Argentina no innova

30/08/2016

En los últimos meses me sorprendió (gratamente debo admitir) una seguidilla de notas sobre diferentes innovaciones tecnológicas desarrolladas en el país. Si bien es cierto que a veces algunos temas se ponen de moda y uno lee varias veces lo mismo, en este caso lo hacía con placer. Hasta que la semana pasada Andrés Oppenheimer me sacó de un mazazo la sonrisa con esta nota publicada en La Nación.

[V]eamos los resultados del Índice de Innovación Global de 128 países publicado por la Universidad de Cornell, la escuela de Negocios Insead y la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual de las Naciones Unidas.

La mayoría de los países de América latina, con las posibles excepciones de Chile (44) y Costa Rica (45), están muy atrás. México ocupa el puesto 61, y lo siguen Uruguay (62), Colombia (63), Brasil (69), Perú (71), República Dominicana (76), Argentina (81), Guatemala (97), Ecuador (100), Nicaragua (116) y Venezuela (120).

O sea, la Argentina está ¡novena! en América Latina. El marcado contraste entre esta medición de nuestra falta de innovación y el tono optimista de las notas arriba mencionadas me llevó a releerlas (acá copio una de ellas, la más reciente publicada en La Nación). Encontré señales inequívocas de desvaríos, como el siguiente:

Joan Cwaik, innovador tecnológico y gerente de Marketing y Comunicaciones para Latinoamérica de Maytronics, empresa que fabrica y comercializa la línea Dolphin (robots limpiadores de piscinas), señala que la robótica en la Argentina no se encuentra en manos de grandes industrias multinacionales, sino que los desarrollos en la materia son propiedad de emprendedores que aprovechan el código abierto y la democratización de los conocimientos.

“En la Argentina, creo que estaremos en condiciones de hacer manufacturas de robots domésticos competitivos frente a la región y al mundo en los próximos 5 a 10 años. Desde Maytronics, en los últimos años ya invertimos en investigación y desarrollo e hicimos pruebas de fabricación local”, dice Cwaik.

Debería haberme dado cuenta que si alguien dice que vamos a ser competitivos fabricando robots tenía que tirar la nota a la basura. En la misma el autor, Carlos Manzoni, se refiere a la empresa Satellogic que construye nanosatélites, y que es el principal ejemplo de repetición serial en los medios. Una búsqueda en internet de “Fresco” y “Batata”, los nombres que le pusieron a sus últimos dos satélites, arroja 73 resultados en La Nación y 21 en Clarín. Parece que ir al espacio sigue siendo un tema que vende.

El problema es que según una nota en la última edición del Economist, practicamente cualquiera puede fabricar un nanosatélite

An hour’s drive up Route 101 you will find a very different spacecraft factory. Planet, until recently known as Planet Labs, occupies a shabby-chic building in the South of Market area of San Francisco. A room the size of a largish Starbucks on the ground floor houses the desks and tools needed to build 30cm-long satellites each weighing about five kilos. If you know what to look for, you will recognise many of the components as coming from other sorts of device, most notably smartphones. Making one of these “Doves” (pictured), as Planet calls them, takes about a week. At the back of the room there are dozens packed up ready to be shipped off. This is the new face of space: small objects, large numbers.

Doves are part of an extended family of very small satellites known as cubesats. In the late 1990s researchers at Stanford University and California Polytechnic State University in San Luis Obispo realised that a certain amount of standardisation would make very small satellites much easier to launch. They came up with a standard called the “1U” cubesat: a box 10cm by 10cm by 11.5cm with electronic and physical interfaces that would allow it to fit alongside others of its ilk in a dispenser that could fly as a “secondary payload” (launchers often have more capacity than they need for their main cargo). The standard caught on. By early 2013 some 100 cubesats had flown, and the tools required to design and build one were so well developed that a class of schoolchildren with an inspired teacher could take on the task.

Que quede claro que no menosprecio el trabajo de Satellogic (y aparentemente el CEO Emiliano Kargieman nunca escondió el hecho que “tanto el software como el hardware son de plataforma abierta y estarán disponibles para aficionados”). Lo que critico en esta nota es la descripción en los medios de empresas que operan en segmentos no tradicionales como innovación tecnológica cuando no lo es. La Argentina necesita más emprendedores, y también desarrollar tecnología de punta. Por lo visto también necesitamos más (y mejores) periodistas especializados.


Hay túnel

21/06/2016

La semana pasada escribí un post moderadamente pesimista que refleja mi cambio de expectativas de un ajuste gradual, a un no ajuste persistente. Ya no creo que el gobierno se vió obligado a dejar barreras arancelarias y paraarancelarias a la importación altas porque el muerto de los futuros de dólar lo obligaba a mantener el tipo de cambio atrasado hasta mediados de año. No, lo hizo porque si el gobierno de Macri es desarrollista, lo es en el sentido histórico latinoamericano de la palabra. Ve el desarrollo a través de la sustitución de importaciones que se financian sobre la eficiencia del sector primario (más sobre esta observación en el futuro)

Tuvimos la desgracia de padecer los gobiernos horrorosos de Cristina Kirchner. Para Macri es una suerte, pues haciendo políticas “desarrollistas” (a.k.a. peronismo de manual) puede lucir en contraste como un líder serio que va a llevar al país a buen puerto. ¿Tomaría el gobierno otras medidas si contara con mayoría en ambas cámaras? Seguro que sí, tanto porque tendría más margen de maniobra, como por el hecho que su minoría parlamentaria refleja el poco apego que tiene la sociedad al ajuste (queremos el gasto alto y los impuestos bajos, como buenos inmaduros). 

¿Quizás después de las elecciones del año que viene el gobierno se refuerce en el Congreso y acelere las reformas? Quizás. Pero me cansé de esperar condicionales (que después de levantar el cepo, que después de salir del default, que después del blanqueo, etc.). Y la realidad es que si las restricciones políticas impiden las reformas el gobierno debiera de aprovechar las detenciones de José López e Ibar Pérez Corradi para tomar el control de la agenda legislativa (con proyectos ley, e incluso decretos de necesidad y urgencia). Pero no se ve más que un cambio marginal en las ínfulas de la tropa oficialista. 

Y en mi nueva óptica moderadamente pesimista la detención de estos dos delincuentes no me invita a festejar, sino a llorar al reconocer lo enquistada que está la corrupción en el país. Recomiendo leer la nota de Hugo Alconada Mon en la La Nación de hoy:

Se trata de un sistema de impunidad que se nutre de una estructura que se desarrolló de manera paulatina durante las últimas décadas. ¿Cinco rasgos de ese sistema? 1) El actual ordenamiento legal incluye penas muy bajas para delitos de corrupción, por lo que el temor a ir preso es casi inexistente, más aún a la luz del bajísimo porcentaje de condenas que registran los coimeros argentinos desde hace décadas. 2) La infraestructura para investigar esos delitos es insuficiente, con juzgados, fiscalías y organismos de control sin el personal necesario ni capacitado. ¡si en ciertas dependencias ni siquiera cuentan con Internet! 3) El presupuesto para las distintas áreas del Estado que deberían prevenir y combatir la corrupción es bajísimo, a tal punto que nuestro país destina más dinero a transmitir fútbol por televisión que a potenciar la Oficina Anticorrupción, la Auditoría General o las fiscalías especializadas, entre otras dependencias. 4) Quienes quieren investigar al poder carecen de verdaderos escudos protectores (así, por ejemplo, los jueces y fiscales “molestos” pueden ser apartados con facilidad de las causas calientes, mientras que el Consejo de la Magistratura se demostró impotente durante más de una década para resolver casos flagrantes de mal desempeño como el de Oyarbide). 5) Sobreabundan los operadores, expertos en “alegatos de oreja”, distribución de prebendas y aprietes, ante jueces, fiscales, peritos y sabuesos.

¿Es casualidad, entonces, que la figura del arrepentido no rija en la Argentina para los delitos de corrupción, pero sí para el secuestro extorsivo, el financiamiento del terrorismo, la trata de personas o el lavado? Tampoco es casual que ni los políticos ni los empresarios locales quieran esa opción. Al contrario: le tienen pánico.

¿Tiene sentido tratar de votar una ley del arrepentido para delitos de corrupción? Sí, pero por los motivos que enumera Alconada Mon no es políticamente viable su aprobación hoy. Sugiero que primero se apruebe una amnistía para todo funcionario y empresario que confiese su participación en delitos de corrupción. Todo aquel que confesara sus delitos de corrupción no iría a prisión y solamente tendría que reintegrar los dineros mal habidos. Si es o fue funcionario también quedaría inhabilitado por un plazo para el ejercicio de la función pública (no se si es posible una sanción similar a los empresarios corruptos). Para incentivar la participación, por un tiempo largo (¿10, 20 años?) se resguardaría la identidad de los arrepentidos. 

Todo aquel que no se acoja a la amnistía en un plazo determinado y luego fuera encontrado culpable de delitos de corrupción debería sufrir el máximo rigor posible, dado el punto 1) mencionado arriba por Alconada Mon. Aunque agregaría que en un contexto de cambio cultural (que es en parte posible) la condena social aumentaría el costo de ir a juicio y ser condenado por corrupción. Y la información provista por los arrepentidos aumentaría considerablemente la probabilidad de detección de los corruptos que no se acojan a la amnistía. 

Es preferible eliminar la corrupción a futuro, a buscar la condena explícita de los miles de corruptos que se enriquecieron en las últimas décadas. El gobierno pareciera contentarse con una posición gatopardista en la cual se sorprende cuando casos puntuales salen a la luz, pero envía proyectos de leyes que sabe no van a prosperar.

EXPOST: El Financial Times publicó hoy (23/6) una nota sobre los cambios a gobiernos menos populistas en América Latina (Argentina, Brasil y Perú) de los últimos seis meses. A Macri le critican tomar el camino de mínimo esfuerzo:

Nor are Latin Americans necessarily making a permanent swing away from a discredited populist left. “Needed economic corrections that the new governments will have to make will be unpopular and create opportunities for the left to return,” adds Mr [Moisés] Naím.

Adding to the complexities are the 55m Latin Americans who rose into the middle class over the past decade. They have high expectations of continued advancement, making governing harder still. Is there any way to square the circle?

The easy answer is to keep spending — as Mr Macri is in Argentina. Despite raising subsidised electricity prices by 400 per cent earlier this year, a move that provoked critics to decry his administration as “brutally neoliberal”, his government has maintained social programmes and relaxed an earlier austerity drive. As a result, the fiscal deficit is expected to hit 5 per cent of gross domestic product this year.

 


Uber, Monsanto, y el círculo (rojo) virtuoso

19/04/2016

La Argentina está a un pasito de salir del default. Y esta era una condición necesaria para el lanzamiento de un plan económico integral. Mucho se ha especulado sobre la naturaleza de este plan, y existe consenso sobre un aspecto del mismo: el motor del crecimiento va a ser la inversión. Por obvias razones políticas también se están tomando medidas para que el consumo no caiga mucho (sea por caída del salario real como del nivel de empleo).

Al leer los medios hay que tener cuidado con la forma en que se presentan los hechos. Por ejemplo, la manifestación que apoyó la presentación de Cristina Kirchner en Comodoro Py, con la Cámpora haciendo de policía, ¿fue positiva para el gobierno de Macri porque le recuerda a la población el desastre K? ¿O fue negativa porque nos muestra la incapacidad del gobierno para controlar la calle? La realidad es que ambas lecturas coexisten y no son excluyentes. Por ahora. Porque como bien analiza Jorge Fontevecchia el domingo en Perfil, si el gobierno no encauza la economía permite la aparición de un nuevo relato K

Según [el economista] Dante Sica: “La inflación se va a terminar combatiendo con desempleo, el ingreso de las familias caerá, y más hogares van a atravesar la línea de pobreza”.

Un contexto económico así requeriría una dosis de optimismo muy grande en el futuro para contener o aplacar la conflictividad social. Que literalmente “lluevan dólares” y haya un boom de inversiones que, aunque no hubieran aún generado efectos de derrame, hicieran verosímil la llegada de un nuevo ciclo de crecimiento. Y es ahí donde nuevamente turbulencias políticas, derivadas o relacionadas con avances judiciales, podrían posponer inversiones dificultando el plan económico del Gobierno…

Hay una diferencia entre una narración y un relato: Macri tiene una narración pero el kirchnerismo tenía un relato porque era una narración que lograba transformar la realidad. La palabra de Cristina hoy, mientras no consiga torcer el rumbo de los acontecimientos, deja de ser relato para ser una narración más, entre varias. Pero si la economía se le fuera de las manos a Macri, otra vez se les produciría a los kirchneristas la posibilidad de construir un relato.

Fontevecchia ve a la incertidumbre política como un factor que pondría en peligro la llegada de inversiones, alargando la recesión y dinamitando el apoyo que el gobierno hoy tiene en las encuestas. En esta nota quiero hacer notar otro factor de riesgo: que el gobierno se contente con atraer inversiones de cabotaje de empresarios del círculo rojo y no logre seducir al capital extranjero que traería tecnología de punta junto con los dólares. El problema es que esto resultaría en una recuperación a velocidad lenta con un techo muy bajo para el ingreso per cápita. Y los medios no reflejan el hecho que no todas las inversiones son iguales.

La semana pasada el gobierno envió dos señales negativas a potenciales inversores extranjeros. Por un lado se atacó muy fuerte el desembarco de Uber en el país. Por el otro el ministerio de agricultura reguló el monitoreo que Monsanto hace sobre los embarques de soja para detectar si la misma se obtuvo con su tecnología y si el productor pagó las regalías correspondientes. Estamos ante dos ejemplos de avances tecnológicos que encuentran medios hostiles para desarrollarse. Pasemos a analizar ambos casos.

Uber compite con el servicio de taxis. Acá y en todas las ciudades del mundo donde presta, o intentó prestar, su servicio. De hecho Macri no es el primer presidente en meterse en la disputa entre Uber y las autoridades municipales de una ciudad. Ya lo hizo Francois Hollande en Francia el año pasado. Pero Hollande es un presidente socialista, Macri supuestamente es “desarrollista”. Es cierto que en parte el éxito de Uber radica en eludir regulaciones y leyes laborales lo que permite ofrecer un servicio de transporte a un precio competitivo. Pero también es cierto que ofrece un servicio complementario al taxi. Por ejemplo, al permitir la variación de los precios según la demanda se incentiva la oferta, y ¿quién no ha sufrido por no poder conseguir un taxi cuando llueve? No digo que el gobierno de la Ciudad no tenga razón en tratar de enmarcar el servicio dentro de una regulación razonable. Pero la respuesta del gobierno nacional parece ludismo puro (al menos calma a los ansiosos por la robotización). Y eso no atrae tecnología de punta.

Al respecto propongo una medida para calmar los ánimos de los taxistas. O al menos para que quede claro que sus protestas son para defender una renta. Que el gobierno de la Ciudad se comprometa a recomprar las licencias de todos los taxis que decidan dar de baja su servicio debido a la competencia de Uber (pagando el máximo entre el precio de mercado y un precio sostén). Esto le reduce la incertidumbre a los taxistas respecto a la rentabilidad de su negocio. Si invierten hoy en una licencia y dentro de un año descubren que Uber copó el mercado, saben que la pérdida de capital si el precio de la licencia se desploma está acotada por el precio sostén. Una idea similar se discutió en Australia a fines del año pasado.

Monsanto es líder mundial en ingeniería genética de semillas. El país se benefició ampliamente con la soja Roundup Ready que permitió un boom en la productividad desde hace aproximadamente 20 años. Ahora Monsanto desarrolló una nueva semilla, la Intacta RR2 Pro. Y para asegurarse el cobro de las regalías en los contratos se implementó un sistema por el cual los productores se ven obligados a firmar una cláusula en los contratos de granos donde aceptan que se realice un test sobre su soja a fin de determinar si fue producto del uso de la semilla Intacta. Si el productor usó la tecnología y no la pagó, en el puerto Monsanto aplica un descuento directo sobre el grano. La regulación reciente del ministerio de agricultura se mete en este contracto entre privados. De nuevo, no digo que no haya que regular, en especial cuando la relación es asimétrica entre un monopolista y un conjunto de “pequeños” productores. El problema es cómo hacerlo.

Al respecto propongo que la regulación se limite a asegurar un doble muestreo de las semillas, enviándose a un ente dependiente del ministerio (el INTA?) una de las muestras. Si Monsanto dice que un productor usó su tecnología sin pagar, el productor puede decir que no es cierto y exigir al ministerio la verificación correspondiente. Si esta verificación confirma lo hallado por Monsanto el productor debe pagar una multa. En caso contrario será Monsanto el que pague una multa. De esta manera se asegura la fiscalización sin abusos y la intervención del ministerio es mínima (las muestras tomadas se descartan pasado un tiempo prudencial si no hay reclamos).

También el gobierno podría exigir que Monsanto cobre una fracción de sus regalías en forma proporcional al grano cosechado (y el resto con la venta de las semillas). Esto tiene un beneficio para todos los productores ya que comparten el riesgo de su negocio (pensemos en los campos inundados en Santa Fe). También implica una transferencia de recursos de los productores en la zona núcleo a los productores en zonas marginales, pues los primeros pagarán más por la tecnología que los segundos. Desde la perspectiva del país en conjunto esta sería una medida deseable ya que al reducirle el costo a los productores marginales se amplía el área sembrada en futuras campañas generando más trabajo y más ingresos por exportaciones.

Al mismo tiempo que el gobierno envió estas dos señales negativas a potenciales inversores externos, Macri ayer se reunió con empresarios nacionales y les pidió inversiones

El enojo de Macri con muchos empresarios, a quienes en la cena del Cippec acusó de “aprovechar la libertad para remarcar precios de manera descarada”, quedó en evidencia en el inicio de sus quince minutos de discurso.

“Acá hay gente que puso primera y otros que todavía están pensando. La manera que tienen ustedes de luchar es invirtiendo, y eso es lo que la Argentina necesita de ustedes”, dijo Macri…

La posibilidad de que ingresen inversiones extranjeras durante el segundo semestre fue tema de conversación durante toda la jornada. El presidente provisional del Senado, Federico Pinedo, contó en un almuerzo de la Fundación Río de la Plata (FURP) que el ministro de Hacienda, Alfonso Prat-Gay, fue receptor de inquietudes de inversores, que preguntan “si los empresarios argentinos invierten en el país”.

Consultado sobre el tema luego del encuentro con los empresarios , Cabrera dijo a LA NACION: “Hay inversiones latentes por US$ 20.000 millones que son empresas radicadas en el país, y que ya están decididos. Para las obras de infraestructura, en cambio, muchos esperan que el Estado o los locales inviertan para luego venir ellos”, afirmó.

Estimado Cabrera, si las señales que se envían a los extranjeros son incompatibles con el círculo virtuoso del crecimiento en base a inversión en tecnología que aumente la productividad, no se sorprenda si por largo rato se quedan esperando antes de venir a estas latitudes. Por lo menos hasta que el “desarrollismo” del gobierno deje de ser mercado interno rentístico.


Productividad, robots, y educación

28/03/2016

A fin del año pasado publiqué una nota con título “Basta de Frey y Osborne! (deseo para el 2016)”. No ha terminado marzo que dicho deseo no se cumplió. Ayer La Nación publicó no una, sino dos notas sobre el peligro que robots nos roben nuestros empleos. La base que motiva ambas notas, una de Sebastián Campanario, la otra de Eduardo Levy Yeyati, es un informe del Banco Mundial sobre los “dividendos digitales” que todavía no se materializaron, en particular en países en desarrollo.

Según dicho informe Argentina es el país de ingresos medios con mayor proporción de trabajos en riesgo de ser automatizados, i.e. sustituíbles por robots o por computadoras con software de “inteligencia artificial”. Según Levy Yeyati

En la Argentina, en un contexto de estancamiento, con motores de crecimiento histórico de baja demanda relativa de trabajo, y con una distancia creciente entre la formación de los estudiantes y las necesidades de nuestras empresas, la inevitable apertura tecnológica puede profundizar la caída de la participación laboral y la concentración de ingresos y riqueza. Entre otras razones, porque nuestra fuerza laboral es intensiva en calificaciones medias y está particularmente expuesta al reemplazo, como lo refleja nuestro primer puesto en el ranking del Banco Mundial que ordena a los países según el porcentaje de sus empleos que son reemplazables por la automatización.

Entonces, ¿priorizamos el empleo a expensas de la productividad o la productividad a expensas del empleo?

Y según Campanario

En el debate por el futuro del empleo hay un autor fetiche para los economistas: el estadounidense David Autor es, para el economista argentino y director del Cedlas Guillermo Cruces, “quien mejor viene estudiando esta área temática”. Autor defiende una hipótesis de “polarización del empleo”: los trabajos que más están cediendo a favor de la automatización son los “intermedios” en la distribución de habilidades. Esta es una de las explicaciones para que la Argentina ocupe el primer puesto en redundancia de empleo del Banco Mundial: nuestra estructura laboral está muy concentrada en el medio: proporcionalmente, alta incidencia de personas con secundario completo. En este segmento entra buena parte del empleo público, trabajo administrativo, telemarketing, bancario, de seguros, etcétera…

Para el economista del Cedlas, “si bien este escenario (el que describe el Banco Mundial) no es la antesala de una distopía de desempleo tecnológico masivo en la Argentina en el largo plazo, la evidencia presentada es un insumo clave para quienes piensan e implementan políticas de desarrollo y transformación productiva. Este insumo debería ayudarnos a identificar las áreas con mayor potencial de crecimiento, y a la vez, las áreas en que más bajas se producirán, para ayudar a reconvertir y compensar a los trabajadores desplazados.

En el post del año pasado notaba que la predicción de Frey y Osborne que un 47% de los empleos en EEUU estaban en riesgo no estaba correctamente fundada. Eso no quita que cualitativamente es correcto decir que hay ocupaciones que habrán de desaparecer. El progreso tecnológico se ha encargado de destruir, y generar, empleo desde siempre. Y la Argentina no es la excepción. Pero si insistimos en predicciones apocalítpticas lo único que vamos a lograr es que la dirigencia de nuestro país lo mantenga cerrado al progreso tecnológico, como hicieron los Kirchner durante 12 años (aunque el país estaba cerrado desde la crisis de 2001 por una combinación de fricciones financieras y cambiarias).

Los políticos que tienen algo de memoria recordarán que durante los noventa, cuando el país importó capitales y tecnología, el resultado fue un incremento del desempleo de aproximadamente el 6 al 18%. Un análisis más profundo determinará que el nivel de atraso tecnológico del país en 1991 era altísimo (más que hoy en día) y que el desempleo sobre el final de la convertibilidad era alto por factores cíclicos. Pero la realidad es que entre 4 y 6 puntos porcentuales del desempleo se debían a factores estructurales al encontrarse dichos trabajadores inservibles en la nueva “matriz productiva”. Puede hoy el país tomar medidas que eleven en el mediano plazo el desempleo en 3-4%? No. Pueden tomarse medidas que aumenten la productividad en el largo plazo sin afectar el empleo? Si.

La automatización o robotización depende de incentivos y restricciones. Consideremos la decisión de comprar una Ferrari. Si el potencial comprador debe pagar tres veces su valor en impuestos, o si solamente la puede usar en una ruta en muy mal estado, no habrá muchas personas interesadas. Lo mismo sucede con la decisión de incorporar tecnología. El Estado puede graduar su adopción mediante medidas de política. Por ejemplo, en el sector automotriz las empresas radicadas en el país ya trabajan con alta tecnología y este sería un caso en el cual una política de apertura tendría más ganancias que pérdidas. En el otro extremo la industria textil necesita tiempo e incentivos para pasar de un modelo mano de obra (esclava?) intensiva a uno que combine robótica con diseño.

Para poder lograr esta transición al desarrollo tecnológico de punta (que hoy en día sólo se encuentra en el sector agrícola) es fundamental educar a los futuros trabajadores. Como dice Campanario en la citada nota

El estudio del BM advierte que la respuesta de políticas públicas al dilema pasa por dar educación de mayor calidad y más ajustada a las necesidades, “en un ámbito donde las reformas tardan muchos años en dar frutos”. Tiempo, justamente, es lo que no sobra.

Antes de cambiar la educación, hay que lograr que los chicos vayan a la escuela. La AUH es una política social que requiere la escolaridad de los chicos para que las madres cobren el subsidio. Como ya he comentado hace unos años, en mi opinión el programa es perfectible. Por ejemplo la evaluación a fin de año para determinar si los chicos aprueban el curso (lo que determina el cobro del plus por escolaridad de la AUH, si recuerdo bien) debiera ser mediante un examen estandarizado a nivel provincial o Nacional. Esto lograría que los maestros en lugar de recibir presiones non sanctas para que alumnos sin calificaciones aprueben, recibirían las presiones naturales para hacer su trabajo.

En lugar de escuchar que el gobierno de Macri piensa medidas que perfeccionen la AUH, el propio Presidente anunció una expansión del programa que desvirtúa parte de sus objetivos. Según nota de ayer en La Nación

El Ministerio de Desarrollo Social que encabeza Carolina Stanley, aportó dos proyectos clave. El primero de ellos, la ampliación de la Asignación Universal por Hijo (AUH) sobre la base de fondos asignados por el Banco Mundial, tiene como objetivo incluir al millón y medio de chicos que aún no reciben el beneficio instalado durante la gestión kirchnerista.

Con los fondos anunciados por el Presidente se irán a buscar a los menores excluidos del plan por falta de vacunas o asistencia a clases, requisitos para recibir la asignación.

Las mentes pensantes de Cambiemos, que las hay, qué esperan que pase con los beneficiarios corrientes de la AUH si indiscriminadamente se le empieza a otorgar el subsidio a cualquiera, sin pedir “asistencia a clases”? Lo mismo que pasa con quienes pagan impuestos y ven que Cristóbal López puede evadir $8000 millones como si nada. La (poca) disciplina se pierde y la AUH pasa a ser percibida como un derecho sin obligación.

Le pido a Levy Yeyati, que se estaría incorporando a la Jefatura de Gabinete en estos días, que dado que siente la respiración de un robot en la nuca, le explique a Carolina Stanley que no debiera desvirtuar la AUH, sino todo lo contrario, transformarla en la herramienta que permitirá a las futuras generaciones cobrar el mencionado dividendo digital.


A diez años de “Kirchner, poder y populismo”

05/08/2013

Al cumplirse dos meses de la llegada al poder de Néstor Kirchner escribí la siguiente nota que esperaba publicar en un diario. Ninguno aceptó hacerlo (recuerdo que intenté La Nación, Clarín, Cronista, y me parece que también InfoBAE). Finalmente envié el artículo a la Fundación Atlas que lo colgó en su portal. De esto pasaron diez años. No parece. 

No han pasado todavía dos meses de gobierno del presidente Kirchner que podemos observar que gran parte del mensaje de renovación era retórica de campaña electoral. En efecto, la renovación parece consistir casi exclusivamente en reemplazar menemistas por kirchneristas en todo ámbito de poder posible. Y aunque a veces esta renovación vaya acompañada de una mejora en la calidad de reemplazantes, como podría ser el caso en la Corte Suprema, no debieramos aplaudir la búsqueda de hegemonía en el poder. Un ejemplo de esta vocación en otro ámbito sería la reticencia presidencial a dialogar con los empresarios. La misma estaría revelando el enfrentamiento de Kirchner con un grupo de poder, tradicionalmente aliado a Menem, que no es factible de ser decapitado mediante arbitrarios métodos políticos.

Dentro de un proceso electoral atípico, que lleva a una sucesión de elecciones en distintas provincias por lo que resta del año, podemos ver que el presidente se esfuerza por colocar hombres de su confianza en las listas a cargos legislativos. Gran parte de la población preferiría que dedicara esa energía, no a generar un polo de poder dentro del Congreso Nacional, sino a la tan postergada reforma política. Pero claro, si se hiciera dicha reforma, no habría sábanas donde colar a los amigos. Y por supuesto, siempre está el argumento de que no es posible hacer la reforma política en un año electoral. Me pregunto que impedimento hay para votar mañana mismo una ley de reforma política integral cuya vigencia comience en el año 2004. El lector coincidirá en que la única traba es la falta de vocación de cambio por parte de la clase dirigente argentina.

Analizando un poco más el uso de la energía presidencial, nos podríamos preguntar porqué en vez de apuntar sobre los militares, no se busca dirigir el dedo acusador sobre los mismos políticos que tanto han contribuído a que la Argentina esté cada día más retrasada dentro de la comunidad internacional. Por ejemplo, porqué no juzgar al ex-presidente Duhalde por devaluar sin programa y disparar así los índices de pobreza a niveles estratosféricos? Lo que sucede es que lamentablemente el populismo no es considerado un crimen de lesa humanidad. Sin embargo debiera serlo, pues es responsable de la muerte de miles de argentinos cada año.

Dentro de las varias definiciones posibles de populismo me quedo con la siguiente: es la facilidad que tienen los gobernantes para disponer redistribuciones arbitrarias de ingresos dentro de una sociedad. Según esta definición la Argentina es un país altamente populista, tal como se puede ver a través de los medios de comunicación, o en las leyes propuestas o votadas por el Congreso de la Nación. El último ejemplo de una larga cadena de políticas populistas es la idea de eliminar, o moderar el impacto del índice CVS sobre las actualizaciones de créditos hipotecarios y alquileres.

Recientemente el gobierno anunció con bombos y platillos una suba salarial. Pero resultó que esta medida, diseñada para estimular la demanda, no tuvo un gran impacto debido a que en realidad estaba blanqueando un aumento que ya había sido otorgado como no remunerativo. Al mismo tiempo, este blanqueo implicó reconocer que se debían ajustar contratos según el índice de salarios. Lo ilógico, y populista, fue haber dado el aumento salarial en un principio como no remunerativo. De esta manera se incrementaban los ingresos de los asalariados, pero no se afectaban las obligaciones de los deudores hipotecarios ni los costos de los alquileres. Ahora, en vez de blanquear esta situación el gobierno quiere borrar con el codo lo que se escribió con una mano y se quizo tapar con la otra.

El análisis económico nos indica que el populismo es muy perjudicial para el desarrollo de un país. Cuando un político realiza transferencias de ingresos buscando ganar el favor de buena parte de la población (generalmente los grupos beneficiados por la redistribución son más numerosos o poderosos que los perjudicados), manda señales que desalientan las inversiones productivas en toda la economía. Yla menor inversión hoy implica menor crecimiento y desarrollo económico mañana, con el consiguiente estancamiento en la calidad de vida de todos los habitantes del país. En efecto, los grupos perjudicados por las medidas no tendrán incentivos, ni riqueza, para expandir o mantener su actividad (en este caso, los bancos reducirán la provisión de crédito, y los ahorristas evitarán canalizar sus ahorros en bancos argentinos, o a través de la compra de propiedades para alquilar). Qué pasa con los ganadores? Acaso no son más ricos y podrían expandir sus actividades en el país? La respuesta es que no, pues así como hoy resultaron favorecidos por el favor del príncipe, mañana pueden formar parte del grupo de los perdedores. Un ejemplo cabal de esto es la reticencia de grupos exportadores a expandir su escala de producción cuando hay una devaluación. Sucede que como esperan, racionalmente, que la política de tipo de cambio alto se revierta en un futuro, lo óptimo es aprovechar la situación y trabajar al 100% de la capacidad instalada, pero no ampliarla.

Para romper el círculo vicioso de estancamiento inmanente al populismo necesitamos que el presidente Kirchner se dedique realmente a la renovación de instituciones y prácticas políticas, y no meramente a poner tropa propia en la vieja estructura de poder. Si no lo hiciera terminará por pagar los costos cuando vuelva a necesitar el favor popular en una elección. Mientras los argentinos seguiremos deslizándonos por el tobogán de la desilusión y el empobrecimiento.

PD: no hubo comentarios en la nota de Ayn Rand. Aclaro que era una joda de John Hodgman.


El ojo y el desarrollo económico

13/09/2012

Hace unos días Lucas Llach publicó un post sobre el carácter evolutivo del ojo humano. Voy a tomarlo como excusa para comentar un trabajo académico que usa la variación en la incidencia de enfermedades oculares para explicar el desarrollo económico. 

El documento de trabajo en cuestión es “Eye disease and Development” de Thomas Andersen, Carl-Johan Dalgaard y Pablo Selaya. Este es el abstract:

This research advances the hypothesis that cross-country variation in the historical incidence of eye disease has influenced the current global distribution of per capita income. The theory is that pervasive eye disease diminished the incentive to accumulate skills, thereby delaying the fertility transition and the take-off to sustained economic growth. In order to estimate the influence from eye disease incidence empirically, we draw on an important fact from the field of epidemiology: Exposure to solar ultraviolet B radiation (UVB-R) is an underlying determinant of several forms of eye disease; the most important being cataract, which is currently the leading cause of blindness worldwide. Using a satellite-based measure of UVB-R, we document that societies more exposed to UVB-R are poorer and underwent the fertility transition with a significant delay compared to the forerunners. These findings are robust to the inclusion of an extensive set of climate and geography controls. Moreover, using a global data set on economic activity for all terrestrial grid cells we show that the link between UVB-R and economic development survives the inclusion of country fixed effect.

Los autores parten de la hipótesis que enfermedades oculares ocasionadas por radiación ultravioleta, como las cataratas, afectan la productividad laboral. Que es un problema serio se ve en la incidencia de cataratas en India y China. Mientras en el primer país casi el 15% de la población de más de treinta años está afectada, en China la incidencia es del 20% de lo adultos de más de 40 años. Que se afecte la productividad laboral en principio no impactaría sobre el desarrollo, sino que resultaría en un menor nivel de producto por habitante (es decir un efecto de nivel, pero no de pendiente). 

El canal de transmisión para que se afecte el desarrollo económico es suponer que la mayor probabilidad de sufrir una enfermedad ocular reduce los incentivos de los jóvenes a educarse (por el menor retorno esperado a esta inversión). Esto retrasa la transición demográfica que sustituye calidad por cantidad de hijos, y genera una diferencia de ingresos entre países con baja y alta incidencia de enfermedades oculares al postergarse la transición al crecimiento sostenido. 

Para estimar la incidencia histórica de enfermedades oculares, para la cual no hay datos, los autores emplean datos satelitales de radiación ultravioleta (que además de aumentar la incidencia de cataratas tiene un efecto sobre la degeneración macular). Realizando un análisis econométrico encuentran que las sociedades que han tenido mayor exposición a radiación ultravioleta son más pobres y tuvieron una transición demográfica más tardía.  Usando datos a nivel regional encuentran que la relación entre este factor geográfico y el desarrollo económico está presente en una regresión más estricta que controla por efectos fijos a nivel país. 

Esta es una contribución más a favor de los factores geográficos en la batalla sobre los determinantes del desarrollo económico entre la “escuela” de las instituciones, representada este año por el libro “Why Nations Fail” de Daron Acemoglu y Jim Robinson, y la de la geografía, representada por el libro “Germs, Guns and Steel” de Jared Diamond. Recuerdo al lector dos post escritos este año al respecto (uno y dos). 


Geografía vs. instituciones

21/06/2012

Este post debe su génesis a la ola de comentarios que produjo la publicación del libro “Why Nations Fail” de Daron Acemoglu y Jim Robinson (AR). En particular hace unas semanas Eduardo Lora escribió en Foco Económico un post titulado “La geografía no está muerta”, y hace unos días salieron en Nada es Gratis notas de Regina Grafe y Mónica Martínez Bravo, criticando y defendiendo los argumentos del libro respectivamente. El debate se da entre los que defienden la tesis de AR que la calidad de las instituciones es el principal determinante del progreso económico, mientras que del otro lado se sostiene que la geografía tiene un poder explicativo igual de importante. La tesis de AR está resumida en el post de Lora: 

En el aclamado libro de Acemoglu y Robinson “Why Nations Fail” se argumenta que las instituciones económicas incluyentes, que incentivan el esfuerzo, son la principal explicación de la prosperidad, y que las instituciones políticas incluyentes son la única base sobre la que pueden subsistir dichas instituciones económicas. Por instituciones políticas incluyentes se entiende aquellas que distribuyen el poder político a una pluralidad de grupos e individuos, con arreglo a ciertas restricciones.

El libro es convincente, la argumentación teórica es impecable y la erudición histórica es impactante, al menos para los legos. Pero hay una gran pregunta que queda flotando, aunque los autores crean haberla respondido: ¿de dónde salen las instituciones políticas incluyentes?

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