Efectivo, ganancias y PISA

14/12/2016

La semana pasada Lucas Llach twiteó lo siguiente

Como me pareció medio burro pensar que eliminar el efectivo pueda llegar a reducir la incidencia del crimen le respondí lo siguiente

Entiendo que el Banco Central, del cual Lucas es vicepresidente, quiera impulsar medios electrónicos de pago por una cantidad de razones. En mi opinión deberían dedicarse un 100% a otras cosas que son mucho más importantes que esto (hoy en día si Argentina elimina el peso lo único que se va a conseguir es que el dólar sea usado para transacciones cotidianas). Guillermo Calvo diría que están bailando en el Titanic.

Con respecto al impuesto a las ganancias y la torpeza con que el gobierno envió su proyecto al Congreso vale la pena leer la nota que escribió Carlos Pagni en La Nación el lunes.

La reacción de la Casa Rosada ante el revés desnudó que el problema es más delicado que un contratiempo operativo. Macri y sus voceros explicaron que, en vez de perder, habían ganado, porque ahora se corroboró que Cambiemos es lo nuevo. Y que Sergio Massa es un falso renovador, atrapado como todo el peronismo en el pasado kirchnerista. El defecto de esta respuesta no es que sea mentirosa. Es inadecuada. Es cierto que Massa negoció con Máximo Kirchner y se hizo expresar por Axel Kicillof. También es cierto que Margarita Stolbizer votó con el dueño de Hotesur. Pero esos argumentos alimentan el marketing. No resuelven una crisis de gobierno. Es como si alguien a quien le destruyeron la casa, se justificara ante sus hijos diciendo que los agresores eran unos forajidos. Es decir: el modo que elige Macri para estigmatizar a sus rivales es autodestructivo. Porque lo que logró el peronismo la semana pasada es agigantar una de las incógnitas más sensibles del programa económico: cómo financiar el déficit fiscal sin aumentar la presión impositiva. De modo que, con tal de dañar la imagen de sus adversarios para las próximas elecciones, el Presidente daña su imagen de administrador.

Ayer la discusión en el Senado fue puesta en pausa (supongo que para permitirle al gobierno usar la Banelco). Vale la pena recalcar que en la Argentina el impuesto a las ganancias es un impuesto de clase que pagan los más ricos (entre el 10 y 20%). En la mayoría del mundo desarrollado el impuesto a las ganancias es un impuesto masivo que paga todo el mundo, pero al ser progresivo los más ricos pagan una alícuota mayor.

En los EEUU el gobierno federal empezó a cobrar impuesto a las ganancias (income tax) en 1913. Inicialmente era marginal pero las necesidades de la Primera Guerra Mundial llevaron a expandir el impuesto de forma tal que 20% de la base imponible pagaba y la alícuota mayor era del 77%. Entre 1913 y 1921 los Demócratas estaban en el poder, pero de 1921 a 1933 gobiernan los Republicanos y una de sus banderas de campaña era abolir este impuesto (igual que Macri). Si bien no lo hicieron redujeron la alícuota máxima al 25% y solamente pagaba el 10% más rico.

Cuando los Demócratas vuelven al poder con Franklin Roosevelt como presidente se aumenta la alícuota máxima al 79% en 1937 pero sin expandir la base tributaria. Recién cuando EEUU entra en guerra en 1941 se expande la base hasta el punto que en 1945 el 85% de los norteamericanos pagaba impuesto a las ganancias. Cuando la guerra terminó el sistema tributario permaneció intacto reflejando un acuerdo tácito entre Demócratas y Republicanos. Los primeros aceptaban que ciudadanos de ingresos medios y bajos paguen a cambio de una mayor tasa sobre los ricos. Y los segundos aceptaban que los ricos paguen mientras todos los ciudadanos fueran alcanzados.

La universalización del impuesto a las ganancias debido a la necesidad de recursos para una guerra se ve en otros países (ver este documento de trabajo de Juliana Vélez, una estudiante de doctorado en Berkeley). Nosotros no hemos tenido una guerra que haya requerido movilizar al menos el 2% de la población, pero hemos sufrido hiperinflaciones, defaults, y (casi) todo tipo de crisis en las últimas décadas. Deberíamos seguir el camino de la universalización de ganancias. Pero no.

Finalmente, una de las noticias de la semana que pasó es la exclusión de la Argentina de los resultados de las pruebas PISA por manipulación de la muestra durante el último gobierno. Tampoco se salva Macri porque los buenos resultados de CABA se explican porque a los alumnos seleccionados se los preparó para la prueba. Hecha la ley hecha la trampa. Igual no es necesario ver los resultados de las PISA para medir lo ignorantes que somos. Basta con ver la proliferación de películas dobladas en los cines y la casi extinción de las versiones originales con subtítulos. Por un lado el espectador medio no sabe leer, y por el otro se recurre a la solución populista del doblaje en lugar de mejorar la enseñanza. Argentina potencia.

 

 


Productividad, robots, y educación

28/03/2016

A fin del año pasado publiqué una nota con título “Basta de Frey y Osborne! (deseo para el 2016)”. No ha terminado marzo que dicho deseo no se cumplió. Ayer La Nación publicó no una, sino dos notas sobre el peligro que robots nos roben nuestros empleos. La base que motiva ambas notas, una de Sebastián Campanario, la otra de Eduardo Levy Yeyati, es un informe del Banco Mundial sobre los “dividendos digitales” que todavía no se materializaron, en particular en países en desarrollo.

Según dicho informe Argentina es el país de ingresos medios con mayor proporción de trabajos en riesgo de ser automatizados, i.e. sustituíbles por robots o por computadoras con software de “inteligencia artificial”. Según Levy Yeyati

En la Argentina, en un contexto de estancamiento, con motores de crecimiento histórico de baja demanda relativa de trabajo, y con una distancia creciente entre la formación de los estudiantes y las necesidades de nuestras empresas, la inevitable apertura tecnológica puede profundizar la caída de la participación laboral y la concentración de ingresos y riqueza. Entre otras razones, porque nuestra fuerza laboral es intensiva en calificaciones medias y está particularmente expuesta al reemplazo, como lo refleja nuestro primer puesto en el ranking del Banco Mundial que ordena a los países según el porcentaje de sus empleos que son reemplazables por la automatización.

Entonces, ¿priorizamos el empleo a expensas de la productividad o la productividad a expensas del empleo?

Y según Campanario

En el debate por el futuro del empleo hay un autor fetiche para los economistas: el estadounidense David Autor es, para el economista argentino y director del Cedlas Guillermo Cruces, “quien mejor viene estudiando esta área temática”. Autor defiende una hipótesis de “polarización del empleo”: los trabajos que más están cediendo a favor de la automatización son los “intermedios” en la distribución de habilidades. Esta es una de las explicaciones para que la Argentina ocupe el primer puesto en redundancia de empleo del Banco Mundial: nuestra estructura laboral está muy concentrada en el medio: proporcionalmente, alta incidencia de personas con secundario completo. En este segmento entra buena parte del empleo público, trabajo administrativo, telemarketing, bancario, de seguros, etcétera…

Para el economista del Cedlas, “si bien este escenario (el que describe el Banco Mundial) no es la antesala de una distopía de desempleo tecnológico masivo en la Argentina en el largo plazo, la evidencia presentada es un insumo clave para quienes piensan e implementan políticas de desarrollo y transformación productiva. Este insumo debería ayudarnos a identificar las áreas con mayor potencial de crecimiento, y a la vez, las áreas en que más bajas se producirán, para ayudar a reconvertir y compensar a los trabajadores desplazados.

En el post del año pasado notaba que la predicción de Frey y Osborne que un 47% de los empleos en EEUU estaban en riesgo no estaba correctamente fundada. Eso no quita que cualitativamente es correcto decir que hay ocupaciones que habrán de desaparecer. El progreso tecnológico se ha encargado de destruir, y generar, empleo desde siempre. Y la Argentina no es la excepción. Pero si insistimos en predicciones apocalítpticas lo único que vamos a lograr es que la dirigencia de nuestro país lo mantenga cerrado al progreso tecnológico, como hicieron los Kirchner durante 12 años (aunque el país estaba cerrado desde la crisis de 2001 por una combinación de fricciones financieras y cambiarias).

Los políticos que tienen algo de memoria recordarán que durante los noventa, cuando el país importó capitales y tecnología, el resultado fue un incremento del desempleo de aproximadamente el 6 al 18%. Un análisis más profundo determinará que el nivel de atraso tecnológico del país en 1991 era altísimo (más que hoy en día) y que el desempleo sobre el final de la convertibilidad era alto por factores cíclicos. Pero la realidad es que entre 4 y 6 puntos porcentuales del desempleo se debían a factores estructurales al encontrarse dichos trabajadores inservibles en la nueva “matriz productiva”. Puede hoy el país tomar medidas que eleven en el mediano plazo el desempleo en 3-4%? No. Pueden tomarse medidas que aumenten la productividad en el largo plazo sin afectar el empleo? Si.

La automatización o robotización depende de incentivos y restricciones. Consideremos la decisión de comprar una Ferrari. Si el potencial comprador debe pagar tres veces su valor en impuestos, o si solamente la puede usar en una ruta en muy mal estado, no habrá muchas personas interesadas. Lo mismo sucede con la decisión de incorporar tecnología. El Estado puede graduar su adopción mediante medidas de política. Por ejemplo, en el sector automotriz las empresas radicadas en el país ya trabajan con alta tecnología y este sería un caso en el cual una política de apertura tendría más ganancias que pérdidas. En el otro extremo la industria textil necesita tiempo e incentivos para pasar de un modelo mano de obra (esclava?) intensiva a uno que combine robótica con diseño.

Para poder lograr esta transición al desarrollo tecnológico de punta (que hoy en día sólo se encuentra en el sector agrícola) es fundamental educar a los futuros trabajadores. Como dice Campanario en la citada nota

El estudio del BM advierte que la respuesta de políticas públicas al dilema pasa por dar educación de mayor calidad y más ajustada a las necesidades, “en un ámbito donde las reformas tardan muchos años en dar frutos”. Tiempo, justamente, es lo que no sobra.

Antes de cambiar la educación, hay que lograr que los chicos vayan a la escuela. La AUH es una política social que requiere la escolaridad de los chicos para que las madres cobren el subsidio. Como ya he comentado hace unos años, en mi opinión el programa es perfectible. Por ejemplo la evaluación a fin de año para determinar si los chicos aprueban el curso (lo que determina el cobro del plus por escolaridad de la AUH, si recuerdo bien) debiera ser mediante un examen estandarizado a nivel provincial o Nacional. Esto lograría que los maestros en lugar de recibir presiones non sanctas para que alumnos sin calificaciones aprueben, recibirían las presiones naturales para hacer su trabajo.

En lugar de escuchar que el gobierno de Macri piensa medidas que perfeccionen la AUH, el propio Presidente anunció una expansión del programa que desvirtúa parte de sus objetivos. Según nota de ayer en La Nación

El Ministerio de Desarrollo Social que encabeza Carolina Stanley, aportó dos proyectos clave. El primero de ellos, la ampliación de la Asignación Universal por Hijo (AUH) sobre la base de fondos asignados por el Banco Mundial, tiene como objetivo incluir al millón y medio de chicos que aún no reciben el beneficio instalado durante la gestión kirchnerista.

Con los fondos anunciados por el Presidente se irán a buscar a los menores excluidos del plan por falta de vacunas o asistencia a clases, requisitos para recibir la asignación.

Las mentes pensantes de Cambiemos, que las hay, qué esperan que pase con los beneficiarios corrientes de la AUH si indiscriminadamente se le empieza a otorgar el subsidio a cualquiera, sin pedir “asistencia a clases”? Lo mismo que pasa con quienes pagan impuestos y ven que Cristóbal López puede evadir $8000 millones como si nada. La (poca) disciplina se pierde y la AUH pasa a ser percibida como un derecho sin obligación.

Le pido a Levy Yeyati, que se estaría incorporando a la Jefatura de Gabinete en estos días, que dado que siente la respiración de un robot en la nuca, le explique a Carolina Stanley que no debiera desvirtuar la AUH, sino todo lo contrario, transformarla en la herramienta que permitirá a las futuras generaciones cobrar el mencionado dividendo digital.


Meditación de Paul Krugman

24/11/2012

Paul Krugman acaba de escribir en su blog un post que debiera ser de lectura obligatoria para los estudiantes de Economía que se quejan de la pluralidad de modelos que usamos para enseñarles herramientas de análisis económico. De hecho me guardo el link de referencia cuando encuentre este tipo de cuestionamientos en el futuro.

El objetivo de Krugman es mostrar que un buen modelo puede ser usado en diferentes contextos y sus implicaciones no obedecen a criterios políticos. Y que un buen economista sabe cuando cambiar sus “modelos”: cuando lo indican los hechos, no por razones ideológicas. Acá uno de los párrafos del post:

Some readers asked, what do I mean by a “model”? The answer is, I’m pretty generous on that front – it could be solved equations, it could be a computer simulation, it could be a physical apparatus like the Phillips hydraulic Keynesian model, or it could just be a carefully written verbal discussion like Hume’s essay on the balance of trade. What makes it a model is that however it’s presented, it involves a careful discussion of micromotives and macrobehavior – that is, it describes what individuals are doing (not necessarily out of perfect rationality), and how that individual behavior adds up to some aggregate outcome. Crucially, it’s not just a set of slogans.

Interesante esto último, pensando en cuanto economista argentino cree que está siendo riguroso cuando solamente balbucea cual papagayo. Cierro con la última frase del post (que debiera ir acompañada de un guiño): 

So you should try to think in terms of models; it will make you a better person.

😉


Un paro docente para no ir a dar clases a Lugano

09/04/2012

Hace varios días que el gobierno de la Ciudad viene anunciando la fusión de un número de cursos en escuelas públicas por falta de alumnos. Hace más de un año, cuando el blog no tenía todavía un mes de actividad, escribí este post sobre la calidad de la educación en nuestro país. Repito el link que puse a un informe de la Dirección de Investigación y Estadística del Ministerio de Educación del Gobierno de la CBA que analiza la evolución de la matrícula en escuelas primarias de la Ciudad entre 2001 y 2008. 

En el informe se pueden ver estadísticas, auténticas, no salidas del INDEC, que muestran que la matrícula total de alumnos en escuelas públicas cayó en 2643 alumnos en ese período. La información dice que en siete distritos (mayormente en la zona norte de la Ciudad) la caída fue de 6045 alumnos, mientras que en seis distritos (mayormente en la zona sur) registraron un aumento de 4418 alumnos. Los números no mienten y son consistentes con las explicaciones del ministro de Educación porteño, Esteban Bullrich: se cierran cursos que tienen pocos alumnos en la zona norte y se busca trasladar docentes a la zona sur.

Hoy el gremio Ademys anunció un paro antes de reunirse esta tarde, como estaba previsto, con Bullrich. De esta forma desnuda el propósito político de su accionar, implícitamente reconociendo la razón de los argumentos del gobierno porteño (y la dificultad de defender sus “privilegios”). Además como economista no dejo de pensar que paro injustificado hoy resulta en caída en la matrícula mañana en la medida que la incapacidad de llevar los hijos a la escuela da incentivos a los padres a pagar una privada que sea más confiable. O sea, docentes miopes que se pegan un tiro en el pie. Todo lo contrario de lo pretendido por el secretario de prensa del gremio que dijo:

Se deben discutir políticas inclusivas, para que los chicos vuelvan a la escuela pública y para que los que están afuera del sistema educativo vuelvan a la escuela

Es de esperar que teniendo hechos concretos que respalden las decisiones de la cartera educativa, el gobierno de Mauricio Macri no de el brazo a torcer en este reclamo de docentes que no quieren ir a trabajar a la zona sur pues prefieren tener a cargo cursos de menos de diez alumnos en Belgrano que treinta o cuarenta en Lugano. Estas actitudes recuerdan la tendinitis de los trabajadores del subte con la recarga de la SUBE y dan, con el perdón de Fito, asco


El premio Nobel y el plan de estudios

18/10/2011

Este año no iba a escribir sobre el premio Nobel que recibieron Thomas Sargent y Christopher Sims, pero viendo que al mismo tiempo se discute la reforma del plan de estudios de Economía en algunas universidades públicas van una reflexiones a dos bandas.

Sobre el Nobel a Sargent y Sims se ha escrito bastante. Refiero a los posts de Iván Werning en Foco Económico y Jesús Fernández-Villaverde en Nada es Gratis. Viendo la lista de ganadores en los últimos años, destacamos la siguiente progresión de macroeconomistas:

  • Robert Lucas Jr. en 1995
  • Robert Mundell en 1999 (international finance más que macro)
  • Edward C. Prescott y Finn Kydland en 2004
  • Edmund Phelps en 2006
  • Peter Diamond, Dale Mortensen, Christopher Pissarides en 2010 (modelos de búsqueda)
  • Thomas Sargent y Christopher Sims en 2011

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El modelo educativo chileno bajo la lupa

30/08/2011

Mientras siguen las protestas estudiantiles en Chile que mezclan reclamos genuinos como la eliminación de las universidades con fin de lucro, o el pedido de gratuidad de la educación, con pretensiones que van más allá de la política educativa (y que son inevitables en toda manifestación de corte “mayo del 68”), está bueno repasar algunos análisis de los hechos hechos con cierta objetividad.

“Análisis” subjetivos hubo varios, solo menciono el de Larry de Los tres chiflados, que en lugar de describir el modelo chileno critica todo intento de poner un precio a la educación (arancelarla) y dice cosas como:

Por suerte, en Argentina si no te gusta la universidad pública se puede optar por ir a una privada de excelente calidad. Pero la UBA y tantas otras nacionales es un derecho básico y elemental que sean gratuitas.

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Ideología, macroeconomía y ciencia: una reflexión a la luz de afirmaciones recientes

04/07/2011

Por Enrique Kawamura

En su columna dominical de coyuntura del día de ayer (domingo 3 de julio de 2011) Néstor Scibona se refirió a un comentario realizado por Axel Kicillof (defendido por distintos comentaristas en este blog en el pasado reciente) en las Jornadas Monetarias del BCRA de este año, según el cual la teoría económica necesita un replanteo luego de la crisis financiera de EEUU de 2008, y que este comentario pareció estar asociado a otro según el cual Kicillof afirmó

el gasto público, la sobreemisión monetaria y los aumentos de salarios no son causantes de la inflación, sino que esa idea surge de las teorías ortodoxas y monetaristas impuestas en la Argentina por la dictadura militar y que son sostenidas hasta el presente, aún por economistas que se definen como keynesianos

Como economista, profesor e investigador, creo que el gran problema con este tipo de discusiones es que no conducen a nada demasiado útil, especialmente para quienes realmente padecen problemas económicos (normalmente, las familias de ingresos bajos y por debajo de la línea de indigencia). Descalificar una teoría por su supuesta afiliación con sistemas políticos inadecuados no parece ser justamente demasiado “científica”. En el ambiente científico, una teoría podría falsearse, por ejemplo, si las predicciones de la teoría no se condicen con sus predicciones. Si la teoría conlleva implicancias de política que (al menos para algunos) podrían no ser deseables, parece un problema diferente.

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