Perspectivas económicas de Trump

27/12/2016

Ayer se fue Prat Gay del gobierno y fue reemplazado por Luis Caputo y Nicolás Dujovne. No me parece que fragmentar el ministerio de Economía sea parte de la solución, y no creo que Prat Gay fuera (todo) el problema. Pero hoy no voy a hablar de la Argentina sino de Estados Unidos.

La designación de Rex Tillerson y otros funcionarios clave (Wilbur Ross en comercio y Peter Navarro como consejero de comercio) anuncian que Donald Trump orientará su administración fronteras adentro. Esto no quiere decir que va a cerrar la economía y “vivir con lo nuestro”, como algunos fanáticos del proteccionismo argentino deliran. Lo que quiere decir es que la globalización, que de facto estaba golpeada como se desprende de la pérdida de dinamismo del volumen de comercio en los últimos dos años, queda en el freezer.

La decisión de Trump de abandonar el acuerdo Trans Pacífico de Cooperación Económica (TPP) marca de jure este golpe a la globalización, y significó la muerte de este acuerdo. Es interesante que al mismo tiempo que toma esta decisión, Trump sale con los tapones de punta contra China. La muerte del TPP deja a este país, que empuja su propio acuerdo comercial regional, con el monopolio geopolítico de Asia.

Para el mundo el freno de la globalización genera desafíos importantes. Para la Argentina no. En efecto nuestro país está tan cerrado que su apertura potencial no se ve casi afectada. Y su apertura políticamente factible está intacta. De hecho la Argentina se beneficia ya que terceros mercados que renieguen del proteccionismo nos verán con mejores ojos y tendrán más disponibilidad para negociar con nosotros. Bien leído, el proteccionismo de Trump mejora la carta negociadora del país con los mercados realistas (léase no EEUU ni EU que se cierran por Trump y Brexit).

En otro orden, se espera una política fiscal expansiva que obre a través de una reducción de impuestos (se especuló con un boom de inversiones en infraestructura pero esa idea, coherente con el pasado empresarial de Trump, hoy tiene pocos amigos en el Congreso). Esto aumentará la demanda agregada, impondrá presiones a la Reserva Federal a subir más rápidamente las tasas de interés, y apreciará el dólar. La suba de tasas de interés en términos reales será baja pues responde a expectativas de mayor inflación. La regla de Taylor nos dice que la tasa real subirá, ya que una política monetaria activa sube la tasa nominal más que lo que suben las expectativas de inflación. Pero como ya dije antes, el efecto para Argentina será leve. 

De hecho, la apreciación del dólar debiera ayudar a la Argentina, si es que logra perder el miedo a flotar, léase a que los productores locales super protegidos remarquen los precios con la cotización del dólar. En efecto, la apreciación del dólar equivale a la depreciación del peso y la ganancia legítima de competitividad. Cuando el dólar se apreció fuertemente a finales de los noventa, la Argentina (y la mayoría de los países de Latinoamérica) no se benefició porque tenía tipo de cambio fijo con lo cual el peso se apreció a la par del dólar respecto del resto del mundo. El problema es que no estamos en condiciones de flotar libremente ya que no tenemos credibilidad (monetaria, fiscal, estabilidad de normas, etc.). 

Finalmente, para lograr cumplir con la promesa “make America great again”, se especula con una reforma tributaria que le dé a empresarios norteamericanos incentivos a repatriar beneficios que consiguieron en el extranjero y mantienen en esas filiales. El objetivo de Trump es transformar ese capital en inversión productiva manufacturera en EEUU. Y que de esa manera su base de votantes blancos poco calificados logren un aumento salarial que los ayude a recuperar el terreno perdido durante los últimos 30 años (o recuperen su empleo si lo perdieron contra la competencia china).

Lo primero es muy probable. Lo segundo no. Si multinacionales que trasladaron su producción (toda o en parte) al extranjero deciden revertir esta decisión por incentivos fiscales lo más probable es que adopten nuevas tecnologías de producción intensivas en robots. De esta manera mientras que hace 30 años la compañía X empleaba a 1000 operarios que despidió para producir en Asia, si decide volver a los EEUU solamente contratará 10 o 20. Por supuesto que esto no se va a notar en el corto plazo y si lo único que se ve en los próximos dos años son los anuncios de repatriación de capitales, a los republicanos les puede llegar a ir muy bien en las elecciones de medio término, aunque estén hundiendo al país a más largo plazo. La situación opuesta a la enfrentada por el oficialismo en Argentina. 


Efectivo, ganancias y PISA

14/12/2016

La semana pasada Lucas Llach twiteó lo siguiente

Como me pareció medio burro pensar que eliminar el efectivo pueda llegar a reducir la incidencia del crimen le respondí lo siguiente

Entiendo que el Banco Central, del cual Lucas es vicepresidente, quiera impulsar medios electrónicos de pago por una cantidad de razones. En mi opinión deberían dedicarse un 100% a otras cosas que son mucho más importantes que esto (hoy en día si Argentina elimina el peso lo único que se va a conseguir es que el dólar sea usado para transacciones cotidianas). Guillermo Calvo diría que están bailando en el Titanic.

Con respecto al impuesto a las ganancias y la torpeza con que el gobierno envió su proyecto al Congreso vale la pena leer la nota que escribió Carlos Pagni en La Nación el lunes.

La reacción de la Casa Rosada ante el revés desnudó que el problema es más delicado que un contratiempo operativo. Macri y sus voceros explicaron que, en vez de perder, habían ganado, porque ahora se corroboró que Cambiemos es lo nuevo. Y que Sergio Massa es un falso renovador, atrapado como todo el peronismo en el pasado kirchnerista. El defecto de esta respuesta no es que sea mentirosa. Es inadecuada. Es cierto que Massa negoció con Máximo Kirchner y se hizo expresar por Axel Kicillof. También es cierto que Margarita Stolbizer votó con el dueño de Hotesur. Pero esos argumentos alimentan el marketing. No resuelven una crisis de gobierno. Es como si alguien a quien le destruyeron la casa, se justificara ante sus hijos diciendo que los agresores eran unos forajidos. Es decir: el modo que elige Macri para estigmatizar a sus rivales es autodestructivo. Porque lo que logró el peronismo la semana pasada es agigantar una de las incógnitas más sensibles del programa económico: cómo financiar el déficit fiscal sin aumentar la presión impositiva. De modo que, con tal de dañar la imagen de sus adversarios para las próximas elecciones, el Presidente daña su imagen de administrador.

Ayer la discusión en el Senado fue puesta en pausa (supongo que para permitirle al gobierno usar la Banelco). Vale la pena recalcar que en la Argentina el impuesto a las ganancias es un impuesto de clase que pagan los más ricos (entre el 10 y 20%). En la mayoría del mundo desarrollado el impuesto a las ganancias es un impuesto masivo que paga todo el mundo, pero al ser progresivo los más ricos pagan una alícuota mayor.

En los EEUU el gobierno federal empezó a cobrar impuesto a las ganancias (income tax) en 1913. Inicialmente era marginal pero las necesidades de la Primera Guerra Mundial llevaron a expandir el impuesto de forma tal que 20% de la base imponible pagaba y la alícuota mayor era del 77%. Entre 1913 y 1921 los Demócratas estaban en el poder, pero de 1921 a 1933 gobiernan los Republicanos y una de sus banderas de campaña era abolir este impuesto (igual que Macri). Si bien no lo hicieron redujeron la alícuota máxima al 25% y solamente pagaba el 10% más rico.

Cuando los Demócratas vuelven al poder con Franklin Roosevelt como presidente se aumenta la alícuota máxima al 79% en 1937 pero sin expandir la base tributaria. Recién cuando EEUU entra en guerra en 1941 se expande la base hasta el punto que en 1945 el 85% de los norteamericanos pagaba impuesto a las ganancias. Cuando la guerra terminó el sistema tributario permaneció intacto reflejando un acuerdo tácito entre Demócratas y Republicanos. Los primeros aceptaban que ciudadanos de ingresos medios y bajos paguen a cambio de una mayor tasa sobre los ricos. Y los segundos aceptaban que los ricos paguen mientras todos los ciudadanos fueran alcanzados.

La universalización del impuesto a las ganancias debido a la necesidad de recursos para una guerra se ve en otros países (ver este documento de trabajo de Juliana Vélez, una estudiante de doctorado en Berkeley). Nosotros no hemos tenido una guerra que haya requerido movilizar al menos el 2% de la población, pero hemos sufrido hiperinflaciones, defaults, y (casi) todo tipo de crisis en las últimas décadas. Deberíamos seguir el camino de la universalización de ganancias. Pero no.

Finalmente, una de las noticias de la semana que pasó es la exclusión de la Argentina de los resultados de las pruebas PISA por manipulación de la muestra durante el último gobierno. Tampoco se salva Macri porque los buenos resultados de CABA se explican porque a los alumnos seleccionados se los preparó para la prueba. Hecha la ley hecha la trampa. Igual no es necesario ver los resultados de las PISA para medir lo ignorantes que somos. Basta con ver la proliferación de películas dobladas en los cines y la casi extinción de las versiones originales con subtítulos. Por un lado el espectador medio no sabe leer, y por el otro se recurre a la solución populista del doblaje en lugar de mejorar la enseñanza. Argentina potencia.

 

 


Suba y baja de tasas

29/11/2016

Al igual que la semana pasada esta nota tiene una parte sobre EEUU y otra sobre Argentina. Seguimos esperando la designación de los secretarios del Tesoro y Estado de Donald Trump para ver que orientación va a tener la economía norteamericana y la mundial bajo la administración del magnate naranja. Mientras tanto, y gracias a la independencia de la Reserva Federal, podemos analizar que decisiones podría tomar sobre la tasa de interés de corto plazo el próximo mes.

El consenso en que la Fed va a subir la tasa, probablemente 25 puntos básicos. Y se espera que siga una trayectoria agresiva de subas a lo largo de 2017 (de entre 75 y 100 puntos básicos). La razón para ello es que se espera que las políticas económicas de Trump incluyan un aumento del gasto y rebaja de impuestos, o sea un aumento en la demanda agregada. Como este aumento en la demanda agregada se traduciría en más inflación la Fed responde con políticas contractivas (el aumento en la inflación esperada se ve en la suba de la tasa de largo plazo de 1.8% antes de las elecciones a un pico de 2.4% después de las mismas).

Además de reflejar una respuesta a la política fiscal expansiva que se espera de Trump, la Fed sube las tasas como medida precautoria para tener margen de política en caso de enfrentar un shock negativo. Escribí sobre esto el año pasado para justificar la primera suba de tasas que tomó la Fed desde 2008. Reconforta al ego ver que Olivier Blanchard emplea el mismo argumento para justificar un mix de política fiscal expansivo y monetaria contractiva en esta coyuntura.

If overheating is indeed justified, it could in principle be achieved through monetary policy: The Federal Reserve could delay the increase in interest rates and allow the economy to overheat for some time. There is, however, a case to be made for using fiscal rather than monetary policy. Larger deficits and stronger demand would allow the Fed to increase interest rates faster. To the extent that prolonged low interest rates are increasing risks in parts of the economy, higher rates would decrease those risks. Higher rates would also take the economy further way from the zero lower bound on interest rates, giving the Federal Reserve greater room to maneuver if faced with another recession.

Es importante entender que estamos hablando de una suba en la tasa nominal de interés. La tasa real de interés no se modifica porque haya más inflación (o no sube tanto como la nominal). Esto llevó a varios analistas a interpretar que el efecto de Trump para la Argentina será negativo ya que aumenta el costo de endeudarse (ver esta, muy buena, nota de hoy en La Nación de Nicolás Dujovne). Pero lo que importa es la tasa real de interés de esos préstamos, ya que si al momento de pagar el país necesita la misma cantidad de bienes para comprar los dólares de la deuda es irrelevante que la tasa nominal suba uno o dos puntos. Insisto con lo que dije la semana pasada: las perspectivas económicas del país dependen 90% de las políticas económicas argentinas. No busquen excusas.

Mientras la Fed se prepara para subir las tasas, el BCRA lleva tres semanas consecutivas de baja en la tasa de Lebac por un total de 150 puntos básicos. Desde fin de octubre el indicador de inflación de Inflación Verdadera se encuentra en 1.55% mensual. Como hay datos hasta el 28 de noviembre no sabemos todavía el impacto de esta rebaja de tasas. Pero 1.55% mensual implica una inflación anualizada de más de 20% o sea que el BCRA debería tomar una política más contractiva si realmente quiere cumplir con su “meta” para 2017 del 17%.

Ayer Clarín publicó una entrevista corta que Ezequiel Burgo le hizo a Guillermo Calvo. Copio un par de preguntas y respuestas de dicha entrevista, relacionadas con el mix de política fiscal y monetaria en Argentina (las negritas son del original).

Nota al margen: la entrevista en algún momento agrega confusión al impacto de una suba de tasas de la Fed sobre el país (a Calvo le preguntan por la suba nominal y responde hablando de la suba del “costo del capital”, o sea real). Repito lo que dije arriba, la suba nominal puede ser grande, pero lo que importa es la real que es mucho más baja (para convencerse que la tasa real apenas se movió miren la bolsa de NY: si sube la tasa real deberían caer la acciones, no subir).

– Argentina tiene tipo de cambio flotante, ¿está mejor preparada que en otras épocas para afrontar un eventual shock?

Argentina sigue con un problema serio de déficit fiscal, especialmente si se incluye el rojo cuasi-fiscal del Banco Central. El tipo de cambio flotante reduce la probabilidad de una crisis de balance de pagos porque una salida de capitales no implica necesariamente una pérdida de reservas, pero no evita una devaluación fuerte. Esto último puede ayudar desde un punto de vista fiscal, pero muy probablemente hará más difícil bajar la inflación como planea el Banco Central.

– Macri hizo de la baja de la inflación su prioridad económica, ¿cómo impacta en ello el nuevo contexto global?

Coincido con Sturzenegger que el control de la inflación es fundamental para que Argentina vuelva a ser un país normal y aumente la inversión. Por eso me parece que las metas inflacionarias propuestas por el banco central vale la pena defenderlas “con capa y espada”. Dadas las condiciones presentes, sin embargo, se hace aun más importante reducir el agujero fiscal.

– ¿Por qué el déficit fiscal?

Me preocupa ver que algunos personajes importantes de la oposición parecen querer aprovechar esta coyuntura proponiendo planes populistas que empeoran el déficit fiscal o lo financian con impuestos retroactivos. Esto último vuelve más difícil la llegada de nuevas inversiones, un ingrediente fundamental para el crecimiento, porque aumenta el riesgo regulatorio. ¿Quién va a invertir en Argentina si a la primera tormenta le meten la mano en el bolsillo?

Claro como el agua. Las perspectivas económicas de la Argentina dependen de la política fiscal del gobierno. Mientras el gobierno fracase en convencer a los inversores que tomará las medidas necesarias par reducir el déficit nadie va a invertir en el país. Echale la culpa a Trump. 


100 prioridades idiotas y Trump

22/11/2016

El título promete más de lo que la nota entrega. No es la primera vez ni será la última. En realidad estoy esperando que Donald Trump designe a sus secretarios de Estado y Tesoro para evaluar hacia dónde irá la economía norteamericana en el corto y mediano plazo. El consenso a priori es que habrá un aumento del gasto público en infraestructura y medidas proteccionistas para compensar la apreciación del dólar que esto produce (ver acá un buen análisis de Olivier Blanchard).

En Argentina tenemos la misma situación que se espera en EEUU: déficit fiscal que aprecia el tipo de cambio y medidas proteccionistas. Al igual que dije con respecto al Brexit, las perspectivas económicas del país dependen un 90% de las medidas de política que tome el país. Los análisis simplistas que dicen que con Trump se cierran las puertas a los acuerdos de libre comercio no se qué imaginan. No hay forma que Trump tome en su país medidas como las que se tomaron luego del comienzo de la Gran Depresión. En términos “técnicos”, se va a modificar la pendiente (tendencia) pero no el nivel. Y Argentina está tan cerrada que podrá firmar la cantidad de acuerdos comerciales que quiera (no con EEUU por Trump, así como tampoco con la UE por el Brexit). No busquen excusas.

Lo de las 100 prioridades idiotas es por una nota de Mariano Obarrio en La Nación este domingo.

Cuando faltan 20 días para cumplir el primer año de su mandato, el presidente Mauricio Macri buscará dejar atrás la transición para lanzar la segunda etapa de su gobierno con una lista de “100 prioridades” para profundizar su gestión y acelerar los cambios. Por ahora, se definieron 36 políticas, pero el plan está en construcción y se completaría a principios del año próximo…

“Las 100 prioridades están en construcción y se terminarían a principios del año próximo”, explicó una fuente muy cercana al jefe del Gabinete, Marcos Peña .

“Tras un año de gestión se abren cientos de temas. Se harán balances y se determinará qué programas tienen impacto social para poner el foco de la gestión en la segunda etapa sobre una hoja de ruta de 100 políticas más prioritarias”, agregó. El trabajo duro de evaluación lo hace el vicejefe de Gabinete Mario Quintana. Hasta ahora definió 36 políticas y debería sumar 64 programas.

“Servirá, luego del primer año de gestión, para acelerar la ejecución de planes”, señaló un allegado a Quintana. Estilo Macri puro.

¿Por qué 100? Lo primero que se me vino a la mente fueron las “100 medidas para su vida cambie” de la plataforma electoral de Raúl Alfonsín en 1983. Que no supo/pudo/quiso cumplir ni con diez. Y entiendo mejor que Jorge Asís llame al gobierno de Macri TGR, tercer gobierno radical. Gobierno de comité. Mediocre.


Only four years

08/11/2016

En los actos de campaña para la reelección de un presidente en Estados Unidos los simpatizantes de éste cantan (o gritan) “four more years”. En tres años lo vamos a volver a ver, independientemente de quien gane hoy. Pero considerando la altísima imagen negativa que tienen ambos candidatos me parece que quien gane gobenará solamente cuatro años. De hecho no me sorprendería una primaria muy competitiva que ponga al presidente contra las cuerdas antes de la elección general.

Hace unos meses, con motivo de la visita de Barack Obama a la Argentina, escribí un post crítico sobre su gestión. Una de las medidas que usé para evaluarlo eran las creíbles aspiraciones presidenciales de Donald Trump y Bernie Sanders. El segundo quedó en el camino, pero el primero tiene cerca de un 25% de probabilidades de ganar hoy.

De ganar Trump el shock de incertidumbre sería muy fuerte (de hecho se sintió en los mercados hasta el fin de semana siguiendo la evolución de las encuestas). De ganar Hillary Clinton tendremos cuatro años de política mediocre con limitaciones explícitas, ya que no contará con mayoría en ambas cámaras, o implícitas por tener prensa hostil y enfrentar críticas del populismo nacionalista tanto de derecha como de izquierda. La única excepción sería si los republicanos pierden el control del Senado y Clinton acuerda una agenda moderada con ellos (si los republicanos controlan ambas cámaras seguirá la “guerra de desgaste”). Hay que prestar atención al candidato o candidata a cubrir la vacante en la Corte Suprema para ver si hay fumata.

La semana pasada Jorge Asís criticó a Clinton por su labor cuando fue Secretaria de Estado (no por el tema importante, pero secundario, de los emails). Reproduzco algunas líneas para que el lector vea que la presidencia Clinton no va a dar el Pinet

Justamente al Departamento de Estado se le pasó por alto, en su estrategia, que en Medio Oriente se incubaba una violencia que no se basaba en el terror selectivo de los atentados. Encaraban por la violencia territorial. Con la territorialización de La Jihad se gestó la base del Estado sanguinario, pero con población y petróleo. Con sabiduría publicitaria aprendida en países desarrollados, y con un ejército en las sombras de todos los costados de Occidente.
Los sunnitas radicalizados, los fanáticos humillados de Irak y de Siria, estados de fronteras artificiales, reaccionaban a la absurda consecuencia de la invasión americano-británica en Irak. Con el poder de regalo para un chiita (que se reportaba a Irán), en unión con los sunnitas que reprimían en Siria Los Assad, durante 40 años.
Mientras declinaban abruptamente las primaveras árabes, la proverbial incapacidad de la dupla Obama-Clinton coincidía con la inmolación del territorio de Siria. Junto a la imposibilidad de derrocarlo a Bashar Al Assad. Apoyado, hasta la muerte del último de sus soldados, por Irán.

Asís trata de ver el lado positivo de un Trump presidente. Eso para mí es un oxímoron. Por eso me tapo la nariz y digo ¡go Hillary!

EXPOST: Y bueno, Trump es el presidente electo de los Estados Unidos. Una suerte de Berlusconi yankie que, al decir de un amigo hincha de River, llevó a su país a la B. Es hora de recalibrar nuestros instrumentos de medición. Y no me refiero a las encuestas, salvo para agradecer a Nate Silver su excelente trabajo que fue objeto de inmerecidas criticas partisanas en los últimos días (ver este post en predictwise). Vamos a tener que reevaluar la política económica y externa de EEUU ya que probablemente el equipo de trabajo de Trump sea atípico como él (no tanto ya que ni Berlusconi se rodeó de payasos para gobernar).

Aprovecho para copiar un par de párrafos de una nota en el Economist de hoy

WHEN Barack Obama proffered his election-day olive branch to a divided country on November 8th, it sounded rather trite: “No matter what happens, the sun will rise in the morning.” But in the dark of a night that, state by state, delivered a coruscating verdict on Mr Obama’s legacy and elected Donald Trump to the White House, those words started almost to feel optimistic…

It is one of the most dramatic electoral upsets America, or anywhere, has ever seen. America’s next president will be a man who led a racist campaign to discredit the incumbent, Mr Obama. While campaigning, he abused women, the disabled, Hispanics and foreigners. He advocated using torture, and nuclear bombs, said his opponent was corrupt and possibly a murderer, and swore that, if elected, he would lock her up. Almost half of American voters have now given Mr Trump an opportunity to follow through on that threat. Who knows; perhaps he will.

Supongo que al igual que en este post (y en el anterior linkeado más arriba) la presidencia de Obama va a ser, merecidamente, evaluada en parte por su legado: Trump.

Pero terminemos con un video de buena música para compensar con un poco de yang tanto yin


La decadencia del imperio americano

09/06/2016

Este lunes volví a Dinamarca después de pasar tres semanas en Estados Unidos (vacaciones y trabajo). Si bien ya empecé a leer los diarios online, todavía tengo que sumergirme más en la realidad argentina para escribir sobre esta nueva etapa del gobierno, que cariñosamente podríamos llamar “delarruística”. Así que hoy voy a compartir algunas de las impresiones que me dejó el viaje. 

Hace unos meses, a propósito de la visita de Obama a la Argentina, escribí una nota crítica de su presidencia. La consagración de Donald Trump como candidato a presidente por los republicanos, y el intento del populista Bernie Sanders por influir en la plataforma de Hillary Clinton para mí son consecuencia del fracaso, sutil, de la presidencia de Obama. Para algunos analistas se trata simplemente de la manifestación norteamericana de populismos que hicieron eclosión con la crisis en Europa. Mal de muchos, consuelo de tontos. Y las estadísticas muestran que la economía norteamericana se recuperó más rápido que la europea, teniendo mejores perspectivas para el mediano plazo. Pero voy a dejar la política norteamericana para más adelante, cuando la campaña se recaliente (la imagino recontrasupercaliente este año). 

Antes de viajar recuerdo haber visto una serie de notas sobre el estado crítico de la infraestructura en Estados Unidos (si hay algún país con infraestructura en estado óptimo que arroje la primera piedra, Dinamarca ciertamente no califica). Nada del otro mundo, ya que en los últimos años economistas keynesianos, e.g. Paul Krugman o Larry Summers, vienen sugiriendo que el gobierno debería aprovechar las bajas tasas de interés para endeudarse y hacer obras de infraestructura. El problema es que venden sus argumentos desde el lado financiero, y eso lleva a que los detractores fácilmente critiquen las iniciativas como “desperdiciar dinero”. 

Lo dramático es que el lado económico de la propuesta tiene muchísimo sentido. Una nota del Economist del mes pasado resume la problemática actual para la red de carreteras en Estados Unidos

America’s government invests much too little in infrastructure. A study in 2013 by the American Society of Civil Engineers claimed that additional spending of $1.6 trillion, in 2010 dollars, is needed by 2020 to bring the quality of the country’s infrastructure up from “poor” to “good”. Roads are a particular problem: over the past decade, America’s roads have fallen from seventh to fourteenth in the World Economic Forum’s rankings of the quality of infrastructure. Part of the problem is that the federal tax on petrol (gasoline), which provides most of the funding for federal spending on roads, has been stuck at 18.4 cents per gallon since 1993. Over that period the price of construction materials and the wages of construction workers have both risen by more than 75%.

Happily, the federal government is responsible only for about a quarter of spending on highways. States are keener to raise local taxes on petrol: 12 did so in the year to January…

Further petrol-tax rises are scheduled for the next 12 months in Michigan, Nebraska and Washington. Politicians in other states, including Alabama, Hawaii and Louisiana, are considering raising their levies this year. In spite of this progress, however, local petrol taxes still have the same problem as the federal one: they tend to be fixed in nominal terms, such that inflation erodes their value over time. As a result, politicians must burn political capital just to stand still. And unrelated problems may yet jeopardise local investment: slowing growth in other local tax receipts is raising a “yellow flag” for state budgets, according to the Rockefeller Institute, a think-tank.

That means Congress must find a way to finance more federal investment, especially once the latest deal expires in 2020. Hillary Clinton, the front-runner for the presidency, promises a modest $275 billion increase in spending. More will be needed, or America’s roads and bridges will continue to crumble, diggers or not.

Otra serie de problemas que dificulta la inversión en infraestructura es que muchas veces implica mantener obras que tienen valor histórico, lo que requiere multiplicar los costos y tiempos necesarios, efectivamente creando barreras a las mejoras. Larry Summers lo resume en esta nota sobre reparaciones de puentes en Boston

How, we ask, could our society have regressed to the point where a bridge that could be built in less than a year one century ago takes five times as long to repair today? Here are some of the reasons that have contributed to the delay:

In order to adhere to strict historical requirements overseen by the Massachusetts Historical Commission, the Massachusetts Department of Transportation had to order special bricks, cast by a company in Maine, to meet special size and appearance specifications from the bridge’s inception in 1912…

Delay, then, is at one level the result of bureaucratic ineptitude and the promiscuous distribution of the power to hold things up. At another level, it is the failure of leadership to insist on reasonable accountability to meet reasonable deadlines. Perhaps, at a deeper level, it is the failure of citizenry to hold government accountable for reasonable performance — a failure that may in part reflect a lowering of expectations as trust in government declines. These themes, unfortunately, are not unique to the Anderson Bridge; they help illuminate why, despite our vast needs, the country has struggled to generate the necessary momentum to respond to pressing infrastructure demands.

La infraestructura deficiente genera costos. En un viaje a Boston en 2008 para ir desde Boston a Cambridge en subte había que bajar en una estación, cruzar un puente en bus (Longfellow, Summer lo menciona en su nota pues, increíblemente, todavía está en refacción), para luego retomar el subte del otro lado. Este domingo la poca inversión en carreteras influyó en un retraso de dos horas en el viaje Boston-Nueva York, que le hizo perder el vuelo a Buenos Aires a mi cuñada. Cuando era estudiante en MIT hace veinte años, este viaje tomaba entre cuatro horas y cuatro horas y media. Las compañías lo siguen publicando como de 4:20, pero a la ida tardamos cinco horas y de regreso 6:20. Si viviera en EEUU les haría un juicio por publicidad engañosa. 

Desde hace años que el subte de Nueva York tiene retrasos y cambios de servicio por la noche y en los fines de semana para realizar obras de mantenimiento. Pero este viaje me sorprendí por la cantidad de líneas que estaban afectadas. Esto me hizo recordar una nota de James Surowiecki en el New Yorker que toma el caso del subte en Washington como metáfora de los desaguisados en infraestructura. 

Even more egregious than the lack of new investment is our failure to maintain existing infrastructure. You have to spend more on maintenance as infrastructure ages, but we’ve been spending slightly less than we once did. The results are easy to see. In 2013, the Federal Transit Administration estimated that there’s an eighty-six-billion-dollar backlog in deferred maintenance on the nation’s rail and bus lines. The American Society of Civil Engineers, which gives America’s over-all infrastructure a grade of D-plus, has said that we would need to spend $3.6 trillion by 2020 to bring it up to snuff.

Again, there are political reasons that maintenance gets scanted. It’s handled mainly by state and local communities, which, because many of them can’t run fiscal deficits, operate under budgetary pressures. Term limits mean that a politician who cuts maintenance spending may not be around when things go wrong. There’s also what Erie calls the “edifice complex”: what politician doesn’t like opening something new and having a nice press op at the ribbon-cutting? But no one ever writes articles saying, “Region’s highways are still about as good as they were last year.”

Surowiecki acierta con el “edifice complex” de los políticos. También habría que decir que es un sesgo que afecta a otras personas. Por ejemplo, recuerdo que cuando trabajaba en la Universidad de San Andrés era relativamente fácil conseguir una donación para hacer un edificio, pero imposible para los gastos de mantenimiento que dicho edificio requería una vez terminado. 

Y respecto de los gastos de mantenimiento que aumentan con la edad de la infraestructura termino esta nota con una anécdota del comienzo del viaje. Pasamos cuatro días en Disney World en Orlando. A pesar de manejarnos a un ritmo lento (para no abrumar a nuestro hijo de tres años, y para ajustarnos al jet lag), tuvimos cancelaciones por problemas de mantenimiento en cinco atracciones en tres parques. ¡Cinco más que en una visita anterior en 2009! Y evidencia que los problemas con la infraestructura son más complejos que carreteras embotelladas y puentes históricos. 

cambridge2016


Evaluando a Obama

22/03/2016

Mañana llega al país en visita oficial Barack Obama. En Argentina se discute más sobre cuestiones de forma (la visita coincide con el cuadragésimo anivesario del último golpe de estado), que de fondo (si gracias a la visita el país puede reintegrarse más rápidamente al mundo).

Descarto que la visita del presidente de los EEUU va a ser beneficiosa para el país. En esta nota trataré de evaluar la presidencia de Obama.

El contexto en que Obama asume la presidencia en enero de 2009 era muy negativo. EEUU y la mayoría de los países desarrollados estaban sumergidos en la peor crisis económica desde la Gran Depresión. Antes que Obama asumiera el cargo, el salvataje de los bancos bajo el programa TARP logró estabilizar más la economía que los paquetes de estímulos fiscales de 2008 y 2009 (esto porque uno de los mecanismos de amplificación de la crisis fue la incertidumbre en el sistema financiero y el TARP la redujo significativamente). Obama merece crédito por administrar la recuperación económica, pero no llega a una calificación de excelencia debido al aumento en regulaciones que aumentaron los costos de hacer negocios (excluyo a Dodd-Frank ya que es bien sabido que la regulación del sistema financiero en todo el mundo sigue un ciclo de desregulación gradual en tiempos normales seguido de fuertes regulaciones luego de crisis).

El logro más importante para Obama fue la reforma del sistema de salud, conocida como Obamacare. Esta medida de política fue muy resistida por el partido republicano, al punto que ningún representante o senador de dicho partido votó en favor de la reforma. El conflicto produjo la paralización del gobierno que se extiende hasta nuestros días. Obama, y el partido demócrata, culpan a los republicanos por su intransigencia. Y estos culpan al primero por provocarla por imponer, con poca discusión, el Obamacare. Ambos tienen razón. A continuación reproduzco unos párrafos de una nota en el Washington Post de junio del año pasado:

Obama’s decision to tackle the overhaul of the nation’s healthcare system at the start of his first term was born of this belief. Sure, lots and lots of other presidents had failed. But, in his mind, he wasn’t like lots and lots of other presidents.  He was Barack Obama and he would figure it out.

Everything else in Obama’s presidency flowed from that decision.  While Obama did do what so many presidents before him had failed to do, the cost of getting healthcare done was enormous — both in terms of the downballot losses it inflicted on his party and the distrust it drove — not created but drove — with Republicans.

Healthcare proved to Republicans that Obama wasn’t really a uniter. And it proved to Obama that Republicans would never, ever work with him on honest terms. The rest is, well, history.

¿Pero qué es Obamacare? Es una ley que básicamente obliga a los norteamericanos a contratar un plan de salud. Antes de la sanción de dicha ley el grado de cobertura de salud era bajo debido a los altos costos de un seguro. En mi opinión el principio detrás de Obamacare es correcto: como la gente no estima bien las consecuencias de enfermedades serias no contrata un nivel óptimo de cobertura. Es interesante que cuando la Corte Suprema de los EEUU ratificó su constitucionalidad en junio de 2012 por 5 votos contra 4, el voto decisivo del juez John Roberts se basó en que la obligatoriedad del programa equivalía al pago de impuestos por un servicio de salud. Es de esperar que en un futuro donde los partidos políticos trabajen en forma más cooperativa esta ley se perfeccione, por ejemplo con medidas que reduzcan los costos, que están dentro de los más altos para países de la OECD.

El resto de la presidencia de Obama se reduce al tratado nuclear con Irán, y su política de apertura con Cuba (porque por las razones mencionadas anteriormente la ley Dodd-Frank hubiera sido aprobada hasta con Ted Cruz como presidente). Encuestas de opinión muestran que los niveles de aceptación de su presidencia están en la media histórica. Con el tiempo seremos capaces de hacer un mejor balance y ver si Obama logra su lugar en la Historia o no. En lo personal, al día de la fecha tengo una opinión negativa. Y me baso en la siguiente evidencia (el gráfico es del sitio fivethirtyeight): las creíbles aspiraciones presidenciales de Donald Trump y Bernard Sanders por los partidos republicano y demócratas respectivamente evidencian un profundo desprecio de los votantes por la política tradicional. Y Obama es el principal responsable.

delegatetargetsEXPOST: Jorge Asís escribió el siguiente comentario en su blog luego de la visita de Obama a la Argentina

Por haber recibido el fantástico apoyo de Barack Obama. El pato más rengo en el año del Pato Rengo.
Obama gobernó Estados Unidos durante más de siete años. Desperdició su liderazgo en el mundo que lo respeta menos. Y está al borde de ser entregado el gobierno hacia el retraso colectivamente cultural de Donald Trump.
Para Obama -pobre- ya no hay relanzamientos que valgan.


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