Los costos laborales

31/01/2017

Con el ascenso de Nicolás Dujovne al ministerio de Hacienda la discusión de los costos laborales pasó a un primer plano. En una nota en La Nación de noviembre del año pasado, el actual ministro especulaba sobre los efectos de reducir los impuestos al trabajo a la mitad

El costo fiscal directo de bajar los impuestos al trabajo a la mitad es de 3,5% del PBI, pero casi un punto se recupera de inmediato por el aumento en la recaudación de Ganancias en las empresas y del IVA por el aumento en el consumo que provocaría la mejora en los salarios de bolsillo ante las menores cargas personales. Otra parte sustantiva se recuperaría por el blanqueo de parte de los tres millones de empleados en negro.

Es cierto que el país en inviable con un 35% de los trabajadores con empleo informal. En forma directa porque la presión para universalizar el sistema de seguridad social sumado al envejecimiento poblacional tienen las características de una bomba atómica de tiempo. Y en forma indirecta porque la informalidad en gran parte refleja la inviabilidad económico-financiera de casi todo emprendimiento en blanco. 

Pero también es cierto que el costo neto de 2,5% del PBI de la reforma que Dujovne analizó desde el llano (bueno, no tan llano, recordemos que formó parte de los técnicos de Cambiemos por lo menos desde el armado de la alianza electoral a comienzos del 2015) no se recupera tan fácilmente. Ello requiere credibilidad, que no abunda: si la medida es percibida como temporaria, las empresas no blanquearán a sus empleados informales y quedará un agujero negro en las cuentas fiscales. 

Es por ello que se viene discutiendo una forma factible, tanto técnica como políticamente, de reducir los costos laborales desde que asumió el nuevo ministro. El domingo La Nación publicó una nota de Silvia Stang que resume los ejes sobre los que gira esta discusión. Una de las formas de evitar los problemas de equilibrio malo mencionado en el párrafo anterior es reducir los impuestos solamente para los nuevos empleos, o hacer rebajas temporarias.

En lo referido a la baja de costos, se proyecta disponer un monto salarial temporalmente exento de contribuciones para nuevos empleos, siempre que la empresa en cuestión incremente su número de trabajadores. Según aclara a LA NACION Héctor Daer, uno de los sindicalistas jefes de la CGT, la exención sería sobre la parte de la contribución empresaria que se destina a financiar diferentes pagos de la seguridad social, y no sobre lo que va a las obras sociales. Si, por caso, el monto exento se fijara en $ 10.000, no se pagaría nada (por el concepto afectado) por un salario de $ 9000, en tanto que por una remuneración de $ 12.000 se contribuiría sobre $ 2000.

En este párrafo vemos, implícitamente, que hay un juego tipo guerra de desgaste entre el gobierno y los sindicatos. Los sindicatos no quieren reducir los gastos destinados a obras sociales que los benefician directamente, y pretenden que el costo corra por cuenta del gobierno. El gobierno obviamente querría lo opuesto (aunque no lo diga públicamente, por razones obvias). Creo que es posible diseñar una reforma que logre distribuir la carga entre ambos. La idea parte de la apreciación de Luis Campos, coordinador del Observatorio de Derecho Social de la CTA, levantada en la nota de Stang:

“Se podría pensar que menos costos es más formalidad; yo soy escéptico”, opina Campos. Y explica: “La informalidad laboral es parte de una economía no registrada”. Por tanto, se entiende que no se va a declarar un número de empleados que no sea consistente con las cifras de la actividad en blanco. Campos cree que, como hay sectores con baja o nula informalidad, disponer una medida generalizada con la meta de reducir ese problema sería potenciar las ganancias de algunas empresas.

La clave es que el grado de formalidad es heterogéneo a través de sectores. Donde la informalidad es baja tiene menos urgencia bajar los impuestos (al menos mientras el gasto sea alto y no querramos endeudarnos para financiarlo). Mientras que en sectores con alta informalidad sería eficiente hacerlo. Los sindicatos probablemente tengan mejor información sobre la elasticidad del empleo en sus sectores, y una forma de extraer esa información es proponer una rebaja de impuestos proporcional a la rebaja en las contribuciones a las obras sociales (y aportes al sindicato) aceptadas por los sindicatos. 

El coeficiente de proporcionalidad debe ser elegido con cuidado para que quede claro que esta propuesta no busca desfinanciar a los sindicatos por un lado, y que no ofrezca un “almuerzo gratis” por el otro. Por ejemplo, por cada punto de reducción de los aportes al sindicato y a obras sociales el gobierno reduce las contribuciones al sistema de pensiones en cinco puntos. 

El principal beneficio de esta propuesta es que tiene credibilidad automáticamente, ya que la rebaja de impuestos se produce solamente en actividades donde la “competencia” de la informalidad empuja a los sindicatos a aceptar una reducción en la tasa de sus ingresos. Y lo hacen porque percibirían que lo que ganan en cantidad de aportantes más que compensa el costo. Hablando mal y pronto, con el efecto multiplicador de la rebaja de impuestos del gobierno pasan al lado “bueno” de sus curvas de Laffer. 

Termino con un saludo a mi padre, fan número uno del blog, que hoy cumple 75 años 🙂


To bleach or not to bleach

11/10/2016

El blanqueo es hoy en día una fuente de dolores de cabeza para los argentinos de pie que sacan las cuentas sobre las ventajas y desventajas de las alternativas. Una conclusión era obvia, como indica Néstor Scibona en su última columna dominical en La Nación: prácticamente nadie hundió fondos en el bono a tasa cero:

Una prueba del disgusto oficial es que el Ministerio de Hacienda y Finanzas decidió no divulgar el monto de la suscripción del bono en dólares a tres años y tasa cero, que venció el 30 de septiembre. Esto indica que habría tenido escasa aceptación, por más que permitía blanquear sin costo y al Tesoro financiarse de la misma forma. Sin embargo, este impreciso resultado no marca una tendencia porque estaba cantado: los especialistas desaconsejaban este título, por resultar más conveniente pagar el impuesto de 10% y recuperarlo con inversiones financieras, que inmovilizar el capital hasta 2019.

Se entiende que Prat Gay critique la tasa de interés de las licitaciones Lebac que hace el Banco Central como muy alta: él vive en un mundo de fantasía en el cual 3% anual es la tasa de interés real de equilibrio. Por favor, un paracaídas para que Alfonso pueda bajar (suavemente) a la realidad. Al margen, por suerte el Banco Central leyó a tiempo que se le disparaba la inflación y dejó de bajar la tasa hace unas semanas (el indicador de Inflación Verdadera, luego de tocar un máximo el 22 de septiembre comenzó a bajar).

Volviendo a las cabilaciones de los (no tan) contribuyentes argentinos, se entienden sus dudas. Al mismo tiempo que el gobierno anuncia e implementa el blanqueo hace saber que el proyecto de presupuesto para el año que viene contempla aumentar la escala máxima del impuesto a las ganancias del 35 al 40%. O sea, blanqueá hoy y mañana te desplumamos.

Me parece que aunque el gobierno esté convencido que Cambiamos, los ciudadanos necesitamos más evidencia para aceptar una carga tributaria digna del primer mundo. Y por supuesto en algo el gobierno no Cambió: la culpa la tiene el Otro. Para Prat Gay ahora son los bancos los responsables por la escasa adhesión al blanqueo. Se entiende su nerviosismo. Es que el blanqueo al menos es democrático. Le da dolores de cabeza al gobierno también.


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