo interrumpía y decía: “¿De 1950? Debe ser de algún antepasado mío”.

Para quienes lo conocimos, su perfil humano era incluso más valioso que el académico. Trataba a todo el mundo con la mayor consideración posible, no importaba si se tratara de un ministro, de una personalidad extranjera o de un estudiante. A todos dedicaba su entera atención. Era, antes que cualquier otra cosa, un humanista.

La esgrima era otra de sus pasiones: “Es como el ajedrez pero a la velocidad de la luz”, describía.

Cuando hablaba en público, el silencio en la sala se hacía más profundo. Acostumbraba a leer sus discursos, a los que no faltaba ni sobraba una coma. También bromeaba con eso: “desconfiando de mi espontaneidad, traje un discurso”, comenzaba.

Durante los últimos años le afectó una fuerte sordera. Entonces pedía “por favor, hable más fuerte, como si usted estuviera dando clase y yo sentado en la última fila. Sabe lo que ocurre, este lugar tiene muy mala acústica”.

El cuerpo se fue distanciando de una mente que seguía intacta. Le costaba ponerse el sobretodo, y cuando uno trataba de ayudarlo, sonría y decía “por favor, no me ayude, este es el único ejercicio que hago durante el día”.

Conversábamos de una de sus últimas publicaciones cuando vi brillar sus ojos por última vez. El título es “Sobre la existencia de medidas de Ulam”, y contiene una conclusión asombrosa que echa por tierra cientos de manuales de economía: la competencia perfecta no existe. Ese día me dijo: “Empíricamente ya sabíamos que la competencia perfecta no existe, lo que no sabíamos es que matemáticamente también es un error. Es un imposible matemático, un chiste intelectual”.

Hasta hoy seguía liderando en la UBA los seminarios de economía matemática cada primer viernes de mes, como hace cinco décadas. Por allí pasaron Guillermo Calvo, Rolf Mantel, Juan Sorrouille, Alfredo Canavese, Héctor Diéguez, Ana María Martirena y muchos otros economistas destacados. De seguro que sus miembros más jóvenes, Matías Fuentes, Alejo Macaya, Eduardo Rodríguez y Ariel Abelar serán dignos continuadores.

Muchos otros tomarán su vida y su obra como fuente de inspiración. ¿Acaso hay un legado más importante que una persona puede dejar?

Muchas gracias maestro, lo vamos a extrañar.


Shock y gradualismo II

19/07/2016

Debido al interés que despertó el tema en los comentarios de la última nota (no la más leída, pero récord de comentarios en los últimos años) hoy voy a dedicarme a la discusión de shock versus gradualismo. Si fuera consistente tendría que decir que es una discusión espuria, como dije hace un año en esta nota. Pero, como Peter Sellers en la escena inicial de “La fiesta inolvidable”, se resiste a morir, en gran parte porque la “grieta” entre economistas que le dió origen mediático hace un año dista mucho de ser zanjada.

Por un lado tenemos los economistas gradualistas. Estos incluyen a un heterogeneo grupo que comprende heterodoxos, estructuralistas, y ortodoxos que creen que las restricciones políticas no dejan otra alternativa. Del lado de los partidarios del shock están los ortodoxos y unos pocos heterodoxos que creen que el mercado deja poco margen para el gradualismo. Por supuesto que también están los que opinan sin saber, y los políticos ventajistas, pero de esos no voy a hablar hoy.

¿Dónde me ubico yo? Yo soy ortodoxo ma non troppo. Por un lado hice una maestría en el CEMA, pero por el otro me doctoré en MIT, o sea una de cal y otra de arena. Sigo pensando, como en aquella nota del año pasado linkeada arriba, que lo mejor es hacer un shock de expectativas y un cambio gradual en las políticas monetaria y fiscal para reducir tanto la inflación como el déficit fiscal. Las primeras medidas del gobierno apuntaron en esa dirección, pero luego se desdibujaron.

Se logró un shock de expectativas con la salida del cepo y el arreglo con los holdouts. Pero no se mantuvieron las metas de inflación y fiscales anunciadas. Y no queda claro qué set de políticas reemplaza las arrumbadas metas. Un forista recientemente me preguntaba cuánto tiempo puede mantenerse el déficit fiscal alto sin perder la confianza de la economía. Es la pregunta del millón que se puede resolver de dos maneras. Una es aumentando el componente de shock dentro del actual “plan” económico. La otra es esperar, cual plan primavera, que todo explote y después hacer un ajuste salvaje (pero salvaje en serio), cabalgando sobre los escombros.

¿Ahora bien, qué hizo mal el gobierno hasta ahora? En mi opinión lo peor fue otorgar nuevos subsidios y transferencias que aumentan el gasto, sin antes tener en trayectoria descendente los subsidios, y gasto, existentes. Ejemplos abundan: ampliación de la AUH, subsidios nacionales a transporte en provincias que antes no los tenían, aumento de jubilaciones, tarifas sociales (si benefician a consumidores en provincias donde la electricidad y gas estaba cerca del costo), etc.

Entiendo el costado político de anunciar medidas para compensar el ajuste o facilitar la aprobación de leyes en el Congreso, pero primero el gobierno debió asegurar la rebaja del gasto antes de ampliarlo. Hoy el ajuste del gas está bloqueado por la Justicia, sin embargo varias medidas de aumento del gasto fueron aprobadas y se están ejecutando (aunque empiezan a aparecer señales de racionalidad en las carteras “gastadoras” del gobierno).

Al igual que el año pasado voy a terminar con un ejemplo no económico de shock y gradualismo. En la medida que la sociedad reciba más shocks de imágenes de la corrupción K, el poder de Cristina Kirchner y sus secuaces se irá reduciendo gradualmente hasta ser meramente testimonial.

Peter-Sellers

EXPOST: Hablando de aumentos del gasto a la bartola, resulta que la provincia de Buenos Aires, la misma que reclama una actualización del Fondo del Conurbano, dispuso que el boleto estudiantil sea gratuito

La medida alcanza a cuatro millones de chicos y supone una inversión de 143 millones de pesos sólo para este semestre, de agosto a diciembre. El anuncio coincide con el aniversario número 40 de “La noche de los lápices” (ver aparte). “Nunca antes existió el boleto estudiantil totalmente gratuito en la provincia”, destacó la gobernador…

Para 2017 también se ampliaría la gratuidad para los viajes en transportes de larga distancia.

Antes que me critiquen, aclaro que me parece perfecto que el boleto estudiantil esté subsidiado. Me parece mal la gratuidad, un subsidio que es ineficiente pues sería mucho mejor, en caso de ser necesario, darle una transferencia a las familias de bajos ingresos y no a todo el que va a una escuela pública o “privada con aporte estatal” (y los colegios religiosos?). Ah, y ya existe y se llama AUH.

Mientras nuestros dirigentes piensen que gobernar es gastar, el desarrollo seguirá siendo una quimera para nuestro país.


Basta de Frey y Osborne! (deseo para el 2016)

29/12/2015

Para terminar el año voy a criticar el uso y abuso en los medios de un paper de Frey y Osborne de 2013. El trabajo se llama “The future of employment: How susceptible are jobs to computerisation”. El domingo de la semana pasada en la revista de La Nación Santiago Bilinkis lo cita en una nota sobre qué elegimos estudiar. Sebastián Campanario lo citó al menos tres veces en su columna en el mismo diario. La última en julio al comentar un debate que tuvo lugar en la UBA sobre avance de la tecnología y de la inteligencia artificial en el mundo del trabajo. En dicha nota resume el “aporte” de Frey y Osborne:

Y en cualquier polémica de este campo surge la cita obligada al trabajo de los profesores de Oxford Carl Frey y Michael Osborne, quienes relevaron la tasa de sustitución de máquinas por humanos en cada una de las 702 ocupaciones que releva la secretaría de empleo de los Estados Unidos y llegaron a la conclusión de que el 47% de los puestos podrían ser desafiados por robots o inteligencia artificial en los próximos veinte años.

El bendito 47% lo repiten todas las notas locales e internacionales sobre el tema. Pero no se de nadie que se haya tomado el trabajo de leer críticamente al mismo para darse cuenta que dicho número es cualquier cosa menos científico.

Frey y Osborne se basan en la metodología de un trabajo de Autor, Levy y Murnane publicado en 2003 en el Quarterly Journal of Economics. Allí estiman el cambio en la composición de tareas laborales que se produjo entre 1960 y 1998 en la medida que las computadoras sustituyen y complementan a trabajadores en tareas cognitivas y manuales. Encuentran que las computadoras reducen el insumo laboral en tareas rutinarias y lo aumentan en tareas no rutinarias.

Frey y Osborne tratan de extrapolar, hacia el futuro, cuantas tareas, y por ende trabajos, son susceptibles de ser reemplazados por computadoras. Su objetivo es ver qué fracción del empleo en EEUU está en riesgo de volverse obsoleto en el futuro cercano. Pero en lugar de contar con datos objetivos como Autor et al, tienen que basar su análisis en estimaciones. Y acá viene el talón de Aquiles que copio (página 30 del paper)

To work around some of these drawbacks, we combine and build upon the two described approaches. First, together with a Group of ML researchers, we subjectively hand-labelled 70 occupations, assigning 1 if automatable, and 0 if not. For our subjective assessments, we draw upon a workshop held at the Oxford University Engineering Sciences Department, examining the automatability of a wide range of tasks. Our label assignments were based on eyeballing the O*NET tasks and job description of each occupation… The hand-labelling of the occupations was made by answering the question “Can the tasks of this job be sufficiently specified, conditional on the availability of big data, to be performed by state of the art computer-controlled equipment?”

Las negritas son obviamente mías. No es la primera vez que un trabajo poco serio tiene mucha repercusión mediática. En este caso es comprensible dada la relevancia del tema, tal y como lo aborda por ejemplo Bilinkis en la nota citada.

Aún cuando a muy largo plazo todas las profesiones están amenazadas, a corto plazo algunas están mucho más en riesgo que otras. Tal vez sea por eso que en el intercambio con la audiencia luego de mis conferencias frecuentemente personas en la audiencia consulta mi opinión sobre qué carrera deberían elegir o recomendarle a sus hijos que elijan.

A pesar de que los ingresantes actuales a la universidad son ya nativos digitales nacidos alrededor de 1997, cuando se observan los datos de elección de carrera sorprende ver la gran brecha entre las profesiones que más necesita el mundo hoy y las que mayoritariamente eligen los jóvenes. Una década y media dentro del siglo XXI, seguimos escogiendo carreras del siglo XX.

El desafío de incentivar a los jóvenes a estudiar carreras que serán relevantes en su vida laboral está presente en todo el mundo. Un ejemplo que conozco es el de Dinamarca, donde recientemente han modificado costos y beneficios de los estudiantes para disuadirlos de estudiar Humanidades. Y Frey y Osborne han agitado el avispero al asustar a la gente y a los gobiernos sobre la fragilidad incluso de carreras hoy consideradas sólidas. Pero a lo largo del año hubiera esperado que al menos un periodista, en lugar de repetir el mantra, leyera el paper y aclarara que el 47% es fruta.

Feliz año!


Los dividendos de YPF y el teorema Modigliani-Miller

23/03/2012

En un extraordinario trabajo publicado en 1958 en el American Economic Review, Franco Modigliani y Merton Miller (premios Nobel en 1985 y 1990 respectivamente), demostraron que la política financiera de una empresa no tiene efectos sobre su valuación. Es decir, no importa si la empresa en cuestión decide repartir dividendos, o no hacerlo, para el valor del flujo de fondos que produce. Solamente las decisiones de inversión, por motivos obvios, tienen un efecto sobre el valor de la empresa. 

Este resultado es derivado bajo condiciones irreales por lo que debe ser leído como una referencia para ver como imperfecciones de mercado (por ejemplo asimetría informacional) interactúan con la política financiera de una empresa para afectar su valuación. Pero nos dice que, a primera aproximación, el anuncio reciente de YPF de no repartir dividendos y elevar el nivel de inversión de $13300 millones el año pasado a $14-15000 milones este año, i.e. una caída en términos reales considerando la inflación esperada, no debiera ser visto como una victoria del gobierno y una claudicación de Repsol-YPF. 

La degradación ayer de la deuda de Repsol-YPF por parte de la calificadora de riesgo Fitch no se debe a la decisión de no repartir dividendos. Sino a que esta medida de la empresa expresa de forma explícita el acoso al que está sometida desde el gobierno nacional. De hecho Moody’s no esperó a este anuncio y rebajó la calificación de la empresa la semana pasada. 

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Vieja entrevista con Néstor Scibona

19/09/2011

En enero de 2003 gané un premio en la reunión anual del Global Development Network por el trabajo “The effect of contingent credit lines on banks’ liquidity demand“. Al regresar a Argentina (la reunión había sido en Egipto) me pidieron que ayudara a difundir la noticia y le pregunté a Néstor Scibona si me podía hacer una entrevista para publicar en algún medio de la Universidad. A pesar que Néstor accedió y nos juntamos un par de horas en el Tortoni, por algún motivo no se le dió difusión a la entrevista. Recientemente encontré la transcripción entre mis archivos, y al ver que varios puntos son todavía relevantes para la discusión de políticas en el país, la cuelgo en el blog.

NS: ¿Por dónde pasa hoy el eje de la discusión económica en círculos académicos? ¿Está definida cuál es la agenda de la primera década del nuevo siglo en la economía y en política? ¿Por dónde crees que pasan las preocupaciones hoy, profesionalmente hablando?

MGE: Uno de los temas es la función de las instituciones multilaterales como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial, ya que están siendo criticadas por el hecho básico de que su objetivo ha cambiado ya que ha cambiado el contexto internacional en el cual se mueven. Gran parte de este cambio se debe a la globalización y ese es otro de los puntos de estudio en foros internacionales. De hecho en el congreso de El Cairo el tema era la globalización y la igualdad, ver como por ejemplo la globalización le genera a los países dificultades o desafíos para articular políticas de desarrollo social. El año pasado hubo en dos o tres de los foros más importantes de economistas en el mundo, paneles especializados que hablaban sobre el caso argentino. Así que nosotros fuimos durante todo el 2002 tema de discusión entre economistas de renombre a nivel internacional, para tratar de entender que es lo que nos había pasado. Creo que los temas de fondo van cambiando mucho y es probable que en función de lo que pase con Irak por ejemplo, se determine un nuevo eje.

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Ideología, macroeconomía y ciencia: una reflexión a la luz de afirmaciones recientes

04/07/2011

Por Enrique Kawamura

En su columna dominical de coyuntura del día de ayer (domingo 3 de julio de 2011) Néstor Scibona se refirió a un comentario realizado por Axel Kicillof (defendido por distintos comentaristas en este blog en el pasado reciente) en las Jornadas Monetarias del BCRA de este año, según el cual la teoría económica necesita un replanteo luego de la crisis financiera de EEUU de 2008, y que este comentario pareció estar asociado a otro según el cual Kicillof afirmó

el gasto público, la sobreemisión monetaria y los aumentos de salarios no son causantes de la inflación, sino que esa idea surge de las teorías ortodoxas y monetaristas impuestas en la Argentina por la dictadura militar y que son sostenidas hasta el presente, aún por economistas que se definen como keynesianos

Como economista, profesor e investigador, creo que el gran problema con este tipo de discusiones es que no conducen a nada demasiado útil, especialmente para quienes realmente padecen problemas económicos (normalmente, las familias de ingresos bajos y por debajo de la línea de indigencia). Descalificar una teoría por su supuesta afiliación con sistemas políticos inadecuados no parece ser justamente demasiado “científica”. En el ambiente científico, una teoría podría falsearse, por ejemplo, si las predicciones de la teoría no se condicen con sus predicciones. Si la teoría conlleva implicancias de política que (al menos para algunos) podrían no ser deseables, parece un problema diferente.

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El Centenario de Ronald Coase

29/12/2010

por Christian Ruzzier

Al menos desde Adam Smith, con su descripción de la fábrica de alfileres, somos (¡los economistas, al menos!) plenamente conscientes de las ventajas de la especialización y la división del trabajo. Pero en un mundo especializado en el cual nadie produce todo lo que desea consumir, los individuos se vuelven dependientes los unos de los otros. Aparece entonces la necesidad de coordinar las actividades de todos ellos y también de motivarlos, ya que no es inmediatamente obvio que esté en el interés individual el promover una solución eficiente al problema de coordinación.

Durante 200 años desde Smith, la Economía destacó las virtudes del sistema de precios en esta tarea de coordinar y motivar la actividad humana: bajo determinadas condiciones, podemos dejar a cada quien perseguir sus propios fines egoístas y todos serán guiados, como por una mano invisible, a promover el interés general. Con mercados que funcionan correctamente, el problema de coordinación y motivación se resuelve de manera descentralizada, mediante el sistema de precios.

Los economistas, de hecho, nos hemos vuelto expertos en el estudio de los mercados. Paradójicamente, buena parte de la actividad económica ocurre dentro de organizaciones como la empresa – es decir, fuera del mercado.  La pregunta del millón surge naturalmente: si los intercambios voluntarios entre diferentes agentes funcionan tan bien, ¿por qué recurrimos tanto a las empresas para coordinar y motivar la actividad económica, en vez de usar el sistema de precios o la negociación entre individuos?

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