Ideología y política social

09/01/2017

Hace un mes escribí un post resumiendo el primer año de gobierno de Macri. En el mismo digo que una de las razones por las cuales no espero grandes cambios en las políticas a implementar en el resto de su mandato es:

Además hay que agregar que buena parte de los cuadros técnicos del gobierno son realmente progresistas y están convencidos que el Estado debe tener una presencia importante en la economía.

La semana pasada escribí un tweet un tanto derechoso comentando el globo de ensayo del gobierno de bajar la edad de impuntabilidad de 16 a 14 años

El impacto que tuvo este tweet con más de 500 retweets y “me gusta” fue diez veces mayor al segundo más popular que haya escrito. Eso me hizo pensar que había tocado un nervio sensible. Y uno al que el gobierno debería prestar atención antes que aparezca un nuevo actor político que lo corra por derecha.

Es sabido que la oposición critica a Macri diciendo que gobierna “para los ricos”. En realidad el gobierno sesga sus políticas hacia quienes tienen poder, no riqueza per se. Gobierna para las provincias que, o controlan el Senado, o son gobernadas por dirigentes de Cambiemos. Gobierna para los dirigentes sociales que le pueden copar la calle (en la Ciudad, Rodríguez Larreta pareciera maldecir el controlar la policía y no poder culpar a Otro por el desmadre).

Los funcionarios progresistas que mencionaba en el anterior post arriba citado se apalancan en este discurso opositor para justificar su forma de ver la realidad y mantener el gasto social a niveles muy altos.

Pero el gobierno puede tomar medidas que sin bajar el gasto social le den un guiño a sus votantes de centro derecha (esos a quienes les gustó tanto mi tweet, y que si existiera una Ucedé moderna la votarían antes que a Cambiemos). La AUH es un beneficio que tiene condicionalidades en la medida que los padres deben cumplir requisitos de salud y educación. Por qué no agregar como condición que los chicos no delinquen? La gran mayoría no lo hace y habrá pocos casos de familias que pierdan sus beneficios por este motivo. Pero el anuncio satisfará a quienes son menos progresistas que el promedio.

Hablando de la AUH, otra posible idea de “derecha” (léase pensada con criterio de eficiencia) es graduarla por el orden de nacimiento de los hijos. Por ejemplo, supongamos que hoy en día una familia puede cobrar $100 por hijo hasta cinco hijos. Propongo que por el primero cobre $160, por el segundo $110, por el tercero $80, por el cuarto $60 y por el quinto $40. Los números son ilustrativos y deberían calcularse para que el Estado gaste lo mismo que lo que gasta hoy en día (decir que gaste menos es ajustar, vade retro satanás).

Por qué sería mejor esto? De base hay costos fijos de tener hijos por lo cual es razonable una prestación que sea decreciente en el número de hijos. Además, por un lado se corrigen los posibles incentivos que la prestación pueda tener en la fecundidad. Por otro lado se genera una transferencia de recursos de regiones con costo de vida relativamente bajo a regiones con costo de vida relativamente alto. Sin tener datos duros a mano me parece que hay mayor número de familias pobres con cinco o más hijos en el NOA o NEA que en la región pampeana. Y la canasta básica es más barata en el NOA que en la región pampeana (o patagónica). Con lo cual esta medida mejora la asignación de los recursos. 

Por supuesto que el lector progresista se rasgará las vestiduras y me insultará por ponerle un “precio” diferencial a cada niño y que eso viola sus derechos, y bla bla. Lo siento, yo no soy (tan) progresista y no puedo dejar de pensar en la ganancia de eficiencia de la propuesta, su atractivo para el votante de derecha huérfano de representación, y el hecho que Cambiemos gobierna en la región pampeana y la oposición peronista en las provincias más pobres. Igual dudo que el gobierno pueda/quiera/sepa como administrar la política social bajo otra ideología que no sea la progre populista. 


Efectivo, ganancias y PISA

14/12/2016

La semana pasada Lucas Llach twiteó lo siguiente

Como me pareció medio burro pensar que eliminar el efectivo pueda llegar a reducir la incidencia del crimen le respondí lo siguiente

Entiendo que el Banco Central, del cual Lucas es vicepresidente, quiera impulsar medios electrónicos de pago por una cantidad de razones. En mi opinión deberían dedicarse un 100% a otras cosas que son mucho más importantes que esto (hoy en día si Argentina elimina el peso lo único que se va a conseguir es que el dólar sea usado para transacciones cotidianas). Guillermo Calvo diría que están bailando en el Titanic.

Con respecto al impuesto a las ganancias y la torpeza con que el gobierno envió su proyecto al Congreso vale la pena leer la nota que escribió Carlos Pagni en La Nación el lunes.

La reacción de la Casa Rosada ante el revés desnudó que el problema es más delicado que un contratiempo operativo. Macri y sus voceros explicaron que, en vez de perder, habían ganado, porque ahora se corroboró que Cambiemos es lo nuevo. Y que Sergio Massa es un falso renovador, atrapado como todo el peronismo en el pasado kirchnerista. El defecto de esta respuesta no es que sea mentirosa. Es inadecuada. Es cierto que Massa negoció con Máximo Kirchner y se hizo expresar por Axel Kicillof. También es cierto que Margarita Stolbizer votó con el dueño de Hotesur. Pero esos argumentos alimentan el marketing. No resuelven una crisis de gobierno. Es como si alguien a quien le destruyeron la casa, se justificara ante sus hijos diciendo que los agresores eran unos forajidos. Es decir: el modo que elige Macri para estigmatizar a sus rivales es autodestructivo. Porque lo que logró el peronismo la semana pasada es agigantar una de las incógnitas más sensibles del programa económico: cómo financiar el déficit fiscal sin aumentar la presión impositiva. De modo que, con tal de dañar la imagen de sus adversarios para las próximas elecciones, el Presidente daña su imagen de administrador.

Ayer la discusión en el Senado fue puesta en pausa (supongo que para permitirle al gobierno usar la Banelco). Vale la pena recalcar que en la Argentina el impuesto a las ganancias es un impuesto de clase que pagan los más ricos (entre el 10 y 20%). En la mayoría del mundo desarrollado el impuesto a las ganancias es un impuesto masivo que paga todo el mundo, pero al ser progresivo los más ricos pagan una alícuota mayor.

En los EEUU el gobierno federal empezó a cobrar impuesto a las ganancias (income tax) en 1913. Inicialmente era marginal pero las necesidades de la Primera Guerra Mundial llevaron a expandir el impuesto de forma tal que 20% de la base imponible pagaba y la alícuota mayor era del 77%. Entre 1913 y 1921 los Demócratas estaban en el poder, pero de 1921 a 1933 gobiernan los Republicanos y una de sus banderas de campaña era abolir este impuesto (igual que Macri). Si bien no lo hicieron redujeron la alícuota máxima al 25% y solamente pagaba el 10% más rico.

Cuando los Demócratas vuelven al poder con Franklin Roosevelt como presidente se aumenta la alícuota máxima al 79% en 1937 pero sin expandir la base tributaria. Recién cuando EEUU entra en guerra en 1941 se expande la base hasta el punto que en 1945 el 85% de los norteamericanos pagaba impuesto a las ganancias. Cuando la guerra terminó el sistema tributario permaneció intacto reflejando un acuerdo tácito entre Demócratas y Republicanos. Los primeros aceptaban que ciudadanos de ingresos medios y bajos paguen a cambio de una mayor tasa sobre los ricos. Y los segundos aceptaban que los ricos paguen mientras todos los ciudadanos fueran alcanzados.

La universalización del impuesto a las ganancias debido a la necesidad de recursos para una guerra se ve en otros países (ver este documento de trabajo de Juliana Vélez, una estudiante de doctorado en Berkeley). Nosotros no hemos tenido una guerra que haya requerido movilizar al menos el 2% de la población, pero hemos sufrido hiperinflaciones, defaults, y (casi) todo tipo de crisis en las últimas décadas. Deberíamos seguir el camino de la universalización de ganancias. Pero no.

Finalmente, una de las noticias de la semana que pasó es la exclusión de la Argentina de los resultados de las pruebas PISA por manipulación de la muestra durante el último gobierno. Tampoco se salva Macri porque los buenos resultados de CABA se explican porque a los alumnos seleccionados se los preparó para la prueba. Hecha la ley hecha la trampa. Igual no es necesario ver los resultados de las PISA para medir lo ignorantes que somos. Basta con ver la proliferación de películas dobladas en los cines y la casi extinción de las versiones originales con subtítulos. Por un lado el espectador medio no sabe leer, y por el otro se recurre a la solución populista del doblaje en lugar de mejorar la enseñanza. Argentina potencia.

 

 


Autopsia del gobierno de Macri

07/12/2016

En pocos días se cumplirá el primer aniversario del gobierno de Mauricio Macri. Quizás un poco prematuro para una “autopsia”, pero estoy convencido que a menos que ocurra un shock importante lo que veremos será lo siguiente: a) sintonía fina dentro de un modelo equivocado cuyas distorsiones no son percibidas debido a la anestesia de los ingresos extraordinarios por el blanqueo, b) el oficialismo saca entre 30 y 35% en las elecciones de medio término lo que no importa como sea “relatado” será una derrota, c) el peronismo vuelve al poder en Diciembre de 2019.

En este escenario base Macri logra ser el primer presidente no peronista (y no militar) en cumplir su mandato desde Marcelo T. de Alvear. No es un logro menor, pero la comparación debiera ser con el potencial que tenía el gobierno de Cambiemos en Diciembre de 2015 y el gap es muy grande. Los shocks que pueden revertir este pronóstico son, por la positiva, un cambio de orientación de la política económica, social e institucional que refuerce el poder del Ejecutivo (basta de buenos modales con los gobernadores “feudales”), acote las prestaciones sociales a la realidad presupuestaria (en vez de expandir y aumentar beneficios, racionalizarlos y reducirlos), y otorgue incentivos para apostar por el futuro del país (sendero creíble de ajuste fiscal, mantenimiento a rajatabla de las metas inflacionarias, mayor apertura con un tipo de cambio más competitivo).

Por la negativa, el shock obvio es que de persistir el estancamiento el gobierno pierda el control de la calle (o mejor dicho que se lo saque el peronismo del conurbano) y Macri siga los pasos de Alfonsín y De la Rúa renunciando anticipadamente en medio de un incendio.

Voy a repasar un año de impresiones para que el lector entienda cómo llegué a estas conclusiones.

En Diciembre de 2015 era optimista. Creía que el nuevo gobierno, aunque políticamente débil, tenía mucho margen para reducir distorsiones y tomar decisiones que no debían pasar por el Congreso pero que le darían a los inversores una clara señal para traer fondos al país. Respecto de la inflación veía que la misma podía ser domada con el trabajo conjunto de distintas áreas de gobierno: política monetaria relativamente contractiva, sendero creíble de ajuste fiscal (financiando el déficit con deuda), y recorte gradual pero sostenido de los subsidios a la energía y el transporte.

Para atraer la inversión el gobierno tenía que mantener un tipo de cambio depreciado lo que reducía los costos de importar capital y permitía competir. Para lograrlo hubiera habido que bajar los aranceles a la importación de manera de crear demanda genuina de divisas, e impedir el traslado del tipo de cambio a precios. Pero aunque el muerto de los futuros de dólar impedía tomar estas medidas en lo inmediato, no hubo nunca señales que indicaran que esto era lo que buscaba el gobierno. De hecho se hizo todo lo contrario. Se apreció el dólar para usarlo, una vez más, como ancla de la inflación.

Nota al margen: la decisión de bajar los aranceles de computadoras a cero es exactamente el tipo de medidas que yo esperaba se tomaran al asumir el gobierno, no a partir de 2017. Es una medida excelente porque reduce los costos de un insumo importante en la producción y genera demanda genuina de divisas para depreciar el peso. ¿Y los ensambladores de Tierra del Fuego?, se preguntarán algunos. Mi respuesta: que se mueran.

Al promediar el año percibí que el gobierno no tenía brújula. O como titulé una nota: no hay plan. En el primer semestre vimos unas atrocidades que le mostraban luces rojas (no amarillas) a los potenciales inversores. Distintos gobiernos de Cambiemos combatían a innovadores como Monsanto y Uber al mismo tiempo que trataban de seducir a inversores. Mi reencontrado pesimismo lo reflejé en una serie de notas criticando el no ajuste, ni siquiera gradual, que no hacía el gobierno (e.g. ver acá).

Las cosas empeoraron cuando vino el fallo de la Corte que dejó sin efectos las subas del gas. En este caso la señal de alarma fue que el gobierno decidiera no solamente empezar de cero (lo cual era lo correcto, ya que respetaba la independencia del poder Judicial), sino que tomara la decisión de hacer más gradual el recorte de los subsidios. En efecto, no sólo se retrasó la fecha de comienzo del único “ajuste” del gobierno, sino que se decidió, sin imposición alguna excepto sus propios fantasmas, hacer subir las tarifas por la escalera en lugar de usar el ascensor. Al poco escribí una nota sobre como esto impactaba, negativamente, sobre la lucha contra la inflación.

Estoy convencido que la única carta fuerte que puede presentar el gobierno de cara a las elecciones del año próximo es llegar con una inflación de alrededor del 1% mensual en los tres meses previos (cosa que quede como tendencia y no como el resultado de un mes excepcional). Tomando en consideración la política real, léase las limitaciones externas y autoimpuestas para gobernar, el año que viene se crecerá entre 2,5 y 3,5%. O sea poco como para basar la campaña en el crecimiento. Además Doña Rosa no se va a dar cuenta de esto, y sí va a percibir una cuasi-estabilidad de precios en el supermercado.

A pesar de la importancia de doblegar la inflación el gobierno, con Prat Gay a la cabeza (ayudado por columnistas de los principales medios, como Joaquín Morales Solá y Carlos Pagni, que operaron abiertamente por el ministro de Hacienda), atacó la independencia del BCRA y obligó a la institución comandada por Federico Sturzenegger a bajar las tasas de las Lebac poniendo la meta del 17% para el año próximo en peligro. Esto último se puede ver en los relevamientos de expectativas de inflación que han subido en el último mes, así como también en la medición de Inflación Verdadera que subió de 1,55% a 1,65% mensual durante Noviembre.

Es comprensible el fastidio de Prat Gay por no poder cumplir con sus propias metas de reducción del déficit fiscal debido a la modalidad para gobernar que tiene el resto de los integrantes del gabinete: gobernar es gastar. Y como no hay un ministro de Economía fuerte, ministro que quiere gastar lo hace sin importarle el impacto de sus medidas. Me imagino a Prat Gay queriendo matar a Carolina Stanley cuando se florea que con 30.000 millones de pesos aseguró un Diciembre en paz ¿Y dónde está la paz? En la Capital asediada por piquetes no.

Creo que el gobierno no va a cambiar el rumbo este año. En parte por los ingresos extraordinarios del blanqueo que le van a impedir ver lo insostenible de su política fiscal. También porque en ocho años de gobierno en la Ciudad, Macri mostró a) poca preocupación por el rojo de las cuentas fiscales municipales, y b) reticencia a hacer cambios de gabinete. Además hay que agregar que buena parte de los cuadros técnicos del gobierno son realmente progresistas y están convencidos que el Estado debe tener una presencia importante en la economía.

En definitiva, lo mejor que puede pasar es que, directa o indirectamente, el gobierno se acerque a un populismo eficiente y aunque pierda las elecciones le suba la vara para el gobierno peronista que lo suceda. Una vez más, un logro no menor. Pero que palidece al lado de lo que pudo ser.


Only four years

08/11/2016

En los actos de campaña para la reelección de un presidente en Estados Unidos los simpatizantes de éste cantan (o gritan) “four more years”. En tres años lo vamos a volver a ver, independientemente de quien gane hoy. Pero considerando la altísima imagen negativa que tienen ambos candidatos me parece que quien gane gobenará solamente cuatro años. De hecho no me sorprendería una primaria muy competitiva que ponga al presidente contra las cuerdas antes de la elección general.

Hace unos meses, con motivo de la visita de Barack Obama a la Argentina, escribí un post crítico sobre su gestión. Una de las medidas que usé para evaluarlo eran las creíbles aspiraciones presidenciales de Donald Trump y Bernie Sanders. El segundo quedó en el camino, pero el primero tiene cerca de un 25% de probabilidades de ganar hoy.

De ganar Trump el shock de incertidumbre sería muy fuerte (de hecho se sintió en los mercados hasta el fin de semana siguiendo la evolución de las encuestas). De ganar Hillary Clinton tendremos cuatro años de política mediocre con limitaciones explícitas, ya que no contará con mayoría en ambas cámaras, o implícitas por tener prensa hostil y enfrentar críticas del populismo nacionalista tanto de derecha como de izquierda. La única excepción sería si los republicanos pierden el control del Senado y Clinton acuerda una agenda moderada con ellos (si los republicanos controlan ambas cámaras seguirá la “guerra de desgaste”). Hay que prestar atención al candidato o candidata a cubrir la vacante en la Corte Suprema para ver si hay fumata.

La semana pasada Jorge Asís criticó a Clinton por su labor cuando fue Secretaria de Estado (no por el tema importante, pero secundario, de los emails). Reproduzco algunas líneas para que el lector vea que la presidencia Clinton no va a dar el Pinet

Justamente al Departamento de Estado se le pasó por alto, en su estrategia, que en Medio Oriente se incubaba una violencia que no se basaba en el terror selectivo de los atentados. Encaraban por la violencia territorial. Con la territorialización de La Jihad se gestó la base del Estado sanguinario, pero con población y petróleo. Con sabiduría publicitaria aprendida en países desarrollados, y con un ejército en las sombras de todos los costados de Occidente.
Los sunnitas radicalizados, los fanáticos humillados de Irak y de Siria, estados de fronteras artificiales, reaccionaban a la absurda consecuencia de la invasión americano-británica en Irak. Con el poder de regalo para un chiita (que se reportaba a Irán), en unión con los sunnitas que reprimían en Siria Los Assad, durante 40 años.
Mientras declinaban abruptamente las primaveras árabes, la proverbial incapacidad de la dupla Obama-Clinton coincidía con la inmolación del territorio de Siria. Junto a la imposibilidad de derrocarlo a Bashar Al Assad. Apoyado, hasta la muerte del último de sus soldados, por Irán.

Asís trata de ver el lado positivo de un Trump presidente. Eso para mí es un oxímoron. Por eso me tapo la nariz y digo ¡go Hillary!

EXPOST: Y bueno, Trump es el presidente electo de los Estados Unidos. Una suerte de Berlusconi yankie que, al decir de un amigo hincha de River, llevó a su país a la B. Es hora de recalibrar nuestros instrumentos de medición. Y no me refiero a las encuestas, salvo para agradecer a Nate Silver su excelente trabajo que fue objeto de inmerecidas criticas partisanas en los últimos días (ver este post en predictwise). Vamos a tener que reevaluar la política económica y externa de EEUU ya que probablemente el equipo de trabajo de Trump sea atípico como él (no tanto ya que ni Berlusconi se rodeó de payasos para gobernar).

Aprovecho para copiar un par de párrafos de una nota en el Economist de hoy

WHEN Barack Obama proffered his election-day olive branch to a divided country on November 8th, it sounded rather trite: “No matter what happens, the sun will rise in the morning.” But in the dark of a night that, state by state, delivered a coruscating verdict on Mr Obama’s legacy and elected Donald Trump to the White House, those words started almost to feel optimistic…

It is one of the most dramatic electoral upsets America, or anywhere, has ever seen. America’s next president will be a man who led a racist campaign to discredit the incumbent, Mr Obama. While campaigning, he abused women, the disabled, Hispanics and foreigners. He advocated using torture, and nuclear bombs, said his opponent was corrupt and possibly a murderer, and swore that, if elected, he would lock her up. Almost half of American voters have now given Mr Trump an opportunity to follow through on that threat. Who knows; perhaps he will.

Supongo que al igual que en este post (y en el anterior linkeado más arriba) la presidencia de Obama va a ser, merecidamente, evaluada en parte por su legado: Trump.

Pero terminemos con un video de buena música para compensar con un poco de yang tanto yin


Cultura, realidad y política

04/10/2016

En el país existen diferencias culturales manifiestas. Podemos resumirlo en el “civilización o barbarie” de Sarmiento, peronistas o gorilas, kirchneristas o antikirchneristas. Como se puede ver en estas clasificaciones, es conveniente dividir las categorías en dos. Yo las etiquetaría como “nacional populista” y “liberal”. Mientras la primera reniega del mundo (aislacionista), la segunda busca integrarse al mismo (cosmopolita). Además mientras la primera considera al mercado un mal (más o menos absoluto según lo radicalizada de la visión), la segunda considera al mercado como una herramienta esencial para un ordenamiento económico moderno.

Estas diferentes culturas generan diferentes realidades, ya que un observador mira el mundo a través de sus anteojos culturales. Por eso para un argentino nacional populista el relato del kirchnerismo, como los indicadores que decían que teníamos menos pobres que Alemania, era (quizás todavía lo es) creíble, mientras que para un argentino liberal era insostenible. Esta “grieta” se profundizó desde 2008 con el conflicto que el gobierno tuvo con Clarín ya que los medios en lugar de presentar una descripción promedio de las realidades subjetivas se radicalizaron.

La diferencia de culturas impone restricciones a la política. Lo interesante es que esto no se manifiesta en dos partidos que representen las visiones contrapuestas del nacional populismo y el liberalismo. Es cierto que por un lado tenemos un partido nacional populista, el peronismo. Pero por el otro lado no tenemos un partido liberal. ¿Por qué? Supongo que en parte es porque en Argentina al liberalismo se lo asocia con la derecha, y ser de derecha está todavía estigmatizado. Esto genera un circulo vicioso.

Según sondeos de opinión, entre un cuarto y un tercio de los argentinos serían liberales. Creen en el mercado (sin ser fanáticos), y creen en la importancia de un Estado que esté presente pero solamente donde es necesario. Sin embargo un político que los busque representar no puede, por censura de la mayoría nacional populista, presentar una plataforma que les hable en forma directa y clara. Esto produce políticos de derecha “light” y, lo que es más importante, una desconexión entre éstos y su electorado.

Esta desconexión no permite la comunicación ida y vuelta que, por un lado fortalezca a los políticos, y por el otro comunique a los votantes que los objetivos de política deben sujetarse a las restricciones de la mayoría nacional populista (es decir, que hay obstáculos entre lo ideal y lo posible). Esto resulta en votantes que se frustran porque no ven al Estado achicado de un día para el otro, o cómo el gobierno anunció ayer, que se posterga la segunda rebaja a las retenciones al campo.

¿Estoy diciendo que Cambiemos es de derecha? No. Pero es consciente que entre sus votantes está ese 25-33% de los argentinos que es liberal. Pero como no quiere aparecer hablando solamente con éstos comete errores de comunicación como no haber blanqueado la herencia el primer día, o no explicar claramente que no es razonable que los consumidores de la CABA y el GBA paguen tarifas irrisorias por la energía. Es comprensible su actitud dado que si solamente este segmento del electorado lo votara en las elecciones legislativas del año próximo sería visto como un fracaso. También es comprensible que los liberales estén algo desencantados (y esto se refleja en la caída en la imagen positiva del gobierno, ver indicador de UTDT que pasa de 3,03 en marzo a 2,53 en septiembre). Máxime mientras no tengan un representante que les hable en forma directa y les decodifique las restricciones para alcanzar sus aspiraciones.


Invertir o no invertir, esa es la cuestión

13/09/2016

Hoy se inaugura el Foro de Inversión y Negocios de Argentina. Vendría a ser la materialización del “modelo” macrista, si entendemos a éste como uno que tiene a la inversión como motor del crecimiento. El problema es que el gobierno no tomó todavía conciencia que no alcanza con decir “yo no soy Cristina” para que vengan las inversiones. Si bien tomó algunas medidas que son necesarias para atraer capitales, no son suficientes.

La ausencia de populismo explícito no implica reglas de juego estables. Como dice un empresario petrolero citado en una nota en La Nación hoy,

“Lo mejor que puede ocurrir es que, al cabo de estas reuniones, el Gobierno descubra con claridad la necesidad de fijar reglas claras industria por industria, sector por sector. Es la carencia más perjudicial, hoy, para cualquier proyecto de inversión”

Peor es el hecho que el gobierno también ha tomado muchas medidas populistas, lo cual enciende señales de alarmas en los invesores, en particular los extranjeros. ¿Qué es lo que ellos desearían ver? Un gobierno que dicte marcos regulatorios que incorporen las preferencias de la sociedad para ser estables (por ejemplo, protección al medio ambiente, “compre” argentino, participación estatal, etc.). Que indique un sendero de consolidación fiscal que sea políticamente viable y permita inferir la carga tributaria en el mediano y largo plazo. Que garantice estabilidad monetaria y financiera para no agregar costos superfluos. Que oriente la inversión pública a obras de infraestructura que reduzcan costos de producción o transporte.

En nueve meses el gobierno ha sido incapaz de dar señales claras en estos frentes. Las (laxas) metas fiscales anunciadas a poco de asumir ya son letra muerta. El Banco Central anuncia metas de inflación del 17% para el año que viene, lo cual es risible en cualquier país serio. El ministro de Hacienda habla de un acuerdo de precios y salarios porque sabe que es la única forma que su poder no quede licuado por el Banco Central (y los otros mini-ministros de Economía). Después de las torpezas que desembocaron en el veto a la ley antidespidos, o en la resolución de la Corte contra el recorte de subsidios al gas, los observadores de la realidad política se preguntan si no estaremos frente a otro tropiezo con la discusión respecto a cerrar (aun más) las importaciones

El problema es que los inversores extranjeros saben que la única verdad es la realidad. Mirán el sitio Inflación verdadera y saben que la agresividad con la cual el Banco Central se ve obligado a bajar las tasas de interés está resultando en un repunte de la inflación (de 1,06% mensual el 5 de agosto a 2% un mes más tarde). Saben que hablar de metas de inflación de dos dígitos no ayuda a que el Banco Central construya reputación. Saben que decir que el ajuste fiscal vendrá por el lado del crecimiento económico es voluntarismo puro. Saben que el costo para la Argentina de seguir sin plan hasta las elecciones del año próximo es alto. En definitiva, saben que hoy su dinero vale más en su bolsillo que hundido en una inversión en nuestro país.

EXPOST: Ayer el ministro Prat Gay expuso cómo el gobierno se disparó un tiro en el pie fiscal. Según informa La Nación en esta nota:

En tal sentido, Prat-Gay, que respondió a las preguntas del auditorio con desgano, buscó traer tranquilidad: “Si podemos tener la situación fiscal de Chile hoy en dos años, habida cuenta de los últimos 12 años, es suficientemente ambicioso. La Argentina es un país federal, buena parte del gasto tiene poca flexibilidad: son salarios, subsidios y jubilaciones. Estamos trabajando sobre lo que podemos trabajar, pero sobre todo estamos trabajando con la verdad. Mientras el déficit vaya bajando, estaremos en la dirección correcta. Cuando vean que haya un año que no baje sin una buena razón, ahí sí va a ser un tema”.

Espero no ser el único en preguntarse lo siguiente. ¿Por qué, si el gasto en subsidios y jubilaciones es poco flexible, el gobierno a poco de asumir otorgó nuevos subsidios (expansión de la cobertura de la AUH, al transporte fuera del área metropolitana, etc.) y aumentó jubilaciones? ¿No era mucho más razonable esperar a reducir el déficit fiscal antes de tomar estas medidas? Ya se lo que me va a decir el lector: es la política estúpido.


La Corte y las tarifas

19/08/2016

Ayer la Corte Suprema de asestó una dura derrota al gobierno de Mauricio Macri al rechazar, por unanimidad, el aumento de las tarifas de gas a los usuarios residenciales. Además dejó la puerta abierta para que las empresas, en particular las PyMEs, presenten recursos de amparo ante la justicia.

Lo primero que infiero es que efectivamente, como vengo sosteniendo desde principios de año, el gobierno de Macri es débil (vale la pena aclarar que varios analistas y medios sostienen lo contrario, o lo hacían hasta hace poco). Acaba de sufrir su propia 125 y no tiene el control de las intituciones que tenía el kirchnerismo en 2008.

La lectura que hacen los medios oscilan entre el pesimismo y un optimismo basado en el reducido impacto fiscal al mantenerse los aumentos del gas para las empresas. El lector que quiera una síntesis puede leer la nota de Carlos Pagni publicada hoy en La Nación, que identifica tres “costos” para el gobierno

La Corte ayer emitió un fallo distinto del que Macri imaginaba. En el texto aparecieron un trío de efectos que él no había contemplado: un mayor déficit fiscal, más complicaciones para quienes decidan invertir y un enredo político que deberá, en algún momento, resolverse.

El primero de estos costos en realidad ya estaba anticipado, al menos desde el fallo hace mes y medio de la Cámara Federal de La Plata. Ahora habrá que ver el tamaño del impacto fiscal, que dependerá de la extensión del fallo a empresas si estas realizan amparos (imagino una horda de políticos K corriendo a los tribunales en nombre de las PyMEs), y de la celeridad en realizar las audiencias y lograr aumentos de tarifas como Dios (o la Corte) manda. Más importante es ver cómo compensa el gobierno este mayor gasto en subsidios. Dado que no tiene disciplina fiscal dudo que reduzca el gasto en otras áreas por la misma magnitud. Al mismo tiempo espero que ante la baja en la inflación (según Inflación Verdadera este mes se llegó a un ritmo de aumento del 1% mensual) no monetizen el déficit porque sería comprometer el único logro perceptible por los consumidores/votantes. De manera que espero la respuesta sea una combinación de más deuda y menos inversión pública.

Con respecto a las señales para atraer inversores, noté hace unos meses que no es una especialidad del gobierno. En lo referido a las inversiones en exploración y producción de gas el problema es la politización (y judicialización) del precio del gas en boca de pozo. El gobierno esperaba que la Corte aceptara que es facultad del gobiero fijar este precio pero ésta decidió que, mientras el precio no sea de mercado, deberá someter los aumentos a audiencias públicas. Según Pagni

El precio del gas es el componente principal de la factura. Mucho más gravitante que el del transporte y la distribución. Y los especialistas del Gobierno, con Juan José Aranguren a la cabeza, consideran que es imposible liberarlo por completo. El ministro lo explicó a sus colegas de gabinete ayer al mediodía: “Es irracional pretender que el gas pueda fluctuar con libertad y al mismo tiempo obligar a audiencias públicas para el transporte y la distribución. ¿Qué pasaría con las transportistas y las distribuidoras, que tienen el precio de las tarifas fijado por audiencias si el gas sufriera un aumento de precio brusco? Quebrarían”.

Con la obligación de celebrar audiencias para fijar el precio del gas aparece otro costo que Macri lamenta en el fallo de ayer: establece un obstáculo en la corriente de inversión para el sector energético. Se preguntaban ayer en la reunión de gabinete improvisada en el despacho de Marcos Peña al mediodía: ¿qué productor de hidrocarburos va a poner un dólar para extraer ese producto si el precio al que debe venderlo estará sometido a una audiencia de consumidores? Salvo que el Gobierno derogue el decreto 181/2004, que le permite regular ese precio, los contratos de compraventa de gas van a estar sometidos a ese mecanismo. El problema es más grave porque la matriz energética argentina triplicó su dependencia gasífera en los últimos 12 años.

Un posible medida para el gobierno sería anunciar que a partir del primero de enero de 2018 (u otra fecha en el futuro cercano) el precio del gas lo determinará el mercado. Esto tendría un doble valor. Para los inversores les daría un horizonte para sus proyectos (invierten en exploración hoy, y en un año y medio cuando comienzan a producir cobran el precio de mercado). Y forzaría a sincerar el resto de la tarifa en ese plazo, audiencia mediante. Aclaro que considero que la mejor forma de normalizar el precio del gas sería liberar ya el precio de la producción de los nuevos pozos y hacer converger el precio de los pozos maduros al valor de mercado en un horizonte razonable. Pero supongo que la duplicidad de precios no sería del agrado de la Corte (aunque ésta pareciera ser experta en duplicidad).

El tercer costo señalado por Pagni es político. Como aclaré al comienzo de la nota desde el primer día tengo la impresión que el gobierno es débil. Sin embargo es importante el empoderamiento de los políticos populistas que tiene el pronunciamiento de la Corte. Según Pagni

La Jefatura de Gabinete tardó en reaccionar unas tres horas. Las principales figuras de Cambiemos esperaron el clásico mail “qué estamos diciendo”, con el fraseo sobre la nueva situación. Llegó tarde, con sabor a poco: “El cambio que se produjo en la Argentina es que respetamos las instituciones”. El oficialismo debería elaborar un discurso más consistente para quienes advierten que ayer se produjo una novedad de primera magnitud: la Corte no está dispuesta a acompañar, sin establecer grandes restricciones, el reordenamiento económico propuesto por Macri. Un aval a quienes consideran que ese reordenamiento es despiadado. O, por lo menos, un detalle que deberán incorporar a su argumentación quienes, dentro y fuera del gabinete, consideran viable un ajuste ortodoxo…

El fallo fue una instancia crítica de un proceso mal ejecutado. Hay ministros que aconsejaron no realizar un aumento de tarifas tan drástico… Los errores aparecieron cuando todo estaba hecho. Estos desaciertos fueron señalados hace más de dos meses, en una de las clásicas reuniones de los sábados por la mañana, cuando la gobernadora Vidal dijo: “Estamos ante problemas graves de gestión”. Pero Jaime Durán Barba refutó: “Para nada. El problema de las tarifas sólo interesa a un mínimo grupo de gente”. El desdeñable círculo rojo, al que pertenece, por ejemplo, la Corte.

Al respecto me permito hacerle una sugerencia a Macri: Al menos un funcionario debería renunciar cargando sobre sus espaldas el costo político de esta derrota.

Finalmente le hago a los viejos miembros de la Corte la siguiente pregunta. Si como ustedes afirmaron en su fallo la audiencia pública previa es un requisito esencial para la adopción de decisiones en materia de tarifas, ¿no deberían haberle exigido a los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner que realizaran audiencias para mantener las tarifas congeladas en un contexto de alta inflación? Reum non facis.

EXPOST: Santiago Gallichio, ocasional contribuyente en este blog y actualmente presidente de Provincia Leasing, escribió recientemente una nota sobre el fallo de la Corte en Ámbito Financiero.

El error de la Corte consiste en considerar la tarifa de gas prácticamente como si se tratara de un impuesto, es decir, solamente como una tarifa regulada, como si no tuviera un componente económico de precio de mercado. A esta confusión contribuyó inadvertidamente el gobierno anterior, al tratar el precio que pagaba el público como un precio homogéneo, en lugar de distinguir entre precio del insumo (no regulado) y tarifas de servicio monopólico (reguladas). Producir gas vale lo que vale. Depende de los costos de exploración y de extracción. Su precio no es un impuesto ni una decisión discrecional del Estado. Por eso mismo no puede considerarse que este aumento pudiera ser “confiscatorio”, como erróneamente considera la Corte (considerando 33). Ningún precio puede ser confiscatorio: se puede pagar o se deja de pagar. Si no lo paga el consumidor, lo pagará el productor, pero alguien se hace cargo del costo. Lo que sucedió en la Argentina reciente fue que el consumidor pagaba mucho menos de lo que costaba producirlo, el Estado compensaba solo muy parcialmente ese desfasaje y el ajuste consistió en que los productores dejaran de explorar y, finalmente, nos quedamos sin gas y debemos importar. Los consumidores “nos confiscamos” las reservas de gas de la Argentina…

Analizaremos ahora si es razonable que se realice gradualmente, como pide la Corte. Ello significaría permitir que las familias se anoticien de un aumento de precios de manera gradual y puedan ir acomodando sus nuevas canastas de consumo de a poco. Para las familias parece razonable. Pero, mientras se van acomodando, seguirán consumiendo los demás bienes en exceso de su presupuesto a expensas del gas subsidiado, y el problema energético subsistirá. ¿Por qué debería el gas seguir subsidiando otros consumos familiares, cuando estamos en una profunda crisis energética? ¿Solo porque nos acostumbramos a no pagar por él? Esta posición no parece razonable desde el punto de vista del interés general.

Tiene mucha razón Santiago en decir que el problema no es impositivo. Esto me recuerda el fallo del juez John Roberts en 2012 respecto a la constitucionalidad de la reforma del sistema de salud en EEUU (conocido como Obamacare). Entendió que como el gobierno estaba obligando a los norteamericanos a contratar un seguro de salud (en realidad penalizando a quienes no lo hicieran) se trataba de un impuesto, y por ende una facultad permitida por la constitución.

Sin embargo entiendo el gradualismo en el ajuste para los hogares desde una óptica económica. Con gas regalado nadie se preocupaba por aislar térmicamente su casa (olvidémonos de los pobres o muy pobres ya que, o tienen que recurrir a garrafas, o están alcanzados por la tarifa social). Y hacerlo es costoso ya que es una “inversión” que se paga hoy pero da beneficios por varios años. El gradualismo le permitiría a los hogares usar el ahorro del gas barato en un par de años para invertir en mantener sus casas calientes con menos consumo. Considerando que la gente es miope y usarían el subsidio al gas para, en palabras de Santiago, “otros consumos familiares”,  me parece que el gobierno, además del gas, también debería subsidiar los gastos relacionados con el aislamiento térmico de viviendas. Al menos por un par de años.


A %d blogueros les gusta esto: